Historias de la HIstoria de España; Capítulo 80. Érase un barco de Alfonso XIII, una tragedia de 457 víctimas, unos fantasmas por la playa y 40 000 libras esterlinas en oro.

principe de asturias
El Príncipe de Asturias fue un gran buque correo transatlántico de vapor considerado en su momento buque insignia de laMarina Mercante Española, siendo propiedad de la compañía de navegación Naviera Pinillos. Se perdieron 457 vidas, salvándose únicamente 143. El desastre del Príncipe de Asturias fue la mayor tragedia de la marina mercante española y de las ocurridas en el Atlántico Sur, hasta que fue superada en 1919 por el hundimiento en Cuba del vapor Valbanera.
Fue el hundimiento del transatlántico más moderno de la Marina Mercante Española, frente a las costas brasileñas. En concreto, el vapor-correo, que hacía la ruta Barcelona – Buenos Aires, encalló fatalmente en la isla de Ilhabela, la mayor ínsula brasileña, situada en el estado de Sao Paulo. El dramático suceso tuvo lugar en la madrugada del 5 de mayo de 1916, y se estima que en él pudieron perecer unas 600 personas, la mayoría de ellas pasajeros, y en mayor grado los que poseían billetes baratos: los emigrantes, así como los polizones (una cifra indeterminada de ellos viajaban en los entrepuentes del vapor, citándose expresamente unos cien italianos que huían de la guerra). Entre la tripulación hubo porcentualmente un número sensiblemente inferior de muertos.
Su viaje inaugural se realizó el 16 de agosto de 1914.
Además de ser un barco potente y moderno, el Príncipe de Asturias también era lujoso. Poseía una biblioteca estilo Luis XVI con estanterías de madera de caoba y asientos remachados en cuero, y desde la cubierta de primera clase, sitio que servía de espacio de recreo, con bancos y sillas, se podían apreciar coloridas vidrieras que protegían del viento. El comedor estaba decorado con paneles de roble japonés y marcos de nogal. También contaba con una cúpula rematada por cristales de colores, por lo que se podía disfrutar de luz natural durante el día.
Contaba con un salón de música al que se accedía por el hall de entrada, donde había una gran escalinata, con laterales y pasamanos trabajados en madera. El suelo de este salón estaba decorado con alfombras persas, que se utilizaba como pista de baile. Fue construido un piano especialmente para ser tocado a bordo.
Carga
Según algunas informaciones el Príncipe de Asturias transportaba 40 000 libras esterlinas en oro, 3364 sacas de correo y un automóvil Renault 35 HP.
El cargamento más sobresaliente que transportaba el vapor era una obra artística notable: el Monumento a la República también llamado Monumento de los españoles. Se trataba de una construcción espectacular que incluía 20 estatuas y una estatua ecuestre del general argentino José de San Martín. Era un regalo de la comunidad española residente en Argentina a la República Argentina con motivo del Centenario de la Independencia de Argentina de España, declarada en 1810. El proyecto se había concebido en 1908, para estar listo en 1910, para la celebración del Centenario. La obra pasó por varias dificultades que retrasaron su ejecución. Fue encargada al escultor catalán Agustín Querol i Subirats, quien falleció trabajando en ella el 14 de diciembre de 1909. Continuó el trabajo Cipriano Folgueras Doiztúa siguiendo los bocetos de querol, pero este segundo artista falleció cinco meses después de hacerse cargo del proyecto. Terminó el monumento José Montserrat Portella en mayo de 1914, tras haber sufrido un nuevo retraso por una huelga en las canteras de Carrara. En 1914 no pudieron ser embarcadas hacia Buenos Aires al ser embargadas por la familia del escultor Querol. Finalmente lo hicieron en febrero de 1916, a bordo del Príncipe de Asturias, hundiéndose con el barco. El monumento se inauguró en 1926 con réplicas de las obras perdidas. Las esculturas originales fueron rescatadas en 1991 y están expuestas en Río de Janeiro.
