«Retratos de Españoles Ilustres» Francisco de los Cobos.

de los cobos
A el no solo se le debe la realización de uno de los mas importantes complejos de la arquitectura privada del renacimiento español, sino que su enorme prestigio y poder será origen de un patronazgo familiar tan fecundo como entramado.
Cobos nacerá en Úbeda en torno a 1477. Hijo de Diego de los Cobos el viejo regidor de la cuidad que había participado en la campaña final de la guerra de Granada, y de Catalina de Molina. Su familia, de notoria hidalguía, no debería de gozar de una acomodada situación económica, tal como nos revela su principal biógrafo -a quien inevitablemente tendremos que seguir en esta breve semblanza biográfica-, el profesor de la universidad de Pittsburg Hayward Keniston.
Muy joven, su tío Diego Vela, contador y secretario de la Reina Isabel, le ofrece un puesto en su despacho, donde aprende la rutina de la administración oficial. Algo mas tarde, será Hernando de Zabra quien le allanará este contacto en el mundo de la burocracia.
En 1503 es nombrado escribano de cámara, siendo este su primer empleo en el circulo oficial de la corte.
Durante estos primeros años de laboriosa ascensión, Cobos recibe ciertos cargos modestos como el de Contador de Granada en 1508, Regidor de Úbeda, Regidor de Granada y, algo mas importante para un futuro conocimiento de los resortes y claves de la administración, el encargo del registro de reales mercedes, donde son fijadas las vacantes y nombramientos del rey. También en 1513, es promovido a escribano del crimen de Úbeda, que no es mas que una sinecura provechosa.
Su estrella política, por fin, comenzara a brillar con luz propia cuando, en 1516 y por influencias de Chiévres, es ascendido a secretario del rey, tras haber tomado un determinante partido por la causa del joven Carlos.
En 1521 don francisco que habia recibido el habito de Santiago dos años antes, es nombrado Comendador de los Bastimentos de León de esta orden militar.
Al año siguiente, el ya secretario y miembro del consejo de su majestad, contrae matrimonio con doña María de Mendoza y Pimentel, hija de los Condes de Rivadavia. Contaba el esposo la edad de cuarenta años; ella, había cumplido los catorce.
Con la caída en desgracia del canciller Gattinara en 1528, el protagonismo político de Cobos alcanza el máximo grado de privanza ante el Emperador. De hecho el no es ya solo el responsable de los asuntos castellanos en la corte, sino que su incursión en la política externa
cada vez es mas firme e influyente, siendo el hombre imprescindible de la política financiera imperial.
No es vano, a partir de 1530, Cobos junto a Gravella, se convierte en el mas prominente eficaz y todopoderoso consejero de Carlos V. Ambos, durante los ocho años siguientes, acompañaran a Emperador en todos sus viajes, siendo sus principales agentes en todas las negociaciones diplomáticas.
Entre tanto Don Francisco no ha descuidado sus intereses personales y, en 1529, ha sido nombrado Comendador Mayor de León de la orden de Santiago, la mas alta distinción que podía recibir un cortesano de su alcurnia, una patente de nobleza capaz de equipararle de su mujer.
Este afán de ennoblecimiento, junto a una voluntad insaciable por acumular una inmensa fortuna personal, hace que a lo largo de esta década el Comendador consiga el nombramiento de Adelantado de Cazorla, con carácter hereditario para sus descendientes, al tiempo que compra a la Corona, dotada de privilegio para desmenbrar territorios y jurisdicciones pertenecientes a las ordenes militares, las villas de Sabiote en 1537 y, un año después, las de Torres y Canena, por un importe próximo a los 100.000 ducados.
En el plano económico, el fundador de la Sacra Capilla deól Salvador había conseguido de por vida y como donación las explotaciones salineras de Nicaragua y tierra firme. Es dueño de los yacimientos mineros de los términos de Vera, Azuaga, Toledo, Navarra, Cartagena y Lorca. Y, sobre todo, percibe como prebenda el cargo de ensayador mayor de los metales preciosos de la Casa de Contratación de la Indias, titulo que le habría de producir pingües ganancias “pues solamente de nueva España obtuvo en dos años y medio, un beneficio de mas de ocho millones de maravedíes”.
Otra donación del Emperador a Cobos, al margen de sus fabulosos emolumentos como secretario y las rentas emanadas de Señoríos, encomiendas y oficios públicos, fue la de los tributos sobre el abastecimiento de carnes de Úbeda, y sobre las alcabalas de las heredades de esta ciudad y la de Jaén, del mismo modo que sobre las rentas del tabaco del “Reino de Andalucía”.
Un manuscrito de Pedro Núñez Salcedo, conservado en el Escorial y titulado “Relación de los Titulos que hay en España; sus rentas, solares, linajes”, nos da para el Comendador Mayor de León unos beneficios anuales de 55.000 ducados, cifra verdaderamente millonaria que es corroborada por Keniston, quien añade que, a su muerte en 1547, sus bienes raíces debían ascender a 347.000 ducados, sin contar con una cantidad próxima a los 45.000 en efectivo.
Bartolomé Bennasar, refiriéndose al panel jugando en la España de Carlos V por la nueva clase política y, en particular, por la figura del Comendador, nos refiere cómo el Emperador en escasas ocasiones convocó a los grandes nobles del consejo “y bajo su reinado ningún noble de elevado rango detentó las responsabilidades y el poder real del secretario Francisco de los Cobos, que no era mas que un noble de escasa importancia en Úbeda”.
Don Francisco de los Cobos, Comendador Mayor de León, Contador Mayor de Castilla es el cantero, cuando no el aparejador, de la política castellana de su siglo. De él el emperador, dice: “porque veys la confianza que yo hago de Covos y la experyencia quel tiene de mis negocios questa mas informado y tiene mas platica de los que nadye, también en ellos y en las cosas que os pareciere tomar su información y consejo, lo toméis”.
En 1546, un año antes de su muerte, el embajador veneciano Bernardo Navagero, escribía que Cobos conocía la naturaleza del César; quizá a ello se debe -decía- el predicamento que goza con su Majestad y que éste jamás rechace lo que le pide.
ubedaCuando se encuentra con el Emperador, -añade- todo pasa por sus manos, y cuando aquel esta ausente, él es el que dirige todos los asuntos de importancia a través del consejo y por su propio juicio”. “.. Paréceme, señor- le decía Antonio Guevara en su dedicatoria de la obra Aviso de Privados o Despertador de Cortesanos-, os debéis mirar y considerar que sois, que podéis y que tenéis y que valéis, y hallareis que entre los consiliarios sois el mayor, entre los ricos el mayor, entre los que tienen mérito el mayor, entre los afortunados el mayor, entre los de vuestra patria el mayor, entre los secretarios el mayor, entre los comendadores el mayor…”  Cobos ha sabido demostrar a lo largo de su carrera profesional una enorme capacidad de trabajo. El trabajo y el servicio incondicional a su señor han sido la guía de su trayectoria vital. Y, al margen de una contagiosa venalidad común a la época y sus usos, el Comendador ha sido siempre, como hijo de su siglo, fiel a sus creencias y leal a su familia: dos principios básicos para comprender la naturaleza de sus iniciativas fundacionales. Pero Cobos no es un humanista; tampoco una persona de letras. Es un hombre que se ha forjado a si mismo en la tenacidad y en la disciplina de sus obligaciones.
Sin embargo, el ejercicio de sus funciones le ha facultado para descubrir directamente Italia y una buena parte de la selecta intelectualidad del momento.
En sus tres periplos por tierras italianas don Francisco ha conocido al Aretino. También, en una fecha tan temprana como 1522 conoce en Ferrara a Ticiano, de cuya amistad hablaremos. En Mantua entabla relaciones con la poetisa Verónica Gambara y en Nápoles con el historiador Paolo Giovi.
En España el Comendador mantiene un contacto obligado y amistoso, en algunos casos fecundo, con personajes como Valdés, Hurtado de Mendoza, Lope de Ayala, Luis de Ávila y Zúñiga, todos ellos intelectuales consagrados.
Es difícil, al referirnos a la figura de Francisco de los Cobos, hablar de una mentalidad coleccionista en el estricto sentido de este concepto. Él, ciertamente, no es un “conaisseur” de arte; tampoco un curioso diletante.
No obstante Cobos, por su poder e influencia -también por amistad-, recibe regalos preciosos, y él mismo no desdeña la adquisición de objetos y obras artísticas capaces de propiciar el prestigio y la reputación siempre anhelados.
Es así que, a lo largo de una vida, el Comendador sabrá acumular un fantástico repertorio de valiosas piezas, cuya heterogeneidad no es más que reflejo de un universo personal donde encuentran cabida las valoraciones más diversas.
Para Cobos este patrimonio, su patrimonio, conseguido durante décadas de dádivas y agradecimientos es, antes que otra cosa, un tesoro entendido como acumulación de riquezas. Por tanto sus colecciones no participan, dicho sea de antemano, de los rasgos esenciales -expresados por Fernando Checa y Miguel Morán- que caracterizan el coleccionismo moderno, cuales son contenido profano y carácter esencialmente privado.
Y hablando de valoraciones, un ejemplo harto significativo lo encontramos en la redacción del documento del Mayorazgo, establecido por Cobos en 1541 a favor de su primogénito el futuro Marqués de Camarasa don Diego de los Cobos. En esta relación se enumeran todas las propiedades e inversiones, así como otros objetos de valor que el matrimonio tenía en suficiente estima como para garantizar su permanencia en la familia.
Y curiosamente, tras la larga lista de posesiones y títulos, el Comendador no incluirá ni una sola obra de arte, no vinculará ni una sola creación artística, aunque sabemos que poseía numerosos cuadros, algunos de Ticiano, y diversas esculturas.
Sí, en cambio, vemos como en esta relación aparece, en primer lugar, una “cama de estado”, minuciosamente descrita, que debía ser estimado como un magnífico tesoro. También figurarán ocho tapices de colgar, tres alfombras que habían pertenecido a Barbarroja, cinco nuevos tapices representando los Triunfos de Petrarca, que don Francisco valora “por ser de tan buen patrón y estofa como son”.
Por último será incluido en este mayorazgo un anillo de oro, con un brillante liso valorado en 1.500 ducados, que el Emperador había llevado en día de su coronación en Bolonia, entregándoselo a Cobos con la dignidad de caballero. Es evidente, pues, que esta joya debía tener para su propietario un fuerte valor sentimental.
En 1521 Cobos obtiene en Colonia de Carlos V su primer obsequio, cuatro cabezas de las vírgenes martirizadas en esa ciudad, junto con la cédula de autenticidad de las reliquias, que luego habrían de figurar en la Sacra Capilla del Salvador de Úbeda.
2413798651_7cafbeaa35Para su palacio de Úbeda don Francisco había encargado, a través del embajador en Roma Micer Mai, una bellísima fuente de piedra. También, en diciembre de 1531, Micer Mai anunciaba la llegada a Alicante, junto a la fuente que aún conservamos, el envío de un busto de Apolo, “una de las buenas piezas de Italia”. Como podemos comprobar, un cierto regusto por los nuevos comportamientos renacentistas, cuando no por un incipiente coleccionismo, sí que había debido de prender ya en la mente del Comendador. Pero las relaciones de don Francisco con el mundo del arte en Italia irían acrecentándose con el paso de los años. Cobos había conocido a Ticiano en Bolonia en su primer viaje a Italia. De este encuentro quedaría una cierta amistad, pues en 1532, en su segundo periplo italiano, el Comendador vuelve a encontrarse en Mantua con el artista, intercediendo por su causa ante el Emperador y consiguiendo que éste fuese retratado por el pintor. Lo demás ya es conocido: Carlos quedaría tan encantado con su retrato que, a partir de ese momento, Ticiano pasará a ser su pintor oficioso de cámara. Por estos meses Cobos parece estar interesado por la pintura y Alfonso d’Este, duque de Ferrara, intentando ganar su apoyo, procura la influencia de Ticiano sobre él. El duque, que poseía una extraordinaria colección -había en aquel entonces entre sus cuadros un retrato del Emperador, otro del mismo duque, otro de su hijo y heredero, una Judith, un San Miguel y una Madona-, sondea a don Francisco, a través de sus agentes en Bolonia, sobre la posibilidad de quedarse con la pintura preferida.
A ello Cobos responde entregando una lista de los cuadros que Ticiano había seleccionado, eligiendo personalmente un retrato del duque y recibiéndose en Génova, meses más tarde, una pequeña remesa con nuevos lienzos.
Por otra parte, sabemos que en 1536 Cobos recibe del Consejo Municipal de Lucca, junto a otros regalos como trajes de seda y dinero en metálico, una serie de cuadros que, según la crónica de Montecatini, fueron examinados por el Comendador con auténtico placer. Lamentablemente, estas obras debieron de desaparecer en el naufragio sufrido por las galeras que las transportaban a España en la misma costa valenciana. Desconocemos, por el contrario, cual debió ser el fin de los cuatro cuadros enviados a don Francisco desde Alemania que menciona Keniston.
Parece comprobado que el Comendador llegó a poseer obras de Ticiano, entre ellas un retrato de la princesa de Inglaterra. También poseyó otros retratos de Diego de Mendoza y Pedro González de Mendoza.
Es indudable que buena parte de estas obras de arte estarían destinadas a la decoración de su palacio en Valladolid, donde Cobos debería atesorar otro tipo de piezas exóticas y valiosas, cuales eran los regalos que Hernán Cortés o Pizarro le habían hecho.
No sabemos, en cambio, si don Francisco llegaría a estar en posesión de una pequeña “cámara de maravillas”, una ,’wunderkammern” manierista, siguiendo la creciente moda coleccionista europea y el propio ejemplo del Emperador. Con cámara o sin ella, lo cierto es que Cobos debió de apreciar y poseer este tipo de objetos “raros” y preciosos, como el manuscrito azteca, posible regalo de Cortés, encuadernado en piel de tigre, que el Comendador entregó al historiador Giovio en Nápoles.
He indicado cómo, con dificultad, podríamos encontrar en Francisco de los Cobos la personalidad de un coleccionista. Su sensibilidad, su estimación de las piezas y objetos de arte, está poseída de una enraizada valoración de uso.
De hecho estas obras, o están destinadas a la dotación litúrgica de su iglesia -en el caso de poseer carácter religioso-, o tienen una objetivación especulativa, cuando no meramente económica. No encontramos, por tanto, el gusto estético, la pasión y la complacencia ante unos objetos solamente reservados a una íntima contemplación.
Sin embargo, el cúmulo de obras de arte, así como su asombrosa calidad artística, que el Comendador llegaría á reunir -sin hacer mención de sus palacios-, en la Sacra Capilla del Salvador es extraordinario.
En marzo de 1563 se lleva a cabo el primer gran inventario de bienes y alhajas pertenecientes a esta capilla. También por estos mismos años, y a tenor de un pleito entablado entre doña María de Mendoza y el obispo de Jaén sobre los privilegios de los fundadores para el nombramiento de capellanes, se abre el correspondiente expediente informativo donde es formulada una encuesta sobre la construcción del templo y la dotación de sus bienes. Varias preguntas de ésta, concretamente la cinco, seis y siete, están referidas a la magnificencia con que tanto el Comendador Mayor, ya difunto, como su esposa han dotado de sus propios bienes a la capilla de “ternos de brocado… muy ricos bordados de alcofar e ymagineria, labrados al romano”, así como “cantidad de plata ricamente labrada dorado y blanco de cálices y patenas y cruces grandes y ricas y candelabros y fuentes y binageras e yncensarios y nabetas y portapaces y relicarios y hostarios y una custodia y otras cosas muchas todo de oro y plata y otra custodia de cristal que todo ello es mucho e muy rico y de muy gran valor…”
Los diversos inventarios realizados por estos años son muy ricos en la exposición de bienes, heredades, alhajas y demás objetos de orfebrería, pero poco precisos en la descripción de obras de arte, altares, cuadros, esculturas, marfiles, etc. Ello, no obstante, no nos impide una aproximación concreta al repertorio de obras que debió ornamentar tan rica iglesia.
El inventario de bienes dotados a la Sacra Capilla de 1563, así como el de 1568 y 1586, son, a nuestro juicio, verdaderamente impresionantes.
En él, junto a infinidad de ricos ornamentos litúrgicos, podemos detectar ya la presencia de “una cruz de plata blanca grande de altar labrada al Romano, tiene en el pie un escudo de las armas de su señoría. Y al cabo un crucifixo y al otro la Concepción y pesa catorce marcos y siete onzas y seis ochavos y media”
De esta cruz, realizada por el platero toledano Francisco Martínez en 1542 -según opinión de Cruz Valdovinos- aún conservamos su extraordinaria macolla y cañón. Otras joyas reflejadas en los primeros listados serían el cáliz de plata sobredorada, con las armas de Cobos en su pie y cuerpo de arquerías conopiales, que la tradición ha mantenido como la copa que Carlos V obsequiara a su secretario.
Al margen de esta creencia, lo cierto es que se trata de una pieza de estilo flamígero desbordante, cuya ejecución puede fecharse en Ávila, aproximadamente en los últimos años del siglo XV.
567◄La otra gran pieza conservada hasta nuestros días es una arqueta relicario, de plata en su base, cresterías de bronce y cristal de roca en sus columnas que, tal vez, pueda ser la “custodia de cristal” que se recoge en los inventarios: un extraño ejemplar de procedencia lombarda hermosamente aderezado. En el ámbito de la pintura existió un selecto grupo de tablas flamencas, seis en total, de cuya presencia ya tenemos cumplida referencia en todos estos primeros inventarios. La primera es una Adoración de los Reyes, pieza atribuida por Angulo a Joos Van Cleves. Una segunda Adoración de los Magos (“dos retablos de la Epiphania grandes”, nos dice la documentación), fue también atribuida por el mismo maestro al círculo de Pieter Coecke.
Una tercera tabla, “otro (retablo) grande del crucifixo y encima a Dios Padre con sus puertas y en lo baxo las marias y S. Juan y la magdalena y en las puertas unas letras de oro sobre negro”, es obra atribuida por Elisa Bermejo a Coecke. Se trataba de un tríptico con la representación en su tabla central de una Crucifixión, mientras que en sus puertas laterales junto a inscripciones latinas- figuraban en su centro pequeños tondos con la Oración del Huerto (derecha) y la bajada al limbo (izquierda).”
Un segundo Calvario, la única obra todavía conservada (“una tabla del crucifixo con nuestra señora y s. Juan y la Magdalena pequeña”), fue también ejecutado, a juicio de E. Bermejo, por Pieter Coecke hacia 1530 .
Este pequeño tríptico permanece depositado en la actualidad en la sevillana Casa de Pilatos.
Finalmente tenemos constancia de que existieron dos nuevos retablos, un Santo Entierro (“otro pequeño de la quinta angustia con sus puertas”) obra -según el parecer de Angulo- del maestro de las figuras de medio cuerpo, así como un bellísimo tríptico con la representación de la Virgen con el Niño, Santa Catalina y Santa Bárbara (“otro grande de nuestra señora con su hijo en brazos, tiene sus puertas y en ellas dos vírgenes”), realizado -siguiendo al mismo autor- por el Maestro de la Santa Sangre.”
Como vemos, nos encontramos ante una pequeña, aunque valiosa, colección de primitivos flamencos.
Son cuadros que respondían a un criterio estético tradicional y que, naturalmente, estaban dotados de un fuerte significante devocional.
Es de suponer, por tanto, que estas obras deberían de ser muy del gusto del Comendador y, sobre todo, de la piadosa doña María de Mendoza, auténtica responsable de la dotación de los enseres y el ajuar litúrgico, reliquias, joyas y demás ornamentos de culto, para la capilla.
Sin embargo, junto a estos cuadros de lenguaje conservador, otras obras de arte ornamentaron la suntuosa fundación. Y esta vez, verdaderamente, sí que podemos hablar de las más renovadoras plasmaciones artísticas conocidas hasta el momento en estas latitudes.
Son todas ellas piezas de extraordinario prestigio, cuyo origen debe ubicarse en las dádivas italianas del Comendador.
De todas ellas, la más importante y, por fortuna conservada, fue la Pietá de Sebastiano del Piombo.
En 1533 Ferrante Gonzaga, decidido a enviar un regalo a Cobos, encarga al pintor veneciano una obra “a guisa di quella (Madonna) della febre” de Miguel Ángel.”
Gonzaga había elegido la propuesta del propio artista, un cuadro con la representación de Nuestra Señora sosteniendo a su Hijo entre los brazos, que no sería concluido hasta 1539, tras una larga disputa sobre su valoración económica entre el pintor y el agente de Ferrante, Nicolás de Cortona.
La pintura se había realizado sobre una gran plancha de pizarra enmarcada por listones de piedra. Un verdadero problema para su transporte que, efectivamente, nunca se hubiera podido realizar a lomos de mula o en litera;” motivo por el cual se hizo necesario alquilar una fragata que, junto a la presencia de un asistente, recogería la pieza en Ostia.
El cuadro, que ya aparece en el inventario de 1563 (“otro grande de nuestra señora con su hijo en brazos”), es magistral, pues el autor sabe compaginar en él la presencia de una imagen sencilla y legible, donde se combinan emoción y hieratismo, con el sentido de abstraccción formal propio del Manierismo. En resumen, una obra que ya anticipa la exposición de un lenguaje directo, cuando no inmediato, propia de la doctrina artística de la Contrarreforma.
443Otra obra importante, perteneciente a los fondos de la Sacra Capilla -aunque no figure relacionada en los iniciales inventarios- es la Magdalena penitente, conservada en la actualidad en la Casa de Pilatos, atribuida tras su reciente restauración en el Metropolitan Museum de Nueva York al pintor sienés Sodoma, Givanni Bazzi (1477-1549). La tabla presenta en su ángulo inferior izquierdo, sobre la moldura, la siguiente inscripción: “ALVARI DE MEa ABOLENSIS”, por lo que, con absoluta certeza, debió de tratarse de un regalo a doña María de Mendoza de su hermano, don Álvaro de Mendoza, obispo de Ávila. Mas de todas estas obras la más preciada para los Fundadores de la Sacra Capilla, la auténtica joya del legado, será la mítica escultura en mármol de Carrara de San Juan Bautista, atribuida en 1930 por don Manuel Gómez Moreno a Miguel Ángel. En el decenio de 1570, Gonzalo Argote de Molina, al emitir una semblanza biográfica de don Francisco de los Cobos, en referencia a su iglesia de San Salvador, nos señala la presencia en su interior de esta pieza escultórica: “donde se ve en el altar mayor un San Juan niño de alabastro (que dizen le presentó -a Cobos- el Senado Veneciano) joya de excelente escultura”.”
La estatua habría sido donada a don Francisco en su primer viaje a Italia, entre 1529 y 1533, cuando acompañaba -según el célebre genealogista- al César con motivo de su coronación imperial en Bolonia. Tal vez, es otra hipótesis, la pequeña escultura (130 cm incluido plinto) podría haber sido entregada en 1532 a don Diego Sarmiento de Mendoza, cuñado de Cobos, cuando visitó en compañía del embajador español a la Serenísima.
La imagen, al menos en 1563 permanecía depositada en el Castillo de Sabiote, señorío del Comendador. Ello debió estar originado por las obras del nuevo antepecho y gradas que aún, en aquel momento, se están llevando a cabo en la capilla mayor de la iglesia. Cinco años más tarde figurará ya, en su definitivo emplazamiento, la escultura que es reflejada en los inventarios como “un S. Ju° bapta debulto de alabastro.”
En 1570, y con motivo del pleito ya mencionado entre el Ordinario de la Diócesis y doña María de Mendoza, dentro de las diligencias abiertas, es formulada una pregunta a los testigos presentados por la familia del siguiente tenor: “Yten si saben que demás de lo contenido en la quinta y sesta pregunta deste ynterrogatorio ansimesmo el dho. comendador mayor y la dha. doña maria de mendoza su muger an dado y donado a la dha. capilla de la concepcion e iglesia de san salvador munchas reliquias de grande valor y estimacion y un San Juan Baptista de alabastro ymagen de grandisima debocion y la talla desta vista por grandes maestros que an ydo a la dha. ciudad de Úbeda y rodeado munchas tierras solo por la ber dizen y an dicho que es pieça de ynestimable valor por la gran perfeccion que tiene…”
De la imagen no hay historiador, genealogista o viajero, que no haga mención en sus relaciones. Sin embargo, nadie ofrece el menor dato sobre su posible autoría. Sólo Enrique Romero de Torres, en su malogrado Catálogo Monumental de la Provincia de Jaén, tras dar cuenta de ella añade un brevísimo comentario: “Algún escritor ha dicho (se refería a A. Cazabán) no sé con qué fundamento, que esta pequeña escultura era de Benvenuto Cellini”
Por fin, en 1930, Gómez Moreno expone su tesis sobre la escultura: este San Juan Bautista es el realizado por Miguel Ángel a finales de 1495 para Lorenzo de Pierfrancesco Medici Popolani.
En efecto, por Ascanio Condivi en su Vita de Michelangelo Buonarroti, publicada en Roma en 1553, conocemos que el artista realiza un San Giovannino para Lorenzo Pierfrancesco Medie¡. Poco tiempo después, Vasari en la segunda edición de sus Vite (Florencia, 1568), insistiría de nuevo en la existencia de esta pieza, añadiendo que había sido realizada en mármol.
Estas lacónicas noticias son referidas por Borghiani en 1584, aunque ya -un siglo más tarde-, clásicos como Baldinucci aseguran que jamás ha podido encontrarse esta obra de juventud del Maestro florentino, que es dada desde muchos años atrás por desaparecida.
La obra, según todos los mencionados autores, debió de haber sido ejecutada a finales de 1495, una vez regresado Miguel Ángel desde Bolonia a Florencia, tras estabilizarse la situación política en la ciudad, siendo realizada por encargo de Lorenzo de Medici, miembro colateral de la familia y personaje simpatizante de la república popular inspirada por Savonarola.
Gómez Moreno no duda de su descubrimiento. Su San Juanito, “cuyo examen plástico arguye una perfección irreprochable”, constituye una obra tan ajustada a los cánones miguelangelescos “que parece indudable el asentamiento de la crítica en este sentido”. Y añade lo siguiente: “Baste consignar como iguales la roca sobre la que posa esta imagen y las de Baco, la Piedad del Vaticano y el David, obras escalonadas entre 1497 y 1503; las facciones del rostro van bien con las del ángel y S. Proclo, en el sepulcro de Santo Domingo, en Bolonia, que datan de 1494; la técnica de los dedos, con rayas marcando sus conyunturas; la del pelo y las lanas; los oscuros obtenidos por filas de hoyitos hechos a trépano; el equilibrio de masas; todo en fin, comprueba lo arriba dicho”.”

