2ª Parte, cap. 22 del famoso Almirante Don Christobal de Espinosa de los Monteros Utrera y Mírez. Señor de pueblos de indios en la isla de Los Pintados de Jesús

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… Este fue el primer cargo de guerra que tuvo nuestro Cristóbal antes de entrar en los veynte años en el cual le ocupó dos con tanta animosidad valor y prudencia, que ofreciéndole una salida habiendo de nombrar caudillo, le pidió a voces todo el ejército y se le encargó aquel acometimento del cual dio tan buena cuenta, que acabó lo que no había podido otros caudillos, por lo cual el general le dio título de capitán con mucha gloria y aplauso de todos.

En este cargo aunque lo recibió menos que de veynte y dos años hizo alarde y muestra de sus heroicas virtudes valor invencible asentada nativa, era gran maestre de milicia y con su ejemplo instruía, de suerte que todos los soldados aunque fueran ciervos, imitándole eran leones.

Dél se puede decir que dijo un retórico de Alejandro que ni en sus determinaciones faltó prudencia , ni en los asaltos y batallas osadía, ni en el repartir a sus soldados lo que tenía liberalidad, porque cuando se ofrecía algún consejo de dificultad y duda el suyo eran tan acertado que los muy experimentados lo aprobaban por de muy sabio.

Si peleaba con los enemigos emprendía tales hazañas que descubría suma valentía. Si había ocasiones de saco y riqueza, de tal suerte los sabía repartir no acordándose de sí mismo que todos le quedaban obligados y aficionados, si sabía de la necesidad de algún soldado la remediaba, aunque se lo quitase de la boca y favorecióle el Cielo este ánimo tan hidalgo y liberal que siempre le dio para que tuviese qué dar.

Acabada aquella jornada volvió a México y el virrey le ocupó dándole una conduta de capitán del galeón Almirante que va a las Filipinas donde hizo su viaje muy próspero, habiendo llegado a Manila dentro de tres días se descubrieron el mar doce velas chinas que entendió ser cossarios de los muchos que andaba en aquellos mares revelados de la China, el general y Gobernador le nombraron, salió con el almiranta y cuatro navíos y sin llevar orden acometió al enemigo y le dio batalla y venció , tomóles dos navíos y los demás le huyeron. No perdió en esta refriega más que nueve hombres.

Entrando el puerto repartió toda su hacienda con sus soldados, diciendo que ya sabía su delito, mas aunque el general le prendió fue para más honra suya porque se juntaron mil y trescientos hombres y a voces pidieron su almirante diciendo que por tales hazañas y tan famosa victoria no merecía prisión, antes gran premio.

Porque él solo, visto que el enemigo le entraba a un navío, se arrojó en él sin entrar otra persona de socorro y fue bastante su presencia y sus hechos para arrojar al mar todos los enemigos. Y así le dieron por libre y honraron de suerte que el Gobernador y General de las filipinas que reside en Manila, trató luego de casarlo con la Mayorazgo que reside en la Isla del nombre de Jesús de Pintados que en todas aquellas islas no hay otro mayorazgo que el de la señora doña Fabiana Pérez das Mariñas por los hechos de su padre y respondió ella que [cuando] hubiese visto sus hechos y su persona daría el sí y que pues la isla estaba cercada del cossario chino y de nueve navíos que le había quedado y esperaba muchos navíos de la isla Mindanao y de otras que le enviase al socorro, y con esta ocasión le soltó de la prisión y fue nombrado por almirante de aquellos mares con tal título.

Salió con seis navíos bien armados, llevó todos los soldados que se hallaron en la pasada y más, juntó todos los que pudo hallar de Jaén y su Reyno en aquellas islas porque decía, que los había conocido buenos para mandar y obedecer y que sabían y osaban acometer sin perder la ocasión. Habiendo llegado a la isla de Pintados se fue derecho al puerto con cuatro navíos y envió los otros dos 20 leguas de allí y les mandó que desembarcasen y viniesen con dos mil indios isleños vestidos como españoles, que ellos llamaban Castillas. El general cossario retiró a otro puerto sus navíos y más de ocho mil hombres que traía. Juntóse con los castillas de la tierra del almirante y dio orden de que se vistiesen dos mil isleños, contándoles las coletas porque traían y es deshonra entre ellos traerlo corto, aunque por la necesidad lo consintieron forzados, conjurándose que se habían de vengar en teniendo ocasión. Mas para desenojarlos y asegurarlos, el almirante hablo a un cacique de aquellos, que era señor de unos pueblos del Rey y le regaló mucho diciéndole que todos aquellos cabellos los pagaría el en oro y a peso de honra que pensaba hacer a todos los caciques e indios.
El cacique le descubrió la conjuración y cómo tenían determinado de pasarse al enemigo si viesen que llevaba lo mejor de la batalla.

