Francisco Sarmiento de Mendoza (IIIª Parte).

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CAPITÁN DEL TERCIO DE SICILIA (1534-36)
A causa de vientos contrarios, la flotilla española no alcanzó Messina, tras haberse detenido unos dias en Malta, hasta el 25 de abril. Las 9 compañías recién llegadas fueron separadas y sometidas a una rigurosa cuarentena, quedando confinadas en lugares apartados de las poblaciones siguientes:
CAPITANES                                                                      ALFÉRECES                                                                DESTINOS
GREGORIO DE LEZCANO                                                                                                                                         TAORMINA
FRANCISCO SARMIENTO DE MENDOZA         FRANCISCO DE MENDOZA                                                    AUGUSTA
LUIS PIZAÑO (PIÇAÑO)                                                                                                                                            SIRACUSA
ALONSO CARRILLO DE PERALTA                        ALONSO JIMÉNEZ                                                               SIRACUSA
ALONSO DE HERMOSILLA MARMOLEJO                                                                                                             CATANIA
FRANÇOIS DE LA PELLUCE                              JUAN PEREZ DE MARQUINA                                                   CEFALU
LUIS MENDEZ DE SOTOMAYOR                                                                                                                               CEFALU
EX DIEGO DE TOVAR MILAZZO
EX RODRIGO MACHICAO                                          LUIS QUIJADA                                                                   PALERMO
Un lustro de la vida militar de Sarmiento discurrió en el primer tercio de infantería española que recibió tal denominación, formado por la tercera parte de los efectivos españoles intervinientes en la reducción de Florencia —”el tercio vivo”—, que el Emperador optó por no licenciar para disponer así de una fuerza capacitada y lista para intervenir donde las circunstancias lo precisaran. El empleo de maestre de campo, existente en la organización militar hispana desde la segunda década del siglo XVI, fue revestido de poderes más amplios de los que poseía, sobre todo en el ámbito jurisdiccional, en algunos aspectos equiparable al de los capitanes generales. La primera plana incorporaba un sargento mayor, que no gozaba de compañía, empleo igualmente preexistente aunque hasta entonces limitado sólamente a uno por cada repartimiento militar o ejército de campaña. El ordenamiento normativo relativo a la nueva Unidad militar estaba ya completado en 1533, como apreciamos en la instrucción al corregidor de Cuenca, investido de la autoridad de un maestre de campo durante la conducción, para su embarque en Málaga, de 10 compañías levadas en Castilla. El tercio en que sirvió Sarmiento, al que nuestro protagonista llegaría a sobrevivir, tuvo una vida orgánica compleja, comenzando por la evolución de sus compañías, que fueron sucesivamente: 10, 24, 14,9, 8 y 9 (entre 1531-34), para estabilizarse en 12 desde 1534 hasta su disolución disciplinaria el año 1538. En sus 7 años de vida conoció 4 jefes: Pedro Vélez de Guevara (1.V-13.VI.1531), Rodrigo Machicao) 13.VI.1531 – 2.II.1534), Gregorio de Lezcano, capitán al cargo (2.II-4.VII.1534) y Alvaro de Grado (4.VII.1534-15.VIII.1538),siendo conocido como Tercio de Sicilia desde 1534, nombre con el cual es citado en la llamada « Ordenanza de Génova» (1536), ampliamente considerada como acta fundacional de los tercios cuando los 4 que dicho texto cita —Sicilia, Nápoles, Lombardía y Niza— fueron organizados separadamente entre 1531 y 1536; además, los 3 primeros fueron disueltos disciplinariamente el 15 de agosto de 1538 (fecha efectiva), aunque el decreto no se publicara hasta el dia 28. Por supuesto, hubo después otros tercios que llevaron esos mismos nombres pero distintos a los iniciales, como diferentes fueron también su creación, composición y capitanes. Por último, el cuarto de los citados (Niza o Málaga), fue reformado en Castilnovo de Esclavonia, tras su conquista, el 28 de octubre de dicho año, para dar lugar al Tercio de Sarmiento o de Castilnovo, que resultaría deshecho en la defensa de la plaza. Aunque abordaré ampliamente la breve y desconocida historia de aquellos 4 primeros tercios, no sobra haber traído aquí la del primero que llevó el nombre de Sicilia, tan estrechamente ligado a la biografía de nuestro personaje.
