El Sitio de Gibraltar. 1705

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El Último de Gibraltar. Augusto Ferrer-Dalmau

Fíjense vuesas mercedes que en aquesta guerra, llámanse a los piratas ingleses y holandeses, aliados. Mas todavía hay gentes que prefieren a los Habsburgo, aquésos que no fueron capaces de respetar el testamento de Carlos II y que aprovecharon esta Guerra “Mundial” para rapiñarnos media España. Sobre todo los de Saboya y los Habsburgo de Centroeuropa, los verdaderos dueños del Imperio, para ellos los réditos y para nos, las ratas.

… Una de las principales preocupaciones de los aliados era conseguir una base naval en el Mediterráneo para las flotas inglesa y holandesa. Su primera tentativa fue tomar Cádiz en agosto de 1702, pero fracasó. En la batalla de Cádiz un ejército aliado de 14 000 hombres desembarcó cerca de esa ciudad en un momento en que no había casi tropas en España. Se reunieron a toda prisa, recurriéndose incluso a fondos privados de la esposa de Felipe V, la reina María Luisa Gabriela de Saboya (que en el futuro sería conocida afectuosamente por los castellanos como «la Saboyana»), y del cardenal Luis Fernández Portocarrero. Sorprendentemente este ejército aliado fue rechazado, triunfando la defensa española.

Antes de reembarcar el 19 de septiembre, las tropas aliadas se dedicaron al pillaje y al saqueo del Puerto de Santa María y de Rota, lo que sería utilizado por la propaganda borbónica –según el felipista Marqués de San Felipe los soldados «cometieron los más enormes sacrilegios, juntando la rabia de enemigos a la de herejes, porque no se libraron de su furor los templos y las sagradas imágenes»– e hizo imposible que Andalucía se sublevara contra Felipe V tal como tenían planeado los austracistas castellanos encabezados por el almirante de Castilla.

Otra de las preocupaciones de los aliados era interferir las rutas transatlánticas que comunicaban España con su Imperio en América, especialmente atacando la flota de Indias que transportaba metales preciosos que constituían la fuente fundamental de ingresos de la Hacienda de la Monarquía española. Así en octubre de 1702 las flotas inglesa y holandesa avistaron frente a las costas de Galicia a la flota de Indias que procedía de La Habana, escoltada por veintitrés navíos franceses, que se vio obligada a refugiarse en la ría de Vigo. Allí fue atacada el 23 de octubre por los barcos aliados durante la batalla de Rande infligiéndole importantes pérdidas, aunque la práctica totalidad de la plata fue desembarcada a tiempo. Fue conducida primero a Lugo y más tarde al alcázar de Segovia.

Uno de los principales giros de la guerra tuvo lugar en el verano de 1703, cuando el reino de Portugal y el ducado de Saboya se sumaron a los restantes estados que componían el Tratado de La Haya, hasta entonces formada únicamente por Inglaterra, Austria y los Países Bajos. El duque de Saboya, a pesar de ser el padre de la esposa de Felipe V, firmó el Tratado de Turín y Pedro II de Portugal, que en 1701 había firmado un tratado de alianza con los borbones, negoció con los aliados el cambio de bando a cambio de concesiones a costa del Imperio español en América, como la Colonia de Sacramento, y de obtener ciertas plazas en Extremadura –entre ellas Badajoz– y en Galicia –que incluía Vigo–.

Una flota francesa, al mando del conde de Toulouse intentó recuperar Gibraltar pocas semanas después, enfrentándose a la flota angloholandesa al mando de Rooke el 24 de agosto a la altura de Málaga. La batalla naval de Málaga fue una de las mayores de la guerra. Duró trece horas pero al amanecer del día siguiente la flota francesa se retiró, con lo que Gibraltar continuó en manos de los aliados. Así que finalmente consiguieron lo que habían venido intentando desde el fracaso de la toma de Cádiz en agosto de 1702: una base naval para las operaciones en el Mediterráneo de las flotas inglesa y holandesa.

