El ocaso de Francia como primera potencia, y la ruina de la hegemonía española en Europa. Guerra de Sucesión Española

Guerra de rapiña europea por los territorios europeos españoles, ante la incapacidad de España de defenderlos militarmente. Supuso el cambio de dinastía y, según algunos, la entrada a la modernidad de España de la mano de los nuevos gobernantes.
Las causas
– La oposición austriaca al testamento de Carlos II.
– La política desacertada del Rey Sol al declarar, en diciembre de 1700, que el nuevo monarca español, su nieto, no podía renunciar a sus derechos sobre la corona francesa, lo que abría la posibilidad de reunión de ambos tronos en un solo soberano, rompiéndose así la Teoría del Equilibrio Europeo.

– La apertura a Francia del comercio con las Indias, que provocó el recelo de Inglaterra y Holanda.

– La toma por parte de Francia de las plazas de la “Barrera Belga”, lo que suponía un peligro para la Holanda.

El último rey de España de la casa de Habsburgo, Carlos II el Hechizado, impotente y enfermizo, murió en 1700 sin dejar descendencia. Durante los años previos a la muerte de Carlos II, la cuestión de la sucesión a la corona española comenzó a pesar en la política internacional europea y se hizo evidente que España y su imperio constituía un trofeo tentador para las distintas monarquías europeas. Tanto Luis XIV de Francia como el emperador Leopoldo I estaban casados con infantas españolas hijas de Felipe IV, por lo que ambos alegaban derechos a la sucesión española (las madres de ambos eran hijas de Felipe III).
A través de su madre, María Teresa de Austria, una hermana mayor de Carlos II, el Delfín, único hijo legítimo de Luis XIV, era el heredero más directo, pero era una elección problemática: como heredero también al trono francés, si reunía ambas coronas, hubiese significado, en la práctica, una anexión de España y su vasto imperio colonial por parte de Francia, en un momento en el que Francia era una potencia lo suficientemente fuerte como para poder imponerse como potencia hegemónica en Europa. Como consecuencia de ello, Inglaterra y Holanda veían con recelo las consecuencias que pudiera tener el que España y Francia quedasen unidas en la misma casa real y el peligro que para sus intereses pudiera suponer la emergencia de una potencia de tal orden.

Los candidatos alternativos eran el emperador Leopoldo I de Austria, un primo hermano de Carlos II, y el Príncipe Elector José Fernando de Baviera. El primero de ellos también ofrecía problemas formidables, puesto que su elección como heredero hubiese reunido de nuevo el imperio Habsburgo del siglo XVI (deshecho por la división de la herencia de Carlos V entre Felipe II de España y Fernando de Austria).

Por ello Francia temía que volviese a repetirse la situación de los tiempos de Carlos I de España, en la que el eje España-Austria aisló fatalmente a Francia. Aunque tanto Leopoldo como Luis estaban dispuestos a transferir sus pretensiones al trono a miembros más jóvenes de su familia (Luis al hijo más joven del Delfín de Francia, Felipe de Anjou, y Leopoldo a su hijo menor, el Archiduque Carlos de Austria) la elección del candidato bávaro parecía la opción menos amenazante para las potencias europeas. Como resultado, José Fernando de Baviera era la elección preferida por Inglaterra y Holanda.

Francia e Inglaterra, inmersos en la guerra de la Gran Alianza, pactaron la aceptación de José Fernando de Baviera como heredero al trono español. Para evitar la formación de un bloque hispano-alemán que ahogara a Francia, el rey Luis XIV auspició el Primer Tratado de Partición, firmado en La Haya el 11 de octubre 1698. Según este tratado, los territorios se distribuirían del siguiente modo:

El Reino de España (exceptuando Guipúzcoa), los Países Bajos españoles Cerdeña y las Indias americanas se asignarían a Jose Fernando de Baviera.

El Milanesado se asignaría al Archiduque Carlos de Austria.

El Reino de Nápoles (Nápoles, Sicilia y Toscana) sería para el Delfín de Francia.

El rey Carlos II, de infeliz memoria, no aceptó la partición de los dominios españoles y nombró heredero universal al príncipe de Baviera. El problema surgió cuando José Fernando de Baviera murió prematuramente en 1699 de varicela, lo que llevó a Luis XIV de Francia y a Carlos III de Inglaterra a pactar un Segundo Tratado de Partición, que se firmó en londres el 3 de marzo de 1700. Bajo tal acuerdo, el Archiduque Carlos era reconocido como heredero, pero dejando todos los territorios italianos de España a Francia:

El Reino de España, los Países Bajos españoles, Cerdeña y las Indias americanas se asignaron al archiduque Carlos.

Lorena se asignó a los territorios del Delfín de Francia.

El Milanesado se asignó al duque de Lorena.