Tras finalizar la cuarentena, que se declaró purgada el 24 de junio, se procedió a pagar a la gente, que hasta entonces solo habian recibido dos pagas (agosto de 1533 y febrero de 1534). La falta de dinero y la codicia de algunos capitanes desataron motines en las compañías de Lezcano y de Hermosilla, no resueltos pese a que el octogenario virrey Héctor Pignatelli, I duque de Monteleone, llegó a desembolsar 3 pagas completas, descontados los costes de manutención. El 4 de julio, por nombramiento del virrey —suponemos que inspirado por el propio César— el capitán Alvaro de Grado, que se hallaba con su compañía de guarnición en Milazzo, fue promovido al empleo de MdC del tercio, vacante desde la muerte de Machicao, siendo llamado a Palermo, capital de la isla. La compañía de Sarmiento, que se hallaba en Augusta, fue designada para sustituir a la del nuevo MdC en Milazzo, a donde llegó el 13 de julio, tras una accidentada travesía por mar en la que estuvieron a punto de naufragar, debiendo resguardarse en Taormina. Estos traslados dieron lugar a otros, en el transcurso de los cuales las compañías de Machicao, Tovar —mandadas todavía por sus alféreces— y Mendez de Sotomayor, dirigiéndose a Messina, estuvieron a punto de caer en poder de la armada de Barbarroja, que el 2 de agosto quemó las naves que les transportaban ante el fuerte del Faro (que todavía existe), cerca del cabo Peloro, en la embocadura del estrecho de Messina. El corsario venía de destrruir Santo Nocito (cerca de Motta San Giovanni, en Calabria), lugar de “700 fuegos”, tocado de muerte desde entonces, que sería abandonado a principios del siglo XVII.
Tras pasar el estrecho, asoló a San Lucido y Cetraro, donde quemó 6 galeras en fase de construcción, saqueó la isla de Procida, cuya fortaleza se le rindó, y cerca de Gaeta, tomó tambien Sperlonga (8.VIII), Terracina y Fondi (9.VIII), la más interior de todas sus presas. Luego puso proa a Túnez, de la que se apoderó mediante una es-trategema, obligando al rey hafsí Muley-Hasan a refugiarse en Constantina.
La incursión de Barbarroja y su conquista tunecina tendrían una pronta respuesta, pero la consecuencia más inmediata en Sicilia fue una nueva reorganización del tercio de su nombre—que no formaba parte del contingente defensivo de la isla, aunque coadyuvara cuando se alojaba en ella— sino, como se ha dicho, era una fuerza de intervención rápida donde la necesidad lo requiriera.Las compañías vacantes fueron cubiertas por Luis Quijada, el futuro ayo de Jeromín, alférez que fue de Machicao y en cuya compañía sucedió; para mandar la de Tovar fue designado el capitán Melchor de Saavedra, hijo del I conde de Castelar. Además se le incorporaron 3 nuevas compañías, todas sacadas de las tropas de la isla: las Hernando de Vargas, destinada en Siracusa y Charles de Esparza, en Augusta, que sumadas a la precedente de Alvaro de Grado, nuevo maestre de campo y uno de los soldados más reputados de entonces, llevaron a la unidad a perfeccionar la orgánica que conservaría hasta su disolución.
ÚLTIMO ENCUENTRO FAMILIAR (MARZO DE 1535).
A mediados de diciembre de 1534, Carlos V despachó a Constantina a un emisario genovés, Luigi Prevensa, práctico en la lengua, para anunciar a Muley-Hasan su intención de expulsar a Barbarroja de Túnez y recabar su colaboración.Desembarcó el 1 de enero en Marsala (O. de Sicilia), donde a la sazón se hallaba la compañía de Sarmiento, pero hubo de aguardar allí un mes a que mejorase el tiempo para proseguir su viaje. Nada más desembarcar cerca de Bizerta, fue denunciado por el guía que había tomado en Trapani y, capturado por Barbarroja, obligado a confesar su misión.