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Historias de la Historia de España. Capítulo 11. Éranse un par de testamentos.

A finales el siglo XVII, la inmensa Monarquía Hispánica estaba gobernada por Carlos II, un enfermo crónico como consecuencia de la consanguinidad que había sido la política constante de su familia durante generaciones. En las cortes de Europa, muchos esperaban su final con ansiedad, pues el monarca no tenía descendientes directos, por ello todos se preparaban para lanzarse sobre una monarquía que parecía a punto de extinguirse.

testamento carlos II

Por aquel entonces, todavía se conservaban prácticamente intactos todos los inmensos territorios que se habían ido acumulando desde los Reyes Católicos y que habían ampliado los sucesivos descendientes de la Casa de Austria, por ello, la descendencia de Carlos II era un tema del que dependía la continuidad del imperio, aunque éste ya mostraba evidentes signos de debilidad. Por ello la principal obsesión de la Corte de Madrid era garantizar el futuro de la dinastía. No se hicieron pocos esfuerzos para conseguirlo, tras el primer matrimonio que terminó con la muerte de su esposa María Luisa de Orleans, contrajo de nuevo esponsales con Mariana de Neoburgo, hija del elector del Palatinado.

Consciente su nueva esposa de que su valía y continuidad dependían de darle un heredero al rey de España, Mariana se sometió a todo tipo de tratamientos de fertilidad que pasaron desde las procesiones, las sangrías, las purgas y la ingesta de distintos brebajes que terminarían por minar también su salud. Nada sirvió para lograr el cometido, ni siquiera sus once simulados embarazos y sus simulados abortos, pronto se corrió la voz en la corte de la esterilidad de la reina y por si fuera poco su falta de docilidad le granjeó la enemistad de la madre del rey Mariana de Austria.

Uno de los enfrentamientos entre ambas Marianas vino por el nombramiento de un gobernador en los Países Bajos. La reina consorte tenía en mente a su hermano Juan Guillermo y la reina madre sin embargo apostaba por el marido de su nieta María Antonia: Maximiliano Manuel, elector de Baviera. La pugna entre ambas se dirimió finalmente en favor de éste último y por tanto la reina madre se salió con la suya, Maximiliano Manuel fue finalmente nombrado por Carlos II gobernador de aquellos estados por real decreto de 26 de diciembre de 1691.

El plan de la reina madre estaba claro, quería que Maximiliano Manuel fuera una extensión de su voluntad en los Países Bajos y que abriera el camino para el príncipe José Fernando, hijo de Maximiliano Manuel y de su nieta María Antonia, nacido en Viena el 28 de octubre de 1692, bisnieto del rey Felipe IV de España y de la reina doña Mariana de Austria, y sobrino nieto del rey Carlos II de España. Sería por tanto José Fernando de Baviera el heredero de todos los reinos, estados y señoríos de la Monarquía Hispánica desde 1696, por testamento del rey Carlos II de España, hasta su muerte en 1699. José Fernando fue considerado por Mariana de Austria como el heredero directo de la Monarquía Hispánica pues estaba convencida de que su hijo nunca podría concebir.

La reina consorte, despechada, escribiría :

“para dominar ella sola al Rey, forzosamente había que esperar que muriese la Reina Madre”

Finalmente se cumplieron sus deseos y el 16 de mayo de 1696, en Madrid, moría la Reina Madre de un cáncer de pecho. Su triunfo póstumo fue el testamento que suscribió su hijo Carlos II en septiembre de 1696 decretando heredero universal de la Monarquía a su sobrino nieto José Fernando de Baviera. El Barón de Baumgarten, describió los sucesos tras la muerte de la Reina Madre en los siguientes términos, con algún suceso paranormal incluido:

