Historias de la Historia de España; Capítulo 85. Érase un puerto con mucha historia, 6.000 soldados españoles y un viaje de ida vuelta.

expedic mexico
 El 10 de diciembre de 1861 un contingente de 6.000 soldados españoles al mando del general Gasset, transportados por la flota del almirante Gutiérrez de Rubalcaba, desembarcaban en la ciudad de Veracruz. El hecho no era nuevo. En ese mismo lugar desembarcó la expedición de Juan de Grijalva en 1518. Un año después lo hacía Cortés. En noviembre de 1825 se rendía la guarnición española en San Juan de Ulúa, fortaleza frente a la ciudad veracruzana.
Habían pasado trescientos cuarenta y tres años desde los desembarcos de Grijalva y Cortés; y treinta y seis desde la última resistencia española ante la independencia de México. El general Prim desembarcaba en enero, siendo aclamado en la ciudad.
La naciente República Mexicana, nacida en 1823, tras la independencia de España en septiembre de 1821 y el efímero Imperio de Agustín de Iturbide, vivía al igual que los demás países hispanoamericanos unos años violencia y guerras civiles previos a su definitiva consolidación. El desplazamiento de las viejas oligarquías criollas no se había producido. Dos grandes formaciones políticas pugnaban por el control del Estado: los conservadores y los federalistas. Los primeros eran defensores del catolicismo y el orden colonial renovado. Los segundos portaban e lanticlericalismo y la consolidación de la revolución burguesa como estandartes.
Esta violenta coyuntura histórica fue aprovechada por los Estados Unidos para arrebatar Texas en 1845 y, aprovechando su victoria aplastante, al firmarse la paz en 1848, consiguió embolsarse los actuales Estados yankees de California, Arizona, Nuevo México, Colorado, Nevada y Utah. Santa Ana quedaba derrotado y los federales iban a sacar provecho.
En 1854 se dió el Plan de Ayutla por el que se emulaba la desamortización eclesiástica española de Mendizábal y se buscaba, además, la separación de la Iglesia y el Estado. Cuantiosas y ricas tierras estaban en el punto de mira de la burguesía radical y fueron confiscadas.
En 1857, reunidos los reformadores en la ciudad de Querétaro, aceptaban al indígena oaxaqueñoBenito Juárez como presidente del país. Se proclamaba una nueva Constitución. Los conservadores no se iban a quedar cruzados de brazos y daban un golpe de estado iniciándose la llamada Guerra de La Reforma (1858-1861).
Los conservadores estaban apoyados por España, Francia y Gran Bretaña y eran dirigidos porMiguel Miramón. Los reformistas, por su parte, tenían el apoyo de Estados Unidos y eran dirigidos por Juárez.
Hasta diciembre de 1860 tuvieron el poder los conservadores, mes en el que los federales derrotaban a Miramón entrando en la Ciudad de México, empujando a los conservadores a la guerra de guerrillas.
Esta anarquía crónica originaba una cuantiosa deuda con los países europeos mencionados, especialmente con España. Con el gobierno conservador España estaba negociando el pago, pero tras la victoria reformista el presidente Juárez expulsó al embajador español en enero de 1861 y se negaba al pago de dicha deuda. Al tiempo se daban actos de violencia contra los residentes españoles y la expropiación consiguiente de sus bienes durante los siguientes meses.
Los tres estados europeos afectados por el impago y aprovechando la inminente guerra civil de Estados Unidos y la inhibición de los mismos ante la posible intervención conjunta anglo-franco-española, firmaron un Tratado en Londres (octubre de 1861). En su artículo 2º se especificaba claramente que ninguna de las partes buscaba una anexión territorial, sino ocupara varios puertos mexicanos para asegurarse el pago. La guerra estaba servida.
Seis personajes tuvieron su protagonismo en esta guerra civil con entrometimiento internacional. Seis personajes que corrieron diferente suerte: prudente, uno, ganador otro, intermedio, secundón, imperialista fracasado, tres de ellos, y por último, un trágico perdedor. Dos españoles, dos mexicanos y dos ajenos. Prim, Juárez, Doblado, Serrano, Napoleón III y Maximiliano de Habsburgo.

