Discurso sobre la forma de reducir la disciplina militar a mejor y antiguo estado. De los abanderados , piqueros y arcabuces

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… Los abanderados son necesarios para llevar las banderas, porque la nación Española los Alféreces no las toman, si no es para pelear con ellas, o cuando van sus capitanes delante con las compañías a las guardias, o a pasar delante del Rey, o del Capitán General. Por ello conviene que los tales abanderados, sean hombres bien tratados, de buenas disposiciones, y fuerzas, porque nunca deben llevar las banderas a los hombros, sino de camino, y entonces siempre ha de ir una levantada, de manera que los soldados la vean, y las demás revueltas a las astas, se pueden llevar a los hombros. Cuando los Alféreces las llevaren, deben de rato en rato levantarlas, y jamás arrastrarlas, ni dejar que toquen en tierra, porque representan poder real con instrumentos para dar órdenes visibles: son señales de la unión, y hermandad que ha de haber entre los que la siguen. Que si antiguamente cuando alguna bandera caía en tierra, se tenía por mal agüero, y todos acudían con gran diligencia a levantarla, no es bien que adrede las arrastre nadie. Faltan de las nueve plazas, que llaman de la primera plana los barberos particulares, que no solamente son necesarios para que los soldados no traigan más cabello, ni barba, que las armas requieren, más aún para sangrar los enfermos y atar las heridas en tiempo de necesidad, porque no habiendo en cada tercio más de un cirujano, muchas veces no puede suplir, y conviene que los barberos sepan atar las heridas, entretando que el cirujano principal las cura. Todos los demás soldados de una compañía se reparten en coseletes con picas, arcabuceros, y picas desarmadas y debería ser en la manera siguiente.
A cada bandera puede acontecer verse en parte, que de sus soldados haya de hacer el cuadro, en que ella y ellos se reparen de caballería, o de mejor número de Infantería, puede ser la tal parte llanura sin arboledas, ni fosados en tal lugar se debe hacer escuadrón cuadrado de gente, para el cual las dos partes de la compañía han de llevar picas, pues ellas entre gente de a pié son la fuerza de los escuadrones, y allí reinas (como se dice) de las armas: pero hase de entender, siendo de largura y proporción conveniente, seranlo, si excedieren a las armas que los enemigos pueden traer enastadas.
Los alemanes y esguízaros simpre las traen muy largas, y por eso han tenido las más de sus victorias, que no puede haber mayor ventaja, que es ofender, sin poder ser ofendido, y ésta claro que ha de acaecer, así entre la pica larga, y la corta en su propio lugar, que es el escuadrón, donde no se puede rebatir, ni baraundar, por la espesura de las picas enemigas, y amigas. Pues cuando afronta un escuadrón con otro, han de ir tan constipadas, y los soldados tan juntos, que entre uno y otro no pueda pasar persona alguna, y las picas para hacer la ejecución que pueden, se han de llevar arrimadas a los pechos sobre lo más alto de los estómagos, cargadas desde la mano izquierda al codo del mismo brazo, que se ha de llevar arrimado al estómago, de manera que la mano pase hasta en par de la coyuntura del hombro derecho, o poco menos, la mano derecha retirada todo lo que se pudiere, teniendo a puño cerrado la pica, dejando hacia el cuento, parte que contrapese, y aligere a la que estando así armado pasare desde el codo izquierdo al hierro, y al tiempo de herir, afirmando el pie izquierdo delante, llegando con toda la furia posible la mano derecha a la izquierda, por la cual ha de correr la pica, y al mismo tiempo, juntando el pie derecho al izquierdo, saldrá lo más grueso de la pica del codo izquierdo adelante, con cuyo vaiven, y el del cuerpo, y la fuerza del brazo derecho se hará grandísimo golpe, al menos mucho mayor que con los dos brazos separados del pecho, y tomando la pica de cualquier otra manera de las que el escuadrón permite: y con mucha mayor facilidad, y menos trabajo se hará, si la pica fuere de largura, y proporción conveniente, será si tiene 26 palmos de vara española, fuere lo más grueso de ella, a 15 de la punta, y 11 del cuento, y desde aquel mayor grosor, fuere poco a poco asutilándose hasta que el pitipie del cuento, tenga de circunferencia medio palmo, menos la veintedoceava parte de todo el palmo, y la punta donde se asienta el hierro, tenga la décima parte de todo el palmo, menos que la mitad del palmo para fenecer, en tal manera ha de tener de circunferencia en lo más grueso la sexta parte de un palmo, más que la mitad de él.
