Miguel Tenorio de Castilla

tenorio

Apenas se conoce papel que Huelva y algunas de sus personalidades han tenido a lo largo de la historia de España. Por eso merece la pena rescatar y traer a la memoria algunas de las biofrafías de personajes ilustres de nuestra provincia que han aportado o han tenido una influencia destacada en diversas etapas históricas y de distintas maneras.

Brillante universitario, licenciado en leyes, poeta y periodista, fue varias veces gobernador civil, diplomático (destinado en Prusia, Palestina y otros) y Secretario muy particular de la reina Isabel II de España, desde 1859 hasta 1864, en que O’Donnell le apartó de la corte.

Hoy ponemos el foco en Miguel Tenorio de Castilla, un hombre de Almonaster la Real que, tras una dilatada carrera política que comenzó con apenas 25 años como Gobernador Civil de Huelva, llegó a ser secretario personal de Isabel II, designado expresamente por la propia reina. Con ella mantuvo una intensa relación personal y profesional durante los siete años que ostentó el cargo, lo que le permitió alcanzar una posición de cierto peso en el ambiente cortesano.

Miguel Tenorio nació en Almonaster en agosto de 1818. Sus padres, almonasterenses, también fueron José María Tenorio Herrera (Magistrado de la Audiencia de Granada) y Leona de Castilla y Forero, que murió en 1819, por lo que Miguel se crió con sus abuelos Miguel Pablo Tenorio y Francisca Javiera Castilla y Forero, que disfrutaban de una posición acomodada. No en vano, su abuela era en 1812, la principal contribuyente del censo de la villa de Almonaster.

En el curso 1831-1832 comenzó sus estudios en la academia privada de otro almonasterense Celestino Núñez González, formación que le sería convalidada por la Real Universidad Literaria de Sevilla en la que ingresó un curso más tarde para estudiar Derecho, la carrera de Leyes en la época.

Precisamente en Sevilla vivió una época cultural y literaria que le llevó a fundar La Lira Andaluza y a publicar sus trabajos durante más de diez años en numerosas publicaciones, convirtiéndose en uno de los exponentes del romanticismo sevillano.

Su carrera política, por la que es verdaderamente conocido no solo en Huelva sino en buena parte de España, comenzó en 1843 cuando contaba con solo 25 años de edad. De él decían que era caballeroso y tenía don de gentes, lo que junto a su formación y su cultura literaia, justificaba el inicio de su temprana vocación política. El 21 de diciembre de ese año fue nombrado Gobernador Civil de la provincia de Huelva cargo que ostentó hasta 1847. Terminada la etapa onubense inició una década que le llevo a ocupar la Jefatura Superior Política, o lo que es lo mismo el Gobierno Civil de otras 11 provincias españolas -Castellón, Toledo, Córdoba, Málaga, Zaragoza, Barcelona, Jaén, Cádiz, Alicante, Granada y Sevilla- antes de convertirse en diplomático.

Sobre esta época, aunque se desconoce la fecha exacta por el fuego que quemó en 1936 el archivo parroquial de la Palma del Condado, se casó con Isabel Tirado y Rañón, a quien en sus poemas llamó Belisa y de quien se dice estaba profundamente enamorado. Isabel murió en 1859 víctima de un epidemia de cólera que azotó Sevilla y solo tuvieron un hijo Miguel Tenorio Tirado, aficionado a la pintura y casado con Emilia Osborne Guevara, que también murió joven. Se calcula que hacia 1890.

De sus actuaciones en materia de política provincial, se recuerda especialmente la división rectificada de la Dehesa Valdelamusa decretada por la Diputación Provincial, que implicó a tres pueblos –Almonaster, Cortegana y El Cerro– donde Miguel Tenorio atendió las reclamaciones de los tres municipios con respecto a sus lindes y consiguió mantener un criterio firme y objetivo en el reparto -un tercio para cada localidad-, pese a que uno de los municipios involucrados era su pueblo natal.

En materia de cultura también tuvo una actuación trascendental firmando en 1844 una disposición que instaba las Comisiones Provinciales que nacían de la Comisión Central de Monumentos Históricos y Artísticos a dividirse en las secciones de Bibliotecas/Archivos, Esculturas/Pinturas y Arqueología/Arquitectura y en la que detallaba minuciosamente las obligaciones de los alcaldes con respecto a las mismas. Una disposición que sin duda contribuyó a preservar el patrimonio monumental y cultural que hoy tenemos en España.