“Miércoles 16, a las doce menos cuarto de la noche, en el instante mismo en que se hacía más visible el eclipse de luna, falleció la Reina, en las casas de Uceda, donde vivía. A las cuatro de la mañana se abrió el testamento, y después se expuso el cadáver en el estrado. Al domingo siguiente lo trasladaron a El Escorial con la pompa de costumbre. Según pudo ver mucha gente, al sacar el cadáver de la caja mortuoria una paloma estuvo revoloteando buen rato. Una monja que ha servido en el cuarto de la Reina difunta, al tener noticia de su muerte, pidió un recuerdo de ella, y le dieron una de las camisas de noche de Su Majestad. Esta monja, paralítica desde que entró en el convento, metió la camisa en su cama, y a la mañana siguiente amaneció completamente curada.”

Al eliminarse el principal obstáculo para la esposa de Carlos II, Mariana de Neoburgo dominó finalmente la débil voluntad del Rey.

En 1697 llegó el embajador francés a España (una vez concluida la guerra entre España y Francia en 1689) era el Marqués de Harcourt que movió sus hilos para ganar adeptos para la causa francesa, como el poderoso Cardenal Portocarrero.
El testamento
  El Testamento de Carlos II es un punto clave para comprender los  Tratados de Utrecht
 La Disposición dictada por Carlos II, en octubre de 1700 ya muy enfermo,  sorprenderá a la hora de asignar la sucesión de sus reinos ya que optó el nieto segundo de Luis XIV, duque de Anjou, que se convertiría en Felipe V de España, con más derecho familiares nieto e hijo de infantas mayores de España, disponiendo lo contrario a lo dictado en el testamento de su padre (Felipe IV) que excluía a los herederos de la casa de Borbón.
 Testamento complejo y polémico porque  existía otro candidato hijo segundo, archiduque Carlos de Habsburgo,  hijo segundo de Leopoldo I, la otra gran rama de los Habsburgo a partir de la abdicación de Carlos, sin embargo el archiduque era solamente nieto.
 Previamente  junto a los dos candidatos anteriores existió un tercer candidato, porque el emperador  Leopoldo se casa en un primer  matrimonio con Margarita (hermana de padre y madre) es un enlace directo, hijos de la persona más cercana al rey. La Infanta Margarita tendrá una hija Mª Antonia,  que se casó con Maximiliano Manuel  de Baviera y que tendrán un hijo José Fernando de Baviera,  en los dos primeros  testamentos de Carlos II en 1696 1698  le designa como heredero, siendo muy difícil discutirle estos derechos,  pero este tercer aspirante beneficiados por los dos testamentos muere en febrero de 1699.
Su importancia
El testamento es importante para Europa porque, se dilucidaba el futuro del poder territorial de la monarquía europea más extensa, con 3 grandes centros: España (Castilla, Aragón, Italia (Sicilia, Cerdeña, Nápoles y Milán)  a parte de un dominio de facto prácticamente sobre todo el territorio italiano (protectorado español) donde mantiene mejor su hegemonía;  y el núcleo flamenco (a mediados del XVII  tras la Paz de Westfalia las provincias unidas se habían independizado, quedaba la actual Bélgica, Luxemburgo,). Además de todos los territorios americanos,  posesiones en el norte de África, Filipinas…  Estado que superaba en extensión al resto, era  el modelo más acabado de monarquía compuesta.
 La política se regía por cuestiones dinásticas bastante lejana a nosotros,  encaja con una cultura patrimonial del poder público del estado, la mayor parte de las guerras y conflictos de  la época moderna son de una reivindicación carácter dinástica.
 La política matrimonial española era de llevarse bien, fortalecer las relaciones con las dos grandes monarquías, así los posibles descendientes pertenecían a las dos grandes dinastías europeas
 La monarquía pasará al poder francés o al poder austriaco, contribuye otra realidad: la decadencia de esta monarquía, perteneciente al rey de España. Esta monarquía estaba llamada a perder sus territorios, era difícil mantener todo aquello y tiene que ver con la solución que se adopta en el testamento. Habilidad de los diplomáticos, sabiduría de los gobernantes para mantener los territorios.
Trasfondo internacional
