Batalla de Mendaza

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Era el 12 de diciembre la hermosa tierra de navarra se veía azotada por un fino viento de invierno, un sol sin fuerza el paludo sol de diciembre dejaba ver con claridad la campiña desolada, las turgentes colinas y en violento escorzo las grises tonalidades de las peñas de Mendaza y Nazar. Al fondo como una tierra prometida quedaban las montañas lejanas.
Aquel día ni el labrador salió a trabajar, ni el pastor llevo a su manada al campo, ni el cazador corrió la liebre rodeado del alegre ladrido de sus perros.
Aquel día todo trabajo quedo abandonado, porque el hombre salía a la terrible caza del hombre .
Y amaneció el 12 de diciembre con la rosada luz del alba los carlistas salieron a ocupar sus posiciones.
El campo de batalla escogido por Zumalacárregui era accesible a las tres armas, a cuya extensión de levante y de poniente excederá muy poco de un cuarto de legua y cerrado por dos cordilleras que se elevan sobre cada uno de los flancos.
Éste coloco a cuatro batallones al pie de la Peña de Mendaza dominando el llano y otros cuatro ocultos en la falda de la Peña de Nazar.
Al centro llevo el resto: los otros tres batallones. Y a retaguardia, oculta tras unas lomas, la caballería.
Pensando que el general Córdova atacaría el centro por ser más débil. Este hondón y gran parte de las laderas se componían de pequeñas piezas de tierra cultivadas, todas ellas rodeadas por muros de lajas de piedra apilada. Su cuartel lo montó en el despoblado de Desiñana.
Las tropas cristinas al mando del general Luis Fernández de Córdoba estaban acuarteladas fuera del valle, al sur, en la población de Los Arcos.
Zumalacárregui tenía previsto desarrollar la batalla según el clásico modelo de Aníbal en Cannas: Aceptaría el encuentro en su centro que de forma escalonada comenzaría a retirarse en dirección Norte, haciendo que el enemigo avanzase por el hondón del valle, metiéndose por la boca de una “U”.
Llegada esta situación, los flancos, especialmente reforzado el izquierdo por las fuerzas complementarias que había ocultado durante la noche en el bosque de encinas de la montaña de Dos Hermanas (en el primer plano del dibujo) que se levanta tras Mendaza, se lanzarían desde los flancos y cuesta abajo sobre los cristinos.
Ya era cerca de medio dia cuando Córdova y Oráa comenzaron a invadir Berrueza por el Paso de San Gregorio, sus diecisiete batallones en columna; su dirección, la del centro de la línea carlista.
En vanguardia iba Oráa. A la izquierda la caballería. Todo parecía desarrollarse con respecto a los planes de Zumalacárregui.
En aquel momento Iturralde que podía haber pasado desapercibido adelanto sus batallones y los mostró al enemigo adelantándose a los designios de su general, error capital que les costó la victoria.
Cuando Córdova, el general cristino, muy poco dotado para el mando que ejercía, llegó con sus tropas al valle y al ver la formación del grueso de las tropas carlistas en el hondón de éste, estaba dispuesto a caer en la trampa al ordenar a Marcelino Oráa, jefe de su vanguardia, que marchase sobre el centro. Pero Oráa era un buen militar, con mucha experiencia que se remontaba a los tiempos en los que estuvo a las órdenes de Espoz y Mina durante la Guerra de la Independencia Española. Además era navarro y conocía muy bien el valle así como la astucia de Zumalacárregui.
Por ello desoyó a su jefe y marchó con su tropa hacia Mendaza, atacó el flanco izquierdo carlista. Ante este no previsto movimiento, Zumalacárregui hizo girar su tropa desplegada en el centro en dirección a Mendaza, para apoyar al amenazado flanco izquierdo. La tropa carlista tenía muy poca experiencia en maniobras y se desbarató al realizarla; por otro lado, ahora estaba desplegada de Sur a Norte, fuera de la protección de los muros de piedra y a tiro de la artillería cristina montada al Sur a la entrada del valle.
Los carlistas iniciaron pronto la desbandada, abandonando el campo a los cristinos, refugiándose en las laderas de los montes que encierran el valle, pasando al valle del río Ega, dando por perdida la batalla.
Cinco mortales horas duró el combate y la noche fue la salvación de que Zumalacárregui no sufriese más bajas e incluso su propia captura, ya que su caballo, durante la retirada, cayó en una zanja, aunque su genio militar alumbró un plan que puso en juego la Corona de España. Él planteó la partida y tuvo el temple suficiente para arrojar los dados. Y si perdió, no fue, ciertamente por culpa suya, sino por el mismo azar –en figura de Iturralde que le fue adverso-.

