3ª Parte, cap. 22 Del famoso Almirante Don Christobal de Espinosa de los Monteros Utrera y Mírez. Señor de pueblos de indios en la isla de Los Pintados de Jesús

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Nota: Para que se vea que esta historia no es novelada, al final se da una explicación sobre las revueltas de los Sangleyes en Manila

… Él le respondió que no le podía obedecer por dos cosas, porque no era justo dejar a sus soldados a vista del enemigo, y porque no había vencido del todo al enemigo.

Aquella noche que había luna, desde las diez dio sobre los enemigos y los indios pelearon con flechas muy bien y en dos horas los desbarató. El cossario había enviado por sus navíos que estaban 4 leguas de allí y se embarcaron muchos dellos y el general suyo. Diole tanto pesar al almirante cuando lo entendió que a las tres de la mañana se embarcó tras dél y a las 6 le había echado a fondo cinco navíos y los otros cuatro se le rindieron. A las diez del día tornó a tomar puerto y se vio en gran peligro porque llegaron catorce navíos de socorro de Mindana[o] y de otras islas de enemigos y se arrojaron a los navíos de Espinosa hasta que hizo colgar en todas las entenas todos los presos, los cuales los atemorizaron diciéndoles que los suyos todos habían perecido y fue tanto el temor que les dio el saberlo que al momento huyeron todos, arrancó en su seguimiento cojíoles tres navichuelos echó cuatro a fondo y los demás se escaparon de allí a tres días volvió al puerto del nombre de Jesús Pintados despachó un aviso al Gobernador enviando el cossario preso, habíendolo enviado primero a que lo viese la Señora Doña Fabiana Pérez. El que llevó al cossario a ambas partes fue Alonso de Quesada a quien había hecho capitán por merecerlo y era natural de Jaén. Hiciéronse fiestas en Manila por tan gran victoria.

A tres días pasados despachó la almiranta y otro navío porque era ya tiempo de volver a México. Habiendo ordenado estas cosas fue a la ciudad donde se desposó aquella noche con Doña Fabiana Señora de Indios en la isla con mucho contento de todos porque estimaron tal amparo y defensor.

El gobernador le premió con una encomienda de tres pueblos del Rey y otro que vacó por muerte de un encomendero se lo dio luego, que todos valdrán cada año mil y quinientos pesos de oro. La mujer tiene otros tres que le rentan dos mil pesos de oro y su mayorazgo de tierras ingenio de azúcar que vale mucho. En diversas ocasiones ha llegado a la isla muchos cossarios con quien ha tenido más de veynte batallas y más de las doce han sido con los mindanaos y todas las ha vencido por su grande ardid y valentía, ha tenido tres desafíos, el uno con un negro moro loloso cossario de cual le contaban cosas notables, y a todos los venció.
Ha tenido otras muchas victorias y de todas sale empeñado, porque junta la gente y gasta a su costa y después reparte el despojo. Con los presos ha sido liberalísimo, de suerte que es proverbio entre los enemigos que no se les da nada de la prisión del almirante, porque tiene cierta la libertad y aun muchas victorias han procedido desto

No ha castigado soldado castilla si no es por traycion o por maltratar los indios y entonces con mucha misericordia.
Ha sido notablemente honesto y no se le ha conocido vicio que le desautorice y desacredite.

Todos los gobernadores que han ido le han confirmado el título de Almirante y le han ido dando más indios y renta o pensiones sobre otras encomiendas porque en tiempo de todos ha vencido enemigos.

A un corsario mindana lo cogió habiéndole vencido dos veces y dándole libertad la tercera lo llevó a Manila y por mandado del Gobernador amaneció colgado, de lo cual recibió grandísima pena, lo cual le reprehendió el gobernador y en satisfación dijo: Señor dicen que decía el Príncipe de Oria que si ahorcan los corsarios se privaba de la gloria que le habían de dar porque no había con quien pelear.

Avia poblado junto a Manila más de doce mil chinos, que allí Íes llaman Changuayes Chriílianos. Estos por algunos achaques le levantaron y cercaron a Manila auxilió el Gouernador al Almirante, y vino en su socorro en tan buen tiempo que los enemigos asaltaban el pueblo .En la qual ocasión sucedió vn milagro que no es justo se pase en silencio. Apareció vn Christo Crucificado entre las almenas del muro y les habló a los Changuayes (sangleyes)* diziéndoles gente maldita por qué afligís mi pueblo.

Viéronle dellos infinitos, y le oyeron, y assi dexaron el asalto, y se dividieron en tres exércitos, y se fueron a destruir los pueblos comarcanos. En esta sazón llegó el Almirante, y fue en seguimiento de uno de los exércitos de suerte que lo venció, y desbarató con notables hazañas de su persona. Después de vencidos se reduxeron todos recabando- les perdón del Gobernador conque se mostraron muy arrepentidos de su novedad, y motín. Recibido. En Manila, el Gobernador con grande honra y le dio nuevas rentas y premios en ciertos indios, pueblos, y minas, y muy favorecido, y honrado le despachó a su isla nombre de I E S V S de Pintados.

A ydo fu fama y honra en grande acrecentamiento con las nuevas hazañas que cada día emprende, Vitorias que consigue, y cosarios que rinde, es común dicho, en las Filipinas, que los cargos, ginetas y Vanderas, citan aguardando a los hombres de Jaén, y no ellos a los cargos, por la buena fama, y nombre que tienen, y han si hay nueva que son al presente algunos Capitanes. Esto es hasta el año de 1608. Que tuvieron cartas sus padres en Jaén en que les informa de una gran batalla que avía tenido con cossarios, de que había salido mal herido, aunque vencedor. Después acá, no se a sabido más del, si es muerto confío en Dios le avrá dado su gloria por lo bien que les sirvió contra sus enemigos. Y fi es vivo, Dios le conserve, y aumente las Vitorias para mayor gloria de su Magestad, y de la del Rey Señor nuestro.

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*La revuelta de los sangleyes se inició durante la noche del 3 de Octubre de 1603. En ese momento se congregaron muchos de los sangleyes que había en Manila y alrededores. Aunque los revoltosos tenían previsto levantarse en armas en noviembre, fueron descubiertos, y por ello avanzaron sus planes. El punto en que empezaron a reunirse fue a media legua de Manila, desde donde pretenderían luego entrar en la ciudad y adueñarse de ella. Un primer intento de derrotar a los sublevados terminó en desastre. Un contingente de 130 españoles fue enviado a reprimir la revuelta pero fueron rodeados y masacrados. Acto seguido, y animados por este éxito, los sangleyes se lanzaron a la toma de Manila. A pesar de esta victoria inicial, los intentos de los sublevados, cuya cifra podía llegar a la de 25000 hombres (San Agustín, p: 709), de tomar la zona fortificada de la ciudad fueron repelidos, y al ver que a su vez llegaban refuerzos españoles.. Viendo que su situación empeoraba, se retiraron hacia algunos pueblos cercanos a la ciudad, donde se fortificaron. En este punto se giran las tornas, y son los españoles y sus aliados los que salen al encuentro de estos núcleos de sangleyes sublevados. Los combates se alargarán hasta el 14 de noviembre, momento en que la práctica totalidad de los sublevados había sido muerta huida y aprisionada.

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