0seven

Para concluir, sí que tendríamos que añadir que autores recientes, entre ellos Tolnay, sin entrar en una larga e irresoluble polémica identificatoria -como la mantenida sobre las diversas hipótesis de la misteriosa imagen desde el siglo XIX-, no ha negado el carácter claramente miguelangelesco de la estatua española, incluyendo la obra entre las netas atribuciones del Maestro, cuando no pieza de su taller.`
Don Francisco De Los Cobos y Molina. Un hombre del Renacimiento
Para finalizar sólo unas breves notas sobre la personalidad de su fundador, Don Francisco de los Cobos. Un hidalgo ubetense, hijo del Regidor Don Diego de los Cobos, quien extraído del patriciado urbano, supo constituir en su momento el máximo exponente de una nueva y dinámica promoción de hombres de Estado al servicio del mayor Imperio de la época. En este caso, la nobleza del dinero y la eficacia política había sustituido a la vieja nobleza de la sangre.
Fue su fundador un cortesano humanista, un nuevo ciudadano occidental, vitalista y abierto, conocedor, por sus constantes viajes, de los renovados modos de vida. Pero es también, en cierta medida, un auténtico burgués, un personaje de enormes posibilidades políticas y económicas. Fue Francisco de los Cobos Secretario de Estado de Carlos V, Secretario del Consejo Supremo, Comendador de León y señor de varias villas. Por lo demás, en el terreno económico, percibía en vida, como donación, las explotaciones salineras de Nicaragua y Tierra Firme, así como también era dueño de los yacimientos mineros de los términos de Vera, Azuaga, Toledo, Navarra, Cartagena y Lorca. Percibía como prebenda el cargo de ensayador mayor de los metales preciosos de la Casa de Contratación de las Indias, título que le producía enormes ganancias, «pues solamente de Nueva España obtuvo en dos años y medio, un beneficio de más de ocho millones de maravedíes» . Otra donación del Emperador a Cobos fue la de los tributos sobre el abastecimiento de carnes de Úbeda, y sobre las alcábalas de las heredades de esta ciudad y la de Jaén, del mismo modo que sobre las rentas del tabaco del Reyno de Andalucía. Según un manuscrito de Pedro Núñez Salcedo, conservado en El Escorial, titulado «Relación de los títulos que hay en España; sus rentas, solares, linajes», sabemos que la renta global del Comendador debía ser de unos 55.000 ducados anuales.
Fue Cobos, en definitiva, un hombre del Renacimiento, el hombre que levanta un templo a Dios Salvador y, a un mismo tiempo, como autoafirmación de su nuevo status, a sí mismo, a su propia memoria y a la de su familia.

_____________________________________

3451292356_57b81b70fe_o

Epílogo
Cuando su padre muere en 1530 se plantea la ampliación del palacio comprando nuevas propiedades contiguas. Llama a Luis de Vega, el arquitecto que ha hecho su palacio de Valladolid, y encarga en Roma una fuente de piedra para el patio que fue entregada en el puerto de Alicante. Vega llega en 1532 y diseña un gran plano que se conserva en el archivo de Simancas. La casa diseñada medía casi 50 metros de fachada, con un fondo de algo más de 66 metros, un huerto de 31 metros, 2 pisos, patio y corrales. La fuente sigue funcionando en la plaza Juan Vázquez de Molina frente a la Capilla de El Salvador. Del palacio sólo queda la fachada, el patio y algunas habitaciones. Gastó mucho dinero en esta casa y casi no la habitó pero suponía un signo de distinción y de prestigio, que tuvo uno de sus momentos más memorables cuando el Emperador y su esposa, la Emperatriz Isabel, se alojaron en ella con motivo de su visita a Úbeda.
En este palacio murió el 10 de mayo de 1547.
Como hicieran otros nobles, Cobos no sólo edificó palacios (Úbeda y Valladolid) sino que edificó también capillas como la que decidió levantar en esta parroquia, la Capilla de la Concepción. Pidió el permiso al obispo de Jaen, que se lo concedió en 1525, pagando cuatro mil maravedíes. Hasta 1940, en las ruinas de la parroquía,se podía ver la portada gótica de la capilla. A ambos lados del altar aparecían los escudos heráldicos de los Cobos, Molina, Mendoza y Sarmiento. Será en esta capilla donde se bautizará a su nieta, la hija de Diego de los Cobos.
San Juanito antes de la GuerraPero, sobre todo, hay que destacar la bella Capilla de El Salvador. Con este monumento y tumba, Cobos y Mª de Mendoza, su mujer, quisieron demostrar su poder y prestigio. No fue una capilla adosada a una iglesia como la de la Concepción de Santo Tomás sino que tomó como modelo la Capilla Real de Granada, levantada por Fernando el Católico para que sirviera de lugar de enterramiento para él y para la reina Isabel. En 1536 firmó el contrato con Alonso Ruiz y Vandelvira para levantar la capilla siguiendo los planos de Diego de Siloé. Jamete se encargó de la realización de la sacristía que se considera una de las joyas del renacimiento español y se contó hasta la Guerra Civil con un retablo de Berruguete. En 1541, el papa Paulo III confirmó el privilegio de la capilla y autorizó a Cobos a fundar un monasterio y una universidad en Úbeda. Dª Mª de Mendoza estimó en unos 50.000 ducados (más de dos millones de euros actuales) los gastos generados en su construcción y dotación. Hasta 1936 se encontraba aquí una figura hecha en alabastro de San Juan que se supone que fue la que hizo Miguel Ángel en 1493 para Lorenzo de Médicis.
Anuncios

«Retratos de Españoles ilustres» Alonso de Ojeda.

alonso de ojeda
Don Juan Rodríguez de Fonseca, que culminaría su carrera eclesiástica ocupando la silla episcopal de Burgos, era, según Las Casas, «muy capaz para mundanos negocios, señaladamente para congregar gente de guerra para armadas por la mar, que era más oficio de vizcaínos quede obispos».
Ello explica que a partir del segundo viaje colombino, en cuya preparación, siendo arcediano de Sevilla, intervino decisivamente, ocupase cargos de tanta relevancia como presidente del Consejo de Indias y miembro de la Casa de Contratación para asuntos comerciales.
Probablemente fue este prelado quien promovió o autorizó el primer viaje al Nuevo Mundo capitaneado por Alonso de Ojeda, que inauguraba las campañas ajenas al descubridor genovés.
Pese a los derechos oficialmente reservados al almirante colon, el horizonte de las tierras recién halladas era excesivamente ancho para ser un privilegio familiar; así debió de pensarlo Fonseca cuando decidio encomendar una nueva expedición a Ojeda, distinguido por su actitud durante el segundo viaje de Colón.
Aunque sabemos poco de la carabela preparada para esta campaña, a la que quizá se incorporó otra apresada en la costa africana, sabemos que llevaba entre sus tripulantes , el cartógrafo Juan de la Cosa, veterano de otras navegaciones que iba a perfilar como piloto mayor de este viaje su celebre planisferio y el florentino Américo Vespucio, en su primer viaje al continente que inmortalizó su nombre. También se contaban entre los tripulantes, el capitán Hernando de Guevara, los pilotos Juan Vizcaíno, Juan Sánchez Chamorro y Juan López de Sevilla, así como los contramaestres Nicola Veneciano y Pedro Mateos .
Ojeda, nacido en Cuenca hacia 1466, tenía entonces poco más de treinta años, si bien se había distinguido ya por su valor y su fortaleza física tanto en la conquista de Granada como en la segunda expedición colombina, durante la cual llevó a cabo el reconocimiento de la isla Guadalupe, descubrió en la isla Española la zona montañosa de Cibao y soportó con ejemplar entereza los ataques del cacique Caonabó, al que apresaría al fin, mereciendo por ello una concesión de tierras en la Managua dominicana.
Dejando a un lado las vicisitudes de los tres viajes que él mismo mandó, Ojeda vivió pobremente sus últimos años en la isla Española, donde moriría en 1515, quizá, retirado en un convento franciscano. La descripcion fisica nos la destacó Bartolomé de Las Casas: «Pequeño de cuerpo, pero muy bien proporcionado y muy bien dispuesto, hermoso de gesto, la cara hermosa y los ojos muy grandes, de los más sueltos hombres en correr y hacer vueltas y en todas otras cosas de fuerzas».
La primera campaña de Alonso de Ojeda se inició a dos pasos de Cádiz, en el Puerto de Santa María, el 18 de mayo de 1499, desde donde se encaminó a la costa africana. Más tarde se acusó a Ojeda de haber vendido armas y pólvora a los moros de Safi (Marruecos) y de haberse apoderado aquí de una nave onubense con la que siguió viaje a la isla canaria de Lanzarote. Debía Ojeda de sentirse pobremente aparejado, porque tampoco se libró de una denuncia por ciertas sustracciones de toneles, cabos y aparejos llevadas acabo sobre otros buques fondeados en la misma isla y hurtados de un almacén propiedad de doña Inés de Peraza, hija de aquella gobernadora lanzaroteña, doña Beatriz de Bobadilla, de quien Colón se sintió enamorado. De Lanzarote siguió a Fuerteventura, Gran Canaria, Tenerife y Gomera.
Ojeda conocía la derrota y cartas trazadas durante el tercer viaje de Colón, y pretende ahora seguir una vía parecida aunque quizá más próxima a la línea ecuatorial. A los veinticinco días de abandonar las Canarias avistan los expedicionarios el continente americano, más al sudeste de donde lo había hecho el almirante, ante las Guayanas y costean la tierra firme pasando por el extenso delta que el Orinoco dibuja antes de morir en el Atlántico, para llegar después al golfo de Paria, dejando por estribor la isla de Trinidad.

Viajes_de_Alonso_de_Ojeda

Despues de mantener relaciones pacíficas con los indígenas de las riberas, siguieron hacia poniente de la tierra firme, se metieron por las Bocas del Dragón, entre aquella isla y la península de Paria. Ya en pleno mar caribeño, navegaron a largo de la costa continental, se detuvieron en la isla la Margarita, cuyo interior reconocieron, para hacerlo más tarde en Chichiriviche, al sur de la isla de Bonaire y no lejos del actual Puerto Cabello, donde sostuvieron escaramuzas con los naturales. Pasaron también a la isla de Curaçao, que bautizaron de los Gigantes, hacia el 9 de agosto, navegando entre la isla de Aruba y la península de Paraguaná, hallaron un hermoso golfo en cuya ribera occidental llamó la atención de los españoles un poblado palafítico, con viviendas construidas sobre estacas hincadas en el fondo del agua, lo que sugirió, a Américo Vespucio, el recuerdo de Venecia, razón del diminutivo Venezuela qúe hoy da nombre al gran país sudamericano.
Más al sur, llegaron al actual lago de Maracaibo, que nombraron puerto de San Bartolomé. Los nativos rodearon con sus canoas a las naves españolas, pero después cambiaron su disposición amistosa por una abierta hostilidad, a la que Ojeda respondió abriendo fuego y causando algunas víctimas. De allí se llevaría una joven prisionera, útil como intérprete, que le acompañaria en su siguiente viaje a través del Atlántico.
La expedición continuó hacia el oeste, bordeando la península de Guajira hasta el cabo de la Vela, hoy territorio colombiano, representado por Juan de la Cosa, en su carta firmada en el año 1500. En este punto, que señala el límite de sus descubrimientos, cargaron palo campeche y fueron hacia el norte en busca de bastimentos y de una buena carena de la que tan necesitadas iban las carabelas.
El 5 deseptiembre fondeaban en el surgidero de Yaquimo, en la zona de Xaragua, de la isla Española, hoy bahía haitiana de Jacmel. Aquí abandonaron la más maltratada de sus naves y, después de algunos problemas con los españoles residentes en aquella isla, Ojeda partió hacia el norte, hizo—pese a la prohibición real— algunos esclavos en las Bahamas y alrededor del mes de junio estaba de regreso en España.
Aunque se sirvió de cartas o relatos del tercer viaje de Colón, se ha de atribuir a Ojeda el avistamiento de una zona continental que abarca más o menos desde los 5° de latitud Norte, en el actual territorio de las Guayanas, hasta el delta del Orinoco, ya observado por Colón en su tercer viaje, sobre los 9° por encima de la línea equinoccial; la primera exploración por el interior de la isla Margarita y el descubrimiento de las costas e islas que las cartas geográficas representan desde la península venezolana de Araya hasta el colombiano cabo de la Vela. Segun parece fue Ojeda el primer español que puso pie en la América del Sur.
Si bien el primer viaje no rindió beneficios tangibles y aún supuso una considerable merma de su patrimonio, Ojeda comenzó pronto a gestionar la organización de una nueva campaña hacia la misma región por él descubierta. El 8 de junio de 1501, los reyes autorizan a Rodríguez de Fonseca para que dé licencia a Ojeda a fin de que pueda volver a la Costa de las Perlas (zona próxima a Margarita, excluida la de Paria) e incluso establecer allí alguna factoría comercial. Al mismo tiempo se le nombraba gobernador de la provincia de Coquibacoa, nombre actual de un municipio próximo a Maracaibo, pero que entonces designaba a lo que los españoles habían bautizado como Venezuela.
La ayuda financiera de dos socios, Ocampo y Vergara, que también participarían en el viaje, permitió reunir en esta ocasión cuatro naves: La Santa María de la Antigua, capitaneada por el citado García de Ocampo; la Santa María de Granada, al mando del socio Juan de Vergara; la carabela Magdalena, que obedecía a Pedro de Ojeda, sobrino de Alonso y el carabelón o bergantín Santa Ana, bajo las órdenes de Hernando de Guevara, veterano de la expedición anteriormente relatada, todos obedientes a Ojeda, capitán general de la empresa.
La flota partió de Cádiz a principios de enero de 1502 y quizá huyendo del mal recuerdo que la campaña anterior había dejado en las Canarias, no se detuvo hasta la isla de Santiago en cabo verde, donde los tratos con los portugúeses para hacer provisiones dieron lugar a varios incidentes.
Hacia el 10 de marzo, con la despensa exhausta y los estómagos clamando consuelo, llegaron los españoles al golfo de Paria y, conforme a las instrucciones recibidas, siguieron camino al oeste. El día 24, a la vista de la isla Margarita, un accidente de mar causó la pérdida del carabelón Santa Ana. Se detuvieron en un punto de la península de Paraguaná que llamaron Valfermoso, hoy Coro, sin evitar refriegas con los naturales.
38123455

Colección de cromos sobre Ojeda

La necesidad aconsejó a Ojeda envíar la nao Granada, con Juan de Vergara por capitán, para traer víveres desde Jamaica, a donde partió el 12 de abril.Ojeda pasó el golfo de Venezuela y continuó hasta el puerto de Santa Cruz, actual bahía Honda, en la península de la Guajira y a poca distancia del ya descubierto cabo de la Vela. Pese a la enemistosa actitud de los naturales ribereños, quiso fundar allí y no en la Costa de las Perlas, una colonia. Su propia gente, recelosa por el hecho de que Ojeda hubiese reclamado el depósito de todo el oro procedente de los indios, mostraba su descontento, al que tampoco eran ajenas el hambre y las fatigas. La situación incitó a Juan de Vergara, ya de regreso de Jamaica, a aliarse con García de Ocampo para quitarle el mando a Ojeda y llevarle preso a Santo Domingo, lo que sucedía por el mes de junio de 1502.
Despues de pleitear en la Española, parece que, valiéndose de la influencia de Rodríguez de Fonseca, consiguió Ojeda volver libre a España antes de que terminase aquel año.
Los pobres resultados de la segunda expedición están bien a la vista: Ni descubrió nuevas tierras, ni llevó a cabo una fundación estable, ni consiguió mantener un trato amistoso con los habitantes de las tierras visitadas.
Aunque en 1504 la Corona había firmado una capitulación con Ojeda, permitiéndole establecer un asentamiento en las proximidades del golfo de Urabá, también llamado Darién del Norte, en la costa noroccidental de la actual Colombia, dejando a parte el territorio ya descubierto por Colón y Rodrigo de Bastidas, no hay ningun dato de que tal proyecto se hubiese realizado.
La Junta de Burgos de 1507 autorizó exploraciones de Ojeda en la costa de Nueva Andalucía, desde el cabo de la Vela hasta el golfo de Urabá, reservando para Diego de Nicuesa la ribera del Darién hoy panameño, ambos con títulos de gobernadores.
Para esta empresa consiguió Ojeda la colaboración del sevillano Martín Fernández de Enciso, autor del que sin duda fue el primer libro sobre el Nuevo Mundo, «Suma de Geographia que tracta de todas las partes etprovincias del mundo, en especial de las Indias» , publicado en 1519. Logró alistar cuatro buques y enrolar dos centenares largos de hombres, entre los que iban dos de especial relieve: El cartógrafo montañés Juan de la Cosa, ahora teniente de gobernador, y un soldado de 33 años llamado Francisco Pizarro, que hacía sus primeras escaramuzas por tierras americanas.

Después de discutir con Nicuesa el límite de sus concesiones, y de establecerlo en el actual río colombiano de Atrato, el 10 de noviembre de 1509 partió Ojeda con sus barcos desde la isla Española. Pocas jornadas después estaban en la zona de la actual Cartagena de Indias; los contactos con los indígenas no fueron cordiales, pese a las protestas del gobernador justificando las refriegas. Juan de la Cosa, conocedor de que los indios usaban flechas emponzoñadas, recomendó una actitud comedida, pero Ojeda atacó; y aunque al principio resultó victorioso, persiguió a los indios en su huida hasta Turbaco, donde los hábiles flecheros sorprendieron a los españoles y les causaron un centenar de muertos, entre ellos el propio Juan de la Cosa. Sólo la imprevista llegada de Diego de Nicuesa permitió el desquite de Ojeda, que causó gran mortandad entre los naturales.