Historias de la Historia de España. Capítulo 29. Érase un destronamiento, un Gobierno Provisional, un monarca de Saboya, una República y un Golpe de Estado. En fin, lo que viene siendo un sexenio democrático.

De la “Revolución Gloriosa” a la I República

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Las prácticas dictatoriales de Narváez y González Bravo en los últimos gobiernos moderados extendieron la impopularidad del régimen moderado y de la reina Isabel II, que siempre les había apoyado. La crisis económica iniciada en 1866 acrecentó el descontento de la población. Finalmente, la muerte de Narváez en la primavera de 1868 descabezó al partido que había detentando durante tantos años el poder en España.
La muerte de O’Donnell en 1867 propició el acercamiento de la Unión Liberal, ahora encabezada por el general Serrano, a los progresistas con el propósito cada vez más definido de poner fin al reinado de Isabel de Borbón. Los progresistas, dirigidos por el general Prim, y los demócratas, partidarios del sufragio universal, habían firmado en 1866 el llamado Pacto de Ostende por el que se comprometían en el objetivo de derrocar a Isabel II.
Finalmente la sublevación estalló en septiembre de 1868. Iniciada por el unionista almirante Topete en Cádiz, al pronunciamiento militar se le unieron rápidamente sublevaciones populares en diversas zonas del país. Isabel II huyó a Francia. La que los progresistas vinieron a denominar “Revolución Gloriosa” había triunfado con gran facilidad en el país.
–La Gloriosa– se inicia con un pronunciamiento liberal, tanto militar y como civil, que abre una etapa revolucionaria con la que se pretende, sin conseguirlo, instaurar un régimen democrático. A pesar de ello, el sexenio aportó la primera Constitución democrática del siglo XIX.
 Claro exponente de las dificultades del período es la rápida sucesión de fases:
– destronamiento de Isabel II
– Gobierno provisional
– Monarquía democrática de Amadeo I
– 1ª República
Asimismo, el Sexenio sufrirá problemas políticos y sociales, que arrastraba casi desde sus comienzos la revolución liberal española (el problema carlista, el colonial y el problema de la tierra), a los que se suman la llamada “cuestión social”, las lacras y los excesos de la   centralización y, sobre todo, tres conflictos de envergadura –la guerra cubana, la guerra carlista y la sublevación cantonal–.
 2. La Gloriosa, septiembre de 1868
Entre las causas de la revolución pueden citarse:
– La crisis financiera internacional de 1866 puso fin a la prosperidad económica de 1856–1865. El hundimiento de la Bolsa y el parón del tendido ferroviario provocó la quiebra de muchos bancos y empresas. La industria textil catalana sufrió los efectos del recorte de las  exportaciones de algodón por causa de la guerra de Sucesión norteamericana y por la bajada del consumo.
– A la crisis financiera e industrial se añade una crisis de subsistencias por las malas cosechas en 1867 y 1868 con sus secuelas de carestía de alimentos, hambre y mortalidad.
– En el plano político las causas hay que buscarlas en el agotamiento del régimen político moderado tanto por la corrupción del sistema como por el empeño de los moderados de mantenerse en el poder aunque fuera por la fuerza.
– Los partidos de la oposición –Progresistas, Unión Liberal y Demócrata- ante la imposibilidad de alcanzar el poder por vías legales, optaron por la preparación de un movimiento  revolucionario. Este siguió las pautas del pronunciamiento militar liberal, apoyado por juntas revolucionarias progresistas y demócratas cuyo objetivo era el destronamiento de Isabel II.
– La muerte de O’Donnell, en 1867, facilitó la adhesión del general Serrano, el nuevo dirigente de la Unión Liberal, a la causa revolucionaria. La participación de los generales unionistas aseguró el apoyo militar a la vez que imprimió un giro menos radical a la revolución.