Sabido por Chalques (que son los correos) la venida de la gente y indios les mandó estuviesen en la montaña y diesen socorro quando él lo mandase.

Otro día les habló a los isleños y les dio los vestidos y a cada uno perdonó un tributo de lo que pagaban y les dio a entender que era honra haberles cortado los cabellos en servicio de Dios y del Rey y de la Patria. Cosa que los dejó contentos y redujo, y envió a decir con este cacique a los otros enviándoles veintidós de los soldados, quedándose él solo con lo que traía encima y aquel día no quedó cosa de paño que no lo hiciesen capotillos y gabardinas para que todos fuesen en hábitos de castillas, aunque son muy pusilánimos y huyen en viendo los arcabuces.
A otro día la batalla con solo mil castillas y dos mil isleños dejando los otros con grande penacho. Peleó desde las siete de la mañana hasta las nueve y aquella hora salió el socorro de trescientos hombres castillas y dos mil isleños con el mismo orden.

Comenzaron a retirarse los chinos y a estar allí sus navíos se entendió que se embarcaran. Duró hasta la noche en que murieron veinte y un castillas y doce no más de los isleños porque no les dejó pelear no más de hacer bulto de castillas: de los cossarios se dijo que murieron dos mil o más, en esta ocasión le vio doña Fabiana Pérez y quedó tan satisfecha y aficionada que le envió a rogar que se entrase en la ciudad a descansar. Él le respondió que no le podía obedecer por dos cosas, porque no era justo dejar a sus soldados a vista del enemigo, y porque no había vencido del todo al enemigo.

CONTINUARÁ

 

Historias de la historia de España; Capítulo 54. Érase una Exposición, muchos millones, el Rey, Primo de Rivera y un hecho muy importante para la ciudad de Sevilla.


Cuando el Gobierno de Primo de Rivera asumió el compromiso de celebrar en Sevilla un Certamen que fuera el punto de confluencia de todas las repúblicas iberoamericanas, Portugal y EE.UU., la Dictadura se comprometió personalmente con el éxito del Certamen, y delegó en Cruz Conde la tarea de concentrar toda la energía de la ciudad sobre un único empeño: organizar el evento con el mayor esplendor en el plazo más breve posible, recuperando el tiempo perdido.
Hay que decir que la ciudad, simbolizada en su Ayuntamiento, contempló impasible esta pérdida de control en una empresa que había nacido sevillana, con la creencia y la esperanza de que, junto con la dirección, el Estado también recogería la responsabilidad económica. Este aspecto, formulado ambiguamente, quedará en entredicho y pesará hasta el último momento en el equilibrio de las relaciones entre el Ayuntamiento y el Comité.Su planteamiento de base es claro: la celebración del Certamen exigía un esfuerzo máximo por parte de Sevilla, y eso sólo era posible si se lograban aunar todas las energías ciudadanas, lo que suponia terminar de una vez con los continuos enfrentamientos entre el Ayuntamiento y el Comité, para marchar decididamente tras una organización dirigida sin vacilaciones por Cruz Conde. Esto implicaba una homogenización en el pensamiento y en las actividades de todas las instituciones decisivas en la vida sevillana. Ambas eran tareas paralelas, que exigían colocar en los lugares clave a hombres que se identificaran con la labor del régimen y, en concreto, con las intenciones de José Cruz Conde.
En la misma sesión plenaria en que tomó posesión del cargo de Comisario Regio Cruz Conde, inició su tarea de readaptación»; solicitando de una comisión técnica la confección de un informe sobre el verdadero estado de la preparación del Certamen. El resultado fue contundente: muchas de las edificaciones permanentes carecían incluso de proyecto; de las provisionales no se sabía nada y en el presupuesto había un déficit inicial de 10.000.000 pesetas (tomando en cuenta el último empréstito municipal). En conclusión, constata la imposibilidad de que la Exposición pudiese celebrarse en la primavera de 1927. En vista de lo cual, al Comité no le quedó más alternativa que la de presentar su dimisión, admitiendo que su trabajo había sido, por lo menos, desordenado. Esto explica que el día 11 de marzo de 1926, recogiera la Gaceta el decreto que nombraba un nuevo Comité Ejecutivo de la Exposición Ibero-Americana de Sevilla, en el que destacan dos fiotas principales: la pérdida oficial de la presidencia de dicha institución por el Alcalde de Sevilla

