Cabeza de Vaca. Encuentros con los indios

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Cómo partimos de Aute
Otro día siguiente partimos de Aute, y caminamos todo el día hasta llegar donde yo había estado. Fue el camino con extremo trabajoso, porque ni los caballos bastaban a llevar los enfermos, ni sabíamos que remedio poner, porque cada día adolescían; que fue cosa de muy gran lástima y dolor ver la necesidad y trabajo en que estábamos. Llegados que fuimos, visto el poco remedio que para ir adelante había, porque no había dónde, ni aunque lo hubiera, la gente pudiera pasar adelante, por estar los mas enfermos, y tales, quepocos había de quien se pudiese haber algun provecho. Dejo aquí de contar esto más largo, porque cada uno puede pensar lo que sepasaría en tierra tan extraña y tan mala, y tan sin ningún remedio de ninguna cosa, ni para estar ni para salir de ella. Mas como el más cierto remedio sea Dios nuestro Señor, y de Este nunca desconfiamos, suscedió otra cosa que agravaba más que todo esto, que entre la gente de caballo se comenzá la mayor parte de ellos a ir secretamente, pensando hallar ellos por sí remedio,y desamparar al gobernador y a los enfermos, los cuales estaban sin algunas fuerzas y poder más, como entre ellos había muchos hijosdalgo y hombres debuena suerte, no quisieron que esto pasase sin dar parte al gobernador y a los oficiales de Vuestra Majestad; y como les afeamos su propósito, y les pusimos delante el tiempo en que desamparaban a su capitán y los que estaban enfermos y sin poder, y apartarse sobre todo del servicio de Vuestra Majestad, acordaron de quedar, y que lo que fuese de uno fuese de todos, sin que ninguno desamparase a otro. Visto esto por el gobernador, los llamó a todos y a cada uno por sí, pidiendo parescer de tan mala tierra, para poder salir de ella y buscar algun remedio, pues allí no lo había, estando la tercia parte de la gente con gran enfermedad, y cresciendo esto cada hora, que teníamos por cierto todos lo estaríamos así; de donde no se podía seguir sino la muerte, que por ser en tal parte se nos hacía más grave; y vistos estos y otros muchos inconvenientes, y tentados muchos remédios, acordamos en uno harto dificll de poner enobra, que era hacer navíos en que nos fuésemos. A todos parescía imposible, porque nosotros no los sabíamos hacer, ni había herramientas, ni hierro, ni fragua, ni estopa, ni pez, ni jarcias, finalmente, ni cosa ninguna de tantas como son menester, ni quien supiese nada para dar industria en ello, y sobre todo, no haber qué comer entretanto que se hiciesen, y los que habían detrabajar del arte que habíamos dicho; y considerando todo esto, acordamos de pensar en ello más de espacio, y cesó la plática aquel día, y cada uno se fue, encomendándolo a Dios nuestro Señor, que lo encaminase por donde El fuese más servido. Otro día quiso Dios que uno de la compañía vino diciendo que él haríaunos canones de palo, y con unos cueros de venado se harían unos fuelles, ycomo estábamos en tiempo que cualquier cosa que tuviese alguna sobrehaz de remedio, nos parescía bien, dijimos que se pusiese por obra; y acordamos de hacer de los estribos y espuelas y ballestas, y de las otras cosas de hierroque había, los clavos y sierras y hachas, y otras herramientas, de que tanta necesidad había para ello; y dimos por remedio que para haber algun mantenimiento en el tiempo que esto se hiciese se hiciesen cuatro entradas en Autecon todos los caballos y gente que pudiesen ir, y que a tercero día se matase un caballo, el cual se repartiese entre los que trabajaban en la obra de las barcas y los que estaban enfermos; las entradas se hicieron con la gentey caballos que fue posible, y en ellas se trajeron hasta cuatrocientas hanegas de maíz, aunque no sin contiendas y pendencias con los indios. Hecimos coger muchos palmitos para aprovecharnos de la lana y cobertura de ellos, torciéndola y adereszándola para usaren lugar de estopa para las barcas; los cuales se comenzaron a hacer con un solo carpintero que en la companíahabía, y tanta dlligencia pusimos, que, comenzándola a 4 días de agosto, a t0 días del mes de setiembre eran acabadas cinco barcas, de a veinte y dos codos cada una, calafafateadas con las estopas de los palmitos, y breámolas con cierta pez de alquitrán que hizo un griego, llamado don Teodoro, de unos pinos; y de la misma ropa de los palmitos, y de las colas y crines de los caballos, hicimos cuerdas y jancias, y de las nuestras camisas velas, y de las habinas que allí había,hecimos los remos, que nos paresció que era menester; y tal era la tierra en que nuestros pecados nos habían puesto, que con muy gran trabajo podíamos hallar piedras para lastre y anclas de las barcas, ni en toda ella habíamos vistoninguna. Desollamos tambien las piernas de los caballos enteras, y curtimos los cueros de ellas para hacer botas en que llevásemos agua.
