Discurso sobre la forma de reducir la disciplina militar a mejor…

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 …Que ningún soldado de su propio modo entre a alojar en Iglesia, monasterio, ni hospital, ni en casas, o granjas a ellos pertenecientes, so pena de ser puesto en prisión, por tiempo preciso, o a voluntad.
Que ningún soldado toque ni tome cosa sagrada ni perteneciente a Iglesias, monasterios, y hospitales, so pena de pagar lo que tomare, o robare con las setenas, y ser castigado corporalmente, según la calidad del delito lo requiere.
Otrosí, porque la gente de guerra se entretiene para no permitir agravios, y para amparar los flacos y afligidos, que ningún soldado haga fuerza a mujer, so pena de la vida, especialmente en pueblos rendidos, o tomados por asalto, que en tales partes la fuerza es mayor, pues se debe creer, que por el miedo de muchos condescienden a la voluntad de los que las requieren, y así hasta que el tal miedo sea pasado, siempre se ha de tener por fuerza, aunque parezca que expontáneamente vegan en lo que se les ruega.
Que ningún soldado mate mujer, niño, viejo, ni persona inhábil, aunque sea en la furia del vencer, so pena de la vida, ni ponga la mano en tales personas, so pena de ser catigado conforme a la calidad del delito.
Que todos los soldados se confiesen al menos una vez en el año, al tiempo que lo tiene ordenado la santa madre Iglesia, so pena de castigo arbitrario, conforme a la causa, y al tiempo que hubiere sido inobediente.
Que todos los Capitanes y oficiales tengan especial cuidado, de entender si algunos soldados de sus compañías dejan de confesarse, y por qué, y si por su amonestación no se quisieren confesar, avisen a sus Maestros de Campo, para que por bando público los destierren de las compañías, y den aviso a los oficiales del sueldo, para que no los asienten en otras.
Otrosí, que ningún soldado después de recibido por el Capitán, aprobado y asentado por los oficiales del sueldo, no mude compañía sin licencia en escrito de su Capitán, vista y confirmada por el Maestro de Campo, especialmente para ir a otros tercios, so pena de ser desterrado por infame del ejército, y no poder ganar jamás sueldo de su Majestad. Y el Capitán que sin tal licencia le recibiere privado de la compañía, que de no haberse hecho así ha nacido desobediencia entre los soldados, y entre Capitanes, diferencias, revueltas, y muertes.
Que ningún soldado salga a hacer noche fuera del ejército, o lugar dónde estuviere su bandera, sin llevar en escrito licencia de su Capitán, en la cual se diga dónde va, y los días que ha de estar ausente, so pena si fuere aventajado, de perder la ventaja, y si de paga sencilla el sueldo de un mes, o más, y en las mismas penas incurran los que no volvieron dentro del tiempo en las licencias señalado, si no trajeren bastantes testimonios de justos impedimentos, porque es cierto que algunos piden licencia viciosamente por excusar trabajo, y andarse, como dice, pasando mes, a costa de otros, y otros inconvenientes, además que por falta de quien sirva, trabajan los que quedan sirviendo.
Que ningún soldado juegue las armas, ni sobre ellas, so pena por la primera vez de perder el sueldo de un mes, y por la segunda, ser desterrado por infame.
Otrosí, que ningún soldado juegue sobre la ropa de vestir, ni sobre la palabra, so pena de no ser pagado el que ganare, y de ser el que perdiere, puesto en prisión precisa, o voluntaria.
Además, que la ropa sobre que jugare, y lo que sobre la palabra perdiere, sea aplicado al hospital, que en su tercio o compañía hubiere.
Que ningún soldado deje de presentarse a las muestras contadas las armas, que por orden del Capitán estuviere obligado a servir, propias, enteras, y bien aderezadas, so pena que le sea entretenido el sueldo, o ventaja que tuviere particular, o por razón de coselete o arcabuz, y no le sea vuelta hasta que tengan las dichas armas y sirva con ellas.
Que los Capitanes señalen las ventajas de arcabuceros, a hombres diestros y prácticos, y asentandos en los libros del sueldo, no se las pueden quitar de su propio modo, y sin causa bastante, de lo cual conste al Maestro de Campo, para que con su decreto se quite.
Que todos los soldados al pasar las muestras tengan a los oficiales del sueldo el respeto debido, so pena a los que en palabras, u obras se descomedieren, de castigo arbitrario, según el caso lo requiere.