la unidad que Conde buscaba era indispensable a la hora de solucionar el problema clave que dividía las opiniones y retrasaba el Certamen: me refiero a las enormes dificultades ocasionadas por la financiación, porque era verdaderamente
en este aspecto donde se iba a exigir el mayor esfuerzo a los sevillanos.
El problema económico quedó entonces de esta manera: la Exposición fue presupuestada en unos 30.O00.O00 pesetas, subvencionados así: 1O.OO0.000 pesetas por el Estado; otra partida igual por el Ayuntamiento; y el último tercio también respaldado por el Ayuntamiento, si bien con la posibilidad de resarcirse con los hipotéticos beneficios del Certamen. Para cubrir estos compromisos fue por lo que el Ayuntamiento se habla visto en la necesidad de recurrir a negociar con el Banco Internacional de Comercio el empréstito por valor de 20.000.000 pesetas.
1928 es el año crucial. El ritmo de trabajo se hace vertiginoso entonces, y no es exagerado decir que la ciudad observaba su transformación día a día; así lo refleja la Prensa. Y ese ritmo se acelera aún más en los primeros meses de 1929. Había comenzado esta sintesis asegurando que la Exposición fue posible por la concentración de las energías sevillanas desde el año 1926 en adelante, y quiero concluir subrayando que 1928 fue el ano crítico. La Prensa de la época recoge cómo los coetáneos se sorprendían de que tales progresos fueran posibles. Sin embargo, del tránsito de un ritmo pausado durante ciertos años, desde 1910, a la concentración de todo el esfuerzo en poco tiempo, lo cual no permitía que la Ciudad asumiera su propia transformación, se desprenden consecuencias negativas para el futuro de la Ciudad, porque hizo muy estridente el contraste entre estos meses últimos y el frenazo en seco de la actividad económica, de la oferta de empleo, etc. una vez inaugurado el Certamen. Con todo Sevilla y Cruz Conde o Cruz Conde y Sevilla posibilitaron, sin duda, el que la Exposición Ibero-Americana dejara de ser un proyecto y se convirtiera
en una realidad en 1929.
La ceremonia estuvo revestida de gran solemnidad y boato, fue presidida por los Reyes de España en compañía del Gobierno en pleno, Presidente de la Asamblea Nacional, Diputación Provincial, Ayuntamiento y representaciones diplomáticas de los países iberoamericanos participantes.
Discurso del Sr. Cruz Conde en el acto inaugural (9-mayo-1929)

Fuimos designados inmerecidamente para llevar a buen termino la noble empresa que nos congrega ahora en este pedazo del viejo solar español, marcando el más noble de los grandiosos espectáculos que se ofrecen a vuestra vida y que creo considerar como una evocación exaltada y firme de las ansias de fe en los destinos de La Patria, acariciada felizmente en estos momentos por el flamear de más de veinte banderas de otras tantas naciones libres, que se llaman hermanas, y que lo son, cuando hablan en el lenguaje cálido de sus sentimientos, o cuando callan, con la elocuencia de sus convicciones.
Porque es bien cierto , Señor, que siendo tan valiosa y meritoria la obra arquitectónica, que el genio y las exquisiteces de los alarifes ha sabido crear, dando forma a edificios de bella traza y depurado refinamiento; siendo tan admirable y magnifico el conjunto de manifestaciones de nuestro arte, pictóricamente los hechos y los recuerdos gloriosos de la vieja España , del heroísmo que resplandece en las reliquias de los exploradores del siglo XVI, esto que, en cuantioso acervo simboliza el contenido espiritual de este gran certamen, acentuando las riquezas incomparables de los palacios de esta exposición, todo palidece ante el hecho de la asistencia de los pueblos de América, que llegan a la vieja península con exuberante juventudy para reverdecer los lazos Hispanoamericanos, con ofrenda de gratitud y amores filiales, que Sevilla tiene la suerte de recibir agradecida en nombre de La Patria Española.
Ciertamente, Señor, desde la fecha de 12 de Octubre de 1492, no hubo un solo día en la historia de América, de mayor trascendencia y de más alta significación espiritual que este de hoy en que comienza el gran certamen Iberoamericano.
Ayer, el conjuro de la fe y de las mas nobles ansias de gloria, surgió un nuevo mundo ante la proa de la inmortal carabela. Hoy más de veinte países, hijos de la inmortal epopeya se congregan en el solar hispano para entonar a la nación progenitora el himno de la RAZA. Así, Señor, comprenderéis nuestra legítima alegría, pues que habiendo de unirse en el mismo homenaje la consagración de la grandeza pasada de la Patria y la promesa venturosa de nuevas prosperidades.
En nombre, pues de todos mis compañeros de trabajo Señor , os suplico aceptéis el testimonio de nuestra honda y sincera devoción y gratitud.
Seguidamente Hizo uso de la palabra el Jefe del Gobierno, el general Primo de Rivera, el cual elogió a las mujeres sevillanas a las Patria y a la Raza como vínculo de unión entre las naciones iberoamericanas con el siguiente discurso:

Señor: La visible emoción que expresabais ayer al visitar la nave evocadora que condujo a Colon y a sus bravos compañeros al descubrimiento del mundo americano, se produjo hoy, mas viva e intensa, al inaugurar este gran certamen y al oír como el estampido de los cañones, saluda a través de los siglos la hazaña gloriosa, hoy plasmada en este cuadro de luz y gloria en que os veis, rodeado en gran parte de vuestra Real Familia, embajadores y altos dignatarios de países amigos y del pueblo español. Y es, Señor, que al discurrir el tiempo y sus vicisitudes agitadoras la vieja España, la que por su esfuerzo y la fe de su insuperable Reina ISABEL la también España de LEPANTO.
El discurso estuvo lleno de retórica y grandilocuencia, muy al estilo de la época. Nuevamente una gran ovación se produjo al término de las palabras de éste.
Después el Rey puesto de pié pronunció las palabras de rigor:
“Queda inaugurada la Exposición Ibero-Americana de Sevilla”
Produciéndose una atronadora ovación que se mezclaba los acordes de la Marcha Real interpretadas por las bandas y las salvas de artillería.
Tarifas de Entradas
Personal ordinario…………………………………….2 Pts
Especial, jueves, sábados y nocturnos
y domingos mañana y tarde………………………0,50Ptas
ABONOS 25 Cupones………………………….. ..25 Pts
CARRUAJES……………………………………….. . 3 Pts
Horas de Visita
de 10 a 13 horas mañana y de 7 a 10 noche y de 7 a 12 de la noche los demás días
Reseña Histórica