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Pero la revolución se consolida gracias la formación de las juntas revolucionarias de carácter civil que desde Andalucía se extienden por toda España.
En un primer momento, el poder residió en las juntas revolucionarias que reclamaron amplias medidas de democratización política (sufragio universal, libertad de expresión, de reunión, de asociación y de culto) y de reformas sociales (desamortización, abolición de las quintas y del impuesto de consumos).
La revolución social y económica del movimiento popular hicieron caer en la batalla de Alcolea (28 de septiembre de 1868) a Isabel II, la cual tuvo que exiliarse, dejando el poder dividido entre las juntas revolucionarias (Demócratas y Republicanos) y el Gobierno Provisional (Progresistas y Unionistas).
 3. El Gobierno Provisional
El gobierno provisional con Prim y Serrano como hombres fuertes, compuesto por unionistas
y progresistas, decretó la disolución de las juntas y asumió el ideario democrático de estas.
Pero una de las cuestiones clave era la forma de gobierno, monarquía o república, que debían
decidir unas Cortes constituyentes. Se convocaron elecciones en marzo y se celebran en junio,
fueron las primeras elegidas por sufragio universal, dieron la mayoría a los partidos de la coalición antiborbónica –unionistas, progresistas y demócratas–, partidarios de una monarquía democrática.
A la izquierda se situó una fracción del partido demócrata partidaria de la República, y que formó el Partido Republicano Federal.
Prim (Progresistas) pasa a ser nombrado jefe de gobierno y Serrano (Unionistas) es declarado regente.
La labor más importante fue la desarrollada por Laureano Figuerola en materia económica:
– Creó la peseta
– Intentó una reforma fiscal, destinada a suprimir el impuesto de consumos, que resultó fallida.
– Dictó una nueva legislación minera que permitió las inversiones de capital extranjero.
– Creó un arancel que introdujo el librecambismo en España.
3.1. La Constitución de 1869
Es la primera constitución democrática española y recoge las siguientes características:
– Establece un régimen de monarquía basado en el principio básico de la soberanía nacional.
– Recoge una amplia declaración de derechos y libertades como el derecho de reunión de asociación, el juicio por jurados, el sufragio universal y directo para los hombres mayores de 25 años y la libertad de culto.
– Se fundamenta en los principios de la división de poderes y en la descentralización.
– Las Cortes son bicamerales (Congreso y Senado), y asumen completamente la aprobación de las leyes y tienen iniciativa legislativa –poder legislativo–.
– El ejecutivo, de acuerdo con la fórmula británica del “rey reina pero no gobierna”, era desempeñado por los ministros responsables ante las Cortes.
– Asegura la independencia y la democratización de la justicia, ya que establece el sistema de oposiciones y el del jurado.
– Se reemprende la desamortización y se suprimen los consumos.
Pero el mayor problema al que se tenía que enfrentar este nuevo gobierno era el de encontrar un rey ya que ni Isabel II ni su heredero (Alfonso XII), ni la opción carlista eran opciones válidas.

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3.2. La oposición al gobierno progresista
Los mayores problemas a los que se tuvieron que enfrentar fueron:
– El descontento de los republicanos por la trayectoria que el Gobierno provisional impuso a la revolución al inclinarse por la monarquía. Por otra parte estaban los carlistas que también se oponían al gobierno.
– Las crisis agrarias de 1867–1868 desataron la rebeldía de campesinado andaluz. El fracaso de la sublevación produjo el desengaño del campesinado hacia los partidos políticos. Desde 1872 con la introducción en España de la I Internacional, en su versión anarquista, apolítica y colectivista encontró eco en ese campesinado desengañado.
– De igual modo la escasez, la carestía y la protesta contra los consumos y las quintas provocó motines populares urbanos. Surge la huelga.
– El Sexenio tuvo en la guerra de Cuba (1868–1878) otro problema de gran envergadura. La falta de respuesta por parte el gobierno y las ansias independentistas cubanas provocaron un movimiento secesionista dirigido por Céspedes.
4. Monarquía de Amadeo de Saboya (1871–1873)

