Su Alteza Serenísima D. Antonio López de Santa Anna.

Sta Anna
Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón
Santa Annna nació en Xalapa,Veracruz. En junio de 1810 Sus padres fueron don Antonio Andrés López de Santa Anna y Pérez de Acal, subdelegado de la Provincia de la Antigua en Veracruz, y doña Manuela Pérez de Lebrón y Cortés. Ambos padres deseaban para él un porvenir tranquilo y acomodado, como correspondía a un joven aristocrático de ascendencia española. Sin embargo, por su carácter aventurero y sus deseos de sobresalir, consiguió ingresar en el Ejército Real de la Nueva España a los dieciséis años, el 6 de julio de 1810 como simple cadete en el Regimiento de Infantería Fijo de Veracruz.
En 1811 su regimiento fue convocado para sofocar el movimiento insurgente iniciado un año antes por el cura Miguel Hidalgo y Costilla, pero debido a la derrota de Hidalgo en la Batalla de Puente de Calderón, fue enviado hacia el norte. Las primeras experiencias militares de Santa Anna se desarrollaron en la provincia de Nuevo Santander y en la de Texas, bajo el mando del coronel Don José Joaquín de Arredondo, quien fue su instructor.
Santa Anna Mediante las armas toma Veracruz, declarando ilegal la elección del emperador y pronunciándose a favor de los republicanos .Su carrera política empezó en 1821, fecha en el que el Plan de Iguala de Agustín de Iturbide consagró la independencia de la Nueva España. Inició entonces una larga serie de imprevisibles adhesiones ideológicas. Enviado por el gobierno virreinal a dar auxilio a la ciudad de Orizaba que estaba sitiada por los rebeldes, los derrotó y fue condecorado por el virrey y ascendido a teniente coronel. Fue nombrado comandante del puerto de Veracruz, pero horas después se levantó en armas contra el gobierno, uniéndose a los independentistas gracias a la persuasión de José Joaquín de Herrera. Fue derrotado en esa plaza pero se hizo fuerte en Córdoba.
En 1824, Guerrero envió a Santa Anna a ser el gobernador del estado de Yucatán. En 1829, España hizo su último intento de retomar a México en Tampico con una fuerza invasora de 2.600 soldados. Santa Anna marchó contra la Expedición de Barradas y derrroto a los Españoles. La derrota del ejército español, no sólo aumentó la popularidad de Santa Anna, declarado héroe, desde entonces él se hacía llamar “el vencedor de Tampico” y “El Salvador de la Patria”.
Al ser derrocado el gobierno de Guerrero por Anastasio Bustamante, Santa Anna hace un pacto con Gómez Pedraza, (el presidente que derrocara años antes) para que este alcanzara la presidencia de 1830 a 1833.
Al ser nombrado presidente,Santa Anna alegó mala salud y se retiró a su hacienda en Veracruz. En diversos periodos Valentín Gómez Farías ocupó la vacante de Santa Anna y aprovechó para hacer reformas liberales a la Constitución de 1824. Farías Redujo el tamaño del ejército y trabajó duro para erradicar la corrupción en el ejército. También modificó algunas reglas que redujeran el poder de la Iglesia. Los clérigos se les permitiría predicar sólo en materia religiosa. Se reformó la educación en un sistema totalmente secular. Santa Anna cambió su apoyo a los liberales y se unió a los conservadores, rechazó Farías, declaró suspendida la Constitución, disolvió el Congreso, y trabajó para concentrar el poder en el gobierno central. Este fue aplaudida por algunos conservadores, pero con la desaprobación considerable de otros sectores. Se sustituye la Constitución de 1824 , con un nuevo documento, denominado “Las Siete Leyes” (la Constitución de 1836). El régimen era una dictadura centralizada dirigido por los militares.
Durante los primeros años del México independiente, los acontecimientos ayudaron a Santa Anna en su imparable ascenso. Los levantamientos de 1827 le dieron la posibilidad de ponerse del lado del gobierno de forma sorprendente, puesto que la participación de su hermano Manuel del lado rebelde, hacía suponer que Santa Anna se retiraría de su hacienda en Manga de Clavo para apoyarlo. La suerte de los dos hermanos fue muy distinta a raíz de este acontecimiento: mientras Manuel era desterrado, Antonio obtenía el gobierno de Veracruz.
Poco más tarde se le brindó una nueva oportunidad. La convocatoria a las elecciones de 1828 nacía con la controversia entre las posturas representadas por Manuel Gómez Pedraza y Vicente Guerrero. Los partidarios del primero se oponían a hacer efectiva la expulsión de los españoles peninsulares restantes en el país. Apenas once días después de que Gómez Pedraza ganara las elecciones, Santa Anna se rebeló, exigiendo la sustitución del presidente electo por el general Vicente Guerrero, inaugurando con esto el inicio de las interminables guerras civiles en el país naciente.