Todavía hoy se desconocen las causas reales del hundimiento del barco. El hecho de que todo ocurriera en el transcurso de la I Guerra Mundial, y de que la armada inglesa surcase el océano Atlántico tratando de controlar no solo la presencia de buques de guerra enemigos, sino también de buques mercantes de paises beligerantes o neutrales, como era el caso de España, introduce el primer elemento de sospecha. Hay que recordar, como recogen José Carlos Silvares y Luiz Felipe Heide Aranha Moura, en su obra ‘Príncipe de Asturias. Misterio de las Profundidades’ (Magma, Editora Cultural; Sao Paulo, 2006), que hubo testimonios entre los supervivientes que avalarían la teoría del torpedeamiento del barco.
Otra de las causas con la que se ha especulado tiene que ver con la fecha en la que sucedió el luctuoso suceso: el carnaval. Aunque es difícil de distinguir la verdad de la especulación interesada, algunas de las personas que salvaron su vida hablaban de la celebración de una fiesta a bordo, y de la supuesta relajación de los oficiales del barco y sus labores de control de la navegación.
No obstante, la causa que se ha apuntado como más probable del naufragio, es la de la falta de visibilidad en la zona, el mal tiempo reinante, con lluvia cerrada -hay que recordar que era de noche y no había luna-, y la posible desviación de la aguja de la brújula, motivado por el aparato eléctrico que estaba produciéndose sobre aquel área. También se apunta a la poca potencia del faro de Ponta do Boy, el referente habitual del tráfico maritimo en aquella parte de la costa brasileña cercana al puerto de Santos, próxima escala del Príncipe de Asturias, -a la que desgraciadamente nunca llegaría-, y su situación, al sur de la isla, una isla por cierto montañosa y escarpada hasta lo inverosímil que ni siquiera los indios tupis, que habitaron el resto del archipiélago, llegarían a utilizar nunca como morada. A esto se añadiría la peligrosidad de una costa llena de hostiles arrecifes, de salientes, de bajos… La unión de todo ello bien pudo producir tan dramático resultado.
Una de las víctimas de aquel naufragio sería el propio capitán del barco, el marino vasco José Lotina Abrisqueta, de 44 años, un hombre de mar, experimentado y responsable, que estuvo en el puente de mando hasta el último momento, cuando una gran ola lo arrastró hacia las entrañas del océano.
Salvamento
Los supervivientes que no fueron arrastrados por el transatlántico nadaron y trataron de alcanzar la relativamente cercana costa. Una estimación de entre 200 y 300 personas perecieron contra las rocas o ahogados en el mar embravecido. El bodeguero Buenaventura Rosés logró resguardarse en un bote que había quedado a flote. Recogió a Antonio Linares, timonel, y a otros miembros de la tripulación, como el médico de a bordo Francisco Zapata. Con solo este bote, gran esfuerzo y heroicidad, rescataron de las aguas a un centenar de supervivientes, llevándolos a una playa cercana en Pedras Duras. A las 12:00 del mediodía, el carguero francés Vega de la Société Générale de Transports Maritimesy procedente de Salvador de Bahía descubrió los restos del naufragio, recogió varios supervivientes más del agua y dio parte del siniestro.
El 6 de marzo el transatlántico español Patricio de Satrústegui procedente de Río de Janeiro recibió aviso de la perdida del Príncipe de Asturias y acudió a la zona del hundimiento para rescatar más náufragos. Sólo logró encontrar 6 cadáveres.
Curiosidades escalofriantes
Oficialmente murieron 445 personas, pero los investigadores creen que pudieron llegar a 1400, engrosado por los inmigrantes que atestaban la bodega huyendo de la Primera Guerra Mundial.
La leyenda negra va más allá, hablando de saqueos y violaciones a supervivientes y moribundos. Según los lugareños, los espíritus de algunos vagan por la playa donde hace décadas perecieron.
Prenafeta es defensor de una teoría no confirmada según la cual un buque inglés perseguía al navío español en busca de las más de once toneladas de oro que transportaba. Una conspiración, con ecos de la piratería ejercida muchos años atrás, en la que, supuestamente, había participado alguno de los oficiales del barco.
Por si fuera poco, el periodista Francisco Gracia Novell, obsesionado por el caso sobre el cual ha escrito un libro, nos habla del extraño enclave en el cual se hundió el Príncipe de Asturias. Un auténtico ‘ minitriángulo de las Bermudas’ y punto caliente para los ufólogos que las rutas aéreas tratan de evitar.
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