LOS TERCIOS EN LAS CAMPAÑAS DEL MEDITERRANEO s. XVI ( ALIADOS)

Con extracto del libro de Arturo Pérez Reverte, Corsarios de Levante
(Dedicado a mi amigo Babis Dimzas)


Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén,
de Rodas y de Malta
Lema: Tuitio Fidei et Obsequium Pauperum
(defensa de la Fe y ayuda a los pobres)
Lealtad: A la cristiandad
Miembro de: UL, Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Organización Mundial de la Salud, Cruz Roja, FAO, Unesco, Consejo de Europa
Forma de gobierno: Monarquía electiva
(Sobre estas líneas) Jean Parisot de la Valette. Gran Maestre de la Orden Hospitalaria durante el sito de Malta

La inscripción en su tumba, compuesta por su Secretario de Latín, Sir Oliver Starkey, el último caballero de la lengua inglesa en la época del Gran Sitio, reza en latín.

Aquí yace La Valette.
Merecedor de eternos honores,
El que una vez fue látigo de Africa y Asia,
Y el escudo de Europa,
De donde expulsó a los bárbaros con sus santos brazos,
Es el primero en ser enterrado en esta amada ciudad,
De la que fue fundador.

Caballeros de Malta

Los orígenes de la Orden se remontan a 1084 cuando mercaderes de Amalfi fundaron en Jerusalén un hospital para peregrinos. El proyecto contó con la aprobación del gobierno del califa Husyafer, que les otorgó una licencia para construirlo junto a la iglesia del Santo Sepulcro. El lugar fue consagrado a San Juan Bautista, razón por la cual su nombre completo fue Orden de San Juan del Hospital de Jerusalén. El padre superior del monasterio, Gerardo Tum, es conocido como el fundador de la Orden de Malta.

La Orden recibió el reconocimiento del Papa Pascual II en 1113, mediante la bula Geraudo institutori ac praeposito Hirosolimitani Xenodochii. Sus miembros adoptaron la regla de San Agustín, el negro hábito y una cruz de paño blanco con ocho puntas, las ocho bienaventuranzas. También recibían el tratamiento honorífico de frey. Su misión fue primero hospitalaria (atención médica a los creyentes que habían peregrinado a Jerusalén), pero desde el gobierno de Raymond du Puy, el segundo Gran Maestre de la Orden, tomó un carácter militar. En 1140 se creó una especie de élite entre sus militantes, una clase especial de protectores, que guardarían la doctrina, las normas y los principios de la Orden. Algunos Caballeros de cada nación, los más fieles y discretos, fueron escogidos para formar parte.

La Orden tuvo su primera sede en Jerusalén, en 1142, en el castillo del Krac de los Caballeros, cerca de Trípoli. Tras la conquista de Jerusalén por Saladino en 1187 (en la que murió el Gran Maestre de la Orden), pasó a San Juan de Acre, donde se construyó un hospital. Cuando fue expulsada a su vez de allí en 1291,7 lo mismo que todos los cristianos de Palestina, la Orden se instaló en Chipre.

Rodas

En 1310 la Orden se instaló en Rodas. Allí construyó unas fuertes fortificaciones que resistieron varios asedios y sirvieron como retaguardia a su flota naval. Entre sus acciones más destacadas de este período se encuentran las batallas de las cruzadas en Siria y en Egipto.
En 1521, Solimán el Magnífico, con un ejército de 200.000 hombres y mas de 400 embarcaciones decidió avanzar sobre Rodas. Su intención era atraer a los caballeros a un combate hacía el mar, donde el turco era claramente superior, pero aquellos decidieron permanecer dentro de la ciudad, conscientes de su inferioridad numérica: 600 sanjuanistas y 4.500 soldados

Empezó entonces un largo asedio en el que pronto se vio la determinación que tenía el Sultán, tomar la isla a toda costa.

En los primeros días, los caballeros hicieron una salida con la esperanza de parar las obras de zapa, desafortunadamente lo consiguieron temporalmente y al poco los enemigos ya se habían repuesto.
lentamente , la situación fue empeorando porque los ataques contra la ciudad no cesaban, los defensores iban cayendo y los atacantes parecían poder suplir las bajas continuamente, y por si eso no bastase les escaseaban las provisiones de todo tipo. Tras haber alargado la defensa mas allá de lo humano, los sanjuanistas, a instancia de Solimániniciaron una negociación para rendir la plaza a los seis meses de lucha, tras los cuales la Orden capituló y abandonó la isla, partiendo hacia el exilio.