El 10 de febrero de 1510 estaba Ojeda en el golfo de Urabá y funda ese mismo día la villa de San Sebastián, con un fuerte para ponerse a salvo de los ataques indios. El hambre, las enfermedades y las flechas «con hierba» empezaron a hacer verdaderos estragos, a los que no ponía remedio la presencia de la nave que supuestamente preparaba Fernández Enciso en la isla Española.
El propio Ojeda cae herido de flecha envenenada y soporta con la aplicación de dos planchas de hierro candente, la tremenda cauterización de una pierna, así como la invalidez consiguiente. Era tan grave la situación, que el gobernador decide ir a la Española en busca de refuerzos y dejar en San Sebastián a sus hombres al mando de Pizarro, quien tampoco tardaría en levantar el campo y trasladarse con su gente a un emplazamiento más saludable y seguro. Corría el mes de mayo de 1510 cuando Ojeda, aprovechando la presencia en aquellas aguas de un barco robado por un tal Bernardino de Talavera, consiguió que éste le llevase hasta Cuba y después de durísimas peripecias consiguió llegar hasta la Española.  Sus gestiones no consiguieron el auxilio necesario para la gente de San Sebastián, y parece que murió pobre hasta el extremo en Santo Domingo, en 1515.
Salvo algún recoveco costero, no puede decirse que Alonso de Ojeda hubiese descubierto la zona que va desde Cartagena al golfo de Urabá, aguas ya navegadas por Bastidas. Brilló su valor, pero con su audacia mezcló la imprudencia .
De esta última campaña se recordará la fundación de la villa de San Sebastián, precedente primerísimo en tierra continental de los muchos asentamientos europeos que allí registra la Historia.

«Retratos de Españoles ilustres» Martín Alonso Pinzón.

pinzon
Los hermanos Pinzón eran de Palos de la Frontera, Huelva y participaron activamente en el primer viaje de Cristóbal Colón, ya que nadie estuvo dispuesto a enrolarse en la hazaña hasta que el mayor de los hermanos, Martín Alonso, rico y afamado armador (constructor de barcos) de la zona, dio su apoyo a la empresa.
Durante el viaje los hermanos mostraron en varias ocasiones sus dotes como expertos marinos y como líderes, ya que supieron resolver las más diversas y difíciles situaciones, como la avería en la Pinta, cuando antes de llegar a las Canarias se rompió el timón. Ellos fueron capaces de seguir navegando.
Entre el 6 y el 7 de octubre de 1492, Colón entrenta dificultades para dirigir a la tripulación desanimada de La Santa María. Entonces el mayor de los Pinzón con sus dotes de mando consigue resolver la situación, poniendo la condición de que navegarían con el mismo rumbo tan sólo tres días más. Si durante ese tiempo no encontraban tierra volverían a España.
Después del naufragio de la Santa María el 25 de diciembre, Vicente Yáñez Pinzón al mando de La Niña acude al rescate de los compañeros que se encontraban en aquella difícil situación.
Una vez situados en territorios americanos, Martín Alonso, al mando de La Pinta, abandonó al almirante el 21 de noviembre de 1492 y continuó navegando por su cuenta. Colón nunca se lo perdonó. El 6 de enero se volvieron a encontrar en la costa norte de La Española.
Las circunstancias y motivaciones de la deserción de Martín Alonso no están claras: quizá intentara descubrir por su cuenta el oro que tanto buscaban. Pero sea cual fuese la causa de la separación, aquí comenzaron sus desavenencias con Colón, que lo llegó a acusar de traición.
Emprendieron juntos el viaje de regreso a España en la Pinta y la Niña, pero una tormenta separó las naves, y la Pinta llegó primera a Bayona, en las costas de Galicia, antes de que Colón arribara a Lisboa. Desde Bayona envió un informe de lo acontecido en el descubrimiento a los Reyes Católicos. Vicene Yáñez se dirigió ya gravemente enfermo a Palos, donde entró el 15 de marzo de 1493, pocas horas después de que lo hubiera hecho Colón.
BREVE BIOGRAFÍA DE LOS HERMANOS PINZÓN
Martín Alonso Pinzón, (aprox. 1440 – 1493) era el mayor de los tres, participó como capitán de La Pinta y aportó una parte de los gastos en metálico del viaje descubridor. Gracias a su reconocido prestigio como armador y marino experto se consiguió enrolar a la tripulación necesaria para el primer viaje colombino, ya que tenía una destacada influencia en toda la comarca. Para él fue letal el viaje, ya que falleció a los pocos días de regresar de las nuevas tierras descubiertas. Había viajado desde joven por el Mediterráneo y por la costa atlántica de África, haciendo fortuna acumulando experiencia y conocimientos sobre artes náuticas, geografía y cartografía.
Francisco Martín Pinzón, (aprox. 1445-1502) era el segundo de los hermanos, participó como maestre de La Pinta. En 1498 Francisco participó también en el tercer viaje de Colón, en el que el Almirante llegó por primera vez al continente. Es en ese mismo año cuando la Corona decide acabar con el monopolio descubridor de Colón y permitir que otros marinos fueran a descubrir. A esta serie de viajes realizados por otros marinos se les conoce como viajes menores o andaluces. En 1502 Francisco vuelve a embarcar con el Almirante Colón en su cuarto y definitivo viaje, y fue en esta expedición en la que se supone que el mediano de los Pinzón murió ahogado.
Vicente Yáñez Pinzón, (aprox. 1462- 1514) era el menor de los hermanos, participó como capitán de La Niña en el viaje descubridor. Realizó otros descubrimientos por su cuenta. Está considerado por varios historiadores como el descubridor del Brasil. Realizó posteriormente, por cuenta propia o de la Corona, tres viajes más al Nuevo Mundo. Primer marino europeo que navegó por el hemisferio Sur, descubridor del Brasil, explorador del río Amazonas y pionero en los viajes por el Golfo de México. Fue nombrado por los reyes Piloto Real, Asesor, Caballero, Capitán General y Gobernador de Puerto Rico.
Resumen Biográfico de los hermanos Pinzón
Martín Alonso Pinzón
Martín Alonso Pinzón (Palos de la Frontera (Huelva); 1441 – ibidem; 31 de marzo de 1493), navegante y explorador español, codescubridor de América.
Navegó junto con Cristóbal Colón en su primer viaje al Nuevo Mundo, en 1492, como capitán de la Pinta. Martín Alonso nació en Palos de la Frontera, en el seno de una familia acomodada de marineros. Era el mayor de los hermanos Pinzón y arrendatario de las carabelas Niña y La Pinta. Sus hermanos Vicente Yáñez y Francisco Martín Pinzón fueron en el primer viaje colombino como capitán y maestre de la Niña, respectivamente.
La familia Pinzón de Palos
Entre las más destacadas familias que habitaban en Palos en el siglo XV encontramos a los Pinzón. Una familia de origen aragonés que llegó a Andalucía procedente de Asturias, siendo su apellido, según algunos, deformación del término Espinzas o Pinzas. Para otros, en cambio, el verdadero apellido familiar sería Martín, nombre del abuelo, marinero y buzo en Palos, al que apodaron Pinzón cuando quedó ciego, ya que era muy aficionado a cantar y recordaba a los palermos a los pájaros pinzones, a los cuales cegaban para que cantaran mejor. Su hijo, también marinero e igualmente llamado Martín, fue el padre de los tres hermanos que participaron en el Descubrimiento de América: Martín Alonso, Vicente Yáñez y Francisco Martín Pinzón.
Martín Alonso navegó desde niño en las carabelas palermas como grumete. Vivía en una casa situada en el antiguo camino real a la Rábida, y contrajo matrimonio con una vecina de la localidad llamada María Álvarez. Tuvieron cinco hijos. Dos varones: Arias Pérez y Juan Pinzón, que participarían en varias expediciones por tierras americanas, y tres niñas: Mayor, Catalina y Leonor, la pequeña, que sufría frecuentes ataques de lo que antiguamente llamaban “gota coral” y que actualmente se denomina epilepsia.
Su experiencia náutica y audacia le proporcionaron buenos rendimientos en sus viajes de cabotaje, llegando a tener una holgada situación económica. Tuvo embarcaciones propias en las cuales se enrolaban los marinos de toda la comarca. Su fama y prestigio crecieron gracias al éxito de sus expediciones comerciales y al valor que demostró en las armadas de guerra durante el conflicto entre Castilla y Portugal.
Los preparativos del viaje
Cuando el 23 de mayo de 1492 se leyó a los vecinos de Palos la Real Provisión por la cual ordenaba a ciertos vecinos entregar dos carabelas a Colón y partir con él en el viaje que iba a realizar por mandado de Sus Altezas, la villa acata la decisión real pero no la cumple. Los marinos palermos no estaban dispuestos a embarcarse en aquella aventura con un desconocido sin prestigio. Independientemente de la mayor o menor credibilidad de las ideas colombinas, los hombres de Palos difícilmente secundarían al genovés a no ser que le acompañara algún navegante respetado en la villa. La aventura, arriesgada y, sobre todo, de ganancia incierta, no presentaba grandes atractivos. La oposición y la indiferencia por el proyecto colombino debieron ser generalizados, ya que el mandamiento real implicaba suficientes razones para sembrar el descontento en el puerto palermo.
Esa era la situación cuando Martín Alonso Pinzón regresó de Roma de uno de sus habituales viajes comerciales. Como ya se ha apuntado, era un hombre pudiente, diestro en el arte de navegar y de gran prestigio en la comarca. En definitiva, Pinzón poseía los atributos de los que carecía Colón, presentándose, por tanto, como el complemento ideal del futuro Almirante para realizar la expedición. Fueron los franciscanos de La Rábida los que pusieron en contacto al genovés con el marino palermo. También Pero Vázquez de la Frontera, viejo marino de la villa muy respetado por su experiencia, y amigo de Martín Alonso, influyó de manera importante para que Pinzón se decidiera a apoyar la empresa. En los Pleitos colombinos, el testigo onubense Alonso Gallego recordaba haber oído decir a Colón:
Señor Martín Alonso Pinçón, vamos a este viage que, si salimos con él y Dios nos descubre tierras, yo os prometo por la Corona Real de partir con vos como un hermano. (Pleitos colombinos).
Sea cual fuere el motivo del palermo, lo cierto es que, cuando decide incorporarse a la expedición, inicia una enérgica campaña de apoyo al viaje, animando a enrolarse a los más destacados marinos de la zona, entre otros a los Quintero de Palos o los hermanos Niño de Moguer. Desechó los barcos que había embargado Colón, contrató otros navíos más adecuados y aportó de su hacienda medio millón de maravedíes, la tercera parte de los gastos en metálico de la empresa.
Ultimados los preparativos, el 3 de agosto la Santa María, la Pinta y la Niña partieron del puerto de Palos. Colón en su Diario sólo tiene palabras de elogio para Pinzón, que se muestra muy eficaz en la resolución de los problemas que van surgiendo.
Réplica de la carabela “La Pinta” en el Muelle de las Carabelas de Palos. Su capitán fue Martín Alonso Pinzón el mayor de los tres hermanos.
Viaje descubridor
Iniciada la travesía, Martín Alonso asumió el mando de la Pinta y llevó consigo a su hermano Francisco como maestre. Su hermano Vicente iba como capitán de la carabela Niña. Colón anotó en su diario palabras elogiosas al comprobar sus cualidades y eficacia ante los problemas. Durante la travesía, demostró sus habilidades de marinero cuando resolvió el problema de la rotura del timón de La Pinta y pudo seguir navegando.
Entre el 6 y el 7 de octubre, cuando el malestar, el cansancio y los deseos de regresar, que el cauto ligur preveía, comenzaron a cundir entre los tripulantes de la Santa María, las dotes de mando y la capacidad resolutiva de Martín Alonso quedaron expuestas al abordar esta situación, que Colón no supo atajar. Cuando el futuro Almirante pregunta:
¿Qué hacemos Martín Alonso? Porque la gente no quiere seguir.
Pinzón le responde:
Ahorque Vuesa Merced a media docena de ellos, y, si no se atreve, mi hermano y yo barloaremos nuestras naves contra la Santa María. (Pleitos colombinos).
De esta forma restableció la disciplina en la armada y propició decisivamente la continuación del viaje, cuando estaban a escasas jornadas de tierra americana.
En el siguiente motín, ya más serio, del 9 y 10 de octubre, cuando habían fallado ya todos los cálculos de distancias que había dicho Colón, los hermanos Pinzón sólo pudieron aplacar los ánimos de la tripulación poniendo una condición: navegarían con el mismo rumbo tan sólo tres días más; si durante ese tiempo no encontraban tierra, volverían a España.
La versión que se conoce del diario escrito por Cristóbal Colón del “Primer viaje a las Indias” es una transcripción de fray Bartolomé de Las Casas (1484-1566). A continuación, algunos fragmentos fechados el 11 de octubre de 1492:
“Tuvieron mucha mar y más que en todo el viaje habían tenido. Vieron los de la carabela Pinta una caña y un palo, y tomaron otro palillo labrado a lo que parecía con hierro, y un pedazo de caña y otra hierba que nace en tierra, y una tablilla. Con estas señales respiraron y se alegraron todos” …
…”Después del sol puesto, navegó a su primer camino al Oeste. Andarían doce millas cada hora, y hasta dos horas después de media noche andarían 90 millas. Y porque la carabela Pinta era más velera e iba delante del Almirante, halló tierra e hizo las señas que el Almirante había mandado. Esta tierra fue vista primero por un marinero que se decía Rodrigo de Triana” …
… “A las dos horas después de medianoche apareció la tierra, de la cual estarían dos leguas. Amainaron todas las velas (…) hasta el día viernes que llegaron a una isleta de los Lucayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahani. Luego vieron gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la barca armada y Martín Alonso Pinzón y Vicente Yáñez, su hermano, que era capitán de la Niña”.
(Diario de la primera navegación. Relación compendiada por fray Bartolomé de las Casas).
En el monumento dedicado a Colón en Barcelona hay un medallón dedicado a Martín Alonso Pinzón
Martín Alonso había sugerido a Colón el cambio de rumbo el 6 de octubre de 1492.[8] Este cambio llevó a la expedición a Guanahani, en las Bahamas, el 12 de octubre de 1492. Hasta ese momento, las relaciones entre ambos líderes eran buenas. Circunstancia que acabará cuando, tras el descubrimiento, el ya Almirante Colón se muestra excesivamente celoso de su gloria y privilegios. Así, al adelantarse el 21 de noviembre Pinzón con la Pinta, separándose de las otras naves y llegando antes a la isla que buscaban, en el diario de a bordo consta que Colón no duda en hacer contra él graves acusaciones, aunque según muchos testimonios de los pleitos colombinos parecen ser infundadas.
Los cuatro viajes de Cristóbal Colón
La enemistad entre ambos marinos se mantuvo ya hasta el regreso. Martín Alonso Pinzón se reunió con Colón el 6 de enero de 1493, cuando la flota volvía a España. En la vuelta el barco de Pinzón se volvió a separar a causa de una tormenta, Pinzón llegó al puerto de Bayona (España) antes de que Colón llegara a Lisboa. Desde Bayona se dirigió a Palos, donde llegó el 15 de marzo de 1493, coincidiendo en esa jornada con la llegada de la carabela Niña procedente de Lisboa. Martín Alonso llegó a Palos muy enfermo y sin entrar directamente en Palos, es trasladado a una heredad que tenía en terrenos de Moguer. Los testimonios en los citados pleitos de Hernán Pérez Mateos y Francisco Medel indican que finalmente fue trasladado al Monasterio de La Rábida donde, según su voluntad, al morir es enterrado en la Iglesia de dicho convento franciscano.
El 12 de octubre, cuando la tripulación ya estaba inquieta por la larga travesía sin llegar a ninguna parte, el grumete Rodrigo de Triana dio el famoso grito de: “¡tierra a la vista!”. Llegaron a una isla llamada Guanahani, a la que rebautizó San Salvador, en el archipiélago de las Bahamas.
También desembarcaron en la isla de Cuba y la de La Española. En las orillas de ésta, el 25 de diciembre de 1492, se hundió la nao capitana, la Santa María. Sus restos fueron usados para construir el Fuerte de La Navidad, constituyendo así el primer asentamiento español en América.
La Casa Museo de Martín Alonso Pinzón, en Palos de la Frontera (Huelva) España, es un edificio civil que perteneció a la familia Pinzón que participó activamente en el descubrimiento de América.
En esta Casa, construida a mediados del siglo XV, según el estilo renacentista de la época, por Martín Pinzón, nacieron sus tres hijos Martín Alonso, Vicente Yáñez y Francisco Martín Pinzón (hermanos de padre y madre, ya que lo que parece ser apellido en realidad es un segundo nombre, generalmente recibido del padrino de bautismo).
Estos tres hombres desarrollaron un papel esencial en la organización y realización del proyecto colombino de llegar a Oriente por Occidente. En la Casa destaca la fachada del siglo XVI, ornamentada con hornacina enmarcada entre dos columnillas y una azulejería similar a la que vidriaba la familia Polido en Triana, hacia 1540.
En ella han vivido los descendientes de los Pinzón hasta hace pocos años. De ahí que encontremos elementos de diversas épocas, teniendo en cuenta que, al igual que sucedió con la villa de Palos, el Descubrimiento de América arruinó a la familia Pinzón, por lo que su morada, que en origen era la casa de unos marinos acomodados, se va convirtiendo progresivamente en la de unos campesinos pobres.
La Casa de Martín Alonso Pinzón, fue adquirida por el Ayuntamiento de Palos de la Frontera, siendo restaurada con la colaboración de la Junta de Andalucía, dedicándose actualmente a la investigación, conservación y exposición permanente de la documentación, bibliografía y objetos relacionados con la historia de los Pinzón y Palos de la Frontera en el Descubrimiento de América.

CONTINUARÁ…

«Retratos de Españoles ilustres» Pedro Sarmiento de Gamboa.

