La Izquierda Dinástica de Segismundo Moret.

moret
En enero de 2013 se cumplió el centenario de la muerte de Segismundo Moret y Prendergast (Cádiz, 1838 – Madrid, 1913). Fue abogado y catedrático de Instituciones de Hacienda de la Universidad Central de Madrid. Fue ministro de Ultramar en el gabinete presidido por el general Prim (1870). Durante su gestión se abolió la esclavitud en Puerto Rico, que quedó limitada a la libertad de vientres, conocida como Ley Moret, de 4 de julio de 1870 y promovió un texto constitucional para Puerto Rico. Pasó después a ser ministro de Hacienda en el primer Gobierno de Amadeo I (1871), pero tuvo que dimitir al poco tiempo a causa de ciertas irregularidades en dos concesiones de tabaco y ministro de Hacienda; durante el reinado de Alfonso XII, ministro de Gobernación; durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena, ministro de Estado, ministro de Fomento, nuevamente ministro de Gobernación y ministro de Ultramar; y finalmente, durante el reinado de Alfonso XIII, ministro de Gobernación, Presidente del Consejo de Ministros de España y Presidente del Congreso de los Diputados de España.
Estudió Derecho en la Universidad Central de Madrid donde en 1858 obtuvo la cátedra de Instituciones de Hacienda. Su origen gaditano y sus relaciones familiares y de negocios con Gran Bretaña le predestinaban a ser, como fue, un activo defensor del librecambismo.
En 1863 fue elegido diputado independiente por Almadén (Ciudad Real), escaño al que pronto renunciaría. Fue reelegido, por Ciudad Real en esta ocasión, en 1868 tras el triunfo de la Revolución de 1868 y colaboró en la redacción de la Constitución española de 1869.
Nombrado embajador en Londres en 1871, fijó allí su residencia tras su dimisión como embajador, para dirigir un negocio bancario. En 1875, tras la restauración borbónica, regresó a España y fundó el Partido Democrático-Monárquico, que en 1882 se fusionó en Izquierda Dinástica
Fue nombrado en 1883 ministro de Gobernación bajo el gobierno liberal de José Posada Herrera. Desde 1885 formó parte del Partido Liberal, en el que colaboró con Práxedes Mateo Sagasta como Ministro de Estado (1885-1888), Gobernación (1888, 1901 y 1902), Fomento (1892), Estado (1892 y 1894) y Ultramar (1897-1898). Su gestión como ministro fue muy rebatida por el industrial vasco Víctor Chávarri, quien entendía que la gestión de Moret y el tratado con Alemania perjudicaban los intereses de la industria pesada española, logrando derribarlo del ministerio.
A la muerte de Sagasta, participó en las luchas por la dirección del partido, en dura pugna con Montero Ríos.
Cerca de 1902 colaboró en la creación del Instituto de Reformas Sociales, embrión del futuro Ministerio de Trabajo.
Presidente
Tras la dimisión de Montero Ríos debido a su intención de sancionar a los militares implicados en los hechos del diario ¡Cu-Cut!, ocupó la presidencia del Gobierno (1905-1906). Durante este mandato, apoyó a los militares e hizo aprobar la Ley de Jurisdicciones, que puso las ofensas al Ejército y los símbolos y unidad de España bajo jurisdicción militar, con lo que conjugó en su contra a todos los sectores políticos catalanes. Una de sus armas para luchar contra ellos fue el apoyo que concedió bajo mano a Alejandro Lerroux, quien con su radicalismo demagógico podía apartar del catalanismo a las masas obreras barcelonesas. El atentado de Mateo Morral contra Alfonso XIII, mayo de 1906, le forzó a dimitir en julio de 1906, tras una gestión en que no había ganado ningún prestigio, quedando sin mayoría suficiente en las Cortes, aunque volvió a desempeñar brevemente tal cargo del 30 de noviembre al 4 de diciembre del mismo año, provocando la “crisis del papelito” (noviembre), pero el Congreso le hizo objeto de un voto de censura, y el nuevo gobierno de Moret hubo de presentar la dimisión a las 48 horas de haberse formado.
Tras los dramáticos sucesos de la Semana Trágica en 1909, de nuevo alcanzó la jefatura del gobierno sucediendo a Antonio Maura, al tiempo que desempeñaba la cartera de Gobernación, pero nuevamente hubo de dimitir en febrero del año siguiente al no conseguir la disolución de las Cortes para obtener una mayoría que respaldara su proyecto, siendo sustituido por Canalejas y derribado por sus compañeros de partido, que le vetaron y le obligaron a retirarse de la política activa. En 1912, cuando Canalejas fue asesinado, el gobierno del Conde de Romanones lo eligió como presidente del Congreso de los Diputados, cargo que desempeñó hasta su muerte.
El rey Alfonso XIII asistió a su entierro el día 30 y dispuso que ese día ondeara la bandera española a media asta en todos los edificios del Estado de la Corte, en señal de duelo.
Luis Antón del Olmet y Arturo García Carraffa escribieron una biografía pocos meses después de la muerte. En ella dicen que el apellido paterno es de origen catalán y el materno inglés. El Ayuntamiento de Cádiz expresó admiración y gratitud a “un gran estadista, orador egregio y defensor insigne de las ideas democráticas” en placa colocada en 1906 en la casa donde nació el 2 de junio de 1838. En Cádiz, plaza de Isabel II, en el monumento inaugurado el 29 de noviembre de 1909, cuatro inscripciones dicen: “Elocuencia, Lealtad, Libertad y Patriotismo”. Los autores recogen también el deseo de que su entierro fuera modesto: “Lo único que desearía es que mi féretro fuese cubierto con la bandera nacional, para que ese signo sagrado hablase, cuando ya mi voz se haya extinguido, del amor que profeso a mi patria y la profesaré hasta mis últimos instantes. Ni flores ni coronas”.
Otros trabajos posteriores tratan de la biografía política de este liberal monárquico, iniciada en 1863, sin profundizar en su cercanía a lo científico, tecnológico y social. La conclusión de su tesis doctoral de que el capital y el trabajo son armónicos, y que la escuela liberal económica era la única para el progreso, es el referente de un hombre inteligente, de formación amplia, trabajador y emprendedor.
Moret, conocedor de las rocas fosfáticas de Extremadura, viajó numerosas veces a Cáceres entre 1874 y 1881, en cuyo cercano Calerizo se descubrieron en 1864 y exportaron pronto a países europeos. En particular, estuvo en junio 1876 para constituir la Sociedad general de Fosfatos de Cáceres (SgFC), de ámbito internacional. Otras veces estuvo por asuntos del ferrocarril directo Madrid-Portugal.
Un tren de invitados llegó a Cáceres a las 7.00 del 7 de octubre de 1881 para asistir a la inauguración de mencionada línea férrea internacional al día siguiente, a la que vinieron los reyes Alfonso XII y Luis I . El rey español partió de Madrid en tren a las 18.00 del día 7 para recibir al rey portugués en la estación de Valencia de Alcántara la mañana siguiente; viajaron con él Práxedes Mateo Sagasta , ingeniero de Caminos y presidente del Consejo de Ministros, y Moret. Los dos reyes y sus comitivas viajaron a Cáceres; cuatro máquinas fueron bendecidas por el obispo de Plasencia, y continuó el programa del día 8, incluso la corrida de toros en día tan lluvioso. El rey portugués regresó en tren a las 22.30 y el rey español pernoctó en el ayuntamiento.
Al día siguiente, domingo, hubo misa oficiada por el obispo en la iglesia de Santa María, visita a la villa monumental y viaje en tren a las minas de la SgFC. A la llegada, salvas mineras saludaron; siguieron visitas a la mina Abundancia y otras, las escuelas y alguna casa, y hubo banquete, discursos de Moret y Alfonso XII, y un emocionante desfile minero de niños, mujeres y hombres. A las 13.00 partió el tren real a Madrid y se regresó a Cáceres para continuar la jornada.
 La conmemoración tuvo difusión internacional y Publio Hurtado Pérez escribió la crónica. Añado que el ayuntamiento acordó al día siguiente distinguir a Moret con el título de Hijo Adoptivo. Y que el Real decreto de 9 de febrero de 1882 concedió a Cáceres el título de Ciudad, y el tratamiento de Excelencia al ayuntamiento.