Se inició un periodo en que la orden militar no tuvo una base de operaciones definida; el gran maestre Villiers de L’ile Adam, que había llevado a cabo la defensa de Rodas se entrevistó con los reyes mas poderosos de Europa y, tras hablar con Carlos V, éste decidió cederles las islas de Malta y de Gozo y la ciudad de Trípoli. Después de haber recapacitado sobre ello y de hablar con el Papa, Villiers decidío aceptar la oferta. Los caballeros tomaron posesión de las islas a cambio de un halcón maltés al año como tributo al emperador.

La isla de Malta fué la sede central de operaciones de la Orden desde ese momento, fué amurallada con los diseños mas modernos y dotada con gran número de piezas de artillería, corría el año de gracia de 1530.
Los sanjuanistas rehicieron su armada y se lanzaron otra vez a la defensa de la cristiandad, en poco tiempo se convirtieron en pesadilla de los bajeles munsulmanes, atacando donde menos se les esperaba.

Tanta presión realizaban sobre el Gran Turco, que el Sultán decidió acusarles de corsarios, con lo que si se apresaba una nave de Malta, se solía colgar a los caballeros, métodos que agravaron aún mas la situación. Por esta época la armada de San Juan se componía de 5 galeras y la Santa Ana, con el tiempo la flota fué creciendo, convirtiendose en una de las mejores del Mediterraneo.

La alianza de la Orden del Hospital y la Casa de Austria española quedó sellada de tal forma que, desde ese momento, no se llevó a cabo una operación marítima contra los munsulmanes en la que no estuvieran presentes los caballeros de Malta.


Sitio de Malta de 1565.

Los enfrentamientos que ocurrieron durante el sitio de Malta comenzaron el 18 de mayo. La Orden contaba con aproximadamente 540 caballeros y hombres de armas distribuidos entre la ciudad de Birgu, Senglea y los fuertes San Ángel, San Miguel y San Elmo. El Gran Maestre Jean Parisot de la Valette tenía también bajo su mando a 1000 soldados y arcabuceros españoles, así como a entre 3000 y 4000 milicianos malteses e irregulares. El ejército otomano constaba a su vez de 30.000 a 40.000 hombres (varía según las fuentes) y más de 200 galeras.15 Aunque la Orden logró defender la isla durante algunos meses, en el curso de los combates se perdió el vital Fuerte San Elmo y probablemente habría tenido que abandonar toda la isla, de no ser por el “Gran Rescate” del 7 de septiembre prestado por el ejército español, el cual se encontraba en Sicilia.

A mediados de 1564, Romegas, uno de los marinos más notables de la Orden, capturó cierto número de naves de importancia, entre las que se incluía una perteneciente al Eunuco Mayor del Serallo, haciendo prisioneros a varios personajes de importancia, como el gobernador de El Cairo, el de Alejandría y la antigua tutora de la hermana de Solimán. Los éxitos de los corsarios de Romegas dieron a los turcos un casus belli plausible y a finales de 1564, la Sublime Puerta decidió tomar medidas para repetir el éxito de 1522, pero esta vez, bastante más lejos de Anatolia, y mucho más cerca de los puertos españoles y de los de las Repúblicas marítimas italianas.

A principios de 1565, el Gran Maestre recibió informes de sus espías en Constantinopla sobre una invasión que se estaba preparando. Jean de la Valette cometió una grave falta de previsión, al empezar con retraso las medidas defensivas más elementales: reclutar soldados en Italia, acumular víveres y acelerar los trabajos de reparación y reestructuración en los fuertes de San Ángel, San Miguel y San Elmo, evacuar a los civiles y llevar a cabo una estrategia de tierra quemada en Malta y Gozo, complicando el avituallamiento enemigo. Parece que la Valette dudó antes de tomar tan duras medidas por la cuantía del gasto y la creencia de que el enemigo no llegaría antes de junio, cuando realmente se presentó el 18 de mayo de aquel año 1565.