En este tiempo algunos andaban cogiendo mariscos por los rincones y entradas de la mar, en que los indios, en dos veces que dieron en ellos, nos mataron diez hombres a vista del real, sin que los pudiésemos socorrer, los cuales hallamos de parte a parte pasados con flechas; que, aunque algunos tenían buenas armas, no bastaron a resistir para que esto no se hiciese, por flechar con tanta destreza y fuerza como arriba he dicho; y a dicho y juramento de nuestros pilotos, desde la bahía, que pusimos nombre de la Cruz, hasta aquí anduvimos docientas y ochenta leguas, poco más o menos. En toda esta tierra no vimos sierra ni tuvimos noticias de ella en ninguna manera; y antes que nos embarcásemos, sin los que los indios nos mataron se murieron más de cuarenta hombres de enfermedad y hambre. A tt días del mes de setiembre se acabaron de comer los caballos, que sólo uno quedó, y este día nos embarcamos por esta orden: que en la barca del gobernador iban cuarenta y nueve hombres; en otra que dio al contador y comisario iban otros tantos; la tercera dio al capitan Alonso de Castillo y Andrés Dorantes, con cuarenta y ocho hombres, y otra dio a dos capitanes, que se llamaban Téllez y Peñalosa, con cuarenta y siete hombres. La otra dio al veedor y a mi con cuarenta y nueve hombres, y después de embarcados los bastimentos y ropa, no quedó a las barcas mas de un geme de bordo fuera del agua, y allende de esto, íbamos tan apretados, que no nos podíamos menear; y tanto puede la necesidad, que nos hizo aventurar a ir de esta manera, y meternos en una mar tan trabajosa, y tener noticia de la arte del marear ninguno de los que allí iban.

CAPITULO IX

Cómo partimos de bahía de Caballos
conquistadores1Aquella bahía de donde partimos ha por nombre la bahía de Caballos, y anduvimos siete días por aquellos ancónes, entrados en el agua hasta la cinta, sin señal de ver ninguna cosa de costa y al cabo de ellos llegamos a una islaque estaba cerca de la tierra. Mi barca iba delante, y de ella vimos venircinco canoas de indios, los cuales las desampararon y nos la dejaron en lasmanos, viendo que ibamos a ellas; las otras barcas pasaron adelante, y dieron en unas casas de la misma isla, donde hallamos muchas lizas y huevos de ellas, que estaban secas; que fue muy gran remedio para la necesidad que llevábamos. Después de tomadas, pasamos adelante, y dos leguas de allí pasamos un estrecho que la isla con la tierra hacía, al cual llamamos de Sant Miguelpor haber salido en su día por él; y salidos, llegamos a la costa, donde, con las cinco canoas que yo había tomado a los indios, remediamos algo de lasbarcas, haciendo falcas de ellas, y añadiéndolas, de manera que subieron dos palmos de bordo sobre el agua; y con esto tornamos a caminar por luengo de costa la vía del río de Palmas, cresciendo cada día la sed y la hambre, porque los bastimentos eran muy pocos y iban muy al cabo, y el agua se nos acabó, porque las botas que hecimos de las piernas de los caballos luego fueron podridas ysin ningun provecho; algunas veces entramos por ancónes y bahías que entraban mucho por la tierra adentro; todas las hallamos bajas y peligrosas; y ansí, anduvimos por ellas treinta días, donde algunas veces hallábamos indios pescadores, gente pobre y miserable. Al cabo ya de estos treinta días, que la necesidad del agua era en extremo, yendo cerca de costa, una noche sentimos venir una canoa, y como la vimos, esperamos que llegase, y ella no quiso hecer cara; y aunque la llamamos, no quiso volver ni aguardarnos, y por ser de noche no la seguimos, y fuímonos nuestra vía; cuando amaneció vimos una isla pequeña, y fuimos a ella por ver si hallaríamos agua; mas nuestro trabajofue en balde, porque no lo había. Estando allí surtos, nos tomó una tormenta muygrande, porque nos detuvimos seis días sin que osásemos salir a la mar; y como había cinco días que no bebíamos, la sed fue tanta, que nos puso en necesidad de beber agua salada, y algunos se desatentaron tanto en ello, que súbitamente se nos murieron cinco hombres.