Este accidente retrasó los preparativos de la expedición y permitió a Sarmiento disfrutar de un inesperado permiso en Burgos aunque, para ello, tuvo que darse otra circunstancia: la enfermedad del virrey Héctor Pignatelli, que ablandado al entrever próxima su muerte —ocurrida el 7 de marzo—, le firmó la oportuna licencia por un mes de duración. Cereceda no habla de ella, pero si López Mata (pg. 41), que alude a «una rápida visita a Burgos,donde notamos su presencia en marzo de 1535, registrada en el libro de Actas Municiaples». Era la primera vez que veía a su familia en 6 años y también sería la última.El hijo mayor, Garci, tenía casi 1o años. Con 14 cumplidos, muerto el padre y por orden del Emperador, le sucedería en alcaidía del Santa María y a los 22 moriría en combate, a la misma edad que su tio homónimo —el hermano mayor de su padre— cuando los turcos le mataron en Djerba. El benjamín, Antonio, que tendría 7 años, tambien seguiría los pasos de su tio, padre y hermano:
como ellos, murió jóven,con las armas en la mano y peleando contra turcos. Cuando cumplió los 18 de edad (1546), ingresó en la Orden de San Juan (AHN, exp. 23.183) y partió a Malta para servir el trienio obligatorio de servicios en las caravanas (galeras) de la Orden, tras profesar y cruzarse en ella el 23 de mayo del año siguiente. No volvería a España, pues murió en 1551, apurando el pesar de su madre doña María de Cottanes, que expiraría transida por el dolor en 1554, sin llegar a cumplir los 52 de vida.Sobre Francisca,la única hija,«monja profesa en el monasterio de Santa María la Real de las Huelgas, orden de San Bernardo, de Burgos», enseguida recayeron como única heredera de su padre y hermanos, las reclamaciones de las deudas contraídas por éstos en sus breves años de servicio, que también habían abrumado a sumadre. La tesorería imperial pagó aun peor que la filipina, que logró erradicar algunas de sus corruptelas, obligando a los capitanes a entramparse, o a recurrir a prácilícitas para socorrer a sus menesterosos soldados; máxime su padre, general de una nutrida guarnición, prácticamente abandonada a su suerte durante los 9 meses del calvario que fue Castilnovo antes de su postrer agonía. Casi 5 siglos después, todavía no acierta uno de explicarse cómo en aquella sociedad, que se pregonaba tan piadosa y caritativa, pudiera atribularse a una jóven que, sin cumplir la treintena, había perdido a todos los suyos al servicio de su rey, causante de unas reclamaciones económicas nacidas de la propia incapacidad real de subvenir los costes de sus campañas militares. No serán todos, pero los pleitos que conserva el Archivo de la Chancillería de Valladolid, son suficientemente elocuentes: Diego Florez, de Madrigal, actuaba en 1556 contra las Huelgas en «reclamación de una deuda a Francisca Sarmiento de Mendoza,monja en el dicho monasterio, por cierta cantidad de dinero que prestó a su padre, Francisco Sarmiento, muerto en Turquía» (Ejecutorias, caja 873 n.22). Hasta un tal Garcia de Portillo, titulándose pagador del ejército de S.M., le reclamó 192 escudos que había prestado a su hermano García. Esta es particumente infame porque nos alerta sobre una práctica repugnante: el retraso deliberado en el abono de las pagas,por parte de algunos pagadores reales,que ejercían de prestamistas con el dinero del rey, difícilmente rastreable dado que los giros debían liquidarse sobre banqueros o agentes de muy diversos lugares y amplio rango de tasas de intermediación. Era relativamente sencillo atrasar contablemente la conversión de tales giros, a veces justificada por los altos costes de mercadeo, cuando por su blanqueo posterior se pagaba un precio ridículo en comparación con las jugosas tajadas que seobtenían a costa de las las privaciones de los soldados. En fin, Francisca, para satisfacer las deudas de sus finados y su costoso retiro conventual, hubo de vender la casa familiar, no la solariega de los Sarmiento en la colación de San Esteban, ampliada por su abuelo en 1516 y después heredada por su tío Luis, el mayorazgo, sino la que su padre había levantado en su etapa de regidor y cuya portada, curiosamente, se exhibe en el claustro del convento de San Juan, en Burgos.