Juan Prim y Prats

General Prim_BNF_GallicaMilitar muy carismático en aquella España de mediados del siglo XIX. Muy joven se alistó en el ejército para luchar en la primera Guerra Carlista, ganando dos laureadas. Inicialmente liberal progresista, por sus diferencias económicas con Espartero acabó en el campo de los moderados, participando inclusive en el derrocamineto del regente en 1843. Ascendido a brigadier, acabó enfrentado también a Narváez. En el Bienio Progresista (1854-1856) es capitán general de Granada, venciendo a los rifeños en las puertas de Melilla, lo que le hizo teniente general. En los años del gobierno de O´Donnell se hizo de la Unión Liberal, llegando sus momentos de mayor gloria militar y en pleno carisma popular. En la guerra de Marruecos de 1859-60 fue el vencedor de Castillejos y de Wad Ras, entrando victorioso en la plaza marroquí de Tetuán.

En 1861 fue encargado de resolver esta crisis mexicana dado su matrimonio con Francisca Agüero, sobrina de un banquero mexicano y sus contactos con políticos juaristas. En 1862 desembarca en Veracruz en condiciones desfavorables para sus tropas. Firmó por ello la Convención de La Soledad y la retirada prudente de México ante las críticas en España. Su prudencia evitó caer en la trampa de Napoleón III.

 

Benito Juárez
3Es la gran figura de la historia mexicana con toda una serie de monumentos en su honor por todo el país. Tuvo una infancia muy dura de orfandad temprana y privaciones. Supo de las humillaciones por ser indio. Protegido por un fraile, pudo aprender a leer y escribir y el oficio de encuadernador. Su licenciatura en Derecho le permitió ser un defensor de campesinos indígenas pobres en su ciudad oaxaqueña. Fue poco a poco escalando en la política local. En 1847, con cuarenta y un años consigue ser diputado, llegando a la Ciudad de México. Por sus críticas al general Santa Anna fue encarcelado en Veracruz (1853), en la fortaleza de San Juan de Ulúa. Al poco pudo escapar a la entonces española Cuba y, de allí, a Nueva Orleáns.
En 1855 vuelve a México como ministro de Justicia. Aprobó una ley contra los privilegios de los militares y del clero. Pero su momento cumbre llega en 1858 al ser el presidente de México en plena guerra civil. Es el presidente errante.
En 1859 nacionalizó los bienes del clero (equivalente mexicano de la Desamortización de Mendizábal en la España de 1836). Sin embargo, como se indicó, la continua violencia y guerra civil provocó una cuantiosa deuda exterior que le llevó a una larga guerra contra las potencias europeas, especiamente contra Francia, además de una guerra civil.

Tras entrar los sucesos de Querétaro (fusilamiento de Maximiliano en 1867), logró entrar triunfante en la Ciudad de México como flamante presidente. Tras asentar en México la enseñanza laica, renovó el cargo en 1871. Los conservadores no se quedaron quietos y, con Porfirio Díaz en las conspiraciones, fue expulsado del poder por golpe de estado. Murió al poco (1872).

Manuel Doblado

Como licenciado en Derecho ocupó el cargo de ministro de Exteriores en el gobierno de Juárez en 1861-62. Antes ya había llegado a gobernador de su estado, además de compaginarlo con la carrera militar. Al ser el responsable en plena crisis con las tres potencias europeas logró negociar la Convención de La Soledad (1862) consiguiendo la retirada de los españoles y los británicos, rompiendo la unidad y dejando sola a la expedición francesa.

