Cabeza de Vaca. Breve encuentro con los indios.

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Cómo llegamos a Apalache
Llegamos que fuimos a Apalache, el gobernador mandó que yo tomase nueve decaballo, y cincuenta peones, y entrase en el pueblo, y ansí lo acometimos el veedor y yo; y entrados, no hallamos sino mujeres y muchachos; mas de aquía poco, andando nosotros por él, acudieron, y comenzaron a pelear, flechándonos, y mataron el caballo del veedor; mas al fin huyeron y nos dejaron. Allí hallamos mucha cantidad de maíz que estaba ya para cogerse, y mucho seco que tenían encerrado. Hallámosles muchos cueros de venados, y entre ellos algunas mantas de hllo pequeñas, y no buenas, con que las mujeres cubren algode sus personas.
Tenían muchos vasos para moler maíz. En el pueblo había cuarenta casas pequeñas y edificadas, bajas y en lugares abrigados, por temor de las grandes tempestades que continuamente en aquella tierra suele haber. El edificio es de paja, y estan cercados de muy espeso monte y grandes arboledas y muchos piélagos de agua, donde hay tantos y tan grandes árboles caídos, que embarazan, y son causa que no se puede por allí andar sin mucho trabajo y peligros.

De la manera que es la tierra

La tierra, por la mayor parte, desde donde desembarcamos hasta este pueblo y tierra de Apalache, es llana; el suelo, de arena y tierra firme; por toda ella hay muy grandes árboles y montes claros, donde hay nogales y laureles, y otros que se llaman liquidámbares; cedros, sabinas y encinas y pinos y robles, palmitos bajos, de la manera de los de Castilla. Por toda ella hay muchas lagunas, grandes y pequenas, algunas muy trabajosas de pasar, parte por la mucha hondura parte por tantos arboles como por ellas estan caídos. Elsuelo de ellas es arena, y las que en la comarca de Apalache hallamos son muy mayores que las de hasta allí.
Hay en esta provincía muchos maizales, y las casas están tan esparcidas por el campo, de la manera que están las de los Gelves. Los animales que en ellas vimos son: venados de tres maneras, conejos y liebres, osos y leones, y otras salvajinas, entre los cuales vimos un animal que trae los hijos en una bolsa que en la barriga tiene; y todo eltiempo que son pequeños los trae allí, hasta que saben buscar de comer; y si acaso estén fuera buscando de comer, y acude gente, la madre no huye hasta que los ha recogido en su bolsa. Por allí la tierra es muy fría; tiene muy buenos pastos para ganados; hay aves de muchas maneras, ansares en gran cantidad, patos, ánades, patos reales, dorales y garzotas y garzas; perdices; vimos muchos alcones, neblis, gavllanes, esmerejones y otras muchas aves.
Dos horas después que llegamos a Apalache, los indios que de allí habían huído vinieron a nosotros de paz, pidiéndonos a sus mujeres y hijos, y nosotros se losdimos, salvo que el gobernador detuvo un cacique de ellos consigo, que fue causa por donde ellos fueron escandalizados; y luego otro día volvieron de guerra, y con tanto desnuedo y presteza nos asometieron, que llegaron a nos poner fuego a las casas en que estábamos; mas como salimos, huyeron, y acogiéronse a las lagunas, que tenían muy cerca; y por esto, y por los grandes maizales que había, no les podimos hacer daño, salvo a uno que matamos. Otro día siguiente, otros indios de otro pueblo que estaba de la otra parte vinieron a nosotros y acometiéronnos de la misma arte que los primeros, y de la misma manera se escaparon, y también murió uno de ellos.
Estuvimos en este pueblo veinte y cinco días, en que hecimos tres entradas por la tierra, y hallámosla muy pobre de gente y muy mala de andar, por los malos pasos y montes y lagunas que tenía. Preguntamos al cacique que les habíamos detenido, y a los otros indiosque traíamos con nosotros, que eran vecinos y enemigos de ellos, por la manera y población de la tierra, y la calidad de la gente, y por los bastimentos y todas las otras cosas de ella. Respondiéronnos cada uno por sí, que el mayor pueblo de toda aquella tierra era aquel Apalache, y que adelante había menos gente muy más pobre que ellos y que la tierra era mal poblada y losmoradores de ella muy repartidos; y que yendo adelante, había grandes lagunas y espesura de montes y grandes desiertos y despoblados.
Preguntámosle luego por la tierra que estaba hacia el Sur, que pueblos y mantenimientos tenía. Dijeron que por aquella vía, yendo a la mar nueve jornadas, había un pueblo que llamaban Aute, y los indios de él tenían mucho maíz, y que tenían frisoles y calabazas, y que por estar tan cerca de la mar alcanzaban pescados, y que estos eran amigos suyos. Nosotros, vista la pobreza de la tierra, y las malas nuevas que de la población y de todo lo demás nos daban, y como los indios nos hacían continua guerra hiriéndonos la gente y los caballos en los lugares donde íbamos a formar agua, y esto desde las lagunas, y tan a salvo, que no lospodíamos ofender, porque metidos en ellas nos flechaban, y mataron un señorde Tezcuco que se llamaba don Pedro, que el comisario llevaba consigo, acordamos de partir de allí, y ir a buscar la mar, y aquel pueblo de Aute que nos habían dicho; y asi nos partimos a cabo de veinte y cinco días que allí habíamos llegado.