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La elección de Amadeo de Saboya por las Corte Constituyentes (octubre, 1870) como nuevo Rey de España no fue unánime (191 votos a favor y 100 en contra).
Era el candidato de Prim y cuando éste fue asesinado en 1870 perdió al que era su mayor apoyo; Amadeo I, con el rechazo aristocrático y popular, tuvo que enfrentarse a graves problemas.
Prim había mantenido unida la coalición monárquico–democrática y su muerte provocó su descomposición. Los unionistas se alejaron el nuevo régimen y se acercaron a los partidarios de la solución alfonsina.
En el seno del partido más sólido de la coalición, el Progresista, se produjo la ruptura. De un lado Sagasta, con la parte constitucionalista, y por el otro Ruiz Zorrilla, con el sector más radical).
También se oponían a él la Iglesia católica (por la cuestión de la libertad política), la nobleza (por la desamortización) y la burguesía industrial y financiera (por la cuestión de la esclavitud en Cuba).
El carlismo cobró un nuevo impulso tras el destronamiento de Isabel II, iniciando una tercera guerra carlista a favor de Carlos VII (1872–1876).
Amadeo I tuvo graves problemas como gobernante y se vivió una fuerte inestabilidad política (tres elecciones y seis cambios gobierno en treinta meses).
Aprovechando un problema militar en el cuerpo de artillería abdica en febrero de 1873.
4.1. La cuestión cubana
El mayor problema de la Monarquía Democrática fue el de Cuba. La alta burguesía española obtuvo sus grandes fortunas de Cuba; asimismo, los antiabolicionistas tuvieron un importante
papel en el movimiento alfonsino, siendo el marqués de Manzanedo uno de los principales inspiradores del movimiento antiabolicionista.
Los problemas, en primer lugar, derivaban del hecho de que entre la sociedad cubana y la española las diferencias eran crecientes. Los productores de azúcar y tabaco concedían cada vez más importancia a Estados Unidos como mercado natural, mientras que se agudizaban las tensiones entre criollos y peninsulares.
Había también una cuestión político–administrativa. El Capitán General, autoridad suprema en Cuba, tenía unos poderes que equivalían a los de un monarca absoluto. La distancia y la inestabilidad política en la Península impedían que desde ésta se ejerciera el poder con decisión y coherencia. De hecho, el Capitán General en el momento, Francisco Lersundi, adoptó una política de dura represión que fue ya irreversible al poco tiempo.
La sublevación aconteció muy poco después de la revolución, tras el llamado gritó de Yara (octubre, 1868). Su foco principal se sitúo en el oeste de la isla y tenía como principales líderes a Maceo y Gómez. La “guerra larga”, en realidad, no fue más que una interminable guerrilla que tardó diez años en ser erradicada. Una buena parte de los dirigentes republicanos y alguno de los intelectuales más conocidos formó parte de la sociedad abolicionista de la esclavitud, cuestión que estaba planteada en la política española en torno a 1872–1873.
4.2. La guerra carlista

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La desaparición de Isabel II creó nuevas esperanzas de que se volviera a la línea dinástica representada de Carlos María Isidro, cuyo candidato era el autodenominado Carlos VII.
La práctica del sufragio universal permitió a los Carlistas triunfar en las elecciones de 1869 en todo el Pais Vasco y Navarra, mientras que la libertad de imprenta hizo posible la existencia de periódicos carlistas. Pronto los carlistas se dividieron en dos tendencias, unos querían la  defensa de la actuación en la legalidad (Cándido Nocedal y sus neocatólicos) y otros querían la sublevación militar.
En 1872 se produjo una sublevación general del carlismo pero don Carlos fue derrotado en seguida y durante algunos meses el carlismo quedó reducido a tan sólo unas cuantas partidas. A final de año se produjo una nueva sublevación, inicialmente de poca envergadura, pero que se fue extendiendo sobre todo a partir de la proclamación de la República.
En 1873 don Carlos volvió a España y tomó Estella.
5. La I República (febrero 1873–enero 1874)