Mientras que Francia, Holanda e Inglaterra estaban satisfechos con el acuerdo, Austria no lo estaba y reclamaba la totalidad de la herencia española. Entonces Carlos II testó a favor de Felipe de Anjou, si bien, estableciendo una cláusula por la que Felipe tenía que renunciar a la sucesión de Francia. Los consejeros de Carlos II y el propio papa le habían inducido a este testamento pensando como prioridad principal en la conservación de la unidad de la corona e imperio españoles.

Cuando se produjo la muerte de Carlos II, Luis XIV respaldó el testamento. El 12 de noviembre de 1700, Luis XIV hizo pública la aceptación de la herencia en una carta destinada a la reina viuda de España en la que decía:

“Nuestro pensamiento se aplicará cada día a restablecer, por una paz inviolable, la monarquía de España al más alto grado de gloria que haya alcanzado jamás. Aceptamos en favor de nuestro nieto el duque d’Anjou el testamento del difunto rey católico”.


<- Leopoldo I del Sacro Imperio Romano Germánico. Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Rey de Hungría y Bohemia, Archiduque de Austria

Todos los soberanos de Europa (menos el emperador Leopoldo I) reconocieron, quizá con reticencias, a Felipe de Anjou como heredero, el cual se dispuso a hacer uso de sus derechos y tras ser sabiamente aleccionado por su abuelo se despidió de la corte francesa y entró en España cruzando el Bidasoa por Fuenterrabía y llegando a Madrid el 18 de febrero de 1701. El pueblo madrileño, hastiado del largo y agónico reinado de Carlos II lo recibió con una alegría delirante y con esperanzas de renovación.

LA MARCHA HACIA LA GUERRA


<- John Churchill, duque de Marlborough (Devonshire, Inglaterra, 26 de mayo de 1650 – † Windsor Lodge, 16 de junio de 1722), hombre de armas y político inglés. Su vida abarca el reinado de cinco monarcas ingleses, entre mediados del siglo XVII y principios del siglo XVIII. Se distinguió como general en la Guerra de Sucesión Española. La célebre canción popular “Mambrú se fue a la guerra” procede de una deformación de la fonética de su apellido.

La precipitación y prepotencia de Luis XIV hicieron cambiar la situación. Por un lado, al poco de la jura de Felipe V (febrero de 1701), Luis XIV hizo saber que mantenía los derechos sucesorios de su nieto a la corona de Francia. Por otro, tropas francesas comenzaron a establecerse en las plazas fuertes de los Países Bajos españoles, con el consentimiento y colaboración de las débiles fuerzas españolas que las ocupaban.

Esta ayuda, que en realidad era un reforzamiento de posiciones, constituía una provocación, y el resto de potencias reaccionaron. Holanda e Inglaterra se aproximaron al emperador Leopoldo I y se comprometieron a otorgar la sucesión de España al Archiduque Carlos. En septiembre de 1701 se formó una coalición internacional mediante la firma de un tratado en La Haya. Esta coalición, llamada la Gran Alianza, estaba formada por Austria, Inglaterra, Holanda y Dinamarca, y declaró la guerra a Francia y España en junio de 1702 (otros dicen que fue el 15 de mayo). Portugal se unió a la alianza en mayo de 1703.

La guerra se inició al principio en las fronteras de Francia con estos países, y posteriormente en la propia España, donde se trató de una guerra europea en el interior de España sumada a una auténtica guerra civil, fundamentalmente entre la Corona de Aragón (partidaria del Archiduque, el cual había ofrecido garantías de mantener el sistema federal y foral), y Castilla (que había aceptado a Felipe V, cuya mentalidad era la del estado moderno al modelo francés).

CAMPAÑA DE ITALIA DE 1702


<- James Fitz-James, primer Duque de Berwick (21 de agosto de 1670 – 12 de junio de 1734) fue un militar francés, hijo ilegítimo del rey Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia

El primer ataque lo lanzaron las tropas austriacas a comienzos de 1702 contra la ciudad de Cremona, en Lombardía. Previamente, en septiembre de 1701 el emperador había propiciado un intento de rebelión en Nápoles, que fueron aplastados por el virrey, el duque de Medinaceli. Estimulado por su abuelo, Felipe V desembarcó cerca de Nápoles, pacificando el Reino de las Dos Sicilias en cerca de un mes, desde donde reembarcó para Finale. De ahí fue a Milán, siendo recibido con entusiasmo también aquí, e incorporándose en el río Po al ejército franco-español que estaba al mando del duque de Vendôme a comienzos de julio.

La primera batalla, en Santa Vittoria supuso la destrucción del ejército del general Visconti, por las tropas franco-españolas a la que siguió un sangriento intento que finalizó de nuevo con la victoria del ejército borbónico en la batalla de Luzzara (15 de agosto de 1702). El comportamiento del rey Felipe V en estas batallas fue brillante rayando lo temerario.