Cuento esto asi brevemente, porque no creo que hay necesidad de particularmente contar las miserias y trabajos en que nos vimos; pues considerando el lugar donde estábamos y la poca esperanza de remido que teníamos, cada uno puede pensar mucho de lo que allí pasaría; y como vimos que la sed crescía y el agua nos mataba, aunque la tormenta no era cesada, acordamos de encomendarnos a Dios nuestro Señor, y aventurarnos antes al peligro de la mar que esperar la certinidad de la muerte que la sed nos daba; y así, salimos la vía donde habíamos visto la canoa la nocheque por allí veníamos; y en este día nos vimos muchas veces anegados, y tanperdidos, que ninguno hubo que no tuvise por cierta la muerte. Plugo a nuestro Señor, que en las mayores necesidades suele mostrar su favor, que a puesta del Sol volvimos una punta que la tierra hace, adonde hallamos mucha bonanza y abrigo. Salieron a nosotros muchas canoas, y los indios que en ellas venían nos hablaron, y sin querernos aguardar, se volvieron. Era gente grande y bien dispuesta, y no traían flechas ni arcos. Nosotros les fuimos siguiendo hastasus casas, que estaban cerca de allí a la lengua del agua, y saltamos en tierra, y delante de las casas hallamos muchos cántaros de agua y mucha cantidad de pescado guisado, y el señor de aquellas tierras ofresció todo aquello al gobernador, y tomándolo consigo, lo llevó a su casa. Las casas de estos eran de esteras, que a lo que paresció eran estantes; y después que entramosen casa del cacique, nos dio mucho pescado, y nosotros le dimos del maíz que traíamos, y lo comieron en nuestra presencia, y nos pidieron más, y se lo dimos, y el gobernador le dio muchos rescates; el cual, estando con el cacique ensu casa, a media hora de la noche, súpitamente los indios dieron en nosotros y en los que estaban muy malos echados en la costa, y acometieron también la casa del cacique, donde el gobernador estaba, y lo hirieron de una piedraen el rostro. Los que allí se hallaron prendieron al cacique; mas como lossuyos estaban tan cerca, soltóseles y dejoles en las manos una manta de marta cebelinas, que son las mejores que creo yo que en el mundo se podrían hallar, y tienen un olor que no paresce sino de ámbar y almizcle y alcanza tan lejos, que de mucha cantidad se siente; otras vimos allí, mas ningunas erantales como éstas.
