Francisco Sarmiento de Mendoza (IIIª Parte).

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CAPITÁN DEL TERCIO DE SICILIA (1534-36)
A causa de vientos contrarios, la flotilla española no alcanzó Messina, tras haberse detenido unos dias en Malta, hasta el 25 de abril. Las 9 compañías recién llegadas fueron separadas y sometidas a una rigurosa cuarentena, quedando confinadas en lugares apartados de las poblaciones siguientes:
CAPITANES                                                                      ALFÉRECES                                                                DESTINOS
GREGORIO DE LEZCANO                                                                                                                                         TAORMINA
FRANCISCO SARMIENTO DE MENDOZA         FRANCISCO DE MENDOZA                                                    AUGUSTA
LUIS PIZAÑO (PIÇAÑO)                                                                                                                                            SIRACUSA
ALONSO CARRILLO DE PERALTA                        ALONSO JIMÉNEZ                                                               SIRACUSA
ALONSO DE HERMOSILLA MARMOLEJO                                                                                                             CATANIA
FRANÇOIS DE LA PELLUCE                              JUAN PEREZ DE MARQUINA                                                   CEFALU
LUIS MENDEZ DE SOTOMAYOR                                                                                                                               CEFALU
EX DIEGO DE TOVAR MILAZZO
EX RODRIGO MACHICAO                                          LUIS QUIJADA                                                                   PALERMO
Un lustro de la vida militar de Sarmiento discurrió en el primer tercio de infantería española que recibió tal denominación, formado por la tercera parte de los efectivos españoles intervinientes en la reducción de Florencia —”el tercio vivo”—, que el Emperador optó por no licenciar para disponer así de una fuerza capacitada y lista para intervenir donde las circunstancias lo precisaran. El empleo de maestre de campo, existente en la organización militar hispana desde la segunda década del siglo XVI, fue revestido de poderes más amplios de los que poseía, sobre todo en el ámbito jurisdiccional, en algunos aspectos equiparable al de los capitanes generales. La primera plana incorporaba un sargento mayor, que no gozaba de compañía, empleo igualmente preexistente aunque hasta entonces limitado sólamente a uno por cada repartimiento militar o ejército de campaña. El ordenamiento normativo relativo a la nueva Unidad militar estaba ya completado en 1533, como apreciamos en la instrucción al corregidor de Cuenca, investido de la autoridad de un maestre de campo durante la conducción, para su embarque en Málaga, de 10 compañías levadas en Castilla. El tercio en que sirvió Sarmiento, al que nuestro protagonista llegaría a sobrevivir, tuvo una vida orgánica compleja, comenzando por la evolución de sus compañías, que fueron sucesivamente: 10, 24, 14,9, 8 y 9 (entre 1531-34), para estabilizarse en 12 desde 1534 hasta su disolución disciplinaria el año 1538. En sus 7 años de vida conoció 4 jefes: Pedro Vélez de Guevara (1.V-13.VI.1531), Rodrigo Machicao) 13.VI.1531 – 2.II.1534), Gregorio de Lezcano, capitán al cargo (2.II-4.VII.1534) y Alvaro de Grado (4.VII.1534-15.VIII.1538),siendo conocido como Tercio de Sicilia desde 1534, nombre con el cual es citado en la llamada « Ordenanza de Génova» (1536), ampliamente considerada como acta fundacional de los tercios cuando los 4 que dicho texto cita —Sicilia, Nápoles, Lombardía y Niza— fueron organizados separadamente entre 1531 y 1536; además, los 3 primeros fueron disueltos disciplinariamente el 15 de agosto de 1538 (fecha efectiva), aunque el decreto no se publicara hasta el dia 28. Por supuesto, hubo después otros tercios que llevaron esos mismos nombres pero distintos a los iniciales, como diferentes fueron también su creación, composición y capitanes. Por último, el cuarto de los citados (Niza o Málaga), fue reformado en Castilnovo de Esclavonia, tras su conquista, el 28 de octubre de dicho año, para dar lugar al Tercio de Sarmiento o de Castilnovo, que resultaría deshecho en la defensa de la plaza. Aunque abordaré ampliamente la breve y desconocida historia de aquellos 4 primeros tercios, no sobra haber traído aquí la del primero que llevó el nombre de Sicilia, tan estrechamente ligado a la biografía de nuestro personaje.
Tras finalizar la cuarentena, que se declaró purgada el 24 de junio, se procedió a pagar a la gente, que hasta entonces solo habian recibido dos pagas (agosto de 1533 y febrero de 1534). La falta de dinero y la codicia de algunos capitanes desataron motines en las compañías de Lezcano y de Hermosilla, no resueltos pese a que el octogenario virrey Héctor Pignatelli, I duque de Monteleone, llegó a desembolsar 3 pagas completas, descontados los costes de manutención. El 4 de julio, por nombramiento del virrey —suponemos que inspirado por el propio César— el capitán Alvaro de Grado, que se hallaba con su compañía de guarnición en Milazzo, fue promovido al empleo de MdC del tercio, vacante desde la muerte de Machicao, siendo llamado a Palermo, capital de la isla. La compañía de Sarmiento, que se hallaba en Augusta, fue designada para sustituir a la del nuevo MdC en Milazzo, a donde llegó el 13 de julio, tras una accidentada travesía por mar en la que estuvieron a punto de naufragar, debiendo resguardarse en Taormina. Estos traslados dieron lugar a otros, en el transcurso de los cuales las compañías de Machicao, Tovar —mandadas todavía por sus alféreces— y Mendez de Sotomayor, dirigiéndose a Messina, estuvieron a punto de caer en poder de la armada de Barbarroja, que el 2 de agosto quemó las naves que les transportaban ante el fuerte del Faro (que todavía existe), cerca del cabo Peloro, en la embocadura del estrecho de Messina. El corsario venía de destrruir Santo Nocito (cerca de Motta San Giovanni, en Calabria), lugar de “700 fuegos”, tocado de muerte desde entonces, que sería abandonado a principios del siglo XVII.
Tras pasar el estrecho, asoló a San Lucido y Cetraro, donde quemó 6 galeras en fase de construcción, saqueó la isla de Procida, cuya fortaleza se le rindó, y cerca de Gaeta, tomó tambien Sperlonga (8.VIII), Terracina y Fondi (9.VIII), la más interior de todas sus presas. Luego puso proa a Túnez, de la que se apoderó mediante una es-trategema, obligando al rey hafsí Muley-Hasan a refugiarse en Constantina.
La incursión de Barbarroja y su conquista tunecina tendrían una pronta respuesta, pero la consecuencia más inmediata en Sicilia fue una nueva reorganización del tercio de su nombre—que no formaba parte del contingente defensivo de la isla, aunque coadyuvara cuando se alojaba en ella— sino, como se ha dicho, era una fuerza de intervención rápida donde la necesidad lo requiriera.Las compañías vacantes fueron cubiertas por Luis Quijada, el futuro ayo de Jeromín, alférez que fue de Machicao y en cuya compañía sucedió; para mandar la de Tovar fue designado el capitán Melchor de Saavedra, hijo del I conde de Castelar. Además se le incorporaron 3 nuevas compañías, todas sacadas de las tropas de la isla: las Hernando de Vargas, destinada en Siracusa y Charles de Esparza, en Augusta, que sumadas a la precedente de Alvaro de Grado, nuevo maestre de campo y uno de los soldados más reputados de entonces, llevaron a la unidad a perfeccionar la orgánica que conservaría hasta su disolución.
