Historias de la Historia de España Cap. 94. Un general, un desastre y unos asesinos republicanos.

El 29 de julio la columna del general Navarro se retiró hasta Monte Arruit. Allí organizó la defensa de la misma con una fuerza de 3.017 soldados. Sin víveres, agua y municiones suficientes, sin que las tropas españolas que estaban llegando a Melilla fueran capaces de salir a combatir y rescatar a las tropas asediadas del general Navarro, éste se vió obligado a capitular tras 14 días de asedio. Cuando el 11 de agosto los soldados comenzaron a salir de Monte Arruit, los moros se echaron sobre ellos masacrándoles a todos.

Navarro

Felipe Navarro y Ceballos-Escalera, Barón de Casa Davalillo,  nació en Madrid, 21 de julio de 1862. Su padre fue Carlos Navarro y Padilla y su madre Francisca Ceballos-Escalera y de la Pezuela, hermana de Joaquín Ceballos-Escalera y de la Pezuela, Marqués de Miranda de Ebro y General de Artillería.

Ingresó como alumno en la Academia de Caballería el 1 de septiembre de 1877, siendo promovido al empleo de alférez en julio de 1880. Fue destinado al Regimiento de Pavía hasta agosto de 1882, en que fue nombrado ayudante de campo del Ministro de la Guerra con 20 años y dos años de servicio en filas.

Cuando en octubre de 1883 Martínez-Campos dejó el Ministerio de la Guerra y pasó a ser Capitán General de Ejército, se llevó consigo a Navarro, primero destinado a sus órdenes directas y luego nombrándole su Ayudante de Campo en febrero de 1885.

En septiembre de 1888 se le destinó al Regimiento de la Reina, y en noviembre ascendió al empleo de Teniente con 26 años. Continuó en el regimiento hasta diciembre de 1890, en que pasa de nuevo al Regimiento de Pavía. Posteriormente ejerció el cargo de ayudante de campo de los Generales de División D. Federico Ochando y D. Bernardo Echaluce.

En diciembre de 1892 volvió a destinársele al Regimiento de la Reina. En septiembre de 1893 fue nombrado alumno de la Escuela Superior de Guerra, pero en el mes de noviembre fue destinado al Ejército de Operaciones de Africa, que mandaba el Capitán General D. Arsenio Martínez Campos, de nuevo como ayudante de campo suyo. Participó en las operaciones de Melilla hasta marzo de 1894, y recibió una Cruz Blanca al Mérito Militar de Primera Clase. A finales de ese mes se incorporó a la Escuela Superior de Guerra.

El 26 de junio de 1886 se casó con María Cristina Morenés y García Alessón, Baronesa de Casa Davalillo, nacida en Madrid el 20 de octubre de 1862. Era hija de Carlos Morenés y Tord, Barón de Cuatro Torres y Gentilhombre de Cámara, y de María Fernanda García Alessón y Pardo, Condesa del Asalto y Baronesa de Casa Davalillo.

En septiembre de 1888 se le destinó al Regimiento de la Reina, y en noviembre ascendió al empleo de Teniente con 26 años. Continuó en el regimiento hasta diciembre de 1890, en que pasa de nuevo al Regimiento de Pavía. Posteriormente ejerció el cargo de ayudante de campo de los Generales de División D. Federico Ochando y D. Bernardo Echaluce.

En diciembre de 1892 volvió a destinársele al Regimiento de la Reina. En septiembre de 1893 fue nombrado alumno de la Escuela Superior de Guerra, pero en el mes de noviembre fue destinado al Ejército de Operaciones de Africa, que mandaba el Capitán General D. Arsenio Martínez Campos, de nuevo como ayudante de campo suyo. Pero dos meses después de iniciar sus estudios los interrumpió, al producirse en Melilla las derrotas españolas con las que comenzó la que se conocería como Guerra de Margallo o Primera Guerra del Rif, presentándose voluntario al Ejército de Operaciones de África cuyo mando se entregó a Martínez-Campos, de quien de nuevo fue nombrado Ayudante de Campo en noviembre de 1893.

Participó en las operaciones hasta la finalización de la campaña en marzo de 1894, por las que fue recompensado con una Cruz del Mérito Militar con distintivo Blanco de 1.ª Clase. A finales de ese mes se reincorporó a la Escuela Superior de Guerra, pasando poco después a pertenecer al Regimiento de Caballería de Santiago.

En abril de 1895, al iniciarse la guerra de independencia cubana o Guerra del 95, interrumpió de nuevo sus estudios para incorporarse voluntariamente al Ejército de la Isla de Cuba como Ayudante de Campo de su General en Jefe, de nuevo Martínez-Campos. Emprendió a su llegada operaciones de campaña contra los insurrectos separatistas, condecorándosele con la Cruz al Mérito Militar con distintivo Rojo de 1.ª Clase por su actuación en las operaciones sobre Mayari Arriba y por su comportamiento en el combate del 3 de junio librado en Seboruco. El 7 de enero de 1896 participó en el combate sostenido en el ingenio de San Dimas, concediéndosele por el mérito que entonces contrajo la Cruz de María Cristina (tercera recompensa al valor, antecesora de la Medalla Militar) de 1.ª Clase.(RED.] (RED.] Alojamiento de tropas en Melilla

Ese mismo mes Martínez-Campos fue relevado por el General Valeriano Weyler y Nicolau como Gobernador de Cuba, así que Navarro también regresó a la península a finales del mismo. Fue nombrado Ayudante de Campo de su tío, el General de División D. Joaquín Ceballos-Escalera y de la Pezuela, prosiguiendo sus estudios en la Escuela Superior de Guerra. En marzo de 1896 ascendió a Capitán (con 33 años) y en septiembre concluyó por fin su accidentado curso de Estado Mayor. Al mes siguiente, y con el fin de realizar las prácticas reglamentarias del Cuerpo de Estado Mayor, se le destinó al IV Cuerpo de Ejército a la vez que se le nombraba, por quinta y última vez, Ayudante de Campo de Martínez-Campos, que moriría en 1900.

Guerra en Filipinas.

En enero de 1897 embarcó voluntario para Filipinas, donde la sublevación había estallado unos meses antes, para continuar allí las expresadas prácticas. Durante su estancia en las islas se distinguió en diversos hechos de armas y fue condecorado por ello: Cruz al Mérito Militar con distintivo Rojo de 1.ª Clase pensionada por los combates del 3 y 4 de mayo en el barranco Limbong y en el pueblo de Indang; ascenso a Comandante por méritos de guerra (segunda recompensa al valor después de la Cruz Laureada de San Fernando) por la toma de Maragondón el 11 de mayo (con 34 años, habiendo estado pues de Capitán apenas un año); Cruz al Mérito Militar con distintivo Rojo de 2.ª Clase pensionada por la acción sostenida el 30 de mayo en Talisay, en la que resultó herido; y Cruz de María Cristina de 2.ª Clase por el combate reñido en Minuján el 9 de diciembre.

Aunque el 23 de diciembre el General Fernando Primo de Rivera y Sobremonte y los rebeldes firmaron el Pacto de Biak-na-Bato que puso fin a las hostilidades, Navarro permaneció aún hasta marzo de 1898, en comisiones de servicio, cooperando en la sumisión y entrega de armas de diversas partidas rebeldes. Por ello fue recompensado con una Mención Honorífica.

A su regreso a la metrópoli recibió por fin el Diploma de Estado Mayor, quedando de reemplazo hasta que en mayo fue destinado al Regimiento de Caballería de Reserva de Madrid nº 39 y en septiembre al Regimiento de Cazadores de Lusitania. Allí permaneció hasta diciembre de 1902, en que pasó a la Escuela Militar de Equitación como Profesor y Jefe del Detall (Departamento Estadístico de Trámite Administrativo de Libros y Listados, lo que viene a ser nuestra actual Sección de Personal o S-1). El 4 de octubre de 1905 fue nombrado por el Rey Alfonso XIII Gentilhombre de Cámara con ejercicio. En enero de 1906 volvió al que fue su primer destino, el Regimiento de Pavía, y ese mismo año, durante las fiestas organizadas en la Corte con ocasión de la boda de Alfonso XIII, se le comisionó a las inmediatas órdenes de los Príncipes Genaro, Raniero y Felipe de Borbón-Dos Sicilias (hijos de Alfonso de Borbón-Dos Sicilias y Austria, pretendiente al trono del Reino de las Dos Sicilias y cabeza de su Casa Real). En 1909 ante S.A.R. el Prínncipe Rupprecht de Baviera; y acompañó a la Familia Real en sus viajes por España y Francia.

Consumado jinete, formó parte del jurado de los Concursos Hípicos Internacionales celebrados en Bruselas en 1905 y en Lisboa en 1909.

En mayo de 1914 fué destinado como Jefe de Caballería de la Comandancia Militar de Larache. Obtuvo una Cruz Roja al Mérito Militar de Tercera Clase por los combates del 2 de agosto que se libraron en Sidi-bu-Haya y hayera Tuila; y una Cruz de María Cristina de Segunda Clase por el combate de R´gaia del 18 de noviembre.

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Guerra de Melilla
El 21 de noviembre de 1909, tras los graves sucesos que dieron lugar a la Guerra de Melilla, se le agregó al Cuartel General del Comandante en Jefe de las Fuerzas del Ejército de Operaciones en Melilla, prestando servicios de campaña y asistiendo el día 26 a la toma de Sebt, Eulad-Daud y Atlaten. El 30 de diciembre, terminadas las hostilidades, regresó a la península. En agosto de 1913 ascendió a Coronel (con 51 años), siguiendo en el cargo de Ayudante de Órdenes del Rey.

Asistió en 1914 a varias operaciones en el territorio de Larache, contrayendo méritos por los cuales fue recompensado con la Cruz del Mérito Militar con distintivo Rojo de 3.ª Clase. En mayo de 1914 fue nombrado Jefe de las Fuerzas de Caballería de la Comandancia General de Larache, constituidas en una Agrupación para los efectos del mando y servicio, saliendo de nuevo a campaña. Por su notable participación en diversos combates recibió varias recompensas: Cruz al Mérito Militar con distintivo Rojo de 3.ª Clase por los combates del 2 de agosto que se libraron en Sidi-bu-Haya y Hayera Tuila; y Cruz de María Cristina de 2.ª Clase por el combate de R´gaia del 18 de noviembre. Al cargo que venía desempeñando de Jefe de las Fuerzas de Caballería de la Comandancia General de Larache, en mayo de 1915 se le sumó el de Subinspector de las Tropas de la citada Comandancia, prestando meritorios y distinguidos servicios en ambos cometidos.

Promovido a General de Brigada en octubre de 1916 (con 54 años), permaneció en situación de cuartel hasta que un año después, el 17 de octubre de 1917, se le confió la 3.ª Brigada de Caballería, la cual mandó hasta el 31 de agosto de 1918 en que, designado Jefe de Sección del Ministerio de la Guerra, se hizo cargo de la Cría Caballar y Remonta. En dicho cometido y en comisión de servicio, revistó en septiembre el 3.er Establecimiento de Remonta en Écija, Sevilla; en diciembre el 5º Depósito de Caballos Sementales de Zaragoza y en mayo de 1919 los Depósitos de Caballos Sementales y Establecimientos de Remonta de Jaén, Córdoba, Sevilla y Cádiz, presenciando a la vez la entrega de los potros a los Cuerpos de Caballería. Mientras tanto, ese mismo año fue nombrado caballero gran cruz de la Orden de San Hermenegildo con antigüedad del año anterior.

Comandancia General de Ceuta
En julio de 1919 su viejo conocido de las campañas de Cuba y Larache, el General de División de Caballería Manuel Fernández Silvestre, fue nombrado Comandante General de Ceuta. Estando vacante el puesto de Segundo Jefe, Navarro lo reclamó y al mes siguiente, el 25 de agosto, se le concedió. Como Segundo Jefe de la Comandancia General de Ceuta, inspeccionó las posiciones del territorio y asistió a las operaciones de campaña desarrolladas en el mismo, dirigiendo varias de ellas. Del 11 al 23 de febrero de 1920 asumió el mando accidental de dicha Comandancia.

En febrero de 1920 Silvestre pasó a ser Comandante General de Melilla. Cuando quedó vacante el puesto de Segundo Jefe, Navarro lo solicitó y se le concedió el 5 de noviembre. Este cargo de Segundo Jefe de la Comandancia General de Melilla llevaba consigo el de Presidente de la Junta de Arbitrios de la ciudad, lo que significaba a efectos prácticos que era el Alcalde de Melilla. Esta función le consumía gran parte de su tiempo, en una época en la que la ciudad iba creciendo a ritmo acelerado. Aunque Navarro participó en todas las acciones militares de importancia, el general Silvestre no le hacía partícipe de la información ni del curso de los acontecimientos político-militares.

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Desde el primer día se dedicó a recorrer el territorio y visitar las posiciones ocupadas, asistiendo a cuantas operaciones se desarrollaron, algunas de las cuales dirigió personalmente. El 6 de abril de 1921 se le concedió la Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo Rojo “en atención a las circunstancias que concurren en [él], y muy especialmente a los servicios de campaña prestados y méritos contraídos en nuestra Zona de Protectorado en África durante un período de operaciones mayor de seis meses, en virtud de propuesta del Alto Comisario de España en Marruecos y de acuerdo con el Consejo de Ministros”.

Desde el 21 de abril al 4 de mayo estuvo encargado interinamente del mando de la Comandancia.

Navarro ha pasado a la posteridad por su actuación en el llamado Desastre de Annual, en julio y agosto de 1921, frente a la fuerzas de Abd el-Krim. El mismo día en que se iniciaba este desastre, el 22 de julio, Silvestre moría tras ordenar la evacuación de la base avanzada de Annual. Navarro asumió entonces el mando y dirigió la retirada de las desmoralizadas fuerzas españolas, intentando organizarlas y recuperar por el camino a las máximas guarniciones posibles. Retrocedió combatiendo durante seis agotadores días, deteniéndose en Ben Tieb, Dar-Drius, El Batel y Tistutin hasta llegar el día 29 a Monte Arruit. Al estar ocupado por el enemigo todo el terreno entre esta posición y Melilla, la única forma de continuar la retirada era abandonando a los heridos. Navarro se negó a ello y decidió aguantar la posición hasta la llegada de refuerzos, lo que supuso la salvación de Melilla pues las cabilas rebeldes se centraron en acabar con este foco de resistencia en vez de proceder contra la indefensa ciudad. Monte Arruit fue muchas cosas extremas. Fue una posición que lo resumió todo, en definitiva un defensa a ultranza…

Llegada de la columna de Navarro a Monte Arruit
“Mientras parte de la columna penetra en Monte Arruit desordenadamente, el general Navarro se ha quedado solo. «¡Españoles, que os habéis dejado atrás a vuestro general!»,* les gritarán. Y pronto varios oficiales se organizan para defenderle. Ahí están el capitán Sánchez-Monge, Gilabert y el jefe de los restos del Alcántara, Primo de Rivera. La situación es angustiosa y cargada de incertidumbre. La harka está muy encima y empieza a mezclarse con soldados y oficiales en un combate casi cuerpo a cuerpo. Uno de los rifeños apunta al general español, prácticamente a bocajarro. Pero «Primo de Rivera detuvo un caballo abandonado y en él montó al general, en el preciso momento»* en que suena un disparo que «destrozó el cráneo del moro, cuya masa encefálica salpicó la barba y la gorra del general»*,…”.
(Morir en África, la epopeya de los soldados españoles en el Desastre de Annual, pág. 399).

La posición estaba guarnecida por una sección de la 1ª Compañía Provisional del Rgto. “Ceriñola” núm 42, al mando del teniente Antonio García Fernandez, con unos 48 hombres de tropa.

Tenía unos 500 metros de perímetro y 10.000 metros cuadrados en su interior, correspondiente aproximadamente a una tercera parte del espacio de la Puerta del Sol. En su interior se hallaban tres barracones y casas dedicadas a depósito de Intendencia, casa de Policía, horno y residencia del jefe de la posición.

Ya hemos comentado en su momento cómo efectuó su retirada y en qué condiciones llegaron los restos de la columna Navarro a Monte Arruit la mañana del 29 de julio, trayendo unos 900 hombres, muchos heridos, enfermos e inútiles.

Una vez reunidas las fuerzas, se cifraron en un número aproximado de unos 3.017 los hombres presentes en la posición, procedentes de la columna Navarro y de las posiciones en retirada que pudieron retenerse en Monte Arruit. Para ellos se disponía de 23 sacos de arroz, 16 sacos de judías y 10 sacos de garbanzos, algo de café, azúcar y 109 litros de aceite. Respecto a municiones, las tropas de “San Fernando” tenían 11 cargadores, es decir, 55 cartuchos por soldado; el “Ceriñola” tenía tan solo 200 fusiles para 280 hombres, con 30 cartuchos por arma y una caja de reserva que no llegaba a 200 cargadores.

Quebrantada la moral de los combatientes, el general Navarro organizó la defensa de los 500 metros de perímetro de la posición, asignando las unidades en sectores de defensa, comenzando por la derecha de la puerta de entrada hasta cerrar el perímetro por la izquierda: “Melilla”, “África”, Ingenieros, “Ceriñola”, “San Fernando”, Caballería y Artillería.

El frente ocupado por Caballería, Artillería y la sección del Ceriñola de guarnición en la posición era el favorito de los ataques de los rifeños, pues estaba a unos 20 metros de los edificios de unas cantinas abandonadas que ocupaba el enemigo y desde los que arrojaba granadas de mano, dinamita y piedras continuamente, obligando con ello a la tropa estar permanentemente presente en el parapeto y causarles numerosas bajas. En una ocasión los disparos de cañón abrieron una brecha en el muro y los moros lo eligieron como objeto de sus ataques, que debían rechazarse en reñidos combates cuerpo a cuerpo con arma blanca.

1479457_509921952454229_273682840_nLas comunicaciones con Melilla se hacían con heliógrafo con grandes dificultades debido a las frecuentes nieblas; no se hacían directamente sino a través de las posiciones de Zeluán primero, y la Restinga y el Atalayón más tarde.

El enemigo no dejó de disparar con fuego de cañón ninguno de los días del asedio, excepto uno.

La tarde de ese mismo día se ocupó un pozo cercano a la puerta de la posición, con tan mala suerte que al pocos instantes un soldado desesperado de sed se acercó al mismo y cayó en él, inutilizando el pozo con su muerte.

El en telegrama que el general Navarro envía al general Berenguer le dice que está “convencido de la imposibilidad de replegarse más, si no recibe refuerzos”. Y en la conferencia que celebra el general Berenguer con el ministro de la Guerra a las 12:30 horas, manifiesta al gobierno que tiene intención de autorizar al general Navarro dar por terminada su heroica resistencia, una vez que reconocía que había quedado a salvo el honor militar.

30 de julio, sábado

Al día siguiente de la llegada de la columna Navarro, los rifeños comenzaron los disparos de los cañones. El teniente coronel Primo de Rivera se encontraba en la zona destinada al Cuartel General. Al oír la señal, el teniente coronel procedió a tumbarse en el suelo, y ya su mano tocaba la tierra cuando un proyectil le seccionó un brazo; el proyectil fue a estallar más allá, en un grupo de caballos matando a ocho de ellos. El teniente coronel fue conducido al cuarto destinado al depósito de víveres, donde existía la única cama que había en la posición, propiedad del Auxiliar de Intendencia.

Era una mísera estancia, completamente desmantelada, en que la única luz de exterior penetraba por una estrecha ventana abierta a gran altura en el muro, y en la que, para impedir la entrada del calor, se colocó una manta de soldado.

Al teniente coronel se le amputó el brazo sin anestesia, con una navaja barbera, mordiendo un pañuelo y rogando al médico que acabase cuanto antes.

31 de julio, domingo

1463573_509836272462797_1838369913_nEse día el general Navarro telegrafió a Melilla que el “enemigo hizo 48 disparos de cañón a 2000 metros de distancia con gran eficacia, causando numerosas bajas y grandes destrozos en posición y ganado”. El general Berenguer contestó autorizando al general Navarro a adoptar las medidas que creyera más convenientes, una vez que la defensa había llegado al límite del heroísmo; en caso de cesar la defensa, le recomendaba tratar con el caid Ben Chelal “que, aunque rebelde, podrían obtenerse más ventajosas condiciones”.

La falta de agua era el enemigo más cruel. A cargo de su reparto estaba el teniente Manuel Sánchez Ocaña, ayudante del 1º Batallón del Rgto. “San Fernando”. Las tropas de Infantería e Ingenieros estaban encargadas de hacer las aguadas, y sufrían en ellas muchas bajas. En los combates que se libraron para conseguirla se distinguieron los soldados de “San Fernando”. Tanto mejoró su espíritu combativo que lograron apoderarse de una casa vecina a la aguada, donde una compañía destacada protegía el servicio de ésta.

Para batir la aguada los moros habían construido una trinchera en la que, parapetados, disparaban contra los soldados españoles que iban por el agua, llevándose a los que caían heridos. En la mañana del día 31 de julio la aguada se cobró las bajas de un jefe, tres oficiales y 86 de tropa. Otro día tan solo regresaron entre 20 ó 30 soldados de los 180 hombres de “África” y “San Fernando” que salieron a buscar el agua.

Se intentó de nuevo por la tarde. Esta vez el general Navarro ordenó que saliesen una compañía de “Ceriñola” y otra de “San Fernando” a proteger la aguada; los españoles tomaron la trinchera y las casas inmediatas, con lo que se pudo hacer la aguda varios días seguidos. Pero los moros construyeron una segunda trinchera y volvieron a impedir de nuevo la aguada los tres últimos días del asedio.

Mientras tanto, en Melilla seguían llegando tropas peninsulares de refuerzo. Ese día se pasó revista a los quince batallones expedicionarios ya llegados y se constató su mal estado, por lo que el general Berenguer decidió no acudir en socorro de Monte Arruit. Los informes que el Estado Mayor de la Comandancia y uno de los generales llegados a Melilla dirigieron al general Berenguer son demoledores: la fuerza expedicionaria llegada era un amasijo de hombres mal pertrechados y sin instrucción alguna. Dieciocho días después de su llegada a Melilla aún no estaban preparados para salir al campo. Como previendo lo que dirían los informes, esto es lo que le dijo el 29 de julio el general Berenguer al ministro de la Guerra:

“Marchar con estas fuerzas a auxiliar a Zeluán y Montearrui sería exponerlas a un fracaso y dejar descubierta la plaza, que hoy está amenazada por todo su frente; no dispongo de efectivos, porque los batallones recibidos son muy pequeños y la gente no está instruida para poder batirse … no tenemos garantía alguna de que las tropas puedan combatir con eficacia. Es un caso extraordinario, pues no se trata de reforzar un ejército con elementos nuevos, sino de crear un ejército para combatir al día siguiente.”

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3 de agosto, miércoles

El general Berenguer afirmó haber enviado un telegrama al general Navarro en el que le autorizaba “adoptar resoluciones que propone u otras que de momento estime oportunas, recomendándole trate de retener rehenes u otras garantías análogas que alejen toda posibilidad de traición”.

Según los supervivientes de Monte Arruit, este mensaje nunca llegó a su destino. Sin embargo, tiene su importancia a la hora de enjuiciar la estimación que se hacía del enemigo, pues en el archivo de mensajes de la Comandancia aparece sin firma y con la expresión original “una traición muy probable” tachada y sustituida por la de “toda posibilidad de traición”.

Ese día salieron de servicio de agua unos 200 hombres desarmados, que fueron acometidos por un numeroso grupo de moros, resultado muertos la mayor parte de ellos.

Por la noche se envió un telegrama desde Alhucemas al general Berenguer avisando de la salida de varios emisarios hacia Monte Arruit con la intención de suspender el fuego contra ella.

7 de agosto, domingo

Otro disparo de Artillería cayó en la “Plazoleta de la Muerte”; mató al cornetín del Cuartel General, hirió al general Navarro en la pierna, a los capitanes de Estado Mayor Sánchez Monge y Sáinz Gutierrez, al intérprete Alcaide y al asistente del general; y causó además 29 bajas entre un grupo de soldados del regimiento “Melilla”, matando a la mayor parte de ellos, entre ellos un suboficial.

Al capitán Sánchez Monge hubo que seccionarle una pierna.

cap mongeRespecto a las posibles negociaciones de rendición, el general Navarro sabía que el general Berenguer había enviado emisarios a Abd el-Krim y que el jefe Ben Chel-lal y Si Dris Ben Said se habían ofrecido a mediar a fin de alcanzar las condiciones más aceptables de capitulación; por ello, a mediodía el general Navarro envió un telegrama al general Berenguer diciéndole “ruego a V.E. haga saber emisarios que deben empezar por venir ellos a hablar”, pues la “Policía y chusma que le rodea ha querido varias veces negociar entrega campamento, y como carecen garantías, me he negado y ha vuelto cañoneo.”

