Cabeza de Vaca. Noticias de otros cristianos.

cabeza-vaca--644x362
CAPITULO XIII
Como supimos de otros cristianos
Este mismo día yo vi a un indio de aquellos un rescate, y conoscí que no era de los que nosotros les habíamos dado; y preguntado donde le habían habido, ellos por señas me respondieron que se lo habían dado otros hombres como nosotros, que estaban atrás. Yo, viendo esto, envié dos cristianos y dos indios que les mostrasen aquella gente, y muy cerca de allí toparon con ellos, que tambien venían a buscarnos, porque los indios que allá quedaban les habían dicho de nosotros, y estos eran los capitanes Andrés Dorantes y Alonso del Castillo, con toda la gente de su barca. Y llegados a nosotros, se espantaron mucho de vernos de la manera que estábamos, y rescibieron muy gran pena por no tener que darnos; que ninguna otra ropa traían sino la que tenían vestida. Y estuvieron allí con nosotros, y nos contaron cómo a s de aquel mismo mes su barca había dado al través, legua y media de allí, y ellos habíanescapado sin perderse ninguna cosa; y todos juntos acordamos de adobar su barca, y irnos en ella los que tuviesen fuerza y disposición para ello; los otros quedarse allí hasta que convaleciesen, para irse como pudiesen por luengo de costa, y que esperasen allí hasta que Dios los llevase con nosotros a tierrade cristianos; y como lo pensamos, así nos pusimos en ello, y antes que echásemos la barca al agua, Tavera, un caballero de nuestra compañia, murió, y la barca que nosotros pensábamos llevar hizo su fin, y no se pudo sostener así misma, que luego fue hundida; y como quedamos del arte que he dicho, y los más desnudos, y el tiempo tan recio para caminar y pasar ríos y ancónes anado, ni tener bastimento alguno ni manera para llevarlo, determinamos de hacer lo que la necesidad pedía, que era invernar allí; y acordamos también que cuatro hombres, que mas recios estaban, fuesen a Pánuco, creyendo que estábamos cerca de allí; y que si Dios nuestro Señor fuese Servido de llevarlosallá, diesen aviso de cómo quedábamos en aquella isla, y de nuestra necesidad y trabajo. Estos eran muy grandes nadadores, y al uno llamaban Alvaro Fernández, portugués, carpintero y marinero; el segundo se llamaba Méndez, y el tercero Figueroa, que era natural de Toledo; el cuarto, Astudillo, natural deZafra: llevaban consigo un indio que era de la isla.
CAPITULO XIV
Como se partieron los cuatro cristianos
Partidos estos cuatro cristianos, dende a pocos días sucedió tal tiempo defríos y tempestades, que los indios no podían arrancar las raíces, y de loscanales en que pescaban ya no había provecho ninguno, y como las casas erantan desabrigadas, comenzóse a morir la gente; y cinco cristianos que estaban en rancho en la costa llegaron a tal extremo, que se comieron los unos a los otros, hasta que quedó uno solo, que por ser solo no hubo quien lo comiese. Los nombres de ellos son éstos: Sierra, Diego López Coral, Palacios, Gonzalo Ruiz. De este caso se alteraron tanto los indios, y hobo entre ellos tan gran escándalo, que sin duda si al principio ellos lo vieran, los mataran, y todos nos viéramos en grande trabajo. Finalmente, en muy poco tiempo, de ochenta hombres que de ambas partes allí llegamos, quedaron vivos solos quince; y después de muertos éstos, dio a los indios de la tierra una enfermedad del estómago, de que murió la mitad de la gente de ellos, y creyeron que nosotros éramos los que los matábamos; y teniéndolo por muy cierto, concertaron entre sí de matar a los que habíamos quedado. Ya que lo venían a poner en efecto, un indio que a mí me tenía les dijo que no creyesen que nosotros éramos los quelos matábamos, porque si nosotros tal poder tuviéramos, excusáramos que no murieran tantos de nosotros como ellos vían que habían muerto sin que les pudiéramos poner remedio; y que ya no quedábamos sino muy pocos, y que ningunohacía daño ni perjuicio; que lo mejor era que nos dejasen. Y quiso nuestroSeñor que los otros siguiesen este consejo y parescer, y ansí se estorbó supropósito. A esta isla pusimos por nombre isla del Mal Hado.
La gente queallí hallamos son grandes y bien dispuestos; no tienen otras armas sino flechas y arcos, en que son por extremo diestros. Tienen los hombres la una teta horadada por una parte a otra, y algunos hay que las tienen ambas, y por el agujero que hacen, traen una caña atravesada, tan larga como dos palmos y medio, y tan gruesa como dos dedos; traen también horadado el labio de abajo, y puesto en él un pedazo de caña delgada como medio dedo. Las mujeres son para mucho trabajo. La habitación que en esta isla hacen es desde octubre hasta en fin de hebrero. El su mantenimiento es las raíces que he dicho, sacadas de bajo el agua por noviembre y diciembre. Tienen cañales, y no tienen más peces de para este tiempo de ahí adelante comen las raíces. En fin de hebrero van a otras partes a buscar co  qué mantenerse, porque entonces las raíces comienzan a nascer, y no son buenas. Es la gente del mundo que más aman a sus hijos ymejor tratamiento les hacen; y cuando acaesce que a alguno se le muere el hijo, llóranle los padres y los parientes, y todo el pueblo, y el llanto duraun año cumplido, que cada día por la mañana antes que amanezca comienzan primero a llorar los padres, y tras esto todo el pueblo; y esto mismo hacen almediodía y cuando anochece; y pasado un año que los han llorado, hácenles las honras del muerto y lávanse y límpianse del tizne que traen. A todos los defuntos lloran de esta manera, salvo a los viejos, de quien no hacen caso, porque dicen que ya han pasado su tiempo, y de ellos ningun provecho hay: antes ocupan la tierra y quitan el mantenimiento a los niños . Tienen por costumbre de enterrar los muertos, si no son los que entre ellos son físicos, que a éstos quémanlos; y mientras el fuego arde, todos están ballando y haciendo muy gran fiesta, y hacen polvo los huesos; y pasado un año, cuando se hacen sus honras, todos se jasan en ellas; y a los parientes dan aquellos polvos a beber, de los huesos, en agua. Cada uno tiene una mujer, conoscida. Los físicos son los hombres más libertados; pueden tener dos, y tres, y entre éstas hay muy gran amistad y conformidad. Cuando viene que alguno casa su hija, el que la toma por mujer, dende el día que con ella se casa, todo lo que matase cazando o pescando, todo lo trae la mujer a la casa de su padre, sin osar tomar ni comer alguna cosa de ello, y de casa del suegro le llevan a él de comer; y en todo este tiempo el suegro ni la suegra no entran en su casa, ni él ha de entrar en casa de los suegros ni cuñados; y si acaso se toparen por alguna parte, se desvían un tiro de ballesta el uno del otro y entretanto que asi van apartándose, llevan la cabeza baja y los ojos en tierra puestos; porque tienenpor cosa mala verse ni hablarse. Las mujeres tienen libertad para comunicar y conversar con los suegros y parientes, y esta costumbre se tiene desde la isla hasta más de cincuenta leguas por la tiera adentro.
Otra costumbre hay, y es que cuando algun hijo o hermano muere, en la casa donde muriere, tres meses no buscan de comer, antes se dejan morir de hambre, y los parientes y los vecinos les proveen de lo que han de comer. Y como en el tiempo que aquí estuvimos murió tanta gente de ellos, en las más casas había muy gran hambre, por guardar también su costumbre y cerimonia; y los que lo buscaban, por mucho que trabajaban, por ser el tiempo tan recio,no podían haber sino muy poco; y por esta causa los indios que a mí me tenían se salieron de la isla, y en unas canoas se pasaron a Tierra Firme, a unas bahías adonde tenían muchos ostiones, y tres meses del año no comen otra cosa, y beben muy mala agua. Tienen gran falta de leña, y de mosquitos muy grande abundancia. Sus casas son edificadas de esteras sobre muchas cascaras de ostiones, y sobre ellos duermen en cueros, y no los tienen sino es acaso; y así estuvimos hasta en fin de abrll, que fuimos a la costa de la mar, ado comimos moras de zarzas todo el mes, en el cual no cesan de hacer su areitos y fiestas.
CAPITULO XV
De lo que nos acaesció en la isla de Mal Hado
En aquella isla que he contado nos quisieron hacer físicos sin examinarnosni pedirnos los títulos, porque ellos curan las enfermedades soplando al enfermo, y con aquel soplo y las manos echan de él la enfermedad, y mandáronnos que hiciésemos lo mismo y sirviésemos en algo; nosotros nos reíamos de ello, diciendo que era burla y que no sabíamos curar; y por esto nos quitaban la comida hasta que hiciésemos lo que nos decían. Y viendo nuestra porfía, un indio me dijo a mí que yo no sabía lo que decía en decir que no aprovecharía nada equello que él sabía, ca las piedras y otras cosas que se crían por los campos tienen virtud; y que él con una piedra caliente, trayéndola por el estómago, sanaba y quitaba el dolor, y que nosotros, que éramos hombres, cierto era que teníamos mayor virtud y poder. En fin, nos vimos en tanta necesidad, que lo hobimos de hacer, sin temer que nadie nos llevase por ello lapena. La manera que ellos tienen en curarse es ésta: que en viéndose enfermo, llaman un médico, y despues de curado, no sólo le dan todo lo que poseen, más entre sus parientes buscan cosas para darle. Lo que el médico hace es dalle unas sajas adonde tiene el dolor, y chupanles al derredor de ellas. Dan cauterios de fuego, que es cosa entre ellos tenida por muy provechosa, y yo lo he experimentado, y me sucedió bien de ello; y después de esto, soplan aquel lugar que les duele, y con esto creen ellos que se les quita el mal. La manera con que nosotros curamos era santiguándolos y soplarlos, y rezar un Pater noster y un Ave María, y rogar lo mejor que podíamos a Dios Nuestro Señor que les diese salud, y espirase en ellos que nos hiciesen algun buen tratamiento.
