Burgos: De potencia económica a Ciudad decadente.

Burgos Grabado Sobre 1850

Burgos en un  Grabado de 1850

El año 1492 fue rico en acontecimientos transcendentales para el inmediato devenir de nuestra historia. Comenzó en la noche del 1 al 2 de enero con la definitiva toma de Granada por las fuerzas coaligadas de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, a los que se les empezaba a conocer como los Reyes Católicos. Era el último reducto de la presencia árabe en España, que se había iniciado unos ocho siglos antes.
Unos meses después, el 31 de marzo, los reyes, instalados en el fastuoso recinto residencial de la Alhambra granadina, firmaban conjuntamente el “Edicto de Granada”, redactado por el Inquisidor General, el dominico fray Tomás de Torquemada, por el que se decretaba la expulsión, sin ninguna excepción, de todos los judíos residentes en los reinos de Castilla y Aragón. Se les daba como fecha límite el 31 de julio, aunque finalmente se tuvo que prolongar hasta el 31 de agosto.
Por último, el viernes 12 de octubre una pequeña flota de tres carabelas, que enarbolaban la bandera de Castilla y que estaba dirigida por un marino italiano llamado Cristóbal Colón, después de una azarosa travesía anclaba sus naves en una pequeña y desconocida isla, que resultó pertenecer a un nuevo continente absolutamente desconocido para todos los integrantes de la expedición, iniciándose así la gran aventura histórica conocida como el Descubrimiento de América (1).
Las consecuencias que semejantes eventos provocaron en el cotidiano quehacer de toda España fueron inmediatas y afectaron trascendentalmente a prácticamente todos los órdenes de la vida de nuestro país. Burgos, naturalmente, no fue una excepción.
Castilla se había convertido en una potencia económica, basada en la industria, la agricultura, la ganadería ovina, dominada por la Mesta (2), y la exportación de materias primas, que luego regresaban convertidas en productos manufacturados.
Burgos era uno de los puntos neurálgicos desde donde se controlaba la exportación de la lana a los países del norte de Europa, por lo que los comerciantes, entre los que abundaban los judíos, representaban uno de los pilares de la economía de la ciudad.
Un ilustre viajero que la visitó a comienzos del siglo XVI nos la describe de la siguiente forma: “Esta ciudad de Burgos, metropolitana del reino de Castilla, es muy mercantil, como Valenciennes en tamaño, rodeada de dobles murallas, bien pavimentada y con hermosas casas. Llegan allí todas las lanas que llamamos nosotros de España, que las llevan a Flandes, y ocupan allí algunas veces dos o tres mil obreros…”
La comunidad judía burgalesa disfrutaba de un gran poder económico, una importante influencia política, especialmente a nivel municipal, ocupando además un alto estatus en el ámbito social, pero también ejercían oficios como los de zapateros, chapineros, juboneros, sastres, coqueros, ceramistas, plateros e incluso agricultores.
Con el decreto de expulsión, alrededor de un tercio de esta comunidad tuvo que salir huyendo, abandonando o malvendiendo todo su patrimonio. El tercio restante pudo quedarse, acreditando primero la autenticidad de su conversión al cristianismo, aunque siempre permanecieron bajo la estrecha vigilancia de la terrible Inquisición. El resultado de esta acción de limpieza religiosa no podía ser otro que el fin de una etapa de relativa prosperidad, en la que el comercio y la industria alcanzaron un importante nivel de crecimiento, que impulsó a su vez el desarrollo de otra muchas actividades, dando paso a otra de crisis económica, con la consecuente decadencia del resto de los valores.
En 1493 los Reyes Católicos convirtieron la Universidad de Mercaderes de Burgos, creada en el año 1443 por Juan II de Castilla, en el Real Consulado del Mar, una casa de contratación mercantil integrada por comerciantes burgaleses, que controlaban el mercado de la lana, tanto en su fase de producción como su posterior exportación a los mercados europeos, donde disponían de sus propios factores o cónsules en las principales ciudades de Flandes y también en Londres, París, La Rochelle, Nantes y Florencia. Esta última fase se hacía principalmente a través de los puertos de Santander, Laredo y Bilbao, hasta que en el año 1511 se estableció en esta última otro Consulado similar al de Burgos, aunque su actividad se centró principalmente en la exportación de minerales y la importación de paños, sedas y otros productos manufacturados. El vacío originado por la expulsión de los judíos provocó la llegada de numerosos banqueros y agentes de comercio extranjeros, principalmente alemanes, franceses y genoveses, que establecieron Bancas y Casas de Comercio cuyos beneficios no generaban ninguna repercusión económica sobre la ciudad. La falta de mano de obra, tanto artesanal como agrícola e industrial, mucho más difícil de sustituir, también tuvo una alta incidencia negativa sobre la economía burgalesa.