Valga la prolija indagación sobre la suerte y vicisitudes de la familia de Francisco de Sarmiento para acotar las desafortunadas elucubraciones del citado Budor, recogidas en el siguiente párrafo: «Con el maestre Sarmiento en Castilnovo estuvierontambién dos hijos suyos, ambos militares: Pedro, teniente, y Santiago, capitán. Supuestamente, también tuvo una hija, María o Margarita Ana Veneranda, que en Castilnovo casaría con el capitán Mendoza, muerta ella el 11 de diciembre de 1546».
CONQUISTA DE TUNEZ, BONA Y BIZERTA (1535).
Dispuesto a aniquilar el poderío naval de Barbarroja, e impedir que hiciese de la costa tunecina, tan próxima a Sicilia, otro nido pirático como el de Argel, el Emperador zarpó de Barcelona el 30 de mayo de 1535, con una poderosa armada entre la que se contaban un grueso galeón, 24 carabelas y dos naos portuguesas, con mucha nobleza y voluntarios de aquel reino,al mando del infante D. Luis, cuñado de Carlos y hermano de la emperatriz Isabel. Iban embarcadas 27 compañías de bisoños (8500 h.) más 4.500 “aventureros, caballeros y gente de bien”, sin paga, 700 jinetes andaluces, sin contar las guardias viejas y lanzas levantadas por los nobles y señores. Tras tocar en Mallorca y en Caller, donde se embarcaron los Tercios de Nápoles (6 cias) y de Sicilia (12), junto a las coronelías de alemanes e italianos levadas para la ocasión, embarcadas en las armadas de Nápoles y Sicilia, asi como en galeras aportadas por Genóva, el Papa, la Orden de Malta, el príncipe de Mónaco y algunos particulares.
Tras agruparse en Porto Farina (Ghar El Mel), ya en el golfo de Túnez (15 de junio) el mismo dia se surgió ante Cartago, aunque algunas galeras fueron a reconocer las defensas de la Goleta. El dia siguiente desembarcó la infantería veterana, formando rápidamente un escuadrón a cuya cabeza se puso el Emperador en persona, aunque no se le opuso resistencia porque Barbarroja se esforzaba en aprestar las defensas tunecinas y el fuerte que habia levantado en la Goleta, prevenido de la invasión por enviados del rey de Francia. El 17, jueves, se completó el desembarque de la infantería bisoña, la caballería, artillería y suminstros. El primer ataque turco no se dio hasta el 18, afirmado ya el campo, siendo rechazado brevemente. Sin embargo, en dias sucesivos, estos menudearon, sobre todo a partir del viernes 19, tratando de dificultar el asentamiento ante la Goleta, cuyo asedio comenzó dicho dia, prolongándose hasta el 14 de julio, cuando se dió el asalto final.Sin embargo,la artillería no pudo jugar hasta el 24 de junio, en que se concluyeron las trincheras, reparos y barbetas; momento en que arreciaron las salidas de la guarnición, que mandaban los corsarios esmirneses Sinan Reis Al-yahudi —llamado el judío— y Aydin «Cachadiablo». En la primera de ellas, al alba de dicho dia, fue sorprendido el cuartel del tercio de Sicilia, vencido por la fatiga del trabajo intenso hasta poco antes, resultando muerto el capitán Luis Mendez de Sotomayor, que afrontó la acometida turca metiéndose entre los atacantes armado sólamente de espada y rodela.También murieron Sebastián de Lara, alférez del MdC Alvaro de Grado,y varios soldados, resultando heridos el MdC y el capitán Pizaño. Sarmiento perdió su bandera, pero los turcos fueron rechazados y perseguidos hasta la fortaleza, donde entraron algunos en su seguimiento que que daron allí atrapados. En sucesivas salidas, que causaron numerosas bajas a los sitiadores, murieron también el marqués de Finale y el conde de Sangro, dos de los coroneles italianos, así como levemente heridos la práctica totalidad de los capitanes del Tercio, lo cual no les impidió hallarse en el asalto definitivo, incluyemdo a Cristóbal de Morales, que recibió la compañía de Sotomayor. Toda la flota de Barbarroja, surta en el estaño, cayó en poder de los españoles, salvo 14 galeras que antes del cerco había despachado a Bona cargadas de ropas, efectos y joyas.