Los que allí se hallaron, viendo al gobernador herido, lo metieron en la barca, y hecimos que con él se recogiesetoda la gente a sus barcas, y quedamos hasta cincuenta en tierra para contra los indios, que nos acometieron tres veces aquella noche, y con tanto ímpetu, que cada vez nos hacían retraer más de un tiro de piedra. Ninguno hubo de nosotros que no quedase herido, yo fuien la cara; y si como se hallaron pocas flechas, estuvieran más proveídos de ellas, sin duda nos hicieran mucho daño. La última vez se pusieron en celada los capitanes Dorantes y Peñalosa y Tellez con quince hombres, y dieron en ellos por las espaldas, y de tal manera les hicieron huir, que nos dejaron. Otro día de mañana yo les rompí más de treinta canoas, que nos aprovecharon para un norte que hacía, que por todo el día hubimos de estar allí con mucho frío, sin osar entrar en la mar, por la mucha tormenta que en ella había. Esto pasado, nos tornamos a embarcar, y navegamos tres días; y como habíamos tomado poca agua, y los vasos que teníamos para llevar asimismo eran muy pocos, tornamos a caer en la primera necesidad; y siguiendo nuestra vía, entramos por un estero, y estando en él vimos venir una canoa de indios. Como los llamamos, vinieron a nosotros, y el gobernador, a cuya barca habían llegado, pidióles agua, y ellos la ofrescieron con que les diesen en que la trajesen, y un cristiano griego, llamado Doroteo Teodoro (de quien arriba se hizo mención), dijo que quería ir con ellos; el gobernador y otros se lo procuraron estorbar mucho, y nunca lo pudieron, sino que en todo caso quería ir con ellos; asise fue, y llevo consigo un negro, y los indios dejaron en rehenes dos de sucompañía; y a la noche volvieron los indios y trajéronnos muchos vasos sin agua, y nos trajeron los cristianos que habían llevado; y los que habían dejado por rehenes, como los otros los hablaron quisiéronse echar al agua. Maslos que en la barca estaban los detuvieron; y ansí, se fueron huyendo los indios de la canoa, y nos dejaron muy confusos y tristes por haber perdido aquellos cristianos.
CAPITULO X
De la refriega que nos dieron los indios
Alvar_N_ezVenida la mañana, vinieron a nosotros muchas canoas de indios, pidiendonoslos dos compañeros que en la barca habían quedado por rehenes. El gobernador dijo que se los daría con que trajesen los dos cristianos que habían llevado. Con esta gente venían cinco o seis señores, y nos pareció ser la gentemas bien dispuesta y de mas autoridad y concierto que hasta allí habíamos visto, aunque no tan grandes como los otros de quien habemos contado. Traíanlos cabellos sueltos y muy largos, y cubiertos con mantas de martas, de la suerte de las que atrás habíamos tomado, y algunas de ellas hechas por muy extraña manera, porque en ella había unos lazos de labores de unas pieles leonadas, que parescían muy bien. Rogábannos que nos fuésemos con ellos y que nos darían los cristianos y agua y otras muchas cosas; y contino acudían sobre nosotros muchas canoas, procurando de tomar la boca de aquella entrada; yasí por esto, como porque la tierra era muy peligrosa para estar en ella, nos salimos a la mar, donde estuvimos hasta mediodía con ellos. Y como no nos quisiesen dar los cristianos, y por este respeto nosotros no les diésemos los indios, comenzáronnos a tirar piedras con hondas, y varas, con muestras de flecharnos, aunque en todos ellos no vimos sino tres o cuatro arcos. Estando en esta contienda el viento refrescó, y ellos se volvieron y nos dejaron; y así navegamos aquel día, hasta hora de vísperas, que mi barca, que iba delante, descubrió una punta que la tierra hacía, y del otro cabo se veía un río muy grande, y en una isleta que hacía la punta hice yo surgir por esperar las otras barcas. El gobernador no quiso llegar; antes se metió por una bahía muchas isletas, y allí nos juntamos, y desde la mar tomamos agua dulce, porque el rio entraba en la mar de avenida, y por tostar algun maíz de lo que traímos, porque ya había dos días que lo comíamos crudo, saltamos en aquella isla; mas como no hallamos leña, acordamos de ir al río que estaba detrás de la punta, una legua de allí; y yendo, era tanta la corriente, que no nos dejaba en ninguna manera llegar, antes nos apartaba de la tierra, y nosotros trabajando y porfiando por tomarla. El norte que venía de la tierra comenzó a crescer tanto, que nos metió en la mar, sin que nosotros pudiésemos hacer otra cosa; y a media legua que fuimos metidos en ella, sondamos, y hallamos que con treinta brazas no podimos tomar hondo, y no podíamos entender si la corriente era causaque no lo pudiésemos tomar; y asi navegamos dos días todavía, trabajando