Que ningún soldado pase plaza en nombre ajeno, so pena de galera por tiempo, o a voluntad al que pasare: y al oficial que le hiciere o permitiere pasar, privación del oficio, y otro castigo arbitrario según el caso lo requiere.
Que si algún soldado sobre la orden y servicio de su Majestad hiriere a algún oficial, especialmente su superior, muera por ello.
Que si algún soldado queriéndole los oficiales castigar por faltas, o desórdenes, pudiéndose desviar pusiere mano a la espada, y esperare, sea castigado arbitrariamente, conforme al lugar, y a la calidad del delito.
Que si algún soldado por cosas no tocantes al orden, ni al servicio de su Majestad, y especialmente por juego, pusiere mano, e hiriere algún oficial, sea castigado arbitrariamente, conforme a la calidad del delito, sin que el ser oficial lo agravie, porque los que fueren no han de dar ocasiones, en confianza de que por serlo se les haya de tener respeto, como si tratasen de orden, o de servicio de su Majestad.
Que cualquier oficial inferior obedezca y respete al sugerir en todas las cosas tocantes al orden y servicio de su Majestad, aunque no sean sus propios Maestros de Campo, Capitanes, Alféreces, o Sargentos, so pena de castigo arbitrario, según la inobediencia, y el poco respeto lo requiere.
Que ningún soldado impida a los ministros de justicia el ejercitar sus oficios so pena de la vida.
Otrosí, por excusar vagabundos, y muchos desórdenes e inconvenientes, que de andar en los ejércitos hombres sin sueldo se siguen y porque los espías no anden con seguridad, se debe mandar que ninguna persona ande en el ejército, sin tener sueldo asentado en los libros de él, so pena que no pueda ganar cosa alguna, ni ser a la parte con los soldados que ganaren, además que los tales sean castigados como vagabundos, si no constare que sirven a otros estipendados del mismo ejército.
Que ningún soldado, ni otra persona, habiendo enemigos en campaña, ande en el ejército sin cruz, o banda roja cosida, so pena de castigo arbitrario, porque no trayendo las cruces o bandas, cosidas pueden andar espías seguramente.
Que ningún soldado, ni otra persona trate, ni hable con enemigo alguno, especialmente en secreto, so pena de la vida.
Que si algún soldado entendiere que otro sirve de espía, o trata con los enemigos, y no lo descubriere a su superior, incurra en la misma pena del principal.
Otrosí, por excusar los motines, y los medios que se usan para promoverlos, y cuajarlos, se debe mandar, que todos los Capitanes, cuando recibieren los soldados, entiendan si saben escribir, y hagan, que los que lo supieren escriban sus nombres, y los de sus padres, y madres, y tierras, en un libro, que cada Furriel tenga para tal efecto, con lo cual gran parte se excusará el poner de los carteles, pues pocos saben disimular también su letra; que en algo no conforme, y se pueda conocer, teniendo como poder cortejarla, que pocos en tales casos se osan fiar de otros.
Que no haya juntas secretas ni corrillos públicos, porque en los tales se fabrican los motines, y se trata por conjeturas, de cuanto pasa en los consejos secretos, de que procede avisar a los enemigos, para que se aperciban, y muchas veces desaniman a los que tienen cargos de defender fortalezas, porque los tales corrillos suelen preceder de flaqueza de los que los hacen.
Que cualquier persona que hiciere o fijare carteles, o dijere palabras escandalosas, de la cuales puede causarse tumulto, o motín, muera por ello sin ser oído.
Que cualquier persona que supiere quien haya escrito, o fijado carteles, o dicho palabras sediciosas, y no lo manifestare luego al superior, incurra en la culpa del principal, y haya la misma pena.
Otrosí, por que el ejército no se podría sustentar, sin que las vituallas y los conductores de ellas fuesen y viniesen a la segura, y sin que los molinos, villas, granjas, casares y lugares de la comarca se conservasen y guardasen, se debe mandar, que ningún soldado ni otra persona salga a los caminos, ni a parte alguna a tomar las vituallas, ni a impedir los conductores de ellas, ni a romper, o quemar los molinos, villas, granjas, casares, y lugares de la comarca, so pena de la vida.
Que nadie tome ni compre vitualla alguna fuera de las plazas que para venderlas fueren señaladas, y después de apreciadas por los oficiales que tuvieren cargo de las tales plazas, so pena de castigo arbitrario.