Francisco Serrano y Domínguez

2Hijo de un militar liberal en las Cortes de Cádiz de 1812, inició su carrrera militar en la primera guerra carlista, en la que logró ascender a brigadier y ganar la Laureada. En su vida política fue un oportunista, un auténtico camaleón, que tanto se afiliaba al Partido Progresista como al Moderado a la Unión Liberal, según las coyunturas del momento. Como buen oportunista y ególatra, fue un declarado rival de Prim, especialmente en esta crisis. Llegó a tener relaciones íntimas con la misma reina Isabel II, de la que era su “general bonito”, preferido de la misma en las continuas crisis del reinado.

Durante esta mini guerra mexicana era el capitán general de Cuba (1859-1862) enriqueciendose considerablemente con el tráfico de esclavos. Desde este cargo criticó duramente a Prim por su temprana retirada de México, además de precipitar el desembarco en Veracruz sin esperar la llegada de este. No podía soportar ser el secundón de esta crisis que seguiría encumbrando a su rival.
El genaral Serrano: el envidioso de Prim y el “camaleón” político.
Su gran “hazaña” fue la desarticulación de la frustrada conspiración de Prim y el inmediato fusilamiento masivo de los sargentos del madrileño cuartel de San Gil en 1866. La reina por ello le nombró duque de La Torre con grandeza de España.
Dos años después, como ejemplo de su camaleonismo político, recién muerto su jefe político, el general O´Donnell, se pasó al bando anti-isabelino. En 1868, tras el triunfo de la Revolución de Septiembre, fue el regente hasta la llegada del nuevo monarca Amadeo I. En 1873, en los meses de la I República, huyó a Francia, desde donde conspiró hasta derrocarla con el golpe del general Pavía (4 de enero de 1874), implantando su dictadura personal hasta el golpe de Sagunto que supuso la restauración de la dinastía borbónica de Alfonso XII. Éste le marginó del nuevo régimen a pesar de reconocerle como rey. Alfonso le “caló” su camaleonismo. Murió en Madrid en pleno olvido, el que fuera gran protagonista del reinado isabelino.

 

Napoleón III

Napoleon IIIHasta Mayo de 2014 se le creía sobrino de Napoleón Bonaparte, criado en el exilio (Suiza, Alemania e Italia). Entre 1848 y 1851, con el carisma familiar de su nombre, se encargó de desmontar los logros de la revolución democrática de enero, llegando a ser el presidente de la II República francesa. En 1852, tras un golpe de estado, se autoproclamó emperador de Francia siguiendo los pasos de su supuesto tío. Nacía el II Imperio francés, caracterizado por el intento de llevar al país a una carrera imperialista en otros continentes y en intervenciones en países europeos: África, Asia, América (México especialmente), unidad italiana. Ésta intervención italiana (en la que indirectamente estaba implicada la cuestión monárquica española) supuso su final en 187o ante el temible ejército prusiano de Bismarck (batallas de Sedán y Metz). Abandonó a Maximiliano a su suerte tras comprender el fracaso de su intervención en 1867.

 

 

Maximiliano de Habsburgo

6Llegó a Veracruz en 1864 como emperador de México, emulando a su protector Napoleón III y al ya lejano Iturbide. Su suerte fue la misma que el mexicano: derrocamiento y rápida pasada por las armas. De gran nivel cultural, intentó ganarse a sus nuevos compatriotas desde el primer momento.