La Independencia de Texas
Al igual que otros estados descontentos con las politícas centralistas de Santa Anna, Texas se declaró independiente el 2 de marzo de 1836. Santa Anna marchó al norte de Texas para traerlos de nuevo bajo control mexicano. El 6 de marzo de 1836, en la Batalla de El Álamo, Santa Anna se enfrento a los insurrectos. Pese a su rápida victoria en El Álamo a los pocos días de que Texas se declarara independiente. Santa Anna fue derrotado pronto por los soldados de Houston en el Batalla de San Jacinto el 21 de abril de 1836. El presidente en funciones de Texas David G. Burnet y Santa Anna firmaron los Tratados de Velasco “en su carácter oficial como jefe de la nación mexicana, reconoció la independencia total y completa de la República de Texas”. A cambio, Burnet y el gobierno de Texas garantizado la vida de Santa Anna y su transporte a Veracruz.
Un nuevo gobierno declaró que Santa Anna ya no era presidente y que el tratado con Texas, fuese anulado y sin efecto. Después de algún tiempo en el exilio en Estados Unidos, en 1837, se le permitió regresar a México a bordo de la USS Pioneer a retirarse a su Hacienda en Veracruz. En 1838, Santa Anna tomó de nuevo las riendas del ejército y se dirigió a Veracruz, aprovechando la Guerra de loa pasteles: Un conflicto de corta duración que se inició después de que México rechazara las demandas francesas para la retribución económica por las pérdidas sufridas por algunos ciudadanos franceses. Santa Anna fue herido en la pierna y la mano por el fuego de cañón. A pesar de la capitulación de México a las demandas francesas, Santa Anna fue capaz de utilizar su herida para volver a entrar en la política mexicana como un héroe. Poco después, Santa Anna una vez más pidió a tomar el control del gobierno provisional, mientras la presidencia de Bustamante se volvió caótica. Santa Anna aceptó y se convirtió en presidente por quinta vez.
A su regreso a Veracruz, al ser liberado por los texanos, Santa Anna fue destituido como presidente.
Cuando los ciudadanos franceses se quejaron al gobierno francés y éste exigió al gobierno mexicano una indemnización desproporcionada por los daños causados por las tropas federales años atrás en sus negocios, no hubo respuesta por parte del gobierno mexicano, así que en 1838 mandaron una expedición que bloqueó el Golfo de México, por lo que también exigían el costo del embargo, y ocupó la plaza de Veracruz hasta que sus peticiones fueran pagadas. Estas operaciones francesas estaban en conjunto a los bloqueos similares que realizaban en Argentina y Uruguay (bajo el lema del vicecónsul Aimé Roger: “Infligir a la invencible Buenos Aires un castigo ejemplar que será una lección saludable para todos los demás estados americanos […] corresponde a Francia hacerse conocer si quiere que se la respete”.
Santa Anna tomó de nuevo las riendas del ejército y se dirigió a Veracruz, donde hizo retroceder a los invasores hasta el muelle, pero en ese momento los barcos franceses abrieron fuego de artillería contra los mexicanos, donde el ejército mexicano fue derrotado y Santa Anna perdió una pierna. Después de esto, Santa Anna hizo que se celebrara una ceremonia en honor a su pierna, que fue exhibida en un cofre de cristal y paseada por la Ciudad de México custodiada por soldados, a lo que la gente respondió con gran devoción debido al heroísmo manifestado por su máximo líder en la defensa de su Patria. La gente se conmovió ante el sacrificio de Santa Anna y fue aclamado como héroe de la Patria.
Esto le dio una gran publicidad, lo que le permitió ocupar la presidencia de nuevo en 1839, 1841 y 1844, anunciando ya el estilo totalitario que distinguiría su último período.
La guerra contra Estados Unidos
En ausencia de Santa Anna, la situación interna en México estaba repartida entre hostilidades y caos político. Durante aquella situación, en EE.UU, James K. Polk había ocupado la presidencia del país. Polk era un conocido expansionista que desde hacía tiempo tenía puestos sus ojos en los territorios mexicanos de la Alta California y Nuevo México. El 29 de diciembre de 1845, para el enojo de los políticos mexicanos -quienes nunca reconocieron la independencia de Texas-, el Congreso de los Estados Unidos (a instancias de Polk y su antecesor Tyler) aprobó la incorporación de Texas a la Unión Americana; un hecho que deterioró rápidamente las relaciones entre México y Estados Unidos. Dicha situación se agravó aún más cuando el gobierno mexicano se negó a recibir al embajador enviado por Polk para comprar los territorios deseados por 15 millones de dólares. Aquello fue aprovechado por Polk como pretexto para presionar al Congreso a declarar la guerra. En tanto, a fin de presionar más las cosas, Polk había enviado tropas al mando de Zachary Taylor en las periferias del río Bravo; aún cuando se consideraba al río Nueces como el límite oficial con Texas, unos kilómetros más al norte. Aunque las escaramuzas entre ambos contingentes fueron directamente provocadas por los estadounidenses dentro de suelo mexicano y sin declaración de guerra previa, Polk hizo ver a los mexicanos ante el Congreso como los verdaderos culpables. Con ello, la guerra entre ambos países dio inicio el 11 de mayo de 1846.