 

Anécdotas de Segismundo Moret

 

Luís Carandell, en su obra “Las anécdotas del Parlamento” tiene dos de ellas protagonizadas por Moret, una de cada ejemplo.
Habían nombrado a D. Segismundo Moret académico de la Real Academia de la Historia.
El presidente le urgía para que fuera a leer el discurso de ingreso y D. Segismundo daba largas.
Los discursos académicos se leen no se pronuncian como en el parlamento.
Por fin se decidió D. Segismundo y llegó a la Real Academia con un fajo de cuartillas, las puso sobre la tribuna, y comenzó a leer su discurso pasando las paginas a medida que las iba acabando.
Cuando abandonó la tribuna, entre los aplausos y parabienes del publico ya que había realizado un increíble discurso de ingreso, dejó olvidadas las cuartillas en el atril.
Finalizado el acto los ujieres fueron a recoger la sala y descubrieron que las cuartillas estaban en blanco.
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En cierta ocasión, en una cena de gala donde acudieron varios embajadores, le tocó sentarse junto al Nuncio del Vaticano a un lado y una exhuberante señora al otro, esta última llevaba un precioso crucifijo de oro colgado a su cuello y que reposaba en su esplendido escote.
Viendo que el Nuncio no cesaba de fijarse en el crucifijo, la señora le preguntó:
-“Ilustrísima, veo que le gusta la imagen del crucificado que llevo”.
A lo que don Segismundo espetó acto seguido:
-“Y no sólo el crucifijo en sí, sino también las dos colinas del Calvario donde luce”

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Fuentes
http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/caceres
http://estoespasionporcadiz.blogspot.com
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