ÚLTIMO ENCUENTRO FAMILIAR (MARZO DE 1535).
A mediados de diciembre de 1534, Carlos V despachó a Constantina a un emisario genovés, Luigi Prevensa, práctico en la lengua, para anunciar a Muley-Hasan su intención de expulsar a Barbarroja de Túnez y recabar su colaboración.Desembarcó el 1 de enero en Marsala (O. de Sicilia), donde a la sazón se hallaba la compañía de Sarmiento, pero hubo de aguardar allí un mes a que mejorase el tiempo para proseguir su viaje. Nada más desembarcar cerca de Bizerta, fue denunciado por el guía que había tomado en Trapani y, capturado por Barbarroja, obligado a confesar su misión.
Este accidente retrasó los preparativos de la expedición y permitió a Sarmiento disfrutar de un inesperado permiso en Burgos aunque, para ello, tuvo que darse otra circunstancia: la enfermedad del virrey Héctor Pignatelli, que ablandado al entrever próxima su muerte —ocurrida el 7 de marzo—, le firmó la oportuna licencia por un mes de duración. Cereceda no habla de ella, pero si López Mata (pg. 41), que alude a «una rápida visita a Burgos,donde notamos su presencia en marzo de 1535, registrada en el libro de Actas Municiaples». Era la primera vez que veía a su familia en 6 años y también sería la última.El hijo mayor, Garci, tenía casi 1o años. Con 14 cumplidos, muerto el padre y por orden del Emperador, le sucedería en alcaidía del Santa María y a los 22 moriría en combate, a la misma edad que su tio homónimo —el hermano mayor de su padre— cuando los turcos le mataron en Djerba. El benjamín, Antonio, que tendría 7 años, tambien seguiría los pasos de su tio, padre y hermano:
como ellos, murió jóven,con las armas en la mano y peleando contra turcos. Cuando cumplió los 18 de edad (1546), ingresó en la Orden de San Juan (AHN, exp. 23.183) y partió a Malta para servir el trienio obligatorio de servicios en las caravanas (galeras) de la Orden, tras profesar y cruzarse en ella el 23 de mayo del año siguiente. No volvería a España, pues murió en 1551, apurando el pesar de su madre doña María de Cottanes, que expiraría transida por el dolor en 1554, sin llegar a cumplir los 52 de vida.Sobre Francisca,la única hija,«monja profesa en el monasterio de Santa María la Real de las Huelgas, orden de San Bernardo, de Burgos», enseguida recayeron como única heredera de su padre y hermanos, las reclamaciones de las deudas contraídas por éstos en sus breves años de servicio, que también habían abrumado a sumadre. La tesorería imperial pagó aun peor que la filipina, que logró erradicar algunas de sus corruptelas, obligando a los capitanes a entramparse, o a recurrir a prácilícitas para socorrer a sus menesterosos soldados; máxime su padre, general de una nutrida guarnición, prácticamente abandonada a su suerte durante los 9 meses del calvario que fue Castilnovo antes de su postrer agonía. Casi 5 siglos después, todavía no acierta uno de explicarse cómo en aquella sociedad, que se pregonaba tan piadosa y caritativa, pudiera atribularse a una jóven que, sin cumplir la treintena, había perdido a todos los suyos al servicio de su rey, causante de unas reclamaciones económicas nacidas de la propia incapacidad real de subvenir los costes de sus campañas militares. No serán todos, pero los pleitos que conserva el Archivo de la Chancillería de Valladolid, son suficientemente elocuentes: Diego Florez, de Madrigal, actuaba en 1556 contra las Huelgas en «reclamación de una deuda a Francisca Sarmiento de Mendoza,monja en el dicho monasterio, por cierta cantidad de dinero que prestó a su padre, Francisco Sarmiento, muerto en Turquía» (Ejecutorias, caja 873 n.22). Hasta un tal Garcia de Portillo, titulándose pagador del ejército de S.M., le reclamó 192 escudos que había prestado a su hermano García. Esta es particumente infame porque nos alerta sobre una práctica repugnante: el retraso deliberado en el abono de las pagas,por parte de algunos pagadores reales,que ejercían de prestamistas con el dinero del rey, difícilmente rastreable dado que los giros debían liquidarse sobre banqueros o agentes de muy diversos lugares y amplio rango de tasas de intermediación. Era relativamente sencillo atrasar contablemente la conversión de tales giros, a veces justificada por los altos costes de mercadeo, cuando por su blanqueo posterior se pagaba un precio ridículo en comparación con las jugosas tajadas que seobtenían a costa de las las privaciones de los soldados. En fin, Francisca, para satisfacer las deudas de sus finados y su costoso retiro conventual, hubo de vender la casa familiar, no la solariega de los Sarmiento en la colación de San Esteban, ampliada por su abuelo en 1516 y después heredada por su tío Luis, el mayorazgo, sino la que su padre había levantado en su etapa de regidor y cuya portada, curiosamente, se exhibe en el claustro del convento de San Juan, en Burgos.
Valga la prolija indagación sobre la suerte y vicisitudes de la familia de Francisco de Sarmiento para acotar las desafortunadas elucubraciones del citado Budor, recogidas en el siguiente párrafo: «Con el maestre Sarmiento en Castilnovo estuvierontambién dos hijos suyos, ambos militares: Pedro, teniente, y Santiago, capitán. Supuestamente, también tuvo una hija, María o Margarita Ana Veneranda, que en Castilnovo casaría con el capitán Mendoza, muerta ella el 11 de diciembre de 1546».
CONQUISTA DE TUNEZ, BONA Y BIZERTA (1535).
Dispuesto a aniquilar el poderío naval de Barbarroja, e impedir que hiciese de la costa tunecina, tan próxima a Sicilia, otro nido pirático como el de Argel, el Emperador zarpó de Barcelona el 30 de mayo de 1535, con una poderosa armada entre la que se contaban un grueso galeón, 24 carabelas y dos naos portuguesas, con mucha nobleza y voluntarios de aquel reino,al mando del infante D. Luis, cuñado de Carlos y hermano de la emperatriz Isabel. Iban embarcadas 27 compañías de bisoños (8500 h.) más 4.500 “aventureros, caballeros y gente de bien”, sin paga, 700 jinetes andaluces, sin contar las guardias viejas y lanzas levantadas por los nobles y señores. Tras tocar en Mallorca y en Caller, donde se embarcaron los Tercios de Nápoles (6 cias) y de Sicilia (12), junto a las coronelías de alemanes e italianos levadas para la ocasión, embarcadas en las armadas de Nápoles y Sicilia, asi como en galeras aportadas por Genóva, el Papa, la Orden de Malta, el príncipe de Mónaco y algunos particulares.