 Todo este juego es un asunto de política internacional, las otras potencias son Inglaterra y Holanda (potencias marítimas) , les interesa lo que ocurre en Europa, pero sobre todo en el Nuevo Mundo aunque no pueden esgrimir derechos, internacionalmente se pueden entresacar varios puntos:
 1. Se dan ciertos cambios en la política internacional:  surgimiento de la idea del equilibrio, idea nueva: aspiración a la paz , idea que ya está en Westfalia, la convicción de que Europa está sangrada (guerra 30 años) desgaste en vidas humanas, retroceso económico, migraciones, etc…
 2. Expansionismo francés: la potencia española ha sido sustituida por la política expansiva de Francia, Luis XIV admira a sus antepasados españoles, quiere imitarlos, es una política católica. Aspira a Italia: quiere Nápoles, Sicilia, Milán y quiere a ser posible España, lo dirá constantemente es  hijo de España, su nieto es hijo y nieto de española.
 3. Las coaliciones:  no es la primera vez que existen coaliciones, ahora tienen una finalidad esencial, tienen un enemigo prácticamente fijo: la Francia expansionista, no van a tener  un carácter ocasional, a nivel organizativo se está moviendo algo, que impida la guerra, no se habla tanto de justicia como de paz.
 4. los llamados tratados de reparto:  intento de repartir los que no lo tienen que repartir, política de hecho y derecho, derecho internacional que se intenta construir, tratadistas buscan una fundamentación legal y jurídica, en el fondo se busca la paz, ¿qué legitimidad tienen las potencias que se unen para buscar la paz para repartir la monarquía española? Legitimidad relativa, reparten algo que no les pertenecen.
 Otra realidad, los tratados de paz que se venden, son los tratados de reparto, hay un animador Luis XIV, que engañará a las potencias con una habilidad y sabiduría .Su aspiración dinástica es sobre  Italia, por  intereses económicos y estratégicos, por lo que no tiene inconveniente en dejar España al príncipe de Baviera.
Trasfondo español
 Siempre se ha pensado en que la corte el rey no tenía una gran personalidad, el gran organismo que alcanza su apogeo en este período será el Consejo de Estado,  sobre todo a partir de la mayoría de edad del rey.
 Los consejeros tenían una postura muy clara, cuando se ha hablado de partidos  éstos vienen a ser corrientes de opinión o grupo organizado y la cuestión sucesoria no era un elemento fundamental de la lucha política; en la corte se organizan en facciones, son grupos que luchan por el poder, no existía una ideología.
 Francia siempre había sido el enemigo permanente durante todo el reinado, todos eran pro- austriaco, el mismo rey lo era, hablaba de su familia, hablar de pro franceses era complicado, lo que sí  había eran  simpatías populares al heredero francés, y también había recelos hacia Austria.
 Qué quieran los gobernantes españoles: 1. buscan la independencia, el que venga sea rey de España, que no sea de España y Francia, o  de España y Austria por eso se decantan por José Fernando de Baviera, no estaría tan mediatizado como los anteriores.
 2. el deseo de mantener unida la monarquía, la idea de conjunto, tantos años compartiendo una misma realidad política estatal crearía  una identidad, este deseo lo encontramos permanente tanto en el testamento como en el Consejo de Estado.
 3. La presión de Luis XIV frente a la lejanía de Austria,:1. Crea un cierto hartazgo de Luis XIV en la corte, 2. Presión  que por otro lado tiene como resultado su incapacidad de enfrentarse a él.
 Los Consejeros actuaron con más independencia, reconocían a la rama francesa con más derechos,  y entendieron que  era la opción que ofrece más posibilidades de mantener unida la monarquía es la del rey de Francia; además que la invasión austriaca provocaría la invasión francesa.
 Al buscar el  beneficio de su país, lograrán que Carlos II antes de morir teste a favor del duque de Anjou. Y ese testamento tiene una importancia fundamental , pues se pasa de dos candidatos a uno, Felipe V es proclamado rey y  Holanda e Inglaterra le reconocen como rey , el único que no le reconoce como rey es el emperador como rey.
 Al final esto no funcionaría  porque Luis XIV es imprudente, entra en los Países Bajos, hace acuerdos económicos con su nieto, y toca los intereses económicos de Inglaterra y Holanda y cuyo resultado final será la guerra.

