Batalla de Cornualles.

Cornualles
Felipe II desde1570, mantuvo un encarnizado enfrentamiento con el reino de Inglaterra, el cual encabezó acertadamente para su país, Isabel I. El protestantismo imperante en el país inglés fue uno de los detonantes, ya que Felipe II estaba empeñado en que el país volviera a la verdadera fe católica, algo que Isabel no estaba dispuesta a satisfacer en ese punto.
Tanto le fastidió las propuestas de Felipe, (incluido alguna proposición matrimonial) que a la par que Isabel estaba celosa del auge económico de España, (el monopolio de España sobre la América española no era visto con buenos ojos por los países europeos, ya que estos deseaban ardientemente comerciar con las colonias españolas) decidió la reina tomar las riquezas españolas por la fuerza.
De manera solapada y gracias a la acción de los piratas ingleses, Isabel pudo acceder a las riquezas españolas, bien saqueando ciudades de las colonias americanas, bien a saqueando los barcos españoles que comerciaban con América.
La década de los ochenta fue más virulenta en los ataques ingleses, incluso el pirata inglés Drake, se atrevió en 1587 a saquear el puerto de Cádiz donde estaba acantonada parte de la armada que Felipe estaba preparando para invadir Inglaterra.
El año 1588, la flota española marchó rumbo a Invadir Inglaterra para poner a este país en su sitio y que diera fin a los ataques piratas ingleses sobre España; ya que no solo eran acciones piratas lo que soportaba España.
La Inglaterra de Isabel también ayudaba a los rebeldes holandeses que estaban empeñados en establecer la independencia de los Países Bajos; apoyo militar, financiero y puntual con tropas inglesas, ayudador a los holandeses a sostener el esfuerzo de guerra contra España.
La armada española de 1588 se saldó con un rotundo fracaso, en los años 1596 y 1597, Felipe organizó a costa de un sobre esfuerzo económico sobre las mermadas arcas reales, sendas invasiones sobre Inglaterra, si bien estas fueron de menor envergadura que la organizada en 1588.
Estas también, gracias en parte al terrible tiempo existente en Inglaterra, (como ocurrió en 1588) fallaron en su objetivo de desembarcar tropas españolas en el país; sin embargo, de manera casi accidental, en 1595 los españoles desembarcaron en Inglaterra.
El hecho fue circunstancial y accidental, por lo que en los libros de historia casi no figura, porque su acción no tuvo mucha relevancia, sobre todo si se compara con las acciones  que los ingleses realizaron sobre las colonias españolas.
Este fue el único consuelo de Felipe sobre la Inglaterra de Isabel, la cual no se dio por enterada del asunto, ya que fue tan nimio, que no mereció para ella tenerse en cuenta.
Sin embargo, fue lo único que pudo presentar Felipe sobre sus intentos de invadir Inglaterra; la acción fue realizada por un marino llamado Carlos de Amésquita, este recibió encargo del Maestre de Campo, Juan del Águila, (el cual tenía en la Bretaña francesa una base española) realizar una expedición de castigo sobre Inglaterra.
Las acciones sobre el país enemigo hasta entonces se habían saldado siempre con fracasos rotundos, y la acción de mayor calado del año 1588, fue una oportunidad perdida para acabar con la pérfida Albión.
Sin embargo, Juan del Águila, quiso intentar la acción, y pensó que Carlos era la persona más capaz para realizar tan peligrosa misión; este aceptó realizarla, si bien es posible que no tuviera muchas esperanzas de poder golpear a Inglaterra contundentemente; pero al menos se haría lo que se podría, ya que las tropas bajo su mando eran muy modestas para hacer daño.
El 26 de julio de 1595, zarpando de Blavet, cuatro galeras (Capitana, Patrona, Peregrina y Bazana) pertenecientes a la escuadra de Pedro de Zubiaur, marcharon a cumplir la misión encomendada.
Más al norte, la flotilla, tras recalar y aprovisionarse en la población de Penmarch, (en la Bretaña francesa) desembarcaron en la Bahía de Mounts (Cornualles, suroeste de Inglaterra) el 2 de agosto.
Las tropas españolas estaban compuestas por tres compañías de arcabuceros, los cuales conformaban 400 arcabuceros; ¿Por qué la flota inglesa no impidió el desembarco?, la flota inglesa al mando de los almirantes Francis Drake y John Hawkins, quizá no esperaba un acción de este tipo, sobre todo tras el fracaso del 1588.
También la acción fue realizada con celeridad y cuando quisieron responder los ingleses, los españoles ya se habían dado a la fuga con el saqueo obtenido. La tropa era veterana, pero Carlos era consciente que solo podía golpear en la medida de sus fuerzas, ya que sus tropas eran limitadas para pensar en acciones de mayor calado.