Tras agruparse en Porto Farina (Ghar El Mel), ya en el golfo de Túnez (15 de junio) el mismo dia se surgió ante Cartago, aunque algunas galeras fueron a reconocer las defensas de la Goleta. El dia siguiente desembarcó la infantería veterana, formando rápidamente un escuadrón a cuya cabeza se puso el Emperador en persona, aunque no se le opuso resistencia porque Barbarroja se esforzaba en aprestar las defensas tunecinas y el fuerte que habia levantado en la Goleta, prevenido de la invasión por enviados del rey de Francia. El 17, jueves, se completó el desembarque de la infantería bisoña, la caballería, artillería y suminstros. El primer ataque turco no se dio hasta el 18, afirmado ya el campo, siendo rechazado brevemente. Sin embargo, en dias sucesivos, estos menudearon, sobre todo a partir del viernes 19, tratando de dificultar el asentamiento ante la Goleta, cuyo asedio comenzó dicho dia, prolongándose hasta el 14 de julio, cuando se dió el asalto final.Sin embargo,la artillería no pudo jugar hasta el 24 de junio, en que se concluyeron las trincheras, reparos y barbetas; momento en que arreciaron las salidas de la guarnición, que mandaban los corsarios esmirneses Sinan Reis Al-yahudi —llamado el judío— y Aydin «Cachadiablo». En la primera de ellas, al alba de dicho dia, fue sorprendido el cuartel del tercio de Sicilia, vencido por la fatiga del trabajo intenso hasta poco antes, resultando muerto el capitán Luis Mendez de Sotomayor, que afrontó la acometida turca metiéndose entre los atacantes armado sólamente de espada y rodela.También murieron Sebastián de Lara, alférez del MdC Alvaro de Grado,y varios soldados, resultando heridos el MdC y el capitán Pizaño. Sarmiento perdió su bandera, pero los turcos fueron rechazados y perseguidos hasta la fortaleza, donde entraron algunos en su seguimiento que que daron allí atrapados. En sucesivas salidas, que causaron numerosas bajas a los sitiadores, murieron también el marqués de Finale y el conde de Sangro, dos de los coroneles italianos, así como levemente heridos la práctica totalidad de los capitanes del Tercio, lo cual no les impidió hallarse en el asalto definitivo, incluyemdo a Cristóbal de Morales, que recibió la compañía de Sotomayor. Toda la flota de Barbarroja, surta en el estaño, cayó en poder de los españoles, salvo 14 galeras que antes del cerco había despachado a Bona cargadas de ropas, efectos y joyas.
Tras la caída del fuerte, se descansó 3 dias antes de partir sobre Túnez, emprendiendo la marcha el 18. El dia 20, al atardecer, hallaron al ejército de Barbarroja formado en un puesto llano, fortificado, «donde había unos jardines llenos de pozos de buen agua, 3 millas de Túnez, entre ciertas antiguallas, que son unos arcos por donde los antiquísimos cartagineses llevaban agua a la gran Cartago».(Sandoval, 1618, II, 274). Tras breve combate el enemigo fue desalojado de sus posiciones, retirándose a la ciudad, donde Barbarroja proyectaba resistir; pero sabiendo que los 15.000 cristianos cautivos, encerrados en la alcazaba, habían logrado apoderarse de ella con la complicidad algunos guardianes, abandonó Tunez el mismo dia, seguido de sus capitanes y escoltado por 5.000 jenízaros. En Beja murió Cachidiablo, camino de Bona. Aquí se embarcó en las galeras que había dispuesto para su eventual retirada hacia Argel, no sin antes dejar secretamente a un emisario de confianza para que tanteara los términos de una posible aproximación con el Emperador. El vencido bajá, sabiendo las prácticas imperantes en los dominios de Solimán, quiso sin duda guardarse las espaldas aunque él tampoco mostrara la menor piedad con su fiel Rabadán de Baeza, renegado español y alcaide de la alcazaba de Túnez, a quien ordenó decapitar imputándole la pérdida del reino «porque tuvo mala guarda de los cautivos», aun sabiendo que no había tenido ninguna parte en su liberación.
El Emperador entró en Túnez el 31 de julio,concediendo 3 dias de saco a sus soldados. Recibió de los cautivos sublevados las llaves de la alcazaba, premiando a los audaces y a los guardianes que posibilitaron su liberación.El 27 de julio salió el campo de Túnez, y el 6 de agosto se concluyó el tratado con Muley Hasan, al que devolvió su reino —excepción hecha de la Goleta, Bona (Annaba), Bizerta (Benzert) y Africa (Mahdia)—, obligándose el rey a satisfacer 12.000 ducados al año para sufragar sus guarniciones. La primera se sometió el 10 de agosto, ante las galeras de Doria, quedando por alcaide Alvar Gómez Zagal al mando de 600 infantes bisoños.No pudo el César tomar Africa, como era su deseo al zarpar del golfo de Túnez (17.VIII),pero ordenó hacerlo a Andrea Doria,que embarcó en Marsala, sobre 35 galeras, a los tercios de Nápoles y Sicilia,con 5 compañías del regimiento de Herberstein, cuyo coronel y el grueso de su gente habían partido ya hacia Lombardía con el marqués del Vasto; por ello, asumió Hernando de Gonzaga el mando de la infantería embarcada. La expedición, que zarpó el lunes 13 de septiembre no llegó ni a alcanzar su objetivo, contrariamente a lo que afirma Sandoval, ya que desde la noche del mismo dia, en que hubieron de desembarcar en la isla Favignana, una de las Égadas, hasta el 10 de octubre siguiente, en que agotaron sus provisiones, estuvieron aguardando vientos favorables para alcanzar las costas de Mahdia, debiendo regresar a Palermo.
En cuanto a Bizerta, rehusó entregarse a Muley Hacen, cuyo hijo Muley Hamed le puso cerco ante la resistencia de unos turcos fieles a Barbarroja, que se apoderaron del fuerte que dominaba la ciudad,tomando el control de ésta. Sandoval narró el episodio a partir de la Crónica de Carlos V, de Alonso de Santa Cruz ( III, 301-5), pero ninguno de ambos nos brinda tan ricos detalles como Cereceda, testigo de la jornada (II, 72-78). Andrea Doria recibió la órden de apoyar a los hafsíes directamente del Emperador, el 13 de octubre, en Palermo. El día siguiente partió hacia Trapani, embarcando en sus galeras a la compañía del MdC Alvaro de Grado. Desde allí envió 8 galeras a Marsala para recoger vituallas y a la compañía de Francisco Sarmiento. El domingo 17, tras aportar en Trapani otras 4 galeras que aguardaba, embarcaron las compañías de Luis Quijada y de François de la Pelluce (Francés Pélus en nuestros textos), zarpando aquel mismo dia la expedición con 35 galeras y dos bergantines, al mando único de Doria, ya que Gonzaga había sido nombrado virrey de Sicilia por el Emperador el mismo dia que aportó en Palermo (12.X). En sus naves, aparte de la marinería, servía también una coronelía de 5 compañías de infantería al mando de Agostino Spinola.Antes de alcanzar su objetivo, debía proveer de agua y leña a la Goleta, de la cual debía proveerse en las costas africanas; por ello, hasta el 25 de octubre, no abandonó aquel puerto. El 29, hubo de refugiarse en Porto Farina para eludir una furiosa tempestad que se prolongó cuatro dias, saliendo el 2 de noviembre.
