«Retratos de Españoles Ilustres» Diego Sarmiento de Acuña.

gondomar
Don Diego Sarmiento de Acuña, Conde primero de Gondomar, fue hijo de D. García Sarmiento y de Doña Juana de Acuña, ambos de las mas ilustres y antiguas casas de Castilla. Nació en el último tercio del siglo XVI, y las felices disposiciones de ingenio y carácter que recibió de la naturaleza, fueron cultivadas por sus padres con la educación esmerada que le dieron, deseosos de que fuese útil al Estado en la carrera de empleos civiles á que le destinaban. Fue primeramente Corregidor en Toro y después en Valladolid, Ministro de la Contaduría mayor, Notario mayor del Reino de Toledo, Comendador de Monroy y Peñarroya en la orden de Santiago, Gobernador perpetuo de la plaza de Bayona en Galicia, y Consejero de Hacienda; cargos todos, que si bien honoríficos en sí mismos, y desempeñados con lucimiento, no eran mas que los pasos preliminares de otra carrera mas brillante, á que poderosamente le llamaban, no menos que el favor de la Corte, su inclinación, su ingenio y sus estudios.
 
Tratábase en la corte de Felipe III de buscar algún alivio á los católicos ingleses muy perseguidos entonces, manteniendo al mismo tiempo las disposiciones amistosas de Jacobo I hacia la España. Para este doble objeto político y piadoso fue elegido nuestro Sarmiento, y enviado á la corte de Londres en 1613. Nuevo en la carrera, y ageno de los hábitos y práctica que exigen estas delicadas comisiones, supo al instante sobreponerse á las dificultades de la suya, y grangearse en aquella corte y con aquel Rey una aceptación no conseguida de ninguno de sus predecesores y envidiada de sus émulos y rivales. La política de Gondomar, dice un grande historiador ingles, era tanto mas profunda y peligrosa, cuanto mas cubierta iba siempre con la máscara de la jovialidad y de la burla. Pero esta apariencia festiva, cuando la ocasión lo requería, sabia dar lugar á la entereza de hombre público, y el ministro español en cuantas contestaciones tuvo con los Embajadores de Francia y de Holanda, igualmente que en la expedición del Almirante Raleigh á la Guayana, sostuvo la preeminencia y los derechos del Monarca que representaba con un tesón y una altivez que parecían incompatibles con su humor chistoso y cortesano.
 
En 1617, cuatro años después de su nombramiento á la embajada, fue hecho Conde de Gondomar, título con que la corte quiso premiar sus servicios, y estimularle á permanecer en el puesto que ocupaba. Pedia ya ser relevado de alli: el clima contrario á su complexión y la infinidad de negocios y cuidados que cargaban sobre él, tenían minada su salud, de modo que al año siguiente se creyó en Madrid que habia muerto de una grave enfermedad, que le puso á las orillas del sepulcro. Esta novedad obligó en fin al Gobierno á concederle la licencia que volvió á pedir para retirarse; pero se le encargó que viniese por Flandes y por Francia para tratar en ambos países negocios reservados de la mayor gravedad, y solo accesibles á su experiencia y destreza.
 
Un año escaso estuvo en Madrid; porque las mismas causas que le habían llevado á Inglaterra la primera vez, le llevaron allá la segunda con nuevos despachos que se le dieron en 7 de Febrero de 1619. Halló entonces en el Rey británico el mismo afecto y estimación que antes, y aun puede decirse que mayor, tanto que en la opinión de los cortesanos igualó tal vez su valimiento al del célebre Buckingham. Consultábale Jacobo en los negocios mas árduos; y él fue quien inspiró al Rey el proyecto de casar al Príncipe de Gales con la infanta Doña María, hija de Felipe III, dándole á entender que por este medio, demas del rico dote y otras ventajas qeu la Infanta llevaria consigo, podria conseguir por la mediacion de España la restitucion del Palatinado á su yerno Federico. Notorio es el calor con que el joven Príncipe se entregó á este pensamiento, y el viaje novelesco que él y el favorito Buckingham emprendieron despues á Madrid. Gondomar estaba ya en España desde el año de 1622 hecho Consejero de Estado: él fue el primero á quien el Príncipe hizo avisar de su llegada; él quien se la dijo al Conde Duque, y él uno de los que principalmente intervinieron en aquel negocio árduo y espinoso. Su terminacion á la verdad no fue conforme á su expectacion; pero él no tiene la culpa de que las miras de la corte de Felipe IV no fuesen tan francas y grandes como las suyas.
 