Los ejércitos

El Gran Turco, en la cumbre de su poderío, había reunido para la toma de Malta una de las más grandes armadas vistas hasta entonces. Según el registro de Giacomo Bosio, historiador oficial de la Orden, una de las crónicas más tempranas y detalladas del sitio, la flota se componía de 193 naves, entre las que había 131 galeras, 7 galeotas (galeras pequeñas) y 6 galeazas (grandes galeras, menos ágiles pero con más potencia de fuego), 8 mahonas (grandes galeras de transporte), 11 veleros con provisiones y 3 más para los caballos. Unas cartas del Virrey de Sicilia, de las fechas en que tuvo lugar el asedio proporcionan números similares. Las naves transportaban un gran tren de asedio consistente en 64 piezas, entre ellas 4 enormes cañones que disparaban balas de 130 libras y un gran pedrero que arrojaba proyectiles de 7 pies de circunferencia.

El diario del sitio del mercenario ítalo-español Francisco Balbi di Correggio es otra fuente contemporánea y fiable sobre las fuerzas en pugna:

Caballeros hospitalarios

500 caballeros hospitalarios
400 soldados españoles
800 soldados italianos
500 soldados de galeras
200 soldados griegos y sicilianos
100 soldados de la comandancia de San Elmo
100 sirvientes de los caballeros hospitalarios
500 esclavos de galeras 6.000 voluntarios varios
3.000 soldados reclutados entre la población maltesa

Total: 6.100

Fuerza Otomana
6.000 cipayos (caballería)
500 cipayos de Caramania
6.000 jenízaros
400 aventureros de Mitilene
2.500 cipayos de Rouania (Argelia)
3.500 aventureros de Rouania
4.000 «fanáticos religiosos»
6.000 voluntarios varios
Corsarios varios de Trípoli y Argel

Total: 28.500 de Oriente, 48.000 en total

La llegada de los otomanos

La imponente escuadra turca, que partió de Constantinopla en marzo, avistó Malta al amanecer del viernes 18 de mayo, pero no desembarcó inmediatamente, sino que costeó la isla hacia el sur y, finalmente, ancló en el puerto de Marsaxlokk (Marsa Sirocco), a unos 10 kilómetros del Gran Puerto. De acuerdo con la mayoría de los relatos, en particular con el de Balbi, apenas desembarcaron los turcos hubo discrepancias entre el jefe de las fuerzas de tierra, el visir Lala Mustafá Pasha, y el almirante, Pialí Bajá. Pialí quería antes que nada tomar el fuerte San Telmo, para dominar así el Gran Puerto, y disponer de un fondeadero a salvo del siroco.

Por su parte, Mustafá pretendía atacar la desprotegida capital vieja, Mdina, que estaba en el centro de la isla, y lanzarse directamente sobre los fuertes de San Ángel y San Miguel por tierra, ya que tras la caída de estos poco resistirían las fortalezas menores. Se impuso el criterio de Pialí, convencidos los turcos de que San Telmo apenas sí resistiría un par de días. Así, el 24 de mayo comenzaron a atrincherarse en torno al pequeño fuerte, instalando 21 cañones de batida y empezando de inmediato el bombardeo.

Parece cierto que Solimán se equivocó al repartir del mando entre Pialí y Mustafá, y al ordenar a ambos obedecer a Dragut cuando éste llegara desde Trípoli. Sin embargo, ciertas cartas de espías en Constantinopla sugieren que el plan siempre había sido tomar el Fuerte San Telmo primero.27 En cualquier caso, los turcos cometieron un error crucial al centrar sus esfuerzos contra él.

Combates por el fuerte San Telmo

El fuerte San Telmo estaba defendido por aproximadamente 100 caballeros y 500 soldados, a los que La Valette había ordenado luchar hasta el final, intentando aguantar hasta que llegasen los refuerzos prometidos por el Marqués de Villafranca, Virrey de Sicilia. El continuo bombardeo redujo el fuerte a escombros en menos de una semana, pero La Valette evacuaba los heridos y reaprovisionaba el fuerte de noche por el puerto. Aun así, el 8 de junio los caballeros se encontraban al borde del motín y enviaron un mensaje al Gran Maestre pidiendo permiso para hacer una salida y poder morir con la espada en la mano. La respuesta de La Valette fue pagar a los soldados y enviar una comisión a través del puerto para conocer el estado de las defensas. Cuando los comisionados dieron una opiniones contrapuestas, el Gran Maestre dijo que podría relevarlos si los caballeros tenían miedo de morir del modo que les había ordenado.