A los que dijeren que la tal pica será pesada para traerla al hombro, y difícil de arbolar, y de manejar, especialmente a hombres pequeños, y de poca fuerza, se les puede responder. En cuanto al traerla al hombro, se ve que el peso es menos fastidioso, que el blandear de una de veinte palmos, si aquella es delgada, e igual como se traen.
Y cuanto al arbolar, que no es necesario hacerse, sino cuando el escuadrón hace alto por algún espacio de tiempo, y que en ninguna manera conviene dar paso con las picas arboladas, por excusar el palotear de ellas, que es peligrosísimo, especial en presencia de los enemigos, y porque se cansa más el soldado en llevar diez pasos arbolada la pica, que una milla al hombro: ni tampoco conviene que al entrar de las guardias se arbole, como se hace llegando a los primeros arcabuceros, que es tan hecho a las  armas, que por entre ellos vayan las hileras de las picas, hasta que la delantera llegue al largo de una pica del Capitán, que vuelto el rostro a ellos, espera con la suya arbolada, arbolando entonces todos a una, quedará hecho el escuadrón, guarnecido con las dos alas de arcabucería: y parecerá mejor, que parece el llevar las picas arboladas, haciendo dar vaivenes y zancadillas, a los que no tienen muchas fuerzas, y no están muy diestros en ello: en fin es invención de algunos, que quisieron mostrar gallardía y destreza, en cosa de ningún efecto, ni sustancia, más dañosa, que de provecho alguno.
En cuanto al manejarla para combatir, tomen una de la medida y proporción, y en la manera arriba dicha, y hallarán que podrá un soldado estar armado con ella, todo el tiempo que necesario fuere, aunque tenga del codo izquierdo adelante dieciséis palmos de pica, y que al herir a su enemigo, aunque deje de la mano derecha al cuerpo cuatro palmos de contrapeso, tendrá delante de si más de dieciocho, con sólo juntar la mano derecha a la izquierda, y que si necesario fuere, podrá alargar otros cuatro palmos, mejorando al tiempo de herir la mano derecha al cuento. Ninguna de las cuales cosas se podrá hacer con la pica de veinte palmos, porque aunque pongan la mano derecha en el mismo cuento, no pasará más de catorce palmos del codo izquierdo: entiendese armándose, y queriendo herir, como dicho es, porque segregando los brazos del pecho, y tomando la pica con la mano derecha en el cuento, y la izquierda tres palmos delante, tenga diez y seis palmos entre sí, y en el enemigo, mas no hay fuerzas humanas que la sustenten dos credos, ni el golpe se podrá comparar al de la larga, y aunque el escuadrón permitiese rebatir, o baraundar los brazos por muy fuertes que sean, con la pica corta no rebatirán la larga, por flacas fuerzas que tenga el que la tuviere, como dicho es: Así que en el frente de los escuadrones se deben poner las más largas picas, presupuesto todo lo de ellas dicho, y mucho más que se podría decir y probar cuidadamente, y presupuesto que se haya de combatir sin que el un contrario ni el otro abandone la pica, ni el lugar como en los escuadrones conviene.
Para seguridad de los que han de estar firmes con las picas en los escuadrones, se introdujeron las armas defensivas, que en nuestro tiempo se dicen coseletes, de ellos,- pues debería ser la mitad de toda la compañía, que siendo ella de trescientos soldados los coseletes fuesen ciento y cincuenta cumplidos, es a saber, petos, espaldares, escarcelas, brazales, guardabrazos, manoplas, celadas, sin permitirles dejar pieza alguna, que por haberlo permitido los Romanos a sus soldados, fueron vencidos de los Godos, y de otras naciones que usaban armas arrojadizas: las de nuestro tiempo son más violentas, y alcanzan de más lejos, pero los coseletes libran a los que los traen de muchas heridas, que si no los trajesen, matarían luego o herirían mortalmente: Convendría para mayor seguridad, que los petos y celadas fuesen fuertes, o que al menos la demasía de las escárcelas que sólo sirve de armar la superfluidad de las calzas, y la escesiva grandeza de las crestas, dañosa en las trincheras, porque se mira al arcabucero enemigo, pesada y sin provecho, en todas partes se echasen lo más necesario de las otras piezas: y porque los brazales separados de los guardabrazos son difíciles de armar en una pieza, y cansan mucho, porque puestos en agujetas penden de los hombros, deben los soldados traerlos unidos con los guardabrazos, que además de que cada uno se puede armar los suyos en cualquier pieza, pesan y cansan menos, porque pendiendo de las dos hebillas que hay en la cola, el uno sostiene al otro, deben ser los coseletes blancos y muy limpios, porque parece mejor, y espantan más que si fuesen negros, y de todo conviene valerse en la guerra.