sarmiento
Su lugar de nacimiento es incierto aunque en uno de los juicios que le siguió la Inquisición en Perú declaró haber nacido en Alcalá de Henares hacia 1532, otros biógrafos sostienen que fue Pontevedra, Galicia, de donde era su familia paterna. Tampoco se sabe con certeza el año de su nacimiento, pero se supone que fue entre 1530 y 1532.
Siendo hijo de Bartolomé Sarmiento, natural de Pontevedra, y de María de Gamboa, natural de Bilbao. Algunos historiadores creen que esta declaración de haber nacido en Alcalá de Henares pudo ocurrir durante un viaje circunstancial de sus padres, pues Sarmiento vivió su niñez y juventud en Pontevedra.
Hasta los dieciocho años vivió en la casa paterna, en la pintoresca ría gallega, edad a la que ingresó al servicio militar. Entre 1550 y 1555 estuvo en el ejército al servicio del emperador Carlos I de España. En 1555 cruzó el océano Atlántico y llegó a México donde vivió durante dos años. Poco se sabe de su vida durante este período excepto que tuvo problemas con la Inquisición. El proceso surgió a raíz de una parodia de Auto de Fe, organizada por Sarmiento en favor de los sobrinos del Obispo de Tlaxcala; de resultas del mismo fue sentenciado a azotes en la plaza de Puebla y, probablemente, al destierro. De ahí pasó a Perú donde vivió durante más de veinte años.
Envío de la expedición de Sarmiento de Gamboa al Estrecho 1579
Los ataques de Francis Drake a las costas del pacífico (1578) causaron muchos perjuicios a los españoles. El Virrey de Perú, Francisco de Toledo envió para su captura a Sarmiento de Gamboa pero Drake abandona pronto la zona y los barcos españoles no llegan a divisar a los ingleses. El Virrey ordena en 1579 un viaje de exploración para buscar lugares adecuados para asentar población o fortaleza con artillería. Dispuso de dos navíos bien equipados y pertrechados, y nombró capitán superior de ambos a Pedro Sarmiento de Gamboa, de quien conocía sus anteriores viajes descubridores. En el buque Nuestra Señora de esperanza, elegida como capitana por Sarmiento, viajaba el mismo; y en la otra, la almiranta, el San Francisco, navegaba como almirante Juan de Villalobos. Ambos navíos zarparon el 11 de octubre de 1579 del puerto de El Callao. Las instrucciones recibidas del Virrey fueron celosamente guardadas y observadas, y poco más o menos decían: “Tomaréis posesión en nombre de Su Majestad de todas las tierras de las provincias donde llegaredes”, por lo que se reconocieron concienzudamente el estrecho desde el 24 de enero de 1850 en que entró por la Mar del Sur con la nao Esperanza (la otra huyó por el temporal) hasta el 24 de febrero de 1850 en que salieron a la Mar del Norte, es decir, al Atlántico. La energía y decisión de Sarmiento tropezaron con el hambre y resistencia de la tripulación a quedarse en aquellas inhóspitas tierras y la del almirante Juan de Villalobos que saboteaba la actuación. Sin embargo en dos meses, Sarmiento de Gamboa reconoce costas y aguas de la región chilena hasta el paralelo 52 de latitud, verificando y situando centenares de isletas, islas y peñones. Contra toda adversidad, y tras capear tremendos temporales, investiga, realiza levantamientos, escudriña, consigna cabos, caletas, angosturas, islas: todo cuanto ve mientras navega hacia la boca del estrecho y en la fecha ante dicha, dice la crónica: “Sarmiento admiraba desde la proa y a través de la boca oriental del Estrecho, el abierto y azul Mar del Norte: sólo faltaba entre el Cabo de la Virgen María -que así llamó al de las Once Mil Vírgenes- y al cabo de Nombre de Jesús, un poco más lejos, a la derecha, flanqueado por el cabo de Sancti Spiritu, para hendir el Nuestra Señora de la Esperanza, las aguas del océano azul…”.
El ingeniero militar de origen italiano Bautista Antonelli cumple en 1581 el encargo de trasladarse a la zona del estrecho para estudiar su fortificación. Había colaborado con su hermano Juan Bautista en reforzar las defensas de Orán ante la amenaza de ocupación turca (1570). Bautista volvería a viajar a América en 1586 y 1589 con encargos semejantes de los que resultarían efectivas edificaciones en Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo, Veracruz y San Juan de Ulúa (México), Portobelo y Panamá (Panamá), Cartagena de Indias (Colombia) y las Salinas de Araya (Venezuela).
Desafortunado traslado de la población 1581
Convencido Felipe II por Sarmiento de la necesidad de poblar y fortificar el estrecho de Magallanes con elementos y armas que sean necesarios para asegurar el cierre del tránsito de naves enemigas, se prepara una gran expedición de veintitrés barcos y unas tres mil personas entre colonos, soldados y marinos, entre los que figuran treinta mujeres y veintitrés niños. Jefe supremo de la empresa es el general Diego Flores Valdés, marino asturiano encargado antes de llevar y traer las flotas de las Indias, despectivamente considerado por Sarmiento de Gamboa como “acarreador del mar”. Como almirante de la Armada se nombró a Diego de Ribera, “hombre de entendimiento y buena persona”. Gamboa fue designado gobernador del estrecho y Alonso de Sotomayor para el mismo cargo en Chile. No estaba equivocado Sarmiento en sus temores respecto a Valdés. El 25 de septiembre de 1581 por su orden y contra toda lógica “meteorológica” zarpan de Sanlúcar de Barrameda, y no bien se hacen a la mar las tempestades dieron por ciertos los pronósticos agoreros. El 9 de octubre, luego de varios días de increíbles tragedias, habían naufragado cuatro barcos, entre ellos la histórica Nuestra señora de la Esperanza. Murieron ahogadas ciento setenta y una personas, pero entre muertos, heridos y fugados, se contabilizaron más de ochocientas bajas. El 9 de diciembre de 1581 zarpan rumbo a Cabo Verde en un ambiente más bien desmoralizante. Pese a su importancia, los bastimentos, pólvora y armas eran lenta pero inexorablemente hurtados por muchos indeseables a bordo de los barcos, mermando la carga considerablemente. Sarmiento lucha contra esto sin demasiado acierto. Sus planes peligraban. También en las islas de Cabo Verde hubo desersiones, bajas y problemas; pero finalmente el 2 de febrero de 1582, dieciséis navíos pueden poner pro a Río de Janeiro. Arriban el 25 de marzo. El calor, las enfermedades, y la gente abarrotada en las naves es la causa de muchas muertes. También desersiones, robos, luchas contra el gusano que trepana la madera de las naos y discrepancias entre Sarmiento y Valdés. Doscientos cincuenta muertosdurante la estadía, ente ellos los “tres indios del Estrecho” es el trágico balance del comienzo de la aventura.
Escudo 1580 Mientras navega hacia el Río de la Plata son informados por fray Juan de Ribadeneyra, con el que se cruzan en alta mar, que piratas ingleses han abordado sus naves, saqueando y robando documentos del Rey de España dirigidos al Virrey de Perú, donse se le informa de las intenciones de fortificar el estrecho. Malos augurios para la expedición. Pero las desgracias nunca vienen solas. Sotomayor, designado Gobernador de Chile decide desembarcar en Bueneos Aires con sus tropas y dirigirse a Chile por tierra. Quedan sólo cinco naves con las que parten hacia el sur, con Sarmiento al frente, y el 17 de febrero de 1583 están en la boca del estrecho. Sobreviene nuevamente la adversidad. Vientos contrarios y fuertes marejadas los alejan de la bocana. Ante tantas dificultades y padeciendo sinsabores y penurias; y en Sarmiento se advierte un aire de frustración ante el posible abandono de la empresa. Pero en Río las cosa mejoran. El rey no los ha olvidado y reciben nuevos bastimentos, provisiones y cuatro naves más para incorporar a la diezmada flota. Sin embargo, Valdés escurre el bulto y regresa a España. Queda entonces al mando Sarmiento de Gamboa, persistente, audaz, idalgo, tenaz y seguro de sí mismo. La reorganización de la flota le lleva varios meses y abandona Río con 538 expedicionarios y cinco buques. El 1 de febrero de 1584 logran entrar en el estrecho y llegan hasta la segunda angostura, de la que son llevados en retroceso por la marejada hasta el Cabo de las Vírgenes.
Desembarco 1584
Allí desembarcan tres días más tarde Sarmiento con un grupo de capitanes y colonos, que portan una gran cruz de madera, y en emotiva ceremonia, espada en mano y galas en la vestimenta, toma posesión de las tierras enarbolando el pabellón del Rey Felipe. La suerte parecía sonreír ahora al esforzado Sarmiento, que funda el 11 de febrero de 1584 en el valle de las Fuentes (Boca Oriental del estrecho de Magallanes) la ciudad Nombre de Jesús, la primera más austral del mundo, y de inmediato se traza la planta urbana, se adjudican los solares y se levantan viviendas con barros, maderas y arbustos; la Casa Real y la Iglesia de Nuestra Señora de la Purificación. Pero surgen nuevas complicaciones. Tres naves se unen al capitán Diego de Ribera, amotinado contra Sarmiento; se marchan a España y abandonan en Cabo de las Vírgenes a trescientos treinta y ocho desdichados, mal vestidos y peor calzados con provisiones insuficientes, sin prendas de abrigo y buena parte de ellos enfermos. Entre ellos hay trece mujeres y diez niños… y quedan con un sólo buque, el Santa María de Castro. Sarmiento de Gamboa comprende que la naturaleza del lugar en la ciudad recién fundada no podrá sostener a tanta gente y recuerda Punta Santa Ana, ubicada a ciento ochenta leguas de distancia, lugar muy acogedor del que tomara posesión en 1580. Ordena que un centenar de la población se traslade al lugar a pie y otros cincuenta lo hagan a bordo del Santa María de Castro. Quince días tardan los de a pie y surgen incidentes con los indios y la desaparición misteriosa de algunos hombres. Finalmente, luego de muchas peripecias, el 25 de marzo Sarmiento arriba al lugar y funda la ciudad Rey Felipe (la segunda más austral del mundo). Sarmiento emprende entonces su segunda colonización, construyendo en una caleta de Bahía Buena, al norte de Punta Ana, alojamientos, depósitos y la iglesia de la Concepción. Un monte cercano le proporciona madera para tablazón y leña, pero no es pródigo en alimentos y las semillas que trae tardarán en brindar sus frutos.
Las poblaciones Nombre de Jesús y Rey Felipe son un fracaso rotundo por el rigor del clima. Su población abandonada se extingue en poco tiempo. (J.Cervera Pery)
Los fueguinos del estrecho:
Como todos los americanos, también los fueguinos forman parte de los descendientes de aquellos hombres del último período glacial, de procedencia asiática, europea y melanesia, que, cruzando el estrecho de Bering, emigraron antaño al Nuevo Mundo. Desde el punto de vista antropológico, se hallan evidentemente a un nivel superior al de los australianos, los weddas y otros pueblos primitivos; desde el punto de vista cultural, representan sin duda aquel escalón en que se hallaban las hordas neolíticas en la época de la emigración hacia América. Su rango es, pues, inferior al de otros pueblos indios cazadores, y algo superior al de las razas weddas y hísmidas. Hace de cinco a nueve mil años que el hombre cazaba ya en los territorios del estrecho de Magallanes, con ayuda de balas de piedra, los guanacos, los desaparecidos caballos primitivos de América y perezosos gigantescos. Los esqueletos encontrados allí no se diferencian apenas de los fueguinos actuales; los utensilios no han cambiado nada desde hace cinco mil años. En ese mundo rudo y misterioso al límite sur de la tierra habitada, el hombre no había dejado de ser lo que fue desde el principio del período glacial: cazador, pescador de peces y de focas, recolector de moluscos, constructor de simples balsas de tablas y de corteza de árbol. Se vestía como antaño de pieles de animales, vivía en grandes familias, adoraba a espíritus de la naturaleza y luchaba desesperadamente por su existencia difícil. (Wendt) Darwin asistió a la devolución de tres fueguinos llevados por Fitzroy a Inglaterra en 1830. Fueguia, York y Jemmy renunciaron a la vida occidental para reintegrarse en su pueblo.
Diego Ramírez de Arellano exploró y cartografió la zona durante su misión de búsqueda del paso que los holandeses decían haber encontrado. La Isla Grande ocupa 48.100 km cuadrados y su posesión está dividida entre Chile y Argentina. La ciudad argentina de Ushuala es considerada la ciudad más meridional del mundo. La mayor parte de la población indígena murió entre finales del siglo XIX y principios del XX a causa de epidemias y la ocupación agresiva de colonos.

«Retratos de Españoles ilustres» Rodrigo Díaz de Vivar.

cid
El nombre de este famoso guerrero basta ya para significar el esfuerzo, la osadía, la actividad incansable, y la fortuna. Las fábulas mismas forjadas por los ignorantes cronistas que escribieron su vida manifiestan la admiración que supo inspirar á su siglo; y quando la historia quiere desmentir las hazañas que aquellos le atribuyen, se ve obligada á reconocer por ciertas otras tal vez mayores.
Rodrigo Díaz de Vivar, llamado vulgarmente el Cid, nació en Burgos hacia la mitad del siglo XI, de Diego Laynez, descendiente del célebre Juez de Castilla Lain Calvo. Crióse después de la muerte de su padre en el palacio mismo del Rey de Castilla Sancho I, Príncipe arrogante y ambicioso, pero el mejor soldado de su tiempo. Él derrotó á los Aragoneses, destronó á sus hermanos los Reyes de Galicia y de Leon, y reunió á su dominio todos los estados de su padre, menos la ciudad de Zamora, en cuyo sitio fue muerto. Rodrigo hizo en sus expediciones el aprendizage de la guerra, y contribuyó muy principalmente al logro de sus victorias y de sus conquistas.
Muerto Sancho le sucedió su hermano Alfonso, que vivía retirado en Toledo después de su desgracia. Este Rey manifestó al principio mucha confianza hacia el Cid, y le envió á Sevilla para cobrar las parias que en señal de vasallage le pagaba el Rey de ella. Rodrigo no solo cobró el tributo, sino que defendió á Sevilla invadida por los Moros de Granada, y los venció en una batalla. De allí volvió á Castilla cargado de gloria y de presentes, debidos á su valor y á su fortuna, pero envidiados de los cortesanos que desde entonces empezaron á malquistarle con el Rey. Y este irritado de que sin anuencia suya hubiese el Cid corrido las tierras de Toledo, dió al fin oidos á la calumnia, y le desterró de sus estados como á vasallo sospechoso.
En esta época empezó la verdadera gloria de Rodrigo. Salió de Castilla acompañado de los amigos y soldados que quisieron seguir su suerte; y con ellos y su esfuerzo supo grangearse un poderío y una autoridad independientes, y una consideración igual á la de qualquiera de los Príncipes que entonces señoreaban á España. Dirigióse primero á Barcelona y después á Zaragoza. El Rey de ella Almuctaman amenazado por su hermano Alfagib, que lo era de Dénia, y á quien ayudaban el de Aragón D. Sancho Ramirez y el Conde Berenguel de Barcelona, se entregó en manos del Cid para que le sacara de tan grande peligro. El General Castellano lejos de intimidarse con la superioridad de sus contrarios, asombró al Aragonés con su entereza y osadía, hizo prisionero al Conde, y destruyó para siempre todas las esperanzas de Alfagib. Los enemigos de Zaragoza, derrotados en quantas batallas dieron, tuvieron que comprar á fuerza de oro unos la libertad y otros la paz; y respetaron aquel estado mientras fue amparado por Rodrigo.
Eran pasados ya trece años desde su salida de Castilla quando se resolvió á volver á ella en 1088. Fué recibido del Rey Alfonso con grandes muestras de generosidad y agasajo, y favorecido con la donación de muchas villas y con el privilegio de hacer suyos todos los pueblos que conquistase de los Moros. Alentado con esto juntó por sí mismo al año siguiente un exército de siete mil hombres, y entró por tierras de Valencia poniendo espanto á todos los Príncipes comarcanos y haciéndolos tributarios suyos. Pero mientras la victoria unida constantemente á sns fatigas le llenaba de laureles y de fama, la calumnia y la envidia le perseguían en la Corte del Rey de Castilla, y procuraban echar al suelo la mal cimentada reconciliación.
Estas vergonzosas intenciones se cumplieron quando Alfonso partiendo á la defensa de Halahet esperó en vano á Rodrigo para que le ayudara en aquella empresa. La falta del Cid había consistido en una equivocación; pero el Rey considerándola como una traición, revocó quantas gracias le habia hecho; ocupó todos sus bienes, y mandó arrestar á su familia. Él quiso justificarse á la manera de aquel tiempo retando á sus acusadores: pero Alfonso no consintió el desafío; y permitió á Ximena Díaz su muger y á sus hijos que se fuesen á vivir con él.
Rodrigo entre tanto se sostenía y se enriquecía á fuerza de victorias: los rescates, los despojos y los saqueos servían á mantener su exército, que cada día se hacía mas numeroso. El Conde Berenguel no pudiendo olvidar la afrenta de haber sido su prisionero conspiró con algunos Reyezuelos Moros para destruirle. La guerra se hizo con toda la animosidad que prometían el rencor antiguo, la ansia de la venganza, y la grosería del siglo. Rodrigo se halló cercado por su enemigo en un valle, de donde era imposible la salida á menos de hacer un prodigio. El prodigio se verificó: la fortuna, la pericia y el esfuerzo sobrepujaron al número y al terreno; y el Conde vencido y aprisionado tuvo que devorar segunda vez el oprobio de verse á los pies del Cid implorando su clemencia.
Dio el héroe cima á sus gloriosos trabajos con la conquista de Valencia que gano á los Almoravides en 1094; con la derrota de un grande exército de Moros que vino á arrojarle de ella; y con la toma de la antigua y fuerte plaza de Murviedro. Su muerte acaecida en 1099 privó á los Christianos de todas estas ventajas: y él llevó al sepulcro el asombro y la admiración de los Sarracenos cuyo terror fue, y los lamentos de Castilla huérfana de su campeón mas famoso.

«Retratos de Españoles Ilustres» Andrés Laguna de Segovia.

Laguna
Uno de los hombres que mas sobresalen en la república de las letras, es Andrés Laguna. Nació en Segovia hacia el año de 1499 de una Familia noble y muy bien acomodada; y su padre, Médico de alguna opinión, le dedico á la carrera del estudio, en la que hizo progresos nada comunes. Instruido en su patria en la Gramática latina, y en la Universidad de Salamanca en la Dialéctica, pasó á París en donde aprendió la lengua griega y la Medicina, que explicó allí después con bastante crédito.
Vuelto á España en el año de 1536, y dado á conocer por su profunda y vasta erudición, que adelantó en las Universidades de Alcalá y Toledo, le honró el Emperador Cárlos V con el título de Médico suyo, y le llevó consigo a Alemania. Aquí fue en donde Laguna llamó la admiración de los sabios de Europa, no tanto por las prodigiosas curaciones que hizo, y por los medios de que se valió para cortar los estragos que hacia la peste en aquellos países por los años de 1540, sino mas particularmente por las luces que difundió, con motivo de las controversias ruidosas que la obstinación de algunos sectarios suscitaba y sostenía contra la autoridad de la Iglesia Católica y contra los derechos del César. Su Comentario al Dioscórides y la enérgica oración que en el año de 1543 hizo al Gimnasio de Colonia, combatiendo los errores con que se pretendía atacar al Imperio y al Santuario, son buenos testimonios de lo que mereció Laguna en esta feliz época de su vida.
La fama de tan ilustres hechos, y las ideas políticas, y religiosas del Emperador, promovidas acaso por aquellos, llevaron, á Laguna á Italia. Anunciado de antemano por su mérito, tardó poco en ser conocido y buscado en un pais en que por entónces residían las ciencias y las artes como en su propio domicilio. Bolonia fue la primera en disfrutarle; y arrebatadas sus escuelas de la fuerza y esplendor de su doctrina, se llenáron de gloria al condecorarle con el título de Maestro, que admiró con la moderacion que siempre le fue característica. Pasó de Bolonia á Roma, y acostumbrada esta gran metrópoli á distinguir el mérito de los sabios, apreció el de Laguna confiándole su Gobierno la enseñanza de la Medicina, y el cuidado de sus vidas los Papas Paulo III, que le honró con el título de Conde Palatino, y Julio III, que le comisiono para negocios de la mayor importancia. En su residencia en Roma, que fue por espacio de doce años, aprovechando los ratos que le dexaban libre sus muchas ocupaciones, y retirándose al Tusculano mismo, á que en otro tiempo Ciceron, ilustró las obras de Galeno, purgándolas de algunos defectos que advirtió en ellas, y mas en sus comentadores: escribió la vida de este padre de la Medicina: compuso diferentes tratados médicos, cuyo catálogo solo necesitaba mayor márgen que permite un breve epítome de su historia; y extendió sus tareas á otros opúsculos no ménos conocidos que sus obras médicas, y que acreditan que ademas de ser sabio en su facultad lo era también en la Filosofía, en el Dogma, en la Política y en las Humanidades.
Vuelto otra vez á España, que fue verosímilmente en el año de 1557, aunque fatigado de algunos achaques que padecía y de sus peregrinaciones, no buscó el descanso: continuó sus estudios, y excepto un corto tiempo que ocupó en un honroso viage á Francia con la brillante comitiva que había de conducir á la Princesa Isabel, esposa de Felipe II, el resto le destinó á rectificar algunos de sus escritos y á concluir otros, entre ellos la traducción de la famosa obra intitulada: Pedazio Dioscorides Anazarbeo acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos, y su ilustracion con figuras de innumerables plantas exquisitas y raras. Los amigos y justos apreciadores del mérito de Laguna hubieran querido que á la vuelta de este viage, hecho últimamente á Francia, se hubiera establecido en la Corte; pero él prefirió retirarse á su patria, en donde murió á poco tiempo, esto es, á principios del año de 1560, que era el sesenta y uno de su edad.
Todas las obras de Laguna, tanto las originales, como las traducciones, acreditan la mucha instrucción de su Autor, y la variedad de las materias de que tratan, la grande extensión de sus conocimientos; pero las mas recomendables de una y otra especie, en el juicio de los sabios, son la ya referida Pedazio Dioscorides &c.; las intituladas Anathomica Methodus, sive de Sectione humani corporis contemplatio; Annotationes in Galeni versiones quae ad suum tempus prodierunt: Europa seipsam torquens; las traducciones del griego al latín de los tratados de Mundo, de Plantis y de Virtutibus de Aristóteles; la de los Diálogos dramáticos Tragopodagran y Occypum de Luciano; y del latín al castellano la de las quatro elegantísimas Oraciones de Ciceron contra Catilina. Á todas estas obras, bien dignas de los elogios que las han tributado muchos sabios nacionales y extrangeros, debe aumentarse la traducción que también hizo del griego al latín de los ocho primeros libros del Geoponicon, ó tratado de Agricultura del Emperador Constantino Porfirogeneta, ó sea de Dionisio Uticense. En esta versión, que publicó sin concluir Laguna, porque quando la estaba trabajando dió otra completa á luz Juan Cornaro, hizo algunas observaciones críticas conta la de este literato, que realzan su mérito; pero aun le justifica mas la juiciosa y modesta carta apologética, que escribió después para vindicarse de una sátira grosera con que Cornaro, ofendido de dichas observaciones, pretendió insultarle. No solo fue moderado por carácter Laguna, fue dócil, humano, desprendido y adornado de quantas buenas qualidades pueden distinguir á un hombre recomendable en la sociedad. Si hubiera querido permanecer en Italia ó en Alemania, en donde le hicieron partidos los mas ventajosos, ó en España seguir la Corte, para lo que fue rogado, su fortuna hubiera salido de la esfera de la medianía, en que realmente se quedó, comparada aquella con su mérito.

_________________________

Laguna trató temas literarios, históricos, filosóficos, políticos (Europa heautentimorumene es decir, que míseramente a sí misma se atormenta y lamenta su propia desgracia) y médicos, como un típico homo universalis del Renacimiento. Fue la más célebre de sus obras su traducción castellana, con interesantes comentarios y adiciones que doblan el texto original, de la Materia médica de Dioscórides. Su primera fuente fue la edición traducida al latín por Jean de la Ruelle e impresa en Alcalá de Henares en 1518 bajo supervisión de Antonio de Nebrija, pero también las clases del propio Ruelle, al que conoció durante su estancia en París entre 1530 y 1536. La obra salió con el título de Annotationes in Dioscoridem Anazarbeum (Lyon, 1554). En ella señala además los errores cometidos por Ruelle y que notó al cotejar su traducción latina con varios códices griegos. Terminó estas anotaciones en Roma (1553) y un año más tarde, en una de sus visitas a Venecia, se hicieron las xilografías de la edición en el mismo lugar donde se realizaron las de las ediciones de P. Andrea Mattioli, principal difusor de Dioscórides en Europa (hizo una traducción al latín y otra al italiano -1544- que fue reimpresa diecisiete veces). Laguna comprobó en persona todas las prescripciones de Dioscórides y añadió sus propias observaciones, opiniones y experiencias como botánico y farmacólogo que había experimentado con hierbas recogidas en numerosas zonas de Europa y las costas mediterráneas. Su traducción es clara y precisa, y los comentarios constituyen una fuente de primer orden, no sólo para la botánica médica de la época, sino para otras actividades científicas y técnicas. El texto se reimprimió en Amberes en 1555 y se reeditó veintidós veces hasta finales del siglo XVIII. Fue mucho más influyente que otras ediciones de Galeno o Teofrasto en el Renacimiento europeo, ya que las prescripciones de Dioscórides tenían un carácter más práctico.
Laguna seguía considerando vigente la teoría de los cuatro humores, pero se mostró escéptico respecto a la alquimia, rechazando cualquier afirmación que no tuviera confirmación empírica. Pese a ello, incluyó información a veces no de primera mano sobre productos americanos, como el antisifilítico guayaco, a veces de forma muy confusa. En ese sentido no es fuente directa como sí lo es la obra de un Gonzalo Fernández de Oviedo.
El experimento sobre la brujería
En Metz el doctor Laguna llevó a cabo una experiencia hacia 1545 para demostrar que la acusación de brujería a una pareja de ancianos encarcelados por haber causado una grave enfermedad al duque de Lorena, del que Laguna era su médico, no tenía fundamento. Cogió el ungüento de color verde y fuerte olor que se descubrió en el lugar donde vivían los dos supuestos brujos y se lo aplicó a una paciente suya que padecía de insomnio. Entonces la mujer cayó en un profundo sopor durante el cual soñó cosas disparatadas, lo que convenció al doctor Laguna de que lo que decían los brujos y brujas era producto de alucinaciones. Sin embargo, su “experimento” no logró convencer a los jueces, y la supuesta bruja fue quemada y el marido murió poco después en circunstancias misteriosas. Al poco tiempo murió el duque y Laguna se marchó de Metz.