El primero día pasamos aquellas lagunas y pasos sin ver indio ninguno; mas al segundodía llegamos a una laguna de muy mal paso, porque daba el agua a los pechosy había en ella muchos árboles caidos. Ya que estábamos en medio de ella nos acometieron muchos indios que estaban abscondidos detrás de los árboles porque no los viésemos; otros estaban sobre los caídos, y comenzáronnos a flechar de manera, que nos hirieron muchos hombres y caballos, y nos tomaron laguía que llevábamos antes que de la laguna saliésemos, y después de salidosde ella, nos tornaron a seguir, queriéndonos estorbar el paso; de manera que no nos aprovechaba salirnos afuera ni hacernos mas fuertes y querer pelearcon ellos, que se metían luego en la laguna, y desde allí nos herían la gente y caballos. Visto esto, el gobernador mandó a los de a caballo que se apeasen y les acometiesen a pie. El contador se apeó con ellos, y así los acometieron, y todos entraron a vueltas en una laguna, y así les ganamos el paso.
En esta revuelta hubo algunos de los nuestros heridos, que no les valieron buenas armas que llevaban; y hubo hombres este día que juraron que habían visto dosrobles, cada uno de ellos tan grueso como la pierna por bajo, pasados de parte a parte de las flechas de los indios; y esto no es tanto de maravillar, vista la fuerza y maña con que las echan; porque yo mismo vi una flecha en un pie de un álamo, que entraba por el un geme. Cuantos indios vimos desde la Florida aquí, todos son flecheros; y como son tan crescidos de cuerpo y andan desnudos, desde lejos parecen giggantes.
Es gente a maravilla bien dispuesta, muy enjutos y de muy grandes fuerzas y ligereza. Los arcos que usanson gruesos como el brazo, de once o doce palmos de largo, que flechan a doscientos pasos con tan gran tiento, que ninguna cosa yerran. Pasados que fuimos de este paso, de ahí a una legua llegamos a otro de la misma manera, salvo que por ser tan largo, que duraba media legua, era muy peor; este pasamos libremente y sin estorbo de indios; que, como habían gastado en el primero toda la munición que de flechas tenían, no quedó con qué osarnos acometer. Otro día siguiente, pasando otro semejante paso, yo hallé rastro de gente que iba delante, y di aviso de ello al gobernador que venía en la retaguardia y ansí, aunque los indios salieron a nosotros, como ibamos apercibidos, no nos pudieron ofender; y salidos a lo llano, fuéronnos todavía siguiendo; volvimos a ellos por dos partes, y matámosles dos indios, y hiriéronme a míy dos o tres cristianos; y por acogérsenos al monte no les podimos hacer más mal ni daño. De esta suerte caminamos ocho días, y desde este paso que hecontado, no salieron mas indios a nosotros hasta una legua adelante, que eslugar donde he dicho que íbamos. Allí, yendo nosotros por nuestro camino, salieron indios, y sin ser sentidos, dieron en la retaguardia, y a los gritos quedio un muchacho de un hidalgo de los que allí iban, que se llamaba Avellanedea, el Avellaneda volvió, y fue a socorrerlos, y los indios le acertaron conuna flecha por el canto de las corazas, y fue tal la herida, que pasó casi toda la flecha por el pescuezo, y luego allí murió y lo llevamos hasta Aute.En nueve días de camino, desde Apalache hasta allí, llegamos. Y cuando fuimos llegados, hallamos toda la gente de él, ida, y las casas quemadas, y mucho maíz y calabazas y frisoles, que ya todo estaba para empezarse a coger.
Descansamos allí dos días, y estos pasados, el gobernador me rogó que fuese a descubrir la mar, pues los indios
decían que estaba tan cerca de allí; ya en este camino la habíamos descubierto por un rio muy grande que en él hallamos, a quien habíamos puesto por nombre el rio de la Magdalena. Visto esto, otro día siguiente yo me partí a descubrirla, juntamente con el comisario y el capitán Castillo y Andres Dorantes y otros siete de caballo y cincuenta peones, y caminamos hasta hora de visperas, que llegamos a un ancón o entrada de la mar, donde hallamos muchos ostiones, con que la gente holgó; y dimos muchas gracias a Dios por habernos traido allí. Otro día de mañana envié veinte hombres a que conociesen la casa y mirasen la disposición  de ella, los cuales volvieron otro día en la noche, diciendo que aquellos ancones y bahías eran muy grandes y entraban tanto por la tierra adentro, que estorbaban mucho paradescubrir lo que queríamos, y que la costa estaba muy lejos de allí. Sabidas estas nuevas, y vista la mala disposición y aparejo que para descubrir la costa por allí había yo me volví al gobernador, y cuando llegamos, hallamosle enfermo con otros muchos, y la noche pasada los indios habían dado en ellos y puéstolos en grandísimo trabajo por la razón de la enfermedad que les había sobrevenido; también les habían muerto un caballo. Yo di cuenta de lo quehabía hecho y de la mala disposición de la tierra. Aquel día nos detuvimos allí.

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Extraido de su libro Naufragios
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2 comentarios sobre “Cabeza de Vaca. Breve encuentro con los indios.

  1. Reblogueó esto en El Blog de José Blas Molinay comentado:
    ¡Qué aventura! ¡Qué hombre! Esta es una de esas hazañas que a uno le hacen decir: qué película habrían hechos los americanos de ser suyos los protagonistas. El caso es que sí hubo una película. Juan Diego, hizo de Cabeza de Vaca. El actor no podía ser mejor, la película sí. En cualquier caso, alabo el esfuerzo.

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