8 de agosto, lunes

Los moros que iban a negociar la rendición de las tropas españolas llegaron a Monte Arruit la noche anterior. De ese modo, a las 08:00 horas del 8 de agosto el general Navarro envió un telegrama al general Berenguer diciendo que “estoy esperando la llegada de los Jefes que me comunicaron anoche desde fuera.”

En el mensaje del general Berenguer a la misma hora le dice que “si no han llegado emisarios, le autorizo para tratar con enemigo que le rodea, aun a base de entregar las armas, pues mi principal deseo, una vez extremada la defensa al punto que lo han hecho, es salvar vidas esos héroes, en los que tiene puesta la vista España entera, que los admira”.

Un sargento de Intendencia salió con 16 hombres, sin armamento, para intentar la aguada con un carro-cuba; los moros les hicieron prisioneros, pero mataron a un cabo por estar enfermo.

La falta de medios terapéuticos para luchar contra las heridas y las enfermedades amenazan con gangrenar cualquier herida por leve que sea, llegando a producirse 167 muertos por infección durante todo el asedio.

El único médico superviviente declaró que más de medio millar de hombres descansaban en la enfermería sin posibilidad de asistencia alguna. Sus sufrimientos eran oídos por todos los defensores, quienes abrían constantemente sepulturas para enterrar a los muertos. Los gritos eran a veces tan insufribles que los colocaban junto a los parapetos. Allí encontró la muerte el capitán Maroto, que yacía gravemente herido y que encontró la muerte por la explosión de una granada que cayó junto a él.

El comandante Villar, de la Policía Indígena, es enviado fuera de la posición a parlamentar con los moros. El comandante no regresó, siendo hecho prisionero y llevado a Axdir.

9 de agosto, martes

annual 22Se recibe en la posición una carta del comandante Villar en la que daba seguridades de la formalidad de los jefes que habían de pactar y comunicaba que en Nador se había pregonado en el zoco el respeto a los cristianos.

Antes de que los jefes moros llegasen a la posición, el general Navarro envió al general Berenguer el siguiente telegrama: “Ruego a V.E. haga llegar la profunda gratitud de soldados esta columna a S.M. el Rey, por el alentador saludo que nos dirigió en momentos angustiosos de peligro y tribulación”.

Los jefes moros llegaron a la posición. Entre ellos se encontrada el ya citado Ben Chelal, con quien el general Berenguer ya había entablado negociaciones (incluso con el propio Abd el-Krim) a través de un intermediario llamado Idris Ben Said. Los moros son recibidos en la puerta por el capitán Sáinz, pero se niegan entrar en la posición con los ojos vendados, lo que obliga al general Navarro a personarse en la puerta de la posición arrastrando su pierna herida, apoyado en un bastón y del brazo de un oficial. Apoyado en el pilar derecho de la puerta, comienzan las negociaciones y se pacta la siguiente capitulación:

Retirada de la compañía destacada en la casa que protegía la aguada a la posición principal.

Organización de un convoy con los heridos, que viajarían con la columna, proporcionando los moros medios de transporte para los mismos.

El resto de la columna, con los heridos como ya queda dicho, sería escoltada por los jefes moros hasta el Atalayón.

Los heridos más graves quedarían en la posición con los médicos y una guardia de 50 hombres.

Los soldados entregarían todo el armamento (solo les quedaban a los españoles unos cinco cartuchos por fusil); los oficiales podrían conservar sus pistolas.

Ante la imposibilidad de convocar un consejo de oficiales que los alejarían peligrosamente de sus hombres, el capitán Sainz recabó las opiniones de jefes y oficiales; los supervivientes declararon posteriormente que fueron de la opinión de que no había ninguna posibilidad de prolongar la resistencia.

10 de agosto, miércoles

La falta de agua obligaba a beber los líquidos más repugnantes. Mientras se estaba en negociaciones con los moros no se pudo hacer tampoco la aguada; algunos de ellos se acercaban a la posición a vender agua y tabaco a los españoles.

11 de agosto, jueves

Hecho el pacto y extendida un acta en árabe por los secretarios de los jefes moros, el capitán Aguirre transmitió lo acordado en un telegrama al general Berenguer. Acto seguido se comenzó a dar cumplimiento a lo pactado.

Un jefe moro fue con el teniente Gilaberte a la aguada para incorporar a la posición a la compañía allí destacada.

A las 13:00 horas el convoy de los heridos comenzó a salir de la posición, llegando su cabeza hasta la estatua del león que se levantaba en mitad de la cuesta que separaba la posición de la carretera y que fue levantado en honor del general Jordana.

Los soldados del regimiento “San Fernando”, tras entregar el armamento a los notarios moros, llegaron a la puerta principal de la posición; allí hicieron un alto para impedir la salida de posibles fugitivos.

Detrás comenzaron a concentrarse el resto de las unidades, una vez entrado el armamento.

El general Navarro, dando visibles muestras de cansancio y acompañado de los miembros de su Cuartel General, camina hacia la entrada, bien para presenciar el desfile de los soldados según unos, bien para firmar el acta de capitulación que ya debería estar redactado según otros; se sentó a la sombra de uno de los muros arruinados colindante con la posición.

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En un momento dado el general y sus acompañantes son rodeados por un grupo de indígenas y empujados y violentamente conducidos hacia las casas del poblado. Mientras tanto, a sus espaldas se consuma la traición: los moros entran en la posición matando soldados españoles desarmados a diestro y siniestro. Algunos oficiales y soldados lograron salvarse al refugiarse en los escasos accidentes del terreno. Los soldados del regimiento “Africa”, que aún no habían entregado el armamento, se enfrentan a sus agresores al mando del capitán Marciano González Valles (Compañía de Ametralladoras, 1º Batallón); agotaron sus municiones en lucha desigual hasta caer todos ellos muertos. Fueron los últimos combatientes de la Comandancia General de Melilla, completamente derrumbada.

Sus cuerpos quedaron mutilados, desnudos, insepultos, durante un mes y medio, hasta que los españoles llegaron el 24 de octubre durante la campaña de la reconquista del territorio. En la columna española iba encuadrado el comandante Franco, de la 1ª Bandera de La Legión, quien, en su libro “Diario de una Bandera” dice lo siguiente:

“Renuncio a describir el horrendo cuadro que se presenta a nuestra vista. La mayoría de los cadáveres han sido profanados o bárbaramente mutilados. Los hermanos de la Doctrina Cristiana recogen en parihuelas los momificados y esqueléticos cuerpos, y en camiones son trasladados a la enorme fosa.

“Algunos cadáveres parecer ser identificados, pero sólo el deseo de los deudos acepta muchas veces el piadoso engaño, ¡es tan difícil identificar estos cuerpos desnudos, con las cabezas machacadas!

El 8 de agosto de 1921 el gobierno aprobó un plan para reforzar las tropas españolas destinadas en el Protectorado español de Marruecos con unidades expedicionarias procedentes de unidades con guarnición en la Península. De esta forma, solo del arma de Infantería, fueron desembarcados en Melilla 40 batallones expedicionarios entre los meses de julio y octubre; 12 batallones expedicionarios en Ceuta entre el mismo periodo; y otros 9 batallones expedicionarios en Larache en el mes de agosto. También fueron desembarcadas otras unidades expedicionarias de Caballería, Artillería e Ingenieros.

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Número de bajas

Si de los 3.017 hombres se deducen los que abandonaron la posición el 2 de agosto saltando el parapeto y los aproximadamente 300 ingresados en la enfermería, quedarían unos 2.500 combatientes. El número de muertos durante el asedio ascendió a 419 individuos; unos 433 fueron heridos durante el mismo. Se estima que murieron asesinados por los moros unos 2000 soldados el día de la salida de la capitulación.

Sobrevivieron 61 hombres de los 3.000 sitiados. Se respetó la vida de algunos oficiales (entre ellos Navarro) con el fin de presionar a España y canjearlos por dinero, algunos artilleros o sanitarios de los que precisaban colaboración y, en fin, algunos soldados afortunados. Los cadáveres quedaron insepultos hasta la reconquista de la posición varios meses después.

Navarro permaneció año y medio prisionero de los rifeños en Axdir, capital de la cabila de Abd el-Krim (la Beni Urriaguel) y por tanto capital también de la República del Rif. Durante su cautiverio sufrió numerosas vejaciones por parte de sus captores, llegando a pasar encadenado largos períodos de tiempo, con una argolla de 50 kilos al cuello, pero se portó muy dignamente en todo momento, exponiendo su vida muchas veces con reclamaciones en defensa de sus hombres.

Navarro y los demás cautivos fueron liberados finalmente el 27 de enero de 1923, tras las negociaciones llevadas a cabo con Abd el-Krim por parte de Horacio Echevarrieta, a cambio de 80 000 duros de plata, fue trasladado a Melilla, de donde pasó a Madrid. La grave crisis política creada tras el desastre llevó, en septiembre de ese año, a la instauración de la Dictadura de Primo de Rivera.

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Tras su liberación fue sometido a un Consejo de Guerra a raíz del Expediente Picasso de depuración de responsabilidades, enfrentándose a graves acusaciones por parte del fiscal. No obstante, la defensa que hizo el Auditor del Cuerpo Jurídico Militar Luis Rodríguez de Viguri fue tan aplastante que el fiscal retiró los cargos al día siguiente de la vista, que se celebró el 23 de junio de 1924.

Rehabilitado por completo, al mes siguiente (4 de julio) fue ascendido a General de División (con 61 años) sin ocasión de vacante, es decir, produciendo un exceso de plantilla que se consideró justo desagravio, y ese mismo día se le encomendó el mando de la 9.ª División. Un mes después, el 9 de agosto, fue nombrado General Inspector de las Fuerzas de Caballería de la Península, trasladándose a Extremadura durante el mes de septiembre para reconocer la zona en que debían desarrollarse las maniobras de las fuerzas de Caballería y Artillería de la I Región.

Comandante General de Ceuta
Días después (el 27 de septiembre) fue nombrado Comandante General de Ceuta, en cuyo cometido recorrió e inspeccionó el territorio, tomó parte activa en las operaciones de campaña realizadas en el de Ceuta-Tetuán, dirigió varios combates y en diciembre dirigió el repliegue de las tropas españolas desde el Zoco de Arbaá a Ben-Karrik, pasando por Tarranes y Karikera. El 2 de noviembre de 1925 fue nombrado Ayudante de Campo del Rey, pero quedó en comisión a las órdenes del Alto Comisario del Protectorado de España en Marruecos y General en Jefe del Ejército de Operaciones en África.

Menos de un mes después, el 26 de noviembre de 1925, cesó en su comisión y se incorporó a su destino como Ayudante de Campo del Rey. El 3 de febrero de 1926 se le concedió la Gran Cruz de María Cristina “en atención a los señalados servicios prestados y méritos contraídos en operaciones activas de campaña en nuestra Zona de Protectorado en Marruecos, en el lapso de tiempo comprendido entre 1 de agosto de 1924 y 1 de octubre de 1925, a propuesta del Ministerio de la Guerra, de acuerdo con el Consejo de Ministros y en vista del favorable informe emitido por el Consejo Supremo de Guerra y Marina”.

El 31 de agosto de 1926 y tras sólo 2 años como General de División, ascendió a Teniente General (con 63 años), asumiendo el 8 de septiembre el cargo de Capitán General de la VI Región (Burgos). El 29 de abril de 1927 fue nombrado Capitán General de la I Región (Madrid), puesto que ocupó durante tres años hasta que el 27 de marzo de 1930, dos meses después de la dimisión de Primo de Rivera y gobernando el Almirante Aznar, fue nombrado Jefe de la Casa Militar del Rey y Comandante General del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos.

Cuatro meses más tarde, el 24 de julio, pasó a situación de primera reserva por haber cumplido la edad reglamentaria, lo que ponía punto final a su carrera. Tenía 68 años de edad y nada menos que 53 de servicio activo. Pero su carrera no llegó a su fin técnicamente hasta que cuatro años después, el 26 de julio de 1934, pasó a situación de segunda reserva por haber cumplido la edad reglamentaria. Acababa de cumplir 72 años, hacía tres que se había instaurado la Segunda República y gobernaba entonces el bienio radical-cedista o de derechas.

Epílogo

coloreado navarroEl General Navarro, quien toda su vida la dedicó a la milicia, 53 años de servicio, sobrevivió a cinco guerras, la de Margallo, la Guerra de Cuba, la de Filipinas, la de Melilla y la Guerra de Marruecos. Quedó herido en la pierna por una granada en la defensa de Monte Arruit, donde fue hecho prisionero junto a 60 hombres tras rendir la posición. Se le trasladó a Axtdir donde pasó un año y medio de cautiverio. Y fue a morir asesinado junto a su hijo en Paracuellos por las milicias republicanas en Noviembre de 1936. ¿Razón? no se sabe, quizá por haber sido general africanista, por haber evitado que los moros tomasen Melilla, por haber sido Ayudante de Campo del Rey, Jefe de la Casa Militar del Rey y Comandante General del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos.

O simplemente, porque a los comunistas, todo lo que vaya vestido de verde o de caqui, les produce repulsión.

Navarro nunca tuvo la “carne de gallina”, quizá más bien le sobrasen atributos como al caballo de Espartero. La falta de ellos, está hartamente demostrada por los descendientes de aquellos asesinos afines a las hoces, martillos y estrellas rojas de cinco puntas.

 FUENTES:
  • Gaceta de Madrid. Número 245 de 2 de septiembre de 1926. Páginas 1325 y 1326.
  • Pando Despierto, Juan. Historia secreta de Annual. Ediciones Temas de Hoy. Colección: Historia. Madrid, 1999. Página 321.
  • Palma Moreno, Juan Tomás. Annual 1921. 80 años del Desastre. Almena ediciones. Madrid, 2001. Página 26.
  • Leguineche Bollar, Manuel (1996), Annual 1921: el desastre de España en el Rif Madrid: Ed. Alfaguara. ISBN 84-204-8235-8.
  • Morir en África, la epopeya de los soldados españoles en el Desastre de Annual
  • Fotografías: ABC,
  • Heliógrafo y telégrafo: JJ Godoy Espinosa de los Monteros.
  • Fotografía coloreada de Navarro: Manuel Valladolid

Historias de Allende los Mares. Bitácora de un almirante.

Colon descubre
Año 1494

Colón, que ha encontrado el puerto deseado en la bahía de La Isabela, en el cacicazgo de Maguá, funda aquí La Isabela (munic. Luperón; prov. Puerto Plata; Rep. Dominicana) (1 ene), 1ª villa española en América (abandonada en 1498), donde Bernardo Boïl celebra la 1ª misa de América

(6 ene); aquí introduce el trigo, la vid y la caña de azúcar, que no prosperarán y el ganado europeo, que sí lo hará y descubrirá el caucho, y desde aquí envía a Antonio de Torres (capitán y propietario de su nao insignia, “María Galante”, al que acaba de nombrar alcalde de La Isabela) con 12 naves de regreso a la Península (lo cual hará en el tiempo record de 35 días)
(2 feb – 7 mar), quedándose él con sólo 5 naves. Deja la ciudad en manos de su hermano Diego (al que nombra gobernador) y sale con 400 hombres armados
(13 mar) para el valle del Cibao (que conecta las bahías de Manzanillo y Samaná), “cuna del oro”, al que llama valle de la Vega Real, donde funda el pueblo y fuerte de Santo Tomás de Jánico (Rep. Dominicana)
(16 mar), en el que deja a 56 hombres bajo el mando del capitán catalán mosén Pedro Margarite (Pere Margarit, jefe militar de su 2º viaje) y regresa a La Isabela (29 mar), donde encuentra a sus hombres hambrientos y la 1ª rebelión contra él, encabezada por Bernal Díaz de Pisa, contador en el 2º viaje (feb-mar) e instigada por el aragonés Gaspar Ferris, que se considera no sujeto a las leyes de Castilla; el almirante, repuesto de una enfermedad, ahorca a unos cuantos y envía a Díaz de Pisa preso a la Península, antes de enviar una 2ª expedición al interior de la isla en busca de oro; también envía a Luis de Arriaga a levantar el fuerte de La Magdalena, junto al río Yaque (a 10-12 leguas de la actual Santiago) y a Alonso de Ojeda (u Hojeda) a reforzar Santo Tomás con 15 hombres (400, según otros autores)
(9 abr) y éste obliga a Caonabó a levantar el cerco al que lo había sometido y provoca el odio de los taínos al cortar la oreja de uno de sus jefes y encadenar a otros dos por un supuesto robo de ropa. Colón ordena a Margarite (abr) hacer una expedición militar por la isla para impresionar a los indios y capturar a Caonabó y de nuevo deja a su hermano Diego a cargo de La Isabela y sale
(24 abr) con 3 de las carabelas que le quedan (la “Niña” de capitana, “Cardera” y “San Juan”); explora el S de Cuba (divisada el 29 de abril), descubriendo el cabo Maisí (que llama Alfa y Omega) y las bahías de Guantánamo (que llama Puerto Grande) y de Santiago, pero no puede demostrar que Cuba es Catay y, navegando hacia el S por consejo de un indio, descubre la isla de Santiago (hoy Jamaica)
(3 may), desembarca en las bahías de Santa Ana (hoy Saint Anne’s Bay), que llama de Santa Gloria (5 may), y de la Manteca (hoy Montego Bay, donde encuentra un poblado arauaco), que llama golfo del Buen Tiempo, regresa a Cuba, dobla el cabo Cruz, explora los cayos de Jardines de la reina (los llama Laberinto de las Doce Leguas), la bahía de Cienfuegos y la costa de Guaniguánico hasta la actual ensenada de Cortés, donde, convencido de que Juana (Cuba) es parte del continente asiático, obliga a jurarlo a sus hombres por escrito, bajo pena de cortarles la lengua y decide regresar
(13 jun), descubriendo la isla que llama La Evangelista (hoy Pinos) (13 jun); por el S de Jamaica (dobla el cabo del Farol, hoy Morant Point el 19 ago) se dirige al S de La Española, donde caza lobos marinos y aves en la isla que llama Alto Velo (Pedernales; Rep. Dominicana) mientras espera a los otros dos barcos extraviados (ago), descubre esta parte de la costa y las pequeñas islas Beata y Saona (o Bella Savona, nombrada así por la ciudad natal de Michele Cuneo a quien Colón la entrega y donde observa un eclipse de luna), y desembarca en la isla Mona (Puerto Rico) (24 set), donde los taínos cultivan alimentos, antes de dar la vuelta por el E para regresar enfermo a La Isabela (29 set), donde halla a su hermano Bartolomé, recién llegado (24 jun) de Castilla con una pequeña escuadra de ayuda de 3 naves autorizada por la reina Isabel (cédula de capitán obtenida el 14 abr), se entera de que Boïl, Margarite y otros colonos han regresado a Castilla en esas mismas naves de su hermano para quejarse al rey (llegan a la Península en nov) y recibe de vuelta a Torres, al que encarga regresar con buenas nuevas para Su Majestad.
Durante su etapa de gobierno Diego Colón prosigue la ocupación del Cibao (Rep. Dominicana), donde levanta fortalezas (1494-95), entre ellas el fuerte de Concepción, pero tiene que ceder el cargo a su hermano Bartolomé (1494-1500), mayor que él.
El Tratado de Tordesillas (7 jun) entre Castilla y Portugal (en vigor hasta 1750 y entre 1761 y 1777), deja América en manos de la 1ª, al establecer como línea divisoria entre ambos imperios el meridiano situado a 370 leguas al O de las islas de Cabo Verde (el rey de Portugal, que lo ratifica el 5 set, insiste mucho en fijar este límite, en lugar de las 100 leguas propuestas por el papa y ello ha hecho suponer que ya conocía la existencia del Brasil). Este meridiano es aproximadamente el 46º37’ O, pero debido a las dificultades de cálculo de longitudes y a la discrepancia sobre el punto de partida, varios geógrafos fijarán el suyo propio: 45º37’ (1495), 42º30’ (1502), 49º45’ (1519), 45º38’ (1534) y 45º17’ (1545) (los portugueses, partiendo del más favorable para ellos, incluirán en su zona toda la costa de Sudamérica al suponer una orientación del continente errónea).
Pedro Mártir de Anglería (Pietro Martire d’Anghiera) inicia con su “De Orbe Novo Decades” la recopilación de noticias sobre América, que proseguirá hasta su muerte en 1526. Él bautiza como Antillas a las islas descubiertas por Colón, en recuerdo de la mítica isla Antilla de los cronistas medievales.

Historias de allende los mares. La conquista española de América y el susto que se llevaron los indios

Colon descubre

Año 1492

Cristóbal Colón sale de Palos de la Frontera (3 ago) con 120 hombres a bordo de una nao o carabela de armada (“La Gallega”, rebautizada “Santa María”, propiedad del cántabro Juan de la Cosa, que viaja como maestre o 2º de la misma, ya que Colón es su capitán, siendo el piloto Pedro Alonso Niño) y 2 carabelas (la “Pinta” y la “Niña”, capitaneadas respectivamente por los hermanos Martín Alonso Pinzón y Vicente Yáñez Pinzón, reputados marineros andaluces) (otro hermano, Francisco Martín Pinzón, es maestre de la “Pinta”, Juan Niño, es maestre de la “Niña” y Sancho Ruiz de Gama, es piloto de la “Niña”); después de tocar en las Canarias descubre América en la isla de Guanahaní

(12 oct) (avistada por el marinero Juan Rodríguez Bermejo, de guardia en el castillo de proa de la “Pinta”, aunque algunos cronistas le inventarán el nombre de Rodrigo de Triana); Colón (quien reclamará los 10.000 maravedíes de premio para sí) llama a la isla San Salvador (tradicionalmente identificada con Watling, hoy San Salvador, pero según modernos descubrimientos pudo ser Samana Cay); del mismo archipiélago de las Bahamas o Lucayas, descubre las islas que llama Santa María de la Concepción (Mamana para los nativos, hoy Rum Cay)

(15 oct), Fernandina (Yuma para los nativos, hoy Long)

(15 oct) e Isabela (Samaet para los nativos, hoy Crooked)

(19 oct), donde oye hablar a los nativos

(21 oct) de las islas Colba (Cuba) y Bohío (La Española); de aquí zarpa

(24 oct) navegando al SO y tras pasar las islas Arenas (hoy Banco de Colón o islas Brulle)

(25 oct) descubre la isla que llama Juana (en honor al heredero, hoy Cuba)

(27 oct), creyendo que se trata de Cipango; desembarca en lo que llama río y puerto de San Salvador (hoy bahía de Bariay; prov. Holguín)

(28 oct) y navegando a poniente descubre el pequeño río de la Luna (posiblemente el Jururú)

(29 oct), donde descubre perros que no pueden ladrar (los engordan para su consumo, hoy extintos) y el río de los Mares (hoy bahía de Gibara, prov. Holguín)

(29 oct), a donde debe regresar por el mal tiempo

(31 oct – 12 nov) y al hablarle los nativos de la provincia norteña de Cubanacán cree oír Gran Khan, por lo que envía al interior (2 nov) a dos de sus hombres, Luis de Torres (intérprete judío que habla hebrero, mozárabe y algo de árabe) y Rodrigo de Jerez (marinero) en busca de oro y para entrevistarse con el khan de lo que suponen China, pero en su lugar descubren el tabaco; se lleva a varios indígenas, desembarca en la boca del río Máximo o de las Carabelas, donde clava una gran cruz y lo llama Puerto Príncipe (probablemente en la bahía de Nuevitas)

(18 nov) y a los islotes Jardines del Rey (arch. Camagüey), pero la “Pinta”, al mando de Martín Alonso Pinzón, es separada de la expedición por un fuerte viento del este

(21 nov) y Colón se dedica a buscarla, descubriendo el cabo que aún lleva el nombre que le pone, Campana

(26 nov) y la isla que los cubanos llaman Haití y los nativos Quisqueya (“madre de todas las tierras”)

(5 dic), donde desembarca en el puerto que llama San Nicolás (donde hoy está Môle Saint-Nicolás; Nord-Ouest; Haití) (6 dic) y en el puerto de la Concepción (hoy bahía Mosquito)

(7-14 dic), donde llama La Española (9 dic) a la isla de la que toma posesión (12 dic), descubre la isla que llama de La Tortuga (Haití) (14 dic), pero en un arrecife de la bahía hoy llamada de Cabo Haitiano (Nord; Haití) embarranca la “Santa María” (25 dic) y, aprovechando la hospitalidad del cacique arauaco de Marién (NO de la isla, dividida en 5 cacicazgos), Guacanacaric (o Guacanagarix), con sus restos se construye en la orilla el fuerte Navidad (26 dic – 1 ene) (entre la boca del Guarico y la punta de Picolet, a unos 15 km al E de la actual Cap-Haïtien).

