Érase un 26 de septiembre y un Cardenal con un apellido de miedo.

torquemada

Valladolid y Burgos, y la Villa de Torquemada se disputan todavía el honor de haber dado á la España y á la Iglesia este doctísimo y zeloso varon, ornamento de su siglo y de su patria, que en doctrina y santas costumbres dexó mucho que admirar y que imitar á los venideros. Los que le tienen por natural de Valladolid dicen que fué su padre Alvar Fernandez de Torquemada, el qual está enterrado con su muger en la claustra de San Franasco de aquella Ciudad en una capilla que habia él mandado labrar. Entre los que le creen nacido en Burgos, hay quien asegura que sus abuelos fueron de linage de los Judíos convertidos á nuestra Santa Fe Católica.

En el sosiego y cordura que mostró en su niñez, feliz presagio de una vida perfecta, se encerraba ya el menosprecio del mundo, que es fruto de la verdadera sabiduría. A esta correspondieron los dias de su mocedad: y asi como crecia en años, iva adelantando en todo genero de virtud, sin que tubiesen poder los halagos del siglo para mancilla la honestidad y candidez de su ánimo. Destinado á representar un alto é importante papel en la Iglesia, amenazada del cisma, y de las armas de los novadores, tomó el hábito en el Conveato de San Pablo de Valladolid de la Orden de Predicadores. En París estudió la Teología y el Derecho Canónico, y fué allí mismo graduado de Doctor. A su vuelta fué nombrado Prior de su Convento, y después del de San Pedro Mártir de Toledo. De aquí pasó á Roma; si por huir el cuerpo á la envidia de sus hermanos, mas formidable siempre que la de los estraños; si por encargo del Rey Don Juan el Segundo de Castilla, no consta hasta aquí. Lo cierto es que se halló en Basilea en los principios de aquel General Concilio, siendo ya Maestro del Sacro Palacio: distinción y gracia que debió al Papa Eugenio IV, quien le envió después á la Junta de Nuremberga, y luego á Florencia adonde fué trasladado el Concilio. Torquemada sostuvo siempre á los Latinos contra las pretensiones y dogmas de los Griegos, y con no menos teson las prerogativas de la Silla Romana contra las máximas de los Doctores Galicanos: servicios que el reconocimiento de Eugenio premió con la púrpura, habiéndole creado Cardenal del título de Santa Sabina juntamente con Besarion el Griego, y con los Españoles Juan de Carvajal, y Alfonso de Borja, que adelante fué Papa con el nombre de Calixto III. Ayudó mucho Torquemada á la conciliación de Cárlos VII Rey de Francia con Eugenio, y á las paces entre aquel Monarca y Henrique VI de Inglaterra. Mereció la universal reputación de uno de los grandes teólogos de aquel tiempo, en que la autoridad y decisión de estos influia en la suerte de los Estados: asi que apenas habia duda ó caso arduo en que no se le consultase.

Poseyó en España los Obispados de Mondoñedo y de Orense, y en Italia gozó también de los títulos de Obispo de Albano y de Sabina baxo de los pontificados de Nicolao V y de Pio II. En Roma fundó el Convento llamado de la Minerva, y en Valladolid reedificó el de San Pablo, restableciendo en él la observancia: otros muchos bienes hizo á su Orden, y á la causa común de la Iglesia, con cuyas obras, con el buen exemplo de su vida, y con la caridad y mansedumbre en que resplandeció, derramaba en todas partes el buen olor de Christo, hasta el año de 1468, en que falleció en Roma á los 80 años de su edad.
Fué de alta estatura, delgado de cuerpo, y de venerable gesto y presencia. Dexó escritos unos Comentarios al Decreto de Graciano, divididos en cinco partes. La Suma Eclesiástica dedicada á Nicolao V, en que responde á los enemigos de la Iglesia y del Primado de San Pedro: creen algunos que este es el tratado de la Potestad del Papa, y del Emperador, que tuvo MS en su biblioteca el Conde Duque de Olivares. Publicó también un libro Del agua bendita, de su virtud y eficacia; Meditaciones de la vida de Christo; Comentarios á la Regla de San Benito; Breve y útil declaración de los Salmos; Qüestiones espirituales sobre los Evangelios de todo el año, los quales distinguen algunos de los sermones de las ferias y dominicas, y de los santos. Un Tratado contra los principales errores de Mahoma. Otro sobre la verdad de la Concepción de la Santísima Virgen. Una Colección de sentencias de Santo Tomás sobre la autoridad del Papa y del Concilio General en respuesta al Orador del Concilio de Basilea. Un Aparato acerca del Decreto de la unión de la Iglesia Griega, publicado en el Concilio de Florencia. Un Tratado de la salud del alma. Otro del Cuerpo de Christo: y otros varios que se guardan MSS en la Biblioteca Vaticana, en la de la Minerva, y en la de San Lorenzo el Real del Escorial.