Quiso Dios nuestro Señor y su misericordia que todos aquellos por quien suplicamos, luego que los santiguamos, decían a los otros que estaban sanos y buenos, y por este respecto nos hacían buen tratamiento, y
dejaban ellos de comer por dáarnoslo a nosotros y nos daban cueros y otras cosillas. Fue tan extremada la hambre que allí se pasó, que muchas veces estuve tres días sin comer ninguna cosa, y ellos también lo estaban, y parescíame ser cosa imposible durar la vida, aunque en otras mayores hambres y necesidades me vi
después, como adelante diré. Los indios que tenían a Alonso del Castillo y Andrés Dorantes, y a los demas que habían quedado vivos, como eran de otra lengua y de otra parentela, se pasaron a otra parte de la Tierra Firme a comer ostiones, y allí estuvieron hasta el l día del mes de abrll, y luego volvieron a la isla, que estaba de allí hasta dos leguas por lo más ancho del agua, y la isla tiene medía legua de través y cinco en largo. Toda la gente de esta tierra anda desnuda; solas las mujeres traen de sus cuerpos algo cubierto con una lana que en los árboles se cría. Las mozas secubren con unos cueros de venados. Es gente muy partida de lo que tienen unos con otros. No hay entre ellos señor. Todos los que son de un linaje andan juntos. Habitan en ella dos maneras de lenguas: a los unos llaman de Capoques, y a los otros de Han; tienen por costumbre cuando se conocen y de tiempo a tiempo se ven, primero que se hablen, estar media hora llorando, y acabado esto, aquel que es visitado se levanta primero y da al otro todo cuanto posee, y el otro lo rescibe, y de ahí a un pocoáe va con ello, y aun algunas veces, después de rescibido, se van sin que hablen palabra. Otras extrañas costumbres tienen; mas yo he contado las más principales y mas señaladas por pasar adelante y contar lo que más nos sucedió.
CAPITULO XVI
Cómo se partieron los cristiános de la isla de Mal Hado
Después que Dorantes y Castillo volvieron a la isla recogieron consigo todos los cristianos, que estaban algo esparcidos, y hallaronse por todos catorce. Yo, como he dicho, estaba en la otra parte, en la Tierra Firme, donde mis indios me habían llevado y donde me habían dado una gran enfermedad, que ya que alguna otra cosa me diera esperanza de vida, aquella bastaba para deltodo quitármela. Y, como los cristianos esto supieron, dieron a un indio la manta de martas que del cacique habíamos tomado, como arriba dijimos, porque los pasase donde yo estaba para verme; y asi vinieron doce, porque los dos quedaron tan flacos que no se atrevieron a traerlos consigo. Los nombres de los que entonces vinieron son: Alonso del Castillo, Andrés Dorantes y Diego Dorantes, Valdivieso, Estrada, Tostado, Chaves, Gutiérrez, Esturiano, clérigo; Diego de Huelva, Estebanico el Negro, Benítez; y como fueron venidos aTierra Firme, hallaron otro que era de los nuestros, que se llamaba Francisco de León, y todos trece por luengo de costa. Y luego que fueron pasados, los indios que me tenían me avisaron de ello, y como quedaban en la isla Hierónimo de Alaniz y Lope de Oviedo. Mi enfermedad estorbó que no les pude seguir ni los vi. Yo hube de quedar con estos mismos indios de la isla más de un año, y por el mucho trabajo que me daban y mal tratamiento que me hacían, determiné de huir de ellos y irme a los que moran en los montes y Tierra Firme, que se llaman los de Charruco, porque yo no podía sufrir la vida que con estos otros tenía; porque, entre otros trabajos muchos, había de sacar las raíces para comer debajo del agua y entre las cañas donde estaban metidas en la tierra; y deesto traía yo los dedos tan gastados, que una paja que me tocase me hacía sangre de ellos, y las cañas me rompían por muchas partes, porque muchas de ellas estaban quebradas y había de entrar por medio de ellas con la ropa que he dicho que traía. Y por esto yo puse en obra de pasarme a los otros, y con ellos me sucedió algo mejor; y porque yo me hice mercader, procuré de usar el oficio lo mejor que supe, y por esto ellos me daban de comer y me hacían buen tratamiento y rogábanme que me fuese de unas partes a otras por cosas que ellos habían menester, porque por razón de la guerra que contino traen, la tierra no se anda ni se contrata tanto.
E ya con mis tratos y mercaderías entraba la tierra adentro todo Io que quería, y por luengo de costa me alargaba de cuarenta o cincuenta leguas. Lo principal de mi trato eran pedazos de caracolas de la mar y corazones de ellos y conchas, con que ellos cortan una fruta que es como frisoles, con que se curan y hacen sus balles y fiestas, y ésta es la cosa de mayor precio que entre ellos hay, y cuentas de la mar y otras cosas. Asi, esto era lo que yo llevaba la tierra adentro, y en cambio ytrueco de ello traía cueros y almagra, con que ellos se untan y tiñen las caras y cabellos, pedernales para puntas de flechas, engrudo y cañas duras para hacerlas, y unas borlas que se hacen de pelo de venados, que las tiñen y para coloradas; y este oficio me estaba a mí bien porque andando en él tenía libertad para ir donde quería, y no era obligado a cosa alguna, y no era esclavo, y dondequiera que iba me hacían buen tratamiento y me daban de comer por respeto de mis mercaderías, y lo más principal porque andando en ello yo buscaba por donde me había de ir adelante, y entre ellos era muy conoscido; holgaban mucho cuando me vían y les traía lo que habían menester, y los que no me conoscían me procuraban y deseaban ver por mi fama. Los trabajos que en esto pase sería largo contarlos, asi de peligros y hambres, como de tempestades y fríos, que muchos de ellos me tomaron en el campo y solo, donde por gran misericordia de Dios nuestro Senor escapé; y por esta causa yo no trataba el oficioen invierno, por ser tiempo que ellos mismos en sus chozas y ranchos metidos no podían valerse ni ampararse. Fueron casi seis años el tiempo que yo estuve en esta tierra solo entre ellos y desnudo, como todos andaban. La razón por que tanto me detuve fue por llevar conmigo un cristiano que estaba en la isla, llamado Lope de Oviedo.
El otro compañero de Alaniz, que con el había quedadocuando Alonso de Castillo y Andres Dorantes con todos los otros se fueron, murió luego; y por sacarlo de allí yo pasaba a la isla cada año y le rogaba que nos fuésemos a la mejor maña que pudiésemos en busca de cristianos, y cada año me detenía diciendo que el otro siguiente nos iríamos. En fin, al cabo lo saqué y le pasé el ancón y cuatro ríos que hay por la costa, porque éI no sabía nadar y ansí, fuimos con algunos indios adelante hasta que llegamosa un ancón que tiene una legua de través y es por todas partes hondo; y porlo que de el nos paresció y vimos, es el que llaman del Espíritu Santo, y de la otra parte de él vimos unos indios, que vinieron a ver los nuestros, y nos dijeron cómo más adelante había tres hombres como nosotros, y nos dijeron los nombres de ellos; y preguntándoles por los demás, nos respondieron quetodos eran muertos de frío y de hambre, y que aquellos indios de adelante ellos mismos por su pasatiempo habían muerto a Diego Dorantes y a Valdivieso y a Diego de Huelva, porque se habían pasado de una casa a otra; y que los otros indios, sus vecinos, con quien agora estaba el capitan Dorantes, por razón de un sueño que habían soñado, habían muerto a Esquivel y a Méndez. Preguntámosles que tales estaban los vivos; dijéronnos que muy maltratados, porque los muchachos y otros indios, que entre ellos son muy holgazanes y de maltrato, les daban muchas coces y bofetones y palos, y que ésta era la vida que con ellos tenían. Quesímonos informar de la tierra adelante y de los mantenimientos que en ella había; respondieron que era muy pobre de gente, y que en ella no había que comer, y que morían de frío porque no tenían cueros ni con que cubrirse. Dijéronnos también si queríamos ver aquellos tres cristianos, que de ahí a dos días los indios que los tenían vernían a comer nueces una legua de allí, a la vera de aquel río; y porque viésemos que lo que nos habían
dicho del mal tratamiento de los otros era verdad, estando con ellos dieron al compañero mio de bofetones y palos, y yo no quedé sin mi parte, y de muchos pellazos de lodo que nos tiraban y nos ponían cada día las flechas al corazón, diciendo que nos querían matar como a los otros nuestros compañeros. Y, temiendo esto
Lope de Oviedo, mi compañero, dijo que quería volverse con unas mujeres de aquellos indios, con quien habíamos pasado el ancón, que quedaban algo atrás. Yo porfié mucho con éI que no lo hiciese, y pasé muchas cosas, y por ninguna vía lo pude detener, y así se volvió y yo quedé solo con aquellos indios, los cuales
se llamaban Quevenes, y los otros con quien él se fue se llamaba Deaguanes.