por tomar tierra, y al cabo de ellos, un poco antes que el sol saliese, vimos muchos humeros por la costa; y trabajando por llegar allá, nos hallamos en tres brazas de agua, y por ser de noche no osamos tomar tierra, porque como habíamos visto tantos humeros, creíamos que se nos podía recrescer algun peligro sin nosotros poder ver, por la mucha obscuridad, lo que habíamos de hacer, y por esto determinamos de esperar a la mañana; y como amanesció, cada barca se hallo por sí perdida de las otras; yo me hallé en treinta brazas, y siguiendo mi víaje,a hora de vísperas vi dos barcas, y como fui a ellas, vi que la primera a que llegué era la del gobernador, el cual me pregunto que me parescía que debíamos hacer. Yo le dije que debía recobrar aquella marca que iba delante, yque en ninguna manera la dejase, y que juntas todas tres barcas, siguiéramos nuestro camino donde Dios nos quisiese llevar. El me respondió que aquello no se podía hacer, porque la barca iba muy metida en la mar y él quería tomar la tierra y que si la quería yo seguir, que hiciese que los de mi barca tomasen los remos y trabajasen, porque con fuerza de brazos se había de tomar la tierra, y esto le aconsejaba un capitán que consigo llevaba que se llamaba Pantoja, diciéndole que si aquel día no tomaba la tierra que en otros seis no la tomaría, y en este tiempo era necesario morir de hambre. Yo, vistasu voluntad, tomé mi remo, y lo mismo hicieron todos los que en mi barca estaban para ello, y bogamos hasta casi puesto el sol; más como el gobernador llevaba la mas sana y recia gente que entre toda había, en ninguna manera lo podimos seguir ni tener con ella. Yo, como vi esto, pedlle que para poderle seguir,me diese un cabo de su barco, y él me respondió que no harían ellos poco sisolos aquella noche pudiese llegar a tierra. Yo le dije que, pues vía la poca posibllidad que en nostros había para poder seguirle y hacer lo que había mandado, que me dijese qué era lo que mandaba que yo hiciese. El me respondió que ya no era tiempo de mandar unos a otros; que cada uno hiciese lo que mejor le paresciese que era para salvar la vida: que él así lo entendía dehacer, y diciendo esto, se alargó con su barca, y como no le pude seguir, arribé sobre la otra barca que iba metida en la mar, la cual me esperó; y llegado a ella, hallé que era la que llevaban los capitanes Peñalosa y Téllez; y ansí, navegamos cuatro días en compañía, comiendo por tasa cada día medio puño de maíz crudo. A cabo de estos cuatro días nos tomó una tormenta, que hizo perderla otra barca, y por gran misericordía que Dios tuvo de nosotros no nos hundimos del todo, según el tiempo hacía; y con ser invierno, y el frío muy grande, y tantos días que padescíamos hambre, con los golpes que de la mar habíamos recibido, otro día la gente comenzó mucho a desmayar, de tal manera, que cuando el sol se puso, todos los que en mi barca venían estaban caidos en ella unos sobre otros, tan cerca de la muerte, que pocos había que tuviesen sentido, y entre todos ellos a esta hora no había cinco hombres en pie; y cuando vino la noche no quedamos sino el maestre y yo que pudiésemos marcar labarca, y a dos horas de la noche el maestre me dijo que yo tuviese cargo deella, porque él estaba tal que creía aquella noche morir; y así, yo tomé elleme, y pasada medía noche, yo llegué por ver si era muerto el maestee, yél me respondió que él antes estaba mejor y que él gobernaría hasta el día. Yo cierto aquella hora de muy mejor voluntad tomara la muerte, que no ver tanta gente delante de mí de tal manera. Y después que el maestre tomó cargo de la barca, yo reposé un poco muy sinreposo, ni había cosa más lejos de mí entonces que el sueño. Y acerca del alba parescióme que oía el tumbo de la mar, porque, como la costa era baja, sonaba mucho, y con este sobresalto llamé al maestre, el cual me respondió que creía que éramos cerca de tierra, y tentamos y hallámonos en siete brazas, y paresciólo que nos debíamos tener a la mar hasta que amanesciese; y asi,yo tomé un remo y bogué de la banda de la tierra, que nos hallamos una legua della, y dimos la popa a la mar; y cerca de tierra nos tomó una ola, que echó la barca fuera del agua un juego de herradura, y con el gran golpe que dió, casi toda la gente que en ella estaba como muerta, tornó en sí, y como se vieron cerca de la tierra se comenzaron a descolzar, y con manos y pies andando; y como salieron a tierra a unos barrancos, hecimos lumbre y tostamos del maíz que traíamos, y hallamos agua de la que había llovido, y con el calor del fuego la gente tornó en sí y comenzaron a esforzarse. El día que aquíllegamos era sexto del mes de noviembre.