Aunque avergonzada, la guarnición se mantuvo firme, rechazando numerosos asaltos del enemigo, prolongando hasta un mes la toma del fuerte. Dragut consiguió interrumpir la comunicación por el puerto, pero murió sin poder saborear la victoria. Según Bosio, resultó mortalmente herido el 17 de junio por un disparo afortunado desde el fuerte de San Ángel, y según Balbi y Sans por una descarga de los propios cañones turcos. Finalmente, el 23 de junio, los turcos consiguieron tomar lo que quedaba del fuerte de San Telmo, matando a todos los defensores excepto a nueve caballeros que fueron capturados por los corsarios y un pequeño puñado que consiguió escapar. Aunque los turcos triunfaron en la empresa, y la flota de Pialí pudo anclar en Marsamxett, el asedio al fuerte San Telmo había costado a los turcos nada menos que 6.000 bajas, incluyendo la mitad de sus mejores tropas, los jenízaros. El propio Pialí resultó herido en la cabeza. En ese sentido fue una verdadera victoria pírrica, pues los hombres y el tiempo perdidos —casi un mes justo, cuando el mando turco calculó tres o cuatro días— fueron muy importantes, lo que no obstante, no detuvo a Mustafá.

Primer gran asalto

Para entonces las noticias del asedio se propagaban y cundía el pánico. Había pocas dudas de que el resultado del sitio a Malta sería trascendental y de que su resultado podría decidir la pugna entre el Imperio Otomano y la Europa cristiana.

Todas las fuentes contemporáneas indican que los turcos querían también conquistar la fortaleza española de La Goleta, en Túnez, y parece que Solimán tenía pensado invadir la Europa Occidental a través de Italia, además de seguir por Hungría, una vez conqusitada la península balcánica.

Aunque el virrey de Sicilia aún no se había puesto en marcha con el prometido socorro (las tropas aun estaban en plena leva), y a pesar del férreo bloqueo turco, seguían llegando refuerzos a la isla. A plena luz del día, un bote de remos se dirigió hacia el Gran Puerto, y aunque un cañonazo turco lo hizo astillas, un comendador de la Orden, un tal Salvago, y el capitán español Miranda, ganaron la costa a nado y se reunieron con los sitiados. En otra ocasión una galera de Sicilia logró escapar de siete galeras enemigas cuando intentaba acercarse a tierra. Un refuerzo de 600 hombres comandado por Enrique de la Valette, sobrino del Gran Maestre, fracasó al tratar de desembarcar, pero logró escapar. Tras otros dos intentos fallidos, el 28 de junio se logró enviar verdaderos refuerzos: unos 600 hombres al mando de Juan de Cardona, en 4 galeras enviadas por el virrey de Sicilia. Ello elevó inmensamente la moral de los sitiados. Este piccolo socorro incluía una compañía española de élite, 150 caballeros acudidos de todas partes y numerosos voluntarios, incluidos los hermanos del duque del Infantado y del conde de Monteagudo, al mando del maestre de campo don Melchor de Robles. El éxito se debió a un único soldado, Juan Martínez de Olivencia, que desembarcó sólo y dio aviso a la flotilla con una fogata de la presencia o ausencia de enemigos las tres ocasiones que se intentó el desembarco.


<- D. Álvaro de Bazán
<<…Como todas las galeras no están al completo de dotación, propongo que se refuercen hasta alcanzar estas las sesenta unidades, dejando el resto aqui, embarcar a diez mil hombres y desembarcarlos en la isla con sesenta libras de pan cada uno en los sacos, que carne ya encontrarán en tierra…Allí se juntarían con otras gentes de la isla, con lo que los turcos levantarían el asalto no osando aguardalos.>>