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El vacío de poder hizo que Republicanos y radicales monárquicos, se unieran para salvar el ideario democrático de la revolución de 1868. Su lema va a ser “orden, justicia, y libertad”. El primer gobierno republicano estuvo formado por una coalición de radicales y republicanos, y presidido por Estanislao Figueras. Los radicales querían una República unitaria, mientras que los republicanos renuncian a la proclamación inmediata de la República federal dejando esta decisión para las Cortes. Pero esta I República sólo fue reconocida internacionalmente por EE.UU.
Los dirigentes republicanos se encontraron con una doble oposición:
– Por un lado los radicales: republicanos, monárquicos y unitarios (derecha)
– Por el otro los intransigentes: partidarios del inmediato establecimiento de la República federal, aunque sea por la vía de la revolución.
La desilusionada y frustrada masa federal intentó proclamar el Estado catalán dentro de la República Federal española. La radicalización se extendió a los campesinos, que identificaron la República con el reparto de tierras. En Andalucía estos brotes revolucionarios desembocaron en graves disturbios como el de Montilla, en Córdoba.
Los republicanos federales gobernaran solos, puesto que los radicales intentaran derribar el gobierno por la fuerza e impedir la convocatoria de Cortes Constituyentes. Tuvieron que hacer frente a las recuperaciones de las guerras carlistas y a los partidos políticos restantes.
El 1 de junio de 1873 se convocan Cortes Constituyentes, nombrándose un nuevo gobierno presidido por Pi i Margall. Emilio Castelar se encargó de redactar un proyecto de constitución según el ideario federalista.
Las elecciones a Cortes Constituyentes darán una abrumadora mayoría a los republicanos federales.
La Constitución de 1873 declaraba:
– La total separación Estado–Iglesia y el matrimonio civil.
– La separación de poderes, con la creación de un cuarto poder, el Poder de relación, en manos del Presidente de la República.
– Estructura federal con 17 estados incluyendo Cuba y Puerto Rico para evitar problemas coloniales. Cada estado podía elaborar su constitución, dentro de los límites de la constitución federal.
– Mantenía derechos similares a la de 1869.
No llegó a aprobarse por el estallido de los movimientos cantonalistas, la conflictividad social, la extensión de la guerra carlista y el problema cubano.
En julio dimite Pi i Margall y le sustituye Nicolás Salmerón, que produce un giro conservador. Para acabar con el movimiento cantonal y los levantamientos se aumenta la presión social en las calles, se reprime la I Internacional y se refuerza el ejército y la Guardia Civil.
En septiembre Castelar es nombrado presidente. Gobierna por decreto. El gobierno sale fortalecido como árbitro de las tres guerras y se sofoca el levantamiento cantonalista casi en su totalidad.
Pero el 3 de enero de 1874 Pavía da un golpe de Estado en las Cortes que votaban la sustitución de Castelar.
5.1. El movimiento cantonal
El cantonalismo buscó hacer realidad el ideal de la República federal desde abajo, es decir, la formación de unos poderes locales fuertes y autónomos –cantones– como medida para contrarrestar el centralismo.
En Andalucía aparecen poderes políticos que se declaraban autónomos y que no reconocían el poder central. La sublevación federal cantonalista fue protagonizada por estudiantes, intelectuales y políticos provincianos, a los que se suman artesanos, tenderos y asalariados de diversas especies. Muy a menudo los internacionalistas (movimiento obrero) colaboraron con el cantonalismo.
Puntos destacados de la sublevación cantonal fueron Alcoy y Sanlúcar, pero el principal foco fue la sublevación de Cartagena, que contó con el apoyo de parte de la Armada. Para sofocar estos levantamientos Salmerón empleó a militares monárquicos, como los generales Martínez Campos y Pavía, que acabaron con el movimiento cantonal durante el verano de 1873.
6. Hacia la Restauración
El ejército propone a Serrano para cerrar el proceso y acabar con las guerras y el desorden, pero los carlistas van a aguantar hasta 1876 y la guerra de Cuba va a durar hasta 1878.
La causa alfonsina es la salida más lógica. Canovas del Castillo redacta el “manifiesto de Sandhurst” en diciembre 1874, firmado en la localidad inglesa del mismo nombre, según el cual Alfonso, en el caso de ser nombrado rey, se comprometía a implantar un régimen constitucional y parlamentario estable. El general Martínez Campos se adelanta y se pronuncia en Sagunto a favor de Alfonso XII el 29–30 de diciembre de 1874, poniendo fin a la I República.
7. Política económica del Sexenio
El objetivo principal de la política económica del momento fue el crecimiento económico, para lo cual se tomaron diversas medidas, destacando en importancia las propuestas por Laureano Figuerola ya durante el gobierno de Serrano en 1868.
Se creaba en este año la nueva unidad monetaria, la peseta, vinculada al sistema de paridades de la Unión Latina.
Para responder a las demandas sociales se intentó realizar una reforma fiscal que suprimiera los “consumos”, pero no fue posible debido a la oposición de la burguesía y a las necesidades de la Hacienda. Con el fin de dar solución a dichas necesidades, relacionadas principalmente con la cuestión de la Deuda Pública, se creó el Banco Hipotecario en 1872, y se otorgó al Banco de España el monopolio de la emisión de billetes.
Pero lo más destacado del progresismo económico fue abrir la economía española a los mercados exteriores, para lo cual se promulgó la Ley Arancelaria de 1869, que rebajaba los impuestos aduaneros para facilitar la importación de bienes de equipo y la exportación de alimentos y materias primas. Asimismo, la Ley de Sociedades Anónimas y la Ley de Minas de 1871 permitieron conseguir inversiones extranjeras y entrada de capitales para financiar el crecimiento económico.

Y colorín colorado, el Sexenio Democrático se ha acabado.

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Ilustraciones, Revista La Flaca, la revista que salía cuando podía.