Colón deja en el fuerte Navidad a 39 hombres que no caben en la “Niña” (incluyendo al intérprete Luis de Torres) al mando de Diego de Arana

Año 1493

 (4 ene – set), hasta ahora alguacil de la armada, que encomienda al cacique Guacanagarí (2 ene) y se hace a la mar con la “Niña” (4 ene) para regresar a Castilla, descubriendo otros accidentes de la costa N de La Española, como un monte costero que puede servir de guía a los que busquen La Navidad, al que llama Monte Cristi (que dará nombre a la ciudad fundada a sus pies; Rep. Dominicana)

 (5 ene); consigna en su diario la existencia de una isla que luego se llamará Jamaica (6 ene), se encuentra con la “Pinta” (6 ene), pero no regresa a Navidad sino que amenaza con ahorcar a Martín Alonso Pinzón, por creerlo un desertor que intentó regresar antes que él y prosiguen juntos la ruta; devuelve a su hogar a 6 indios raptados por Pinzón

(10 ene), descubre un puerto al pie de un monte que llama de Plata (hoy Puerto Plata; Rep. Dominicana)

(11 ene), la punta de Macorís (que llama del Hierro), el cabo de la Roca (que llama Redondo), el cabo Francés y la bahía Escocesa (11 ene), bordea la península de Samaná

(12 ene), sus hombres son atacados con flechas por unos 55 guerreros de Mayobanex, cacique de Higüey (E de la isla), al desembarcar en un lugar que llama golfo de Las Flechas (bahía de Samaná)

(13 ene), pero se entrevista con éste y hacen las paces (14 ene), y zarpa (16 ene) para buscar la isla de Carib, a cuyos habitantes tanto temen los taínos, pero ante el desánimo de los marineros decide el regreso a la Península y en ruta escribe su carta a los reyes

(15 feb). Separada de nuevo la “Pinta”, Martín Alonso Pinzón consigue llegar a Bayona (Galicia), donde es el 1º en dar la noticia y luego a Palos, el mismo día (15 mar) que Colón con la “Niña”

(15 mar), quien antes ha recalado en Lisboa (4 mar); Colón trae un poco de oro, perlas, pájaros exóticos y 7 indios, pero ninguna especia (aunque trae los primeros pimientos, llamados chili por los indios) y aun así es recibido triunfalmente en Sevilla

(15 abr); luego se desplaza a Barcelona (20 abr) y es recibido en secreto (para evitar filtraciones a los portugueses) por los reyes en el monasterio de Sant Jeroni de la Murtra, en Badalona (fines abr), donde el rey se está reponiendo del atentado del 7 dic 1492 en Barcelona (fray Ramón Pané, miembro de esta comunidad jerónima, se unirá a Colón en su próximo viaje).

Bulas “Inter Caetera” (3 y 5 may) y “Dudum siguidem” (26 set) del papa valenciano Alejandro VI, por las que cede las nuevas tierras descubiertas a Castilla, fijando los límites hispano-portugueses a 100 leguas al O de las islas de Cabo Verde.

2ª expedición de Cristóbal Colón, que parte de Cádiz (25 set) llevando 2 naos y 15 carabelas (la “Niña” o “Santa Clara” repite viaje y lleva a bordo al piloto mayor y cartógrafo, que es Juan de la Cosa), 1.200-1.500 colonos (entre ellos su hermano Diego y futuros conquistadores, como Diego Velázquez de Cuéllar, Alonso de Ojeda, Rodrigo Galván de Bastidas, comerciante sevillano y experto navegante, y posiblemente Juan Ponce de León), el capitán catalán Mosén Pedro Margarite (Pere Margarit) como jefe militar de la expedición, un médico, el sevillano Diego Álvarez Chanca (que salvará a Colón y a muchos de los expedicionarios cuando enfermen) y un sacerdote, fray Bernat Boïl, benedictino de Montserrat nombrado patriarca y primer obispo de las tierras que se descubran y facultado a evangelizar como primer vicario apostólico del nuevo mundo por la bula “Piis fidelum” de Alejandro VI de 25 jun y que se convertirá en el primer predicador de América, así como las primeras semillas de naranjo (serán plantadas en La Española); deja la isla del Hierro

(13 oct) y descubre las islas que llama Deseada (hoy La Désirade) (amanecer del 3 nov) y, en una ruta no del todo aclarada, Marigalante (nombre de su nao insignia, oficialmente bautizada “Santa María”) (hoy Marie-Galante)

(3 nov), donde echa el ancla, Dominica (el domingo 3 nov, que supone es la isla Carib de que le han hablado), Todos los Santos (hoy Saintes), Santa María de Guadalupe (4-10 nov) (llamada Karukera o Calucaera por sus habitantes caribes, la bautiza así para cumplir un voto con el monasterio homónimo, donde desembarca y rescata a un grupo de arauacos secuestrados por aquellos, a los que promete devolver a su isla, Boriquén o Borinquén, hoy Puerto Rico, desconocida para él), Santa María de Montserrate (hoy Montserrat)

(11 nov) (deshabitada), Antigua (la ve de lejos y la llama así por la iglesia de Sta. Mª de la Antigua de Sevilla), Santa María la Redonda (hoy Redonda)

(¿12 nov?), Santa María de las Nieves (por confundir con nieves las brumas de su cumbre; hoy Nevis) (11 nov), Barbuda (dudoso), Santiago o San Jorge (hoy San Cristóbal o St. Kitts) (12 nov), Santa Anastasia (luego San Eustaquio o Sint Eustatius), San Bartolomé (llamada Uanalao por los caribes, hoy Saint Barthélemy), San Martín (hoy Sint Maarten) (¿11 nov?), Anguila (hoy Anguilla) (dudoso), San Cristóbal (hoy Saba)

(13 nov), Virgen Gorda (hoy Virgin Gorda), Santa Cruz (hoy Saint Croix, donde desembarca y combate con caribes) (14 nov) y San Juan (hoy Saint John) (17 nov), estas 3 del archipiélago de unas 60 islas que llama de Santa Úrsula y las Once Mil Vírgenes (hoy Vírgenes o Virgin); luego Borinquen, a la que llama San Juan Bautista (hoy Puerto Rico)

(19 nov), en cuya bahía de Aguada desembarca (19-21 nov), y una pequeña isla que puede ser Mona o Desecheo (22 nov); costea el N de La Española, en Monte Cristi halla cadáveres de hombres sospechosamente barbados

(25 nov), hasta alcanzar el fuerte Navidad (27 nov), que ha sido arrasado y todos los españoles muertos por los indios del cacique Caonabó de Maguana (al parecer de origen caribe y temido por sus homólogos), que no acepta a los extranjeros (según le informa su amigo el cacique Guacanacaric, herido al ayudar a los españoles, éstos se habían peleado por el oro y las mujeres y se habían dividido); abandona Navidad

(6 dic) (sus restos serán descubiertos en 1977) y recorre la costa de levante buscando un buen puerto, que halla en la boca del Bahabonico (7 dic) y comienza a construir una 2ª colonia (10 dic).

Historias de la Historia de España. Capítulo 93; Éranse unos Símbolos y unos topónimos allá por tierras extranas.

simbolos
Entre los siglos XVI y XIX la corona española estuvo presente en todo el continente americano y pese a lo prolongado de ese dominio, son muchas las sombras que envuelven todavía la presencia hispana en el Nuevo Mundo. Mientras que la conquista y colonización de América del sur y central es algo de sobra conocido, la presencia española en los actuales Estados Unidos y Canadá ha caído en un extraño, y ciertamente lamentable, olvido, especialmente entre los propios españoles que desconocen la huella hispana en aquellas tierras. Todo el sur de los Estados Unidos, los actuales estados de California, Arizona, Nuevo México, Texas, Luisiana y Florida, formaron parte del Virreinato de Nueva España hasta bien entrado el siglo XIX, pero lo que no mucha gente conoce es que dicho Virreinato extendió sus fronteras hasta mucho más al norte, por medio de diversos asentamientos y fuertes a lo largo de toda la costa del Pacífico y del centro de Estados Unidos, asentamientos que fueron fundados por marinos, exploradores y aventureros durante todo el siglo XVIII y que llegaron hasta la mismísima Alaska donde toparon con el Imperio Ruso y los intereses expansionistas ingleses. Las actuales localidades de Valdez y Cordova en Alaska o las islas canadienses de San Juan, Lopez, Fidalgo o Cortes, son una pequeña muestra de la pervivencia de un gran número de topónimos españoles en la costa norte del Pacífico. En la bandera de Arizona los trece rayos de sol, que representan los trece condados del estado, son amarillos y rojos en recuerdo de la bandera española y en el escudo oficial de la ciudad de Los Ángeles, el mismo que llevan los coches de policía que hemos visto en innumerables películas, aparece la bandera de Castilla León por el mismo motivo. También en el Capitolio de Texas, sede del gobierno de dicho estado, luce el emblema de Castilla. En Estados Unidos hay localidades de nombre Madrid en los estados de Alabama, Colorado, Iowa, Nebraska, Maine, Nuevo México, Nueva York y Virginia. Estos son sólo unos pocos ejemplos que sirven para recordar que la presencia española en Norteamérica dejó una huella mucho más profunda de lo que imaginamos.
Un episodio particularmente olvidado de nuestra historia es la presencia española en Alaska y el norte de Canadá. Durante el reinado de Carlos III se reactivó la exploración española de América del Norte ya que la Corona no veía con buenos ojos la presencia de otras potencias europeas en unos territorios que, en virtud de la Bula Inter Caetera (1493), consideraba suyos por derecho. En 1789 el navegante sevillano Esteban José Martínez Fernández fundó San Lorenzo de Nootka, en la isla de Nootka, frente a Vancouver en lo que hoy es la Columbia Británica y un año después, en 1790, se fundaba el Fuerte de San Miguel. Ese mismo año el virrey de Nueva España envía una pequeña flotilla de tres naves comandada por el teniente de navío Francisco de Eliza a bordo de la fragata “Concepción” a la que acompañan el paquebote “San Carlos” al mando de Salvador Fidalgo y la balandra “Princesa Real”. El objetivo es reclamar, en nombre del Rey de España, aquellas tierras, explorarlas al detalle y frenar el avance de rusos, desde el norte, e ingleses, desde el este. Unos y otros eran conscientes de la aparente fragilidad de la corona española y trataron de sacar provecho a sabiendas de que España no podría, en última instancia, hacer valer sus derechos en lugares tan alejados de sus principales bases en el sur. Con Inglaterra, después de varios incidentes que hacían temer una guerra que España no estaba en condiciones de afrontar, se firmaron las convenciones de Nootka, entre 1790 y 1794, que abrían Alaska y la costa pacífica canadiense a la colonización inglesa. Con los rusos las cosas serían algo más peculiares aunque mucho menos perjudiciales para los intereses españoles.
En julio de 1790 Salvador Fidalgo entró en contacto con ellos y proclamó sin oposición la soberanía española sobre Alaska. Los asentamientos rusos en la zona, poblados mayoritariamente por cazadores y comerciantes de pieles, tenían serias dificultades para sobrevivir dada la hostilidad de los nativos y la escasez de víveres, así que lo último que querían era un conflicto con los españoles. Sin embargo, al contrario de lo que pueda pensarse, los rusos no se contentaron con aquella poco satisfactoria solución y decidieron marchar hacia el sur en busca de lugares más apacibles donde establecer bases sólidas y poder realizar así el sueño de una América rusa. Aquí es donde entra en juego un destacado miembro de la nobleza imperial, Nicolai Petrovich Rezanov, cofundador de la Compañía Ruso-Americana y principal impulsor del proyecto que llevó a la Rusia zarista a instalarse en las costas de California en el siglo XIX. Gracias al privilegio otorgado por el zar Pablo I a favor de la Compañía, ésta obtenía la explotación del territorio en el que se asentase durante 20 años renovables.
En abril de 1806 Rezanov arriba, al mando de la “Juno”, a San Francisco con el objetivo de firmar un tratado que permita a su Compañía instalarse en suelo californiano, negocio harto complicado pues las colonias tenían terminantemente prohibido comerciar con potencias extranjeras pues ello vulneraba el rentable monopolio de la metropoli. Rezanov, hombre hábil a la hora de tratar a la gente, supo ganarse la simpatía del gobernador y comandante español en San Francisco, don José Darío Argüello, cuya hija María de la Concepción Argüello, de apenas 15 años frente a los 42 del noble ruso, iba a jugar un papel involuntariamente determinante en todo el asunto. La historia de amor entre Rezanov y Conchita Argüello fue tan intensa como breve y durante las seis semanas que el ruso permaneció en San Francisco, no se separaron apenas ni un minuto según relata en su diario el médico de la “Juno” Georg Heinrich von Langsdorff. El buen doctor hablaba latín y a través del franciscano padre Uría, que también dominaba el idioma, puso en contacto a la pareja y entre ambos hicieron las veces de traductores. La pasión fue tal que Nikolai terminó pidiendo la mano de Conchita al comandante Argüello con la intención de llevarla a vivir a Rusia. Es muy probable que las intenciones iniciales de Rezanov fuesen las de ganar el favor del padre a través de la hija, pero parece que en poco tiempo la belleza, la dulzura y los encantos de la joven señorita Argüello ganaron el corazón de Rezanov con la misma intensidad con la que éste fascinó desde el principio a su enamorada.
El 21 de mayo de 1806 Rezanov partía de San Francisco rumbo a Rusia para confirmar el principio de acuerdo que había alcanzado con Argüello y poner en marcha el establecimiento de la Compañía en suelo californiano. El viaje fue muy largo y fatigoso y Rezanov enfermó hasta tres veces de neumonía, la tercera coincidió con una aparatosa caída del caballo en Siberia cuando trataba de llegar a San Petersburgo y el conde falleció en marzo de 1807 cerca de Krasnoyarsk. Su tumba fue destrozada durante la revolución bolchevique pero, según la versión más aceptada, sus restos fueron nuevamente enterrados en la Iglesia de la Trinidad de Krasnoyarsk a mediados de los años 50 del siglo XX. La tumba está coronada por una gran cruz blanca en la que por un lado se lee “Nickolai Petrovich Rezanov 1764 — 1807. Nunca te olvidaré” y en la otra “María Concepción de Argüello, 1791 — 1857. Nunca más volveré a verte” La historia del conde Rezanov y Conchita Argüello es recordada todavía en Rusia e incluso en pleno período soviético en 1983 se escribió una ópera rock, “Juno y Avos” que relata la historia de los dos amantes. Conchita esperó durante cinco años hasta que en 1811 recibió noticias de la muerte de su amado. Durante todo ese tiempo rechazó a cuantos pretendientes pidieron su mano y finalmente ingresó en un convento donde pasó el resto de su vida como monja hasta que falleció en diciembre de 1857.
Pese a la muerte de Rezanov los rusos no abandonaron California y en 1811 Ivan Alexandrovich Kúskov, empleado y administrador de la Compañía Ruso Americana, fundó el conocido como Fort Ross (posible derivación del nombre que le dieron los españoles: fuerte ruso) La Compañía estuvo operando en San Francisco hasta 1848 cuando, tras la derrota mexicana en la guerra con los Estados Unidos y la firma del tratado de Guadalupe Hidalgo, California y todo el norte de México, pasaban a manos estadounidenses y Rusia accedió a ceder el fuerte a los nuevos dominadores. México perdía así, en apenas 30 años, la mitad del territorio de lo que había sido el Virreinato de Nueva España que la metrópoli había mantenido intacto, e incluso incrementado, a lo largo de 3 siglos.

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A esta historia, una pequeña y romántica muestra de lo mucho hemos olvidado, habría que añadir las grandes gestas y calamidades, en muchos casos cubiertas de tragedia, de personajes como Vázquez de Coronado que llegó hasta la actual Kansas tras recorrer miles de kilómetros buscando las míticas siete ciudades de Cíbola, García López de Cárdenas primer europeo en llegar al Gran Cañón, Fernando de Alarcón el primero en navegar el río Colorado, Juan Ponce de León, descubridor de Florida mientras, según cuenta la leyenda, buscaba las fuentes de la eterna juventud o Hernando de Soto, quien avistó por primera vez el gran río Mississippi para después cruzarlo con 400 hombres y lanzarse a la exploración de Texas, Oklahoma y Arkansas; en su honor se erigió en Memphis un puente sobre el río que lleva su nombre. Mucho tiempo antes de que los colonos, ingleses primero, estadounidenses después, marcharan hacia el oeste y entraran en contacto con los nativos americanos, los españoles ya habían topado con todas las grandes naciones indias: navajos, cheyennes, apaches, comanches, sioux, arapahoes, pies negros etc e incluso con más de una se firmaron acuerdos y tratados. La presencia española e hispánica en América del Norte, en especial en lo que hoy son los Estados Unidos, es inmensa y debería empezar a reconocerse como merece pues se trata de historias dignas de ser contadas, conocidas y recordadas con orgullo y solemnidad pues forman parte de nuestro pasado, de nuestra historia.

Historias de la Historia de España; Capítulo 92. Érase un Gobernador, un complot y un asesinato.

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Muerto Balboa, sus designios y sus planes para el descubrimiento de las costas del Sur puestos en execucion al principio por algunos aventureros incapaces, fueron olvidados al fin por falta de buen éxîto. Mas Francisco Pizarro, natural de Truxillo, hijo de aquel Coronel Pizarro, que se distinguió tanto en las guerras de Italia, se atrevió á proseguir y logró acabar la empresa comenzada. La reputación de Balboa, y la gloria que acababa de adquirirse Cortés en su singular expedición, eran poderosos aguijones que estimulaban á Pizarro á seguir sus huellas. Nada podía negarse á su osadía, nada abatir su infatigable constancia, y hermanando á esta fuerza de caracter una robustez y resistencia de cuerpo igual, ó tal vez mayor, entró en la carrera que le presentaba la fortuna, y la importancia de sus conquistas eclipsó los descubrimientos anteriores.
Sin medios al principio para la execucion de sus proyectos, se asoció con Diego de Almagro y Fernando de Luque, mas poderosos y ricos que él: los tres jurándose amistad y lealtad, pactaron ser iguales en la contribución de las fatigas y de los gastos, así como en la repartición de los despojos. Mas al principio la expedición fue infeliz: Pizarro con una embarcación miserable se dirige hacia el equador, reconoce varias partes incultas de tierra firme, y la hambre, la fatiga y los Indios le rechazaron de todas ellas: á estos obstáculos se añadió otro, que sin la constancia de Pizarro hubiera desacreditado y destruido enteramente sus proyectos.
El Gobernador del Istmo teniendo por disparatada semejante empresa, envió una embarcación para que se volviese á Panamá. Pero él lejos de obedecer á unas órdenes tan opuestas á su osadía, y determinado á atropellar por todo, trazando en el suelo una raya con la espada, y vuelto á sus compañeros, el que quiera, les dixo, seguir la senda de los peligros y la fortuna, salve esta raya y quédese conmigo: los demás pueden volverse al Istmo. Trece solos se quedaron, y con ellos pasó cinco meses en la desierta isla de Gorgona, terreno el mas dañoso de toda la América, el mas horrible y salvage, y donde las fatigas y su resistencia combatieron á porfía.
Allí le vino á socorrer un barco enviado por sus compañeros, con el qual descubrió la costa del Perú, tomó tierra en Tumbez, y encontrándose con pocas fuerzas para proseguir la expedicion, se retraxo al Istmo á hacer nuevos preparativos. Mas no hallando en Panamá disposiciones para ello, pasó á España, hizo autorizar su comisión por el Gobierno, y volvió a America; donde aunque provisto de títulos y ayudado de Luque y de Almagro, apenas pudo armar tres navichuelos montados de ciento y ochenta hombres, y en ellos arribó segunda vez á Tumbez.
Con tan flacas fuerzas se atrevió á atacar una nación grande, en quien la civilización había ya hecho progresos considerables, y que tenia su religión, su gobierno, su agricultura y sus artes. La batalla de Casamalca, en que los Peruanos aturdidos y hechos pedazos abandonaron á su Inca en manos del enemigo, decidió del destino del Perú, y acabó con su imperio. Atahualpa, prisionero, fue juzgado á la manera de Europa, y condenado al último suplicio por los vencedores, que con su muerte se vieron dueños de aquella vasta región, y se derramaron por toda ella. Los Indios divididos y dispersos hicieron varias tentativas, todas inútiles, para arrojarlos. Cuzco y Quito tuvieron que rendirse al yugo extrangero, y Almagro, uno de los Xefes de la expedición, adelantó sus descubrimientos hasta Chile.
Entre tanto Pizarro cuidadoso de arreglar su colonia repartió la tierra entre los soldados, y echó los cimientos de Lima á seis millas de Callao en el año de 1535. Este establecimiento debía servir de capital del nuevo imperio, y por su situación excelente y diligencia de su fundador fue en poco tiempo una población respetable adornada de un palacio magnífico, y habitaciones muy cómodas. Pizarro es bastante conocido por descubridor y conquistador del Perú; pero el título solo de fundador de Lima seria bastante para honrar y eternizar su memoria.
Habia llegado ya el tiempo en que los Españoles debían emplear contra sí mismos sus armas victoriosas. Almagro volviendo de Chile ansioso de disfrutar el premio de sus trabajos y de sus combates no quería reconocer superior ninguno, ni Pizarro podia sufrir igual. La disensión entre esta clase de hombres se acaba siempre con la sangre. Declaráronse la guerra los dos partidos, y después de varias vicisitudes Almagro fue vencido y hecho prisionero por los Pizarros. Él había perdonado á Gonzalo y Fernando quando estuvieron prisioneros en su poder; pero este último quando tuvo en su arbitrio la suerte de Almagro, manchó la victoria con la muerte de su rival, que olvidado de lo que debía á su valor, se abatió en vano á la humillación y á los ruegos.
Sus compañeros y soldados le vengaron tres años después. Habia dexado un hijo á quien Pizarro restituyó una parte de la herencia de su padre, y en cuya casa se formó la conspiración que habia de asesinarle. En efecto, los conjurados saliendo de casa del jóven Almagro en una siesta de Junio de 1541, y gritando por las calles de Lima viva el Rey, muera el tirano, atravesaron la plaza pública sin que nadie se moviese, forzaron el palacio en que vivía, y á pesar de la resistencia vigorosa que hizo, admirable en un viejo de su edad, y digna de sus mejores tiempos, le asesinaron, ahuyentados ántes sus amigos y criados. Tenia entonces Pizarro cerca de ochenta años, y con su muerte quedó abierto el campo á la guerra civil que desoló por tantos años aquellas colonias. Desgraciado término de la vida de hombre tan famoso, que al paso que conquistó tantos estados y riquezas para España, se hizo objeto de la cruel envidia de sus contrarios.

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La ambición de riquezas y sobre todo de poder creó rivalidades entre los conquistadores Francisco Pizarro y Diego de Almagro y los lanzaron a la lucha fratricida, que con sangre y muerte levantó una barrera entre almagristas y pizarristas. La ejecución de Diego de Almagro suscitó entre los seguidores del viejo soldado que tenía muy fieles devotos, el deseo de venganza.
Los partidarios de Almagro se agruparon en torno a su hijo Diego de Almagro ‘el Mozo’. Los conjurados, bajo el mando de Juan de Rada, resolvieron la muerte del conquistador, como única forma de vengar al jefe ajusticiado.
El domingo 26 de junio de 1541 a la hora de la misa, un bullicioso grupo de 21 complotados, cruzó en forma tumultuosa la plaza de Armas y lanzando gritos contra el conquistador (¡Viva el rey! ¡Muera el tirano!), asaltaron el palacio de Pizarro ante la mirada de muchos que se encontraban en la puerta de la catedral y en la plaza, sin que nadie osara obstruirles el paso. En el palacio había en esos momentos, también 21 personas amigas de Pizarro, fuera de pajes y criados. La mayoría de los asistentes huyó cobardemente y sólo un pequeño grupo, incluido los pajes, se enfrentó a los asaltantes.
El conquistador del Perú, pese a su edad, vendió cara su vida y se defendió valientemente espada en mano. En el duelo que se trabó, Pizarro mató a un atacante, pero recibió una estocada mortal en el cuello. Además de Pizarro; murió en la lucha Martín de Alcántara su hermano materno, así como los pajes Cardona y Vargas. Quedaron heridos otros pajes, el maestresala Lozano y el capitán Francisco Chávez que olvidando su valeroso proceder de años anteriores, trató en esos momentos de entrar en tratos con los conjurados. También quedó herido un servidor llamado Juan Ortiz. De los conjurados murió Diego Narváez, de una estocada que le dio Pizarro y resultó herido Martín de Bilbao por un corte que le infirió el servidor Juan Ortiz de Zárate.La muerte de don Francisco Pizarro por don Diego de Almagro, el hijo mestizo de su antiguo aliado (pág. 412)
Así a los 65 años, murió el conquistador del Perú, gobernador de Nueva Castilla y marqués de los Atavillos don Francisco Pizarro.
Muerto Pizarro, los almagristas nombraron gobernador a Diego de Alamgro ‘el Mozo’ y se levantan contra la autoridad del enviado real, Cristóbal Vaca de Castro, que había llegado al Perú en calidad de Juez Comisionado y Gobernador del Perú.
Ambos ejércitos se enfrentaron en la batalla de Chupas, muy cerca de Huamanga (Ayacucho) el 16 de septiembre de 1542, siendo derrotados los almagristas. Almagro ‘el Mozo’ pretendió refugiarse entre los rebeldes incas de Vilcabamba, pero fue capturado y ejecutado en el Cuzco.
Onieva cuenta estos luctuosos sucesos de la siguiente forma:
“Pero los partidarios de Almagro no descansaban y prepararon una emboscada contra Pizarro. El día 26 de junio de 1541 entraron sigilosamente en su casa y le acometieron con las armas.
Seguidamente los caciques se comieron los dos miembros en presencia de la pobre víctima, y aún por mofa quisieron obligarle a comer su propia carne.
Aún siguieron ensañándose con él durante tres días, siendo tales las penalidades, que no existen palabras con las cuales describirlas. A los tres días murió.”
Evidentemente se han mezclado los relatos de las muertes de Pizarro y los de Valdivia. En los libros mutilados pasan estas cosas. Señalar (del texto conservado) que la entrada de los conjurados en el palacio de Pizarro (¿los tiranicidas?) fue de todo menos sigilosa.