Piqueros desarmados son necesarísimos para muchas expediciones que ocurren, a que los conviene enviar con arcabuceros expeditos, por donde no puede ir caballería, ni llegarían a tiempo coseletes. Para según la victoria, rotos los enemigos por muchas partes, que la caballería no puede pasar, ni es bien que vayan sólo arcabuceros, por si los enemigos resolvieren, para subir a pelear con las picas en las baterías, que con dificultad pueden hacerlo los coseletes.
Así que en cada compañía de trescientos soldados debe haber cuarenta piqueros con celadas, que sin ellas no podrían llegar a baterías por la lluvia de las piedras, y otras cosas que de ordinario arrojan los de dentro. El lugar de los tales piqueros en los escuadrones es el centro, de manera, que vayan guarnecidos con los coseletes sin mezclarse unos con otros.
La tercera parte de cualquiera bien regulada compañía debe ser de arcabuceros, porque ocurriendo la necesidad de arriba dicha, de hacer escuadrón en que la bandera y soldados se reparen, aunque el tal escuadrón sea como debe ser vacío en el medio, donde se metan los bagajes e impedimentos, y por eso se crezcan los cuatro frentes, poniendo en cada uno tres hileras de a diez y ocho piqueros, teniendo en medio el bagaje que ocupe lugar de cien soldados, bastan dos mangas de a cincuenta arcabuceros por los dos costados que cuando fuere forzado hechas cuatro escuadras de a veinte y cinco, se recojen solas picas de los dichos cuatro frentes a escuadra por frente.
Han de traer los tales arcabuceros morriones por lo que dije de las baterias, y porque a donde quiera parecen bien, aseguran, y espantan. Todos los arcabuces deberían ser de una munición o pelota, porque a necesidad puedan los unos servirse de las pelotas de los otros, y por lo menos debe pesar cada pelota tres partes de una onza, y ser el cañón de cuatro palmos y medio de vara española, aligerado de delante, y reforzado de cámara. Porque consistiendo la impulsión y violencia de la pelota, en aquel aumentarse sin tiempo la polvora, de uno en mil, no es necesario ser el cañón, más largo de cuanto para quemarse toda la polvora dentro de él hasta el espesor y densidad de la cámara, es un estribo que ayuda a la impulsión, allende de ser más segura, y tarda más en calentarse.
La caja o cureña debe ser derecha, como la traen los Italianos, o Alemanes, no tan curvada como la usan los Españoles: porque siendo derecha asienta mejor en el pecho, hállase más presto el punto sin bajar la cabeza, ni torcer el ojo buscándole, cosa de mucha importancia a la buena puntería.
Las serpentinas de golpe prenden más veces, y descolocan menos al disparar que las otras, y aunque algunas veces se apagan las mechas, parece menos inconveniente traer en las escaramuzas dos cabos encendidos, que faltar como suele la otra serpentina, o porque no alcanza la cuerda al polvorín, o porque no se despabila sobre él como hace dando de golpe. Las espadas de todos en la guerra no deben ser más largas, de cuanto con facilidad se puedan desenvainar trayéndolas ceñidas sobre lo alto del muslo, con una cinta por debajo de él, que no las deje ir atras ni adelante al andar, al correr ni al echar mano, que la largueza de ellas, y el traerlas bajas, y sueltas es de gran impedimento al coselete, y al arcabucero de a pie, y más a la gente de a caballo. Antiguamente ninguna pasaba de cuatro palmos y medio de vara española, como se ve por las que de aquel tiempo se hallan.
A imitación de las legiones Romanas, son los que nosotros llamamos Tercios, aunque difieren mucho en el número, en el orden y en todo lo demás. Una legión tenía seis mil cien hombres de a pie, setecientos treinta de a caballo, dividíase en diez cohortes, la primera de mil ciento cinco peones, ciento treinta y dos caballos, todas las otras nueve de a quinientos cincuenta y cinco peones, y sesenta y seis caballos.
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