Otrosí, por evitar diferencias entre naciones, se debe mandar que ningún soldado juegue con otro de diferente nación, so pena de castigo arbitrario, que si resultase de la diferencia echar mano uno contra otro, la pena se extendiese a la vida.
Que ningún soldado dentro ni fuera del campo, tome ni quite cosa alguna a soldado, o persona alguna, especialmente de otra nación, so pena de castigo arbitrario.
Otrosí, porque serviría poco haber asentado el campo en sitio salubre, con todas las partes que en su lugar está dicho, si después se infectase el aire con las inmundicias y excrementos de muchos días, ningún soldado ni otra persona eche tales cosas dentro de los cuarteles, ni en parte que la putrefacción, y mal olor pueda corromper el aire, o dar fastidio a la gente, so pena de castigo arbitrario, que se extienda a la vida, si el caso lo requiere.
Que las personas diputadas para sacar del campo las bestias muertas, tengan especial cuidado de sacarlas y quemarlas, y de cubrir las demás inmundicias que hubiere dentro del campo, y en los contornos de él, porque la corrupción del aire no dañe más que los enemigos, so pena si fueren remisos, de ser castigados ejemplarmente.
Que ningún soldado ni otra persona ponga tienda ni haga rancho fuera del campo, ni del cuartel que por su Furriel le fuere señalado, so pena de castigo arbitrario.
Otrosí porque de no ponerse término a las enemistades y pendencias viejas que suelen proceder las cuadrillas, las revueltas en las compañías y ejércitos, y las muertes de unos a otros, se debe mandar, que ningún soldado sobre enemistad o pendencia vieja durante la guerra y jornada riña ni trate,, si no fuera por vía de acuerdo, o de justicia, so pena de la vida.
Que ningún soldado por pendencia nueva desafie a otro, so pena de la vida al provocante, y destierro al provocado, si saliere pudiéndolo excusar sin nota de infamia.
Que ningún soldado, junte cuadrilla, ni ande en ella en el ejército o presidio, so pena de la vida.
Que si algún Capitán, u oficial echare mano para castigar algún soldado, dijere muera, o matadle, pierda la compañía, o el oficio, aunque no se siga lo que él dijo, que si siguiere muerte de soldado, muera el oficial por ello, aunque él no le matase ni hiriese.
Que cuando algún Capitán u oficial echare mano para castigar algún soldado, ninguna otra persona eche mano, so pena de castigo arbirario, que se pueda extender a la vida, si el caso lo requiere.
Que si alguna vez por primeros movimientos, que no son en mano de los hombres, echaren dos mano a las espadas, los presentes los separen y metan en paz sin favorecer ni ayudar a ninguno de ellos, so pena de castigo a arbitrario, que pueda extender a la vida, si el caso lo requiere.
Otrosí, que adonde quiera que se hubieren de llevar banderas a las guardias, vayan los Capitanes, oficiales y soldados con todas sus armas en orden, so pena de castigo arbitrario.
Que durante el tiempo de la guardia, y estando en ella la bandera, estén los Capitanes y oficiales, y no permitan que los soldados la dejen sin su licencia, ni por cosa inexcusables, so pena a los oficiales, que lo permitieren de castigo arbitrario, y a los soldados, del que les pueden dar los oficiales infraganti.
Que ningún soldado deje la centinela, so pena de la vida, ni se aparte del lugar donde le hubieren sus oficiales puesto a hacerla, ni se siente, so pena del castigo que le pueden dar los oficiales infraganti, que hallándole durmiendo se puede extender a la vida.
Que todas las veces que se tocare alarma, salgan las bandera, Capitanes, oficiales, y soldados con grandísima diligencia a las plazas para ello señaladas, so pena al que dejare de salir, si fuere oficial, de ser privado del oficio, y al soldado del castigo que los oficiales le pueden dar infraganti.
Que si con grandísima presteza no se pudieren poner las armas defensivas, ni las pudieren llevar a ponérselas en el escuadrón, salgan con las ofensivas, porque podría ser invasión repentina, que requiere presto resistencia, la cual se ha de hacer con las ofensivas, so pena al que llegare (tarde, aunque vaya muy armado, y la alarma sea falsa) del castigo que los oficiales pueden dar in fraganti.
Que ningún soldado ni otra persona dé alarma falsa sin orden del que se la pudiere dar, so pena de la vida.
Que todos los soldados acudan a su banderas con gran diligencia en comenzando a recoger los tambores, so pena a los que dejaran de acudir, o llegaran tarde, de el castigo que pudieren darle los oficiales infraganti.