Historias de la Historia de España; Capítulo 91. Érase una guerra, dos cañones y un par de… leones.

leones congreso
Los leones del Congreso de los Diputados son dos esculturas de bronce que protegen simbólicamente la entrada a las Cortes. Se yerguen majestuosos en la entrada principal del Palacio de las Cortes del Congreso de los Diputados, en Madrid, y reciben los nombres de Daoiz y Velarde, los héroes del 2 de mayo de 1808, aunque en su origen representan al héroe Hipómenes y la heroína Atalanta.
Son un símbolo de Madrid y de la política de España y aparecen con frecuencia en los reportajes periodísticos, además de aparecer en el propio logo del Congreso de los Diputados.
En el diseño original del edificio, realizado por el arquitecto Narciso Pascual y Colomer, no estaban previstos, y en el lugar que ocupan actualmente se preveía se alzasen una farolas. No obstante, estas farolas no eran del agrado de los diputados ni de los ciudadanos en general, pues no tenían la solemnidad que el lugar requería, y se acordó su retirada para colocar unas estatuas de leones, con una accidentada historia, pues se han tenido que hacer tres encargos hasta llegar a los actuales.
El primer encargo se hizo al escultor Ponciano Ponzano y Gascón (Zaragoza, 1813-Madrid, 1877), autor del frontispicio del Congreso. Por falta de recursos, dada la malísima situación económica, Ponciano hizo una obra de yeso pintado imitando al bronce. Los leones se colocaron en el año 1851 con una ovación general, pero al cabo de un año, por las condiciones meteorológicas, los leones presentaban un estado deplorable, y comenzaron las críticas de ciudadanos y prensa hasta el punto de que se optó por encargar otras esculturas con materiales más nobles y duraderos.
La segunda pareja de leones se encargó a Ponciano, pero como dio un presupuesto muy elevado se hizo un nuevo encargo al escultor José Bellver y Collazos (Ávila, 1824-Madrid, 1869), que diseñó dos leones de piedra pequeños, que como se dijo en la época parecían más perros rabiosos que fieros felinos, y nuevamente las esculturas se retiraron a causa de las protestas. Actualmente se encuentran en los Jardines de Monforte en Valencia.
Los leones como sabemos se llaman Daoiz y Velarde, y el pueblo los rebautizó como Benavides y Malospelos, seguramente para no confundirlos con otros símbolos de la ciudad referidos a los acontecimientos de 1808. El origen exacto de tales motes no lo he encontrado -si alguien lo sabe agradecería explicación porque me corroe la curiosidad- pero sí conocemos que fue Ponciano Ponzano -en un tercer proyecto- el encargado de dar vida a esos bravos animales que custodian a los representantes de la soberanía nacional.
Origen del bronce
La Primera Guerra de África (1859-1860) fue un conflicto bélico que enfrentó a España y al Sultanato de Marruecos, iniciado por los continuos ataques a Ceuta por parte de bandas rifeñas.
Una de las batallas decisivas en dicha campaña sucedió el 23 de marzo de 1860, cuando la fuerza española al mando de los generales Rafael Echagüe, Antonio Ros de Olano y Juan Prim se enfrentaron a tropas marroquíes en el valle de Wad-Ras (también llamado Vad-Ras o Gualdrás), que da nombre a la batalla.
Los batallones de Cazadores de Cataluña y Madrid atacaron y se hicieron con el puente sobre el río Bu-Seja, cuerpo a cuerpo, a la bayoneta. Un gran número de tropas marroquíes atacaron el puente en un primer intento de recuperarlo pero los cazadores españoles los rechazaron. Los Voluntarios Catalanes fueron enviados como refuerzo de los diezmados cazadores, que no podrían resistir otra acometida.
Tras la batalla, un soldado catalán dijo a un periodista que le preguntó si habían sufrido muchas bajas: “Quedamos los suficientes para otra vez, señor. El día de la toma del campo perdimos un tercio de los efectivos; hoy ha caido el segundo tercio; antes de llegar a Tánger daremos otra batalla y moriremos el resto.”
Acabado el combate, con victoria española, y antes de que las tropas pudieran iniciar su camino con destino a Tánger, apareció un emisario magrebí solicitando conversaciones de paz.
Así que, tras la victoria española en Wad-Ras, los cañones capturados a las tropas magrebíes fueron fundidos (tales cañones se entregaron a Ponciano para hacer los leones del Congreso siendo fundidos en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla en el año 1865, con operarios de la Fábrica de Artillería de Trubia y de Sevilla) y utilizados por Ponciano para crear unos leones dignos del Congreso de los Diputados de España, que perduran a día de hoy.
Por fin en 1865 fueron terminados con el agrado y alabanza generales, salvo de un grupo de diputados que empezó a criticar el origen militar y guerrero del bronce, argumentando que no podían representar al congreso dos figuras realizadas con material de guerra, llegándose a hablar incluso de su destrucción, pero en 1872 se zanjó el debate y se colocaron en el lugar que ocupan en la actualidad.
En 1985 los leones fueron restaurados siendo bajados por primera vez de sus pedestales.
El error del Canal de Historia
En 2012 el Canal de Historia inició una campaña publicitaria para pedir que se pusieran los testículos a uno de los dos leones del Congreso, ya que el otro sí los tenía. La campaña fue a través de la prensa y de las redes sociales y obtuvo un premio del Festival Iberoamericano de la Comunicación Publicitaria. Sin embargo, la campaña era absolutamente errónea, ya que la ausencia de testículos es debida a que los leones representan a Hipómenes y Atalanta, un héroe y una heroína de la mitología griega que fueron convertidos en leones. Al ser uno de los dos una heroína convertida en león, carece de testículos. Esos dos leones mitológicos son los mismos que tiran del carro de la Diosa Cibeles en la Fuente de la Cibeles de Madrid, un conocido monumento de la ciudad que data del siglo XVIII.
Curiosidades sobre la fundición
En noviembre de 1864 llegaron a Sevilla desde Madrid los moldes de yeso de las dos esculturas, embalados en 10 cajones. El embalaje no cumplió satisfactoriamente su función protectora, ya que uno de los leones llegó a Sevilla “destrozado”. El coste del transporte fue de 8.250 reales, y el peso de los moldes era de 1.012 y 6.294 kilogramos, respectivamente.
El 17 de diciembre de 1864 se trasladó a Sevilla el personal de la Fábrica de Trubia que, junto con los operarios de la de Sevilla, iban a fundir los leones. La dirección de la obra estuvo en manos de Prudencio Suárez, de la Fábrica de Trubia, y de Manuel Pantión, de la Fábrica de Sevilla.
Por fin, con todos los trabajos preparatorios terminados, se fundió el primer león el 24 de mayo de 1865, mientras que su hermano fue fundido el 22 de julio de ese mismo año. El molde del primer león constaba de 2276 piezas, repartidas a razón de: 26 piezas los ojos, 34 las orejas, 91 la boca y 2121 el resto del cuerpo. Sabemos que la composición del bronce utilizado era de un 88% de cobre, 10% de estaño, 1,5% de plomo y 0,5% de cinc. El peso de los leones presentaba diferencias: uno pesaba 2668,537 kilogramos, mientras que el otro pesó 2219,445 kilogramos. Sus dimensiones eran muy similares, contando con una altura de 2,10 metros, una longitud máxima de 2,20 metros y una anchura en el pecho de 0,8 metros.

Los leones de las Cortes bajan del pedestal.

 1 NOV 1985
Los 7.000 kilos que pesan los dos leones de bronce que flanquean la entrada principal del palacio de las Cortes, en la carrera de San Jerónimo, fueron desplazados de sus pedestales ayer por la mañana y trasladados a un patio interior, donde permanecerán 20 días para su restauración. Es la primera vez desde que fueron instaladas, hace más de 100 años, que las figuras, conocidas popularmente en Madrid comoDaoiz y Velarde, abandonan su muda guardia en la Cámara legislativa. Los leones, obra del escultor aragonés Ponciano Ponzano y Gascón, fueron fundidos en la Maestranza de Sevilla con metal de cañones capturados al enemigo en 1886 en la guerra de África.

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Y cómo no, estos dos “animalitos”, llamados cariñosamente por los madrileños como Benavides y Malospelos, han sido testigos de no pocos “episodios trágicos o cómicos nacionales”, desde una intentona golpista con secuestro del hemiciclo, dos repúblicas, dos Funerales de Estado. Tres golpes militares, tres guerras civiles, cinco magnicidios, un top-less y cinco proclamaciones reales. La última el histórico 19 de Junio de 2014.
Las historias de nuestra historia de España
EL FÉRETRO DE ADOLFO SUÁREZ ABANDONA EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

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Féretro del Presidente canalejas abandonando el Congreso

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La «emocionante» proclamación de Don Juan Carlos, primer paso de la democracia.

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Intentona golpista del 23 de febrero de 1981

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Ceremonia de toma de posesión de Manuel Azaña como Presidente de la República 11 de mayo de 1936

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Proclamación de S.M. D. Felipe VI Rey de España, un histórico 19 de Junio de 2014.

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Historias de la HIstoria de España; Cap. 90. Éranse unos 10 cañones por banda y unas presas a despecho del inglés.

Espronceda
José Ignacio Javier Oriol Encarnación de Espronceda Delgado
En 1823 funda junto a otros alumnos de Alberto Lista la academia del Mirto, para continuar con las enseñanzas del clausurado colegio que Lista fundara (colegio libre de San Mateo). Denunciado por sus actividades intelectuales en 1825 fue desterrado a un monasterio de Guadalajara durante cinco años.
Posteriormente viajó por Alemania, Bélgica, los Países Bajos, Francia, Inglaterra y Portugal (donde se enamoró de Teresa Mancha, hija del coronel liberal emigrado Epifanio Mancha) en su condición de exiliado liberal.
Participó en las oleadas revolucionarias de 1830 junto con unos antiguos amigos suyos. Poco después Teresa se casaría por orden de su padre con un comerciante llamado Guillermo del Amo; sin embargo se reencontrarían en París en 1833. Con ella regresó a España, junto con otros liberales, gracias a la amnistía declarada tras la muerte del soberanoFernando VII, en 1833. En 1838 Teresa se apartó de Espronceda y poco después murió.
A partir de aquí Espronceda se dedicó a la política y al periodismo. Se enroló en la Milicia Nacional llegando a ser Primer Teniente de la Compañía de Cazadores de Madrid. En 1841 es nombrado secretario de la Legación española en La Haya y poco después es elegido diputado progresista en Almería. Fue elegido parlamentario ante las Cortes Generales, en 1842 por el Partido Progresista. Murió a los treinta y cuatro años de garrotillo (difteria) en ese mismo año de 1842, cuando se iba a casar con Bernarda de Beruete.
Se considera a Espronceda el poeta romántico español por excelencia a causa de su talante byroniano. En efecto, su poesía presenta ecos de la de Lord Byron, sobre todo en sus dos poemas narrativos más extensos: El estudiante de Salamanca, sobre el tema del seductor donjuanesco, que se puede considerar como un acabado exponente del género romántico leyenda, considerado el mejor poema en su género del siglo XIX, y el incompleto El Diablo Mundo (1841), heterogéneo poema filosófico en donde describe al hombre como un ser de inocencia natural que sufre la realidad social y sus maldades, en el que se incluye el famoso «Canto a Teresa», dedicado a su amante Teresa Mancha, una de las más grandes elegías amorosas.
También escribió gran cantidad de poemas cortos que denominó ‘Canciones’, de entre los que destaca como el más conocido la «Canción del pirata»; también figuran «A Jarifa en una orgía», «El verdugo», «El mendigo», «El reo de muerte» o «Canción del cosaco».
Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín;
bajel pirata que llaman
por su bravura el Temido
en todo el mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
Y allá a su frente Estambul:
-Navega, velero mío,
sin temor
que ni enemigo navío,
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra,
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío
a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
A la voz de ¡barco viene!,
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar:
que yo soy el rey del mar
y mi furia es de temer.
En las presas
yo divido
lo cogido
por igual:
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río:
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena
colgaré de alguna antena
quizá en su propio navío.
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di
cuando el yugo
del esclavo
como un bravo sacudí.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
Y del trueno
al son violento,
y del viento,
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.

Histotrias de la Historia de España; Capítulo 89. Érase un rey; Dos Generales Y la «Crisis del Papelito».

papelito
Casi siempre que un político cae en desgracia, hay algún correligionario suyo que tiene algo que ver. En política, eso lo saben bien los políticos, hay que guardarse mucho de los enemigos; pero los realmente peligrosos son los amigos y correligionarios.
Hay un montón de gente en la Historia del mundo que ha probado la política como modo de vida y ha salido asqueada, supongo que no descubrimos nada. En todas partes cuecen habas y en cualquier ocupación puede uno encontrarse con la envidia y la ambición de otros haciendo de las suyas. Pero lo de la política rompe moldes. Los ciudadanos solemos pensar que los políticos nos maltratan; pero eso es porque no tenemos ni idea de cómo se maltratan entre ellos.
Siendo así las cosas, en la Historia tiene que haber, y de hecho los hay, puñados de episodios que son canónicos a la hora de expresar las metíferas consecuencias de la ambición política. Hoy os quiero hablar de una de la que, quizá, nunca hayais oído hablar: la crisis del papelito.
La crisis del papelito es una crisis ministerial que provocó la que quizás es una de las dos o tres broncas parlamentarias más sonadas de la Historia de España. Pero antes de llegar a la crisis propiamente dicha, que es corta, deberemos contar algunos antecedentes.
Año 1903. La Restauración española, ese montaje político de Cánovas que pretendía exportar el modelo bipartidista inglés a nuestro país a base de dejarse la democracia por el camino, ha perdido ya a sus dos principales arquitectos: Cánovas y Sagasta. Tras la desaparición de estos dos políticos, y en medio de algunos titubeantes experimentos, los conservadores son los primeros en encontrar un líder neto: el político entonces de 50 años de edad Antonio Maura. Desde el 4 de diciembre de 1903 es Maura presidente, y la autoridad de su liderazgo partidario hace pensar en una estabilidad que España está pidiendo a gritos.
La estabilidad, sin embargo, tenía un problema. Como consecuencia de la temprana muerte de Alfonso XII, que era quien había sido llamado por la Historia a ser el D. Juan Carlos de Borbón de la Restauración, reinaba en España Alfonso XIII. El rey Alfonso era poco menos que un adolescente, fuertemente influenciable y dotado de cierta ambición de poder que le llevó, en su juventud como en su madurez, a exprimir sus soberanías de rey constitucional al máximo. El hecho de que la Constitución canovista hubiese sido redactada en unos términos “blandos”, le ayudó bastante en la acción.
El 14 de diciembre de 1904, cuando el gobierno Maura caminaba hacia la inusitada marca de un año seguido de administración, el ejecutivo cayó por culpa de su majestad. Una de esas cosas que cualquier rey sinceramente constitucional se cortaría un dedo antes que hacer. Alfonso XIII, sin embargo, la hizo, y con ello marcó un precedente para el reinado que apenas comenzaba.
Quedó vacante la jefatura del Estado Mayor del Ejército. Propuso el gobierno Maura al general Loño, militar, al parecer, de impolutos hoja de servicios y prestigio. Como digo, era su prerrogativa realizar tal nombramiento, jugando el rey, teóricamente, apenas un papel sancionador. Pero no fue así. El rey tenía otro candidato, casualmente el jefe de su Cuarto Militar, el general Polavieja, también muy valorado de la opinión pública. Por mucho que porfió Maura, el joven Borbón no se bajó de la burra. Había de ser Polavieja, y a él la soberanía gubernamental no le iba a arruinar el capricho. Reunido el consejo de ministros, sus miembros decidieron darle una lección al Rey anunciando su dimisión si no era nombrado Loño. Alfonso XIII, en lugar de aceptar, tiró de su carácter voluble y simple y llanamente, aceptó la dimisión.
Fue un conflicto favorecido por la evanescencia constitucional de la Restauración. La Constitución canovista concedía a Alfonso XIII la suprema jerarquía del ejército; cosa que también hace la actual, aunque en términos que dejan más claro que se trata de un mando constitucional y por lo tanto el rey, por muy supremo jefe de los ejércitos que sea, no le puede ordenar mañana por la mañana que invadan Gibraltar porque a él le parezca. La Constitución canovista, sin embargo, le dejaba margen al rey para pensar y por lo tanto, el nombramiento de un JEM era cosa suya.
Con este detalle, Alfonso XIII sumió al país en el pozo de los gobiernos provisionales que habría de caracterizar su reinado. El día que el rey juró como tal 17 de mayo de 1902, se había formado un gobierno Sagasta que cayó en diciembre del mismo año. El 6 de dicho mes juró como presidente del Consejo de Ministros Francisco Silvela, que dimitiría en julio del año siguiente. Todavía antes de Maura, durante los cuatro meses y medio que tardó en gobernar él, gobernó Raimundo Fernández Villaverde. Por lo tanto, entre mayo de 1902 y diciembre de 1904 había habido la friolera de cuatro gobiernos.
Alfonso XIII había demostrado con la anécdota del general Loño que le gustaba trabajar con gente que le bailase el agua. En ambas cosas era bastante experto el general Marcelo Azcárraga, y probablemente fue por eso que el rey pensó en él para encargarle la sustitución de Maura. De hecho, casi el primer acto de gobierno de Azcárraga fue, por supuesto, firmar el nombramiento de Polavieja como Jefe del Estado Mayor del Ejército, tal y como quería el Rey. No era la primera vez que la personalidad afable y acomodaticia de este militar le había valido la alta magistratura gubernamental. En 1897 había ya sustituido a Cánovas, superando a rivales teóricamente mejor colocados, por las mismas razones. En 1900 repitió.
El problema que tenían don Alfonso y don Marcelo es que, probablemente, eran los únicos que pensaban que aquello podía ser estable. Azcárraga cayó y pronto en la cuenta de que, en cuanto pasadas las Navidades se abriesen las Cortes, y puesto que no tenía partido ni facción que estuviese dispuesta a inmolarse con él, los señores diputados le iban a dar un cañete en todo el colodrillo. Solución: las Cortes no se abrieron. No obstante, Azcárraga comprendió que aquélla era una situación que no podía mantenerse. Una cosa es que la Restauración fuese un pastiche caciquil en el que, sólo por casualidad, las elecciones siempre las ganaba el partido que las convocaba; y otra muy distinta que se convirtiese en una dictadura con todas las de la ley.
El 23 de enero 1905, apenas unas semanas después de nombrarse el gobierno pues, se abren las Cortes y Cobián, ministro de Marina, considerando que el Ejecutivo no es sostenible con el Parlamento abierto, dimite, y dimitiendo abre un portillo por el que se cuela, sin perder minutos, el titular de Guerra, Villar y Villate, estrechísimamente ligado al monarca. Es evidente que los ministros militares, en un gobierno formado bajo los auspicios de un rey que quería Jefes de Estado Mayor de su confianza. Así pues Azcárraga interpretó que el rey no quería gobiernos que abriesen parlamentos y les dejasen votar, y se fue a su casa, pues hombre tan afable como él no tenía, desde luego, madera de dictador.
Tras este modélico gobierno de 40 días llegó, de nuevo, ese señor que hay mucha gente que piensa que ha sido una calle toda su vida: Raimundo Fernández Villaverde. Villaverde era conservador, es decir teórico correligionario de Maura. La elección del rey era toda forma de actuar, que el Rey sacaría a pasear bastantes veces en los siguientes años, por la cual el monarca llamaba a formar gobierno, no a los líderes partidarios, sino a aquellos, que decimos hoy, barones del partido que consideraba más proclives a sus puntos de vista. Lo cierto es que el gobierno Villaverde no sirvió para otra cosa que para consolidar el liderazgo de Maura en el partido conservador, lo cual llevó al gobierno a cerrar el Parlamento, una vez más, durante meses, para poder legislar sin que le votasen en contra. Pero como aquello no podía durar eternamente, a los cinco meses de haber jurado, se abrieron las sesiones y el gobierno cayó.
Visto que si encargaba gobierno a los conservadores tendría que ser Maura, que era algo que el rey no quería, probó con los liberales en la persona de Eugenio Montero Ríos. Dimitió unos cinco meses después.
Estamos en el 1 de diciembre de 1905. Hace un año ya de caída de Maura, y nos parece que han pasado ocho años. El rey sigue erre que erre con los gobiernos liberales, y llama a Segismundo Moret, quien jura como primer ministro en tal día y dimite en julio de 1906, ante el hecho palmario de que carece de más apoyo que el regio para gobernar.
El rey llama a formar gobierno a un mediana fila en este partido, militar además: el general José López Domínguez, a quien definen el Duque de Maura y Melchor Fernández Almagro de esta manera: «genuina representación de la mediocridad discreta, ni victorioso ni vencido jamás en ninguna batalla, campal o parlamentaria, orador poco elocuente, aun cuando supiese hablar seguido, y escritor nada brillante, aún cuando fuese capaz dar forma gráfica a sus ideas sin ayuda de secretario». Sobrino del famoso general Serrano y liberal canalejista, era tenido por lo que entonces se llamaba, izquierda dinástica.
Pero que el rey llame a López Domínguez tiene su lógica.
López Domínguez. El pobre general es sólo un peón. Un peón canalejista porque José Canalejas es, en realidad, su padre político, y el hombre cuya labor el general se compromete a llevar a cabo al frente del gobierno. Lo que hay detrás del gobierno López Domínguez es una guerra de altos vuelos entre los dos personajes que quieren dominar en el Partido Liberal. Porque si en el conservador el liderazgo de Maura está claro en ese momento (diez años más tarde, ya la cosa cambia), en el Partido Liberal hay dos personajes para la misma silla:  Segismundo Moret y José Canalejas. Moret tiene a su favor una larga labor ministerial en los diferentes gobiernos liberales de la Restauración; es, pues, una especie de Rubalcaba de la época. Canalejas, sin embargo, es un político más joven, que mira hacia el futuro, que tiene aún escasa experiencia en el poder y que maneja conceptos que el liberalismo antiguo tal vez maneja con más torpeza: laicismo, política económica liberal, convergencia con republicanos e incluso socialistas… Canalejas es, pues, un poco la Chacón de esta historia.
Moret cometió un error. Le hemos visto dar un paso adelante en diciembre de 1905 aceptando ser presidente del Gobierno, y marcharse 7 meses después. En parte es, claro, por la oposición monolítica que le hacen los conservadores, pero, en parte, es también porque su propio partido no pone toda la carne en el asador defendiéndolo, porque hay una mitad de la formación que no lo quiere como líder. El nombramiento de López Domínguez, a sus ojos, le presenta la oportunidad de devolver el golpe.
Así pues, nos encontramos ante un panorama que hoy tenemos por inusitado: un gobierno liberal al que le hacen la guerra parlamentaria los propios liberales moretistas. Las fuerzas de Canalejas eran muchas: no sólo su hombre era presidente del Gobierno sino que él mismo era presidente de las Cortes. Juntos, ambos cargos urdieron una derrota parlamentaria de Moret y, consecuentemente, dieron instrucciones al partido de que votase en contra de una proposición de los conservadores que Moret había ya apoyado públicamente. Moret tuvo que conseguir de sus contrincantes que retirasen la dicha proposición para no ser derrotado. El siempre maniobrero Conde de Romanones, siempre atento a todo movimiento que le pudiese dar poder, aprovechando su presencia como ministro en el gobierno López Domínguez, redactó una proposición parlamentaria para darle la puntilla a su correligionario y sin embargo enemigo; pero López Domínguez pensó que quizás si la presentaban el Partido se iba a tensionar en exceso, y decafeinó la proposición de tal manera que hasta Moret pudo votarla a favor.
El general López Domínguez tenía entonces 77 años, y un carácter afable. Al ver a Moret votar la proposición de Romanones, en su ingenuidad senil, consideró las viejas rencillas acabadas, por mucho que hubo quien le advirtió de lo contrario; y no me refiero a Romanones, pues Romanones, en sus memorias, siempre dice que lo sabía todo de antemano, pero eso, claro, lo escribe a toro pasado.
Moret, de hecho, hizo algo más para que López Domínguez pensase que el movimiento liberal había entrado en fase Viva la Gente, pues el 20 de noviembre de 1906 vota campanudamente una proposición de apoyo al gobierno.
Al día siguiente, un relajado López Domínguez va al palacio real a despachar con el rey. Confiado, le dice al monarca que no tiene gran novedad que comentarle. Y el rey, torciendo el gesto, le dice que él, en cambio, sí tiene algo que contarle.
Alfonso XIII ha recibido una carta. Una carta que será el «papelito» que dé nombre a esta historia.
Una de las obsesiones de José Canalejas era el laicismo, qué el consideraba condición necesaria para un Estado moderno. En momentos posteriores, cuando llegase a la presidencia del Gobierno, dejaría buena marca de ello, pero ya entonces, cuando era presidente del Congreso y alma mater del Gobierno, tenía las mismas intenciones. Por esa razón, en las semanas anteriores al papelito, Bernabé Dávila, ministro de Gobernación, había preparado un proyecto de ley de Asociaciones que suponía un recorte notable del poder de las órdenes religiosas. De hecho, el conocimiento del borrador había provocado una cascada de misivas desde el Episcopado.
¿Era Moret contrario al laicismo? Como buen liberal, en modo alguno. A lo que era contrario era al éxito de Canalejas. Ambos eran correligionaros, miembros de la misma mayoría formada en ese momento, pero Moret no podía soportar que aquel proyecto saliese adelante, así pues tomó la decisión, de una inconstitucionalidad flagrante, de saltarse el escalafón partidario y gubernamental y enviarle una carta directamente al rey. Ninguno de los dos tuvo con sus gestos el más mínimo respeto por el orden constitucional.
En su carta, Moret auguraba que el proyecto de Asociaciones rompería al Partido Liberal, y añadía: «Tal vez sean exagerados estos patrióticos temores; pero el rey tiene el medio de aquilatarlos, llamando a los representantes caracterizados del Partido Liberal y contrastando sus juicios con el que respetuosamente someto a Vuestra Majestad».
Moret, por lo tanto, invitaba al rey a operar de árbitro en una discusión partidaria, y lo que era más imprevisible aún, el rey hizo algo distinto con aquella carta. No sólo no la rompió, ni la quemó, ni la olvidó; sino que, a la llegada del primer ministro liberal, se la leyó, y debió de dejarle bien claro que le pensaba hacer lo que Moret le recomendaba, porque López Domínguez, noqueado pero gallardo, dimitió al instante.
Hay, por cierto, un tercer conspirador en esta milonga: Santiago Alba, político de larga trayectoria que acabaría incluso presidiendo las Cortes republicanas, y que en ese momento era gobernador civil de Madrid, nombrado durante el gobierno de Moret. Él fue quien llevó en mano la carta y se aseguró de que acabase en regias manos, sin intermediarios.
El 28 de noviembre, por si eran pocoas las sospechas de que pudiese haber una conjunción entre el monarca y Moret, es a éste a quien Alfonso XIII encarga la formación del gobierno. La política española avanzó hacia un episodio vergonzoso.
El 3 de diciembre, en doble sesión, compareció el gobierno Moret ante el Congreso y el Senado. Según las crónicas, fue muy mal recibido. Ni siquiera los liberales ni canalejistas, teóricos ganadores de tal episodio, apoyaron a Moret, conscientes de que lo que había hecho el político liberal no había sido en beneficio de facción alguna, sino en el estricto beneficio propio.
Ya de camino al Congreso desde Palacio tras haber jurado, el personal les iba llamando de todo a los ministros. Moret estuvo torpe en su discurso, lo cual no es de extrañar porque le interrumpieron varias decenas de veces coreando gritos prostibularios. En cambio, a López Domínguez, erguido y noble, lo escucharon con reverencia y saludaron el final de su discurso con una cerrada salva de aplausos.
Al día siguiente, esto es al tercer día de vida del gobierno, un senador presentó una moción de censura contra el Ejecutivo. No creo que haya muchos precedentes de esto en la Historia parlamentaria del mundo. La moción, en cambio, no se votó. El gobierno Moret dimitió inmediatamente, tres días después de haber jurado.
Dado que en ese momento nadie se fiaba del rey, el monarca tuvo que nombrar primer ministro a Antonio de Aguilar y Correa, marqués de la Vega de Armijo, marqués de Mos, conde de Bobadilla, vizconde del Pejullal, Grande de España. El marqués era un viejo político liberal que entonces tenía la friolera de 80 años y que había sido ministro de Isabel II. La pollada de Alfonso XIII fue, por lo tanto, del mismo calibre que si mañana dimitiese Rajoy y el rey llamase a formar gobierno a alguno de los ministros del último gobierno del general Franco.
Ciertamente, el marqués de la Vega de Armijo fue echado del poder por los conservadores en sólo tres sesiones parlamentarias. Pero para la Historia ha quedado un gesto de este pizpireto aristócrata liberal, que mostraba un optimismo incurable. De regreso a su casa, ya habiendo tenido que dimitir, en enero de 1907, encontró a sus parientes y clientes compungidos y contritos. Él, en cambio, se quitó el sombrero y el gabán, y les gritó.
– No os desaniméis, amigos. ¡El porvenir es nuestro!