_____________________

Extraido de su libro Naufragios

Historias de Allende los Mares. Bitácora de un almirante.

Colon descubre
Año 1494

Colón, que ha encontrado el puerto deseado en la bahía de La Isabela, en el cacicazgo de Maguá, funda aquí La Isabela (munic. Luperón; prov. Puerto Plata; Rep. Dominicana) (1 ene), 1ª villa española en América (abandonada en 1498), donde Bernardo Boïl celebra la 1ª misa de América

(6 ene); aquí introduce el trigo, la vid y la caña de azúcar, que no prosperarán y el ganado europeo, que sí lo hará y descubrirá el caucho, y desde aquí envía a Antonio de Torres (capitán y propietario de su nao insignia, “María Galante”, al que acaba de nombrar alcalde de La Isabela) con 12 naves de regreso a la Península (lo cual hará en el tiempo record de 35 días)
(2 feb – 7 mar), quedándose él con sólo 5 naves. Deja la ciudad en manos de su hermano Diego (al que nombra gobernador) y sale con 400 hombres armados
(13 mar) para el valle del Cibao (que conecta las bahías de Manzanillo y Samaná), “cuna del oro”, al que llama valle de la Vega Real, donde funda el pueblo y fuerte de Santo Tomás de Jánico (Rep. Dominicana)
(16 mar), en el que deja a 56 hombres bajo el mando del capitán catalán mosén Pedro Margarite (Pere Margarit, jefe militar de su 2º viaje) y regresa a La Isabela (29 mar), donde encuentra a sus hombres hambrientos y la 1ª rebelión contra él, encabezada por Bernal Díaz de Pisa, contador en el 2º viaje (feb-mar) e instigada por el aragonés Gaspar Ferris, que se considera no sujeto a las leyes de Castilla; el almirante, repuesto de una enfermedad, ahorca a unos cuantos y envía a Díaz de Pisa preso a la Península, antes de enviar una 2ª expedición al interior de la isla en busca de oro; también envía a Luis de Arriaga a levantar el fuerte de La Magdalena, junto al río Yaque (a 10-12 leguas de la actual Santiago) y a Alonso de Ojeda (u Hojeda) a reforzar Santo Tomás con 15 hombres (400, según otros autores)
(9 abr) y éste obliga a Caonabó a levantar el cerco al que lo había sometido y provoca el odio de los taínos al cortar la oreja de uno de sus jefes y encadenar a otros dos por un supuesto robo de ropa. Colón ordena a Margarite (abr) hacer una expedición militar por la isla para impresionar a los indios y capturar a Caonabó y de nuevo deja a su hermano Diego a cargo de La Isabela y sale
(24 abr) con 3 de las carabelas que le quedan (la “Niña” de capitana, “Cardera” y “San Juan”); explora el S de Cuba (divisada el 29 de abril), descubriendo el cabo Maisí (que llama Alfa y Omega) y las bahías de Guantánamo (que llama Puerto Grande) y de Santiago, pero no puede demostrar que Cuba es Catay y, navegando hacia el S por consejo de un indio, descubre la isla de Santiago (hoy Jamaica)
(3 may), desembarca en las bahías de Santa Ana (hoy Saint Anne’s Bay), que llama de Santa Gloria (5 may), y de la Manteca (hoy Montego Bay, donde encuentra un poblado arauaco), que llama golfo del Buen Tiempo, regresa a Cuba, dobla el cabo Cruz, explora los cayos de Jardines de la reina (los llama Laberinto de las Doce Leguas), la bahía de Cienfuegos y la costa de Guaniguánico hasta la actual ensenada de Cortés, donde, convencido de que Juana (Cuba) es parte del continente asiático, obliga a jurarlo a sus hombres por escrito, bajo pena de cortarles la lengua y decide regresar
(13 jun), descubriendo la isla que llama La Evangelista (hoy Pinos) (13 jun); por el S de Jamaica (dobla el cabo del Farol, hoy Morant Point el 19 ago) se dirige al S de La Española, donde caza lobos marinos y aves en la isla que llama Alto Velo (Pedernales; Rep. Dominicana) mientras espera a los otros dos barcos extraviados (ago), descubre esta parte de la costa y las pequeñas islas Beata y Saona (o Bella Savona, nombrada así por la ciudad natal de Michele Cuneo a quien Colón la entrega y donde observa un eclipse de luna), y desembarca en la isla Mona (Puerto Rico) (24 set), donde los taínos cultivan alimentos, antes de dar la vuelta por el E para regresar enfermo a La Isabela (29 set), donde halla a su hermano Bartolomé, recién llegado (24 jun) de Castilla con una pequeña escuadra de ayuda de 3 naves autorizada por la reina Isabel (cédula de capitán obtenida el 14 abr), se entera de que Boïl, Margarite y otros colonos han regresado a Castilla en esas mismas naves de su hermano para quejarse al rey (llegan a la Península en nov) y recibe de vuelta a Torres, al que encarga regresar con buenas nuevas para Su Majestad.
Durante su etapa de gobierno Diego Colón prosigue la ocupación del Cibao (Rep. Dominicana), donde levanta fortalezas (1494-95), entre ellas el fuerte de Concepción, pero tiene que ceder el cargo a su hermano Bartolomé (1494-1500), mayor que él.
El Tratado de Tordesillas (7 jun) entre Castilla y Portugal (en vigor hasta 1750 y entre 1761 y 1777), deja América en manos de la 1ª, al establecer como línea divisoria entre ambos imperios el meridiano situado a 370 leguas al O de las islas de Cabo Verde (el rey de Portugal, que lo ratifica el 5 set, insiste mucho en fijar este límite, en lugar de las 100 leguas propuestas por el papa y ello ha hecho suponer que ya conocía la existencia del Brasil). Este meridiano es aproximadamente el 46º37’ O, pero debido a las dificultades de cálculo de longitudes y a la discrepancia sobre el punto de partida, varios geógrafos fijarán el suyo propio: 45º37’ (1495), 42º30’ (1502), 49º45’ (1519), 45º38’ (1534) y 45º17’ (1545) (los portugueses, partiendo del más favorable para ellos, incluirán en su zona toda la costa de Sudamérica al suponer una orientación del continente errónea).
Pedro Mártir de Anglería (Pietro Martire d’Anghiera) inicia con su “De Orbe Novo Decades” la recopilación de noticias sobre América, que proseguirá hasta su muerte en 1526. Él bautiza como Antillas a las islas descubiertas por Colón, en recuerdo de la mítica isla Antilla de los cronistas medievales.