«Retratos de Españoles ilustres»

lanuza
Aunque han sido tantos los varones ilustres con que el nobilísimo linage de Lanuza ha engrandecido los fastos de Aragón, las circunstancias que reúne D. Martin, Justicia de aquel Reyno, le distinguen entre los mas memorables. Nació en Híjar en el año de 1550 de D. Miguel Bautista de Sellan y de Doña Catalina de Lanuza, y fué educado en Zaragoza por su tío el Dr. D. Gerónimo Bautista de Rudilla, Prior de la Iglesia del Pilar, á cuyo lado, y teniendo por maestros á los famosos gramáticos Antonio Gil y Pedro Nuñez, aprendió las lenguas latina y griega. Instruido perfectamente en estos idiomas,y no menos en la filosofía, que estudió después, junto con sus dos bien conocidos hermanos D. Miguel y D. Gerónimo, en la Universidad de Valencia intentó abrazar el estado monástico; pero obediente á sus padres, que tenían proyectado, como en efecto se realizó, casarle con Doña Isabel de Ram, Dama ilustre de la Villa de Morella, se tuvo que dedicar al estudio de la jurisprudencia, y á este fin, y con el de graduarse de Licenciado en dicha facultad, pasó á Salamanca, y de allí á Huesca, en donde recibió la borla de Doctor.
Con estos títulos, justamente adquiridos, se estableció D. Martín en Zaragoza, y auxiliado de su pariente D. Juan Lanuza, Justicia que entonces era, se aplicó al foro. Abogaban á la sazón en aquellos Tribunales los célebres Jurisconsultos Nueros, Altarriba, Tafalla y otros: en esta coyuntura parece que podrían ser pocos ó de corta entidad los negocios que cupiesen á D. Martin; con todo, los ensayos que hizo en algunos le dieron tanta opinión, que á pesar de la que ya tenían los referidos Letrados, no podía satisfacer á las instancias de infinitos litigantes que le solicitaban por patrono.
No duró mucho á D. Martin esta noble ocupacipa; noticioso Felipe II de su aptitud para la judicatura, le nombró Lugarteniente del Justicia D. Juan, su deudo, en el año de 1581; y en el de 1584 convino en que este Magistrado le llevase por su Asesor á las Cortes de Monzón. Fenecidas estas, y acreditado en ellas D. Martin, el Rey, que las había presidido, le honró con una plaza del Consejo de Nápoles. Una larga enfermedad impidió á D. Martin que tomase posesión de este destino; y dió lugar al Rey de arrepentirse de habérsele conferido, porque le alejaba de Aragón, en donde creyó que le podia ser mas útil: mandóle pues que continuara en el de Lugarteniente, y con tanto acierto, que á poco tiempo se debió á su prudencia la tranquilidad de aquel Reyno, expuesto á perderse por los escandalosos bandos de los montañeses y nuevos convertidos, por las turbaciones de los Ribagorzanos, que querían sacudir el señorío de sus Condes, y por el empeño del pueblo en sostener sus fueros contra la solicitud de Virey extrangero, introducida por el Marques de Almera con apoyo de la Corte.
Un pueblo conmovido difícilmente se tranquiliza: así sucedió en aquel tiempo al de Aragón: no habían calmado dichas inquietudes, quando en el año de 1590 ocurrió otra de no menor riesgo. Huye el Secretario Antonio Pérez de la prisión en que se hallaba en Madrid, y busca en los fueros de Aragón, su patria, el asilo que no podia esperar en Castilla: correspondía al tribunal del Justicia el acordarle: unos porque le juzgaban justo, y muchos, mal aconsejados, clamaban porque se le concediese: el Real Fisco pedia su prisión; y todo anunciaba calamidades: ¡terrible situación para D. Martin, que debia entender en esta causa! No obstante, lleno de entereza, y fiel á su Soberano, hizo sorprehender á Pérez en Calatayud, y llevarle preso á Zaragoza, evitando todo alboroto. Su conducta en este lance, y en sus consecuencias hasta las Cortes, que fue preciso juntar en Tarazona, le acabaron de acreditar con Felipe II, que en premio le dió la Regencia del Consejo supremo de aquel Reyno. En lugar de este destino hubiera querido D. Martin el retiro que había solicitado; pero tuvo que aceptarle, y con él cargarse de nuevos cuidados, entre los que la visita del Correo mayor D. Juan de Tasis, y las causas de varios personages de Aragón, presos en lo mas violento de las inquietudes pasadas, pusieron á prueba su constancia, y le suscitaron enemigos de quienes solo su virtud pudo triunfar.
Parece que los negocios graves prevenían á D. Martin en todos los empleos: muere Felipe II, y aunque sus enemigos quisieron malquistarle con su sucesor, enterado este de su mérito, y habiendo vacado, á poco tiempo de su exaltación al trono, la plaza de Justicia de Aragón, se la confiere, seguro de que nadie mejor que él sabrá desempeñarla: admítela después de haberla resistido con firmeza, y apénas había empezado á exercer sus funciones, quando ya tuvo que entender en una causa no menos peligrosa que la de Antonio Pérez, en la expulsión de los Moriscos de aquel Reyno y el de Valencia, que los expuso al mayor riesgo, por las infamias de los executores, y lo que mas le dió que meditar, en el arreglo del gobierno enervado por las alteraciones padecidas.
Nada sin embargo arredraba el espíritu de este varón constante; ni los trabajos, ni los años debilitaban su carácter íntegro: en el que precedió á su muerte acaeció la de Felipe III, no estando aun jurado su hijo sucesor en Aragón: este accidente pudo haber causado nuevas inquietudes; pero acudió á ellas con tanto tiempo y tal prudencia D. Martín, que sin chocar con las disposiciones de los Fueros de aquel Reyno, mereció que Felipe IV le diese las gracias en un tono muy lisonjero, y muy semejante al que en iguales circunstancias habia debido a sus augustos Padre y Abuelo.
Al año próximo, que fue el de 1622, acometido D. Martin de una terrible enfermedad, que le duró pocos días, murió al tercero de Abril con una tranquilidad edificante. Nombró por su heredero, por no haber tenido sucesión, á su sobrino D. Miguel, hijo de su hermano del mismo nombre, y se mandó enterrar en su capilla de la Anunciata en la Iglesia del Pilar; lo que se verificó tres días después de su muerte con la mayor pompa, y con un concurso universal, como lo habia sido el dolor de su pérdida. El epitafio que compuso para su sepulcro el P. Juan Rajas, docto Jesuita, es un compendio enérgico de sus sobresalientes virtudes.

«Retratos de Españoles ilustres» Benito Gerónimo Feijoo.

feijoo
 Quando se contempla con imparcialidad la época del réynado de Cárlos II, no puede menos de gemirse sobre la degradación miserable en que la Nación se vió hundida. La fuerza y poderío que había manifestado en los dos siglos anteriores, y con que había agitado casi todo el universo, no duraban ya sino en la memoria, y como en vergüenza de sus continuas pérdidas y de sus desastres. Corrieron en tal mengua igual fortuna la ilustración y las letras; y el espíritu humano en vez de corresponder á las fatigas y loables tareas de los sabios que habían precedido, retrocedió lastimosamente, y se halló de repente envuelto con las tinieblas de los siglos bárbaros. Las escuelas enseñaban por filosofía y teología una serie de qüestiones vanas, llenas de sutilezas y cavilosidades, tan agenas de la razón, como imposibles de entenderse: la erudición y la crítica estaban reducidas á un impertinente pedantismo, la belleza desconocida en las artes, la naturaleza ni aun soñada en las ciencias, y el pueblo sumido en supersticiones pueriles y risibles patrañas.
Un Benedictino, nacido y educado en esta época, fue el que concibió el pensamiento de romper el denso velo de la ignorancia, y combatir los errores que tan extendidos estaban. Este fue D. Benito Gerónimo Feyjoo, natural de la aldea de Casdemiro, situada en el obispado de Orense. Poco contento con la enseñanza que habia recibido en las aulas se dedicó después á todo género de instrucción, y devoró toda clase de libros; porque la única pasión de su vida fue la del estudio. Una memoria feliz, una penetración de espíritu nada común, y un zelo ardiente por los adelantamientos de su patria fueron los dotes que le acompañaron en su empresa y aseguraban la probabilidad del buen suceso.
El primer tomo de Teatro Crítico salió á luz en el año de 1726. Feyjoo escribía como habia leído: su obra compuesta de discursos enteramente inconexos, entre sí picaba el gusto con su misma variedad: dedicada á toda clase de materias, fuesen populares ó científicas, morales ó halagüeñas, á todas personas convenia y á todas aprovechaba; y su estilo sin ser delicado ni vehemente, era claro, vivo, y salpicado de alusiones y anedotas interesantes. La España literaria miró con sorpresa un libro en que por la primera vez se atacaban no solo las preocupaciones vulgares, sino los abusos de la sociedad y del trato, y los falsos principios que dominaban en la instrucción pública.
Pero el destino de los reformadores es siempre peligroso: si tal vez se libran de la persecución, no pueden jamas eximirse de la contienda. Feyjoo tuvo que defenderse de un tropel de impugnadores, la mayor parte indignos de él, y que le embistieron con el acaloramiento que siempre se usa excusando males inveterados. Él replicó con una viveza igual: pero las críticas y las respuestas, útiles ciertamente entonces por la mayor luz que nació de su conflicto, se hallan ahora olvidadas enteramente, como ha sucedido, y sucederá con todos los monumentos de las guerras literarias. Lo que hay de particular en las de Feyjoo, es que el Ministerio tomase parte en ellas declarándose por el reformador, y dando órden al Consejo de Castilla para que no permitiera imprimir las obras en que se le impugnase. Exemplo laudable en aquella ocasión, por la protección que dispensaba á un establecedor de novedades útiles.
Alentado con el favor y la aprobación de los sabios Feyjoo conduxo su obra hasta el número de ocho tomos, y añadió después cinco de Cartas eruditas y curiosas en que prosiguió el mismo intento que en el Teatro. Él desterró de la opinion vulgar, donde malamente se albergaban, los duendes, las visiones, los saludadores, la magia, la alquimia, la divinacion y otras mil vanidades: manifestó los vicios de que adolecían las doctrinas filosóficas que se enseñaban en las escuelas, llamando á sus profesores al camino de la observación y de la experiencia: ilustró una infinidad de puntos de historia y de crítica: corrigió en gran parte la charlatanería que acompañaba entonces á los Médicos: persiguió los abusos hasta en los templos y en los tribunales: en fin dió á conocer una muchedumbre de obras útiles ignoradas hasta él, y la senda de tratar en castellano sin pedantismo y sin baxeza los conocimientos aun mas abstractos, y de extenderlos á toda clase de personas.
Tales son los servicios que Feyjoo hizo á la nación y á su literatura: y si su libro inferior á las luces que se hallan extendidas no puede ya enseñar nada nuevo: este es un efecto necesario de los progresos del espíritu, á que él tan gloriosamente contribuyó atacando el primero el edificio del error quando estaba en su mayor firmeza. Murió en Oviedo en 1764 querido y llorado de todos los que le trataban: porque el candor, la modestia y dulce jovialidad de su caracter le hacian tan amable, como digno de respeto su sabiduría y sus tareas.

_______________________________

Hasta 1725, Feijoo no comenzó a publicar sus obras, casi todas ellas colecciones de opúsculos polémicos que llamó discursos (de discurrir, esto es, disertar libremente), verdaderos ensayos si la libertad de su pensamiento hubiera sido absoluta. Su obra en este género está integrada, por una parte, por los ocho volúmenes (118 discursos), más uno adicional (suplemento) de su Teatro crítico universal, publicados entre 1726 y 1739 (el título teatro ha de entenderse con la acepción, hoy olvidada, de «panorama» o visión general de conjunto), y, por otra, por los cinco de las Cartas eruditas y curiosas (166 ensayos, más cortos), publicadas entre 1742 y 1760. A estas obras hay que agregar también un tomo extra de Adiciones que fue publicado en 1783 y su copiosa correspondencia privada, que continúa inédita hasta el día de hoy. Los temas sobre los que versan estas disertaciones son muy diversos, pero todos se hallan presididos por el vigoroso afán patriótico de acabar con toda superstición y su empeño en divulgar toda suerte de novedades científicas para erradicar lo que él llamaba «errores comunes», lo que hizo con toda dureza y determinación, como Christian Thomasius en Alemania, o Thomas Browne en Inglaterra:
Error, como aquí le tomo, no significa otra cosa que una opinión que tengo por falsa, prescindiendo de si la juzgo o no probable. Ni debajo del nombre de errores comunes quiero significar que los que impugno sean trascendentes a todos los hombres; bástame para darles ese nombre que estén admitidos en el común del Vulgo o tengan entre los Literatos más que ordinario séquito. Esto se debe entender con la reserva de no introducirme jamás a juez en aquellas cuestiones que se ventilan entre varias escuelas […] Para escribir en el idioma nativo no se ha menester más razón que no tener alguna para hacer lo contrario. No niego que hay verdades que deben ocultarse al vulgo, cuya flaqueza más peligra tal vez en la noticia que en la ignorancia; pero ésas ni en latín deben salir al público, pues harto vulgo hay entre los que entienden este idioma y fácilmente pasan de estos a los que no saben más que el castellano. […] Aunque mi intento solo es proponer la verdad, posible es que en algunos asuntos me falte penetración para conocerla y en los más fuerza para persuadirla. Lo que puedo asegurarte es que nada escribo que no sea conforme a lo que siento. Proponer y probar opiniones singulares sólo por ostentar ingenio téngolo por prurito pueril y falsedad indigna de todo hombre de bien. En una conversación se puede tolerar por pasatiempo; en un escrito es engañar al público. La grandeza del discurso está en penetrar y persuadir las verdades; la habilidad más baja del ingenio es enredar a otros con sofisterías (Feijoo, “Prólogo” al Teatro crítico universal, vol. I)
Se denominaba a sí mismo «ciudadano libre de la república de las letras», si bien sometía todos sus juicios a la ortodoxia católica, y poseía una incurable curiosidad, a la par que un estilo muy llano y atractivo, libre de los juegos de ingenio y las oscuridades postbarrocas, que abominaba, si bien se le deslizan frecuentemente los galicismos. Se mantenía al tanto de todas las novedades europeas en ciencias experimentales y humanas y las divulgaba en sus ensayos, pero rara vez se propuso teorizar reformas concretas en línea con su implícito progresismo. Filosóficamente, se decantó por el empirismo de Francis Bacon y su Novum Organum (1620), su libro de cabecera, y coqueteó con el eclecticismo y el escepticismo, llamándose a sí mismo unas veces “ecléctico” o “escéptico mitigado”.

»Retratos de Españoles ilustres» José de Ribera; El Spagnoletto.

ribera
Italia y España se han disputado la cuna de este excelente Pintor, como si la casualidad del nacimiento de un hombre grande pudiera dar verdadero lustre á pais alguno, quando ni con sus exemplos ni con sus instituciones ha contribuido á la formación de sus talentos. Es cierto sin disputa que Ribera nació en Xátiva en el Reyno de Valencia, y que los primeros elementos de la pintura los bebió en la escuela de Francisco de Rivalta: mas era muy niño todavía, quando el ansia de adelantar le conduxo á Italia y a Roma, en cuya Academia se aventajo tanto, que viéndole tan muchacho y tan aplicado, le pusieron el Españoleto: nombre que su talento ha inmortalizado, y con el que la posteridad le conoce.
Sin auxilio, sin recomendación alguna el jóven Ribera vivía en Roma sosteniendo apenas su mendiguez con los desperdicios que le daban los demás dibuxantes de la Academia. Pero la aplicación y el estudio eran el solo alimento de este espíritu totalmente embebecido con su arte. Un Cardenal que le vió un dia dibuxar en la calle, prendado de su aplicación, y viéndole tan andrajoso, le llevó á su casa, le vistió y colmó de regalos. Al cabo de cierto tiempo el pintor abandona á su protector y y se vuelve á hundir en su miseria antigua. El Cardenal encontrándole después le motejó de ingrato; mas Ribera le hizo conocer que con sus agasajos su inclinación se viciaba, y su aplicación fallecía; y que él estimaba en mas las ventajas de su carrera que las comodidades del bien estar. Con un espíritu de este temple era difícil que el Españoleto no arribase á la altura en que se halló después.
Sale de Roma, y marcha casi mendigando á Nápoles. Allí para sostenerse entra en un obrador público de pintura, y pide que le admitan á trabajar. El dueño para tantear su capacidad le mandó pintar una cabeza, executada con tal manejo y valentía por Ribera, que el Napolitano admirado le muestra su casa y bienes, le lleva á su hija y se la ofrece por esposa. Túvolo á burla el Español, y se díó por sentido: mas el otro le replicó seriamente, que mas quería por yerno á un hombre pobre y de habilidad, que á un rico ignorante. La aventura parece de novela; mas lo cierto es, que Ribera se halló de repente casado con la hija de aquel artista, y abundante en riquezas y comodidades. Estas se aumentaron despues en gran manera á fuerza de estudio y de trabajos. Él era el primer hombre de su profesión en Nápoles, y uno de los mas célebres de Italia. Sus quadros buscados á porfía por los Príncipes de Europa, se derramaron por toda ella haciendo la admiración y la delicia de los inteligentes: espectáculo bien agradable y bien honroso para el siglo y la nación en que se da, el del talento, que con solas las alas de su mérito desde una humillación tan baxa, se sabe elevar á altura tan sublime.
Habíase dedicado á imitar el estilo de Caravagio, y con el estudio continuo del natural consiguió aquella valiente manera de claro obscuro que caracteriza sus obras. Parece que este espíritu original quiso separarse del objeto que se proponen los demás pintores; y en vez de ganarse los ojos con las gradaciones, y conmover agradablemente el corazón con objetos bellos y dulces, tiraba á espantar con los contrastes mas fuertes y con la imitación de cosas tristes y horrendas: su pincel terrible y severo prodiga las luces y las sombras, y busca casi siempre para emplearse el horror de los martirios, la austeridad de la penitencia, los accidentes de la vejez, las lóbregas sombras de la noche: entonces es quando el relieve de las figuras manifiesta toda la valentía de su estilo. Sus Profetas, sus Mártires y sus Ancianos tienen impreso robustamente el carácter de su imaginación tétrica y elevada.
Gran número de excelentes quadros executados por este Pintor se conservan en el Escorial, en Madrid y en Salamanca, sin contar la mayor y mejor parte de ellos, que se ve en Nápoles y en Roma. Él murió en la primera de estas dos ciudades lleno de reputación y de riquezas en el año de 1656 á los 67 de su edad. Dexó un discípulo en el célebre Lucas Jordan, que abandonó muy pronto la escuela de su maestro para seguir otro estilo mas rico, mas ameno y mas fácil, y que por sus talentos, su abundancia y sus negligencias es considerado como el Ovidio de la pintura.

_______________________________________________

FirmaRibera

Cultivó un estilo naturalista que evolucionó del tenebrismo de Caravaggio hacia una estética más colorista y luminosa, influida por Van Dyck y otros maestros. Contribuyó a forjar la gran escuela napolitana (Giovanni Lanfranco, Massimo Stanzione, Luca Giordano…), que le reconoció como su maestro indiscutible; y sus obras, enviadas a España desde fecha muy temprana, influyeron en técnica y modelos iconográficos a los pintores locales, entre ellos Velázquez y Murillo. Sus grabados circularon por media Europa y consta que hasta Rembrandt los conocía. Autor prolífico y de éxito comercial, su fama reverdeció durante la eclosión del realismo en el siglo XIX; fue un referente imprescindible para realistas como Léon Bonnat. Algunas de sus obras fueron copiadas por pintores de varios siglos: Fragonard, Manet, Henri Matisse…

 

Ribera es un pintor destacado de la escuela española, si bien su obra se hizo íntegramente en Italia y de hecho, no se conocen ejemplos seguros de sus inicios en España. Etiquetado por largo tiempo como un creador truculento y sombrío, mayormente por algunas de sus pinturas de martirios, este prejuicio se ha diluido en las últimas décadas gracias a múltiples exposiciones e investigaciones, que lo reivindican como creador versátil y hábil colorista. Hallazgos recientes han ayudado a reconstruir su primera producción en Italia, etapa a la que el Museo del Prado dedicó una exposición en 2011.
José de Ribera y Cucó nació en Játiva en 1591, hijo de Simón de Ribera, zapatero de profesión, y de Margarita Cucó. Tuvo un hermano llamado Juan que también hubo de dedicarse a la pintura, aunque muy poco se sabe de él.

 

Se cree que José de Ribera inició su aprendizaje con Francisco Ribalta, que tenía un taller muy frecuentado; pero al no conocerse obras de esta etapa, tal deducción es difícil de comprobar.

 

Ribera decidió marchar a Italia, donde seguiría las huellas de Caravaggio. Siendo aún adolescente inició su viaje, primero al norte, a Cremona, Milán y a Parma, para ir luego a Roma, donde el artista conoció tanto la pintura clasicista de Reni y Ludovico Carracci como el áspero tenebrismo que desarrollaban los caravagistas holandeses residentes en la ciudad. La reciente identificación de varias de sus obras juveniles demuestra que Ribera fue uno de los primerísimos seguidores de Caravaggio; incluso se ha conjeturado que pudo conocerle personalmente ya que su traslado de Valencia a Italia hubo de ser anterior a lo que los expertos creían.

 

Finalmente, Ribera decidió instalarse en Nápoles, acaso al intuir que captaría una mayor clientela; la región era un virreinato español y vivía una etapa de opulencia comercial que fomentaba el mecenazgo artístico. La Iglesia católica y coleccionistas privados (varios de ellos españoles como él) serían sus principales clientes.