Palabras de D. Álvaro de Bazán en el consejo militar para el socorro de Malta

Con Pialí herido, Mustafá ordenó un ataque contra la península de Senglea el 15 de julio, incurriendo en el error contrario del asedio de San Elmo: dividir los esfuerzos en tres ataques contra el Burgo y sus dos fuertes anexos. Había trasladado 100 embarcaciones pequeñas por el monte Sciberras hasta el Gran Puerto, con la intención de lanzar un ataque anfibio contra el promontorio, mientras los corsarios atacaban el Fuerte San Miguel al final de la lengua de tierra. Afortunadamente para los malteses, un desertor del bando turco alertó a la Valette sobre la inminente operación y el Gran Maestre tuvo tiempo de construir una empalizada en el promontorio Senglea, que ayudó decisivamente a rechazar el ataque. Sin embargo, el ataque podría haber triunfado si algunas de las naves turcas no se hubiesen puesto al alcance de una batería que había sido emplazada en la playa por el comandante de Guiral al pie del Fuerte San Ángel. Unas pocas salvas hundieron las embarcaciones ahogando a muchos de los atacantes. El ataque por tierra falló al mismo tiempo cuando tropas de refuerzo cristianas consiguieron cruzar desde el Fuerte San Miguel por un puente flotante, con el resultado de que Malta se salvó por el momento.

Segundo gran asalto

Mientras, los turcos habían cercado Birgu y Senglea con su tren de asedio de 64 piezas y la ciudad era objeto del que, probablemente, fue el bombardeo continuo más duro que se había producido en la historia hasta ese momento (Balbi asegura que se dispararon 130.000 balas de cañón en el curso del asedio). Habiendo destruido suficientemente uno de los bastiones claves de la ciudad, Mustafá ordenó otros dos asaltos masivos simultáneos el 7 de agosto, uno contra el Fuerte San Miguel y otro contra la misma Birgu. En esta ocasión, los turcos lograron atravesar las murallas de la ciudad y a pesar de que el Gran Maestre combatía en primera línea, su derrota parecía segura. Pero en el último momento, inesperadamente los invasores retrocedieron. La razón fue que el capitán de caballería Vincenzo Anastagi, en su salida diaria desde Mdina, en el interior de la isla, había atacado el desprotegido hospital de campo turco, masacrando a los enfermos y heridos y desorganizando la retaguardia turca. Los turcos, pensando que habían llegado los refuerzos cristianos desde Sicilia, interrumpieron el ataque. Unido a los esfuerzos para la toma de San Elmo, que a la postre resultaron excesivos, otro error estratégico del mando turco, visto a posteriori, pudo ser no encargarse de los caballeros dispersos por el resto de la isla.

Último gran asalto

Tras el ataque del 7 de agosto, los turcos reanudaron su bombardeo de San Miguel y Birgu, empezando un último asalto masivo contra la ciudad entre el 19 y el 21 de agosto. Lo que sucedió durante esos días de intensa lucha no está totalmente claro. Bradford (en el momento clave del asedio) habla de una mina turca perforada hacia las murallas de la ciudad y que el Gran Maestre salvó la situación corriendo hacia la brecha. Balbi, en la entrada de su diario del 20 de agosto, dice sólo que la Valette fue advertido de que los turcos se habían internado en las murallas; el Gran Maestre corrió hacia «el puesto amenazado, donde su presencia sorprendió a los trabajadores. Espada en mano, permaneció en el punto más peligroso hasta que los turcos se retiraron».33 Bosio no hace ninguna mención a que los turcos detonasen una mina; sin embargo escribe que el pánico cundió cuando los estandartes turcos asomaron tras las murallas, pero que al dirigirse hacia ese lugar, el Gran Maestre no encontró enemigos. Entre tanto, un cañonero en lo alto del Fuerte San Ángel, asaltado por el mismo pánico, mató a numerosos habitantes por «fuego amigo».

La situación era tan desesperada como para que en algún momento de agosto el Consejo de Ancianos decidiera abandonar la ciudad y retirarse al Fuerte San Ángel. Pero la Valette no permitió hacerlo, pues intuía que los turcos estaban perdiendo su ímpetu, como después quedó demostrado.


Últimas tentativas y retirada turca

Huida de los turcos según Matteo Perez d’Aleccio. Los frescos de Aleccio son una fuente primaria sobre muchos detalles del sitio, pero sobre todo, sobre la vestimenta y las armas de ambos ejércitos.

Aunque continuaron el bombardeo y los asaltos menores, los invasores se consumían de desesperación. El socorro de 9.000 hombres enviado desde Sicilia fue dispersado por una galerna el 28 de agosto y tuvo que volver a puerto para reparar.