Carlos de Habsburgo, el nieto de los Reyes Católicos, había nacido en la ciudad flamenca de Gante el año 1500 y otra serie de acontecimientos imprevistos, pero igualmente transcendentales, le convirtieron en muy pocos años en el personaje más poderoso de su época. Con tan solo 16 años, en 1516 se convierte en rey de Castilla sin conocer nuestra lengua, nuestras costumbres, ni haber pisado siquiera territorio español. El gobierno de su nuevo reino pasó directamente a manos de sus consejeros y colaboradores flamencos, que se colmaron de privilegios y entraron a saco en las arcas del reino. Castilla primero y el resto de España después, incluidas todas sus posesiones, que eran inmensas, se convirtieron en la caja provisora de fondos para las múltiples empresas políticas, religiosas y militares emprendidas por su nuevo y flamante monarca. Primero fue la compra de la corona del Sacro Imperio Romano Germánico, que había ostentado su otro abuelo, Maximiliano I de Austria; después llegaron la guerras contra los turcos de Solimán el Magnífico, la Francia de Francisco I, contra el que se enfrentó en cuatro ocasiones; para acabar enredándose en una interminable y agotadora guerra religiosa, en la que se erigió como el supremo defensor de la Fe Católica, amenazada por el discurso reformista de un sacerdote alemán, el agustino Martín Lutero; conflicto que acabó extendiéndose por toda Europa.
En Castilla, el año 1520 se levantó un movimiento comunero contra el centralismo, la arbitrariedad y los abusos de la Corte flamenca que gobernaba, pero fue sofocado por las armas y duramente reprimido posteriormente. Burgos, tras diferentes alternativas, acabó decantándose por el bando imperial, contribuyendo en la fase final a su victoria con una importante aportación de hombres y efectivos militares, al mando del condestable de Castilla D. Íñigo Fernández de Velasco (3).
Cuando en el mes de octubre de 1555 Carlos I de España y V de Alemania, agotado, viejo y enfermo abdicó de la corona imperial a favor de su hermano Fernando, tres años más joven, que curiosamente era español, pues había nacido y se había educado en Alcalá de Henares, al tiempo que cedía los reinos de España a su hijo Felipe, puede afirmarse también que España se encontraba prácticamente al borde de la ruina, famélica y esquilmada a pesar de los enormes recursos que llegaban periódicamente al puerto de Sevilla, procedentes de la explotación de nuestras colonias americanas. Burgos no era, ni mucho menos, ajena a esta situación de penuria general.
La llegada de Felipe II, también conocido como el Prudente, no contribuyó precisamente a mejorar la situación, pues en las posesiones flamencas de la Monarquía Hispánica empezaron a surgir numerosos focos de descontento, cada vez más violentos, que acabaron convirtiéndose en una auténtica revuelta popular en lucha abierta por su independencia. Flandes se convirtió en otro campo de batalla para España, con la tremenda carga de vidas humanas y económica que suponía mantener los famosos tercios de Flandes, a lo que hay que añadir el consiguiente deterioro de las relaciones comerciales entre ambos países. Este enorme proceso de desgaste para la monarquía española finalizó el año 1581 con la destitución de Felipe II y la creación de la “república” holandesa.
Pero el heterogéneo y delicado edifico imperial español no solo se resquebrajaba en los Países Bajos, los turcos volvían a ser una amenaza, obligando a Felipe II a concentrar grandes recursos militares para proteger el Mediterráneo (4) y como remate, en 1588, Felipe II el Prudente emprende la desdichada aventura de la Grande y Felicísima, en la que se deshizo prácticamente todo nuestro poderío naval y supuso un desmesurado coste económico.
