«Retratos de Españoles ilustres» Alonso de Ojeda.

alonso de ojeda
Don Juan Rodríguez de Fonseca, que culminaría su carrera eclesiástica ocupando la silla episcopal de Burgos, era, según Las Casas, «muy capaz para mundanos negocios, señaladamente para congregar gente de guerra para armadas por la mar, que era más oficio de vizcaínos quede obispos».
Ello explica que a partir del segundo viaje colombino, en cuya preparación, siendo arcediano de Sevilla, intervino decisivamente, ocupase cargos de tanta relevancia como presidente del Consejo de Indias y miembro de la Casa de Contratación para asuntos comerciales.
Probablemente fue este prelado quien promovió o autorizó el primer viaje al Nuevo Mundo capitaneado por Alonso de Ojeda, que inauguraba las campañas ajenas al descubridor genovés.
Pese a los derechos oficialmente reservados al almirante colon, el horizonte de las tierras recién halladas era excesivamente ancho para ser un privilegio familiar; así debió de pensarlo Fonseca cuando decidio encomendar una nueva expedición a Ojeda, distinguido por su actitud durante el segundo viaje de Colón.
Aunque sabemos poco de la carabela preparada para esta campaña, a la que quizá se incorporó otra apresada en la costa africana, sabemos que llevaba entre sus tripulantes , el cartógrafo Juan de la Cosa, veterano de otras navegaciones que iba a perfilar como piloto mayor de este viaje su celebre planisferio y el florentino Américo Vespucio, en su primer viaje al continente que inmortalizó su nombre. También se contaban entre los tripulantes, el capitán Hernando de Guevara, los pilotos Juan Vizcaíno, Juan Sánchez Chamorro y Juan López de Sevilla, así como los contramaestres Nicola Veneciano y Pedro Mateos .
Ojeda, nacido en Cuenca hacia 1466, tenía entonces poco más de treinta años, si bien se había distinguido ya por su valor y su fortaleza física tanto en la conquista de Granada como en la segunda expedición colombina, durante la cual llevó a cabo el reconocimiento de la isla Guadalupe, descubrió en la isla Española la zona montañosa de Cibao y soportó con ejemplar entereza los ataques del cacique Caonabó, al que apresaría al fin, mereciendo por ello una concesión de tierras en la Managua dominicana.
Dejando a un lado las vicisitudes de los tres viajes que él mismo mandó, Ojeda vivió pobremente sus últimos años en la isla Española, donde moriría en 1515, quizá, retirado en un convento franciscano. La descripcion fisica nos la destacó Bartolomé de Las Casas: «Pequeño de cuerpo, pero muy bien proporcionado y muy bien dispuesto, hermoso de gesto, la cara hermosa y los ojos muy grandes, de los más sueltos hombres en correr y hacer vueltas y en todas otras cosas de fuerzas».
La primera campaña de Alonso de Ojeda se inició a dos pasos de Cádiz, en el Puerto de Santa María, el 18 de mayo de 1499, desde donde se encaminó a la costa africana. Más tarde se acusó a Ojeda de haber vendido armas y pólvora a los moros de Safi (Marruecos) y de haberse apoderado aquí de una nave onubense con la que siguió viaje a la isla canaria de Lanzarote. Debía Ojeda de sentirse pobremente aparejado, porque tampoco se libró de una denuncia por ciertas sustracciones de toneles, cabos y aparejos llevadas acabo sobre otros buques fondeados en la misma isla y hurtados de un almacén propiedad de doña Inés de Peraza, hija de aquella gobernadora lanzaroteña, doña Beatriz de Bobadilla, de quien Colón se sintió enamorado. De Lanzarote siguió a Fuerteventura, Gran Canaria, Tenerife y Gomera.
Ojeda conocía la derrota y cartas trazadas durante el tercer viaje de Colón, y pretende ahora seguir una vía parecida aunque quizá más próxima a la línea ecuatorial. A los veinticinco días de abandonar las Canarias avistan los expedicionarios el continente americano, más al sudeste de donde lo había hecho el almirante, ante las Guayanas y costean la tierra firme pasando por el extenso delta que el Orinoco dibuja antes de morir en el Atlántico, para llegar después al golfo de Paria, dejando por estribor la isla de Trinidad.