La Exposición iberoamericana de Sevilla (1929-1930) fue el acontecimiento mas trascendental del mundo hispánico en el primer tercio del siglo XX con el reencuentro de todas sus naciones tras las respectivas independencias.
El creador de la idea en 1909 fue el Eximo Sr. D Luis Rodríguez Caso, Sevillano Ilustre, gloria de las grandes eminencias culturales de las fuerzas armadas españolas de todos los tiempos.
La idea Sevillana exposicional en pro de la Hispanidad de nuevo cuño, en el tiempo y desde su nacimiento, no fue nada fácil de plasmar, fue deudora de S.M. El Rey Alfonso XIII de las Empañas, por haber sido su gran valedor y también del Eximo Sr. D Miguel Primo de Rivera, marques de Estella, Jefe del Gobierno español a lo largo del periodo 1923-1930, por haber sido su esforzado propulsor.
Los primeros promotores de la exposición fue un grupo privado sin apenas recursos financieros por lo que las subvenciones oficiales obtenidas (aproximadamente 40.547.598 pesetas) fueron las que hicieron posible el evento. Se estima que el certamen necesitó aproximadamente un total de 80.218.599 pesetas, siendo sus ingresos, también aproximadamente, de 85.147.360 pesetas.
El recinto previsto por la organización abarcaba:
El Parque de María Luisa, donado en 1893 por la infanta María Luisa de Borbón y que fue reformado por el ingeniero francés Jean-Claude Nicolas Forestier, conservador del bosque de Boulogne en París, que le dio un toque romántico, inspirado en los jardines del Generalife, La Alhambra y los Reales Alcázares de Sevilla. En el parque se abrieron las plazas de España y de América.
El Prado San Sebastián, donde se levantó el Pabellón de Portugal
Los jardines de San Telmo, donde se ubicó el Pabellón de Sevilla, formado por el Teatro Lope de Vega y el Casino de la Exposición
El Paseo de las Delicias
El Sector Sur.
Aníbal González, nombrado arquitecto director de la exposición, se ocupó en gran parte de la urbanización de los 1.343.200 m² que ocupó la exposición, En 1928 dimite Aníbal González y es nombrado arquitecto Vicente Traver.
La desorganización existente en 1926 influyó en la ubicación de cada uno de los pabellones, que en principio estaban planificados de tal manera que al final se superponían unos sobre otros.
Los principales legados arquitectónicos de la Exposición fueron el conjunto de pabellones en torno a la Plaza de América, que se elaboró en 1913, obra original de Aníbal González y que agrupaba y ordenaba tres edificios en el entorno del Parque María Luisa, formados por: el denominado Pabellón Mudejar actualmente Museo de Artes y costumbres populares, el Pabellón de las Bellas Artes, actualmente Museo Arqueológico y el Pabellón Real.
En 1914, también Aníbal González, elabora el proyecto más ambicioso de toda la exposición, constituido por la Plaza de España, que comprendía el gran palacio y la plaza que lo rodea, su ejecución se prolongó hasta 1928, siendo inaugurada en 1929.
Los participantes más destacados de la Exposición fueron: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Estados Unidos, Marruecos, México, Perú, Portugal, Uruguay, las regiones españolas y las provincias andaluzas, incluida Huelva que al principio no estaba de acuerdo con que fuera Sevilla la sede de la cita.
De los edificios planeados, que fueron en total 22 dentro del recinto, Hotel Alfonso XIII, 8 pabellones oficiales, 12 regionales españoles, 7 provinciales (andaluces), uno municipal, 13 de estados extranjeros y 47 comerciales, sólo sobreviven varias decenas a principios del siglo XXI, algunos muy transformados, así, podemos disfutar de (entre paréntesis su uso actual):
Plaza de España (oficinas municipales, monumento turístico y capitanía general de la Región Militar Sur)
Parque de María Luisa y la urbanización del recinto
Pabellón Domecq (sede de Juventudes Musicales)
Pabellón Mudéjar (Museo de Artes y Costumbres Populares)
Pabellón Real (oficinas municipales)
Pabellón Sevilla (Teatro Lope de Vega)
Pabellón de Bellas Artes (Museo Arqueológico)
Pabellón de la Información (hoy restaurante “La Raza”)
Pabellón de la Prensa (Colegio Público “España”)
Pabellón de Marruecos (Parques y Jardines)
Pabellón de la compañía Arrendataria de Tabacos (archivos)
Pabellón de Argentina (escuela de Danza) (Arquitecto Martín S Noel)
Pabellón de Chile (Escuelas de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos) (Arquitecto Juan Martínez Gutiérrez)
Pabellón de Colombia (Escuela Náutica)
Pabellón de Cuba (Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo)
Pabellón de Guatemala (Escuela de Danza)
Pabellón de Brasil (Vicerrectorados Universidad Hispalense)
Pabellón de Estados Unidos (Museo Fundación Valentín Madariaga) (Arquitecto William Templetton Johnson)
Pabellón de México (Vicerrectorado de Postgrado y Doctorado Universidad Hispalense) (Arquitecto Ismael Amábilis)
Pabellón de Perú (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC)
Pabellón de Portugal (Consulado de Portugal)
Pabellón de Santo Domingo (Carreteras del Estado en Andalucía)
Pabellón de Uruguay (administrativos para Universidad de Sevilla) (Arquitecto Mauricio Cravotto)
Pabellón de las Provincias Vascongadas (Instituto oncológico, hasta hace poco tiempo)
Pabellón de Telefónica (Escuela de Jardinería y Centro de Estudios Medioambientales Joaquín Romero Murube)
Pabellón del Ministerio de Marina (Comandancia de Marina)
Estadio (sede del equipo de fútbol Real Betis Balompié)
Hotel Alfonso XIII (sigue como hotel ***** G L)
Galerías (Naves de Obras del Puerto)
Quinta de Goya (Bar Citroën)
Caseta de electricidad del Parque de atracciones (Sigue aún como casetilla de Sevillana Endesa)
Casino de la Exposición (espacio cultural y social y reuniones Festival Cine Europeo de Sevilla)
Pabellón de la Cruz Roja (Ministerio de Sanidad)
El tren Liliput.
Durante la exposición existió un medio de transporte peculiar, de gran éxito y que hizo las delicias de grandes y pequeños, fue el llamado Tren Liliput o Ferrocarril en miniatura. De esta atracción sólo queda una máquina (llamada Santa María) que se encuentra en la Estación de Santa Justa a la entrada de la sede de la Asociación Sevillana de Amigos del Ferrocarril de Sevilla.