El 30 de agosto, aprovechando las lluvias que dejaron fuera de juego los arcabuces y la artillería cristianas, los turcos intentaron sendos asaltos al Fuerte San Miguel. Primero los turcos lo intentaron con ayuda de una manta, una pequeña máquina de asedio cubierta con escudos, después con el uso de una auténtica torre de asedio. En ambos casos, los ingenieros malteses construyeron un túnel a través de las ruinas y destruyeron las construcciones con precisas salvas de balas encadenadas, y los asaltantes repelidos con piedras, ballesta y al arma blanca.

A principios de septiembre, el tiempo estaba cambiando y Mustafá ordenó una marcha sobre Mdina, para intentar pasar el invierno allí. Sin embargo, la ciudad estaba llena de malteses, y para entonces sus tropas no estaban dispuestas para otro asalto y no pudo hacerse otro ataque. Para el 8 de septiembre, la festividad del nacimiento de la Virgen, los turcos habían embarcado su artillería y se preparaban para dejar la isla, habiendo perdido quizás un tercio de sus hombres debido a los combates y las enfermedades.

El día anterior, de todas formas, el marqués de Villafranca, García de Toledo, había desembarcado con 9.600 hombres en la bahía de San Pablo en el extremo norte de la isla antes de dar la vuelta a la isla, para desafiar con sus salvas a la flota turca fondeada antes de volver a Sicilia. En tierra, las fuerzas españolas formaron rápidamente los temidos cuadros de los tercios y emprendieron una marcha de tres días. Los turcos, que preparaban el asalto final, comprendieron su derrota y emprendieron la retirada.

Pero en el último momento, aún pudo frustrarse todo: el 11 de septiembre, un soldado morisco se pasó a los turcos y les informó de que los refuerzos eran de solamente de 5.000 hombres. Creyendo aquello, Mustafá suspendió el embarco y se preparó para el combate. Viendo a los turcos acercarse, Álvaro de Sande, en punta de la vanguardia española, cargó sobre los turcos que iban a tomar posesión de una colina, con una única compañía de arcabuceros, sin esperar a ponerse la coraza o a recibir órdenes. Los desmoralizados turcos, asombrados por el ímpetu del ataque, y creyendo que se les venían encima todas las huestes de la Monarquía Católica, dieron media vuelta y huyeron, siendo acuchillados hasta que se embarcaron. El día 12 de septiembre desparecía en el horizonte la última vela turca.

Conclusion

Aunque las bajas turcas fueron sin duda alguna demoledoras, su número concreto es controvertido. Balbi da la cifra de 35.000 turcos muertos, Bosio 30.000, y otras fuentes alrededor de 25.000. En cualquier caso, muchos de los fallecidos eran jenízaros y cipayos, tropas selectas de difícil sustitución.

Por su parte, Malta habría perdido un tercio de sus caballeros y un tercio de sus habitantes. Birgu y Senglea habrían quedado totalmente arrasadas, y hubieran sido incapaces de resistir un nuevo ataque turco. La Valette, agotado, sugirió incluso la derrotista idea de abandonar Malta y arrasarla por completo, y que los caballeros se instalaran en un puerto siciliano, a ser posible Siracusa. El envejecido Valette era un hombre agotado y hundido por los rigores del asedio, y tras una breve enfermedad, murió al cabo de tres años, el 21 de agosto de 1568.

La gratitud de Europa para con la heroica defensa de la Orden se manifestó en que pronto el dinero comenzó a acudir a la isla. Las «ciudades heroicas» —Birgu, Senglea y Kalkara— pasaron a denominarse Invicta, Vittoriosa y Cospicua (‘Conspicua’, en español: ilustre, visible, sobresaliente). Posteriormente, una ciudad fortificada de nueva construcción se edificó sobre la península del monte Sceberras, para que los turcos nunca pudieran ocupar la posición de nuevo. Fue bautizada como Ciudad de La Valette, en honor de su Gran Maestre.