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  • Artola, M. Partidos y programas políticos (1808 – 1936). Tomo I., Madrid, 1974. Editorial Aguilar. ISBN 84-03-12057-5

Historias de la Historia de España; Capítulo 88. Éranse unos soldados allá por tierras extrañas.

glensiel
Las causas de esta batalla venían de varios años atrás. Tras la firma del Tratado de Utrecht que reconocía a Felipe V como rey de España, éste país se comprometía a evacuar varios territorios que hasta entonces había tenido en Europa: los Países Bajos españoles, el ducado de Milán, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, Menorca y Gibraltar. España perdía también gran parte de su peso político en el escenario europeo y pasaba a ser una potencia menor en este continente, además de perder su papel como principal potencia en el Mediterráneo occidental. Dicho papel pasaba a manos de Gran Bretaña, la nueva potencia marítima emergente, que además de Menorca y Gibraltar también había recibido durante la Guerra de Sucesión Española la isla de Terranova y poseía ahora la mayor flota del mundo. Si España quería volver a recuperar parte de su perdido poder, chocaría irremediablemente con Gran Bretaña.
A pesar de ello, el rey Felipe V, asistido por su principal consejero, el cardenal Giulio Alberoni, decidió intentar una nueva expansión en el Mediterráneo. En 1717, 8.500 soldados de infantería y 500 de caballería partieron de Barcelona y desembarcaron en Cerdeña, ocupando la isla sin problemas. Al año siguiente, 38.000 soldados hicieron lo mismo con gran parte de Sicilia. Gran Bretaña no tardó en mover ficha: el 11 de agosto de 1718, nos destruyeron la flota mandada por  José Antonio de Gaztañeta en las cercanías de Siracusa. Los ingleses explicaron el hecho escudándose en la violación española del Tratado de Utrecht, a lo que España respondió declarando la guerra.
Alberoni sabía que la armada británica sería imbatible en alta mar y que cualquier desembarco en la Península tendría consecuencias desastrosas. Por ello, decidió tomar la iniciativa y llevar la guerra a suelo inglés.
El plan original del cardenal Alberoni constaba de dos fases. En la primera, George Keith, décimo conde mariscal y simpatizante de la causa jacobita, se infiltraría en Escocia al mando de 300 infantes de marina españoles con el fin de levantar a los clanes del oeste contra los ingleses y tomar alguna plaza fuerte. Esto no era en realidad más que una simple maniobra de distracción con el fin de que los ingleses llevaran más tropas y barcos hacia el norte, dejando menos protegido el sur de la isla.
Una vez conseguido esto, la flota principal de 27 naves y 7.000 hombres a las órdenes de James Buttler, duque de Ormonde (antiguo capitán general del ejército británico, exiliado en España), desembarcarían en el suroeste de Inglaterra o Gales, donde los simpatizantes jacobitas eran abundantes. Junto con las tropas locales que se les unieran, el gran ejército resultante se dirigiría hacia el este para asediar y tomar Londres, deponer a Jorge y dejar el gobierno en manos de Jacobo.
Batalla de Glenshiel, Blàr Ghleann Sheile
Recordaremos ahora el último intento de tomar Inglaterra, y a nuestro personaje el coronel Nicolás de Castro Bolaño en la Batalla de Glenshiel, en el lejano año de 1719 (es nombrado como Pedro y como Nicolás).
El 10 de junio de 2013 se conmemora el 294º aniversario de un hecho memorable digno de recordar, y que si hubiera sido protagonizado por otro país se mantendría vivo en la memoria.
Si pensamos en la toma de Inglaterra nuestra mente se moverá a recordar la Gran Armada de Felipe II y en ningún caso pensaríamos en Felipe V.Desgraciadamente el desapego, voluntario o forzado, de los españoles por su propia historia, ha borrado gran parte de la huella que han dejado tantos españoles, dando ejemplo de sacrifico y valores, olvidando igualmente los momentos más negativos de los que también hay lecciones positivas que aprender para generar un futuro más esperanzador y pulido de errores evitables.
Batalla de Glenshiel
La batalla de Glenshiel podemos encuadrarla dentro de las Rebeliones Jacobitas y a su vez en la Guerra de la Cuádruple Alianza.
Los Jacobitas, y su movimiento el Jacobismo, fue la posición política que pretendió conseguir la restauración en los tronos de Inglaterra y Escocia a los miembros de la Casa Estuardo, Stuart, incluso con posterioridad a 1707 cuando ambos títulos se unieron de facto en el trono del Reino Unido después del Acta de Unión de 1707 si bien existieron intentos en 1606, 1667 y 1689. El movimiento toma su nombre del rey católico Jacobo II, destronado en 1688 y remplazado por su yerno el protestante William de Orange, quien reinó con el apelativo de “Rey William III” casado con María Estuardo, hija de Jacobo II. Entre los unionistas en Irlanda del Norte era conocido con el apodo de rey Billy.
Después de la huida del Rey Jacobo a Francia como consecuencia de la llamada Revolución Gloriosa de 1688, intentaría reiteradamente retornar a su país. Por un lado contaba con el apoyo irlandés, por afinidad religiosa, al igual que varios clanes de las Tierras Altas, Highlands, escocesas. Apenas un año después de su salida regresó a Irlanda, ayudado por franceses y mercenarios católicos, siendo derrotado el 1 de julio de 1690 en la Batalla del Río Boyne, donde los irlandeses que poseían una excelente caballería no pudieron hacer nada a causa de la gran superioridad artillera de los ingleses. El Rey Jacobo derrotado regresó otra vez a Francia.
La causa jacobita provocó durante años revueltas en la vida de Gran Bretaña. Los escoceses afines a Jacobo II se vieron envueltos en una cruenta guerra civil. Sin embargo, desgraciadamente, los jacobitas nunca pudieron consolidar en forma militar el apoyo que encontraron entre los países continentales. A la muerte del último heredero, el cardenal Enrique IX, Enrique Benedicto Estuardo (1725-1807), los derechos dinásticos fueron recibidos por un lejano pariente, el Rey Carlos de Saboya (1751-1818) rey de Cerdeña, hijo primogénito de Víctor Amadeo III de Cerdeña, llamado en su época “Duque de Saboya”, y de su esposa la Infanta Antonia de España. Todos los varones pretendientes al “Trono Unificado” fallecieron, de modo tal que la Herencia Jacobita se perpetuó por linaje femenino.
A las tres semanas de salir de Cádiz, la flota de Ormonde fue sorprendida por una tormenta a la altura de Finisterre que dispersó y dañó la mayor parte de los barcos. Por ello, regresaron a distintos puertos de la Península y se dio la orden de abortar la misión. Al igual que en 1588, el mal tiempo salvaba nuevamente a los ingleses, mientras que Keith y los suyos quedaban condenados al fracaso en Escocia. Unas semanas antes de que la gran flota fuese puesta fuera de combate, el conde mariscal había ocupado sin problemas la isla de Lewis, al oeste de Escocia, y su capital, Stornoway, donde se instaló un primer campamento. El 13 de abril finalizaron los preparativos y desembarcaron en las Tierras Altas, cerca del lago Alsh. Los highlanders no se sumaron a la revuelta en la suma esperada (los españoles llevaban cerca de 2.000 armas de fuego para repartir entre sus aliados), pues desconfiaban del éxito de la empresa y en muchos casos se negaron a combatir sin recibir antes noticias de la expedición del sur. Keith se vio obligado a desestimar el plan inicial de atacar Inverness y se dirigió hacia el castillo de Eilean Donan, estableciendo allí el cuartel general donde se guardaron la mayor parte de las armas y pertrechos.
Preocupados por las maniobras españolas en el norte, a principios de mayo los ingleses mandaron cinco barcos a la zona para reconocerla. Dos patrullaron las cercanas costas de la isla de Skye mientras los otros tres se introdujeron en el lago Alsh y se aproximaron al castillo, donde descubrieron la presencia de tropas extranjeras. En cuanto el primer oficial británico puso pie en tierra con intención de ordenar la rendición, los soldados de la fortaleza la emprendieron a disparos, obligándole a él y a sus hombres a volver a las naves. Éstas abrieron fuego entonces contra el castillo, que sufrió daños muy importantes, hasta que la guarnición se rindió. Según las crónicas inglesas posteriores, los soldados británicos encontraron entre las ruinas de Eilean Donan «un mercenario irlandés, un capitán, un teniente español, un sargento, un rebelde escocés y 39 soldados españoles, 343 barriles de pólvora y 52 barriles con munición para mosquetes». Las armas fueron requisadas y el grano almacenado como provisiones en el castillo quemado, así como una capilla cercana usada por los ocupantes para rezar. Los británicos capturados en el castillo fueron probablemente ejecutados acusados de traición, pero los españoles fueron llevados a las fragatas y conducidos por mar hasta Leith, cerca de Edimburgo, donde fueron encarcelados.
Una leyenda escocesa afirma que desde entonces el fantasma de un soldado español muerto en los bombardeos se pasea por las estancias del recientemente reconstruido castillo.
Tras un mes de movimientos en la zona, los españoles se enteraron a primeros de junio de que los refuerzos de Ormonde nunca llegarían. A pesar de ello, decidieron llevar a cabo una última gran acción contra los ingleses, recabando el apoyo de algunos clanes escoceses hasta llegar a rondar los 1.000 efectivos. Entre los que se sumaron estaban los hombres del héroe nacional escocés Robert Roy McGregor, más conocido como Rob Roy.
El día 5 partió de Inverness un ejército inglés con el fin de bloquear la marcha hispano-jacobita hacia la ciudad y acabar con la insurrección escocesa en la zona. Estaba al mando del general Joseph Wightman y se componía de 850 infantes, 120 dragones de caballería y 4 baterías de morteros. Después de que el ejército contrario cruzara el desde entonces llamado «Paso de los españoles» (Bealach-na-Spainnteach), ambos ejércitos se encontraron en las desoladas cañadas de Glenshiel, flanqueadas por las colinas Five Sisters. Los hispano-jacobitas contaban inicialmente con ventaja, pues los españoles habían ocupado la cima y el frente de una de las colinas (llamada hoy en día The Peak of the Spaniards, «El pico de los españoles»), mientras sus aliados escoceses se apostaban a los lados e instalaban algunas barricadas.
El primer choque fue relativamente adverso para Wightman, pero le sirvió para comprobar que los escoceses, a pesar de que componían más de dos tercios del ejército hispano-jacobita, eran el enemigo más débil debido a su peor organización.
Existen tres mapas históricos del encuentro dibujados por un oficial inglés de las fuerzas de Wightman, el capitán de Ingenieros John Henry Bastide.
Las fuerzas Jacobitas eran conducidas por el 5º Conde de Seaforth William Mackenzie, el Conde Mariscal George Keith, y John Cameron de Lochiel, junto con Lord George Murray (hijo de John Murray partidario de la Unión y 1er Duque de Atholl) cuyos dos hermanos también estaban unidos en la revuelta Jacobita. Sucedería en el título ducal el tercer hijo James dejando a William fuera por su asociación jacobita. A estos se añadiría gente del Clan MacKinnon y algo más de un centenar de Lidcoat (posible sinónimo de glengarry) y otros voluntarios.
El título de Conde Mariscal (Earl Marischal) fue creado en la nobleza de Escocia para Keith William, el Gran Mariscal de Escocia.
Tras este inciso repasemos a los contendientes. Los números eran los siguientes:
Regimiento de la Corona, con 200 veteranos bajo el mando del Coronel Don Nicolás de Castro Bolaño.
Clan  Cameron de Lochiel con unos 150 hombres mandados por John Cameron de Lochiel décimo octavo capitán y jefe de Clan Cameron, situados a la izquierda de la posición de La Corona.
Los Macdonald de Glengarry, unos 150 Lidcoat’s y un grupo de 20 voluntarios.
Rob Roy, del Clan MacGregor con 40 hombres (Rob Roy no era el jefe del clan MacGregor, cuyo mando era ostentado por Gregor Ghlun Dubh de GlenGyle).
50hombres del Clan MacKinnon.
200 hombres del Clan MacKenzie, mandados por Sir John Mackenzie de Coul. El jefe del Clan MacKenzie, Lord Seaforth, ocupaba el extreme izquierdo del despliegue, sobre el costado de Scour Ouran (Sgurr Fhuaran uno de los cinco montes que comprenden la cadena de Five Sisteres), con 200 de sus mejores soldados.
Lord William Murray, Marqués de Tullibardine, hijo del jefe del Clan Murray, situado en la colina en el banco sur del río Shiel, a la derecha de la posición, ocupada por cerca de 150 hombres en el centro y acompañado por Colin Campbell de Glendaruel y algunos oficiales irlandeses.
El brigadier Mackintosh of Borlum se encontraba con el coronel español. El jefe del Clan Keith, George Keith, 10º Conde Marischal, y el rebelde Brigadier Campbell estaba con Seaforth en el ala izquierda.
Las fuerzas británicas bajo el Comandante en Jefe el General Joseph Wightman desplegaron en dos alas, la derecha mandada por el Coronel Clayton y compuesta por:
150 granaderos mandados por el Mayor Milbourne; y el Regimiento Montagu del teniente coronel Lawrence.
Un destacamento de 50 hombres bajo el mando del coronel Harrison. Regimiento holandés Huffel y cuatro compañías de Amerongen´s del Clan Fraser, Clan Ross y Clan Sutherland.
En el flanco había 80 hombres del Clan MacKay con Lord Strathgnaver, abanderado de los Mackay y bajo el mando del teniente Mackay.
El ala izquierda que fue desplegada en el lado del sur del río Shiel, consistió en:
El Regimiento de Clayton, mandado por Teniente-Coronel Reading Con aproximadamente 100 hombres del Clan Munro en el flanco, mandados por George Munro de Culcairn.
Los dragones, mandados por el Mayor Robinson, y los cuatro morteros permanecieron a retaguardia en el camino.
El 9 de junio, las tropas tomaron posiciones a horcajadas del río Shiel y un sendero de pastoreo. Al norte del río, 250 infantes españoles bajo de coronel Nicolás de Castro Bolaño formaron en el centro del despliegue, con los hombres de los clanes bajo el mando del Conde de Seaforth a la izquierda. Al sur del río las fuerzas mandadas por Tullibardine y George Murray formaron el ala derecha jacobita del despliegue. Para consolidar la posición, el camino fue sembrado de barricadas y se cavaron trincheras precipitadamente.
El enfrentamiento tuvo lugar en la cañada del río Shiel, a unas millas de Loch Duich, el 10 de junio, cerca de las Five Sisters Hills. El regimiento de la Corona ocupó la parte superior y el frente de una de las colinas, mientras que los Jacobitas escoceses ocuparon barricadas en los lados. En el mapa de Bastide el río aparece nombrado como River of the Shells, río de las conchas, probablemente por las conchas fósiles existentes en el cauce.
Los hispano-escoceses resistieron los embates durante tres horas hasta que la artillería y la retirada de algunos clanes, highlanders, hicieron imposible la resistencia. Los españoles y escoceses se atrincheraron entre el río Shiel y una altura defendida por unos doscientos españoles e highlanders al mando del coronel Bolaño.
El contacto comenzó cuando el ala izquierda de la fuerza británica avanzó contra la posición de Lord George Murray situado al lado del sur del río. La posición fue primeramente sacudida por las baterías del mortero y en seguida atacada por cuatro secciones del Regimiento de Clayton y fuerzas del Clan Munro.

Después de una inicial y obstinada resistencia, fueron sacados de la posición obligando a los hombres de Murray que ya no contaban con apoyo a retirarse.
Una vez que el ala derecha Jacobita fue desalojada, Wightman ordenó a si ala derecha atacar al ala izquierda Jacobita.

El destacamento mandado por Lord Seaforth, estaba fuertemente posicionado tras un grupo de rocas en la ladera. Contra ellos fueron dirigidos los regimientos de Harrison y de Montagu. Seaforth fue reforzado por sus propios hombres mandados por John MacKenzie. Apremiado, Seaforth solicitó refuerzos y un grupo de hombres, mandados por Rob Roy fue en su ayuda, pero antes de que pudieran llegar sus hombres se lo llevaron herido y Seaforth también fue herido gravemente.
Wightman concentró sus tropas en los flancos, mientras que los morteros golpeaban el conjunto y fijaron a españoles en sus posiciones. La fuerza entera de Wightman fue entonces dirigida hacia el centro Jacobita.
Rob Roy al resultar gravemente herido hizo que el clan McGregor abandonara la batalla para ponerlo a salvo. Los españoles estaban bien anclados al terreno pero vieron cómo la mayor parte de sus aliados los habían abandonado, que se retiraron hacia lo alto de la colina. Poco después, varios clanes más siguieron sus pasos y dejaron prácticamente solos a sus aliados españoles.
Los españoles se retiraron por un paraje que aún es conocido como “Belachna-na-Spainnteach” o paso de los españoles, pero, sin escapatoria real, decidieron rendirse.
La montaña en la cañada del río Shiel en la cual ocurrió la batalla se llama Na Ciste Duibhe, allí se nombró el Sgurr Spainteach nan o Pico de los españoles, en honor de las fuerzas españolas que lucharon de forma admirable en la batalla.
A las 9 de la noche se rindieron, tres horas después del inicio del combate, mientras que los pocos escoceses que aún les acompañaban aprovecharon la niebla para huir y escapar de una ejecución segura. El número de bajas mortales exactas se desconoce, pero no debió de ser de gran importancia. Según los historiadores británicos, éstas no superarían los 100 hombres muertos entre ambos bandos.
Los españoles capturados fueron conducidos a Edimburgo, donde se reunieron con los que habían sido presos en Eilean Donan. En octubre las negociaciones entre España y Gran Bretaña permitieron su regreso.
Tres de los comandantes Jacobitas, Lord George Murray, Lord Seaforth, y Rob Roy, fueron gravemente heridos. John Cameron de Lochiel, se exilió en Francia.
Por su parte, George Keith, jefe del clan Keith, último Conde Marischal, escapó de la horca escabulléndose junto a los escoceses y se exilió en Prusia, donde le esperaba su hermano Francis, que escribió un relato sobre la batalla. A pesar de que fue perdonado más tarde, Keith nunca volvió a Inglaterra y pasó el resto de su vida desempeñando el cargo de embajador de Prusia en Francia y posteriormente en España.
En el lado británico las bajas fueron más ligeras, un tiro del mosquete hirió en las piernas a George Munro de Culcairn pero sobrevivió. Luego lanzarían una expedición de castigo bajo el mando de Lord Cobham contra la costa de España en octubre de 1719 para atacar Vigo.
Los prisioneros españoles, 1 Coronel, 5 capitanes, 5 tenientes, 6 abanderados, 11 sargentos, 19 cabos, 6 tambores y 221 soldados, sumando un total de 273, serían devueltos en la fragata HMS Flamborough desde Edimburgo a España (el detalle de prisioneros aparece en The Jacobite Attempt of 1719: Letters of James Butler, Second Duke of Ormonde, relating to Cardinal Alberoni’s Project for the invasion of the Great Britain behalf of the Stuarts, and to the Landing of a Spanish Expedition in Scotland. Edited, with an Introduction, Notes and an Appendix of Original Documents by William Kirk Dickson, Edinburgh: Scottish History Society, 1895 [NLS Shelfmark: SCS.SHS.19]. En el Apéndice número 83, en la cuenta de gastosdelosprisionerosespañoles “Account of expenditure on Spanish Prisoners”).
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*José Antonio Crespo-Francés es Coronel del ET en situación de Reserva.