Tras la caída del fuerte, se descansó 3 dias antes de partir sobre Túnez, emprendiendo la marcha el 18. El dia 20, al atardecer, hallaron al ejército de Barbarroja formado en un puesto llano, fortificado, «donde había unos jardines llenos de pozos de buen agua, 3 millas de Túnez, entre ciertas antiguallas, que son unos arcos por donde los antiquísimos cartagineses llevaban agua a la gran Cartago».(Sandoval, 1618, II, 274). Tras breve combate el enemigo fue desalojado de sus posiciones, retirándose a la ciudad, donde Barbarroja proyectaba resistir; pero sabiendo que los 15.000 cristianos cautivos, encerrados en la alcazaba, habían logrado apoderarse de ella con la complicidad algunos guardianes, abandonó Tunez el mismo dia, seguido de sus capitanes y escoltado por 5.000 jenízaros. En Beja murió Cachidiablo, camino de Bona. Aquí se embarcó en las galeras que había dispuesto para su eventual retirada hacia Argel, no sin antes dejar secretamente a un emisario de confianza para que tanteara los términos de una posible aproximación con el Emperador. El vencido bajá, sabiendo las prácticas imperantes en los dominios de Solimán, quiso sin duda guardarse las espaldas aunque él tampoco mostrara la menor piedad con su fiel Rabadán de Baeza, renegado español y alcaide de la alcazaba de Túnez, a quien ordenó decapitar imputándole la pérdida del reino «porque tuvo mala guarda de los cautivos», aun sabiendo que no había tenido ninguna parte en su liberación.
El Emperador entró en Túnez el 31 de julio,concediendo 3 dias de saco a sus soldados. Recibió de los cautivos sublevados las llaves de la alcazaba, premiando a los audaces y a los guardianes que posibilitaron su liberación.El 27 de julio salió el campo de Túnez, y el 6 de agosto se concluyó el tratado con Muley Hasan, al que devolvió su reino —excepción hecha de la Goleta, Bona (Annaba), Bizerta (Benzert) y Africa (Mahdia)—, obligándose el rey a satisfacer 12.000 ducados al año para sufragar sus guarniciones. La primera se sometió el 10 de agosto, ante las galeras de Doria, quedando por alcaide Alvar Gómez Zagal al mando de 600 infantes bisoños.No pudo el César tomar Africa, como era su deseo al zarpar del golfo de Túnez (17.VIII),pero ordenó hacerlo a Andrea Doria,que embarcó en Marsala, sobre 35 galeras, a los tercios de Nápoles y Sicilia,con 5 compañías del regimiento de Herberstein, cuyo coronel y el grueso de su gente habían partido ya hacia Lombardía con el marqués del Vasto; por ello, asumió Hernando de Gonzaga el mando de la infantería embarcada. La expedición, que zarpó el lunes 13 de septiembre no llegó ni a alcanzar su objetivo, contrariamente a lo que afirma Sandoval, ya que desde la noche del mismo dia, en que hubieron de desembarcar en la isla Favignana, una de las Égadas, hasta el 10 de octubre siguiente, en que agotaron sus provisiones, estuvieron aguardando vientos favorables para alcanzar las costas de Mahdia, debiendo regresar a Palermo.