El mismo dia, por la tarde, llegó ante Bizerta, sobre la que halló a las tropas del príncipe hafsí, por lo que, la mañana siguiente, comezó a bombardear el lugar. Sin embargo, un emisario de Hamed le rogó que lo cesara y que desembarcase una fuerza capaz de tomar uno de los dos burgos del llano. Conforme a ello, 6 galeras desembarcaron al alba del 4 de noviembre 6 compañías de infantes —las 4 del tercio de Sicilia y 2 de Spinola— junto a la torre de Chavalaviat, a 8 millas de la plaza. Desde allí marcharon sobre el burgo oriental, sobre el istmo, que forzaron pasado el mediodía, tras una hora de resistencia. Para favorecer la concordia entre el príncipe y sus súbditos los españoles formaron de nuevo el escuadrón y se replegaron sobre el mismo punto del que habian partido, reembarcando en la armada de Doria, esta vez al completo, que zarpó el mismo dia, aportando en Puerto Farina a medodía del viernes 5 de noviembre. Allí recibió Doria noticia de la restauración de la soberanía hafsí sobre el lugar y los castigos impuestos a los turcos y a las autoridades que no evitaron sus maniobras. Doria partió de regreso a Sicilia el mismo día y Carlos V, persuadido de las dificultades de aprovisionamiento, rehusó guarnecerla con tropas propias, asegurado de que la dinastía satélite impediría el corso desde sus costas.
GUERRA CONTRA FRANCIA E INVASIÓN DE PROVENZA (1536).
El mismo dia de la toma de Bizerta, jueves 4 de noviembre de 1535, hallándose el Emperador en Nápoles, Giovambattista Castaldo, le llevó la noticia de la muerte, en su villa de la Sforcesca, cerca de Vigevano, del último duque de Milán, segundo de los hijos de Ludovico el Moro, a quien el Emperador había repuesto en sus estados paternos en 1522, tras la usurpación de Francisco I (1515-22). Todavía se discute la fecha de su muerte, que algunos retrasan al 1 de noviembre de dicho año, pero no así sus consecuencias. En efecto, como escribió Sandoval:
«Con la muerte del duque, revivieron las pasiones entre el Emperador y el rey Francisco, y nacieron otras ocasiones de nuevas guerras; porque la codicia grandísima que el rey tenía por este estado no le dejaba vivir con quietud,pidiéndolo y procuránrándolo con las armas, habiendo renunciado 8 años antes el derecho todo que a él y al reino de Nápoles pudiese tener, como yo lo he visto en largas pieles de pergamino y letra francesa en el archivo de Simancas, con las mayores fuerzas y juramentos que en derecho se pueden hallar, y junto con esto entregó cuatro escrituras tocantes a Nápoles y Milán, que hacían en favor del derecho que la casa real de Francia pretendía tener a estos Estados, como quien de todo punto se apartaba de ellos y de su pretensión, y juró que si en otro algún tiempo hallase otros papeles, los daría al Emperador, como consta por la concordia hecha en Madrid; y con todo esto, porfiaba el rey, y porfió hasta que acabó la vida».

Francisco Sarmiento de Mendoza (IIª Parte).

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CAPITAN DEL PRIMER TERCIO DE INFANTERIA ESPAÑOLA.
Tras restablecer la autoridad medicea sobre la ciudad, comprometida con el Papa Clemente VII en virtud del tratado de Barcelona (29.VI.1528), la fracción no licenciada del ejército sitiador invernó en Umbria para marchar la primavera siguiente hacia Módena. Este fue el primer contingente militar español que recibió el nombre de «Tercio», formándose en Asis, la patria de San Francisco, el 1 de mayo de 1531, con 10 compañías, cuyo mando recayó en el citado maestre de campo Vélez de Guevara. Sin embargo, el 13 de junio, tras reunirse en Imola con las tropas que venían de restituir los castillos de Milan y Como a Francisco II Sforza, duque de Milán, se produjo la primera reorganización del mismo, quedando sobre el pie de 24 compañías de 300 infantes cada una y bajo el mando de Rodrigo Machicao, dado que Velez de Guevara hubo de partir a Viena, llamado urgentemente por el Emperador. El tercio se alojó sucesivamente en los ducados de Mantua,Módena y Milán hasta que, a primeros de julio de 1532, ordenó el César su marcha a Viena, nuevamente amenazada por los turcos. Partió de Casalmaggiore el 10 de julio, llegando por via terrestre a Hall, cerca de Innsburck, el 17 de agosto. Allí se embarcaron el 19 en el rio Inn, por el que bajaron hasta Braunau, donde hubieron de aguardar el bagaje hasta el 29 de agosto. En Passau tomaron el Danubio, desembarcando en Krems el 3 de septiembre.
Los turcos, detenidos casi un mes ante la heróica defensa de Güns (hoy Köszeg, Guinz en nuestros textos), se hallaban entonces en Mariazell (90 Km. al SO. de Viena), con la moral debilitada. Con todo, progresaron hacia el N. por el valle del Salza mientras que el ejército imperial bajaba a su encuentro por el de Wachau, ambos encabezados por los dos monarcas más poderosos de su tiempo: Carlos V, emperador del S.R.I, y Solimán II el Magnífico,sultán del Imperio otomano. Sin embargo, la esperada batalla no se produjo. Solimán, informado por sus batidores de la fuerza a la que debía enfrentarse, aunque numéricamente inferior a la suya, «creyó mejor consejo no solo el no proseguir adelante, sino el retirarse» (Muratori, 1827).
Así pues, la primera victoria de los tercios se produjo sin combatir, aunque antes hubieron de llegar, cubriendo más de mil kilómetros, y hacerse ver para impresionar. En suma, casi una reedición del cesáreo “veni, vide, vinci”, en la que nuestro Sarmiento fue protagonista.
Naturalmente, desde el punto de vista turco la historia es otra. El 19.I.1533, un tal Pietro Cotte, recién llegado a Lecce desde Corfú, testificó que había sabido que el Gran Turco (Solimán) había escrito al Dux de Ragusa (Dubrovnik) «cómo su persona con el ejército había ido a hallar al Emperador, su enemigo, en Hungría y que, hallándose apartados 30 millas, no había querido (el César) venir a pelear con él, y que por esto se volvía a su casa sano y salvo» (AGS,E,1015). Si tal era la especie que se difundía ante un república independiente, no es difícil imaginar el alcance de la propaganda interna. Por ello, Özlem Kumrular, refiéndose a estos hechos en la web sobre Carlos V, afirma con inaudita soltura, entreverada de una disculpable confusión, que: «Solimán, justo después de la conquista de Güns (Gran) —la actual Sterszgom— en 1532, buscó con ahínco un choque con el ejército de Fernando, pero éste rehuía el encuentro, como había hecho antes del asedio de Viena; las tropas de Fernando y de Carlos permanecieron ocultas y no se atrevieron a presentar batalla al turco». Sin duda. Las tropas de Carlos V marcharon un millar de kilómetros en busca de los turcos y, tan pronto los tuvieron casi encima se ocultaron;de donde inequívocamente se desprende que Solimán, expedito el camino de Viena, avanzó hasta… Belgrado, que guarneció con 2o.000 hombres para su defensa. Todo ello sin olvidar que, el 18 de noviembre, se hallaba de regreso en Estambul «sano y salvo», como mandó publicar. ¿No cabría preguntarse de quién, si nadie le había amenazado?