Abrió en Ciudad de México el Paseo de la Reforma y se estableció en el castillo de Chapultepec como residencia imperial. Intentó poner en práctica un buen programa reformista, enfrentandose incluso a los militares franceses y a los sectores conservadores mexicanos que lo apoyaban. Recurda algo al papel que intentó José Bonaparte en España durante la Guerra de 1808. Fracasó en ese empeño de hacerse popular y su efímero reinado fue de guerra cointinua.
Pudo haber huido antes, pero decidió quedarse, convencido de poder ganar la guerra. En 1867, en el cerro de las Campanas de Querétaro, fue asediado, apresado y fusilado, junto al líder conservador Miramón. Acababa así la vida del gran perdedor de esta historia. Su muerte impresionó a toda Europa por la negativa de Juárez al indulto, en un aviso a posibles intervenciones futuras.
Las mencionadas guerras civiles mexicanas hacían crecer la deuda de forma considerable. España era la principal acreedora, mucho más que GranBretaña o Francia. España envió para el negocio de la misma al embajador Francisco Pacheco, amigo personal del conservador Miguel Miramón. En enero de 1861 Juárez formaba su gobierno. Nada más tener el poder se decidió una política de hostilidad a los conservadores y sus aliados exteriores. El día 11 expulsó al Nuncio de Roma y al embajador español, el cual estaba conspirando abiertamente al lado de los conservadores.
Con las relaciones rotas los incidentes y violencias contra residentes españoles en México continuaron, quedando el embajador francés, el conde de Saligny, como representante de España.
En mayo, británicos, franceses y españoles estaban dispuestos a una intervención conjunta para poder cobrarse sus deudas y poner fin a la anarquía reinante en el país.
En julio aumentaron las expropiaciones contra extranjeros y la anarquía generalizada. El día 17 Juárez declaraba a México en bancarrota e insolvente para el pago requerido. Toda esta coyuntura llevó a intensas relaciones diplomáticas entre los tres paises europeos que, además, veían la ocasión de intervenir sin el obstáculo de Estados Unidos en plena guerra de Secesión del Norte contra el Sur.
Por fin, el 31 de octubre de 1861 se firmó la Convención de Londres por la que los tres países se comprometían a una intervención militar conjunta que tendría como objetivo inmediato la ocupación de los principales puertos como garantía de pago. El convenio firmado en Londres era anunciado por la reina Isabel II en el Congreso de los Diputados el 16 de diciembre, al igual que hicieron ante sus respectivos parlamentos la reina Victoria y Napoleón III.
El artículo II de la Convención de Londres dejaba claro que: “Las altas partes contratantes se obligana no buscar (…) ninguna adquisición de territorio” ni tampoco a “menoscabar el derecho que tiene la nación mexicana para escoger y constituir libremente la forma de su Gobierno”. Lo firmaban:
Javier Istúriz (España) Flahaut (Francia) Russel (Gran Bretaña)
Los mandos de cada nación eran: el español general Prim (con funciones diplomática y militar); los británicos sir Charles Wyke (diplomático) y el comodoro Dunlop; y los franceses conde de Dubois de Saligny (diplomático) y el contralmirante Julien de la Graviére.
A fines de diciembre ambas fuerzas pusieron rumbo a Veracruz. Los franceses buscaban abiertamente ir más allá del simple cobro: crear una monarquía sumisa y controlar el país, frenando el expansionismo norteamericano. Los británicos buscaban hacerse respetar y conseguir ventajas comerciales. ¿Y España? Nada claro tenía esta misión de Prim más allá del dicho cobro. Una misión peligrosa, con la animadversión de los mexicanos hacia su antigua metrópoli por la aún reciente guerra de emancipación. Una aventura peligrosa. Algunos llegaron a hablar de un intento secreto de establecer una monarquía borbónica en su rama carlista. Lo cierto es que aceptó el trono en forma imperial el joven Maximiliano de Habsburgo, hermano del emperador austriaco Francisco José.
Prim conocía bien el problema dado su matrimonio con la mexicana Francisca Agüero, hija de un rico banquero de ese país.
El general Serrano, capitán general de Cuba, al saber del nombramiento de Prim, se adelantó a la llegada de éste y envió a 6.000 soldados al mando del mariscal Gasset y embarcados en la flotilla del almirante Gutiérrez de Rubalcaba con rumbo a Veracruz, puerto que ocupan el 17 de diciembre de 1861. Al llegar Prim a La Habana se encontró con que el ejército estaba ya en México.