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» Contreras, Jaime. “Carlos II el Hechizado. Poder y melancolía en la corte del último Austria”, Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 2003.
» Ribot, Luis. “El arte de gobernar. Estudios sobre la España de los Austrias”, Alianza, Madrid, 2006.
» Maura Gamazo, Gabriel. “Vida y reinado de Carlos II”, Espasa-Calpe, Madrid, 1942.
» Calvo Poyato, José. “La vida y época de Carlos II el Hechizado” Planeta, Barcelona, 1998.
Uned Guadalajara testamento Carlos II

Historias de la Historia de España. Capítulo 2. Éranse unas traiciones a un juramento

Pretendientes

La mitología catalanista sobre la Guerra de Sucesión olvida que las Cortes catalanas de 1701 juraron por rey de España a Felipe V, de quien obtuvieron nuevos privilegios, y que el primer desembarco de los aliados del archiduque Carlos fue un fracaso.

La designación por Carlos II del duque de Anjou como su sucesor (sin intervención de las Cortes de los reinos de España), que ocurrió en el día de Todos los Santos de 1700, y la proclamación de éste como rey se produjeron en absoluta paz. Fueron los acontecimientos posteriores los que condujeron al estallido de la Guerra de Sucesión, que comenzó en el verano de 1701 en Italia.

El Duque de Anjou, que fue presentado en Versalles por su abuelo, Luis XIV de Francia, como Felipe V de España, entró en su nueva patria por Irún en enero de 1701 y en Madrid el 18 de febrero. En mayo le juraron las Cortes de Castilla en el Monasterio de los Jerónimos.

Entre los asuntos de los que tenía que ocuparse estaban su matrimonio y el halago a los catalanes, muy hostiles a los franceses debido a dos invasiones en el siglo XVII, en la guerra hispano-francesa de 1635-1659 y en la guerra de los Nueve Años (1688-1697). La princesa escogida fue María Luisa Gabriela de Saboya, de poco más de doce años de edad, cuando su marido tenía diecisiete. Se decidió que la niña llegase a España por el puerto de Barcelona, y allí se encaminó la corte, que salió de Madrid en septiembre.
Nuevos privilegios para los catalanes

El historiador catalán Pedro Voltes escribe en su biografía de Felipe V que en las poblaciones catalanas que atravesaba el Rey recibía continuos agasajos, “más copiosos que en otros reinos, porque las poblaciones eran más numerosas y ricas”.

Al poco de llegar se abrieron Cortes, que se prolongaron hasta el 14 de enero de 1702. Felipe V juró las Constituciones catalanas en el salón del Tinell el 14 de octubre de 1701, con lo que, según las leyes y costumbres, los catalanes le aceptaban como su soberano.

En esas Cortes, Felipe V concedió nuevos privilegios, que provenían de la voluntad real y del positivismo jurídico, no de la tradición inmemorial. Por ejemplo, se estableció un Tribunal de Contrafacciones, en el que se enjuiciarían las decisiones reales antes de aplicarlas en Cataluña.

El marqués de San Felipe, cronista del reinado del primer Borbón, escribió:

Por tantas gracias y mercedes que se concedieron se ensoberbeció el aleve genio de los catalanes.