SOCORRO Y DEFENSA DE KORONI (CORÓN): 1533-34.
Tras el precipitado repliegue turco hacia Belgrado, el Emperador retornó a Italia con el tercio de Machicao y los 5 regimientos italianos que le habían acompañado ( Pietro Maria de’ Rossi, conde de San Secondo; Fabrizio Maramaldo, Filippo Torniello, Giovambattista Castaldo y Marzio Colonna), enseguida licenciados. El 1 de noviembre llegaban a Bassano del Grappa,villa de la Señoría de Venecia, cuyas tierras debían atravesar para alcanzar Bolonia, donde entraron el 13 de diciembre. El tercio de Machicao quedó acuartelado en diversos lugarejos del duque de Ferrara desde la víspera de Navidad, pero Sarmiento logró una audiencia privada con el Papa, en Bolonia (16.I.1633), obteniendo del pontífice gracias apostólicas para los devotos de la Eucaristía y feligreses de la iglesia de San Esteban de Burgos, donde había sido bautizado.
La bula pontificia, que remitió al párroco y que aun se conserva, aclara que se concedieron a petición de «nostrum dilectus filius Franciscus Sarmiento, miles militiae Sancti Jacobi de Spata». El 28 de febrero, reunido de nuevo el Tercio en Bolonia, escoltó al Emperador en su viaje a Génova, donde embarcaría para regresar a España.
Carlos V retuvo para su escolta 10 compañías, que zarparon el 9 de abril, debiendo Machicao conducir las restantes al reino de Nápoles. Cinco de ellas, a cargo del capitán Rodrigo de Ripalda —que darían lugar al Tercio de Nápoles— marcharon a guarnecer la costa adriática, mientras que las otras 9 llegaron a Gaeta el 12 de junio. Allí quedaría la de Rodrigo de Arce mientras que las demás embarcaron en Mola di Gaeta, el 19 de julio, rumbo a Sicilia,desguarnecida desde el 18 de agosto del año antecedente, en que partiera de Messina la expedición —al mando del príncipe Andrea Doria— que había conquistado Koroni, al sur de la península de Morea; una operación concebida para distraer la atención de los turcos sobre Stiria y Viena. La conquista de la antigua fortaleza veneciana, ultimada el 21.IX.1532, dio lugar a la formación de un nuevo tercio de infantería, establecido para su defensa, que más adelante recibiría el nombre de Lombardía. Los turcos la asediaron por mar y tierra desde el 29.IV.1533, pero Jerónimo de Mendoza, su maestre de campo y gobernador, logró avisar a Pedro de Toledo, virrey de Nápoles, que resolvió socorrerle.
La única fuerza disponible para el auxilio eran las 8 compañías restantes del Tercio de Machicao alojadas en Sicilia, pero independientes de la propia guarnición de la isla, en todo caso no expuesta a ningun ataque sabiéndose fijada la armada turca ante Koroni. Por lo tanto, reagrupadas dichas compañías en Messina, embarcaron el 1 de agosto sobre una armada de 25 galeras,19 naves y 3 galeones,aparte fustas y bergantines, que el 8 de agosto, dos horas antes de amanecer, hallaron bloqueada la entrada al puerto de Koroni por una armada de 50 galeras, 20 galeotas y 5 bergantines enemigos. Los 3 galeones cristianos, que artillaban unos 150 cañones, yendo de vanguardia, abrieron paso a las naves, que desembarcaron hombres y pertrechos protegidos a retaguardia por las galeras; la armada otomana se retiró a Methoni (Modon), razón por la que su almirante Hasan Çelipi y 5 de sus agas serían ejecutados posteriormente en Constantinopla, gracias a lo cual fue nombrado bajá Khair-ed-Din Barbarroja. Ante la derrota de su armada e ignorando el número de los refuerzos desembarcados, los sanjacos (Sancak-Beg, gobernador civil y militar) o flambularios de Morea, Negroponte y Prigipato retiraron el ejército sitiador, abandonando parte del bagaje y 3 cañones de bronce. La primitiva guarnición española reembarcó en la armada de Doria el 19 de agosto, excepto la compañía de Luis Pizaño (†1552),  futuro capitán general de la artillería de Lombardia y de España, que como responsable artillero de la plaza quedó agregada al Tercio de Machicao.
Koroni no volvió a ser asediada, pero se dieron frecuentes escaramuzas contra los turcos, sobre todo para capturar esclavos y reses. La esquilmación del terrtorio circundante obligó a los españoles a alejarse progresivamente de su base, llegando en sus incursiones hasta Xeriso (Kyparissia), Navarino (Pylos) o Abunaria (Andania), en las que a veces apresaron medio millar de cabezas de ganado. El 31 de enero de 1534, Machicao decidió atacar con todas sus fuerzas Androusa, sede del sanjacado de Morea, 40 Km. al N., amurada y dotada de un fuerte castillo. El bien planeado ataque se produjo al anochecer del dia siguiente; sin embargo, el incendio fortuito de la villa impidió consumar la sorpresa del castillo, provocando el humo una gran confusión entre los atacantes a la vez que la luz de las llamas les descubrían desde las murallas. Machicao fue muerto de un arcabuzazo, así como Diego de Tovar, el capitán que trató de rescatar su cadáver; dado el cariz de la lucha, Gregorio de Lezcano, segundo al mando, ordenó la retirada. García de Cereceda, soldado de Sarmiento, anotó las bajas sufridas por cada compañía (I,405),registrando la suya 7 muertos y 21 heridos sobre un total de 92 y 144 respectivamente, aunque solo 135 de éstos lograrían sanar. El daño causado en Androusa fue tan considerable que los turcos hubieron de abandonarla, trasladando la sede sanjacal a Niora (Nestoras). Sabido esto por los españoles, regresaron a la ciudad (14 de febrero) —efectivamente abandonada—, en la que pronto hicieron un macabro hallazgo: en 24 palos, tres sobre cada una de las 8 torres del castillo, los turcos habían ensartado 118 cabezas de sus camaradas dearmas, muchas desnarigadas y algunas desolladas. Estaban todas las de los caídos en el ataque de la madrugada del 2 de febrero, pero era obvio que, antes de abandonar el lugar, habían ejecutado a todos los prisioneros. En represalia, 3 dias después, apostados los españoles en la vecindad de Pylos, capturaron copioso ganado y a una treintena de turcos que los sacaban a pacer. Aunque los soldados pretendieron ejecutarlos, los capitanes lograron apaciguarles asegurándoles que pagarían sus rescates, como lo hicieron en Koroni.