Asimismo, Miguel de Castilla tuvo una destacada actuación en la colonización agraria y poblacional de la Sierra de Huelva en el siglo XIX, especialmente de Rosal de la Frontera

Ya en 1856 fue nombrado cónsul general y comisionado regio en Jerusalén. Allí, un año más tarde salió como diputado electo por La Palma del Condado, aunque no llegó a tiempo de jurar el cargo. Renovó su escaño en las siguientes elecciones, pero solo ejerció de diputado en las legislaturas 1858-1859 y en la 1860-1861, aunque en esta última renunció al cargo de diputado. Fue entre estas dos legislaturas donde empezó a tomar más contacto con la Corte ya que en abril de 1859 Isabel II lo nombró su secretario particular y fue integrado en dos comisiones de trabajo: la de Presupuestos y Contabilidad Provincial y la Comisión Parlamentaria de Etiqueta por el cumpleaños de la Reina.

Al parecer Miguel Tenorio de Castilla, que sustituyó a Puig-Moltó como “favorito de la Reina”, tuvo mucha influencia sobre Isabel II y eso provocó el recelo de políticos y partidos, sobre todo en el líder de la Unión Liberal, Leopoldo O’Donnell.

Fruto de esta cercanía se le atribuye la paternidad de las infantas Pilar (1861), Paz (1862) y Eulalia de Borbón (1864), aunque no fue reconocida oficialmente. Además de secretario particular durante un año fue también consejero de la corona y candidato electo por Aracena y por Huelva capital, en las legislaturas 1863-1864 y 1864-1865. Precisamente en esta última Isabel II, presionada por O’Donnell y el General Narváez, le cesó de su cargo de secretario particular. Y dos años más tarde el propio O’Donnell lo confinó en Segovia hasta su nombramiento como ministro plenipotenciario en Berlín (1867).

No obstante en las últimas elecciones a Cortes del período isabelino celebradas en ese mismo año volvió a salir diputado electo por la provincia de Huelva aunque no pudo presentar el acta al Congreso porque estaba en Alemania.

Un año más tarde, en 1868 Isabel II fue derrocada en la Revolución de Septiembre y el gobierno provisional lo cesó de su cargo diplomático en Berlín en octubre, lo que llevó a Miguel a retirarse en Almonaster durante el Sexenio Democrático (1868-1874), allí se mantuvo alejado de la política y se dedicó a administrar su patrimonio.

Con la caída de la Primera República y la restauración de los borbónica propiciaron su vuelta a la primera línea de la política española. No en vano ocupó un papel protagonista en la organización del Partido Conservador canovista de Huelva, donde lideró la fracción ideológicamente más cercana al que fue el Partido Moderado isabelino.

Con ello consiguió salir elegido diputado a Cortes en 1876 y 1879 por el distrito de La Palma del Condado, ejerciendo como parlamentario en el Congreso durante las legislaturas 1877, 1878, 1879-1880 y 1880-1881. Es en este período, concretamente en la tercera de las legislaturas cuando tuvo una actuación destacada en el ámbito político nacional, con su intervención en el debate sobre el sistema de calcinaciones de piritas al aire libre practicadas por las empresas de Huelva.

Cerró Tenorio de Castilla su carrera política a mediados de los años 80 del siglo XIX con un escaño en el Senado en la legislatura 1884-1885, representando a Islas Baleares. Una vez retirado pasó la última etapa de su vida en Munich, en el Castillo de Nymphemburg, acogido por Paz de Borbón y su marido el príncipe Luis Fernando de Baviera, alimentando con ello la hipótesis de su paternidad.

Allí murió en 1916. En el cementerio de San Fernando de Sevilla hay una tumba con simbología masónica con su nombre, aunque hay quien apunta que sus restos descansan en Berlín y que su enterramiento cumple en 2016, fecha en que podría reclamarse y traerse de vuelta a su tierra natal.

En definitiva, Miguel Tenorio de Castilla fue un hombre ilustre de Almonaster la Real con un papel destacado en la política onubense, andaluza y española por el que recibió numerosas condecoraciones como la Gran Cruz de Isabel la Católica en 1854 o la de Carlos III en 1867. También fue Caballero de la Maestranza de Ronda y Gentilhombre de Cámara de Su Majestad. Paula Crespo-J.J. Godoy

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