Cabeza de Vaca. Breve encuentro con los indios.

cabeza-vaca--644x362
Cómo llegamos a Apalache
Llegamos que fuimos a Apalache, el gobernador mandó que yo tomase nueve decaballo, y cincuenta peones, y entrase en el pueblo, y ansí lo acometimos el veedor y yo; y entrados, no hallamos sino mujeres y muchachos; mas de aquía poco, andando nosotros por él, acudieron, y comenzaron a pelear, flechándonos, y mataron el caballo del veedor; mas al fin huyeron y nos dejaron. Allí hallamos mucha cantidad de maíz que estaba ya para cogerse, y mucho seco que tenían encerrado. Hallámosles muchos cueros de venados, y entre ellos algunas mantas de hllo pequeñas, y no buenas, con que las mujeres cubren algode sus personas.
Tenían muchos vasos para moler maíz. En el pueblo había cuarenta casas pequeñas y edificadas, bajas y en lugares abrigados, por temor de las grandes tempestades que continuamente en aquella tierra suele haber. El edificio es de paja, y estan cercados de muy espeso monte y grandes arboledas y muchos piélagos de agua, donde hay tantos y tan grandes árboles caídos, que embarazan, y son causa que no se puede por allí andar sin mucho trabajo y peligros.

De la manera que es la tierra

La tierra, por la mayor parte, desde donde desembarcamos hasta este pueblo y tierra de Apalache, es llana; el suelo, de arena y tierra firme; por toda ella hay muy grandes árboles y montes claros, donde hay nogales y laureles, y otros que se llaman liquidámbares; cedros, sabinas y encinas y pinos y robles, palmitos bajos, de la manera de los de Castilla. Por toda ella hay muchas lagunas, grandes y pequenas, algunas muy trabajosas de pasar, parte por la mucha hondura parte por tantos arboles como por ellas estan caídos. Elsuelo de ellas es arena, y las que en la comarca de Apalache hallamos son muy mayores que las de hasta allí.
Hay en esta provincía muchos maizales, y las casas están tan esparcidas por el campo, de la manera que están las de los Gelves. Los animales que en ellas vimos son: venados de tres maneras, conejos y liebres, osos y leones, y otras salvajinas, entre los cuales vimos un animal que trae los hijos en una bolsa que en la barriga tiene; y todo eltiempo que son pequeños los trae allí, hasta que saben buscar de comer; y si acaso estén fuera buscando de comer, y acude gente, la madre no huye hasta que los ha recogido en su bolsa. Por allí la tierra es muy fría; tiene muy buenos pastos para ganados; hay aves de muchas maneras, ansares en gran cantidad, patos, ánades, patos reales, dorales y garzotas y garzas; perdices; vimos muchos alcones, neblis, gavllanes, esmerejones y otras muchas aves.
Dos horas después que llegamos a Apalache, los indios que de allí habían huído vinieron a nosotros de paz, pidiéndonos a sus mujeres y hijos, y nosotros se losdimos, salvo que el gobernador detuvo un cacique de ellos consigo, que fue causa por donde ellos fueron escandalizados; y luego otro día volvieron de guerra, y con tanto desnuedo y presteza nos asometieron, que llegaron a nos poner fuego a las casas en que estábamos; mas como salimos, huyeron, y acogiéronse a las lagunas, que tenían muy cerca; y por esto, y por los grandes maizales que había, no les podimos hacer daño, salvo a uno que matamos. Otro día siguiente, otros indios de otro pueblo que estaba de la otra parte vinieron a nosotros y acometiéronnos de la misma arte que los primeros, y de la misma manera se escaparon, y también murió uno de ellos.
Estuvimos en este pueblo veinte y cinco días, en que hecimos tres entradas por la tierra, y hallámosla muy pobre de gente y muy mala de andar, por los malos pasos y montes y lagunas que tenía. Preguntamos al cacique que les habíamos detenido, y a los otros indiosque traíamos con nosotros, que eran vecinos y enemigos de ellos, por la manera y población de la tierra, y la calidad de la gente, y por los bastimentos y todas las otras cosas de ella. Respondiéronnos cada uno por sí, que el mayor pueblo de toda aquella tierra era aquel Apalache, y que adelante había menos gente muy más pobre que ellos y que la tierra era mal poblada y losmoradores de ella muy repartidos; y que yendo adelante, había grandes lagunas y espesura de montes y grandes desiertos y despoblados.
Preguntámosle luego por la tierra que estaba hacia el Sur, que pueblos y mantenimientos tenía. Dijeron que por aquella vía, yendo a la mar nueve jornadas, había un pueblo que llamaban Aute, y los indios de él tenían mucho maíz, y que tenían frisoles y calabazas, y que por estar tan cerca de la mar alcanzaban pescados, y que estos eran amigos suyos. Nosotros, vista la pobreza de la tierra, y las malas nuevas que de la población y de todo lo demás nos daban, y como los indios nos hacían continua guerra hiriéndonos la gente y los caballos en los lugares donde íbamos a formar agua, y esto desde las lagunas, y tan a salvo, que no lospodíamos ofender, porque metidos en ellas nos flechaban, y mataron un señorde Tezcuco que se llamaba don Pedro, que el comisario llevaba consigo, acordamos de partir de allí, y ir a buscar la mar, y aquel pueblo de Aute que nos habían dicho; y asi nos partimos a cabo de veinte y cinco días que allí habíamos llegado.
El primero día pasamos aquellas lagunas y pasos sin ver indio ninguno; mas al segundodía llegamos a una laguna de muy mal paso, porque daba el agua a los pechosy había en ella muchos árboles caidos. Ya que estábamos en medio de ella nos acometieron muchos indios que estaban abscondidos detrás de los árboles porque no los viésemos; otros estaban sobre los caídos, y comenzáronnos a flechar de manera, que nos hirieron muchos hombres y caballos, y nos tomaron laguía que llevábamos antes que de la laguna saliésemos, y después de salidosde ella, nos tornaron a seguir, queriéndonos estorbar el paso; de manera que no nos aprovechaba salirnos afuera ni hacernos mas fuertes y querer pelearcon ellos, que se metían luego en la laguna, y desde allí nos herían la gente y caballos. Visto esto, el gobernador mandó a los de a caballo que se apeasen y les acometiesen a pie. El contador se apeó con ellos, y así los acometieron, y todos entraron a vueltas en una laguna, y así les ganamos el paso.
En esta revuelta hubo algunos de los nuestros heridos, que no les valieron buenas armas que llevaban; y hubo hombres este día que juraron que habían visto dosrobles, cada uno de ellos tan grueso como la pierna por bajo, pasados de parte a parte de las flechas de los indios; y esto no es tanto de maravillar, vista la fuerza y maña con que las echan; porque yo mismo vi una flecha en un pie de un álamo, que entraba por el un geme. Cuantos indios vimos desde la Florida aquí, todos son flecheros; y como son tan crescidos de cuerpo y andan desnudos, desde lejos parecen giggantes.
Es gente a maravilla bien dispuesta, muy enjutos y de muy grandes fuerzas y ligereza. Los arcos que usanson gruesos como el brazo, de once o doce palmos de largo, que flechan a doscientos pasos con tan gran tiento, que ninguna cosa yerran. Pasados que fuimos de este paso, de ahí a una legua llegamos a otro de la misma manera, salvo que por ser tan largo, que duraba media legua, era muy peor; este pasamos libremente y sin estorbo de indios; que, como habían gastado en el primero toda la munición que de flechas tenían, no quedó con qué osarnos acometer. Otro día siguiente, pasando otro semejante paso, yo hallé rastro de gente que iba delante, y di aviso de ello al gobernador que venía en la retaguardia y ansí, aunque los indios salieron a nosotros, como ibamos apercibidos, no nos pudieron ofender; y salidos a lo llano, fuéronnos todavía siguiendo; volvimos a ellos por dos partes, y matámosles dos indios, y hiriéronme a míy dos o tres cristianos; y por acogérsenos al monte no les podimos hacer más mal ni daño. De esta suerte caminamos ocho días, y desde este paso que hecontado, no salieron mas indios a nosotros hasta una legua adelante, que eslugar donde he dicho que íbamos. Allí, yendo nosotros por nuestro camino, salieron indios, y sin ser sentidos, dieron en la retaguardia, y a los gritos quedio un muchacho de un hidalgo de los que allí iban, que se llamaba Avellanedea, el Avellaneda volvió, y fue a socorrerlos, y los indios le acertaron conuna flecha por el canto de las corazas, y fue tal la herida, que pasó casi toda la flecha por el pescuezo, y luego allí murió y lo llevamos hasta Aute.En nueve días de camino, desde Apalache hasta allí, llegamos. Y cuando fuimos llegados, hallamos toda la gente de él, ida, y las casas quemadas, y mucho maíz y calabazas y frisoles, que ya todo estaba para empezarse a coger.
Descansamos allí dos días, y estos pasados, el gobernador me rogó que fuese a descubrir la mar, pues los indios
decían que estaba tan cerca de allí; ya en este camino la habíamos descubierto por un rio muy grande que en él hallamos, a quien habíamos puesto por nombre el rio de la Magdalena. Visto esto, otro día siguiente yo me partí a descubrirla, juntamente con el comisario y el capitán Castillo y Andres Dorantes y otros siete de caballo y cincuenta peones, y caminamos hasta hora de visperas, que llegamos a un ancón o entrada de la mar, donde hallamos muchos ostiones, con que la gente holgó; y dimos muchas gracias a Dios por habernos traido allí. Otro día de mañana envié veinte hombres a que conociesen la casa y mirasen la disposición  de ella, los cuales volvieron otro día en la noche, diciendo que aquellos ancones y bahías eran muy grandes y entraban tanto por la tierra adentro, que estorbaban mucho paradescubrir lo que queríamos, y que la costa estaba muy lejos de allí. Sabidas estas nuevas, y vista la mala disposición y aparejo que para descubrir la costa por allí había yo me volví al gobernador, y cuando llegamos, hallamosle enfermo con otros muchos, y la noche pasada los indios habían dado en ellos y puéstolos en grandísimo trabajo por la razón de la enfermedad que les había sobrevenido; también les habían muerto un caballo. Yo di cuenta de lo quehabía hecho y de la mala disposición de la tierra. Aquel día nos detuvimos allí.