Los éxitos españoles en Morea pusieron en evidencia la debilidad turca en la península, acentuada por su derrota ante los persas cerca de Alepo y la invasión safaví de Anatolia (1532). Ibrahim Pacha debía movilizar los recursos de la Puerta contra Persia, pero antes quiso cubrirse las espaldas. El sagaz Gran Visir intentó neutralizar la mayor amenaza a su retaguardia, el Emperador, al que llegó indirectamente, ofreciendo a través de Clemente VII el tratado de paz que en 1531 había negado a los embajadores de su hermano Fernando. La carta se conserva en el Arhivo vaticano y ha sido ya aireada, aunque al redactar el presente artículo no he sido capaz de localizarla pese a tenerla informatizada. Sin embargo, disponemos de otras fuentes que nos permiten refutar nuevamente la reconstrucción que de dicha pacificación hace la aludida Kumrular en la misma web arriba citada. Como había calculado Ibrahim, no le resultó difícil cerrar un rápido acuerdo con los representantes de Fernando, concediéndoles cuanto les habia negado dos años atrás. Por eso, tan tempranamente como el 11.II.1533, Jerónimo de Zara, plenipotenciario del rey, pudo escribir a Andrea Doria y a la guarnición española de Koroni que el acuerdo estaba cerrado (A.v.Gévay, Urkunden und Actenstücke zur Geschichte der Verhältnisse zwischen Öster eich, Ungern und der Pforte in XVI und XVII Jahrhunderte. Wien, Schaumburg, 1838. Bd. II, pág.77). Con buen criterio, Jerónimo de Mendoza, a la sazón jefe de la plaza, respondió: Los capitanes que residimos en Corro (Koroni), en servicio de Dios y de la Majestad cesárea, recibimos una letra de V.Sa. por via del flambulario de la Morea en la cual vimos lo que por ella nos escribía. Quisiéramos tener autoritad para poderlo poner luego por obra, pero nosotros quedamos aquí por guarda de esta tierra y para hacerguerra a infieles y hasta que veamos la orden de S.M. no podemos hacer al contrario; la cual (orden), habiendo V.Sa. dado aviso, como creo, a S.M. no podrá tardar de venir. Corro, hoy sábado 15 de febrero de 1533 años.(Ibid, pág. 77, doc. XXIV).
Carlos V no se avino a secundar la tregua, obligando a la Puerta a apelar a las armas —tras cerrar el tratado con el rey de Hungría (14.VII.1533)—, seguida de la derrota naval y el levantamiento del cerco a Koroni (8.VIII.1533). Encaminada, pero aun no resuelta la cuestion persa, Ibrahim comenzó a apretar a Fernando a raíz de la humillación de Androusa para forzar la definitiva evacuación española de Koroni, donde se habia declarado una epidemia de peste que se había cobrado la vida de 300 soldados españoles y de 360 griegos. Este hecho prestaría a Carlos la excusa formal para abandonar la conquista, pero el testimonio de Garcia de Cereceda prueba que los turcos conocían de antemano dicha evacuación y que la facilitaron (ver apéndice I), evidenciando que algun papel, y no menor, jugaron en el asunto. Sin duda por ello, como escribe Cereceda (I,416), «el 28 de marzo, sábado de Ramos por la mañana, llegaron a Coron cartas del flambulario de Morea por las cuales rogaba que se hiciese quedar a la gente de la ciudad y del pais,que daba su fe de aseguralos de todo mal». Cumplido el último requisito formal, «el 1 de abril, miércoles santo, se embarcó toda la gente que estaba por embarcar y el postrer hombre que salió de la ciudad fue el SgM Solórzano, que se quedó para cerrar todas las puertas. El último que se embarcó fue el capitán Francisco Sarmiento;así se embarcó toda la gente de Coron, asi de la guerra como los más principales ciudadanos, embarcándose también algunos griegos en un esquirazo y en otro los soldados enfermos de la peste».

Continuará…

Francisco Sarmiento de Mendoza

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PRECLARA ASCENDENCIA
Teófilo López, su único biógrafo, apreció su ascendencia «de preclara familia castellana». Sin embargo, confundió a su madre con una tal doña Beatriz Corral y, al no  profundizar en su verdadera filiación, desconocía que ésta entroncaba con el linaje  real de Castilla, pues su abuela María Manuel era tataranieta del Infante D. Juan  Manuel, hijo de Fernando III el Santo. Fue el tercer hijo varón de D. Antonio Sarmiento y Manuel (Burgos, ca. 1443 — Idem. 22.X.1523) —«alcalde mayor de Burgos, bisnieto de Garci Fernández, Adelantado de Galicia, hermano de los ilustres señores D. Luis de Acuña, Obispo de Burgos, y de D. Pedro Girón, Arcediano de Valpuesta», como reza su epitafio sepulcral— y de doña Maria de Mendoza y Zuñiga (Almazán, ca. 1464-68 — Burgos, 19.X.1513), hija de Pedro Gonzalez de Mendoza “el Gordo”, I conde de Monteagudo, y de Isabel de Zuñiga o Estúñiga, hija a su vez de los primeros condes de Miranda. Sus hermanos mayores fueron el capitán Garci Sarmiento (Burgos, ca. 1489 – Djerba, 1510), cuya heróica conducta y muerte en el primer desastre de los Gelves glosan los cronistas coetáneos, y Luis Sarmiento de Mendoza (Burgos, ca. 1492 – Lisboa, 1556), Caballero calatravo (1546), comendador de Biedma (1541-1546) en la de Santiago y de Almuradiel (1546-56) en la suya, embajador de Carlos V en Portugal (1536-1543 y 1552-56), apoderado de Felipe II en la ceremonia de su primer matrimonio con María Manuela de Portugal, celebrado por poderes en Almeirim (12.V.1543) y, desde entonces, caballerizo mayor de la princesa,madre del príncipe D. Juan (1545-1568).Por la progenie de éste hermano, del que Salazar y Castro (1949; I,50) no aporta ninguna información, nuestro Francisco fue tío del homónimo Francisco Sarmiento de Mendoza (1525-1595), obispo de Astorga y de Jaén, como también de sus hermanos Antonio Sarmiento de Acuña (1528-91), señor de Castrofuerte,paje del malogrado príncipe D. Juan, que peleó contra los moriscos de Granada, en Lepanto y en Túnez, y de Leonor Sarmiento y Pesquera, esposa de Garci Sarmiento de Sotomayor, IV señor de Sobroso y de Salvatierra. A su vez, fue sobrino de los ya mencionados Luis de Acuña y Osorio (1424-1495), obispo de Burgos —que antes de profesar en el orden sacerdotal fue padre de Diego de Osorio, señor de Abarca y de Villaremiro, y de Antonio de Acuña, el llamado “obispo comunero”, ambos primos carnales suyos— y del arcediano Pedro Girón (Burgos, ca. 1441
– Idem, 18.X.1504), fundador del convento de San Esteban de los Olmos, que era hermano entero de su padre, mientras que el primero lo era solo de madre, frutodel primer matrimonio de doña María Manuel con Juan Alvarez Osorio. Entre sus tíos-abuelos hallamos al II conde de Monteagudo, al II marqués de Mondéjar y al V conde de Benavente, parentela que nada tiene que ver con la que apunta Karlo Budor (2005), tratando de encajar a unos Sarmientos establecidos en Castilnovo (Herceg Novi) tras la reconquista turca entre la enjundiosa y conocida estirpe de nuestro personaje. Conocida, sí, aunque no del todo, pues en un carta del Condestable de Castilla, Iñigo Fernández de Velasco, II duque de Frías y IV Conde de Haro, al cabildo burgalés, fechada en 1527, ordenaba que se encargara de un determinado servicio «mi sobrino, el regidor D. Francisco Sarmiento».