Tras el exilio que se impuso el General Santa Anna en Colombia, el hambre, el descontento y las pugnas políticas hicieron caer en crisis al país una vez más, provocando con ello la dimisión del Presidente Mariano Arista, por las conspiraciones de los partidarios de Santa Anna, entre ellos Juan Suárez y Navarro, en 1853.3 En ese momento, el Partido Conservador, que había sido elegido en la mayor parte de los estados, reclamó de nuevo el regreso de Santa Anna y le escribieron el 23 de marzo de 1853 solicitándole que volviese a tomar la presidencia, a condición de que defendiese a la Religión Católica, suprimiera el federalismo, organizase una nueva división territorial del país y reorganizara el ejército. Santa Anna, quien había demostrado hasta ese momento ser el único hombre con la suficiente fuerza para gobernar un país tan ingobernable, les tomó la palabra a los conservadores y regresó a la presidencia en abril de ese mismo año.
En un principio, Santa Anna había podido organizar un gabinete capaz que aseguró unos cuantos meses de gobierno eficiente. No obstante, tras la muerte de Lucas Alamán, su principal colaborador, el gobierno santannista se volcó hacia una serie de políticas drásticas para asegurar el orden, que le ganaron el apelativo de dictatorial, lo que provocó la pérdida del apoyo de muchos de sus colaboradores más moderados. En su empeño por legislar, ningún asunto político escapó de sus designios. A fin de poder sanar un poco la débil hacienda mexicana, cobró los impuestos más inicuos que se pudieran imaginar, impuestos que afectaban hasta a los perros de compañía y a las ventanas de las casas. También dictaminó el color de uniforme de los empleados públicos, construyó innumerables monumentos autodedicados por todo el país y concentró todo el poder en su persona. Aparte de sus medidas de restablecimiento del orden público, quiso también que los jesuitas colaboraran con la educación de los jóvenes, por lo que hizo volver a los jesuitas expulsados durante el virreinato. Poco a poco, el gobierno de Santa Anna fue recobrando su antiguo lustre y el orden empezaba a restablecerse. Una vez hallada la paz, el General encontró propicio el momento para devolver a México parte de su antiguo anhelo imperial, por lo que reinstauró la órdenes imperiales, asumiendo él mismo el supremo maestrazgo de éstas, con lo que el Consejo de Estado le concedió el tratamiento de Alteza Serenísima, a la vez que decretaba una ley para nombrarle dictador vitalicio.
Éstas últimas medidas, suscitaron una gran serie de críticas entre los liberales y republicanos, quienes temían el restablecimiento de una monarquía en México, ya fuera bajo la persona de Santa Anna, o bajo la de un príncipe europeo, tal como se murmuraba debido a la misteriosa misión que el embajador Gutiérrez de Estrada realizaba en Europa, visitando las Cortes Reales de su tiempo. Ante las repetidas sospechas, los liberales empezaron a fraguar planes en su contra.
El gobierno de Valentín Gómez Farías decidió llamar de vuelta al general Santa Anna para dirigir los esfuerzos nacionales. A pesar de que logró amasar un considerable ejército, el evidente atraso tecnológico de este (el ejército usaba armas de tiempos de la Independencia) así como la falta de una cadena de mando eficiente, de nada le sirvió contra las fuerzas tecnológicamente superiores y mejor disciplinadas de Estados Unidos. Aquello significó una serie de derrotas consecutivas en todas las acciones bélicas de la guerra (la mayoría desarrollada en el norte). Se sabe que casi logró una victoria en la Batalla de la Angostura, pero se retiró inexplicablemente a un paso de derrotar al general Taylor.
Después, en su natal estado de Veracruz, fue derrotado en la Batalla de Cerro Gordo, en buena medida debido a que su artillería atacó a los centinelas del ejército estadounidense, revelando su posición. El grueso del ejército estadounidense evitó el camino donde Santa Anna pretendía atraparlos y atacó al ejército mexicano desde varios flancos, causando su derrota. Tras evacuar la capital del país, Santa Anna se exilió de nuevo, esta vez en Colombia.