Pero ya que tenía la oportunidad de golpear, lo hizo con contundencia, ya que esta acción quizá no se podría repetir otra vez; las tropas españolas se adentraron en el territorio inglés; los pueblos británicos Mousehole, Paul y Newlyn fueron pasto del saqueo e incendio por parte de las fuerzas españolas, los cuales sorprendieron a los aterrorizados civiles que ni en su más disparatada imaginación, esperaban ver tropas españolas por aquellos parajes.
El saqueo e incendio de una población, era un suceso traumático para sus pobladores, posiblemente durante generaciones se maldijo entre los lugareños la maldad de los españoles al saquear y destruir sus hogares.
 Aunque los españoles por aquel entonces, podían justificar dichos actos, en represalia por los actos efectuados por los ingleses en las colonias americanas españolas y en particular, por los destrozos ingleses efectuados en La Coruña en 1589.
Una vez que los españoles realizaron dichos actos, reembarcaron sus tropas y navegando dos millas más realizando un nuevo desembarco y adentrándose en territorio inglés.
Esta vez el objetivo español fue la toma de la fortificación de Penzance, la cual saquearon e incendiaron. En la costa, los ingleses también tenían algunos fuertes guarnecidos con cañones.
Estos quizá estaban estacionados para hacer frente a un posible desembarco enemigo, quizá para guarnecer las costas; el caso es que los españoles los tomaron con escasa resistencia y dicha artillería, fue reembarcada en las naves españolas.
Allí, los 400 arcabuceros españoles celebraron una misa en la que juraron, que cuando los españoles más tarde conquistaran Inglaterra para la verdadera fe católica, allí sería erigido un monasterio en recuerdo de dicha expedición.
Las tropas españolas durante se breve estancia en Inglaterra eran vigiladas por la milicia inglesa, la cual debía hacer frente a las tropas españolas de invasión si alguna vez eran invadidos por cualquier enemigo.
Todo esto por supuesto hasta que las tropas regulares inglesas estuvieran prestas para repeler dicha invasión; lo cual no se dio el caso, ya que el golpe de mano español fue tan rápido y veloz, que los soldados ingleses no pudieron ser movilizados tan solo las milicias inglesas pudieron intentar hacer frente al invasor.
Se reunió un número considerable de milicianos, unos 1.400, los cuales marcharon para hacer frente al invasor; el armamento de dicho grupo debió ser muy variado, si bien es cierto que las armas de fuego debieron de ser muy escasas.
La aparición de las tropas españolas, aunque más del triple inferior a las inglesas, debió sorprender a los animosos milicianos; estos ante la visión de los veteranos españoles, todos armados con arcabuces, debió desinflar el ardor patriótico de los civiles, ya que estos arrojaron las armas y huyeron presas del pánico apenas vieron las banderas españolas ondeando al aire.
La expedición a juicio de Carlos de Amésquita, había sido en líneas generales afortunada; no se había sufrido ninguna baja, el orgullo inglés había sido herido al saquearse e incendiarse algunos pueblos ingleses y destruido una de sus fortificaciones.
También la toma de los fuertes que guarnecían la costa con el consiguiente robo de su artillería parecían unas acciones del todo afortunadas; Carlos era consciente de que la expedición no podía dar más de sí.
Quizá pudiera saquear alguna localidad más si se adentraba en territorio enemigo; pero sus fuerzas eran limitadas para operaciones de más envergadura, y tentar más a la suerte podía ser, ¡quizá!, contraproducente.
La alarma había sido dada, quizá si espera más, podían las tropas regulares inglesas hacer su aparición en gran número y entonces estaría perdido, por muy veteranas que fueran sus limitadas fuerzas.
La flota de su Graciosa Majestad también habría sido ya avisada, si destruía sus naves, se quedaría irremediablemente aislado y en territorio enemigo, ¡sabe Dios lo que le harían los ingleses si él y sus fuerzas caían en sus manos!.
Así que prudentemente decidió no prolongar más su estancia en suelo inglés y el 4 de agosto, reembarcó con la totalidad de sus tropas sin sufrir baja alguna; Carlos tenía en su manos algunos prisioneros ingleses, a los cuales, una vez embarcado, no le dolió lo más mínimo echar por la borda.
Un barco inglés dio alcance a la pequeña flotilla española, pero no era más que un barco, quizá formaba parte de la flota que había sido enviada para hacer frente a la incursión española, lo más seguro que fuera una unidad enviada a sondear la posición del enemigo e informar.
Aquel barco solo enfrenta a cuatro naves españolas, o era un temerario, o estaba muy confiado o posiblemente, los españoles le cerraron el paso para evitar que delataran su posición.
El caso es que el navío fue irremediablemente hundido por la acción de la artillería española; los españoles también fueron muy afortunados en esquivar a las fuerzas de la flota inglesa, las cuales al mando de Drake y Hawkins, acudían en gran número para hundir a las naves de Amesquita.