A la muerte del rey Enrique IV (1474), su padre y sus tíos secundaron en Burgos el partido de Juana la Beltraneja, resistiendo en el castillo el ataque de las tropas de Isabel de Castilla, ante la que hubieron de capitular el 15 de febrero de 1476. Merced a dicha capitulación y al perdón real (1479), tanto los cabecillas como sus seguidorespudieron conservar sus empleos y dignidades, razón por la que la familia cimentó su lealtad a la línea hereditaria de la corona y permenció fiel a Carlos I durante la rebelión comunera, excepción hecha de su primo Antonio de Acuña, obispo de Zamora, mientras que el hermano mayor de éste, Diego de Osorio, rechazaba encabezar la insumisión burgalesa saliendo de la ciudad. Sin embargo, Burgos se alzó el 10 de junio de 1520, sustiyendo al corregidor real y asesinando al castellano de Lara, el francés Joffre de Cotannes, cuyo cadáver fue arrastrado por las calles. Francisco Sarmiento, que desde los 18 años era alcaide de la torre y puerta de Santa María la Blanca (hoy conocida como Arco de Santa María), logró mantener el pendón real en las colaciones de San Cosme y San Damián y de San Esteban, inmediatas al castillo, evitando que éste cayera en poder de los levantiscos hasta que su tío el Condestable reclamó para sí la vara de la ciudad, que nadie osó negarle en principio, aunque después se vió forzado a huir a Briviesca. Nombrado éste por Carlos I —aun no elegido emperador— corregente de Castilla (9.X.1520), consiguió granjearse la voluntad de los burgaleses a costa de determinadas cesiones y el 1 de noviembre entraba de nuevo en ella, recompensando a su sobrino con el nombramiento de capitán de una compañía de 300 hombres que levó en las parroquias leales.
INICIOS DE SU CARRERA MILITAR
Todavía intentaron los comuneros recobrar Burgos para su causa, apoyados desde el N. por Pedro de Ayala, conde de Salvatierra, pariente lejano de Francisco —dado que los Sarmiento burgaleses descendían de una rama cadete de la línea condal—, y desde el S. por su primo el obispo zamorano, procedente de Toledo; pero la conjura interior fue descubierta y abortada el 23 de enero de 1521. Tras ello, pudo el Condestable formar un ejército en Tordesillas y perseguir al núcleo principal del ejército de las Comunidades, al que derrotó en Villalar (23.IV.1521). Aunque la sublevación no estaba completamente vencida,Francisco hubo de partir enseguida con el Condestable hacia Navarra, invadida por un ejército francés al mando de Andrés de Foix, apoyado por el partido navarro-agramontés que, aprovechando la revuelta castellana, pretendía la reposición de casa de Albret —o Labrit— en la persona de Enrique II.
Antes de que el Condestable pudiera unirse a las tropas leales al virrey de Navarra del partido beamontés, numéricamente inferior al rival, los invasores habían ocupado el reino y sitiado a Logroño (5 a 11.VI.1521). Operada la conjunción con el ejército virreinal del duque de Nájera, reforzado por contingentes vascos, el enemigo optópor replegarse a Pa mplona pero sus perseguidores lograron derrotarle en la batalla de Noaín, a la vista de la ciudad (30.VI), «conociéndose por cartas del Condestable el brillante comportamiento de la compañía mandada por Sarmiento». (López Mata, 1946). Aunque el día siguiente los realistas recobraron Pamplona, se hallaban aun empeñados en la sumisión de algunas villas y castillos agramonteses cuando se supo que otro ejército francés, éste al mando del almirante Bonnivet, tras apoderarse del castillo de Behovia, puso cerco a Fuenterrabía (6.X.1521), que hubo de capitular el 18 tras rechazar tres asaltos del sitiador. Hasta el 1 de febrero de 1523 no pudo el Condestable plantar su ejército frente a la ciudad y, para evitar desangrarlo en cruentos asaltos, decidió rendirla «ora fuese por hambre, ora por trato». Francisco sirvió durante todo aquel asedio hasta que la plaza capituló su rendición el 5 de marzo de 1524. Después, regresó a Burgos y su compañía fue desmovilizada, no pudiendo hallarse junto a su padre en los últimos momentos de su vida; no obstante lo cual, el mencionado Budor sitúa a éste en Castilnovo de Esclavonia ya muerto el hijo. Aunque por poco, también Teófilo López erró la muerte paterna, que elucida su epitafio sepulcral, largo tiempo preservado en el monasterio de San Esteban de los Olmos y desde el siglo XIX, en el Museo Arqueológico Provincial (Martínez, 1935; Gaya, 1968), hoy llamado Museo de Burgos, que conserva también —aunque incompleta— la de Pedro Girón, mientras que la del obispo burgalés, hermano de ambos, que ultimó las famosas agujas de la catedral, permanece aun en la suntuosa capilla de la Concepción, que mandó erigir en el interior del templo.
Reintegrado a la vida civil, ocupó un asiento de regidor de Burgos, donde contrajo matrimonio con doña Maria de Cotannes (1502 — 1554), hija de Antonio de Cotannes y doña Elvira Enríquez, emparentada, por lo tanto, con aquel castellano de Lara asesinado por la plebe. Dicha boda debió celebrarse en 1524 o al principiar el 1525, como muy tarde, porque en 1529, cuando Francisco reasumió su carrera militar, ya habían nacido sus tres hijos: Garci, Francisca y Antonio Sarmiento de Cotannes.
El 15 de febrero de 1529, desde Toledo, anunciaba Carlos V su inminente marcha a Italia, para su coronación imperial por el Papa. Viajaría por mar desde Barcelona, donde debía reunirse una fuerza de 10.000 infantes. Francisco Sarmiento como capitán y su hermano mayor Luis, pensionado por el Emperador, partieron con dicha expedición tras levantar el primero otra compañía de 300 hombres en Burgos, servicio recompensado con el hábito jacobeo (1530) y una encomienda que no he conseguido averiguar, quizá en otra Orden porque Salazar y Castro no le menciona en la suya. Quatrefages (1996), que publicó la muestra general, nos descubre que en el viaje a la Ciudad Condal perdió algunos hombres, pues sólo 291 fueron revistados al embarcar, el 25 de julio. La armada se hizo a la vela el 28 y, tras aportar en Génova, (15.VIII) su compañía fue destacada para recibir la sumisión de Pavía, que los franceses no entregaron hasta el 10 de octubre en virtud de la Paz de Cambrai (5.VIII).