Viajes_de_Alonso_de_Ojeda

Despues de mantener relaciones pacíficas con los indígenas de las riberas, siguieron hacia poniente de la tierra firme, se metieron por las Bocas del Dragón, entre aquella isla y la península de Paria. Ya en pleno mar caribeño, navegaron a largo de la costa continental, se detuvieron en la isla la Margarita, cuyo interior reconocieron, para hacerlo más tarde en Chichiriviche, al sur de la isla de Bonaire y no lejos del actual Puerto Cabello, donde sostuvieron escaramuzas con los naturales. Pasaron también a la isla de Curaçao, que bautizaron de los Gigantes, hacia el 9 de agosto, navegando entre la isla de Aruba y la península de Paraguaná, hallaron un hermoso golfo en cuya ribera occidental llamó la atención de los españoles un poblado palafítico, con viviendas construidas sobre estacas hincadas en el fondo del agua, lo que sugirió, a Américo Vespucio, el recuerdo de Venecia, razón del diminutivo Venezuela qúe hoy da nombre al gran país sudamericano.
Más al sur, llegaron al actual lago de Maracaibo, que nombraron puerto de San Bartolomé. Los nativos rodearon con sus canoas a las naves españolas, pero después cambiaron su disposición amistosa por una abierta hostilidad, a la que Ojeda respondió abriendo fuego y causando algunas víctimas. De allí se llevaría una joven prisionera, útil como intérprete, que le acompañaria en su siguiente viaje a través del Atlántico.
La expedición continuó hacia el oeste, bordeando la península de Guajira hasta el cabo de la Vela, hoy territorio colombiano, representado por Juan de la Cosa, en su carta firmada en el año 1500. En este punto, que señala el límite de sus descubrimientos, cargaron palo campeche y fueron hacia el norte en busca de bastimentos y de una buena carena de la que tan necesitadas iban las carabelas.
El 5 deseptiembre fondeaban en el surgidero de Yaquimo, en la zona de Xaragua, de la isla Española, hoy bahía haitiana de Jacmel. Aquí abandonaron la más maltratada de sus naves y, después de algunos problemas con los españoles residentes en aquella isla, Ojeda partió hacia el norte, hizo—pese a la prohibición real— algunos esclavos en las Bahamas y alrededor del mes de junio estaba de regreso en España.
Aunque se sirvió de cartas o relatos del tercer viaje de Colón, se ha de atribuir a Ojeda el avistamiento de una zona continental que abarca más o menos desde los 5° de latitud Norte, en el actual territorio de las Guayanas, hasta el delta del Orinoco, ya observado por Colón en su tercer viaje, sobre los 9° por encima de la línea equinoccial; la primera exploración por el interior de la isla Margarita y el descubrimiento de las costas e islas que las cartas geográficas representan desde la península venezolana de Araya hasta el colombiano cabo de la Vela. Segun parece fue Ojeda el primer español que puso pie en la América del Sur.
Si bien el primer viaje no rindió beneficios tangibles y aún supuso una considerable merma de su patrimonio, Ojeda comenzó pronto a gestionar la organización de una nueva campaña hacia la misma región por él descubierta. El 8 de junio de 1501, los reyes autorizan a Rodríguez de Fonseca para que dé licencia a Ojeda a fin de que pueda volver a la Costa de las Perlas (zona próxima a Margarita, excluida la de Paria) e incluso establecer allí alguna factoría comercial. Al mismo tiempo se le nombraba gobernador de la provincia de Coquibacoa, nombre actual de un municipio próximo a Maracaibo, pero que entonces designaba a lo que los españoles habían bautizado como Venezuela.
La ayuda financiera de dos socios, Ocampo y Vergara, que también participarían en el viaje, permitió reunir en esta ocasión cuatro naves: La Santa María de la Antigua, capitaneada por el citado García de Ocampo; la Santa María de Granada, al mando del socio Juan de Vergara; la carabela Magdalena, que obedecía a Pedro de Ojeda, sobrino de Alonso y el carabelón o bergantín Santa Ana, bajo las órdenes de Hernando de Guevara, veterano de la expedición anteriormente relatada, todos obedientes a Ojeda, capitán general de la empresa.
La flota partió de Cádiz a principios de enero de 1502 y quizá huyendo del mal recuerdo que la campaña anterior había dejado en las Canarias, no se detuvo hasta la isla de Santiago en cabo verde, donde los tratos con los portugúeses para hacer provisiones dieron lugar a varios incidentes.
Hacia el 10 de marzo, con la despensa exhausta y los estómagos clamando consuelo, llegaron los españoles al golfo de Paria y, conforme a las instrucciones recibidas, siguieron camino al oeste. El día 24, a la vista de la isla Margarita, un accidente de mar causó la pérdida del carabelón Santa Ana. Se detuvieron en un punto de la península de Paraguaná que llamaron Valfermoso, hoy Coro, sin evitar refriegas con los naturales.
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Colección de cromos sobre Ojeda