«Retratos de Españoles ilustres» Juan Sebastián Elcano.

elcano
Uno de los sucesos mas memorables del siglo XVI y del reynado del Emperador Cárlos V fue la primera vuelta al mundo concluida felizmente por Juan Sebastian de Elcano; porque este hecho, que comprobó la esfericidad de la tierra, la existencia de los antípodas, y otras verdades de que habian dudado algunos Filósofos, dilató al mismo tiempo el conocimiento de la geografía, abriendo un campo inmenso á la ambición de los conquistadores y á las investigaciones de los sabios.
El Capitán Juan Sebastian de Elcano, que terminó esta noble empresa, nació en Guetaria, villa marítima de Guipúzcoa, y fuéron sus padres Domingo Sebastian de Elcano y Doña Catalina del Puerto. Nada sabemos de sus primeros años hasta que, preparando Hernando de Magallanes la expedición que había propuesto para ir á la India por otro camino del que hallaron los Portugueses, se nombró á Elcano por Maestre de la nao Concepción, una de las cinco de que se componía la armada. Partiéron de Sanlúcar el 27 de Setiembre de 1519, y después de reconocer prolixamente toda la costa meridional del Nuevo-Mundo, avistáron el famoso estrecho que tomó el nombre de su descubridor Magallanes; embocáronle el 20 de Octubre de 1520, y saliéron el 2 de Diciembre á la mar del Sur, que por primera vez sintió sobre sus aguas las quillas europeas.
Navegaron por allí descubriendo nuevas islas y reduxéron algunos de sus Régulos al cristianismo y á la obediencia del Emperador; y empeñado Magallanes en que el Rey de la isla de Matan ofreciese parias á su rival el de Zebú, fue muerto peleando esforzadamente por uno de los Indios á 27 de Abril de 1521. La tripulación eligió entonces por sucesor de este General á Juan López Caraballo, Portugués; pero le depuso luego de este mando por su mala conducta, y en su lugar nombró á Elcano, quien inmediatamente hizo derrota á las Molucás, adonde sus antecesores habían rehusado el ir, entretenidos con el saqueo de las otras islas. Llegó á Tidore, la primera del Maluco, en Diciembre de aquel año, cultivó la amistad de sus Soberanos, cargó de especería las dos únicas naos que le quedaban; y dexando allí la nombrada Trinidad por no poder seguir el viage, salió con la Victoria el 21 de Abril de 1522, y navegando por el cabo de Buena Esperanza entró en Sanlúcar el 8 de Setiembre, con solos diez y siete hombres, triunfante y glorioso, por ser el primero que hubiese dado la vuelta al mundo, cortando seis veces la equinoccial, al cabo de los tres años menos diez y ocho días de su salida.
Llegado á Sevilla, dadas gracias á Dios por haber concluido tan dilatado viage, partió Elcano para Valladolid, donde presentó á Cárlos V los Indios que traia de aquellas remotas islas, los regalos de sus Reyes, páxaros raros, producciones exquisitas, y mas que todo las preciosas especerías adquiridas por los Españoles. Complacido sobremanera el Emperador, colmó á todos de honores y distinciones: concedió á Elcano una pensión vitalicia de quinientos ducados de oro anuales y un escudo de armas, cuyos quarteles aludían á varias circunstancias del viage, y la cimera era un mundo con esta letra Primus circumdedistime, y otras gracias proporcionadas á sus compañeros. Trataban á la sazón las Cortes de Castilla y Portugal de componer las diferencias suscitadas sobre la pertenencia de las Molucas por medio de jueces instruidos, que se habían de juntar entre Yelves y Badajoz.
El Emperador hizo pasar allí á Elcano; porque, como testigo ocular de la verdadera situación de aquellas islas, podría su voto ser de mucho peso y autoridad en las conferencias; y así se vió que la superior habilidad de los de Castilla sofocó la razón de los Lusitanos, y sentenciaron en 1524 á favor del Emperador. Concluida esta junta pasó Elcano á Portugalete para acelerar la construcción de quatro naos, que unidas á otras tres que se aprestaban en la Coruña, debían componer la nueva expedición para las Molucas por el estrecho de Magallanes al mando del Comendador Fr. D. García de Loaysa. Elcano estuvo entonces en Guetaria, donde juntó varios maestres, pilotos y gente de mar, en cuyo número contaba dos hermanos y otros parientes, y con todos se embarcó en los buques recien construidos, trasladándose con ellos á la Coruña.
De allí salió Loaysa el 24 de Julio de 1525, llevando á Elcano por segundo Gefe; y sufrieron tal tormenta sobre la costa del Brasil, que se separaron dos naos, una de ellas la capitana. Las cinco restantes tuvieron otra tempestad junto al cabo de las Vírgenes, y Elcano perdió la Sancti Spirítus zozobrando entre peñas, ahogándose diez hombres de su tripulación.
Trasbordó á otra de las naos, y lograron por fin desembocar el estrecho el 26 de Mayo de 1526 con innumerables trabajos. Ya en el Pacífico hubo nuevas separaciones; y las enfermedades y escasez de víveres causaron irreparables pérdidas de la gente y de algunos de los Cabos principales. El 30 de Julio falleció el Comendador Loaysa; y en virtud de una provisión secreta del Emperador fué nombrado Elcano en su lugar con gran júbilo de aquellas gentes; pero este consuelo fué poco permanente, porque cinco dias después terminó también Elcano su gloriosa carrera el 4 de Agosto entre las duras fatigas de su profesión, dexando á sus ilustres compañeros llenos de luto y de dolor, y en situación la mas crítica y apurada.
¡Quan dignas de admiración deben parecemos ahora unas empresas tan extraordinarias al nivelarlas con los escasos conocimientos científicos de aquellos siglos! El valor y la intrepidez superaban esta falta de auxilios tan comunes en nuestros dias; y así fue como aquellos ínclitos argonautas abrieron el camino de la navegación á las generaciones sucesivas. Si en Guetaria se ve de poco tiempo acá elevada la estatua de Elcano sobre un magnífico monumento público, es de esperar que este exemplo excite á las otras artes, á la eloqüencia y á la poesía á celebrar y transmitir su memoria á la posteridad para honor de la Nación, cuyo imperio procuró dilatar por toda la redondez de la tierra.
_______________________________________________________
800px-Magellan_Elcano_Circumnavigation-es.svg
Primera circunnavegación del globo

Anuncio de partida

Ésta había comenzado en Sevilla el 10 de agosto de 1519, fecha en que fue anunciada la partida de la escuadra de cinco naves, capitaneada por Fernando de Magallanes (o, de acuerdo con su nombre portugués, Fernão de Magalhães), descendiendo por el Guadalquivir hasta llegar a Sanlúcar de Barrameda, puerto que da al océano Atlántico. Durante las siguientes semanas, se acabó de avituallar la escuadra y se resolvieron otros asuntos, mientras el propio Magallanes otorgó testamento en Sevilla el 24 de agosto.
Inicio del viaje
El 20 de septiembre la expedición zarpó de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), con la intención de encontrar el paso marítimo hacia los territorios de las Indias Orientales y buscar el camino que, recorriendo siempre mares castellanos (según el Tratado de Tordesillas), llegase a las islas de las Especias, lo que era la llamada ruta hacia el oeste, que ya había buscado Cristóbal Colón.
La Trinidad navegaba mal y se quedó en el puerto de Tidore para ser reparada y volver por el Pacífico hasta Panamá. Elcano toma finalmente el mando de la expedición de regreso. Tenía el problema de volver a España con lo que quedaba de la expedición, sin conocer el camino de vuelta por el Pacífico, y parecía una locura intentarlo, por lo que eligió navegar por los mares portugueses hacia el oeste, bordeando África por rutas conocidas y con posibilidades de hacer aguadas.
Llegada a España
Tras atravesar el océano Índico y dar la vuelta a África, completó la primera circunnavegación del globo, consiguiendo llevar a término la expedición y llegar al puerto de partida, Sanlúcar de Barrameda, el 6 de septiembre de 1522 en la nao Victoria, junto con otros 17 supervivientes, lo que suponía el logro de una imponente hazaña para la época. Finalmente, el 8 de septiembre, fue descargada en Sevilla la única nave que había logrado regresar.
Gracias a la Providencia, el sábado 6 de septiembre de 1522 entramos en la bahía de San Lúcar… Desde que habíamos partido de la bahía de San Lúcar hasta que regresamos a ella recorrimos, según nuestra cuenta, más de catorce mil cuatrocientas sesenta leguas, y dimos la vuelta al mundo entero,…..El lunes 8 de septiembre largamos el ancla cerca del muelle de Sevilla, y descargamos toda nuestra artillería”
Primer viaje alrededor del globo. Antonio Pigafetta.
Estos dieciocho hombres regresaron a Sanlúcar en la Victoria, en 1522, y figuran en el letrero de la fachada del Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda.
Nombre
Puesto
Juan Sebastián de Elcano, de Guetaria
Capitán
Francisco Albo, de Axio
Piloto
Miguel de Rodas, de Rodas
Piloto  
Juan de Acurio, de Bermeo
Piloto  
Antonio Lombardo (Pigafetta), de Vicenza
Marino Elite  
Martín de Yudícibus, de Savona
Marino  
Hernando de Bustamante, de Mérida, Badajoz
Marinero y barbero  
Nicolás el griego, de Nauplia (Napoli di Romania)
Marinero  
Miguel Sánchez de Rodas, de Rodas
Marinero  
Antonio Hernández Colmenero, de Huelva
Marinero  
Francisco Rodríguez, portugués de Sevilla
Marinero  
Juan Rodríguez, de Huelva
Marinero  
Diego Carmena, de Bayona, Pontevedra
Marinero  
Hans, de Aquisgrán, Alemania
Petrolero  
Juan de Arratia, de Bilbao
Grumete  
Vasco Gómez Gallego el portugués, de Bayona, Pontevedra
Grumete  
Juan de Santandrés, o de Santander, de Cueto, Cantabria
Grumete  
Juan de Zubileta, de Baracaldo, Vizcaya
Grumete  

«Retratos de Epañoles ilustres» El Gran Duque de Alba.

Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.

alba

Quando se acercaba el fin de sus días al Gran Capitán D. Gonzalo Fernandez de Córdoba, pareció cuidado de la Providencia prevenirle sucesor de su renombre de Grande, y de los méritos para obtenerle. Este fue D. Fernando Álvarez de Toledo, tercero Duque de Alba, que nació en 1508 de D. Garcia, muerto dos años después en la desgraciada expedición de los Gelbes; y de Doña Beatriz Pimentel, hija del Conde de Benavente.
D. Fadrique Alvarez de Toledo, segundo Duque de Alba, y Conquistador de la Navarra, tomó á su cargo, como tan buen maestro, la crianza política y militar de su nieto D. Fernando, dándole por ayo al célebre Boscan para la moral y literaria. Era entonces la profesión de las armas patrimonio de la Casa de Alba, cuyos dueños ponían en la estimación de Soldados la primera de su grandeza y sangre. Llevado del mismo espíritu D. Fernando añadió á su genio grave una firmeza de carácter y severidad de costumbres, que en su tierna edad le hicieron notable, y después en la madura le atraxéron muchos desafectos. Sus pocos años carecían todavía de fuerzas, quando sin consultar con nadie, ni temer la indignación de su abuelo, con fuga generosa se fué al sitio puesto por los Españoles á Fuenterrabía. El General, D. Iñigo Fernandez de Velasco, se pagó sobremanera de este ardimiento; y al ganar la plaza, quiso que el mancebo ilustre tomase la posesión, y se ensayára para conquistas propias. Ayudándole la naturaleza con un entendimiento despejado y reflexivo, hermanó bien pronto las prendas de buen Político con las de gran Soldado. Suya fué, contra el Consejo de Guerra, la vigorosa resolución de seguir el alcance á Solimán, que se retiró de su interpresa de Viena con pérdida de ochenta mil hombres.
Para oponerse al Turco había seguido desde Flandes al Emperador Cárlos V, quien le trató siempre con el aprecio y honor correspondientes á deudo tan cercano suyo: las madres de sus abuelos, el Rey D. Fernando el Católico, y el Duque D. Fadrique, fuéron hermanas. Calmadas las cosas de Alemania, pasó á Italia mandando la retaguardia del Exército en que el famoso Marqués del Basto llevó la vanguardia, y el Emperador el cuerpo de batalla. La misma confianza mereció en la jornada de Túnez; en donde los nuestros fatigados de la sed y el cansancio hubieran perecido, si D. Fernando, ya Duque de Alba, no hubiese hecho frente á todas las fuerzas de Barbaroja.
En la defensa del Milanesado, en la empresa del Emperador contra Francia, en la infeliz jornada de Argel, siempre ocupó uno de los primeros puestos del Exército, siempre procedió como instrumento necesario para todo intento grande. Solo en la guerra de 1543 que el Emperador hizo al Duque de Cleves, no se halló el de Alba; porque con no inferior honra quedó por coadjutor del Príncipe D. Felipe para el gobierno del Reyno. No mucho despues, encendiéndose la guerra de religion en Alemania, mandó el Exército como Lugar-Teniente del Emperador contra el Duque de Saxonia, y el Landgrave de Hesse fautores de los Luteranos; hasta que humillados á discreción los rebeldes, confesó Europa que el Duque de Alba no tenia superior en el denuedo, ni semejante en la entereza.
Felipe II, heredero de las dignaciones de Cárlos V para con el Duque de Alba, le nombró Vicario general de todos sus dominios en Italia. La elección pareció hecha con presentimiento firme de las asechanzas puestas en Roma, y apoyadas en Francia contra el Reyno de Nápoles. Los derechos violados, las reconvenciones desatendidas, las suplicas sin fruto, y sobre todo la razón y la defensa natural obligaron á Felipe II á volver por su causa. El Duque de Alba, entrando en el Estado Pontificio, consternó á los Romanos: aumentaron su terror los escarmientos del Duque de Guisa y de sus Franceses auxiliares, y la osada fortuna de los Españoles á las puertas de la Metrópoli. Pedida por fin la paz por quien la había turbado, el Duque de Alba reconcilió decorosamente al Pontífice y al Rey Católico.
Las provincias de Flandes andaban alborotadas con especiosos pretextos de libertad de conciencia, y agravios del gobierno Español. Tentados en vano los medios suaves, ni se halló recurso mas conveniente que el de las armas, ni persona de quien fiarlas mejor que del Duque de Alba. Seis años se mantuvo en Flandes á todo trance, y siempre con sucesos mas prósperos para las armas que para la reducción de los ánimos. El nuevo castillo de Ámberes, el Tribunal de los Doce para los reos de Estado, la rota del Conde Luis de Nassau, el exterminio del Príncipe de Orange, las alusiones de una estatua del Duque, su tributo de la Décima, y otros ruidosos acaecimientos, quanto mas nombre le daban, mas ofendían á los Flamencos. Al fin sus quejas, y las artes de los Príncipes protestantes de Alemania lográron apartarle de Flandes, pero no de la gracia de su Soberano.
Faltábale empero un golpe de otra naturaleza. Por los esponsales de su primogénito D. Fadrique (cuyo consejo se le atribuyó) fué arrestado el Gran Duque de Alba, lleno de canas y merecimientos, en el castillo de Uzeda: contratiempo que acreditó su constancia, y le hizo mas glorioso; porque de la prisión salió á conquistar un Reyno. Hecho dueño de Portugal en dos años, con elogio de sus mismos enemigos, enfermó gravemente, y falleció, visitado de Felipe II, y asistido de Fr. Luis de Granada, en Lisboa por Enero de 1583.
Además de sus empleos militares, obtuvo los de Mayordomo mayor del Emperador, y de Consejero de Estado. En el primer matrimonio de Felipe II con Doña María de Portugal, el Duque de Alba y su esposa Doña María Enriquez, hija del Conde de Alba de Liste, sirviéron de padrinos. Con poderes del mismo Príncipe para sus terceras nupcias, se desposo con Doña Isabel de Valois; y en 1565 volvió á París con el Collar del Toison para Cárlos IX. En suma, siempre fué buscado para las ocasiones de empeño y lucimiento. Los Escritores extrangeros han obscurecido sin razón su memoria; los naturales han callado por descuido su patria. Dícese que fué Madrid: no le estará mal que sea cierto.

__________________________________________________________

7421085

Conquistador de Portugal
La muerte del rey Sebastián I de Portugal en la batalla de Alcazarquivir, en 1578, sin descendencia directa que lo sucediera en el trono, hizo que la corona recayera en su tíoabuelo, el cardenal Enrique I de Portugal. El fallecimiento de éste, también sin herederos, provocó la crisis sucesoria portuguesa de 1580.

 

El consejo de regencia en Portugal era favorable a entregar el trono al rey Felipe II de España, quien tenía derecho a la corona lusitana debido a que su madre había sido Isabel de Portugal -la segunda hija del rey Manuel I de Portugal y de su segunda esposa María de Aragón y Castilla, siendo por tanto, infanta de Portugal por nacimiento-.

 

Sin embargo, otro pretendiente al trono, Antonio, Prior de Crato, un hijo bastardo del infante Luis de Avis y, por tanto, nieto de Manuel I, se proclamó rey en junio de 1580.

 

Para neutralizar militarmente las pretensiones monárquicas del prior de Crato, Felipe II rápidamente rehabilitó a Fernando Álvarez de Toledo, quien era famoso por ser un excelente general y de quien precisó otra vez de sus servicios.

 

El rey le encomendó al anciano duque, quien tenía 72 años y gozaba de una enorme popularidad en el mando de la tropa, la misión de conquistar Portugal. Éste accedió a la nueva encomienda de Felipe manifestándole que

 

Sois el único monarca de la tierra que sacáis de la prisión a un general para daros otra corona.

 

El duque, nombrado capitán general, reunió sus fuerzas, estimadas en 40 000 hombres, en Badajoz, y en junio de ese mismo año cruzó la frontera hispano-portuguesa y avanzó hacia Lisboa. El el 25 de agosto de 1580 venció al ejército portugués del general Diego de Meneses en la batalla de Alcántara y entró triunfante en la ciudad, despejando el camino para la llegada de Felipe II que se convirtió en el rey Felipe I de Portugal, logrando la unión dinástica aeque principaliter con los demás reinos de la Monarquía Hispánica bajo la Casa de Habsburgo. Así, el Imperio español alcanzó su apogeo.

 

El rey Felipe II recompensó a Fernando Álvarez de Toledo con el cargo de I virrey de Portugal, el 18 de julio de 1580, representando al monarca español como rey de Portugal en la unión dinástica y también con el título de condestable de Portugal, que le significaron al duque de Alba ser la segunda persona en la jerarquía después del propio rey, poderes ambos que ostentó hasta su muerte.

 

Fallecimiento
Fernando Álvarez de Toledo murió en Tomar, localidad próxima a Lisboa, el 11 de diciembre de 1582, auxiliado por el famoso fray Luis de Granada, a la edad de setenta y cuatro años. Conservó hasta último momento todo su modo y bravura y también su aspecto valeroso que hasta ante los mismos monarcas era la figura de su grandeza de espíritu y de su inteligencia.

 

Tres cosas diré a Vuestra Majestad; la una es que no se ofreció negocio vuestro, aunque fuese muy pequeño, que no le antepusiese al mío, aunque fuese importantísimo; la segunda, es que mayor cuidado tuve siempre de mirar por vuestra hacienda que por la mía y así no os soy en cargo de un solo pan a Vos ni a ninguno de vuestros vasallos; la tercera, es que nunca os propuse un nombre para algún cargo que no fuese el más suficiente de todos cuantos yo conocía para ello, pospuesta toda afición.

 

Sus restos fueron trasladados a Alba de Tormes, donde fue enterrado en el convento de San Leonardo. En 1619 fueron trasladados al convento de San Esteban de Salamanca, en donde desde 1983 reposan en una capilla del convento que contiene un mausoleo proyectado por Chueca Goitia y que fue costeado por la Diputación Provincial de Salamanca.

«Retratos de Españoles ilustres» El conde de Floridablanca.

Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.

floridablanca

Don Josef Moñino, tan ilustre despues con el título de Conde de Floridablanca, nació en Murcia en 21 de Octubre de 1728 de una familia antigua y noble, reducida por el trascurso del tiempo á una honesta medianía. La reputación que supo granjearse como Abogado le elevó en 1766 á la plaza de Fiscal del Consejo de Castilla, donde fue compañero del célebre Campomanes, y la habilidad manifestada en los negocios eclesiásticos que despachó en aquel empleo, le proporcionó su nombramiento á la embajada de Roma hacia los años de 1770. Allí fue donde acabó de hacer muestra de su carácter conciliador y agradable, y de su destreza singular en el manejo de los asuntos mas difíciles y complicados. El contribuyó muy eficazmente á la elección del Sumo Pontífice Pio VI, restableció la buena armonía de la Santa Sede con las Cortes de España y Francia, y terminó ventajosamente las negociaciones que pendían en Roma con los Príncipes de la casa de Borbon, y particularmente con el Rey de España. En premio de estos servicios fue hecho Conde de Floridabianca, y poco después, sin pensarlo ni preverlo, llamado á la Corte para encargarle la Secretaría de Estado por el retiro del Marques de Grimaldi.
Sus primeras operaciones fueron dirigidas á conciliar para su Corte la amistad y respeto de aquellas Potencias que pudiesen en todos tiempos contribuir a la dignidad y mayor poder del Estado, y en caso necesario á su defensa y seguridad. Preveia ya el Conde la guerra que iba á estallar entré Francia é Inglaterra con motivo de la insurrección de las Colonias británicas en América, como con efecto se verificó en 1778, teniendo también la España que tomar parte en ella poco después. Duró cinco anos con variedad de sucesos y de fortuna: los reveses de mar fueron compensados con los acontecimientos prósperos de tierra; y los descalabros padecidos en algunos encuentros navales, el incendio de las flotantes y el desabrimiento de no tomar á Gibraltar, pudieron equilibrarse á los ojos de la opinión pública y de la política con la toma de Menorca, con la conquista de Panzacola y una gran parte de la Florida, y con la captura del gran convoy británico en las Azores. España por todo el discurso de la contienda recogió abundantes frutos de las negociaciones anticipadas por su Ministro. Las conexiones y garantías convenidas con Portugal nos aseguraron el sosiego de la América, y alguna vez la proporción de traer de allá nuestros tesoros: los tratados con el Emperador de Marruecos daban abrigo en las costas de África á nuestros cruceros marítimos y auxilios abundantes para el bloqueo de Gibraltar: las relaciones con Heider-Alí distraian las fuerzas del enemigo en la India, mientras que en Europa, por medio del famoso convenio que se llamó la neutralidad armada, y se debió á las sugestiones del Gabinete español, se aseguraba la navegación y comercio de las Potencias neutrales contra las pretensiones exclusivas de los ingleses, y no se les dejaba un solo aliado en esta parte del mundo.
La paz fue ajustada en el año de 1783 con unas condiciones muy favorables para España; y siguiendo á este feliz suceso otras negociaciones no menos honoríficas y ventajosas, el Conde pudo entregarse con mas quietud y seguridad á promover la prosperidad interior de la Monarquía. El hizo progresar rápidamente la civilización española en el camino ya abierto por su antecesor Ensenada. No es de este logar la relación menuda y completa de estas útiles mejoras: pero bastará recordar, entre otros muchos monumentos de su anhelo y diligencia, el libre comercio de Indias, el canal imperial de Aragon, las obras de riego en Lorca, la institución del Fondo pio beneficial, la erección del Museo de Ciencias, la del Jardín Botánico, y tantas obras de arquitectura, con que fueron decoradas la Corte y las Capitales de las Provincias, ejecutadas con la elegancia griega y con la solidez romana.
Muerto aquel Monarca en 1788, decayó sensiblemente el crédito y preponderancia del Conde en el gobierno. Reiteró ante el nuevo Rey la súplica, hecha antes á su augusto Padre, de que se le permitiese retirarse al sosiego de su casa, y no lo pudo conseguir. En 18 de Junio de 1790 un francés frenético le acometió con un puñal en la mano, y pudo herirle, aunque ligeramente, en las espaldas. Restablecido de allí á pocos dias, volvió al despacho como antes; pero en 28 de Febrero de 1792, fue separado repentinamente de su empleo, y desterrado al reino de Murcia, de donde pocos meses después se le llevó á la cindadela de Pamplona y se le formó proceso, bajo el pretexto de malversaciones y arbitrariedades en su ministerio. Aplacado después algún tanto el rigor de la Corte y absuelto de los cargos que se le hacian, se le permitió volver á su retiro de Murcia, donde hasta el año de 1808 estuvo disfrutando de la quietud que su avanza edad necesitaba, y de la dignidad y consideracion debidas á sus antiguos destinos y servicios. Las novedades ocurridas con motivo de la invasión francesa le llamaron otra vez al teatro político: su nombre podia mucho todavía, y él no se negó al honroso llamamiento de su Patria. Presidente al principio de la Junta de Murcia, Diputado despues en la Central y primer Presidente de este Cuerpo, falleció en Sevilla en 30 de Diciembre del mismo año de 1808, con la satisfaccion de verse al frente de la Nacion en una crisis tan árdua y tan gloriosa.