CAPITULO XI
De lo que acaesció a Lope de Oviedo con unos indios
Desque la gente hubo comido mandé a Lope de Oviedo, que tenía más fuerza yestaba más recio que todos, se llegase a unos árboles que cerca de allí estaban, y subido en uno de ellos, descubriese la tierra en que estábamos y procurase de haber alguna noticia de ella. El lo hizo así y entendió que estábamos en isla, y vio
que la tierra estaba cavada a la manera que suele estar tierra donde anda ganado, y paresciólo por esto que debía ser tierra de cristianos, y ansí nos lo dijo. Yo le mandé que la tornase a mirar muy más particularmente y viese si en ella había algunos caminos que fuesen seguidos, y esto sin alargarse mucho por et peligro que podía haber. El fue, y topando con una vereda se fue por ella adelante hasta espacio de media legua, y halló unas chozas de unos indios que estaban solas, porque los indios eran idos al campo, y tomó una olla de ellos, y un perrillo pequeño y unas pocas de lizas y así se volvió a nosotros; y paresciéndonos que se tardaba, envié otros dos cristianos para que le buscasen y viesen qué le había suscedido; y ellos le toparon cerca de allí y vieron que tres indios, con arcos y flechas, venían tras él llamándole, y él asimismo llamaba a ellos por señas; y así llegó donde estábamos, y los indios se quedaron un poco atrás asentados en la misma ribera; y dende a media hora acudieron otros cien indios flecheros, que agora ellos fueses grandes o no, nuestro miedo les hacía parecer gigantes, y pararon cercade nosotros, donde los tres primeros estaban. Entre nosotros excusado era pensar que habría quien se defendiese, porque dificllmente se hallaron seis que del suelo se pudiesen levantar. El veedor y yo salimos a ellos y llamámosles, y ellos se llegaron a nosotros; y lo mejor que podimos, procuramos deasegurarlos y asegurarnos, y dímosles cuentas y cascabeles, y cada uno de ellos me dio una flecha, que es señal de amistad, y por señas nos dijeron quea la mañana volverían y nos traerían de comer, porque entonces no lo tenían.
CAPITULO XII
Cómo los indios nos trujeron de comer
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Otro día, saliendo el sol, que era la hora que los indios nos habían dicho, vinieron a nosotros, como lo habían prometido, y nos trajeron mucho pescado y de unas raíces que ellos comen, y son como nueces, algunas mayores o menores; la mayor parte de ellas se sacan debajo del agua y con mucho trabajo. A la tarde volvieron y nos trajeron más pescado y de las mismas raíces, yhicieron venir sus mujeres y hijos para que nos viesen, y ansí, se volvieron ricos de cascabeles y cuentas que les dimos, y otros días nos tornaron a visitar con lo mismo que estotras veces. Como nosotros veíamos, que estábamos proveídos de pescado y de raices y de agua y de las otras cosas que pedimos, acordamos de tornarnos a embarcar y seguir nuestro camino, y desenterramos la barca de la arena en que estaba metida, y fue menester que nos desnudásemos todos y pasásemos gran trabajo para echarla al agua, porque nosotros estibamos tales, que otras cosas muy más livianas bastaban para ponernos en él; y así embarcamos, a dos tiros de ballesta dentro en la mar, nos dio tal golpe deagua que nos mojó a todos; y como íbamos desnudos y el frío que hacía era muy grande, soltamos los remos de las manos, y a otro golpe que la mar nos dio, trastornó la barca; el veedor y otros dos se asieron de ella para escaparse; mas sucedió muy al revés, que la barca los tomó debajo y se ahogaron. Como la costa es muy brava, el mar de un tumbo echó a todos los otros, envueltos en las olas y medio ahogados, en la costa de la misma isla, sin que faltasen más de los tres que la barca había tomado debajo. Los que quedamos escapados, desnudos como nascimos y perdido todo lo que traíamos, y aunque