En cuanto a Bizerta, rehusó entregarse a Muley Hacen, cuyo hijo Muley Hamed le puso cerco ante la resistencia de unos turcos fieles a Barbarroja, que se apoderaron del fuerte que dominaba la ciudad,tomando el control de ésta. Sandoval narró el episodio a partir de la Crónica de Carlos V, de Alonso de Santa Cruz ( III, 301-5), pero ninguno de ambos nos brinda tan ricos detalles como Cereceda, testigo de la jornada (II, 72-78). Andrea Doria recibió la órden de apoyar a los hafsíes directamente del Emperador, el 13 de octubre, en Palermo. El día siguiente partió hacia Trapani, embarcando en sus galeras a la compañía del MdC Alvaro de Grado. Desde allí envió 8 galeras a Marsala para recoger vituallas y a la compañía de Francisco Sarmiento. El domingo 17, tras aportar en Trapani otras 4 galeras que aguardaba, embarcaron las compañías de Luis Quijada y de François de la Pelluce (Francés Pélus en nuestros textos), zarpando aquel mismo dia la expedición con 35 galeras y dos bergantines, al mando único de Doria, ya que Gonzaga había sido nombrado virrey de Sicilia por el Emperador el mismo dia que aportó en Palermo (12.X). En sus naves, aparte de la marinería, servía también una coronelía de 5 compañías de infantería al mando de Agostino Spinola.Antes de alcanzar su objetivo, debía proveer de agua y leña a la Goleta, de la cual debía proveerse en las costas africanas; por ello, hasta el 25 de octubre, no abandonó aquel puerto. El 29, hubo de refugiarse en Porto Farina para eludir una furiosa tempestad que se prolongó cuatro dias, saliendo el 2 de noviembre.
El mismo dia, por la tarde, llegó ante Bizerta, sobre la que halló a las tropas del príncipe hafsí, por lo que, la mañana siguiente, comezó a bombardear el lugar. Sin embargo, un emisario de Hamed le rogó que lo cesara y que desembarcase una fuerza capaz de tomar uno de los dos burgos del llano. Conforme a ello, 6 galeras desembarcaron al alba del 4 de noviembre 6 compañías de infantes —las 4 del tercio de Sicilia y 2 de Spinola— junto a la torre de Chavalaviat, a 8 millas de la plaza. Desde allí marcharon sobre el burgo oriental, sobre el istmo, que forzaron pasado el mediodía, tras una hora de resistencia. Para favorecer la concordia entre el príncipe y sus súbditos los españoles formaron de nuevo el escuadrón y se replegaron sobre el mismo punto del que habian partido, reembarcando en la armada de Doria, esta vez al completo, que zarpó el mismo dia, aportando en Puerto Farina a medodía del viernes 5 de noviembre. Allí recibió Doria noticia de la restauración de la soberanía hafsí sobre el lugar y los castigos impuestos a los turcos y a las autoridades que no evitaron sus maniobras. Doria partió de regreso a Sicilia el mismo día y Carlos V, persuadido de las dificultades de aprovisionamiento, rehusó guarnecerla con tropas propias, asegurado de que la dinastía satélite impediría el corso desde sus costas.
GUERRA CONTRA FRANCIA E INVASIÓN DE PROVENZA (1536).
El mismo dia de la toma de Bizerta, jueves 4 de noviembre de 1535, hallándose el Emperador en Nápoles, Giovambattista Castaldo, le llevó la noticia de la muerte, en su villa de la Sforcesca, cerca de Vigevano, del último duque de Milán, segundo de los hijos de Ludovico el Moro, a quien el Emperador había repuesto en sus estados paternos en 1522, tras la usurpación de Francisco I (1515-22). Todavía se discute la fecha de su muerte, que algunos retrasan al 1 de noviembre de dicho año, pero no así sus consecuencias. En efecto, como escribió Sandoval:
«Con la muerte del duque, revivieron las pasiones entre el Emperador y el rey Francisco, y nacieron otras ocasiones de nuevas guerras; porque la codicia grandísima que el rey tenía por este estado no le dejaba vivir con quietud,pidiéndolo y procuránrándolo con las armas, habiendo renunciado 8 años antes el derecho todo que a él y al reino de Nápoles pudiese tener, como yo lo he visto en largas pieles de pergamino y letra francesa en el archivo de Simancas, con las mayores fuerzas y juramentos que en derecho se pueden hallar, y junto con esto entregó cuatro escrituras tocantes a Nápoles y Milán, que hacían en favor del derecho que la casa real de Francia pretendía tener a estos Estados, como quien de todo punto se apartaba de ellos y de su pretensión, y juró que si en otro algún tiempo hallase otros papeles, los daría al Emperador, como consta por la concordia hecha en Madrid; y con todo esto, porfiaba el rey, y porfió hasta que acabó la vida».
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