Sumido en un nuevo acceso de su enfermiza melancolía se reembarcó y regresó a España, entrando por Cataluña y Aragón y haciendo entrada triunfal en Madrid el 13 de enero de 1703.

Para el estudio y comprensión de esta guerra en la Península la hemos dividido en cinco fases:

Fase 1 (1702-1704): En estos años se puso de manifiesto la extrema debilidad del ejército español fuera de sus fronteras, de forma que el ejército francés de Luis XIV tomó bajo su cargo la protección de las posesiones españolas en Flandes e Italia. El rey Felipe V comenzó la guerra acompañando al ejército francés en Italia, donde fue asistió a la victoria de las armas borbónicas en la batalla de Luzzara (15 de agosto de 1702), regresando tras ella a la península. Hasta 1704 hubo acciones esporádicas e intermitentes en la península protagonizadas por el almirante Rooke al frente de su escuadra, localizadas en Rota, Cádiz, Vigo y Gibraltar.

Fase 2 (1704): En febrero de 1704 la escuadra del almirante Rooke desembarcó en Lisboa al archiduque Carlos acompañado de un importante contingente de soldados alemanes, británicos y holandeses, que unidos a soldados portugueses regulares y milicias de este pais permitieron al pretendiente reunir en torno esta capital un ejército de 27.000 hombres. Esto obligó al rey Felipe V a emprender la campaña de Portugal con un ejército que contaba con un importante contingente francés al mando del duque de Berwick. Si bien la campaña terminó en tablas, sin un claro vencedor, resultó evidente el fracaso franco-español de penetrar en el interior de Portugal.

Fase 3 (1705-1707): En 1705 la situación cambió radicalmente. Los británicos llevaron la guerra a los reinos de Aragón y Valencia y al Principado de Cataluña, que se alzaron contra el rey borbón y convirtiendo el conflicto en una guerra civil encubierta en estas regiones peninsulares. El rey Felipe V se vió obligado a levantar el bloqueo de Barcelona, huir a Francia y entrar de nuevo en la península por Navarra. El 9 de octubre Barcelona capituló ante el archiduque Carlos, quien avanzó hacia Madrid con su ejército entrando en la capital el junio de 1706. Pero el pretendiente abandonó la capital en dirección a Levante por la amenaza del ejército franco-español, que persiguió a los austriacos y les derrotaron en la batalla de Almansa el 25 de abril de 1707.

Fase 4 (1707-1710): Hasta 1710 no hubo ningún hecho de armas de importancia. A principios de este año un nuevo ejército de Felipe V, que totalizaba 23.000 hombres, se dirigió hacia Cataluña. Pero fue derrotado en las batallas de Almenara (27 de julio) y Zaragoza (20 de agosto), propiciando el avance del archiduque Carlos y su segunda entrada en Madrid. El ejército borbónico, reforzado con tropas francesas al mando del duque de Vendôme, reaccionó y logró derrotar a los austriacos en la batalla de Villaviciosa (10 de diciembre). Tras la victoria, el rey Felipe V logró el control del reino de Aragón, quedando el Principado de Catatuña como último reducto de la resistencia al poder real.

Fase 5 (1711-1714): Tras la muerte del emperador José I, el archiduque Carlos es nombrado emperador de Austria en abril de 1711, lo que modifica totalmente las alianzas efectuadas hasta la fecha. Cansados de tantos años de guerra, los británicos propiciaron conversaciones de paz con los franceses, y en enero de 1712 se abre en Utrech una conferencia de paz. En marzo y abril de 1713 se firmó el tratado de Utrech entre España, Francia e Inglaterra, que liquidó el Imperio Español en Europa. Sin embargo, en la península la guerra finalizó en 1714 tras el sitio de Barcelona que, abandonada por el archiduque Carlos, fue asaltada por el ejército real el 11 de septiembre de 1714.

Ese mismo año de 1714, un año después del Tratado de Utrech, Luis XV y Carlos VI ratificaban la paz entre Francia y el Imperio austríaco mediante la firma del Tratado de Rastatt. Según sus clausulas, Francia, cuyas tropas ocupaban numerosas plazas que habían sido ocupadas durante la guerra en nombre del rey Felipe V de España, entregaba la emperador todas las posesiones españolas en Italia, incluyendo Nápoles, Cerdeña, Milán y los presidios de Toscana.

Las posesiones españolas en América también sufrieron los ataques de los aliados; en concreto, en 1703 los británicos protagonizaron un sendos ataques al Caribe español.

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FUENTES:

Henry Kamen. Felipe V, el rey que reinó dos veces. Ediciones Temas de Hoy. Colección Historia. Madrid, 2000.
Julio Albi y dos más. La caballería española, un eco de clarines. Tabapress, S.A. Madrid, 1992. Pág,s. 33-51.

Publicado 23rd March 2012 por 
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