___________________________________________________

Floridablanca-Goya-cuadro--644x362

José Luis Pardos, Embajador de España y murciano del Barrio del Carmen. ha elaborado la gran obra de referencia sobre la figura de Floridablanca, el gran ilustrado
-Su investigación sobre el Conde de Floridablanca era necesaria e imprescindible. ¿Por qué los estudios biográficos sobre los grandes hombres que forjaron la España del siglo XVIII permanecen inéditos?
-Esta afirmación es del Profesor don Vicente Palacio Atard. De Jovellanos y Campomanes se sabe algo más. El primero, es más joven y pudo adentrarse mejor los «vericuetos» del complejo Siglo XIX. El segundo, fue el hombre que quizás tuvo más poder en la Ilustración española, desde el Consejo de Castilla y la Real Academia de la Historia. De muchos otros, como Patiño, Campillo, Ensenada, Carvajal, Grimaldi, Aranda o el mismo Floridablanca…se sabe muy poco o casi nada. Quizás solo en temas muy puntuales, como el excelente libro de 1961, del profesor Rumeu de Armas sobre «El testamento político de Floridablanca» o la inicial biografía del profesor Cayetano Alcazar de 1934, en la Universidad de Murcia. Quizás se deba, asegura Palacio Atard, a la gran dimensión del quehacer de algunos ilustrados, pero particularmente de Floridablanca, que necesitan de una larga dedicación y de un gran empeño, ambos debidamente motivados.
«Floridablanca ha sido el mayor modernizador del siglo XVIII»
-¿Floridablanca ha sido nuestro gran modernizador? ¿Cuales han sido sus grandes aportaciones?
-Yo creo que fue el mayor modernizador y ejecutor que tuvimos durante un Siglo tan fundamental como lo fue el XVIII para el progreso de la humanidad. Además, Floridablanca fue quien gobernó mas de 16 años seguidos, con dos monarcas tan distintos como Carlos III y Carlos IV; también lo hizo, en la grave ausencia de Fernando VII, en 1808, como Presidente de la Junta Suprema Central y la Gubernativa del Reino, creada a su propia iniciativa y elegido Presidente en funciones de Jefe de Estado. Además, en todas las áreas por las que atravesaron su larga vida y notorias obras dejó importantes aportaciones, tanto en la política, (en 1787, la creación de la «Suprema Junta ordinaria y perpetua de Estado», el primer precedente de un Consejo de Ministros, así como su Instrucción Reservada, con más de 440 ordenes, muy precisas); la economía (el Banco nacional de San Carlos, actual Banco de España); y especialmente la cultura (la Academia de las Ciencias, actual Museo del Prado y el Jardín Botánico, adjunto a la Academia). Se trata de huellas tan profundas, que han llegado hasta hoy. Pero su forma de gobernar, con su cálida humanidad, habitual como siempre en el buen murciano y el humanitarismo con el que lo hizo, le llevaron a proteger prioritariamente a los más desvalidos, «impidiendo la mendiguez voluntaria, desterrar la ociosidad y promover la educación y aplicación al trabajo de las gentes pobres». Integró a los gitanos, creó las primeras Escuelas para la alfabetización de las mujeres, Hospitales, las Casas de Misericordia, el Fondo Pío beneficial. En la Obras públicas dejó trazadas, en muy pocos años, las redes de canales, puertos y caminos, sobre cuyos originales trazados se asientan las autovías y autopistas de hoy. Todavía existen, como fiel testimonio a la difusión de la educación y la cultura, las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País, de las que fundó mas de 60.
«Lo que piensa es lo que dice y lo que hace siempre con terquedad y obstinación»
-Un hombre hecho a sí mismo como Floridablanca, ¿por qué provoca una admiración rayana en la terquedad?
-Este gran ilustrado, siempre añorante de su Murcia natal, de orígenes muy modestos y hecho a sí mismo, fue Manteista (se cubría con un manteo) porque no tuvo Beca para el Seminario de San Fulgencio (debía pagar sus propios estudios y no habitaba en el Seminario), estuvo siempre muy influido por el Hansenismo y el Regalismo, a la sazón muy afianzados en sus centros de estudios, tanto en Murcia como en la Universidad de Orihuela, por las orientaciones que desde Roma había traído el Cardenal Belluga. Esto le completó su modo de ser humanitario y preocupado, especialmente por los humildes. Floridablanca, afirma reiteradamente, que su vocación es «aparte de servir al rey y a su patria, el adquirir la mejor y más universal reputación». En su larga vida de más de 80 años, desde el intenso aprendizaje como Abogado en Murcia y en los Reales Consejos de Madrid, fue un ávido lector, (en siete idiomas) de todas las más importantes aportaciones de la Ilustración, en la España y la Europa de su tiempo. Su enorme coherencia, en el gobierno, así como a lo largo de toda la persecución política de la que fue objeto, por su liderazgo al frente del grupo de los «golillas» (abogados de modesta extracción y muy innovadores), frente a los «aragoneses» nobles muy conservadores, le han hecho un hombre que es enormemente coherente en toda su vida, porque lo que piensa es lo que dice y lo que hace siempre con terquedad y hasta con obstinación.
-¿Cómo porfiaba como gran ilustrado que era Floridablanca por la libertad de España?
«Llevó a España a tener un gran renombre universal»
-Aunque don José Moñino se encontró ligado a Francia por los Pactos de Familia, desde que comenzó su gobierno, en 1777 como Primer Secretario de Estado y del Despacho universal de Carlos III, con quien mantuvo siempre unas excelentes relaciones, compenetrándose a la perfección, inició una Política exterior que llevó a España a tener un gran renombre universal en todo el mundo.
«Floridablanca fue el precursor de las Cortes de Cádiz»
ABC
José Luis Pardos, autor de la obra
relaciones con Portugal, con quien firmó en 1777 un muy ventajoso Tratado de Límites, que aparte los beneficios que obtuvo en las Indias meridionales, lo fue completando con los dos matrimonios de Infantes e Infantas portugueses y españoles, que asentarían la situación de cooperación en la Península. Fue un gobernante enormemente imaginativo y creó el concepto de la «Neutralidad armada», que la Zarina Catalina II adoptó como suyo. Amplió nuestras relaciones diplomáticas a los Paises Escandinavos, al Imperio de Prusia, a Marruecos, Argelia, Túnez y Libia, así como a la Sagrada Puerta del Imperio Otomano, liberando las costas del sureste peninsular de las frecuentes invasiones de los piratas berberiscos. Conquistó Menorca y creó el Virreinato de la Plata. Estableció un comercio libre con las Indias, calificando a más de una docena de puertos españoles para llevarlo a cabo. Y aún en los más conflictivos momentos de su Gobierno, tras las importantes Cortes Generales de 1789, mantuvo un gran equilibrio entre las dos grandes potencias del momento, Francia e Inglaterra, en salvaguardia de la propia libertad de España, en las Indias y en los dominios de los Mares del Sur, donde creo la «Compañía de Filipinas» y estableció los viajes periódicos de «La Nao de Manila» desde allí, hacia Nuevo Mexico y el Peru.
«Siempre tuvo a la Educación como primer apoyo»
-¿Por qué se desmoronó estrepitosamente el Imperio tras el mandato de Floridablanca?
-El mismo Conde lo dice en el Primer Manifiesto a la Nación Española, de la Suprema Junta Gubernativa del Reino, en 1808: «Una tiranía ejercida por las manos más ineptas que jamás se conocieran había puesto a nuestra patria en la orilla del precipicio». Pero cuando Floridablanca conoce, desde Murcia, los sucesos del 2 de mayo en Madrid, rompe totalmente su ejemplar y silencioso destierro, para «ex-novo» y desde su ciudad natal, crear la Junta Gubernativa Central en la que anuncia, en su Primer Manifiesto a la Nación Española de 28 de octubre de 1808, (como precursor, como una «antesala» a las Cortes de Cádiz), lo que habría debido ser el camino recto de nuestro Reino, pero que se truncó, con una personalidad tan compleja, egocéntrica y ex-centrica, como lo fue «el deseado» Fernando VII, y cuya ausencia de España, casi mas de cinco años (1808/1814) puso en pie o en el disparadero a la confusa, aislada, criolla y nativa sociedad de las Indias, quien adoptó, como propia, la mayor parte del contenido de la Constitución de Cádiz pero que, en pocos años, se consumará, a la vez que las luchas interiores en la España peninsular, el desmembramiento del Imperio español en las Américas.
-¿En que Educación creía el Conde?
-No hay duda de que Floridablanca siempre tuvo a la Educación como primer apoyo y finalidad, en sus actuaciones políticas, económicas y culturales. Todo lo que hacía estaba pensado bajo el prisma del ejemplo educativo y sus bases más firmes eran la creación de Escuelas de Oficios de todo tipo, siguiendo las enseñanzas de la Enciclopedia de las Artes y los Oficios. Llegó a impulsar mucho las Escuelas de Oficios agrícolas, y mucho también la investigación, así como las importantes expediciones botánicas y amplió en un gran número los intercambios de estudiantes españoles en el extranjero y viceversa. Floridablanca creyó siempre en el ejemplo. Se esforzó por utilizar la razón y la experiencia, como bases del conocimiento y siempre manifestó la creencia de que «las Ciencias no pueden entenderse sin las Artes», por lo que promovió, y en gran manera, los trabajos de las Reales fabricas de loza de Moncloa, de cristal de la Granja, de curtidos de Sevilla, de panas de Ávila y de géneros de punto de Valladolid, así como la elaboración de un cuarto de máquinas, y un decidido apoyo a los estudios de medicina y de botánica.
«Seguimos viviendo de todo lo que nos dio la Ilustración»
-¿Hay que refundar la Ilustración, el Siglo XXI necesita un espíritu como el de los Ilustrados del XVIII, como sostiene asimismo el Premio Príncipe de Asturias Todorov?
-Quizás sea este el mensaje más importante y actual que esta biografía quiera llevar a cabo. La realidad es que seguimos viviendo de todo lo que nos dio la Ilustración. Hemos desterrado, con mucho trabajo, al oscurantismo. La razón y la ciencia son ya elementos constitutivos de nuestro presente. Hemos progresado en la política (a pesar del desfase de nuestras ideologías), en la economía (a pesar de la conflictiva economía financiera) y en la cultura. Pero especialmente en esta última es en la que mayores progresos hemos logrado desde el Siglo XVIII, cuando tenemos ya una conciencia, cada día mas real y comprobada, de la globalidad, la interdependencia y sobre todo las limitaciones que hemos ido comprobando en nuestro Planeta. Hay que refundar especialmente la innovación, la creatividad, la imaginación que, como muy bien dice Einstein, es más importante que la Ciencia, pero sobre todo hemos de confiar en el progreso de esta etapa, tan difícil, por la que estamos atravesando. Como muy bien dice Todorov, «los autores del Siglo XVIII no podrían resolver los problemas que han surgido desde entonces y que asolan el mundo a diario. Sin embargo, intentar entender este cambio radical puede ayudarnos a vivir mejor en la actualidad».
-¿En qué fuentes ha buceado para escribir su magnífica obra sobre el Conde de Floridablanca?
«Su progresiva idea era lograr un Estado ilustrado que casi llega a alcanzar»
-Para ser sincero, lo primero que he hecho ha sido leerme y releerme, con pausas, pero con mucha reflexión, la mayoría de las 32 obras dejadas por escrito, de este gran modernizador. Son obras que hay que reeditar para que aprendamos las virtudes de su intenso y denso trabajo; de la coherencia ilimitada, de ser, pensar y actuar; de la precisión inigualable de sus escritos; de su manera de presentar, por dos veces y por escrito, la dimisión a Carlos III y a Carlos IV; de su altísimo grado de humanismo y humanitarismo; de su progresiva idea de lograr un Estado ilustrado, que casi llega a alcanzar, en el desarrollo de las Cortes Generales de 1789, cuyo contenido, y por indicaciones del profesor Palacio Atard, me he leído con mucho detalle, así como las Notas y Billetes que se cruzaban Floridablanca y Campomanes a quien le nombra Presidente de aquellas importantes Cortes, que parecen renovarse, tras la restitución de Floridablanca, el 28 de marzo de 1808 por Fernando VII y especialmente, en el Primer Manifiesto de la Suprema Junta Gubernativa del Reino a la Nación Española, que firma él como Presidente, solo unas semanas antes de fallecer en Sevilla, y antes de que la Junta tenga que trasladarse y refugiarse en Cádiz. Hay mucha coherencia en todo lo que pasa en torno a la Ilustración, que sin duda es el «antecedente» profundo, de donde surge la Constitución de 1812, la primera y definitoria de todo el anterior pensamiento ilustrado. Hay mucha bibliografía, sobre el Siglo XVIII que he consultado con avidez.
-¿Que rasgos de Floridablanca necesitarían los políticos que nos gobiernan para conducir mejor a sus naciones?
-Pues permítame que le diga que los rasgos que adornan la personalidad de este ilustrado político, abogado, diplomático, gobernante, crítico escritor, humanista y en ciertos momentos hasta optimista en su vida y de su obra, son los que se necesitarían ahora. Pero no hay que olvidar, repito, que Floridablanca, es de origen muy modesto, pero también es altivo cuando lo requiere la ocasión, además de ser un trabajador y estudioso infatigable, conocedor de las ciencias jurídicas, procesales, con una excelente biblioteca y con claras ambiciones de notoriedad, muy bien dotado para la negociación y muy hábil previsor del futuro y del presente, pero siempre con un amplio conocimiento del pasado. Aplica realmente la máxima de Eduardo Chillida, de que «el pasado y el futuro son contemporáneos». Entresaque usted alguna de estas cualidades, de las que está dotado Floridablanca, y tendrá quizás «la receta» de lo que necesitan los políticos de hoy para mejorarnos a todos.
«Morin, Touraine o Bunge hablan de estar en el alba de una nueva Civilización»
-¿El espíritu de Floridablanca nunca perderá su vigencia en este siglo?
-Yo creo, firmemente, que una de las obras cívicas más serias y perdurables, que creó Floridablanca, fueron y son las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País, que no solo pueden, sino que debemos dotarlas de la modernidad y de los nuevos instrumentos adaptados a lo que necesita la gran transición que estamos viviendo en nuestra Sociedad. Como dicen Morin, Touraine o Bunge -mi maestro-, hablan de estar en el alba de una nueva Civilización, a la que vamos llegando a una gran velocidad, mucho mayor de la que, a diario nos damos cuenta. Quizás aquí esté la clave de un futuro lleno de logros. Escribo estas líneas cuando se celebra el Segundo centenario de la confirmación de los Derechos humanos en la Constitución de 1812; la libertad de expresión e impresión; la supresión de las persecuciones religiosas (abolición del Santo Oficio), la Soberanía Nacional en el pueblo y la división de poderes, que sitúa al Monarca, no como poseedor o dueño del Estado, sino como arbitro sucesorio, en el juego parlamentario.
Habría que fundar, como en la Ilustración, unas Sociedades, Clubs o Grupos de opinión que, bajo la égida, la lucidez y la actualidad del Conde de Floridablanca, se reunieran con siglas digitales, tales como el GoF, la SoF o el CoF para analizar y discutir, con la experiencia en la mano y la razón en la mente, todo lo que nos concierne, nos agobia o lo que todavía desconocemos y por tanto tememos, en nuestro, cada día mas complejo, global e inter-conectado Planeta.
2011_11_01_IMG_2011_11_01_230125_01201commu
Curiosidades
Pocoyó, el entrañable dibujo animado que entretiene, hace reír y enseña buenos valores a millones de niños en 140 países de todo el mundo, tiene sangre murciana y noble. Cualquiera lo diría, pero es descendiente del mismísimo conde de Floridablanca, el noble murciano que transformó la administración pública española en el siglo XVIII. Y es que José María Castillejo, actual conde de Floridablanca, es el creador de Pocoyó y el máximo responsable de la empresa Zinkia, que desarrolla las historias de este simpático niño y sus amigos y tiene los derechos de venta de los productos de la marca que se venden con éxito en todo el mundo.
Con este trabajo, está más que claro que Castillejo lleva una vida muy diferente a la de su antepasado, pero no tiene ninguna duda de que contaría con su aprobación. «Él fue un personaje avanzado a su tiempo, un ilustrado convencido, y seguramente le divertiría, porque estamos intentando llevar a la sociedad por un camino nuevo. Nosotros pretendemos entretener educando, que se aprenda riendo. Que el niño conozca los valores fundamentales de la convivencia sin evangelizar. Éste es un mensaje muy ilustrado», declaró al Diario de Mallorca.

___________________________

 

La Opinión de Murcia

 

CULTURA ABC / VE LA LUZ LA GRAN BIOGRAFÍA SOBRE EL ILUSTRADO
«Floridablanca fue el precursor de las Cortes de Cádiz»
ANTONIO ASTORGA / MADRID
Día 27/03/2012 – 22.33h
El historiador y embajador José Luis Pardos publica «El modernizador. Una aproximación a Floridablanca» (Edit.um.es), obra de referencia sobre el político y hombre de Estado

«Retratos de Españoles ilustres» El conde de Campomanes.

campomanes
Dotado de un talento extraordinario y una memoria prodigiosa, estudió las Humanidades, la Filosofía y el Derecho civil y canónico, con el aprovechamiento que era consiguiente á su capacidad natural y á su rara aplicación. Supo las lenguas griega, árabe y hebrea; entendía las de todas las naciones cultas de Europa, y hablaba la francesa y la italiana. Admitido en 1744 á ejercer en la Corte la profesión de Abogado, y en medio de los muchos negocios que su fama atraía á su bufete, halló tiempo para escribir un tomo bastante abultado sobre la causa de los Templarios, y para traducir del árabe los capítulos 1.° y 3,° de la 2.ª parte de la Agricultura del Sevillano Abu Zacaria-Ebn el Awan. La celebridad adquirida en el foro le elevó en 1755 á la plaza de Asesor de Correos con honores del Consejo de Hacienda, destino que desempeñó con su acostumbrado zelo hasta 1762, en que fue nombrado Fiscal de Castilla, alta é importante dignidad que debió, sin solicitarla, á su brillante y bien merecida reputación. Durante su comisión de Correos dió á luz una Ordenanza nueva de este ramo, el Itinerario de las carreras de Postas dentro y fuera del Reino, y la noticia geográfica de las Provincias y Caminos de Portugal, que adornó con un mapa trabajado con particular inteligencia. Por el mismo tiempo tradujo del griego é ilustró con notas muy eruditas el Periplo de Hannon, obra preciosa, que publicó con una disertación crítica sobre la antigüedad marítima de Cartago. Elevado á la Fiscalía del Consejo Real imprimió todavía algunas obras y escribió otras, que aun permanecen inéditas, sin que por estas distracciones literarias padeciesen el menor retraso los muchos y voluminosos expedientes que diariamente tenia que despachar. Pertenecen á las primeras el tratado de Amortización, el Juicio imparcial y los Discursos sobre la industria y educación popular con su apéndice, obras colocadas ya por los economistas y políticos entre las mas señaladas de su clase. Corresponden á las segundas el comercio libre de América, y la colección de los Concilios de España, cuyos manuscritos existen en poder del actual Conde de Campomanes, á cuya piedad filial no ha permitido publicarlas la calamidad de los tiempos.
La felicidad de los que el autor alcanzó, viviendo bajo un Príncipe que abrazaba y protegía con todo su poder cuantas ideas de pública utilidad le presentaban sus Ministros, permitió al Fiscal de Castilla aprovechar hábilmente en beneficio de la Nación las favorables ocasiones, que sin cesar le proporcionaba su empleo. Asi apenas hubo pensamiento útil que no promoviese con infatigable ardor. Testigos son las providencias y Cédulas Reales expedidas á propuesta suya sobre el comercio libre de granos, Personeros y Diputados del común, poblaciones de Sierramorena, nuevo plan de Estudios para las Universidades del Reino, treguas con las Potencias berberiscas, Escuelas gratuitas, Sociedades económicas, rompimientos de terrenos incultos y baldíos, descuages, acotamientos, plantíos y sementeras, y sobre el interesante ramo de la Mesta, objeto en que trabajó con tan singular empeño, que llegó hasta salir de Madrid para conferenciar con los mayorales y pastores; logrando asi deslindar y poner en claro los derechos de los verdaderos mesteños y serranos, y conciliar sus privilegios con el fomento que reclamaban, y recibieron, la agricultura y población de la hasta entonces tan perjudicada Extremadura. Pero en lo que mas sobresalió su ilustrado patriotismo fue en los delicadísimos expedientes que ocurrieron en su tiempo relativos á la regalía: árduas y peligrosas materias en que parecia imposible hermanar, como lo hizo Campomanes, la piedad cristiana y el respeto debido á la Cabeza de la Iglesia con el valor y la entereza que un Fiscal del Consejo debe mostrar al defender los derechos de la Soberanía. Tan relevantes servicios hechos al Rey y á la Patria, durante la Fiscalía por el Conde de Campomanes, no fueron sin embargo superiores á los méritos que contrajo en el gobierno del Consejo, ya como interino, ya como propietario, desde Octubre de 1783 hasta Abril de 1791, habiendo dado en esta primera magistratura de la Monarquía reiteradas pruebas de que su talento era igual para promover y para concluir los negocios mas difíciles.
Estos méritos singulares fueron los que el Monarca quiso premiar en el Gobernador de su Consejo, cuando al mandarle cesar en las penosas tareas de la Judicatura le nombró Consejero de Estado, dejándole todos sus sueldos y emolumentos; y en efecto el Conde miró esta Real orden como la mayor gracia que pudiera obtener del Soberano: por eso exclamó al recibir la noticia: Gracias a Dios que se me concede un intervalo entre los negocios y la muerte; sentencia cristiana, que por sí sola manifiesta cuales eran en medio de los honores mundanos los piadosos sentimientos del Conde de Campomanes. Bien lo acreditó ademas en los últimos años de su vida, dedicando al cuidado de su eterna felicidad cuantos instantes le dejaban libres las frecuentes consultas con que la Superioridad interrumpia de tiempo en tiempo el mismo descanso que le había concedido. Asi fue como lleno de resignación falleció á los 78 anos de su edad, colmado de justos honores literarios dentro y fuera del Reino. Dentro fue Director de la Real Academia de la Historia, é individuo de la de la Lengua; y fuera miembro corresponsal de la de Inscripciones de Paris y de la Sociedad filosófica de Filadelfia, habiendo sido propuesto también para el Instituto de Francia.
Nació en Sorriba, Principado de Astúrias, Concejo de Tineo, en Junio del año de 1724. Octavo la merced de Título de Castilla en 20 de Junio de 1780, fue condecorado con la Gran Cruz de Cárlos III en 12 de Noviembre de 1789, y murió en Madrid á 3 de Febrero de 1802.

