1492: en Roma, el cardenal español Rodrigo de Borja es elegido papa y adopta el nombre de Alejandro VI no se tuvieron en cuenta sus méritos personales, sino que los criterios de elección fueron otros: se atendió a posturas más políticas que religiosas.

El papa Alejandro había sido con anterioridad vicecanciller de la Iglesia, general de sus ejércitos y prefecto de Roma, además de persona de confianza de los cuatro papas precedentes y sagaz diplomático desempeñando funciones de legado de la Santa Sede ante las cortes europeas. Reunía, pues, las condiciones precisas para gobernar unos estados —los pontificios— que buscaban su engrandecimiento territorial y político, ajenos a que constituían el patrimonio material de una organización eclesiástica de finalidad exclusivamente espiritual.

Su nombre de nacimiento era Roderic Llançol i Borja, más conocido como Rodrigo de Borja (o Borgia en italiano).(Játiva, Valencia, 1 de enero de 1431 – Roma, 18 de agosto de 1503) fue el papa nº 214 de la Iglesia Católica entre 1492 y 1503.

<<Rodrigo Borgia tenía fama de haber cometido su primer asesinato a la edad de doce años. Hundió repetidas veces su arma blanca en el estómago de otro niño. Durante su juventud, sus inclinaciones amorosas no fueron un secreto para nadie>>.

Orígenes

La estirpe de los Borgia tiene su origen en el Reino de Valencia, perteneciente a la Corona de Aragón. El progenitor de la familia Borja, fue Don Diego Atares, nieto del rey Don Ramiro I, Dueño y Señor de la Villa de Borja. Siendo de procedencia noble, la familia participó de la Conquista de Valencia, entre 1229 y 1245, asentándose allí desde entonces.

SU ELECCIÓN PAPAL

la venta de cargos era una práctica común en la Roma del renacimiento: se vendían indulgencias, se remataban capelos cardenalicios y hasta el puesto de sumo pontífice. Sin embargo, Rodrigo debió ofrecer una suma considerable, porque su contrincante (el Cardenal Della Royere), era un candidato con un respaldo económico considerable.

El papado le costó a Rodrigo Borgia centenas de miles de ducados, además de favores y títulos. El contexto a finales del conclave dibujaba un panorama complicado: Della Royere contaba con un depósito de 200.000 ducados de oro del rey de Francia, más otros 100.000 de la República de Génova. Incluso, era el protegido del rey francés y contaba con los votos de los cardenales de ese país. Y solamente quedaban cinco votos para comprar. No obstante, a Borgia no le faltaba dinero y estaba dispuesto a arriesgar su capital para asegurarse un buen negocio, tal vez el mejor de la época: ser Papa. De esta manera, al mayor de sus rivales, el cardenal Sforza de Milán, le envió cuatro mulas cargadas de plata, el cardenal aceptó y con eso obtuvo su apoyo; al cardenal Orsini le cedió varios castillos y, de esa manera, se aseguró la ayuda de esa familia romana. Además, decidió regalar algunas abadías y mansiones. Ya casi sin nada que ofrecer, descubrió que aún le faltaba un voto. Sin embargo, el Cardenal Gherardo de Venecia, se lo concedió de manera gratuita. La razón de este apoyo gratuito, los historiadores se lo atribuyen a su senilidad, ya que tenía 96 años.

Ascenso de los Borgia

La leyenda Negra de los Borgia, asegura que el ascenso al trono papal de Rodrigo Borgia habría desencadeno disgusto general en la población, algo que ha sido avalado por varios autores; no obstante, tal cuestión es infundada, tomando en cuenta que Roma era una ciudad abierta a ser conquistada por cualquier ente, mientras no hubiese un Papa desigado, y además, aún cuando Rodrigo Borgia fuese ambicioso, también era dedicado y sus labores como Vice-Canciller de Roma, le habían granjeado el apoyo y vasta popularidad entre los romanos. Por otro lado, lo que sí es cierto es que entre varios miembros y familias de los círculos de poder en Italia, el ascenso de un papa español generó cierto desdén y puso en la mira, a la familia Borgia, de muchos enemigos poderosos.

El 6 de agosto de 1503 Alejandro y César Borgia celebraron un banquete en la residencia campestre del cardenal Adriano da Corneto, en compañía de otros comensales. Varios días después todos ellos cayeron gravemente enfermos; la juventud de César le permitió superar la enfermedad, pero Alejandro, a sus 73 años, murió el 18 de agosto.

La misma muerte de Alejandro, presagiada por un búho que entró volando por su ventana a plena luz del día y expiró a sus pies, parecía hecha a su medida. La versión más verosímil afirma que César se envenenó él mismo y a su padre por error. La «cantarella» vertida en el vino estaba destinada a unos ricos y eminentes cardenales que había que eliminar.

Las sales arsenicales actuaron como una granada de mano en su estómago. Durante horas yació en su lecho con los ojos inyectados en sangre y la cara amarillenta, incapaz de deglutir. En un principio, su rostro estaba amoratado y sus labios aparecían hinchados. Su piel adquirió un aspecto abigarrado como la del tigre y comenzó a descortezarse. La grasa de su estómago fue volviéndose líquida. Sus entrañas se desangraron.

Los médicos le administraron vomitivos y le efectuaron una flebotomía sin ningún resultado. Después de recibir los últimos auxilios sacramentales, este hombre que no creía en ninguna religión, según Guicciardini, dio su último suspiro en la Torre Borgia, en un apartamento decorado por Pinturicchio.

César, todavía postrado en su lecho y desolado por la muerte de su padre-papa, ordenó que las habitaciones pontificias fuesen selladas para que sus hombres, y no los lacayos de los codiciosos cardenales, pudieran saquearlas.

El cadáver fue colocado sobre un andamio entre dos cirios encendidos. Se había vuelto de un profundo color negro y empezaba a corromperse muy rápidamente. Burchard recordó como la boca espumeaba como una olla hirviendo. La lengua se hinchó de tal manera que llenó toda su boca dejándola abierta. El cuerpo perdió toda forma y comenzó a dilatarse como un batracio hasta que fue tan ancho como alto. Giustiniani, el embajador veneciano, escribió en un despacho que Borgia era el cadáver «más feo, monstruoso y horrendo que había visto, sin forma alguna o semejanza con el ser humano».

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