________________________________

Extraido de su libro Naufragios

HIstorias de la Historia de España; Capítulo 86. Érase un Conquistador, la provincia de Nueva Granada y «El dorado»

Quesada
El origen de Gonzalo Jiménez de Quesada es aún misterioso. Algunos biógrafos consideran que nació en Córdoba o en Granada (España). Murió en Mariquita (Tolima) el 16 de febrero de 1579. Fundador en 1538 del Nuevo Reino de Granada (hoy Colombia) y de su capital, Santa Fe de Bogotá. Sus conquistas y descubrimientos le ganaron el título de Adelantado del Nuevo Reino de Granada.
Fue el mayor de seis hermanos, y, pasada la adolescencia estudia en la Universidad de Salamanca la licenciatura de derecho, y regresa a Granada, ya abogado, alrededor de 1533, según algunos documentos que lo acreditan como Gonzalo Jiménez «el mozo» para diferenciarlo de su padre. Se sabe también que ejerció como abogado en la Real Audiencia de Granada hasta el momento de enrolarse y viajar a América, en 1535.
Tuvo dos hermanos: Hernán Pérez de Quesada, quien lo acompañó como segundo al mando en la expedición del río Magdalena, y Francisco de Quesada, uno de los conquistadores de Quito. De regreso a España en 1544, los dos murieron a causa de un rayo que cayó en su barco, apenas llegados al Cabo de la Vela.
Ejerció el cargo de abogado en la Real Audiencia de Granada hasta que viajó a América (1535), para administrar justicia en la expedición que envió la Corona Española en el proceso de la conquista del Nuevo Reino de Granada.
Sin embargo, no debemos olvidar que esta misma expedición, realizada durante los años de 1536 y 1537, fue la que estableció el dominio sobre el interior del país y consagró al río Grande de la Magdalena como la principal vía de comunicación entre la costa Atlántica y las regiones montañosas centrales. Esta sería la ruta de transporte de mercancías y pasajeros en los siglos venideros, permitiendo que el oro, la plata y otros productos secundarios llegaran hasta los puertos del Atlántico y de ahí a Europa, desde donde se enviaban el vino, los textiles y las manufacturas que dieron forma a las sociedades a ambos lados del océano. La importancia de esta expedición, desde este punto de vista, es lo que se quiere destacar en este breve artículo.
Muchas habían sido las intentonas que desde la costa, ya fuera partiendo de Santa Marta o de Cartagena de Indias, se habían realizado buscando las ricas tierras que seguramente existían en el interior del continente. Todas habían fracasado debido a las dificultades que suponía adentrarse en las abruptas selvas y sortear los impetuosos ríos que las surcaban. Ésta fue la misión que, poco después de su llegada, le encomendó Fernández de Lugo. Jiménez de Quesada remontó el río Magdalena, exploró los valles de su curso medio y en 1537 alcanzó las llanuras de la meseta de Cundinamarca, situada en el centro de Colombia. Para ello hubo de afrontar numerosos peligros (plagas tropicales, legiones de mosquitos y ataques de indígenas provistos de flechas envenenadas) y superar además una barrera geográfica hasta entonces infranqueable, la formada por la cadena de los Andes septentrionales.
En el altiplano de Cundinamarca encontró Quesada la civilización artesana y agrícola de los chibchas o muiscas, a los que sometió apenas sin derramamiento de sangre, sirviéndose más de la razón que de la espada. Además, la labor de los españoles fue facilitada por el hecho de que la cruz era un signo sagrado para los nativos, que, como en otros sitios, consideraron a los recién llegados hijos del Sol, dios al que veneraban. El 5 de agosto de 1538, el licenciado Quesada fundaba la ciudad de Santa Fe de Bogotá, la que había de convertirse en la capital del reino de Nueva Granada.
La importancia estratégica y la extensión de los territorios conquistados podían compararse con las del México ocupado por Hernán Cortés, pero desgraciadamente la metrópoli estaba ya cansada de gestas y muy necesitada de riquezas, y era evidente que en la sabana de Cundinamarca no había un Moctezuma ni una Tenochtitlán repleta de palacios, sino simples agrupaciones de tipo aldeano cuya única riqueza eran los gigantescos árboles y las feraces tierras. Por ello la conquista de Quesada ha quedado en la historia en un segundo plano.
A comienzos de 1539 llegaron a Bogotá dos nuevas expediciones: la de Sebastián de Belalcázar, procedente de Perú, y la del alemán Nicolás Federmann, que había partido de Venezuela. Los tres capitanes estuvieron a punto de entablar una guerra, pero al fin determinaron regresar juntos a España para que el monarca decidiese a quién correspondía la gobernación de Nueva Granada. A pesar de que todo el mérito correspondía a Quesada y de que él era el único que había actuado legítimamente por orden de un superior (tanto Belalcázar como Federmann lo habían hecho por cuenta propia), el Consejo de Indias resolvió no otorgar a ninguno de los tres el ansiado título de gobernador.
Hasta mayo de 1547, ocho años después de su regreso, no se recompensó a Quesada con el nombramiento honorífico de Mariscal del reino de Nueva Granada, aunque jamás conseguiría un mando con jurisdicción sobre las tierras que había conquistado. Jiménez de Quesada regresó nuevamente a Santa Fe de Bogotá en 1550 y emprendió una expedición por la región de los Llanos orientales en busca de los tesoros de El Dorado que sería un fracaso: las riberas del impetuoso Orinoco fueron superiores a sus ya menguadas fuerzas. Viejo, enfermo y arruinado, se retiró en Suesca.
Los últimos años de su vida los dedicó a escribir una serie de obras de las cuales se ha perdido la mayor parte. No se conserva ni su Relación de la conquista del Nuevo Reino de Granada, ni el libro titulado Ratos de Suesca ni el llamado Compendio historial de las conquistas del Nuevo Reino, donde al parecer abordaba una historia completa de los primeros años de colonización. Sí que ha llegado hasta nosotros su Antijovio, texto en el que narra los acontecimientos principales ocurridos en Europa en la primera mitad del siglo que le tocó vivir. La obra trata de demostrar la falsedad de las aseveraciones y relatos antiespañoles del cronista italiano Paolo Giovio, historiador de fortuna que gozó de cierto improcedente predicamento en la época.
La última hazaña de Gonzalo Jiménez de Quesada fue resistir durante cuatro largos años a un enemigo invencible: la lepra. Fue esta terrible enfermedad la que acabó con su vida en 1579, días después de que dictase testamento y pusiera en orden los numerosos papeles que habían brotado de su pluma. Sus hombres le rindieron honores de adelantado, pues consideraban que él, y sólo él, había descubierto y conquistado las tierras de Nueva Granada.

___________________________________________________________

  • FRIEDE, Juan. Gonzalo Jiménez de Quesada a través de documentos históricos. Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 1960.
  • http://www.mcnbiografias.com
  • Friede, Juan. El adelantado don Gonzalo Jiménez de Quesada, 2 Vols. Bogotá, Carlos Valencia editores, 1979.
    JIMÉNEZ DE QUESADA, GONZALO. El Antijovio. Estudio preliminar, Manuel Ballesteros Gaibrois. Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1952.