Aunque T. López le hace presente en la coronación cesárea en Bolonia (24.II.1530), a la que asistió su hermano, lo cierto es que él había partido en noviembre desde Pavía, con otros capitanes, a Florencia para reforzar al ejército de Philibert de Châlon, Príncipe de Orange, que sitiaba la ciudad, aunque debía preservarla de saqueos por orden del Emperador y, por lo tanto, evitar su asalto. En tales condiciones, la resistencia florentina no desmayó hasta la derrota y muerte de Francesco Ferrucci (1489-1530) en la batalla de Gavinana (3.VIII.1530), donde pereció también el príncipe de Orange y en la que se distinguió Sarmiento junto al también capitán Machicao, sirviendo ambos a las órdenes del maestre de campo Pedro Vélez de Guevara (†1555).
La plaza capituló el 12 de agosto ante Alfonso de Avalos (1502-1546), marqués del Vasto y de Pescara, que sucedió al príncipe de Orange como jefe del ejército.

CONTINUARÁ…

1535; 21 de Julio: …De como nuestro emperador Carlos conquista Túnez.

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…Viendo lo bien que les iban las escaramuzas a los sitiados, Jafer y sus jenízaros también quisieron probar su valor, ya que eran la guardia de la Sublime Puerta, atacando a los españoles y lanzándoles piedras, flechas y pelotas, a lo que respondieron los nuestros con sus arcabuces y el marqués del Vasto con sus italianos y sus alabardas y los turcos no le hacían ascos a la lucha, pero hubieron de volver la espalda gracias a nuestros arcabuceros. Cayendo Jafar de dos pelotazos y partiendo raudos los turcos hacía la Goleta con los nuestros pisándoles los talones, en dirección a la muralla de el Estaño, donde Sinán el Judío y los suyos, les lanzaron toda suerte de proyectiles, piedras, pelotas y flechas, matando a Diego de Ávila e hiriendo a Rodrigo de Ripalda entre otros.
La toma de Túnez
Mientras el Emperador, restauraba la fortaleza abatida y dejaba unos 600 españoles a cargo de la Goleta, habían algunos que decían que garantizada la seguridad del mar con la presa de la flota de la Goleta no había necesidad de ir más allá. Otros decían que ni la infantería bastara contra tantos moriscos, ya que les faltaban muchas ballestas, ni la caballería contra los 15.000/20.000 alabares montados, a parte de que el calor y la sed, teniendo en cuenta que Barbarroja emponzoñaría los pozos de agua, serían un obstáculo difícil de superar.
No por ello hicieron desistir al Emperador de sus planes, los cuales eran además de lo logrado, echar a Barbarroja de Túnez y que antes de salir de España se habían tenido en cuenta estos males y otros peores, pero la seguridad de sus vasallos y de Italia, privaba sobre el resto. Informado por Muley Azán de la fortaleza de su alcazaba, que caminos habían de seguir y que pozos y cisternas se hallaban antes de la ciudad. Mandó a Andrea Doria que proveyese al ejército por el Estaño, con barcas, de agua, pan y otras provisiones y que hiciera llegar al marqués del Vasto, botas, calabazas con agua y provisiones para tres o cuatro días y 12 tiros sin bestias, los 6 más grandes con pelotas y pólvora.
El se puso de punto en blanco y a caballo recorría los escuadrones para animarlos en su empresa, estos le correspondían a voces, que tomarían Túnez, Berbería y hasta la ciudad santa de Jerusalén. El en medio del ejército y delante del crucifijo, acompañado del infante, con los italianos a su izquierda, debajo del príncipe de Salerno, los españoles a la derecha, bajo Alarcón. Delante el marqués del Vasto los alemanes de Eberstein y detrás el Duque de Alba.
Marcharon hasta una legua de Túnez, donde Barbarroja les estaba esperando con 9 o 10 tiros gruesos, y con 15.000 hombres a caballo y otros 1.000 de a pie. Sonaron las trompetas en orden de batalla, el marqués del Vasto le dijo a Carlos, que se recogiera hasta el cuerpo de banderas, ya que les estaban llegando unas pelotas que les lanzaban los turcos y le comentó el Emperador que nunca murió un emperador por la artillería, pero le hizo caso y se refugió. Descargaron tal cantidad de pelotas, los imperiales que derribaron cerca de 400 berberiscos antes de juntarse con los demás. Los turcos y los jenízaros huyeron a Túnez, también los moros y alázares a Rebat, otros a Babazuech, a Reztabi y a Bardi, arrabales de la ciudad. Barbarroja, ciego de ira, quiso quemar a 3.000 cristianos cautivos, sino hubiera sido por Sinán, el cual le afeo su conducta. Salió a la mezquita mayor para decir a sus principales que habían de resistir, ya que los cristianos por poca resistencia que hubiera, perecerían de sed.
Mientras tanto, varios renegados abrieron las puertas de los cautivos, y les ayudaron a quitarse los grilletes, esposas y cadenas. Aprendieron a los guardianes turcos y tomaron la puerta.
Barbarroa, el cual, renegando de Mahoma y del Judío, que le impidió quemarlos y queriendo evitar su captura por el Emperador, marchó de Túnez, junto a Baeza, Cachadiablo, Sinán y otros muchos renegados y corsarios, en total unos 7.000 hombres. A todo esto el Emperador, que temía alguna emboscada, se apercibió por unos cristianos huidos que Barbarroja había huido de Túnez y los cautivos se habían apoderado de la alcazaba, no por ello, dejó de cerciorarse enviando a sus capitanes Jaén y Bocanegra con sus compañías, los cuales le confirmaron que Barbarroja había cruzado el río Guadilbarbar, en su huida y Carlos V llegó a las puertas de Túnez el 21 de Julio.
Ya los notables salieron a recibir al Emperador y a Muley Azan, para darles las llaves de la ciudad, ofreciéndoles para que no les saquearan ofreciendo dineros, ropa y comida, ya que Dios le daba la victoria sobre sus enemigos, les libraba del tirano corsario y le restituía su antiguo rey y señor. Los soldados clamaban por el saco, y los tunecinos lo merecían al haber apoyado tanto a Barbarroja. Entró el marqués del Vasto en la alcazaba y por un informe de un genovés, encontró en una cisterna, 30.000 ducados que habían echado en zurrones, entrando a manadas los soldados al saqueo de la ciudad, matando a los que se oponían y seduciendo a niños, doncellas y bellas mujeres.
Mientras el Emperador se fue a la alcazaba para felicitar a los cristianos sublevados, liberándolos a todos, junto con los de la ciudad, en total unos 10.000, entregando 81 franceses al embajador de Francia. Hizo la merced al marqués del Vasto de los 30.000 ducados recuperados y a los cautivos lo que tomaran. Mandó un pregón, so pena de muerte, que no matasen ni prendiesen a nadie de Túnez, dejando al rey Azan que tomase lo que quisiera.
Publicado 21st July 2012 por Juan José Godoy Espinosa de los Monteros