Gasset aseguró que no llevaba ansias expansionistas. Juárez movilizó 50.000 soldados y acusó a España de un intento de reconquistar el viejo virreinato de Nueva España. En enero llegaba Prim y se encontraba a un ejército agotado, aislado y enfermo por el duro medio tropical. Hasta el 6 de enero no llegaron los aliados europeos que salvaron al ejército español por culpa de la soberbia de Serrano.
Miguel Miramón, lider conservador llegaba a Veracruz y se alineaba a los invasiores. Prim sabía que poco había que hacer ante el poder de Juárez y el respaldo de Estados Unidos cuando acabasen su guerra. Además supo de las intenciones francesas de invasión indirecta.
La Convención de Orizaba y el Tratado de la Soledad
Las malas condiciones de Veracruz y lo hostil de su medio natural mellaba la moral de los europeos. El ministro Doblado convocó a los jefes aliados a negociar en Orizaba, al interior de la región de Veracruz. Gran Bretaña y Èspaña respetaban el acuerdo de Londres y se oponían a cualquier agresión sin agotar la vía diplomática, al revés que Francia. Cerca de Orizaba se firmaba entre Prim y Doblado la Convención de La Soledad, por la que se separaban los ejércitos en cuatro ciudades diferentes: franceses en Veracruz y Tehuacán; británicos en Córdoba; y españoles en Orizaba. Tras la firma Juárez apenas respetó lo tratado y hostigó a los residentes extranjeros.
Los franceses se declararon partidarios de atacar la capital mexicana y establecer a Maximiliano como garantía contra Juárez. Gran Bretaña y España se oponían. La primera se retiró unilateralmente y Prim, sin contar con el Gobierno de Madrid hacía lo mismo. Las relaciones entre los aliados estaban rotas y cayeron en descalificaciones mutuas.
Doblado envió una carta a Prim felicitándole por su actitud y ofreciendo negociaciones futuras del pago de la deuda y le ofrecía el restablecimiento de relaciones entre los dos países.
Prim hubo de reembarcar su ejército en los buques británicos de Dunlop ante la negativa de Serrano de enviar barcos de transporte. El recibimiento en La Habana fue muy frio y el encuentro entre ambos generales fue muy distante y casi violento. Prim viajó a Estados Unidos antes de ir a España a tratar de la situación de Cuba. Al llegar a España se encontró con la comprensión de la reina Isabel II. En Madrid, en el Senado, el día 12 de diciembre de 1862 se defendió de los ataques del general Pavía por los moderados y de Olózaga por los progresistas. La opnión pública respiró.
La decisión de Prim fue por completo acertada: evitó un desastre militar y un alto precio de vidas humanas, cosa que sí le ocurrió a Francia que se embarcó en una guerra abierta contra el México juarista.
Tras la retirada hispano-británica, los franceses impusieron a Maximiliano en el trono de Chapultepec. Un ejército de 28.000 soldados tomaba Puebla tras dura lucha casa por casa, y entraba en Ciudad de México en junio de 1863. El 28 de mayo, desembarcaban en Veracruz Maximiliano y su esposa Carlota, belga. El día 10 de junio entraban en la capital.
En enero de 1864, se establecía el gobierno de Juárez en Saltillo, al norte del país. Tras el avance arrolador de los franceses se retiró a Chihuahua, pidiendo ayuda a los norteamericanos, los cuales le reconocen como presidente. Acabada la guerra victoriosa de los federales de Lincoln, el vecino del norte se apresuró a no reconocer a Maximiliano y a exigir la retirada a Napoleón III, el cual accedió. La emperatriz Carlota acudió a París a humillarse ante Napoleón para que no retirase su ejército, sin conseguirlo. El emperador quedó solo con el insignificante apoyo de Miramón y la animadversión popular. Juárez, con el apoyo de sus vecinos yankees asedia a los imperiales en el Cerro de las Campanas de Querétaro el día 14 de mayo de 1867. Maximiliano y Miramón fueron fusilados el día 19. De poco sirvieron las súplicas de las naciones europeas. En realidad Juárez daba un aviso con su intransigencia ante posibles intervenciones futuras. Entraba el oaxaqueño triunfante en Ciudad de México el 15 de julio de 1867 como presidente.

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Figurín de la Lámina. Capitán del Estado Mayor Expedición de México
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