Las arcas del Estado estaban vacías, lo mismo que los bolsillos de los españoles, sumidos en un generalizado estado de penuria. La inflación se disparó, los precios subieron y los alimentos escasearon. Los años 1557 y 1566 fueron de crisis alimenticia por la escasez de las cosechas, en el imperio español no se ponía el sol, pero este no calentaba igual para todos.
En semejantes circunstancias, al igual que ocurriera con otras muchas ciudades españolas, el hundimiento económico de Burgos resultó completamente inevitable, colocando a muchos burgaleses en la triste coyuntura de verse obligados a abandonar su patria chica en busca de nuevos aires que les permitieran sobrevivir. Por si todas estas calamidades fueran insuficientes, en el año 1565 hizo su aparición la peste, que causó una terrible mortandad, pues según escribiera el historiador Hieronimus de Salamanca: “murieron en ella doze mil personas, que de allí començó su declinación”, causando además la huida enloquecida de otro gran número de ciudadanos.
Unos años más tarde, en el 1574, lo que quedaba del floreciente comercio burgalés sufrió un duro revés como consecuencia de la pérdida a manos holandesas del puerto de Middelburgo, en el que estaban ancladas numerosas naves castellanas cargadas de lana procedente principalmente de Burgos y Segovia, consignada por comerciantes burgaleses, cuyo inmenso valor se perdió al negarse los aseguradores a asumir semejante riesgo.
La repetición de las epidemias de peste y la pobreza generalizada se convirtieron en un verdadero azote para Burgos y su provincia, que hizo pensar al licenciado Mesa que se trataba de una maldición que “amenazaba a todas partes con las tres plagas de hambre, guerra y mortandad… de que Dios nos libre…”
En 1599, con el siglo XVI a punto de finalizar, la población de Burgos se había reducido a 2.247 vecinos, más de la mitad de la que existía a mediados de siglo, y un gran número de sus viviendas habían quedado deshabitadas o derruidas. Sin embargo, las alcábalas que la ciudad debía aportar a la hacienda pública no disminuyeron ni un maravedí, por lo que las cargas impositivas que tuvieron que soportar los vecinos se hicieron absolutamente insoportables. Por las calles de Burgos deambulaban numerosos grupos de personas desarrapadas y hambrientas en busca de cualquier sustento que llevarse a la boca.
El declive de la ciudad de Burgos continuó aumentando de forma imparable con los sucesivos Austrias que se sentaron en el trono de España. Hacia 1618, en tiempos de Felipe III, que pasaba largas temporadas de solaz y descanso en el palacio que su valido el duque de Lerma se había construido con dinero del erario público en la villa burgalesa de Lerma, los vecinos de la capital burgalesa se habían reducido a 915, y con su sucesor, Felipe IV el rey Planeta, apenas llegaban a los 800. A este rey, los burgaleses le dirigieron un memorial de agravios, en el que le exponían la triste situación en que se encontraba la ciudad por culpa de los elevados impuestos que tenía que soportar: “…estos la tienen tan despoblada y sin gente, que la que hay se sale a vivir fuera por no se poder sustentar y están las casas y edificios casi todos caídos y arruinados por el suelo…”
La cifra más baja de habitantes se alcanzó durante el reinado de Carlos II, el último de los Austrias, con tan solo 700 vecinos.
Recién estrenado el siglo XVIII, el año 1700 el rey Carlos II muere sin sucesión. Los Austrias son sustituidos por los Borbones y con ellos entra en España la Ilustración…..Pero esa ya es otra historia.
NOTAS
(1) Se da la contradictoria circunstancia de que la mayor parte de la financiación del viaje de Colón corrió a cargo del judío aragonés Luís de Santángelo, secretario y hombre de confianza del rey Fernando.
(2) El Honrado Consejo de la Mesta alcanzó su máximo apogeo en tiempos de los Reyes Católicos y Carlos I, pero empezó a decaer a partir de la segunda mitad del siglo XVI, especialmente durante el reinado de Felipe II, como consecuencia de la progresiva disminución del número de cabezas trashumantes, que afectaba directamente a la producción de lana y su posterior exportación.
(3) Desde el reinado de Enrique IV el cargo de Condestable de Castilla lo ostentaba un miembro de la Casa de Velasco con carácter hereditario.
(4) En 1560 los turcos infligieron a los españoles una dura derrota en Djerba y en 1563 estuvieron a punto de conquistar Orán.

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Fuentes:
Paco Blanco.
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