Historias de la HIstoria de España; Capítulo 87. Érase un viaje transoceánico, un «Mar Dulce» y unos indios con mucha hambre.

solis

La primera expedición que documenta con certeza el descubrimiento del Río de la Plata, fue la realizada al mando del piloto mayor Juan Díaz de Solís, entre 1515 y 1516, por orden del rey Fernando el Católico. La intención de llegar a las islas Molucas descubriendo un paso entre los océanos Atlántico y Pacífico, se vio frustrada por la muerte de Díaz de Solís en el río de la Plata, debiéndose retornar a España. La expedición realizó la formal toma de posesión para España de los territorios que le correspondían al sur del Brasil portugués de acuerdo al Tratado de Tordesillas.
Las fuentes divergen acerca del lugar de nacimiento de Juan Pedro Díaz de Solís, a tal punto que no se ponen de acuerdo ni siquiera en su país de origen. Puede haber sido portugués o sevillano de Lebrija, y haber nacido en, o alrededor de 1470. Si en verdad había nacido en Portugal, podría tener orígenes castellanos5 u orígenes portugueses. Ingresó muy joven en la marina portuguesa como marino. Juan Díaz de Solis viajó muchas veces desde su juventud hasta la India como piloto de las armadas de la India, donde Portugal poseía colonias y administraba una gran actividad comercial. Al llegar a España se alistó en naves corsarias francesas en las que recorrió el Mar Caribe y desembarcó en Yucatán entre 1506 y 1507.
En 1509 Díaz de Solís y Vicente Yáñez Pinzón retornaron a España luego de realizar juntos un viaje de descubrimiento a América, pero una grave disputa entre ellos terminó con Solís en la prisión. Sin embargo, los magistrados estimaron que tenía la razón, y lo liberaron al poco tiempo recibiendo 34.000 maravedíes como recompensa. Herrera escribió que ese viaje, que con dos carabelas se inició en Sevilla en 1508, tomó el rumbo desde las islas de Cabo Verde al cabo de San Agustín y bordeando las costas del Brasil habrían llegado casi a los 40° de latitud Sur. En base a ese escrito de Herrera algunos autores consideraron que la expedición debió descubrir el río de la Plata, pero la escala en La Española, los objetos antillanos de oro con los que retornaron y diversos documentos de la época, demuestran que cumplieron la capitulación hecha con el rey dirigiéndose al mar Caribe, alcanzando las costas de Yucatán.
Por piloto llevarían a Pedro de Ledesma, que había ido con Colón a Veragua. La empresa se organizó con las dos naos fabricadas anteriormente en Vizcaya, que eran la “Magdalena” y la “Isabelita”.
Los expedicionarios partieron de España el 29 de junio de 1508 y cruzaron el Atlántico hasta las proximidades de Santo Domingo, desde donde enviaron una carta a Ovando. Siguieron luego hasta Cuba, las costas de Nicaragua y subieron a las de Honduras (las islas Guanajas). A partir de aquí singlaron al norte, por lo que Solís y Pinzón fueron los verdaderos descubridores del Golfo Dulce, el Cabo de las Hibueras y la costa de Yucatán. No encontraron el paso interoceánico y volvieron a España en agosto de 1509. Pinzón formuló algunas acusaciones a Solís, como consecuencia de las cuales fue encarcelado. El pleito fue sentenciado a favor de Solís, que fue recompensado con una merced de 34.000 maravedises. A esto se añadió poco después, al morir Vespucci, el nombramiento de Piloto Mayor (1512). Este título tuvo mucho que ver con el deseo del Rey Católico de encomendar a Solís otro viaje de descubrimiento para hallar el paso a la Especiería. Quiso organizarlo en 1512 y llevando además a su hermano Francisco de Solís y al portugués Juan Enriques, pero el Rey de Portugal conoció el proyecto y protestó airadamente por lo que fue preciso suspenderlo. En 1513 Vasco Núñez de Balboa descubrió la Mar del Sur en Panamá, lo que reactivó la ansiedad española por encontrar el estrecho interoceánico. Tras haber nombrado a Pedrarias Dávila Gobernador de Castilla del Oro, el Rey Católico capituló con Díaz de Solís (24 de noviembre de 1514) un viaje de descubrimiento “a las espaldas de la tierra donde agora está Pedro Arias, mi capitán general y gobernador de Castilla del Oro, y de allí adelante ir descubriendo por las dichas espaldas de Castilla del Oro mil e setecientas leguas, e más si pudiéredes, contando desde la raya e demarcación que va por la punta de la dicha Castilla del Oro delante de lo que no se ha descubierto hasta agora”. Se trataba por tanto de encontrar el Estrecho que comunicaba el Atlántico con el Pacífico y subir por éste océano hasta la altura de Panamá, desde donde Solís debía descubrir 700 leguas o más hacia occidente (hasta las islas Molucas). Esta vez se incrementaron las medidas para que la operación fuera secreta, para evitar reclamos portugueses, como consignó el mismo Rey, en sus instrucciones a Solís (“Habéis de mirar que en esto ha de haber secreto, e que ninguno sepa que Yo mando dar dineros para ello, ni tengo parte en el viaje, hasta la tornada”). El Piloto Mayor debía por ello preparar su expedición en Lepe, como si fuera suya, aunque la corona le entregó secretamente 4.000 ducados de oro para ella, de manos del contador Juan López de Recalde. El viaje se haría con tres naves, 60 tripulantes y mantenimientos para dos años y medio. El piloto Juan de Ledesma volvería a acompañarle. También irían en el mismo el contador y escribano Pedro de Alarcón y el factor Francisco de Marquina. El escaso número de tripulantes y la enorme cantidad de alimentos ponían de manifiesto que se iba a un objetivo muy lejano.
Juan Díaz emprendió su último viaje en la búsqueda del pasaje transoceánico, y en caso de encontrarlo, planeaba atravesar el océano Pacífico hasta alcanzar el Extremo Oriente. Viajaban en la expedición Juan de Ledesma, Pedro de Alarcón (como contador y escribano de la armada) y Francisco de Marquina (como factor), estos dos últimos nombrados por el rey, los pilotos Juan de Lisboa y Rodrigo Álvarez, el maestre Diego García de Moguer y el alférez Melchor Ramírez.
Luego de hacer una escala de reaprovisionamiento en Santa Cruz de Tenerife, en las islas Canarias, se dirigieron a la costa del Brasil, que alcanzaron al divisar el cabo San Roque, al sur del cabo de San Agustín, hacia donde los llevaron las corrientes marinas. Continuaron luego siguiendo hacia el sur la costa brasileña, pasando por el cabo Frío, la bahía de Guanabara (río de Genero, o río de Janeiro), en donde obtuvieron provisiones de los indígenas. Luego pasaron por el cabo de Navidad (¿el 25 de diciembre?), y alcanzando el río de los Santos Inocentes el 28 de diciembre (actual Santos). Díaz de Solís navegó lentamente hacia el sur a la vista de tierra, pasando el cabo de Cananea (isla de Cananéia, el 6 de enero) y alcanzaron luego una isla a la que Díaz de Solís denominó de la Plata (posiblemente la isla San Francisco o la isla de Santa Catalina, en donde obtuvieron provisiones de los indígenas), y una bahía ubicada a 27° Sur que se llamó de los Perdidos.
Prosiguió explorando la costa riograndense y la uruguaya, pasando el cabo de las Corrientes (posiblemente el de Santa Marta Grande) y la isla de San Sebastián de Cádiz el 20 de enero (cercana al cabo Polonio), alcanzando la isla de Lobos y Punta del Este el 2 de febrero. Allí tomó posesión de la tierra en nombre del rey de España, erigiendo una cruz al son de trompetas ante el escribano Alarcón, llamando al lugar Puerto de Nuestra Señora de la Candelaria (posiblemente en la actual Maldonado). En la capitulación se indicaba que la toma de posesión se hiciera donde haya algún cerro señalado o árbol grande.
Pasaron el Cabo de las Corrientes y fueron a surgir en una tierra en 29 grados y corrieron dando vista a la isla de San Sebastián de Cádiz, a donde están otras tres islas que dijeron de los Lobos, y dentro el Puerto de Nuestra Señora de la Candelaria que hallaron en 35 grados, y aquí tomaron posesión por la Corona de Castilla.
Relación de Herrera
Ingresaron así en el Río de la Plata, una enorme extensión de agua dulce fruto de la unión de los ríos Paraná y Uruguay, confundiéndolo con un brazo de mar sin salinidad, que Díaz de Solís bautizó mar Dulce, y pudo penetrar en él gracias al escaso calado de sus tres carabelas.
Fueron a surgir al Río de los Patos en 34 grados y un tercio, entraron luego en un agua que por ser tan espaciosa, y no salada, llamaron Mar Dulce, que pareció después ser el río que hoy llaman de la Plata y entonces dijeron de Solís. De aquí fue el Capitán con él un navío que era una carabela latina reconociendo la entrada por la una costa de el río, surgió en la fuerza de él cabe una isla mediana en treinta y cuatro grados y dos tercios.
Relación de Herrera
La Muerte de Solís
Díaz de Solís exploró el río con una carabela chica en busca del paso hacia el mar del Sur, pasando frente al río de los Patos (posiblemente el río Santa Lucía) e hizo escala en la isla Martín García, que bautizó así porque allí tuvo que sepultar al despensero de ese nombre, fallecido a bordo de la carabela, convirtiéndose Díaz de Solís en el primer europeo en poner pie en forma comprobada en lo que hoy constituye la República Argentina.
Ven sobre la costa “muchas casas de indios y gente, que con mucha atención estaba mirando pasar el navío y con señas ofrecían lo que tenían poniéndolo en el suelo; quiso en todo caso ver qué gente era ésta y tomar algún hombre para traer a Castilla”. Seducido por estas demostraciones de amistad, o quizá esperando conseguir víveres frescos y hacer algún comercio, Solís se embarca en un pequeño bote hacia la costa con el contador Alarcón, el factor Marquina y seis marineros más. Sabían que más al norte, en la costa atlántica, los indios eran bondadosos y ofrecían a los navegantes, frutas y otros géneros.
Una vez en tierra, en la margen izquierda del arroyo de las Vacas, se adentraron un poco alejándose de la orilla. Los nativos estaban emboscados, esperándolos, y como una avalancha cayeron sobre ellos con boleadoras y macana, y los apalearon y despedazaron hasta matarlos a todos, con la única excepción del joven grumete Francisco del Puerto, que se salvó y quedó cautivo con los indígenas.
La generalidad de los cronistas y otros testimonios de la época añaden que los indígenas descuartizaron los cadáveres a la vista de los que habían quedado en la carabela, y comieron los trozos de los españoles. No faltan modernos historiadores que niegan el hecho, considerándolo falso y como una de las muchas leyendas infundadas que hay en la conquista de América. Pero J. T. Medina logró probar, hace ya muchos años, que en efecto los indios mataron y comieron a los desdichados españoles, utilizando los testimonios de Diego García, y de muchos más, entre ellos los relatos del sobreviviente Francisco del Puerto.
No fueron los charrúas
No se sabe si los indígenas que dieron muerte a Solís y a sus hombres, fueron guaraníes de las islas del delta o los charrúas de la costa uruguaya.
La hipótesis de que los asesinos del descubridor del Plata fueron los charrúas del Uruguay ha quedado fuera del tintero, ya que no habitaban la zona en la cual desembarcó Solís. Los charrúas eran indígenas cazadores y recolectores nómadas, que vivían en las costas del Río de la Plata y del río Uruguay, también practicaban la pesca para lo cual contaban con grandes canoas.
Quedarían los guaraníes, pero los detalles de la muerte de Juan Díaz de Solís, de la manera en que fueron referidos, muestran un canibalismo diferente del practicado por los guaraníes, ya que están ausentes los elementos simbólicos que lo caracterizaban, lo mismo que su ceremonial preparatorio y su forma de ejecución.
Esto indicaría que los autores habrían sido indígenas guaranizados, que asimilaron nada más que algunos rasgos culturales sin aprender la significación global de una institución como el canibalismo de los guaraníes, que se distinguía precisamente por la forma estudiada en que se cumplían las sucesivas etapas conducentes a sacrificar y comer a un prisionero de guerra.
Siempre se aplicaban con el sentido de absorber las virtudes del inmolado, que generalmente era un guerrero hecho prisionero en combate. Todo ese ceremonial no tenía comparación con la manera repentina y precipitada en que, según las fuentes, procedieron los indígenas a matar y devorar en el sitio mismo a los extraños que acababan de desembarcar. Tampoco hay ningún relato de otro acontecimiento similar que hubiera ocurrido en alguna parte del Río de la Plata, por lo que algunos historiadores, como se dijo más arriba, han puesto en duda la veracidad de las narraciones consideradas clásicas. Pero el hecho de que dejaran con vida al joven grumete Francisco del Puerto obedece a las costumbres de sólo comer a los guerreros, dejando fuera a niños y mujeres.
El pobre grumete, abandonado por sus compatriotas, estuvo conviviendo muchos años con los indígenas, hasta que fue rescatado en 1527 por la expedición de Sebastián Caboto. Francisco del Puerto les sirvió como intérprete durante la expedición, pero un día consideró que no era suficientemente recompensado y tramó una venganza. Durante una operación comercial con ciertos indígenas, en el río Pilcomayo, organizó un ataque sorpresivo que infligió muchas bajas en los españoles. Nunca más se supo nada del grumete Francisco del Puerto.
Regreso sin Solís
Los demás integrantes de la expedición de Solís, regresaron a España, menos dieciocho marineros que quedaron abandonados en la isla de Santa Catalina (Brasil), a la cual llegaron a nado tras haber naufragado una de las carabelas.
Estos náufragos iban a tener un papel protagónico en la historia y conquista del Río de la Plata, ya que fueron ellos los que, rescatados por Caboto, dieron comienzo a la leyenda del rey Blanco que vivía en una sierra de plata. Como su nombre lo indica era toda de plata, y estaba en las inmediaciones del inmenso Río de Solís, también bañado de plata. Esta leyenda es la que originó las expediciones al Río de la Plata, todas con el objetivo de encontrar grandes cantidades de plata. Pero la plata de la que tanto se hablaba era la de los incas, en el Perú, y la del Potosí, en Bolivia. En las costas argentinas y uruguayas, sólo había de plata el reflejo de la Luna sobre el río.

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Fitte, Ernesto J. Hambre y desnudeces en la conquista del Río de la Plata. Academia Nacional de la Historia. Buenos Aires, 1980.
Gandía, Enrique. “Descubrimiento del Río de la Plata, del Paraguay y del estrecho de Magallanes”. En: AA. VV. Historia de la Nación Argentina. El Ateneo y Academia Nacional de la Historia. Buenos Aires, 2° edición, 1955. Tomo II, capitulo III.
Martínez Sarasola, Carlos. Nuestros paisanos los indios. Emecé. Buenos Aires, 1996.
Medina, José Toribio. Juan Días de Solís. Estudio histórico. Santiago de Chile, 1908.
Rubio, Julián María. Exploración y conquista del Río de la Plata : siglos XVI y XVII. Salvat, 1953.
Villanueva, Héctor. Vida y pasión del Río de la Plata. Plus Ultra, 1984.

Historias de la Historia de España; Capítulo 86. Éranse unos cristianos «Viejos y Nuevos»; Unos estatutos; Y una sangre muy impura.

limpieza de sangre
Los Estatutos de Limpieza de Sangre aparecieron en España durante el siglo XV en forma aislada, pero, durante el siglo XVI, fueron puestos en vigencia sucesivamente por todas las congregaciones religiosas, militares y civiles. Podemos decir que son reglamentaciones que impedían, a los judíos conversos al cristianismo y a sus descendientes, ocupar puestos y cargos en diversas instituciones, que pueden ser de carácter religioso, universitario, militar, civil o gremial. Tiempo más tarde los Estatutos se extendieron a los moros y luego también a los protestantes y a los procesados por la Imquisición.
La limpieza de sangre era una práctica típicamente española, encaminada a acreditar que se era «cristiano viejo», sin antepasados judíos, musulmanes o penitenciados por la Inquisición, que suscitaba el asombro y reprobación en ls demás naciones, incluso en Roma.
Los Estatutos de Limpieza de Sangre son estatutos raciales, pues dependen del origen y la ascendencia de una persona, y no de algún crimen o falta cometida. El crimen es pertenecer a la “Casta de judíos nuevos” o a los moriscos.
Se dispensaba con más facilidad un antepasado morisco que uno judío, pues se llegó a sostener que una solo gota de sangre judía, por remota que fuera, contaminaba a toda su descendencia.
Los Estatutos de Limpieza de Sangre moldearon el espíritu del pueblo español en el sentido de otorgar mucha importancia a la genealogía, a los linajes, a la cuna y al nacimiento de las personas. El exagerado aprecio por los títulos de nobleza, de los blasones y de los escudos de armas. 
La pureza de sangre se apoyaba en la idea de que la presencia biológica de sangre no cristiana en las venas de un individuo lo identificaba como tal. Por ello, la búsqueda de esa mancha podía y debía ir tan lejos como lo permitiese la documentación. La condición de limpieza de sangre pretendía eliminar la competencia y ascenso que significaba la promoción social de los conversos para los puestos más importantes y distinguidos de la sociedad. Con este instrumento se deslegitimaba al adversario, se le desproveía de sus derechos y se le excluía del nivel social y político que le correspondía. Los Estatutos van a nacer con el propósito de frenar el acceso de los conversos a las instituciones de honor.

Esto trajo como consecuencia una estratificación cristalizada de la sociedad española, lo que impidió el recambio social y la renovación de la clase dirigente y de sus ideas. 
Estos Estatutos fueron implantados especialmente en los cabildos eclesiásticos teniendo su origen en el Cabildo de Toledo. En la sociedad de la época, los conversos o cristianos nuevos tenían derecho a vivir en el seno de la Iglesia y a ser sacerdotes, pero se les privó del derecho a ser titulares o poseedores de beneficios eclesiásticos. La razón que se esgrimía era que estos eran premios que solamente debían darse a aquellos que los hubiesen merecido personalmente o heredado de sus padres, con tal que no fuesen infames. Y esto no podía aplicarse a los conversos porque se habían infamado para siempre cuando sus antepasados dieron muerte a Jesucristo. Esta infamia era transmitida por generación y dejaba en el converso una tendencia a negar la fe cristiana.

Para comprobar la pureza de sangre de una persona el Cabildo nombraba un comisario o informante a quien acompañaba un notario apostólico, que cumplía la función de secretario. Con un modelo de interrogatorio previo el informante se trasladaba a la población natal del aspirante, donde debía solicitar una copia de la partida bautismal, para comprobar la edad del pretendiente y otros datos familiares. Seguidamente, y tras oír a varios testigos tenía que averiguar, al menos, la naturaleza de sus padres y abuelos, desplazándose a las poblaciones que fuesen necesarias para tal comprobación.
Las diligencias eran rigurosamente secretas con el fin de garantizar la plena libertad de los testigos en sus declaraciones, e impedir que estuviesen alertados o aleccionados sobre lo que debían declarar. Por lo general testificaban ocho personas que debían declarar los datos que conociesen del aspirante y su familia. 

El defecto radical de las pruebas estaba en que se basaban en declaraciones orales de testigos que no solían remitirse más que a la pública voz o fama. El punto grave estaba en la presunción de imparcialidad de los testigos, lo que si bien era posible en las ciudades, era bastante difícil de lograr en las poblaciones pequeñas donde todos se conocían y donde existían ya unas etiquetas de buena o mala fama familiar.
La Limpieza de Sangre en suelo Americano
Durante el siglo XVI, a pocos años del descubrimiento de América, comienzan a establecerse distintas disposiciones que impiden a los judíos y moros y a sus descendientes, embarcarse hacia el Nuevo Continente. Numerosos edictos figuran en la Recopilación de las Leyes de Indias, que impedían a los conversos, sus descendientes y a los reconciliados por la Inquisición, trasladarse a América. Las reiteraciones son indicio de que muchas veces fueron burladas éstas disposiciones.
Estos Estatutos siguieron en vigencia hasta la época de la Independencia de América. Los que querían ingresar en las filas del ejército al servicio de España, durante el virreinato, debían probar su limpieza de sangre para ser admitidos
Procedimientos 
Cada institución implementaba su propio sistema de probanza de la limpieza de sangre así como la cantidad de generaciones que debían transcurrir hasta que un individuo fuera considerado “limpio”. 

En general, las probanzas eran demostradas por testigos, y sus declaraciones firmadas ante escribano. Normalmente cinco testigos debían dar fe del conocimiento del solicitante, de su buen nombre y de su pureza de sangre, además de no poseer antecedentes con la Inquisición, tanto él como su familia, por varias generaciones, llegando en algunos casos hasta siete. 
Es por ello que los conversos fueron separados en primer término de los puestos de escribanos, pues se cometían muchas trasgresiones a éstos estatutos. De cualquier modo, testimonios falsos eran motivo de inquisición. 
Como extensión para América, se manifestó en considerar a los americanos como seres inferiores, no dignos de gobernarse, designando en casi todos los puestos de la colonia a los nacidos en la Península, negando posibilidades a los nacidos en el suelo americano.

Historias de la Historia de España; Capítulo 85. Érase un puerto con mucha historia, 6.000 soldados españoles y un viaje de ida vuelta.

expedic mexico
 El 10 de diciembre de 1861 un contingente de 6.000 soldados españoles al mando del general Gasset, transportados por la flota del almirante Gutiérrez de Rubalcaba, desembarcaban en la ciudad de Veracruz. El hecho no era nuevo. En ese mismo lugar desembarcó la expedición de Juan de Grijalva en 1518. Un año después lo hacía Cortés. En noviembre de 1825 se rendía la guarnición española en San Juan de Ulúa, fortaleza frente a la ciudad veracruzana.
Habían pasado trescientos cuarenta y tres años desde los desembarcos de Grijalva y Cortés; y treinta y seis desde la última resistencia española ante la independencia de México. El general Prim desembarcaba en enero, siendo aclamado en la ciudad.
La naciente República Mexicana, nacida en 1823, tras la independencia de España en septiembre de 1821 y el efímero Imperio de Agustín de Iturbide, vivía al igual que los demás países hispanoamericanos unos años violencia y guerras civiles previos a su definitiva consolidación. El desplazamiento de las viejas oligarquías criollas no se había producido. Dos grandes formaciones políticas pugnaban por el control del Estado: los conservadores y los federalistas. Los primeros eran defensores del catolicismo y el orden colonial renovado. Los segundos portaban e lanticlericalismo y la consolidación de la revolución burguesa como estandartes.
Esta violenta coyuntura histórica fue aprovechada por los Estados Unidos para arrebatar Texas en 1845 y, aprovechando su victoria aplastante, al firmarse la paz en 1848, consiguió embolsarse los actuales Estados yankees de California, Arizona, Nuevo México, Colorado, Nevada y Utah. Santa Ana quedaba derrotado y los federales iban a sacar provecho.
En 1854 se dió el Plan de Ayutla por el que se emulaba la desamortización eclesiástica española de Mendizábal y se buscaba, además, la separación de la Iglesia y el Estado. Cuantiosas y ricas tierras estaban en el punto de mira de la burguesía radical y fueron confiscadas.
En 1857, reunidos los reformadores en la ciudad de Querétaro, aceptaban al indígena oaxaqueñoBenito Juárez como presidente del país. Se proclamaba una nueva Constitución. Los conservadores no se iban a quedar cruzados de brazos y daban un golpe de estado iniciándose la llamada Guerra de La Reforma (1858-1861).
Los conservadores estaban apoyados por España, Francia y Gran Bretaña y eran dirigidos porMiguel Miramón. Los reformistas, por su parte, tenían el apoyo de Estados Unidos y eran dirigidos por Juárez.
Hasta diciembre de 1860 tuvieron el poder los conservadores, mes en el que los federales derrotaban a Miramón entrando en la Ciudad de México, empujando a los conservadores a la guerra de guerrillas.
Esta anarquía crónica originaba una cuantiosa deuda con los países europeos mencionados, especialmente con España. Con el gobierno conservador España estaba negociando el pago, pero tras la victoria reformista el presidente Juárez expulsó al embajador español en enero de 1861 y se negaba al pago de dicha deuda. Al tiempo se daban actos de violencia contra los residentes españoles y la expropiación consiguiente de sus bienes durante los siguientes meses.
Los tres estados europeos afectados por el impago y aprovechando la inminente guerra civil de Estados Unidos y la inhibición de los mismos ante la posible intervención conjunta anglo-franco-española, firmaron un Tratado en Londres (octubre de 1861). En su artículo 2º se especificaba claramente que ninguna de las partes buscaba una anexión territorial, sino ocupara varios puertos mexicanos para asegurarse el pago. La guerra estaba servida.
Seis personajes tuvieron su protagonismo en esta guerra civil con entrometimiento internacional. Seis personajes que corrieron diferente suerte: prudente, uno, ganador otro, intermedio, secundón, imperialista fracasado, tres de ellos, y por último, un trágico perdedor. Dos españoles, dos mexicanos y dos ajenos. Prim, Juárez, Doblado, Serrano, Napoleón III y Maximiliano de Habsburgo.

