Un traidor condecorado (Elcano)

elcano

Hoy sé que se les va a caer un mito, mas no me importa en demasía.
1521: en Mactán (Filipinas), el navegante español Fernando de Magallanes es asesinado por los aborígenes liderados por Lapu-Lapu.
Magallanes nombró como alguacil mayor de la armada de las especierías a Gonzalo Gómez de Espinosa. Se le encargó reclutar tripulantes en Málaga y embarcó en la nao capitana “Trinidad” en 1519.

Ayudó a Magallanes a reprimir el motín del puerto de San Julián, fraguado por Juan de Cartagena y Gaspar de Quesada. Los rebeldes disponían de tres naves (“San Antonio”, “Concepción” y “Victoria”) y establecieron su cuartel general en la “Victoria” y enviaron una nota a Magallanes en la que pedían que pasase a dicha nave para darles cuenta del derrotero, ya que no podía actuar personalmente, sin consultarles. El capitán general envió a Gómez de Espinosa a la nao rebelde “Victoria”, con Elcano entre los amotinados, con seis hombres y armas ocultas, pretextando llevar su respuesta a Luis de Mendoza. Y eso lo cumplieron pero Mendoza no pudo terminar de leerla. Cuando estaba en ello Gonzalo le apuñaló en la garganta y otro de sus hombres lo acuchillaba en la cabeza. Durante el vacío de poder de los revoltosos embarcaron los soldados que Magallanes había enviado con Duarte de Barbosa. Se apoderan de la nave en unos minutos y levaron anclas para situarla junto a la “Trinidad” y la “Santiago”, lo que abortó el motín. Entonces pudo comprender Magallanes cuánto valía su Alguacil mayor, y darse cuenta que era el único apoyo seguro con que podía contar.

Sentenció a muerte a Gaspar de Quesada y a Mendoza por el delito de traidores, y declaró reos a Juan de Cartagena, Antonio de Coca, Pedro Sánchez de la Reina, Juan Sebastián Elcano y a Luis Molina, condenándoles a trabajos forzados, como a otros cuarenta miembros de la tripulación por haber tomado parte en el levantamiento.
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… Por un desprecio del Rey de Mactán y al quererle dar escarmiento, rescindiendo de sus oficiales y no queriendo comprometer tampoco a su Alguacil mayor, ni a su fuerza organizada, Magallanes reclutó una leva de sesenta voluntarios, poco diestros en el uso de los arcabuces, a los que llevó en tres chalupas para invadir la isla en la madrugada del día 27 de Abril. El fondo coralífero de aquella costa, impidió a las embarcaciones que se acercasen a la playa, y los 49 hombres que invadieron la isla de Mactan tuvieron que recorrer una buena distancia con el agua hasta medio cuerpo.
A l llegar a tierra, se encontraron con tres filas de trincheras para cortarles el paso, pero, animados por Magallanes que se había puesto a la cabeza, avanzaron hasta cierta distancia, cuando mandó que un grupo iría a incendiar el poblado. Mientras tanto, los isleños, reunidos en grandes masas, se habían contenido bajo la sorpresa del ruido que hacían los disparos lejanos.

Parece deducirse que Magallanes carecía de ingenio bélico,
cuando no supo calcular la inutilidad de las armas que había dejado a bordo de las distantes chalupas, ni tampoco el esfuerzo que imponía a sus soldados, porque mojados, llenos de barro, escalando zanjas y sin entrenamiento militar, se encontraron cansados antes de empezar la lucha, incapaces de sacar buen partido de sus arcabuces, y sin la ayuda, o bajas que pudieran causar los falconetas cjue disparaban demasiado lejos desde las chalupas.

18119358_1787199444929266_3532348893163001973_nAsí, pasado el primer momento, y ante una fuerza tan reducida, se consideraron muy superiores a la primera acometida, y aunque se defendían valerosamente los españoles conteniendo al enemigo, pronto tuvieron que iniciar la retirada. Fue entonces cuando avanzaron en oleadas y consiguieron derribar a pedradas el casco que protegía la cabeza de Magallanes; le hirieron repetidamente, cayendo al suelo sin fuerzas para defenderse, a la vez que otros veinte de los asaltantes; muriendo entre ellos los burgaleses Pedro Gómez y Francisco Espinosa. Gonzalo Gómez de Espinosa, a bordo de la nao Trinidad y al mando de tan reducida Armada, dispuso continuar la navegación con el decidido propósito de alcanzar las Molucas o islas de la especiería, como objetivo final del viaje.

Según el cronista Pigafetta, don Gonzalo Gómez de Espinosa, fue quien hizo el descubrimiento de las Molucas y ganó aquellas tierras para España, logrando establecer una buena amistad con los indígenas y fundando una factoría para consolidar los lazos de relación y los tratos comerciales.

A la partida de la expedición no se puede comprender porqué un barco dejó al otro averiado en tierra extraña, cuando en casos anteriores siempre habían estado juntos para ayudarse, y se da la circunstancia, que este raro proceder, fue precisamente lo que privó a Gonzalo Gómez de Espinosa de la primacía en dar la vuelta al mundo.
Los historiadores Pons Fabregues y don Rodolfo Cronau, se muestran más explícitos y aclaran: «La tripulación de la Victoria no quiso esperarse y el 21 del mismo mes se hizo a la vela a las órdenes de Sebastián Elcano».

Juan Sebastián Elcano se hizo cargo de las cartas de sumisión, las que escribieron los refugiados a sus familiares, y la documentación de la flota.

¿Por qué no la entregó al Emperador, cuando le ordenó el 13 de Septiembre de 1522 que se presentase con dos de sus hombres, llevando todos los escritos referentes al viaje? ¿Qué fue del dietario de viaje de Magallanes?

Acumulando más observaciones, (que acaso puedan traducirse en considerandos, notamos, que mientras el Emperador difunde la noticia de haberse dado la vuelta al mundo por primera vez, y concede a Sebastián Elcano una pensión y un escudo de armas, se niega a nombrarle Caballero de Santiago y a otorgarle otros favores que le había pedido.

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Escudo de armas de Gómez de Espinosa. ‘Tu fuiste uno de los primeros q la buelta me diste’

Si tan orgulloso estaba el Rey con su obra, ¿por que no satisface plenamente sus aspiraciones? No lo dicen las crónicas de entonces, pero, tal vez se baile la respuesta en los informes confidenciales de Pigafetta al Emperador, Juan Sebastián Elcano omite toda referencia a la separación de naves, Gonzalo Gómez de Espinosa, parece contener una velada acusación, al decir que la nao Victoria: «se vino para Castilla».Parece consecuencia natural, (que hubiera sido Gonzalo Gómez de Espinosa, el funcionario fiel, que secundó todas las órdenes de Magallanes, y el único que contribuyó voluntariamente a facilitar el triunfo de su gloriosa gesta, el elegido para rematarla, pero, el ingrato destino se olvidó de él, y puso en su lugar a Juan Sebastián Elcano, aquel agitador que no lo merecía por intentar oponerse a la idea genial del Almirante.
Este contratiempo que privó a Gonzalo Gómez de Espinosa de una fama y de un honor, viene a enaltecer la integridad de su abnegado carácter, porque tuvo que soportar cuantas adversidades le sobrevinieron por estar solo, y por tener que seguir una derrota distinta a la que hubieran llevado las dos naves juntas.
Fotos: Magallanes, Gonzalo Gómez de Espinosa y su escudo de armas

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