<- Espada y daga del valor. Regalada a los caballeros de malta por Don Juan Carlos I Rey de España.
(En 1798, en su travesía de Tolón a Egipto, Napoleón Bonaparte, con el pretexto de hacer aguada, entró con su flota en Malta y se apoderó del archipiélago, despojando todas las iglesias y palacios de sus joyas y ornamentos de culto, con los que llenó uno de sus barcos. Entre lo que rapiñó estaban la Espada y Daga del Valor. El barco en que se almacenaba el botín obtenido
En Malta fue hundido por la escuadra de Nelson en la batalla de Abukir pero las simbólicas armas no se perdieron, porque se hallaban con el equipaje personal de Napoleón.
Convertidas las islas de Malta en colonia británica, nadie asumió su representación en la Conferencia de Viena, donde hubiera podido exigir la restitución de lo robado,
entre ello, las famosas armas donadas por Felipe II, quedando, con otros tesoros, depositados en la Biblioteca Nacional de Francia. Desde allí pasaron al Museo del Louvre sin que la legítima reclamación de la hoy soberana, independiente y europea República de Malta haya sido atendida ni por el museo ni por la República Francesa.).

En 1566, Felipe II envió como regalo a la Valette sendas espada y daga de acero toledano con fornituras de oro y pedrería grabadas con la leyenda latina «PLVS QVAM VALOR VALETTA VALET» («Más que el mismo valor vale Valetta»), y llamadas por tanto del Valor. El regalo lo llevó a Malta fray Rodrigo Maldonado, que llegó a la isla con gran cantidad de municiones, alimentos y pertrechos ante un previsible nuevo asedio turco, y con el encargo de que entregara la espada arrodillado y en público, ante sus caballeros y los hombres de la isla que habían compartido los horrores del asedio. Desde entonces, cada 8 de septiembre, la Espada y Daga del Valor, desfilaban por las calles de La Valeta siguiendo al portaestandarte de Cruz de Malta.

Extracto del libro de Arturo Pérez Reverte, Corsarios de Levante:

Y junto al puente levadizo sobre el que ondeaba la bandera roja con la cruz de ocho puntas de la Religión, el botero, cuyo padre había peleado en el asedio, nos contó en su mezcla de italiano, español y lengua franca, cómo aquél había intervenido, junto con otros marineros del Burgo, en el transporte de caballeros voluntarios españoles, franceses, italianos y alemanes desde San Ángel hasta el asediado San Telmo, y cómo cada noche rompían en botes y a nado el bloqueo turco para cubrir las terribles bajas de la jornada, sabiendo que el camino era sólo de ida e iban a una muerte segura.

También nos contó que la última noche fue imposible pasar las líneas turcas, y los voluntarios tuvieron que volverse; y cómo al amanecer, desde los fuertes de Sanglea y San Miguel, los allí sitiados con el maestre La Valette vieron anegarse San Telmo bajo una marea de cinco mil turcos, lanzados al postrer asalto contra los doscientos caballeros y soldados, casi todos españoles e italianos, que maltrechos, llagados y heridos tras cinco semanas peleando día y noche, batidos por dieciocho mil disparos de cañón, resistían entre los escombros. Remató el botero su relato detallando cómo los últimos caballeros, heridos y sin fuerzas para sostenerse un punto más, se retiraron sin volver espaldas hacia el último reducto de la iglesia, matando y muriendo como leones acorralados; pero al ver que los turcos, furiosos por el precio de la victoria, no respetaban vida de ninguno de cuantos alcanzaban, salieron de nuevo a la plaza para morir como quienes eran; de manera que seis de ellos —un aragonés, un catalán, un castellano y tres italianos—, abriéndose paso a cuchilladas entre la turba de enemigos, aún pudieron arrojarse al mar queriendo ganar a nado el Burgo, mas fueron en el agua presos.
Y que la cólera de Mustafá bajá fue tanta —había perdido seis mil hombres sólo en San Telmo, incluido el famoso corsario Dragut— que mandó crucificar en maderos los cadáveres de los caballeros, y haciéndoles una cruz en el pecho con dos tajos de cimitarra, dejó que la corriente los llevara al otro lado del puerto, donde seguían resistiendo Sanglea y San Miguel, y luego compró todos los cautivos y los hizo degollar sobre las murallas. Bárbaro acto al que el gran maestre correspondió matando a los prisioneros turcos, y lanzando sus cabezas con los cañones al campo enemigo.

Publicado 24th March 2012 por 
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