Gonzalo Fernández de Oviedo

gonzalo Ferdez oviedo
Gonzalo Fernández de Oviedo Valdés (Madrid, 1478 – Valladolid, 1557) fue un militar, escritor, cronista y colonizador español. Capitán de los ejércitos del emperador Carlos V, gobernador general o alcaide de la Fortaleza de Santo Domingo y La Española.
Gonzalo Fernández de Oviedo, historiador y cronista de Indias, desde niño fue testigo de excepción de importantes acontecimientos políticos en la transición de un mundo medieval que se apagaba frente a otro que emergía y en el que la monarquía hispana estaba destinada a tener un papel protagonista con su respaldo financiero y su confianza en la empresa americana. Su infancia transcurrió en la casa de Alonso de Aragón, segundo duque de Villahermosa, la “casa de Minerva y Marte”, como el mismo Fernández de Oviedo la denominaba, una de las cortes literarias más fecundas del humanismo hispano en la que residió hasta los trece años. Su formación humanística se completaría al entrar como paje al servicio de don Juan de Aragón, hijo de los Reyes Católicos donde, además de compartir la educación de un “príncipe” renacentista, en la que el latín y los autores greco-latinos eran materia básica, el joven compañero del infante asistió a sucesos y conoció figuras que transformarían la historia de España.
Presenció la rendición de Granada en 1492 y el regreso de Cristóbal Colón tras su primer viaje, y conoció a los hijos del descubridor, que eran pajes del príncipe. La muerte del infante en 1497 cambió el rumbo de su vida, y abandonó la Corte para marchar a Italia. En 1498 estuvo en Milán al servicio de Ludovico Sforza “el Moro”, y conoció a Leonardo da Vinci. En la Mantua del pintor Andrea Mantegna entró a servir a Juan de Borja y Castro o Borgia, a quien acompañó por diversas ciudades de Italia.
En 1500 se desplazó a Roma y de allí a Nápoles, donde pasó a servir en la corte de su rey don Fadrique. Cruzó luego el estrecho de Mesina hacia Sicilia, donde entabló amistad con Gonzalo Fernández de Córdoba, más conocido como “el Gran Capitán”, quien acababa de conquistar Tarento y había hecho prisionero al Duque de Calabria,
En 1506 debió casarse con Margarita de Vergara, que murió pronto, y al año siguiente fue nombrado notario público y secretario del Consejo de la Santa Inquisición; al año siguiente se casó nuevamente, en esta ocasión con Catalina Rivafecha, y trabajó hasta 1511 como notario público de Madrid. En 1512 ejerció de secretario del Gran Capitán por poco tiempo.
En 1514, abandonó la capital para ejercer de Veedor en las Indias, a las que dedicaría gran parte de sus descripciones y donde acabaría su vida.
Escritor prolífico (yo escribo desde que tuve edad para ocuparme en semejante materia, así de lo que pasó a España desde el año de 1490 hasta aquí…; Sumario de la natural Historia, apud Ballesteros 1981, 58 nota 5) de formación autodidacta, el referente para sus obras históricas serían los autores antiguos: profundo conocedor de Plinio lo tomó como modelo incluso para el título de una de sus obras más famosas la Natural Historia de las Indias (Sevilla 1535) al que antepuso, en la más pura tradición medieval, el de Historia General; y así como el historiador romano dedicara su Naturalis Historia al emperador Vespasiano, él lo hizo al emperador Carlos V. En ella trató de explicar muchas de las manifestaciones culturales de los indígenas americanos recurriendo a la comparación con los pueblos antiguos descritos en la literatura greco-latina. Pero G. Fernández de Oviedo cabalgaba entre el mundo medieval y el moderno y, mientras que a veces en el terreno de lo geográfico se alinea con el pragmatismo y la realidad de la era de los descubrimientos hasta el punto de que sus descripciones y datos sobre los mares del sur se utilizaron en la discusión científica -en plena efervescencia en las más importantes universidades europeas- sobre la medición de la tierra, otras se convierte en un defensor acérrimo de la tradición medieval hasta el punto de querer encontrar antecedentes de las nuevas tierras descubiertas en los autores clásicos o en el Antiguo y Nuevo Testamento. A pesar de todo, sus descripciones etnográficas, antropológicas o arqueológicas sirvieron para aumentar el interés por el Nuevo Mundo hasta el punto de que ya no iban a ser suficientes las descripciones de los cronistas, sino que se sentía la necesidad de tener presencia real de su cultura material. Así el afán por la colección de objetos procedentes de las Indias fue en aumento. Prueba de ello son los ídolos americanos que, en 1547, se expusieron en el Colegio de la Universidad Complutense, una de las primeras colecciones etnográficas de España (Ortiz 1935, 67). La idea no caería en el olvido, pues en 1570, Francisco de Toledo, virrey del Perú, sugirió a Felipe II que crease en Palacio un museo para conservar los objetos traídos de las Indias
Del «juego del bate» y de los Indios que es el mismo que «el de la pelota»: aunque «se juega de otra manera» como aquí se dirá.
Refiere que en cada pueblo había un lugar «diputado» en las «plazas» y en las «salidas de los caminos» para la práctica de este juego de pelota, la formación de dos equipos, que las dos dimensiones del terreno de juego variaban en proporción y en razón directa al número de jugadores participantes (equipos de 10 hasta 20), el lugar preeminente para las dignidades del poblado (lo que podríamos transliterar al presente como un palco presidencial), admira y le destaca al rey la vistosidad del juego (es cosa para ver y notar):
Quiero decir de la manera que se jugaba porque en la verdad «es cosa para ver y notar». En torno de donde los jugadores hacían el juego, diez por diez y veinte por veinte: (como se concertaban) tenían sus asientos de piedra y al cacique y hombres principales «ponianles unos vanquillos» de palo muy bien labrados de lindas maderas y con muchas labores de relieve y «concavadas», entalladas y esculpidas en ellos.
Para que el rey comience a entender la descripción del juego, explica sucintamente como fabricaban la pelota, compara el tamaño con el que el tiene por referencia (las fabricaban de varios tamaños: mayores y menores que las que hacen en España), la diferente naturaleza del material empleado en España, el empleo de un zumo como ingrediente de la fórmula, las propiedades físicas y cualidades derivadas de estas pelotas de Indias:
Las pelotas «son» de unas raíces de árboles y yerbas: y «zumos» y mezcla de cosas que toda junta esta mistura parece algo cera, pez negra: y juntas estas y otras materias «cuecenlo todo» y hacen una pasta y «redondeanla» y hacen la pelota «desto», «tamaña» como una de las de «viento» con que juegan en España: y «mayores y menores». La cual mistura hace una tez negra y no se pega a las manos: y después que ésta «ēruta» tornase algo esponjosa, no para que tenga «agujero ni vacuo alguno» como la esponja, por «aligerecese» y es como fofa y algo pesada. Estas pelotas saltan mucho más que las de viento sin comparación, porque de solo «soltalla» de la mano en tierra, suben mucho más para arriba, y dan un salto y otro y otro y otro y muchos, disminuyendo en el saltar por si mismas como lo hacen las «pelotas de viento» y muy mejor: mas como son macizas son algo pesadas.
Publicado 24th November 2012 por Juan José Godoy Espinosa de los Monteros

Historias de la Historia de España. Capítulo 38. Érase un conquistador desde América del norte a la Patagonia

cabeza de vaca
Las cataratas del Iguazú se localizan en la Provincia de Misiones, en el Parque Nacional Iguazú, Argentina, y en el Parque Nacional do Iguaçu del estado de Paraná, Brasil. Asimismo, están próximas a la frontera entre Paraguay y Argentina, a solo 13,8 km en línea recta. El 11 de noviembre de 2011 fueron elegidas provisionalmente como una de las “Siete maravillas naturales del mundo”

Estas cataratas están formadas por 275 saltos de hasta 80 m de altura de los cuales el 80% están del lado argentino, alimentados por el caudal del río Iguazú. Un espectáculo aparte es su salto de mayor caudal y, con 80 m, también el más alto: la garganta del Diablo, el cual se puede disfrutar en toda su majestuosidad desde solo 50 m, recorriendo las pasarelas que parten desde Puerto Canoas, al que se llega utilizando el servicio de trenes ecológicos. Por este salto pasa la frontera entre ambos países.

Toponimia

El nombre Iguazú proviene de dos palabras: la palabra «y» (que se lee / ɨ /) y la palabra «guasú», que en lengua guaraní quieren decir ‘agua’ y ‘grande’, respectivamente. En portugués son llamadas cataratas do Iguaçu.

Historia

En el año 1542, mientras realizaba una travesía desde el océano Atlántico hasta Asunción del Paraguay, Alvar Núñez Cabeza de Vaca divisó las sorprendentes cataratas del río Iguazú y las bautizó como «saltos de Santa María», nombre que con el tiempo fue reemplazado por su primitiva denominación guaraní Iguazú (antigua ortografía de yguasu ‘gran cantidad de agua’, de y ‘agua’ y guazú ‘grande’).