todovalía poco, para entonces valía mucho. Y como entonces era por noviembre, y el frío muy grande, y nosotros tales que con poca dificultad nos podían contar los huesos estábamos hechos propria figura de la muerte. De mí sé decir que desde el mes de mayo pasado yo no había comido otra cosa sino maíz tostado, y algunas veces me vi en necesidad de comerlo crudo; porque aunque se mataron los caballos entretanto que las barcas se hacían, yo nunca pude comer de ellos, y no fueron diez veces las que comí pescado. Esto digo por excusar razones, porque pueda cada uno ver qué tales estaríamos. Y sobre todo lo dicho había sobrevenidoviento norte, de suerte que más estábamos cerca de la muerte que de la vida. Plugo a Nuestro Señor que, buscando los tizones del fuego que allí habíamos hecho, hallamos lumbre, con que hicimos grandes fuegos; y ansí, estuvimos pidiendo a Nuestro Señor misericordia y perdón de nuestros pecados, derramando muchas lágrimas, habiendo cada uno lástima, no sólo de sí, mas de todos los otros, que en el mismo estado vían. Y a hora de puesto el sol, los indios, creyendo que no nos habíamos ido, nos volvieron a buscar y traernos de comer; mas cuando ellos nos vieron ansí en tan diferente hábito del primero y en manera tan extraña, espantáronse tanto que se volvieron atrás. Yo salí a ellos y llamélos, y vinieron muy espantados; hícelos entender por señas cómo se nos había hundido una barca y se habían ahogado tres de nosotros, y allí en su presencia ellos mismos vieron dos muertos, y los que quedábamos íbamos aquel camino. Los indios, de ver el desastre que nos había venido y el desastre en que estábamos, con tanta desventura y miseria se sentaron entre nosotros, y con el gran dolor y lástima que hobieron de vernos en tanta fortuna, comenzaron todos a llorar recio, y tan de verdad, que lejos de allí se podía oír, y esto les duró más de media hora; y cierto ver que estos hombres tan sin razón ytan crudos, a manera de brutos, se dolían tanto de nosotros, hizo que en míy en otros de la companía cresciese más la pasión y la consideración de nuestra desdicha. Sosegado ya este llanto, yo pregunté a los cristianos, y dije que, si a ellos parescía, rogaría a aquellos indios que nos llevasen a sus casas; y algunos de ellos que habían estado en la Nueva España respondieron que no se debía hablar en ello, porque si a sus casas nos llevaban; nos sacrificarían a sus ídolos; mas, visto que otro remedio no había, y que por cualquier otro camino estaba más cerca y más cierta la muerte, no curé de lo que decían, antes rogué a los indios que nos llevasen a sus casas, y ellos mostraron que habían gran placer de ellos, y que esperásemos un poco, que ellos harían lo quequeríamos; y luego treinta de ellos se cargaron de leña, y se fueron a sus casas, que estaban lejos de allí, y quedamos con los otros hasta cerca
de lanoche, que nos tomaron, y llevándonos asidos y con mucha prisa, fuimos a sus casas; y por el gran frío que hacía y temiendo que en el camino algunono muriese o desmayase, proveyeron que hobiese cuatro o cinco fuegos muy grandes puestos a trechos, y en cada uno de ellos nos escalentaban; y desque vían que habíamos tomadoalguna fuerza y calor, nos llevaban hasta el otro tan apriesa, que casi lospies no nos dejaban poner en el suelo; y de esta manera fuimos hasta sus casas, donde hallamos que tenían hecha una casa para nosotros, y muchos fuegosen ella; y desde a un hora que habíamos llegado, comenzaron a ballar y hacer grande fiesta, que duró toda la noche, aunque para nosotros no había placer, fiesta ni sueño, esperando cuándo nos habían de sacrificar; y la mañana nos tornaron a dra pescado y raíces, y hacer tan buen trtamiento, que nos aseguramos algo y perdimos algo el miedo del sacrificio.
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