Juan Prim y Prats

General Prim_BNF_GallicaMilitar muy carismático en aquella España de mediados del siglo XIX. Muy joven se alistó en el ejército para luchar en la primera Guerra Carlista, ganando dos laureadas. Inicialmente liberal progresista, por sus diferencias económicas con Espartero acabó en el campo de los moderados, participando inclusive en el derrocamineto del regente en 1843. Ascendido a brigadier, acabó enfrentado también a Narváez. En el Bienio Progresista (1854-1856) es capitán general de Granada, venciendo a los rifeños en las puertas de Melilla, lo que le hizo teniente general. En los años del gobierno de O´Donnell se hizo de la Unión Liberal, llegando sus momentos de mayor gloria militar y en pleno carisma popular. En la guerra de Marruecos de 1859-60 fue el vencedor de Castillejos y de Wad Ras, entrando victorioso en la plaza marroquí de Tetuán.

En 1861 fue encargado de resolver esta crisis mexicana dado su matrimonio con Francisca Agüero, sobrina de un banquero mexicano y sus contactos con políticos juaristas. En 1862 desembarca en Veracruz en condiciones desfavorables para sus tropas. Firmó por ello la Convención de La Soledad y la retirada prudente de México ante las críticas en España. Su prudencia evitó caer en la trampa de Napoleón III.

 

Benito Juárez
3Es la gran figura de la historia mexicana con toda una serie de monumentos en su honor por todo el país. Tuvo una infancia muy dura de orfandad temprana y privaciones. Supo de las humillaciones por ser indio. Protegido por un fraile, pudo aprender a leer y escribir y el oficio de encuadernador. Su licenciatura en Derecho le permitió ser un defensor de campesinos indígenas pobres en su ciudad oaxaqueña. Fue poco a poco escalando en la política local. En 1847, con cuarenta y un años consigue ser diputado, llegando a la Ciudad de México. Por sus críticas al general Santa Anna fue encarcelado en Veracruz (1853), en la fortaleza de San Juan de Ulúa. Al poco pudo escapar a la entonces española Cuba y, de allí, a Nueva Orleáns.
En 1855 vuelve a México como ministro de Justicia. Aprobó una ley contra los privilegios de los militares y del clero. Pero su momento cumbre llega en 1858 al ser el presidente de México en plena guerra civil. Es el presidente errante.
En 1859 nacionalizó los bienes del clero (equivalente mexicano de la Desamortización de Mendizábal en la España de 1836). Sin embargo, como se indicó, la continua violencia y guerra civil provocó una cuantiosa deuda exterior que le llevó a una larga guerra contra las potencias europeas, especiamente contra Francia, además de una guerra civil.

Tras entrar los sucesos de Querétaro (fusilamiento de Maximiliano en 1867), logró entrar triunfante en la Ciudad de México como flamante presidente. Tras asentar en México la enseñanza laica, renovó el cargo en 1871. Los conservadores no se quedaron quietos y, con Porfirio Díaz en las conspiraciones, fue expulsado del poder por golpe de estado. Murió al poco (1872).

Manuel Doblado

Como licenciado en Derecho ocupó el cargo de ministro de Exteriores en el gobierno de Juárez en 1861-62. Antes ya había llegado a gobernador de su estado, además de compaginarlo con la carrera militar. Al ser el responsable en plena crisis con las tres potencias europeas logró negociar la Convención de La Soledad (1862) consiguiendo la retirada de los españoles y los británicos, rompiendo la unidad y dejando sola a la expedición francesa.

Francisco Serrano y Domínguez

2Hijo de un militar liberal en las Cortes de Cádiz de 1812, inició su carrrera militar en la primera guerra carlista, en la que logró ascender a brigadier y ganar la Laureada. En su vida política fue un oportunista, un auténtico camaleón, que tanto se afiliaba al Partido Progresista como al Moderado a la Unión Liberal, según las coyunturas del momento. Como buen oportunista y ególatra, fue un declarado rival de Prim, especialmente en esta crisis. Llegó a tener relaciones íntimas con la misma reina Isabel II, de la que era su “general bonito”, preferido de la misma en las continuas crisis del reinado.

Durante esta mini guerra mexicana era el capitán general de Cuba (1859-1862) enriqueciendose considerablemente con el tráfico de esclavos. Desde este cargo criticó duramente a Prim por su temprana retirada de México, además de precipitar el desembarco en Veracruz sin esperar la llegada de este. No podía soportar ser el secundón de esta crisis que seguiría encumbrando a su rival.
El genaral Serrano: el envidioso de Prim y el “camaleón” político.
Su gran “hazaña” fue la desarticulación de la frustrada conspiración de Prim y el inmediato fusilamiento masivo de los sargentos del madrileño cuartel de San Gil en 1866. La reina por ello le nombró duque de La Torre con grandeza de España.
Dos años después, como ejemplo de su camaleonismo político, recién muerto su jefe político, el general O´Donnell, se pasó al bando anti-isabelino. En 1868, tras el triunfo de la Revolución de Septiembre, fue el regente hasta la llegada del nuevo monarca Amadeo I. En 1873, en los meses de la I República, huyó a Francia, desde donde conspiró hasta derrocarla con el golpe del general Pavía (4 de enero de 1874), implantando su dictadura personal hasta el golpe de Sagunto que supuso la restauración de la dinastía borbónica de Alfonso XII. Éste le marginó del nuevo régimen a pesar de reconocerle como rey. Alfonso le “caló” su camaleonismo. Murió en Madrid en pleno olvido, el que fuera gran protagonista del reinado isabelino.

 

Napoleón III

Napoleon IIIHasta Mayo de 2014 se le creía sobrino de Napoleón Bonaparte, criado en el exilio (Suiza, Alemania e Italia). Entre 1848 y 1851, con el carisma familiar de su nombre, se encargó de desmontar los logros de la revolución democrática de enero, llegando a ser el presidente de la II República francesa. En 1852, tras un golpe de estado, se autoproclamó emperador de Francia siguiendo los pasos de su supuesto tío. Nacía el II Imperio francés, caracterizado por el intento de llevar al país a una carrera imperialista en otros continentes y en intervenciones en países europeos: África, Asia, América (México especialmente), unidad italiana. Ésta intervención italiana (en la que indirectamente estaba implicada la cuestión monárquica española) supuso su final en 187o ante el temible ejército prusiano de Bismarck (batallas de Sedán y Metz). Abandonó a Maximiliano a su suerte tras comprender el fracaso de su intervención en 1867.

 

 

Maximiliano de Habsburgo

6Llegó a Veracruz en 1864 como emperador de México, emulando a su protector Napoleón III y al ya lejano Iturbide. Su suerte fue la misma que el mexicano: derrocamiento y rápida pasada por las armas. De gran nivel cultural, intentó ganarse a sus nuevos compatriotas desde el primer momento.

Abrió en Ciudad de México el Paseo de la Reforma y se estableció en el castillo de Chapultepec como residencia imperial. Intentó poner en práctica un buen programa reformista, enfrentandose incluso a los militares franceses y a los sectores conservadores mexicanos que lo apoyaban. Recurda algo al papel que intentó José Bonaparte en España durante la Guerra de 1808. Fracasó en ese empeño de hacerse popular y su efímero reinado fue de guerra cointinua.
Pudo haber huido antes, pero decidió quedarse, convencido de poder ganar la guerra. En 1867, en el cerro de las Campanas de Querétaro, fue asediado, apresado y fusilado, junto al líder conservador Miramón. Acababa así la vida del gran perdedor de esta historia. Su muerte impresionó a toda Europa por la negativa de Juárez al indulto, en un aviso a posibles intervenciones futuras.
Las mencionadas guerras civiles mexicanas hacían crecer la deuda de forma considerable. España era la principal acreedora, mucho más que GranBretaña o Francia. España envió para el negocio de la misma al embajador Francisco Pacheco, amigo personal del conservador Miguel Miramón. En enero de 1861 Juárez formaba su gobierno. Nada más tener el poder se decidió una política de hostilidad a los conservadores y sus aliados exteriores. El día 11 expulsó al Nuncio de Roma y al embajador español, el cual estaba conspirando abiertamente al lado de los conservadores.
Con las relaciones rotas los incidentes y violencias contra residentes españoles en México continuaron, quedando el embajador francés, el conde de Saligny, como representante de España.
En mayo, británicos, franceses y españoles estaban dispuestos a una intervención conjunta para poder cobrarse sus deudas y poner fin a la anarquía reinante en el país.
En julio aumentaron las expropiaciones contra extranjeros y la anarquía generalizada. El día 17 Juárez declaraba a México en bancarrota e insolvente para el pago requerido. Toda esta coyuntura llevó a intensas relaciones diplomáticas entre los tres paises europeos que, además, veían la ocasión de intervenir sin el obstáculo de Estados Unidos en plena guerra de Secesión del Norte contra el Sur.
Por fin, el 31 de octubre de 1861 se firmó la Convención de Londres por la que los tres países se comprometían a una intervención militar conjunta que tendría como objetivo inmediato la ocupación de los principales puertos como garantía de pago. El convenio firmado en Londres era anunciado por la reina Isabel II en el Congreso de los Diputados el 16 de diciembre, al igual que hicieron ante sus respectivos parlamentos la reina Victoria y Napoleón III.
El artículo II de la Convención de Londres dejaba claro que: “Las altas partes contratantes se obligana no buscar (…) ninguna adquisición de territorio” ni tampoco a “menoscabar el derecho que tiene la nación mexicana para escoger y constituir libremente la forma de su Gobierno”. Lo firmaban:
Javier Istúriz (España) Flahaut (Francia) Russel (Gran Bretaña)
Los mandos de cada nación eran: el español general Prim (con funciones diplomática y militar); los británicos sir Charles Wyke (diplomático) y el comodoro Dunlop; y los franceses conde de Dubois de Saligny (diplomático) y el contralmirante Julien de la Graviére.
A fines de diciembre ambas fuerzas pusieron rumbo a Veracruz. Los franceses buscaban abiertamente ir más allá del simple cobro: crear una monarquía sumisa y controlar el país, frenando el expansionismo norteamericano. Los británicos buscaban hacerse respetar y conseguir ventajas comerciales. ¿Y España? Nada claro tenía esta misión de Prim más allá del dicho cobro. Una misión peligrosa, con la animadversión de los mexicanos hacia su antigua metrópoli por la aún reciente guerra de emancipación. Una aventura peligrosa. Algunos llegaron a hablar de un intento secreto de establecer una monarquía borbónica en su rama carlista. Lo cierto es que aceptó el trono en forma imperial el joven Maximiliano de Habsburgo, hermano del emperador austriaco Francisco José.
Prim conocía bien el problema dado su matrimonio con la mexicana Francisca Agüero, hija de un rico banquero de ese país.
El general Serrano, capitán general de Cuba, al saber del nombramiento de Prim, se adelantó a la llegada de éste y envió a 6.000 soldados al mando del mariscal Gasset y embarcados en la flotilla del almirante Gutiérrez de Rubalcaba con rumbo a Veracruz, puerto que ocupan el 17 de diciembre de 1861. Al llegar Prim a La Habana se encontró con que el ejército estaba ya en México.
Gasset aseguró que no llevaba ansias expansionistas. Juárez movilizó 50.000 soldados y acusó a España de un intento de reconquistar el viejo virreinato de Nueva España. En enero llegaba Prim y se encontraba a un ejército agotado, aislado y enfermo por el duro medio tropical. Hasta el 6 de enero no llegaron los aliados europeos que salvaron al ejército español por culpa de la soberbia de Serrano.
Miguel Miramón, lider conservador llegaba a Veracruz y se alineaba a los invasiores. Prim sabía que poco había que hacer ante el poder de Juárez y el respaldo de Estados Unidos cuando acabasen su guerra. Además supo de las intenciones francesas de invasión indirecta.
La Convención de Orizaba y el Tratado de la Soledad
Las malas condiciones de Veracruz y lo hostil de su medio natural mellaba la moral de los europeos. El ministro Doblado convocó a los jefes aliados a negociar en Orizaba, al interior de la región de Veracruz. Gran Bretaña y Èspaña respetaban el acuerdo de Londres y se oponían a cualquier agresión sin agotar la vía diplomática, al revés que Francia. Cerca de Orizaba se firmaba entre Prim y Doblado la Convención de La Soledad, por la que se separaban los ejércitos en cuatro ciudades diferentes: franceses en Veracruz y Tehuacán; británicos en Córdoba; y españoles en Orizaba. Tras la firma Juárez apenas respetó lo tratado y hostigó a los residentes extranjeros.
Los franceses se declararon partidarios de atacar la capital mexicana y establecer a Maximiliano como garantía contra Juárez. Gran Bretaña y España se oponían. La primera se retiró unilateralmente y Prim, sin contar con el Gobierno de Madrid hacía lo mismo. Las relaciones entre los aliados estaban rotas y cayeron en descalificaciones mutuas.
Doblado envió una carta a Prim felicitándole por su actitud y ofreciendo negociaciones futuras del pago de la deuda y le ofrecía el restablecimiento de relaciones entre los dos países.
Prim hubo de reembarcar su ejército en los buques británicos de Dunlop ante la negativa de Serrano de enviar barcos de transporte. El recibimiento en La Habana fue muy frio y el encuentro entre ambos generales fue muy distante y casi violento. Prim viajó a Estados Unidos antes de ir a España a tratar de la situación de Cuba. Al llegar a España se encontró con la comprensión de la reina Isabel II. En Madrid, en el Senado, el día 12 de diciembre de 1862 se defendió de los ataques del general Pavía por los moderados y de Olózaga por los progresistas. La opnión pública respiró.
La decisión de Prim fue por completo acertada: evitó un desastre militar y un alto precio de vidas humanas, cosa que sí le ocurrió a Francia que se embarcó en una guerra abierta contra el México juarista.
Tras la retirada hispano-británica, los franceses impusieron a Maximiliano en el trono de Chapultepec. Un ejército de 28.000 soldados tomaba Puebla tras dura lucha casa por casa, y entraba en Ciudad de México en junio de 1863. El 28 de mayo, desembarcaban en Veracruz Maximiliano y su esposa Carlota, belga. El día 10 de junio entraban en la capital.
En enero de 1864, se establecía el gobierno de Juárez en Saltillo, al norte del país. Tras el avance arrolador de los franceses se retiró a Chihuahua, pidiendo ayuda a los norteamericanos, los cuales le reconocen como presidente. Acabada la guerra victoriosa de los federales de Lincoln, el vecino del norte se apresuró a no reconocer a Maximiliano y a exigir la retirada a Napoleón III, el cual accedió. La emperatriz Carlota acudió a París a humillarse ante Napoleón para que no retirase su ejército, sin conseguirlo. El emperador quedó solo con el insignificante apoyo de Miramón y la animadversión popular. Juárez, con el apoyo de sus vecinos yankees asedia a los imperiales en el Cerro de las Campanas de Querétaro el día 14 de mayo de 1867. Maximiliano y Miramón fueron fusilados el día 19. De poco sirvieron las súplicas de las naciones europeas. En realidad Juárez daba un aviso con su intransigencia ante posibles intervenciones futuras. Entraba el oaxaqueño triunfante en Ciudad de México el 15 de julio de 1867 como presidente.

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Figurín de la Lámina. Capitán del Estado Mayor Expedición de México

Historias de la Historia de España; Capítulo 84. Érase la tumba de un Santón, una mezquita y un montón de moros cabreados.

melilla 1893
Los buenos vecinos se hacen con tapias altas y así cada uno se queda en su casa y no se mete en la del prójimo a molestar, a ver si hay polvo debajo de la alfombra y a enterarse de si hay para cenar jamón del bueno o el caldo de la viuda.
El español siempre ha tenido reojo al francés por listo y porque le gusta hacerse el finolis, con su parlevú y su foigrás, y porque cuando se deja el grifo abierto le inunda la cocina y luego no se hace cargo. Al portugués le saluda lo justo y le mira como a un tío que vende toallas y toca el acordeón en el metro, a veces se le olvida que existe y le parece un vecino de renta, que no cuenta en las reuniones de la comunidad. Con el moro se ha llevado a palos desde que Pelayo bajó del monte y hace poco, al alba y con viento duro de levante, le mandó cuatro helicópteros Cougar para recuperar el islote de Perejil, que le dicen los bereberes Tura, y del que escribió Unamuno que es un peñasco tan modesto y apocado que es difícil hallarlo hasta con tiempo claro. Hoy la piedra está desierta pero Hugo Pratt sostuvo que en su día vivió en ella la ninfa Calipso, la hija de Atlas el titán, que retuvo a Ulises durante siete años y le ofreció la inmortalidad.
A las riñas con el moro iban los militares que querían medallas coloniales y la tropa del hambre, que no tenía posibles para esquivar la milicia. A la Primera Guerra del Rif mandaron a un escuadrón de presidiarios a los que prometieron la libertad. La Primera Guerra del Rif se desató en 1893 y la llamaron la de Margallo, haciéndole el honor al apellido del gobernador militar de Melilla, y no se libró contra el sultanato de Marruecos sino contra las tribus cabileñas del alrededor de Melilla. El general Juan García-Margallo y Cuadrado (bisabuelo del actual ministro de exteriores) era cacereño y veterano de las Guerras Carlistas y durante su servicio como gobernador de Melilla propició el contrabando de rifles Remington con las tribus rifeñas. Para sostener el perímetro defensivo de la plaza de Melilla mandó construir un cinturón de fuertes que contuvieran las incursiones de las bandas indígenas. Uno de ellos, el de Sidi Guariach, lo emplazó nada menos que sobre la tumba de un santón local y como es lógico las tribus que lo veneraban llamaron a la Guerra Santa.
El Bajá marroquí de la zona se entrevistó con el Comandante General de Melilla, el General don Juan García Margallo, (que esperaba en breve la llegada de su sucesor para entregarle el mando de la Plaza) abogando por la no construcción del recinto defensivo, pero nuestro General dio largas al asunto prometiendo comunicar la solicitud de las cábilas a Madrid. A lo largo del verano, la tensión siguió aumentando y alcanzó un alto nivel con la violación y asesinato de un joven español el 23 de agosto y otro incidente similar, ahora con una mujer, que resultó gravemente herida, seis días después.Fueete de Rostrogordo en Melilla en 1893
No hubo novedad digna de mención los días 30 de septiembre y 1 de octubre, pero al amanecer del día 2, una muchedumbre de moros, en número no inferior a 3.000, pues era día de zoco en el vecino poblado de Farhana, hizo fuego contra los obreros y los soldados, quienes se parapetaron tras los incipientes muros del fuerte, que apenas alcanzaba el metro de altura. Y ante esto el general Margallo envió a una dotación de 500 hombres del Batallón Disciplinario (que era prácticamente toda la fuerza con que contaba) se dirigió al Fuerte Camellos para apoyar el repliegue de los de Sidi Guariach. Por la tarde y tras unas horas de intenso fuego, la pequeña guarnición y los trabajadores alcanzaban Camellos, aunque sufriendo la pérdida de más de una docena de hombres, entre muertos y heridos que quedaron en poder de los moros. Éstos, los heridos, sufrieron mutilaciones y una cruel muerte y todos los cadáveres fueron salvajemente profanados, como se comprobó al recoger sus restos el día 3, al ser canjeados por 13 fronterizos que habían sido retenidos en el interior de la Plaza. Durante aquella escaramuza se bombardearon desde Melilla los emplazamientos rebeldes destruyendo por casualidad una mezquita.
Aquello exacerbó la yihad y en poco tiempo los atacantes reunieron a más de 20.000 rifeños que llegaron a las puertas de Melilla.
Margallo puso inmediatamente en conocimiento del Gobierno los hechos y solicitó el envío urgente de refuerzos. Al mismo tiempo, nuestro representante ante el Sultán Muley Hassan, que residía en Tánger, elevó a éste una enérgica protesta en nombre de nuestra Reina Regente. También comunicó lo sucedido a los representantes de las potencias europeas en Tánger (Francia, Inglaterra, Italia y Alemania), quienes aconsejaron a nuestro Embajador que España castigase a las cábilas fronterizas, pero sin declarar la guerra al Imperio marroquí. España advirtió que era posible que se viese obligada a invadir territorio marroquí.
A lo largo de las siguientes semanas se fue produciendo un lento refuerzo de las Unidades de la guarnición, aunque la situación era muy peligrosa. Los cronistas de la época se quejaban de que en 25 días sólo habían llegado a la Plaza 5 Batallones de Infantería, 3 Baterías y 1 Compañía de Zapadores, pero también es cierto que había sido el propio General Margallo quien había aconsejado al Gobierno que los refuerzos no fueran muy numerosos ni su llegada demasiado rápida, pues preveía el riesgo de colapso en el reducido espacio disponible para acantonamientos. Con la llegada de las Unidades del día 8 (al frente de las cuales venía el General Ortega)se habían sobrepasado ya las posibilidades de espacio y de material; y la situación se agravó en los días sucesivos. Faltaba casi de todo, no había tiendas de campaña suficientes, ni barracones, ni materiales para construirlos, pero el principal problema era el de la tremenda escasez de agua.
          José_Llaneces._Maria_Cristina_de_HabsburgoApartir del día 15 se dio la orden de retardar la llegada demás Unidadesy Margallo, forzado por las circunstancias, debió hacer sus planes contando con algo menos de 3.000 hombres frente a los más de 8.000 que se calculaba tenía el más que posible enemigo. Seguían las provocaciones; los rifeños cavaban trincheras muy dentro de nuestro territorio y el Conde de Venadito, un crucero enviado por el Gobierno en apoyo de las fuerzas terrestres debió hacer fuego con sus piezas de 120 sobre los cabileños que se habían acercado peligrosamente por el sur de la Plaza. Cuando las circunstancias empeoren el Gobierno mandará también a toda máquina a aquellas aguas a otros 3 pequeños cruceros: el Alfonso XII y los gemelos Isla de Luzón e Isla de Cuba, y algunos otros navíos de menor porte. A lo largo de aquel mes de octubre de 1893 habían ido llegando fuerzas, que, con las dificultades también expresadas, fueron ocupándose de conocer el terreno, mejorar su instrucción y cavar trincheras en las proximidades de los fuertes para facilitar la defensa, sin que, por otra parte, pudieran acercarse ni a 500 metros del previsto emplazamiento del fuerte de Sidi Alto, el del origen del conflicto, que había sido totalmente desmantelado por los moros, que ocupaban gran parte de los 12 kilómetros cuadrados de superficie que nos correspondían legalmente.
          Las semanas pasaron en medio de una tensa calma que bien pronto iba a saltar por los aires. El día 27 de octubre el General Margallo encabezó una pequeña columna compuesta por una Sección de Tiradores Mauser, otra de Caballería y una Batería de Montaña que debían dar protección a obreros e ingenieros que pensaban mejorar las condiciones defensivas del Fuerte de Camellos. Apenas cruzado el cauce del Río de Oro, en su camino hacia el oeste, detectaron que en las primeras estribaciones del Gurugú numerosos grupos de rifeños, a pie y a caballo, parecían mostrar intenciones hostiles. La Sección de Mauser sobrepasó Camellos para proteger mejor la realización de los trabajos. A mediodía, la concentración rifeña, ya a menos de 1 kilómetro de nuestros soldados, hizo comprender al General el peligro que corrían sus menguadas fuerzas, por lo que, telefónicamente, ordenó que los Cazadores de Cuba se trasladaran lo más rápidamente posible a la zona del Fuerte Camellos, lo que se ejecutó con orden y presteza.