Por entonces la región era habitada por indígenas de la etnia mbyá-guaraní, quienes alrededor de 1609 comenzaron a vivir el proceso evangelizador protagonizado por los sacerdotes jesuitas de la Compañía de Jesús, quienes desarrollaron en la región una experiencia única Latinoamérica: la conformación de un sistema reduccional que llegó a contar con 30 pueblos distribuidos en las regiones del Tapé y el Guayrá (actualmente sur de Brasil y Paraguay, toda la provincia argentina de Misiones y parte del norte de Corrientes).

Por diferencias políticas y económicas con la Corona de España los jesuitas fueron expulsados de la región en 1768. La zona de las cataratas pasó así al olvido hasta junio de 1881 —poco antes de la federalización de Misiones— momento en que la provincia de Corrientes, que ejercía la jurisdicción, vende 50 leguas cuadradas de tierras sobre los ríos Paraná, Iguazú y Uruguaí a Severo Fernández y Ernesto Arnadey. Estos transfieren sus derechos en octubre de ese mismo año a Rafael Gallino quien vuelve a enajenarlos a favor de Gregorio Lezama.

En diciembre de 1881 Misiones se separa de Corrientes y en 1882 asume el primer gobernador Rudecindo Roca que divide el territorio en 5 departamentos. Uno de sus comandantes, Francisco Cruz, llega hasta la confluencia de los río Paraná y río Iguazú transportando una comisión científica alemana que busca tierras para colonizar. Esta expedición era costeada por Ledesma (propietario de las tierras de Iguazú) y dirigida por el explorador Carlos Bossetti. Entre los expedicionarios se encontraba también Jordan Hummell, que años más tarde organizaría el primer viaje turístico a las Cataratas. Así las cataratas son “descubiertas” nuevamente y vuelven a ser admiradas.

En 1888, Gregorio Lezama vende las «tierras del Iguazú» a Martín Erracaborde Cía.

En 1902, el Ministerio del Interior de Argentina, encomendó al arquitecto paisajista Carlos Thays, realizar un estudio de las cataratas, que fue la base para la creación del Parque Nacional Iguazú, en 1934, que posee 67.620 hectáreas de selva.

El 20 de septiembre de 1895, el gobernador Balestra divide la provincia en 14 departamentos. El departamento de Iguazú pasa a integrar el departamento Frontera junto a Manuel Belgrano, Eldorado y parte de San Pedro.

El 19 de julio de 1897, se designa juez de paz de la incipiente población de Iguazú a Alberto Mugica. Para entonces, Jordan Hummell, acompañado de los señores Nuñez y Gibaja ya habían realizado una nueva incursión hasta las Cataratas del Iguazú, pero por el lado brasileño, ya que el lado argentino la selva era impenetrable. De ese viaje llevaron al gobierno su interés en promover la llegada de turistas.

En 1984 el sector argentino de las cataratas, el Parque Nacional Iguazú, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Posteriormente en 1986, el sector de Brasil, que se encuentra en el Parque Nacional do Iguaçu, también fue declarado Patrimonio de la Humanidad. Las cataratas lindan con Argentina y Brasil, y están a pocos kilómetros de la triple frontera con Paraguay.

Distribución de las Cataratas entre Argentina y Brasil

Las cataratas de Iguazú se hallan dispuestas en una forma que parece una gran J inversa. En la margen derecha se encuentra el territorio brasileño, el cual posee poco más de un 20% de los saltos de dichas cataratas; y del lado izquierdo se hallan los saltos argentinos, los cuales conforman casi un 80% de las cataratas. Para conocer completamente y apreciar del todo estas cataratas, la recomendación es visitar tanto el lado argentino como el brasileño, porque de un lado se aprecia panorámicamente el otro, y viceversa. Los que conocen han dicho, más o menos, que “desde Brasil se ven las cataratas, y desde Argentina se viven” (desde Brasil se tiene una panorámica impactante de la mayoría de los saltos, los cuales están del lado argentino). Sin embargo, uno se mueve entre los saltos del lado argentino, no sólo en las pasarelas que permiten casi tocar el agua, sino también en los paseos en lancha, que permiten ir hasta al lado de las impactantes caídas de agua, e incluso, se puede adentrar hasta la mismísima Garganta del Diablo, si se parte en lancha desde territorio argentino.

Una de las siete maravillas naturales del mundo

El 11 de noviembre de 2011 las cataratas del Iguazú fueron elegidas provisionalmente como una de las «Siete maravillas naturales del mundo». El concurso comenzó a mediados del año 2007, por la fundación de origen suizo New7Wonder, contó con la participación de mil millones de votos.

Descubrimiento

Álvar Núñez Cabeza de Vaca (Jerez de la Frontera, 1490/95 – Sevilla, 1557/60) fue un conquistador español que exploró el golfo de México y los territorios del noroeste de México. Gobernador y Adelantado del Río de la Plata, nieto de uno de los conquistadores de la isla de Gran Canaria. Fue el primer europeo que describió las cataratas del Iguazú y que exploró el curso del río Paraguay.

Primer viaje a América 

Durante aquel viaje recogió las primeras observaciones etnográficas sobre las poblaciones indígenas del golfo de México, escribiendo una narración titulada Naufragios, considerada la primera narración histórica sobre los territorios que hoy corresponden a Estados Unidos, fue publicada en 1542 en Zamora y en 1555 en Valladolid, en la cual describe sus vivencias y las de sus tres compañeros quienes atravesaron a pie el suroeste de los actuales Estados Unidos y el norte de México.

Segundo viaje a América

Cabeza de Vaca regresó a España en 1537 y consiguió que se le otorgara el título de Segundo Adelantado del Río de la Plata. A finales de 1540 inició en Cádiz su segundo viaje que le llevaría al sur del continente americano. Arribó a la isla de Santa Catalina (actual Santa Catarina), en el territorio que entonces era llamado La Vera o Mbiazá y que correspondía a la Gobernación del Paraguay y actualmente es parte del estado brasileño de Santa Catarina.

Desde la mencionada isla de Santa Catalina arrancó en un viaje por tierra, a lo largo de casi cinco meses, con el propósito de llegar a la entonces villa y fuerte de Asunción del Paraguay, sede de la gobernación del Río de la Plata. Guiado por indígenas tupís-guaranís cruzó con su expedición por selvas, ríos y montañas. Fue el primer europeo que describió las cataratas del Iguazú: «el río da un salto por unas peñas abajo muy altas, y da el agua en lo bajo de la tierra tan grande golpe que de muy lejos se oye; y la espuma del agua, como cae con tanta fuerza, sube en alto dos lanzas y más». Pronto entró en conflicto con los capitanes y colonos españoles establecidos en Asunción que, alentados por Domingo Martínez de Irala, rechazaban la autoridad del gobernador y sus proyectos de organizar la colonización del territorio olvidándose de perseguir los quiméricos tesoros de los que hablaban los mitos indígenas.

__________________________________________________________

Naufragios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca https://www.dropbox.com/s/28usif4tmp2wlga/Naufragios.pdf

Seis Estados Atravesados. (Carolina del sur, Florida, Georgia, Alabama, Mississippi y Árkansas). Hernando de Soto.

Discovery_of_the_Mississippi

I. Hernando de Soto el Conquistador
Hernando de Soto nació en Barcarrota, en España, en 1500. Muy joven, en 1516, se fue a América con Pedrarias Dávila, gobernador del Darien, quien admiró su coraje.

En 1523, acompañó a Francisco Fernández Córdoba quien, por órdenes de Pedrarias, partió a la conquista y exploración de Panamá, Nicaragua y Honduras. Posteriormente fue gobernador de Cuba entre 1538 y 1539, año en que partió a la conquista de Florida. Tiene el honor de ser el primer europeo en avistar el río Mississippi.

Sus padres eran hidalgos en Extremadura, una región donde abundaba la pobreza y por la cual mucha gente joven buscaba maneras de hacer fortuna en otros lugares. En 1514 Hernando de Soto acompañó a Pedro Arias Dávila a las colonias españolas, desembarcando en Panamá. Sus posesiones en aquel momento eran solamente un escudo y una espada. Con tan solo dieciséis años se hizo líder de una unidad de la caballería y formó parte de una expedición para colonizar Nicaragua y Honduras.

Hernando de Soto ganó fama como jinete, convirtiéndose en un combatiente de tácticas excelentes. En un conflicto por la supremacía de Nicaragua, luchó para Pedro Arias Dávila contra Gil González. Este último había intentado separarse del grupo para explorar y conquistar por su cuenta, por lo que Soto denunció la traición y derrotó al ejército de González. Años después acompañó a Francisco Pizarro en sus expediciones e hizo fortuna, además de hacerse muy famoso por ser el héroe de la batalla de Cuzco. Este período es el ápice de su reputación y abundancia.