Otrosí, que ningún soldado caminando, o estando en escuadrón, salga del orden, ni deje la hilera donde los oficiales le hubieren puesto, sin necesidad inexcusable, so pena de ser castigados arbitrariamente: y porque algunos suelen salir para ir a robar, y hacer desórdenes, los tales no sólo merecen castigo por haber salido del orden, y dejado el lugar donde le pusieron, mas por el desorden puédese extender la pena a la vida.
Que ningún soldado sin legítimo impedimento deje de llevar en orden todas las armas con que estuviere obligado a servir, so pena de ser sacado de la hilera vergonzósameflte.
Que ningún soldado vaya con las mujeres, ni con el bagaje sin licencia en escrito, de quien se la pudiere dar, so pena de ser desvalijado por los Baracheles de campaña.
Que todos los soldados caminando, y en los escuadrones obedezcan a cualquier oficial en cuanto a guardar orden y lugar, aunque no sean sus Capitanes, Alféreces, ni Sargentos, so pena del castigo, que sus mismos oficiales pueden darles infraganti, el cual les pueda dar cualquier otro oficial hallándoles fuera del orden, o desobedeciendo en él.
Que cualquier persona que llevare alguna orden, aunque no sea oficial, de los que suelen dar, los dejen pasar libremente, so pena al que hiciere resistencia de castigo arbitrario que se pueda extender a la vida, si el caso lo requiere.
Que ningún soldado vaya a reconocer campo, o fortaleza ni otra cosa sin orden del que se la pudiere dar, so pena de la vida.
Que ningún soldado provoque a enemigo, ni provocado salga a singular combate, sin licencia de quien se la pudiere dar, so pena de la vida.
Que ningún oficial ni soldado trate escaramuza, sin orden del que se la pudiera dar, so pena de la vida.
Otrosí, porque en rindiéndose a pacto, o concierto cualquier plaza, ciudad, villa, castillo, o fuerte, está sola protección de la Majestad Real, y de su Capitán General, ningún soldado entre a saquear, ni a tomar cosa alguna sin orden, so pena de la vida, ni se llegue a sus fosos, o muros, porque no es causa de desorden, so pena de castigo arbitrario, que si el caso lo requiere, se extienda a la vida.
Que ningún soldado ni otra persona vaya a correr sin orden y licencia de quien se la puede dar, so pena de perder todo lo que ganare, y de otro castigo arbitrario, que se extienda a la vida, si la calidad del caso lo requiere.
Que todo lo que por orden se trajere de correrías, se presente a los superiores, que hubieren dado la licencia para las tales correrías, so pena a los que lo encubrieren o defraudaren de perder la parte que de ello les había de caber, y de otro castigo arbitrario.
Que ninguna persona vaya a saco mano sin orden, so pena de castigo arbitrario.
Otrosí, que ningún soldado grite ni hable en el orden y escuadrón más de lo inexcusable, y que en tales lugares es lícito, so pena de ser sacado de la hilera vergonzosamente, y si fuere incorregible, privado del sueldo, y desterrado como infame, por violador de la modestia, respeto que como en conventos donde se profesa honra, y virtud se debe tener, y or turbador de las órdenes, que muchas veces es necesario dar a boca de mano en mano, que dándolas de otra manera, o no entendiéndose, ni obedeciéndose, correría riesgo la victoria. Homero alabando el silencio con que iban a pelear los escuadrones Griegos contra los Troyanos, dijo.
Sic Agriva Phalanx in prelia densa moreri
asidue, pariter que suos Dux quisque regebar,
imperitans: aly mox festinare silentes
dixeris haud tantas gentes subpectore vocem
condere, conspecti metuentes principios ora.
En estos cinco versos puso la manera de mandar, y obedecer con el respeto a los superiores, y la de combatir con orden y silencio, principalísimas partes de la buena disciplina militar, y necesarísimas a la victoria. Es en nuestra lengua lo contenido en los diez versos que se siguen, y aunque no esté la sentencia por peso, ni las palabras por medida, se entenderá lo que Homero quiso decir.
Y así el Griego escuadrón a la batalla
continuamente, en orden se movía,
y cada Capitán regía los suyos
en un igual conformidad mandando
a los que con presteza obedecían,
y con tan gran silencio, que dijeras,
es posible que tanto pecho pueda
tener en si la voz, por el respeto
del Príncipe, temiendo su presencia.
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