          A las 15:30 se oyeron disparos hacia el norte, en la zona de Cabrerizas Altas, y, de inmediato, los indígenas, situados ya a unos 600 metros del Fuerte de Camellos rompieron el fuego contra los nuestros. La Batería de Artillería rápidamente efectuó varias descargas con proyectiles de metralla que causaron un efecto inmediato, alejándose algo los atacantes. Sin embargo, a las 16:00 toda la frontera era un volcán.
          Al avanzar la tarde, Margallo dio la orden de que todas las Unidades regresaran a la Plaza, lo que se empezó a efectuar con orden en la zona de Camellos, pero no así en la del norte, pues se observaba mucho fuego y movimiento de partidas enemigas en una línea que iba desde Cabrerizas Bajas a Rostrogordo y hacia el oeste.
          El General Ortega, pensando que Margallo estaba algo alejado de la zona que se estaba convirtiendo en el centro de gravedad del combate, salió con su Estado Mayor hacia Rostrogordo para hacerse cargo de las fuerzas que se encontraban en aquella parte.
Poco tiempo después, el General Margallo -que desconocía que Ortega ya se había desplazado hacia el norte- decidió hacer lo propio, y acompañado de seis Oficiales de su Estado Mayor y su Ayudante descendieron al galope el cerro de Camellos, repasaron el Río de Oro y por San Francisco y Cabrerizas Bajas se dirigieron hacia el llano de Rostrogordo. Enseguida se percataron de la mala situación en que parecía encontrarse el fuerte de Cabrerizas Altas, asediado por un gran número de enemigos, a los que se iban uniendo los que atacaron Camellos, alejados por el eficaz fuego de la Batería de Montaña.
          Ordenó Margallo que el Batallón Disciplinario, acantonado en la zona del Mantelete, y los Cazadores de Cuba, que descendían de Camellos, atacasen las trincheras enemigas para aliviar la presión sobre el fuerte, pero aunque en los primeros momentos les pareció sonreír el éxito, luego hubieron de replegarse otra vez hacia la Plaza y el Barrio del Polígono respectivamente. El lugar en que se vieron frenados sería conocido por los melillenses, a partir de aquel día, como la Cañada de la Muerte. Ante la precaria situación, las fuerzas que protegían los trabajos en Cabrerizas Altas decidieron acogerse a la protección del fuerte, mientras que Margallo y su grupo hicieron lo mismo, al galope, y no sin que tres de los caballos resultasen alcanzados por las balas rifeñas. Y en el interior del fuerte se encontraron los dos Generales, pues Ortega se había desplazado desde Rostrogordo.
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Fuerte de Cabrerizas Sito en el Tercio Gran Capitán Iº de la Legión

Caía la tarde de aquel trágico 27 de octubre. La situación en Cabrerizas Altas era difícil, y no existía la posibilidad de hacer una salida, pues el enemigo, bien atrincherado, (ocupando incluso las trincheras excavadas por nuestros soldados como primera protección del fuerte apenas a 25 metros de sus muros) hacía fuego a placer sobre la fortaleza, y por aspilleras y troneras entraban zumbando continuamente las balas. La línea telefónica había sido cortada, por lo que el General en Jefe no podía siquiera comunicarse con la Plaza. No había agua y se ordenó reservar la última barrica para aliviar a los heridos; y la cena consistió en medio chusco por hombre.
          Por el sur los fronterizos avanzaron hasta bien dentro de nuestro territorio, pero de nuevo el Conde de Venadito los batió con el fuego de sus piezas y desde San Lorenzo ayudaron a rechazarlos.
          Afortunadamente en la vieja ciudadela de Melilla había un hombre decidido, el Coronel Caselles, quien, en ausencia de los dos Generales, tomó el mando, convocó reunión de Oficiales y comenzó a preparar un convoy para que saliera con las primeras luces del día siguiente, pues suponía que la situación, especialmente en los fuertes del norte, debía ser muy grave.
          Y llegó la noche del 27 de octubre. Una vez más, Melilla iba a vivir una de las muchas malas noches de su historia. En los fuertes y en la Plaza, en Melilla la Vieja, las Unidades velaban, cuidaban los heridos, y se preparaban para vivir un día que todos sabían que iba a ser definitivo.
          Con el amanecer del día 28 el enemigo arreció su fuego; por nuestra parte escaseaban las municiones de fusilería y las cargas de cañón. Margallo, necesitando comunicar la situación a la Plaza, solicitó un voluntario, y entre los que se presentaron escogió al Capitán Picasso, de su Estado Mayor. Este oficial, años después, ya de General, será el encargado de redactar el famoso Informe que llevó su nombre para depurar responsabilidades por el Desastre de Annual. Se abrió por unos momentos la puerta del fuerte y por ella salieron al galope, frente a las bocas de los fusiles moros, Picasso y dos batidores de Caballería, que se perdieron en dirección norte cubiertos por el fuego de una Sección del Borbón.
          Aumentó el furor de los indígenas y apareció la lluvia. Y, en la distancia, los observadores vieron a Picasso y sus dos compañeros atravesar las puertas de Rostrogordo. Nueva salida a cargo de dos Secciones, una de cada Regimiento, Borbón y Extremadura, que se enzarzaron con los moros, en medio de un diluvio, en un feroz combate en la meseta del fuerte, en un intento de aliviar la presión que volvió a ser inútil.
          Se vio ahora como un jinete solitario, Picasso, salía a todo galope de Rostrogordo en dirección a la Plaza. Decayeron los ánimos: también debía estar cortada la línea telefónica entre ambos puntos.
          En la Plaza, Caselles aceleraba los preparativos para la salida del convoy, intuyendo la desesperada situación que se vivía apenas 3 kilómetros hacia el norte. La llegada de Picasso confirmó los malos augurios. Durante la noche había reunido todos los carros disponibles, un total de 17, que cargados hasta los topes con agua, víveres, medicinas y municiones, emprendía la marcha a las 9 de la mañana. El número de hombres encargado de hacerlo llegar a los sitiados rondaba los 1.900.

(RED.] (RED.] (RED.] (RED.] Salida de un convoy para aprovisionar los fuertes

          Apenas los primeros carros a la altura de Santiago ya empezó el hostigamiento, aunque se consiguió llegar con tan sólo unos heridos a Cabrerizas Bajas. A partir de aquí se sufrió una verdadera lluvia de plomo en el recorrido hacia Cabrerizas Altas.
          En el fuerte la voz de un centinela gritó alborozada que ya se veían las Unidades de vanguardia que custodiaban el convoy. Los indígenas volcaron ahora el esfuerzo en intentar impedir que los carros llegasen a su destino, por lo que Margallo consideró necesaria alguna acción ofensiva para aliviar la presión sobre el convoy y ordenó sacar dos piezas al exterior del fuerte. El hecho excitó aún más a los indígenas, que alcanzaron la plataforma e incluso al mismo foso que circundaba la posición. Margallo se puso al frente de los infantes del Borbón y el Extremadura y se entabló un durísimo cuerpo a cuerpo. Cuando apenas el General había salido del fuerte, un balazo en la cabeza lo mató instantáneamente, aunque ello no fue óbice para que la violencia del ataque de  nuestros infantes, durante unos minutos, alejase a los moros de las cercanías; pero, finalmente, se impuso la enorme desproporción numérica y los españoles tuvieron que retroceder al interior del recinto. Las piezas de montaña -muertos algunos sirvientes y herido el Teniente que las mandaba- quedaban abandonadas, por lo que los moros intentaron apoderarse de ellas. En esos momentos, un Teniente del Extremadura llamado Miguel Primo de Rivera (que entre 1923 y 1930 sería presidente del Gobierno español), con un puñado de sus infantes, salió del fuerte, las recuperaron y, a brazo, las introdujeron en el recinto. Ese hecho le valdría al joven Teniente la Cruz Laureada de San Fernando.
En estos momentos de confusión iba a ser decisiva la resuelta intervención del Batallón Disciplinario, que logró despejar las inmediaciones del fuerte de Cabrerizas Altas, posibilitando así la llegada del convoy cuando eran las 10:30 de la mañana.
          Ortega y su Estado Mayor partieron a caballo hacia la Plaza, y en los carros  bajaron también numerosos cadáveres, entre ellos el del Comandante General de la Plaza de Melilla. Unos cuarenta muertos nos costó aquella durísima acción de apenas 90 minutos de duración.
          Lo que quedaba del día 28 y el 29 se mantuvo el asedio, pero ya los defensores contaban con municiones y víveres y el enemigo iba perdiendo, con el paso de las horas y ante la inutilidad de sus esfuerzos, el empuje del que había hecho gala anteriormente.
          El mismo día 29 llegaba el anunciado relevo del Gral. Margallo, el General Macías, quien inmediatamente preparó un nuevo convoy que alcanzó, no sin esfuerzo, Cabrerizas y Rostrogordo, ahora con 42 carros, en la mañana del 30. Los días siguientes, con la llegada de  nuevas Unidades peninsulares, se sucedieron los convoyes, debiendo señalarse que el del día 7 de noviembre ya no fue hostilizado. Al día siguiente el Bajá se entrevistó con el General Macías. Éste le exigió el castigo inmediato de los culpables del levantamiento, dándole un plazo de 24 horas para cumplimentarlo. Transcurrido el  plazo sin constancia de haberlo efectuado, las zonas de concentración de rifeños fueron cañoneadas desde tierra y mar.

(RED.] Abastecimiento del fuerte de Cabrerizas

          El Gobierno decidió enviar a la zona de Melilla numerosas Unidades, unos dos Cuerpos de Ejército en total, que constituirían el Ejército del Norte de África, cuyo General en Jefe, don Arsenio Martínez Campos, llegó a la Plaza el día 28 de noviembre. El 1 de diciembre ordenaba comenzar las obras de reconstrucción del fuerte de Sidi Guariach Alto, celebrándose en sus inmediaciones el día 8 una solemne misa de campaña en la que se dio el nombre de la Purísima Concepción al dichoso fuerte. A la vez comenzaban o se continuaban las obras de varios fuertes más que casi completarían el esquema defensivo del territorio.
          A mediados de diciembre, el Ejercito del Norte de África se  componía, como acabo de decir, de 2 Cuerpos de Ejército, cada uno de ellos formado por 2 Divisiones de 3 Brigadas cada una y un total aproximado de 22.000 hombres encuadrados en 31 Batallones de Infantería, 6 Escuadrones de Caballería, 8 Baterías de Montaña, 7 Compañías de Zapadores y otras 4 Compañías en funciones logísticas y administrativas.
          El 24 de enero de 1894, el General Martínez Campos se entrevistaba con el Sultán de Marruecos en Marrakech. España pedía en concepto de indemnización por la agresión 25 millones de pesetas, pero el Sultán sólo ofreció 500.000. Martínez Campos le solicitó entonces permiso para retirarse (lo que parecía indicar la ruptura de las conversaciones), y aquel “inmutándose visiblemente”, en palabras de nuestro General, le preguntó si ese gesto podía considerarse una declaración de guerra. Se le contestó que esa declaración, por respeto a la persona del Sultán, no se haría en su presencia, sino que, cuando se le ordenase al General, se la remitiría por escrito a sus ministros. Al final, tras la intervención de las potencias europeas, el Sultán se conformó con pagar 20 millones. España aceptó y el 5 de marzo de 1894 se firmaba un convenio que ponía fin al conflicto. Y el 28 del mismo mes se declaraba disuelto el Ejército del Norte de África. Las Unidades reembarcaron entre esa fecha y el mes de septiembre.
Balance
          En el aspecto negativo hay que resaltar que el conflicto sirvió para poner de relieve algunos de los defectos de nuestro Ejército de aquellos años, como las dificultades para proceder a un urgente refuerzo a una parte alejada del territorio metropolitano, la carencia de material de campamento y un exceso de cuadros de mando con relación a unas Unidades muy mermadas de tropa.
          También destacó la indecisión gubernamental, pues el Ejecutivo actuó bajo esa extraña actitud de complacencia ante Marruecos que venía siendo norma de muchos años y que ha seguido siendo norma en muchas ocasiones después. Cuando se produjo la profanación de los cadáveres en los sucesos del 2 de octubre, el clamor popular nacional exigiendo justa revancha no fue escuchado por el Gobierno, a pesar de las duras palabras de alguno de sus miembros (“lo que se necesita son balas y no notas”), y cediendo a la presión de las potencias europeas no se decidió a castigar a los marroquíes. Y sucedió lo peor ante nuestra blandenguería. Luego, al contener los ataques, ni se castigó al Imperio (las compensaciones no llegaron a cobrarse íntegras), ni a las cábilas vecinas, pues los culpables del levantamiento se fueron de rositas, cuando con 22.000 hombres, si hubiese habido voluntad de hacerlo, podría haberse escarmentado lo suficiente a los fronterizos como para que olvidaran, durante muchos años, las ganas de provocar a España en sus intereses o cobrándose las vidas de españoles. Ni tampoco se forzó a que se respetasen los 500 metros de“tierra de nadie” que todavía dan que hablar.
          En cuanto a las bajas, por parte española murieron 123 hombres (60 como consecuencia de los combates, 2 en accidentes de servicio y 61 por enfermedades contraídas en la campaña y en los meses siguientes hasta la vuelta a la Península de todas las Unidades desplazadas a Melilla), mientras que los heridos por combates y accidentes alcanzaron un total de 165. Por parte marroquí, las muertes se calcularon en unas 300 como consecuencia de los combates, y quiero destacar que en los días 27 y 28, es decir, los de mayor virulencia de la campaña, el total de moros dentro del territorio español se cifró en unos 9.000.
          En el lado positivo, hay que destacar la contestación a una agresión injustificada contra la dignidad nacional, aunque quizás no fue lo contundente que, en mi opinión, debió haber sido. Y para Melilla, en lo moral el conflicto sirvió para que España volviese los ojos hacia la ciudad, tan abandonada por centurias, y los españoles de aquel entonces conociesen que allí, al otro lado del mar, había unas tierras tan españolas como las que ellos pisaban en la Península. Y en lo material, la presencia de las Unidades llevó al levantamiento de muchos otros fuertes,los caminos que los unían entre sí y con el recinto antiguo y, sobre todo, a que se diseñaran los primeros planes para la expansión de la ciudad nueva sobre los terrenos que, aunque eran nuestros desde hacía más de 30 años, no se habían utilizado por falta de decisión política. Además empezaban a acudir gentes de la Península y, en consecuencia, la población sufrirá un importante incremento.
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El fuerte de Rostrogordo en la actualidad

En la Guerra de Margallo, pequeña y pintoresca, vio oportunidad el capitán Francisco Ariza para distinguirse, que falta le hacía porque estaba relegado en la Caja de Reclutas de Barcelona por sus ideas republicanas, el capitán Ariza, veterano de Cuba y experto en la lucha de guerrillas, pero su solicitud de un puesto en el Ejército Expedicionario no fue atendida y pidió licencia por asuntos propios, se fue a Melilla por su cuenta y convenció al general Macías, sucesor de Margallo, para formar un escuadrón de presidiarios que combatiesen en unidades de búsqueda y destrucción del enemigo. Al general Margallo le volaron la cabeza cuando defendía el fuerte de Cabrerizas Bajas el 28 de octubre de 1893, le escribieron de héroe gallardo pero se corrió el rumor de que no le mató la cabila, sino Miguel Primo de Rivera, entonces teniente de infantería, que no aprobaba sus negocios del contrabando.
A los presos del capitán Ariza les llamaron la Guerrilla de la Muerte, y la formaron veintidós reclusos con delitos de sangre que pelearon con salvajismo por la promesa vaga de que revisarían sus causas. Ariza los encabezaba vestido de civil y con un sombrero hongo en la cabeza y los guerrilleros luchaban con el uniforme de presidiarios, con rifles no reglamentarios y con navajas de muelle de Albacete con las que ganaban trofeos anatómicos al enemigo y los engarzaban en collares de abalorios. Causaron bajas numerosas y extendieron el terror entre la morería, que era dada a creer en cuentos de demonios, y parecían una partida bandolera antes que un pelotón regular: en los periódicos de la península fueron la sensación. Los librepensadores de los casinos concluyeron que se ahorraba sangre jornalera mandando a reñir a la escoria, que no sirve para el campo.
Por los callejones de Melilla andaba un espía, Mohamed ben Ahmed, que le decían el Amadi, el Gato, era moro que contaba al español lo que oía en las medinas. A José Farreny Riera, sin embargo, todos los moros le parecían iguales. Farreny tenía treinta y nueve años, deudas de sangre con la ley y era leridano de Alguaire. Era uno de los veintidós de Ariza y como los otros veintiuno, hacía de su capa un sayo. En una patrulla callejera detuvo al Gato Amadi y le tomó por confidente de las cabilas. Amadi mantuvo que era precisamente lo contrario y era un chivato a sueldo del español, pero Farreny no le creyó, sacó sunavaja y le cortó las dos orejas, que después se prendió en su camisa de presidiario. El pobre Gato perdió sangre a manantial y casi se muere; suerte que le quedaban otras seis vidas. Cuando se enteró del suceso el general Martínez Campos, que había sido Ministro de la Guerra con Canovas, disolvió la Guerrilla de la Muerte y destituyó en el acto al general Macías, por propiciarla.
Farreny no salió por la puerta grande por su faena de dos orejas, no le tiraron claveles las majas y olé, y fue sometido a un juicio sumarísimo y le condenaron a muerte. Le fusilaron el 1 de diciembre de 1893 en la explanada del fuerte Camellos, en la segunda línea del cinturón que guardaba Melilla.
Subida hacia Melilla la Vieja

Subida hacia Melilla la Vieja

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Fuentes
EL CASO FARRENYFRANCISCO ARIZAJUAN GARCÍA Y MARGALLOLA GUERRA DE MARGALLOSIDI GUARIACH
Emilio Abad Ripoll (Universidad de Las Palmas, 30 de septiembre de 2010).
 

Historias de la Historia de España; Capítulo 82. Érase una bofetada para la historia

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La Historia de la humanidad está plagada de pequeñas y, en muchos casos, poco conocidas anécdotas que han tenido una gran influencia en los acontecimientos posteriores. El caso de España no iba a ser una excepción, donde una simple bofetada desencadenó las tres guerras civiles que sacudieron el país en el siglo XIX.
Tal y como leemos en el blog «Anécdotas de la Historia», todo sucedió cuando en septiembre de 1832, Francisco Tadeo Calomarde, ministro de Gracia y Justicia de Fernando VII consiguió que el enfermo rey firmase un documento que restauraba la Ley Sálica. Esta decisión habría supuesto que, a la muerte del rey, habría accedido al trono su hermano Carlos María Isidro de Borbón, en lugar de su hija Isabel.
Tras conocer la noticia, Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias, hermana de la reina, Maria Cristina de Borbón, y a su vez casada con el hermano menor del rey, se presentó en la corte decidida a cambiar la situación. Unos meses después de su llegada, la infanta aprovechó una breve mejoría del agonizante rey para conseguir que firmase un real decreto que abolía definitivamente la Ley Sálica.
Alertado de la maniobra de Luisa Carlota de Borbón, Calomarde se presentó en las estancias reales y trató de arrebatar el decreto de las manos de la infanta. Sin embargo, ella le contestó con unas sonoras bofetadas. Ante el pasmo de la reina y los cortesanos que habían sido testigos de la ofensa, el ministro respondió con una frase que ya ha pasado a la historia: «manos blancas no ofenden». Lejos de dejar correr el incidente, hay quien asegura que Luisa Carlota le respondió «pero hacen daño».
El resto, ya es historia bien conocida. Tras este suceso, Fernando VII no volvió a recuperar la consciencia y el decreto de abolición se promulgó el 31 de diciembre de 1832, lo que convertía a su hija Isabel en la futura reina de España.
El infante Carlos se negó a reconocer a Isabel como Princesa de Asturias, por lo que fue desterrado a Portugal, donde se proclamó rey como Carlos V con el apoyo de los «apostólicos», que desde entonces serán llamados «carlistas».
Tras la muerte de Fernando VII, el 29 de septiembre de 1833, su hija de tres años se convirtió en Isabel II de España bajo la regencia de su madre María Cristina, hecho que dividió al país y dio comienzo a la Primera Guerra Carlista.
Por su parte, Luisa Carlota de Borbón acabó distanciándose de su hermana María Cristina tras participar en varias intrigas encaminadas a conseguir casar a dos de sus hijos con las hijas de la reina regente. Exiliada en París, financió diversos libelos publicados en Madrid y destinados a criticar a su hermana.
Finalmente, y pese a la oposición de María Crisitina, el 10 de octubre de 1846, Isabel II contrajo matrimonio con su primo hermano Francisco de Asís de Borbón, tercer hijo de Luisa Carlota. Sin embargo, la infanta, que había fallecido dos años antes a los 39 años, no pudo ser testigo de la ceremonia que ponía punto y final a un plan iniciado trece años atrás con una simple bofetada.

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Bibliografía:
Memorias de doña Eulalia de Borbón Infanta de España

Compendio de Historia de España, Ediciones Atlas 1967
Historia del Carlismo y Pretendientes al trono de  España de Román Oyarzu
Historia General de España por Luis Suarez Fernandez 

Historias de la Historia de España; Capítulo 87. Érase un músico, un Stradivarius y un Premio Nacional de Violín.

sarasate
Pablo Sarasate, bautizado como Martín Melitón Pablo de Sarasate y Navascues, nació el 10 de marzo de 1844 en Pamplona, hijo del músico militar Miguel Sarasate Juanena y de Javiera Navascues Oharrechena. Niño precoz e hijo de padres conscientes del futuro de su hijo, tomó lecciones de violín, debutando a la edad de siete años en La Coruña. Estudió en Santiago de Compostela entre 1846 y 1849 con José Courtier, primer violín de la catedral y profesor de la Escuela de Música de Santiago de Compostela.
En 1852 se trasladó a Pontevedra, donde continuó sus estudios musicales con el músico local Urbano Casasvellas. Era asiduo de los ensayos de la banda del Regimiento Aragón, que dirigía su padre.
La Condesa de Espoz y Mina le concedió una pensión para estudiar en Madrid. Una vez en la capital de España, la reina Isabel IIle concedió una beca para ampliar sus estudios en París, a donde se trasladó en 1856, y allí ingresó en el Conservatorio bajo la tutela de Jean-Delfin Alard. En dicho viaje a París, al pasar por la localidad de Biarritz, él y su madre enfermaron. Falleció la madre, lo que lo dejó huérfano a la edad de doce años.
En 1857, obtuvo el Premio de Violín del Conservatorio de París y dos años después comenzó su carrera de concertista, que lo llevó por toda Europa y América.
Ganó premios, destacó en sus lecciones y en seguida fue premiado y reconocido como el gran concertista que era.
El rápido éxito que obtuvo como ejecutante le hizo abandonar sus estudios de armonía y composición. Viajó por toda Europa dando conciertos. También fueron frecuentes sus desplazamientos a América del Norte y Sudamérica. Según la prensa de la época, sus conciertos y recitales fueron memorables. Fue poseedor de dos violines Stradivarius, unoregalado por la reina Isabel II de España y adquirido a Jean Baptiste Vuillaume y otro comprado a Gand y Bernardel.
Su formación musical y el espíritu de triunfo lo mantuvieron activo hasta su muerte. Según las críticas y crónicas de la época, su fuerza radicaba más en la sutileza de interpretación que en el fuego temperamental, aunando ataque, pasión, flexibilidad y una facilidad natural para el violín. Su técnica de la mano izquierda fue también famosa, así como la velocidad de ejecución. Arrancaba el más hermoso sonido que pueda esperarse del violín sin mostrar el enorme esfuerzo. Su prestigio universal como concertista quedó de manifiesto, por ejemplo, al ser recogida una de sus actuaciones en el St James’s Hall de Londres por Arthur Conan Doyle, quien en su relato La liga de los pelirrojos hace queSherlock Holmes posponga sus investigaciones en el caso para ir a escuchar a Sarasate, como buen aficionado al instrumento.
En su testamento, Sarasate cedió su violín Stradivarius y 25.000 francos al Conservatorio de Madrid para la organización de un premio que llevara su nombre y que terminaría convirtiéndose en el Premio Nacional de Violín.
Le fueron dedicadas numerosas obras de importantes compositores contemporáneos, como la Sinfonía española de Eduard Lalo, el Concierto n.º 3 para violín y orquesta deCamille Saint-Saëns y muchas otras importantes joyas del repertorio del instrumento.
Falleció en su casa de «Villa Navarra» en Biarriz, Francia, el 20 de septiembre de 1908, a consecuencia de una angina de pecho a los 64 años de edad.
Está enterrado en un gran mausoleo en el centro del cementerio de San José-Berichitos de Pamplona, donde cada día 1 de noviembre la corporación municipal de Pamplona acude a colocar una corona de flores en su sepultura y donde se le brinda un homenaje musical.
Los conservatorios de Pamplona de grado medio y superior llevan su nombre como Conservatorio Navarro de Música Pablo Sarasate. Asimismo en su memoria se le dedicó la principal avenida, antiguo Paseo de Valencia, del Primer Ensanche de Pamplona, su ciudad natal.
Entre sus obras más populares figuran la Fantasía sobre Carmen de Bizet, opus 25; los Aires gitanos, opus 20, y una serie de piezas con fuerte inspiración folclórica española, como la Malagueña n.º 1 opus 21, la Habanera n.º 2 opus 21, la Romanza andaluza opus 22, el Zapateado opus 23 y el Capricho vasco, opus 24.
Entre 1903 y 1904, Pablo de Sarasate realizó algunas grabaciones para la compañía británica The Grammophone & Typewritter Limited, con respaldo de pianistas cuyos nombres no fueron registrados. Estas grabaciones se realizaron sobre cilindros de fonógrafo, aún vigentes en ese momento, los cuales fueron posteriormente transcritos a disco usando técnicas mecánico-acústicas. Al final de las ejecuciones en estos discos, fue grabada la nota «La» natural, de 440 Hz, probablemente por el técnico que realizó la transcripción, mediante una armónica de afinación, ya que este tono no aparece en los cilindros grabados. Probablemente, esta costumbre se debiera a la falta de normas en esos tiempos en cuanto a la velocidad de grabación y reproducción en las máquinas cortadoras de discos maestros y gramófonos acústicos, respectivamente. Este tono permitiría fijar la velocidad de reproducción a la misma velocidad de grabación.
Publicado 9th March 2013 por Juan José Godoy Espinosa de los Monteros