___________________________________________

Escultura, " Conde de Campomanes ", Favila 2003, Oviedo, Asturias

Escultura, ” Conde de Campomanes “, Favila 2003, Oviedo, Asturias

 

De 1747 es su espléndida obra Historia sobre la Orden y Caballería de los Templarios, uno de los documentos más importantes y completos sobre la Orden del Temple, el proceso que se le siguió y la muerte en la hoguera de sus dirigentes más destacados, aunque también, como economista, discurre minuciosamente sobre el destino de sus bienes; parecía aquí anticiparse el regalismo de una política que desembocaría veinte años más tarde en la expulsión de los jesuitas (1767) a consecuencia o pretexto del motín de Esquilache (1766). De esa misma línea es su Bosquejo de política económica española, delineado sobre el estado presente de sus intereses (1750), que firmó con el pseudónimo de Rodrigo Perianes Campo. Todos estos trabajos le valieron su inserción en la Real Academia de la Historia en 1748. Investigó entonces, entre 1751 y 1754, los concilios celebrados en España y publicó su estudio en el tomo segundo de las Memorias de la Academia; en 1755 obtuvo el puesto de director general de Correos y Postas.
Carlos III lo nombró Ministro de Hacienda en 1760. En 1762 fue nombrado Fiscal del Consejo de Castilla, que más tarde presidió. En 1763 pasó a ser miembro de la Real Academia Española y en 1764 obtuvo la presidencia de la Real Academia de la Historia. Entre sus logros como ministro de Hacienda figuran el haber establecido subsidios para las zonas agrícolas más desfavorecidas, el conseguir liberar el comercio y la agricultura de los impuestos que impedían su crecimiento y el decreto de libre circulación de los cereales.
En 1765, año en el que publicaría su importante Tratado de la regalía de amortización, muy pronto traducido a las demás lenguas europeas, Campomanes fue nombrado Presidente del Consejo de la Mesta. Aprovechó ese mismo año para apoyar a la Compañía de Impresores y Libreros, nacida en 1763, concediéndoles el beneficio de la edición exclusiva de las Obras completas de Benito Jerónimo Feijoo, que acababa de fallecer y hasta entonces circulaban sueltas, y él mismo se encargó de escribir una “Noticia biográfica” para la obra, que constó de catorce volúmenes en octavo; pretendía así divulgar el nuevo pensamiento reformista por toda España. Tras apoyar la expulsión de los jesuitas (1767), quienes mantenían el monopolio de formación de los nobles y encabezaban la oposición a las reformas regalistas, se unió a Pablo de Olavide y al propio Conde de Aranda para organizar la repoblación o colonización de Sierra Morena y escribió su Instrucción para las nuevas poblaciones de Sierra Morena y fuero de sus pobladores, donde preconizaba reformas agrarias que a su juicio deberían aplicarse a todo el agro español: reparto de tierras entre pequeños propietarios, compatibilizar ganadería y agricultura e imponer una ley de arrendamientos a largo plazo. Con esta misma intención reformista publicó en 1774 su Discurso sobre el fomento de la industria popular, que fue muy divulgado por toda España en los consistorios municipales y entre los covachuelistas; y en 1775 su Discurso sobre la educación popular de los artesanos y su fomento, igualmente difundido. Como suplemento a esta obra se publicaron en ese mismo año cuatro apéndices, considerablemente más extensos cualquiera de ellos que el Discurso original. En el primero se reflexiona sobre las causas de la decadencia de los oficios y manufacturas de España durante el último siglo. En el segundo se ofrecen los pasos necesarios para mejorar o restablecer las viejas manufacturas y se aporta una curiosa colección de decretos reales con el propósito de defender las artes y oficios y la introducción de materias primas extranjeras. El tercero trata sobre las leyes corporativas de los artesanos en contraste con el resultado de la legislación española y las ordenanzas municipales de las ciudades. El cuarto contiene ocho ensayos del arbitrista del XVII Francisco Martínez de Mata sobre comercio nacional, con algunas observaciones adaptadas a las circunstancias de la época.
En ese mismo año de 1775 se constituyó por iniciativa suya la Real Sociedad Económica de Madrid, cuyo estatuto vino a ser el modelo de las demás que promovió por toda España y Colonias. Estas Sociedades Económicas de Amigos del País, fundadas con el espíritu de la ilustración, pretendían desarrollar y difundir la industria, el comercio, la agricultura, la ciencia y la cultura a todos los ciudadanos.
En 1780 recibió el título de conde de Campomanes, según una ley que permitía acceder a la nobleza a personas influyentes, aunque sin tradición heráldica. En 1786 fue nombrado Presidente del Consejo de Castilla y en 1788, a causa de las intrigas del favorito de Carlos IV, el Conde de Floridablanca, cayó en desgracia. En 1789 fue nombrado Presidente de las Cortes.
A su muerte en 1802 el ilustrado aragonés Joaquín Traggia compuso e imprimió una oración fúnebre y se procedió a realizar un inventario de su biblioteca que reveló el interés de Campomanes sobre los temas relativos al continente europeo y su profundo conocimiento de la realidad política y social de la época.

«Retratos de Españoles ilustres» Diego de Álava y Beaumont.

alava
Son tan pocas las noticias que nos quedan de este escritor militar, que casi todas se reducen á las que escasamente se rastren en su libro del Perfecto Capitán, sola obra que escribió, y con la cual se ha granjeado un nombre muy distinguido entre los militares científicos. Nació en 1557, y es probable que fuese en Vitoria, de donde era su padre D. Francisco de Álava, y donde se conserva todavía su familia. Don Nicolás Antonio le califica de cántabro en su Biblioteca, para dar á entender que habia nacido allí, ó que pertenecía á aquellas provincias por su sangre. Don Francisco fue Capitán general de Artillería, del Consejo de Estado y Guerra, Presidente del de Ordenes, Embajador de Felipe II en Francia, y Comendador de Calatrava. Destinó al principio á su hijo á las letras, y se las hizo aprender en las mejores escuelas y con los maestros mas hábiles: la lengua latina y la retórica en Alcalá, con Ambrosio de Morales, la erudición griega y romana en Salamanca, con el Brocense, y el derecho canónico y civil con los catedráticos mas señalados en aquella Universidad;, entonces tan floreciente. En todo sobresalía por su vivo ingenio y ardiente aplicación: pero acostumbrado desde sus mas tiernos años á no oír en su casa mas conversaciones que las de armas, de guerra y de artillería, su inclinación le llevaba con preferencia al estudio científico del arte militar. Y considerando á las Matemáticas como base principal de su propósito, dedicóse á ellas con el mas laudable ahinco, bajo la dirección del insigne Valenciano Gerónimo Muñoz, que después de haber admirado á Italia como profesor de hebreo, enseñaba en Salamanca las ciencias exactas con el crédito y aceptación de un profundísimo geómetra. De él las aprendió nuestro Álava, y tan ventajosamente las supo poseer y aprovechar, que antes de cumplir los treinta y tres años, ya tenia escrito y puesto para darse á luz aquel libro, tan lleno de erudicion y de noticias, tan excelente en miras y consejos militares, y sobre todo tan nuevo en la parte relativa á la Artillería, que con razón podia llamarla nueva ciencia entre nosotros, puesto que ningún español hasta él la había elevado al grado de tal.
El Perfecto Capitán está dividido en seis libros: en los dos primeros trata el amor de las virtudes que deben adornar á un General, del modo de conducir un sitio, hacer una defensa, dar una batalla, emprender una retirada y otros puntos esenciales á la Táctica, ilustrándolos con ejemplos de la historia griega y romana con las observaciones de los maestros del arte militar Xenofonte y Cesar, y con los preceptos de Vegecio; todo en una dicción clara y pura, y con un estilo siempre noble y natural, á veces elegante y animado, dotes todas que hacen este libro digno precursor de los que despues escribieron Folard, Santa Cruz y demás modernos autores militares.
Pero la parte mas esmerada y sobresaliente de la obra son los cuatro libros destinados á la Artillería: en ellos se trata menudamente de las fundiciones de las piezas, de las municiones necesarias para su servicio, del planisferio y demás instrumentos matemáticos para dar alcance y seguridad á los tiros: se exponen, examinan y corrigen las doctrinas que sobre estos mismos objetos habían dado otros escritores anteriores, con especialidad las del célebre matemático Nicolás Tartaglia; todo con una claridad, una exactitud y un método, que se hacen estimar sobre manera de los inteligentes, aun ahora en que han llegado á tanta altura todos los conocimientos fisico-matemáticos, que concurren á formar este ramo del arte militar.
Eran sabidos del público los estudios de nuestro escritor y las materias en que se ejercitaba: y como no era soldado de profesión, ya la censura y la malevolencia le atacaban por esta parte, y le argüian de presunción y de ignorancia en un estudio ageno de la carrera que habia seguido. Llegaban á decir también que cuanto había en su obra respectivo á Artillería estaba sacado de los borradores que le había dejado su padre, y que por tanto el hijo no tenía mérito ninguno en ello, dado caso que hubiese alguno en su doctrina. Temía pues Álava, y no sin razón, que la publicación de su libro le iba á hacer la fábula del mundo, desacreditándole como estudiante, y no ganando reputación ninguna entre los militares. Pero al fin apoyado en su propia fuerza y en las exhortaciones de sus amigos, principalmente en las del Brocense, dió á luz su obra en Madrid en 1590, que fue recibida con el respeto y aplauso que á su mérito se debía, y desde entonces hasta ahora ha sido considerada como una de las joyas mas estimables de nuestra biblioteca militar.
Don Diego de Alava fue Gentilhombre de Cámara de Felipe II: se ignora el año en que falleció, y solo se sabe que está enterrado en la Iglesia de S. Benito el Real de Vailadolid, donde se ve su sepulcro cubierto con una pizarra, en que estan grabadas sus armas.

______________________________________________

El perfecto capitán consta de seis libros. Los dos primeros se ocupan de organización táctica; el tercero de la fundición, municiones y fabricación de la pólvora; el cuarto de las medidas necesarias en artillería y modo de realizarlas con descripción y manejo de instrumentos: planisferio, astrolabio y cuadrante principalmente; incluye este último libro una tabla de “senos rectos”. Los libros quinto y sexto tratan de la balística o “nueva ciencia de la artillería”. En ellos comienza Álava desarrollando las ideas de Niccolò Tartaglia contenidas en la Nova Scientia (1537), relativas la movimiento de los proyectiles y al modo de determinar los alcances en el tiro. Así, siguiendo a dicho autor, demuestra que el mayor alcance corresponde a un ángulo de 45º. No le convence, sin embargo, el segundo principio deducido de la doctrina de Tartaglia, a saber, que el incremento en el alcance es el mismo para cada grado de elevación. Todo el error procede, dice, de considerar que la parte curva de la trayectoria es un arco de círculo. Por el contrario, en el caso del tiro horizontal, según Álava, el proyectil comienza a moverse oblicuamente de modo muy gradual, aumentando la curvatura de la trayectoria con rapidez cada vez mayor hasta convertirse en una línea vertical. Por ello, la parte curva del movimiento violento no es nunca parte de círculo. Al parecer, el autor español no conocía las Quesiti et Inventione Diverse (1546), donde Niccolò Tartaglia modificó este aspecto de su teoría. Finalmente, concluye Álava que los alcances son proporcionales a los “senos rectos” de los ángulos de elevación. Por ejemplo, si el alcance en el tiro de “punta en blanco” (horizontal) es de 200 pasos y el alcance máximo de 2.000 pasos, para 10º será: 200 +[ (2.000 – 200) / sen 45º ] sen 10º, o sea 642 pasos. Para el tiro con morteros recomienda un método de graduar el cuadrante según el cual si el alcance para 45º es de R pasos, el alcance correspondiente a otro ángulo cualquiera será: r = R ( cos ( / cos 45º ). El cambio de senos a cosenos se justifica porque en los tiros con morteros los ángulos son siempre superiores a 45º.

____________________________

El perfecto capitán instruido en la disciplina militar, y nueva ciencia de la Artillería, Madrid: P. Madrigal, 1642.
Estudios.
FERNÁNDEZ DE NAVARRETE, M.: Biblioteca marítima española, vol. I, Madrid: Vda. de Calero, 1851, pp. 315-318.
PICATOSTE RODRÍGUEZ, F.: Apuntes para una biblioteca científica española del siglo XVI, Madrid: Tello, 1891, pp. 6-8.
HALL, R. A.: Ballistics en the Seventeenth Century, Cambridge: University Press, 1952, pp. 45-46.

«Retratos de Españoles Ilustres» Diego Sarmiento de Acuña.

gondomar
Don Diego Sarmiento de Acuña, Conde primero de Gondomar, fue hijo de D. García Sarmiento y de Doña Juana de Acuña, ambos de las mas ilustres y antiguas casas de Castilla. Nació en el último tercio del siglo XVI, y las felices disposiciones de ingenio y carácter que recibió de la naturaleza, fueron cultivadas por sus padres con la educación esmerada que le dieron, deseosos de que fuese útil al Estado en la carrera de empleos civiles á que le destinaban. Fue primeramente Corregidor en Toro y después en Valladolid, Ministro de la Contaduría mayor, Notario mayor del Reino de Toledo, Comendador de Monroy y Peñarroya en la orden de Santiago, Gobernador perpetuo de la plaza de Bayona en Galicia, y Consejero de Hacienda; cargos todos, que si bien honoríficos en sí mismos, y desempeñados con lucimiento, no eran mas que los pasos preliminares de otra carrera mas brillante, á que poderosamente le llamaban, no menos que el favor de la Corte, su inclinación, su ingenio y sus estudios.
 
Tratábase en la corte de Felipe III de buscar algún alivio á los católicos ingleses muy perseguidos entonces, manteniendo al mismo tiempo las disposiciones amistosas de Jacobo I hacia la España. Para este doble objeto político y piadoso fue elegido nuestro Sarmiento, y enviado á la corte de Londres en 1613. Nuevo en la carrera, y ageno de los hábitos y práctica que exigen estas delicadas comisiones, supo al instante sobreponerse á las dificultades de la suya, y grangearse en aquella corte y con aquel Rey una aceptación no conseguida de ninguno de sus predecesores y envidiada de sus émulos y rivales. La política de Gondomar, dice un grande historiador ingles, era tanto mas profunda y peligrosa, cuanto mas cubierta iba siempre con la máscara de la jovialidad y de la burla. Pero esta apariencia festiva, cuando la ocasión lo requería, sabia dar lugar á la entereza de hombre público, y el ministro español en cuantas contestaciones tuvo con los Embajadores de Francia y de Holanda, igualmente que en la expedición del Almirante Raleigh á la Guayana, sostuvo la preeminencia y los derechos del Monarca que representaba con un tesón y una altivez que parecían incompatibles con su humor chistoso y cortesano.
 
En 1617, cuatro años después de su nombramiento á la embajada, fue hecho Conde de Gondomar, título con que la corte quiso premiar sus servicios, y estimularle á permanecer en el puesto que ocupaba. Pedia ya ser relevado de alli: el clima contrario á su complexión y la infinidad de negocios y cuidados que cargaban sobre él, tenían minada su salud, de modo que al año siguiente se creyó en Madrid que habia muerto de una grave enfermedad, que le puso á las orillas del sepulcro. Esta novedad obligó en fin al Gobierno á concederle la licencia que volvió á pedir para retirarse; pero se le encargó que viniese por Flandes y por Francia para tratar en ambos países negocios reservados de la mayor gravedad, y solo accesibles á su experiencia y destreza.
 
Un año escaso estuvo en Madrid; porque las mismas causas que le habían llevado á Inglaterra la primera vez, le llevaron allá la segunda con nuevos despachos que se le dieron en 7 de Febrero de 1619. Halló entonces en el Rey británico el mismo afecto y estimación que antes, y aun puede decirse que mayor, tanto que en la opinión de los cortesanos igualó tal vez su valimiento al del célebre Buckingham. Consultábale Jacobo en los negocios mas árduos; y él fue quien inspiró al Rey el proyecto de casar al Príncipe de Gales con la infanta Doña María, hija de Felipe III, dándole á entender que por este medio, demas del rico dote y otras ventajas qeu la Infanta llevaria consigo, podria conseguir por la mediacion de España la restitucion del Palatinado á su yerno Federico. Notorio es el calor con que el joven Príncipe se entregó á este pensamiento, y el viaje novelesco que él y el favorito Buckingham emprendieron despues á Madrid. Gondomar estaba ya en España desde el año de 1622 hecho Consejero de Estado: él fue el primero á quien el Príncipe hizo avisar de su llegada; él quien se la dijo al Conde Duque, y él uno de los que principalmente intervinieron en aquel negocio árduo y espinoso. Su terminacion á la verdad no fue conforme á su expectacion; pero él no tiene la culpa de que las miras de la corte de Felipe IV no fuesen tan francas y grandes como las suyas.
 
Gondomar sobrevivió poco mas de tres años á la venida del Príncipe de Gales. En 2 de Octubre de 1626 falleció en un lugar de la Rioja inmediato á Haro, llamado Casa de la Reina. Disfrutaba entonces de aquel descanso acompañado de dignidad, que dice tan bien á los hombres públicos, cuando por su edad ó sus achaques no pueden entregarse á la actividad de los negocios. Correspondiase con los hombres de letras de su tiempo, con quienes tenia conexiones íntimas y honoríficas, escribiéndoles á cada cual en su lengua, ya francés, ya en ingles, ya en italiano, segun sus paises respectivos. Su biblioteca, en fin, uno de los mas continuos y principales cuidados de su vida, acopiada con la diligencia y curiosidad mas exquisita, y colocada en Valladolid con una magnificencia y gusto poco usado entonces entre particulares, es citada todavía como un tesoro de conocimientos, tan útil á las letras españolas como honroso á su fundador.
_______________________________________

1024px-Palacio_del_Conde_de_Gondomar_(estado_actual)

 
Nada más llegar a Inglaterra, la excelencia de su latín impresionó gratamente al rey Jacobo, sobre el que siempre tendría gran ascendente. Halagó sus gustos intelectuales y literarios, y explotó su pacifismo en favor de los intereses de España. En este sentido manejó con maestría la proyectada boda entre el Príncipe de Gales y la infanta Maria Ana, la llamada Boda española.

Su tarea, en el preludio de la Guerra de los Treinta Años, fue evitar que el rey inglés interviniera en el Sacro Imperio en ayuda de los protestantes, y en especial de su yerno Federico V del Palatinado, evitando así de paso los ataques ingleses al comercio marítimo y el imperio ultramarino de España. Su éxito le hizo odioso a los puritanos y anti-españoles.

Los amigos de Gondomar en la Corte inglesa, los bien intencionados que mencionaba en sus despachos a la Corona, se centraban en la familia Howard: Henry Howard, conde de Northampton, (m. 1614), Thomas Howard, conde de Suffolk y Lord Alto Tesorero, cuya hija estaba casada con uno de los favoritos del rey Jacobo, Charles Howard, conde de Nottingham y Lord Alto Almirante, Thomas Howard, conde de Arundel, y sus protegidos. Esta facción prefería el matrimonio y la alianza con España en lugar de la de Francia, tradicional aliada de Escocia, y evitar por todos los medios la guerra abierta con España que propugnaban los puritanos más integristas. Casi todos los Howard eran católicos o criptocatólicos, y recibían subsidios de la Corona española, aunque el dinero jamás tuvo un gran efecto en sus opiniones y acciones y Gondomar carecía de fondos para hacer sobornos. Entre los beneficiarios, según una embarazosa lista que salió a la luz pública en 1613, se encontraba el propio rey.

Gondomar concibió su embajada como una misión solapada en territorio enemigo, y se tomó al pie de la letra la divisa que adoptó: aventurar la vida y osar morir; desafió abiertamente a los ingleses cuando se negó a arriar los colores de España de los navíos de guerra que le llevaron al puerto de Portsmouth, y solo la apelación al Rey evitó que se llegara al intercambio de disparos. Exigió y logró la liberación incondicional de la poetisa y agitadora católica Luisa Carvajal y Mendoza. La clave de su éxito fue siempre su privilegiada relación con el soberano inglés, quien admiraba su ingenio, cultura y prestancia, y apreciaba sobremanera su compañía. Como broma privada, se llamaban a sí mismos los “Dos Diegos”, y como gracia especial bebían de la misma botella.

En un descuido, Jacobo enseñó al embajador español la capitulación de la Corona inglesa por la cual Walter Raleigh había navegado. Según ésta, el ataque perpetrado a Santo Tomé la violaba. De tal modo, Gondomar presionó y en octubre de 1618 logró que el Rey ejecutara a Sir Walter Raleigh (acusado de conspirar contra el monarca en 1603, pasó 12 años en prisión antes de que su proceso se cerrara en falso), lo que exacerbó la animosidad de sus enemigos. Debido a ello fue atacado por panfletistas como Richard Dugdale o dramaturgos como Thomas Middleton, que le convirtió en antihéroe del drama A Game at Chess (1625).

Debido a su mala salud, agravada por el clima inglés, Gondomar fue eximido de sus obligaciones, pero en el viaje de vuelta a España fue requerido para que retornara vía Francia y Flandes. Nuevamente ocupó la embajada de 1619 a 1622, en los primeros años de la Guerra de los Treinta Años. La expedición de Roger North a la Guayana en 1620 repitió las violaciones de Raleigh con respecto a las posesiones ultramarinas de España, y ante la insistencia de Gondomar, North fue encarcelado.

El momento más tenso de su embajada fue el proyecto del Conde Mansfeld de auxiliar a Federico V del Palatinado, el rey de invierno de Bohemia y yerno de Jacobo I, con tropas reclutadas en Inglaterra. Madrid y Bruselas fueron advertidas de que los franceses pretendían aliarse con Mansfeld para atacar los Países Bajos Españoles, con lo que el proyecto se dejó correr.