Pero Carlos era un marino muy experimentado y supo sortear sin peligro a la flota inglesa; más tarde los almirantes ingleses tuvieron que responder por su imprudencia ante la reina de Inglaterra, ya que se había fallado en defender la costa de incursión alguna y se había fallado en castigar a la expedición enemiga, la cual atacó sin oposición y reembarcó y huyó sin castigo alguno.
Antes de regresar a su base, Carlos de Amésquita realizó una nueva acción afortunada, El 5 de agosto, un día después de zarpar de vuelta a Francia, se toparon con una escuadra holandesa de 46 barcos de la que consiguieron escapar no sin antes hundir dos buques enemigos.
Finalmente el  El 10 de agosto, Amésquita y sus hombres desembarcaron victoriosos en Blavet, aunque previamente habían parado de nuevo en Penmarch, donde se llevaron a cabo algunas reparaciones.
 La expedición se saldó con 20 bajas, todas ellas en la escaramuza contra los holandeses y ninguna contra las acciones contra los ingleses; en líneas generales, Carlos había acometido la misión con sumo éxito, asestando, aunque modestamente, un golpe al orgullo inglés.
Había saqueado en territorio enemigo, ¡una acción que los ingleses jamás se le hubiera pasado por la imaginación; si bien la misma no fue más que un gesto modesto, fue quizá lo único que los españoles pudieron presentar a su rey Felipe II.
Dos años después, en 1597, los españoles tuvieron la oportunidad única de desembarcar un numeroso cuerpo expedicionario en territorio inglés, fue en el mes de octubre, mala fecha por los temporales que azotaban Inglaterra.
El caso es que el tiempo se había portado bien, pero cuando estaban a un día de las costas inglesas, las cuales de divisaban a lo lejos, estalló con virulencia una tormenta terrible, la armada fue dispersada y tuvieron que volver a España.
Resulta que entre las unidades embarcadas llevaban a 8.600 soldados de los tercios de Lombardía y Nápoles (unidades de élite pertenecientes a los tercios viejos y que por aquel tiempo invencibles en choque abierto).
Si hubieran desembarcado el ejército inglés nada podría haber hecho contra ellos pues el ejército de su Graciosa Majestad no era nada del otro mundo y no tenía la experiencia en combate de las unidades españolas desembarcadas. Las fuerzas españolas serían una fuerza de consolidación a la cual reforzarían en poco tiempo.
Hubieran podido conquistar una porción del sur de Inglaterra y se podrían haber atrincherado, en espera de una sublevación de los católicos ingleses o en el peor de los casos tendrían fuerza para negociar duro, en caso de se hubieran suspendido las hostilidades.
 Casi por fuerza los ingleses habrían atacado al cuerpo expedicionario español, ya que un ejército enemigo acampado al sur de Inglaterra era un enorme desprestigio para el país.
¿Dado el ejército inglés y su experiencia habrían aguantado los ingleses su embestida?, al menos temporalmente si, no obstante, era un ejército para crear problemas, pero no para conquistar Inglaterra.
Pero  por suerte para los ingleses la armada española se dispersó, una parte de ella fue a la costa inglesa, desembarcaron y crearon una cabeza de puente, en espera de los refuerzos españoles, pero como vieron que no acudía ninguna nave española y siendo imposible consolidar la posición, reeembarcaron y volvieron a España.
En definitiva, la expedición sirvió para castigar a Inglaterra por sus incursiones sobre territorio español, y aunque quizá no compensen el daño producido por los ingleses, estos que siempre se habían ufanado en que los españoles no podían responderles con la misma moneda, sirvió para demostrar que lo españoles si se lo proponían podían devolver con creces el golpe.
Fue un golpe limitado, pero el gesto ahí esta; y la fortuna sonrió a los ingleses, que si no hubiera sido por el temporal reinante en Inglaterra, los españoles hubieran tenido oportunidad, no ya de responder de manera conveniente a la reina Isabel, sino de quizá derrocarla.
Pero aquí Felipe II no tuvo la suerte de su lado, y las tres expediciones de envergadura que realizó sobre Inglaterra, se saldaron con un rotundo fracaso; (fracaso también debido al rencor y animadversión que el monarca tenía a sus gobernadores en flandes, pieza clave para el avituallamiento y puerto amigo en caso de circunstancias meteolrológicas adversas). Solo la realizada por Carlos de Amésquita triunfó, y fue la única que pudo Felipe realizar y con la que consolarse sobre la Inglaterra de Isabel.
Consecuencias
La expedición de Amésquita fue una de las pocas veces en que soldados españoles desembarcaron en Inglaterra (pero no la única).
El control de puertos en el Canal de la Mancha, la facilidad del desembarco de Amésquita en 1595 y la debilidad de las tropas de tierra de Inglaterra (milicias que abandonaron sus armas) alentaron la creación de otra nueva flota de invasión en 1597.