Gondomar sobrevivió poco mas de tres años á la venida del Príncipe de Gales. En 2 de Octubre de 1626 falleció en un lugar de la Rioja inmediato á Haro, llamado Casa de la Reina. Disfrutaba entonces de aquel descanso acompañado de dignidad, que dice tan bien á los hombres públicos, cuando por su edad ó sus achaques no pueden entregarse á la actividad de los negocios. Correspondiase con los hombres de letras de su tiempo, con quienes tenia conexiones íntimas y honoríficas, escribiéndoles á cada cual en su lengua, ya francés, ya en ingles, ya en italiano, segun sus paises respectivos. Su biblioteca, en fin, uno de los mas continuos y principales cuidados de su vida, acopiada con la diligencia y curiosidad mas exquisita, y colocada en Valladolid con una magnificencia y gusto poco usado entonces entre particulares, es citada todavía como un tesoro de conocimientos, tan útil á las letras españolas como honroso á su fundador.
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Nada más llegar a Inglaterra, la excelencia de su latín impresionó gratamente al rey Jacobo, sobre el que siempre tendría gran ascendente. Halagó sus gustos intelectuales y literarios, y explotó su pacifismo en favor de los intereses de España. En este sentido manejó con maestría la proyectada boda entre el Príncipe de Gales y la infanta Maria Ana, la llamada Boda española.

Su tarea, en el preludio de la Guerra de los Treinta Años, fue evitar que el rey inglés interviniera en el Sacro Imperio en ayuda de los protestantes, y en especial de su yerno Federico V del Palatinado, evitando así de paso los ataques ingleses al comercio marítimo y el imperio ultramarino de España. Su éxito le hizo odioso a los puritanos y anti-españoles.

Los amigos de Gondomar en la Corte inglesa, los bien intencionados que mencionaba en sus despachos a la Corona, se centraban en la familia Howard: Henry Howard, conde de Northampton, (m. 1614), Thomas Howard, conde de Suffolk y Lord Alto Tesorero, cuya hija estaba casada con uno de los favoritos del rey Jacobo, Charles Howard, conde de Nottingham y Lord Alto Almirante, Thomas Howard, conde de Arundel, y sus protegidos. Esta facción prefería el matrimonio y la alianza con España en lugar de la de Francia, tradicional aliada de Escocia, y evitar por todos los medios la guerra abierta con España que propugnaban los puritanos más integristas. Casi todos los Howard eran católicos o criptocatólicos, y recibían subsidios de la Corona española, aunque el dinero jamás tuvo un gran efecto en sus opiniones y acciones y Gondomar carecía de fondos para hacer sobornos. Entre los beneficiarios, según una embarazosa lista que salió a la luz pública en 1613, se encontraba el propio rey.

Gondomar concibió su embajada como una misión solapada en territorio enemigo, y se tomó al pie de la letra la divisa que adoptó: aventurar la vida y osar morir; desafió abiertamente a los ingleses cuando se negó a arriar los colores de España de los navíos de guerra que le llevaron al puerto de Portsmouth, y solo la apelación al Rey evitó que se llegara al intercambio de disparos. Exigió y logró la liberación incondicional de la poetisa y agitadora católica Luisa Carvajal y Mendoza. La clave de su éxito fue siempre su privilegiada relación con el soberano inglés, quien admiraba su ingenio, cultura y prestancia, y apreciaba sobremanera su compañía. Como broma privada, se llamaban a sí mismos los “Dos Diegos”, y como gracia especial bebían de la misma botella.

En un descuido, Jacobo enseñó al embajador español la capitulación de la Corona inglesa por la cual Walter Raleigh había navegado. Según ésta, el ataque perpetrado a Santo Tomé la violaba. De tal modo, Gondomar presionó y en octubre de 1618 logró que el Rey ejecutara a Sir Walter Raleigh (acusado de conspirar contra el monarca en 1603, pasó 12 años en prisión antes de que su proceso se cerrara en falso), lo que exacerbó la animosidad de sus enemigos. Debido a ello fue atacado por panfletistas como Richard Dugdale o dramaturgos como Thomas Middleton, que le convirtió en antihéroe del drama A Game at Chess (1625).

Debido a su mala salud, agravada por el clima inglés, Gondomar fue eximido de sus obligaciones, pero en el viaje de vuelta a España fue requerido para que retornara vía Francia y Flandes. Nuevamente ocupó la embajada de 1619 a 1622, en los primeros años de la Guerra de los Treinta Años. La expedición de Roger North a la Guayana en 1620 repitió las violaciones de Raleigh con respecto a las posesiones ultramarinas de España, y ante la insistencia de Gondomar, North fue encarcelado.

El momento más tenso de su embajada fue el proyecto del Conde Mansfeld de auxiliar a Federico V del Palatinado, el rey de invierno de Bohemia y yerno de Jacobo I, con tropas reclutadas en Inglaterra. Madrid y Bruselas fueron advertidas de que los franceses pretendían aliarse con Mansfeld para atacar los Países Bajos Españoles, con lo que el proyecto se dejó correr.

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