En 1532, se unió a la expedición de Francisco Pizarro; partió de Panamá para conquistar el Perú. Pizarro reconoció su valor y lo hizo uno de sus principales capitanes, lo que provocaría conflictos entre los hermanos de Pizarro.

En 1533, fue enviado a los Andes para explorar el territorio. Descubrió la ruta que llevaba a la capital inca. A su regreso, Pizarro decidió enviarlo como emisario cerca del emperador Inca Atahualpa. Después de la victoria de los españoles frente a los incas, Hernando de Soto simpatizará con el emperador hecho prisionero.

De Soto es uno de los conquistadores más visto en la conquista del Perú, y en la toma de la capital Cuzco.
En 1536, volvió a España con 18.000 onzas de oro, que representaba su parte del botín después de la victoria de los españoles sobre los Incas. Residió en Sevilla donde se hizo construir una inmensa residencia.

En 1537, se casó con Inés de Bobadilla, la hija de su maestro, Pedrarias Dávila.

II. Gobernador de Cuba.

Después de haber pasado algunos momentos tranquilos en Sevilla, los relatos de Cabeza de Vaca al respecto de una región llamada Florida, que sería al menos tan rica como el Perú, empujaron a Hernando de Soto a volver a América.

Vendió sus propiedades, y preparó una expedición. Obtuvo de Carlos Quinto los títulos de Adelantado de Florida, gobernador de Cuba y Marqués de una parte de las tierras que descubriera.

La expedición se compuso de 950 soldados y diez navíos. Sería respaldada por una veintena de botes que venían de Vera Cruz y que se pondrían a las órdenes de Hernando de Soto.

La flota partió de San Lúcar el 6 de abril de 1538 y llegó 15 días más tarde a Gomera, una de las islas Canarias, donde permaneció una semana. Después la expedición retomó su ruta hacia Santiago de Cuba donde se unieron los otros navíos.

En Cuba, el nuevo gobernador visitó las diferentes ciudades próximas a Santiago y reunió todos los caballos y los hombres que podía para su próxima exploración de la Florida.

En ese momento, La Habana fue saqueada e incendiada por los franceses. Hernando de Soto envió al capitán Aceituno con algunos hombres para volver a poner la villa en estado.

En la víspera de la partida, nombró a Gonzalo de Guzmán lugarteniente-gobernador para administrar Santiago durante su ausencia.

A fin del mes de agosto de 1538, los navíos emprendieron la mar en dirección de La Habana, mientras que Hernando de Soto hizo la ruta por tierra con 350 caballos para reunirse al resto de la expedición. Llegado a La Habana, de Soto se ocupó de reconstruir la ciudad y ordenó a Aceituno construir una fortaleza en previsión de un ataque.

Al mismo tiempo, Juan de Añasco fue enviado a explorar las costas de la Florida, a fin de facilitar la llegada de la flota. Al cabo de algunos meses, Añasco estaba de regreso con buenas noticias.

III. Hernando de Soto el explorador.

El 18 de Mayo de 1539, la expedición estaba por fin lista. Hernando de Soto disponía de 9 navíos y 1000 hombres.

El 25 de mayo, la flota pasó por Espiritu Santo (Tampa Bay) y los hombres desembarcaron el 30 de mayo sobre este nuevo mundo. Los españoles comenzaron entonces su exploración.

Pero debieron enfrentar a los indios vueltos belicosos, después del pasaje del violento Narváez, durante una expedición precedente.

Al cabo de algún tiempo, Hernando de Soto había ya perdido muchos hombres en sus batallas contra los autóctonos. Atravesó las provincias de Acuera, Ocali, Vitachuco y Osachile (al oeste de la península de la Florida), al punto de alcanzar Apalache (al noroeste), una región considerada como fértil y que tenía buenas condiciones marítimas para la construcción de un puerto.

Alcanzó al fin esta región, no sin haber combatido contra los indios. A diferencia de otros expedicionarios, sus tropas no capturaron a indios para utilizarlos como trabajadores, no violaron mujeres y no saquearon aldeas, sino que instaló cruces cristianas en los lugares sagrados de los indios.

En octubre de 1539, Hernando de Soto envió a Juan Añasco con 30 hombres a Espíritu Santo donde había dejado sus navíos y una parte de la expedición, con la orden de bordear las costas y de encontrarlo allí.

Pedro Calderón, debía partir en busca de provisiones por tierra, mientras que Gómez Arias fue enviado a La Habana para informar a la mujer de de Soto de los progresos de la expedición. Después de algunas dificultades, todo el mundo se encontró en Aute Bay (Apalache).

Hernando de Soto envió entonces al capitán Diego Maldonado a explorar las costas al oeste del Aute con dos navíos. Maldonado cumplió su misión con éxito y, en febrero de 1540, fue enviado a La Habana para informar a la ciudad de sus descubrimientos. Los dos hombres se encontrarían después, en octubre, en la bahía de Achusi, con otros navíos, municiones de guerra, provisiones y uniformes para los soldados.

Pero de Soto no volvería a ver jamás a Maldonado. No porque éste haya faltado a su misión. Él fue a Achusi, pero no encontró rastro de su comandante. Exploró la región en vano, y retomó la mar para La Habana. Al año siguiente, Maldonado partió nuevamente en busca de Hernando de Soto, pero sin resultado.

IV. El fracaso de la expedición.

Durante este tiempo, Hernando de Soto partió, en marzo de 1540, de Apalache con la intención de explorar el norte del país. Atravesó las regiones de Altapaha (o Altamaha), Achalaque, Cofa y Cofaque, todas ciudades situadas en el norte de la Georgia, con poco éxito. Decidió entonces alcanzar Achusi, para encontrar a Maldonado y sus refuerzos. Pero cuando llegó a la región de Tuscaluza (Alabama), unos indios en gran número lo enfrentaron en la batalla más espantosa que haya podido tener el conquistador.

La batalla duraría nueve horas y sería finalmente ganada por los españoles. Pero numerosos hombres y oficiales, Hernando de Soto incluído, fueron heridos. Setenta españoles fueron muertos en esta batalla.

De Soto quería proseguir la ruta hacia Achusi, pero sus tropas estaban extenuadas y debieron permanecer allí algunos días. Los españoles estaban decepcionados por no haber encontrado ninguna riqueza en estas exploraciones, y hacían complot para abandonarla, alcanzar Achusi y emprender la mar para México o el Perú.

Sabiendo eso, Hernando de Soto cambió sus planes. En lugar de marchar hacia la costa y reunirse con Maldonado, condujo a sus hombres hacia el oeste al interior de las tierras. Esperaba alcanzar la Nueva España (México).

En diciembre de 1540, perdió 40 hombres y 50 caballos en una nueva batalla. En abril de 1541, en el curso de un enfrentamiento con los indios, numerosos españoles fueron muertos o heridos. Hernando de Soto estaba forzado a quedarse algunos días para que sus hombres sean curados.

Pero decidió continuar su ruta hacia el interior, por las provincias del Golfo, y alcanzando el Mississippi al norte del estado del mismo nombre.

Cruzó el río y prosiguió su camino hacia el noroeste antes de llegar a la provincia de Autiamque (noroeste de Arkansas), donde pasó el invierno, cerca de Washita.

En la primavera del año 1542, volviendo sobre sus pasos, alcanzó el Mississippi. Allí, el 20 de junio de 1542, cayó enfermo con una fuerte fiebre. Preparándose para morir, designó a Luis de Moscoso de Alvarado para tomar su lugar a la cabeza de los hombres.

Cinco días más tarde, Hernando de Soto murió sin haber podido alcanzar la Nueva España. Sus hombres entonces sumergieron su cuerpo pesadamente lastrado en medio del río durante la noche, para que los indios ignoraran su muerte, puesto que era considerado inmortal entre los nativos y para que no profanen su cuerpo.

El resto de la expedición, dirigida por Moscoso, intentó entonces alcanzar la costa por el este. Pero fueron atacados de nuevo por los indios. Algunos miembros de la expedición llegaron a sobrevivir y a alcanzar Pánuco en México.

El balance humano es desastroso, pero la expedición de Hernando de Soto quedaría en la historia por la amplitud de la exploración: seis estados atravesados (Carolina del sur, Florida, Georgia, Alabama, Mississippi y Arkansas),y numerosas tribus indias descubiertas (Cherokees, Seminoles, Creeks, Apalaches, Choctaws y otras)