La necesidad aconsejó a Ojeda envíar la nao Granada, con Juan de Vergara por capitán, para traer víveres desde Jamaica, a donde partió el 12 de abril.Ojeda pasó el golfo de Venezuela y continuó hasta el puerto de Santa Cruz, actual bahía Honda, en la península de la Guajira y a poca distancia del ya descubierto cabo de la Vela. Pese a la enemistosa actitud de los naturales ribereños, quiso fundar allí y no en la Costa de las Perlas, una colonia. Su propia gente, recelosa por el hecho de que Ojeda hubiese reclamado el depósito de todo el oro procedente de los indios, mostraba su descontento, al que tampoco eran ajenas el hambre y las fatigas. La situación incitó a Juan de Vergara, ya de regreso de Jamaica, a aliarse con García de Ocampo para quitarle el mando a Ojeda y llevarle preso a Santo Domingo, lo que sucedía por el mes de junio de 1502.
Despues de pleitear en la Española, parece que, valiéndose de la influencia de Rodríguez de Fonseca, consiguió Ojeda volver libre a España antes de que terminase aquel año.
Los pobres resultados de la segunda expedición están bien a la vista: Ni descubrió nuevas tierras, ni llevó a cabo una fundación estable, ni consiguió mantener un trato amistoso con los habitantes de las tierras visitadas.
Aunque en 1504 la Corona había firmado una capitulación con Ojeda, permitiéndole establecer un asentamiento en las proximidades del golfo de Urabá, también llamado Darién del Norte, en la costa noroccidental de la actual Colombia, dejando a parte el territorio ya descubierto por Colón y Rodrigo de Bastidas, no hay ningun dato de que tal proyecto se hubiese realizado.
La Junta de Burgos de 1507 autorizó exploraciones de Ojeda en la costa de Nueva Andalucía, desde el cabo de la Vela hasta el golfo de Urabá, reservando para Diego de Nicuesa la ribera del Darién hoy panameño, ambos con títulos de gobernadores.
Para esta empresa consiguió Ojeda la colaboración del sevillano Martín Fernández de Enciso, autor del que sin duda fue el primer libro sobre el Nuevo Mundo, «Suma de Geographia que tracta de todas las partes etprovincias del mundo, en especial de las Indias» , publicado en 1519. Logró alistar cuatro buques y enrolar dos centenares largos de hombres, entre los que iban dos de especial relieve: El cartógrafo montañés Juan de la Cosa, ahora teniente de gobernador, y un soldado de 33 años llamado Francisco Pizarro, que hacía sus primeras escaramuzas por tierras americanas.

Después de discutir con Nicuesa el límite de sus concesiones, y de establecerlo en el actual río colombiano de Atrato, el 10 de noviembre de 1509 partió Ojeda con sus barcos desde la isla Española. Pocas jornadas después estaban en la zona de la actual Cartagena de Indias; los contactos con los indígenas no fueron cordiales, pese a las protestas del gobernador justificando las refriegas. Juan de la Cosa, conocedor de que los indios usaban flechas emponzoñadas, recomendó una actitud comedida, pero Ojeda atacó; y aunque al principio resultó victorioso, persiguió a los indios en su huida hasta Turbaco, donde los hábiles flecheros sorprendieron a los españoles y les causaron un centenar de muertos, entre ellos el propio Juan de la Cosa. Sólo la imprevista llegada de Diego de Nicuesa permitió el desquite de Ojeda, que causó gran mortandad entre los naturales.

El 10 de febrero de 1510 estaba Ojeda en el golfo de Urabá y funda ese mismo día la villa de San Sebastián, con un fuerte para ponerse a salvo de los ataques indios. El hambre, las enfermedades y las flechas «con hierba» empezaron a hacer verdaderos estragos, a los que no ponía remedio la presencia de la nave que supuestamente preparaba Fernández Enciso en la isla Española.
El propio Ojeda cae herido de flecha envenenada y soporta con la aplicación de dos planchas de hierro candente, la tremenda cauterización de una pierna, así como la invalidez consiguiente. Era tan grave la situación, que el gobernador decide ir a la Española en busca de refuerzos y dejar en San Sebastián a sus hombres al mando de Pizarro, quien tampoco tardaría en levantar el campo y trasladarse con su gente a un emplazamiento más saludable y seguro. Corría el mes de mayo de 1510 cuando Ojeda, aprovechando la presencia en aquellas aguas de un barco robado por un tal Bernardino de Talavera, consiguió que éste le llevase hasta Cuba y después de durísimas peripecias consiguió llegar hasta la Española.  Sus gestiones no consiguieron el auxilio necesario para la gente de San Sebastián, y parece que murió pobre hasta el extremo en Santo Domingo, en 1515.
Salvo algún recoveco costero, no puede decirse que Alonso de Ojeda hubiese descubierto la zona que va desde Cartagena al golfo de Urabá, aguas ya navegadas por Bastidas. Brilló su valor, pero con su audacia mezcló la imprudencia .
De esta última campaña se recordará la fundación de la villa de San Sebastián, precedente primerísimo en tierra continental de los muchos asentamientos europeos que allí registra la Historia.
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