Y el ministro Melchor de Macanaz añadió:

Lograron los catalanes cuanto deseaban, pues ni a ellos les quedó que pedir ni al rey cosa especial que darles, y así vinieron a quedarse más independientes del Rey que el Parlamento de Inglaterra.

En abril de 1702 Felipe V embarcó sin su esposa en dirección a Nápoles, para negociar con el papa Clemente XI el apoyo a su causa y atraerse a la aristocracia napolitana.

Las causas de la Guerra de Sucesión –para muchos historiadores y militares la primera guerra mundial de la historia– son muy variadas, y por supuesto en Cataluña no se reducen a la defensa de un sentimiento nacional independentista. En Cataluña había francofobia generada en el siglo XVII, miedo a la penetración del mercado textil francés en España –en su perjuicio–, deseo de impedir que la corte de Madrid participase en el gobierno de la región, lealtad a las leyes tradicionales y preocupación ante los cambios que introduciría el nuevo monarca.

El primer bombardeo de Barcelona, hecho por ingleses

El archiduque Carlos contó en su favor con el último virrey de Cataluña nombrado por Carlos II, Jorge de Hessen-Darmstadt, que había llegado en 1695 a la región, al frente de tropas imperiales, para combatir a los franceses; con la labor de agentes ingleses y holandeses que agitaban los pueblos con rumores y con la torpeza del virrey borbónico Francisco de Velasco, que ya había ocupado ese puesto bajo Carlos II por poco más de un año.

Pese a lo anterior, un primer intento de desembarco de tropas anglo-holandesas en Barcelona, en mayo de 1704, fracasa porque ningún catalán se unió a los invasores. En esas fechas se realizó el primer bombardeo de Barcelona en la guerra. En su regreso a Lisboa, esa flota atacó y capturó el castillo de Gibraltar.

Al año siguiente, en agosto de 1705, se intentó un nuevo desembarco, con la novedad de la presencia del archiduque Carlos; esta vez se tuvo éxito. En septiembre comenzaron los bombardeos y las batallas. Hessen-Darmstadt murió en un asalto al fuerte de Montjuich, y el 9 de octubre el virrey Velasco rindió la plaza de Barcelona con la autorización de la Generalidad y el Ayuntamiento.

Dos juramentos distintos en tres años

Con el pretendiente en Barcelona, rodeado de bayonetas, cañones y velas inglesas, las elites catalanas pasaron de declararse felipistas a ser austracistas.

El archiduque Carlos celebró Cortes entre el 5 de diciembre de 1705 y el 31 de marzo de 1706, y en ellas aceptó los límites al poder real impuestos por los anteriores procuradores a Felipe V: revalidó el Tribunal de Contrafacciones y aceptó que Cerdeña, Sicilia y Nápoles, que en 1556 la Corona había separado del reino de Aragón para formar el Consejo de Italia, regresasen a la jurisdicción de aquél. A cambio, las Cortes le juraron como rey de España. Un juramento que sucedía a otro emitido en 1702, pero sin tropas de ocupación.

Durante el sitio de Barcelona por el ejército borbónico en 1706, otras Cortes invalidaron los acuerdos de las primeras del siglo XVIII. Cabe comprender la reacción de Felipe V cuando concluyó la guerra, y los ingleses y el archiduque Carlos se desentendieron de los catalanes austracistas.

Otro de los aspectos ocultados por el catalanismo es que numerosos catalanes fueron leales a Felipe V, y no sólo personas individuales, sino ciudades enteras. Javier Barraycoa, autor de Historias ocultadas del nacionalismo catalán, explica que Cervera fue felipista y sus rivales, Anglesola, Guisona y Agramunt, fueron austracistas hasta el punto de conspirar para que Carlos III no le concediera el título de ciudad. Fraga fue felipista contra Lérida y Monzón. Berga y Mora del Ebro, rivales en casi todo, lo fueron también en la guerra: la primera se proclamó a favor de Felipe V y la segunda del archiduque. Como pasó en el resto de España: una guerra civil por la persona del soberano.