Exiliado Santa Anna, el Congreso firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo, con el cual México perdió los estados de Alta California y Nuevo México (hoy California, Arizona, Nevada, Colorado, Utah y parte de Wyoming) a favor de los Estados Unidos, que se comprometió a pagar una indemnización de 15 millones de dólares a México.
TumbasantaannaEra 1855 y el Plan de Ayutla de Juan N. Álvarez había dado resultado, los liberales derrocaban a S.A.S el General Santa Anna y lograban obligarlo a renunciar por una última vez y marchar de nuevo al exilio. A pesar de que Santa Anna había atestiguado varias idas y vueltas de gobiernos, el triunfo del Plan de Ayutla marcó de una vez por todas la muerte política del nombrado ‘Defensor de la Patria’. Por el resto de su vida, se mantuvo en el exilio; pasando por diversos lugares: de Cuba a Estados Unidos, después a Colombia, y más tarde a la isla de Santo Tomás en las Islas Vírgenes. Durante esa vida itinerante, su voz se dejó oír en México sin provocar mucho ruido. Cuando se había instituido el nuevo gobierno liberal, Santa Anna publicó diversos artículos que instaban (sin éxito) a una rebelión en contra del régimen. De la misma forma, cuando se dieron los sucesos de la Segunda Intervención Francesa, Santa Anna escribió al gobierno mexicano ofreciendo sus servicios como militar para combatir al invasor; naturalmente, fue ignorado. Si bien Santa Anna siempre se encontró a favor de la soberanía máxima posible de México y aborrecía todo tipo de intervención extranjera, encontró simpatía en la restauración monárquica bajo el reinado del Emperador Maximiliano I de México, por lo que, entusiasmado por la causa monárquica, escribió también al Emperador para ofrecerle sus servicios, pero los asesores del archiduque austriaco le aconsejaron prescindir de sus servicios, por lo que sus atenciones fueron desestimadas.
Finalmente, aprovechando la amnistía general durante el gobierno del presidente Sebastián Lerdo de Tejada, regresó definitivamente a México en 1874. Para entonces, Santa Anna ya era un veterano de 80 años que padecía cataratas y al que el pueblo mexicano tenía en el olvido (no fue tomado en cuenta durante el aniversario de la batalla de Churubusco). El General Santa Anna moriría dos años después en su casa ubicada en la calle de Vergara (hoy calle de Bolívar) número 14, en la Ciudad de México, la noche del jueves del 21 de junio de 1876. Su tumba se encuentra en el viejo Panteón del Tepeyac, de la Villa de Guadalupe-Hidalgo.
Tratamientos o sobrenombres de Santa Anna
Padre del Anáhuac
Alteza Serenísima
El Águila
Héroe del Pánuco
Benemérito de Veracruz (por su actuación en la Guerra de los Pasteles).
Guerrero Inmortal de Zempoala (alusión que aparece en la cuarta estrofa de la versión original del Himno Nacional Mexicano, la cual fue suprimida de la versión oficial actual)
Benemérito de Tampico
Ángel tutelar de la independencia
Napoleón del Oeste o Napoleón de América
Quince Uñas (debido a la pierna que perdió en Veracruz)
Héroe de Cuarenta Derrotas (despectivamente, de parte de sus enemigos)
Visible Instrumento de Dios
El César Mexicano
El Defensor de la Patria (apódo que Santa Anna fomentó hacia su persona, después de su victoria contra el ejército español que quiso reconquistar México)
La Cucaracha (despectivamente porque, como dice la canción, “ya no puede caminar”, recordando que perdió una pierna en Veracruz)
Mil Patrias (debido a que se relacionaba casi con cualquier país)
El Traidor (por su supuesta venta del territorio mexicano)
El vende-patrias
El mocho (como se les llama en México a quienes pierden una extremidad, como en su caso, en adelante sus seguidores conservadores también serían conocidos como “los mochos”)
Según el escritor Rafael F. Muñoz, en Estados Unidos se le conoció, sucesivamente, como El Villano de El Álamo y El Prisionero de San Jacinto, por su actuación en la guerra de Independencia de Texas

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Bibliografía
La construcción del héroe en España y México, 1789-1847 Escrito por Germán Carrera Damas
País de un solo hombre: el México de Santa Anna, Volumen 1 Escrito por Enrique González Pedrero
El Napoleon del Oeste. Editorial Diana 2000
El Seductor de la Patria. Editorial Joaquin Mortiz 2003
Santa Anna y sus luchas. Editorial Indochina 1999
La diputación provincial y el federalismo mexicano Escrito por Nettie Lee Benson
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2 comentarios sobre “Su Alteza Serenísima D. Antonio López de Santa Anna.

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