Historias de la historia de España; Capítulo 79. Érase una reina muerta con 18 años.

“La infanta doña Mercedes está fuera de toda discusión: los ángeles no se discuten”.

Maria de las mercedes

Su nombre completo era María de las Mercedes Isabel Francisca de Asís Antonia Luisa Fernanda Felipa Amalia Cristina Francisca de Paula Ramona Rita Cayetana Manuela Juana Josefa Joaquina Ana Rafaela Filomena Teresa de la Santísima Trinidad Gaspara Melchora Baltasara de Todos los Santos de Orleans y Borbón.

Fue la quinta de los hijos de Antonio de Orleans (1824–1890), duque de Montpensier, hijo del rey Luis Felipe I de Francia, y de la infanta Luisa Fernanda de Borbón (1832–1897), hermana de Isabel II, que entonces reinaba en España. Pasó su infancia en Sevilla, ciudad por la que sintió especial predilección. Durante el período del Sexenio Democrático, tuvo que partir hacia el exilio. En diciembre de 1874, se restauró la monarquía en España con el pronunciamiento en Sagunto del general Martínez Campos, a favor del príncipe Alfonso, hijo de Isabel II, que fue proclamado rey de España. La reina había renunciado a sus derechos dinásticos. Mercedes regresó entonces a España, instalándose con su familia en Sevilla, en el Palacio de San Telmo que ya había sido la residencia familiar.

La Reina montó en cólera 

Dicen que fue en el transcurso de una reunión familiar cuando contra a todo pronóstico surgió el flechazo entre los primos carnales, Alfonso y Mercedes. Cuentan también que la reina Isabel II montó en cólera al conocer que su amado Alfonso quería casarse con la hija de su hermana y del Duque de Montpensier, que tanto había instigado para destronarla. Sin embargo nada frenó al joven monarca español en su empeño. Ni la oposición de su madre, la reina Isabel II, que no quería que una hija del Duque de Montpensier, llegara a ser Reina de España, y que decía: “No tengo nada contra la infanta, pero Montpensier no transigiré nunca”, ni la oposición del Gobierno, que buscaba una princesa europea, consiguieron disuadir a Alfonso XII.

El debate en las Cortes

El asunto se debatió en las Cortes hasta que uno de los ministros salió en defensa de los enamorados diciendo: “La infanta doña Mercedes está fuera de toda discusión: los ángeles no se discuten”. Se cumple entonces la profecía de una gitana que leyó la mano de la adolescente Mercedes unos meses antes de que los primos se encontraban y se anuncia el enlace. La noticia de un matrimonio por amor tan inusual en aquella época en las cortes europeas encandiló a los españoles. La joven que por aquel entonces tenía sólo diecisiete años además de ser princesa, era española y guapa. Quizás por ello el pueblo de Madrid cariñosamente la apodó ‘Carita de cielo’.

Los preparativos para la boda

En la Puerta del Sol, las dos farolas centrales eran de luz eléctrica y según algunos diarios daban un esplendor como el de la luna llena en las noches de verano. La fuente de Neptuno, en su base, aparecía rodeada de mecheros de gas encerrados en globos de cristales de colores. El tridente estaba también dibujado con luces de gas. La fuente de Cibeles, por su parte, también estaba rodeada de un círculo de globos de cristales de colores y largos mecheros surtidores brotaban del fondo del agua.

El ajuar de la novia fue enteramente confeccionado en España, y no podía ser de otra forma al tratarse de una futura Reina de España. El vestido fue costeado por Alfonso XII y costó treinta y dos mil quinientas cuarenta y seis pesetas. Los zapatos que le acompañaron fueron planos para que no pareciera más alta que el Rey. Por lo demás, la novia portaba ricas joyas; destacaban por su hermosura, las perlas y los diamantes.

El discurso del rey

Alfonso XII dirigió a la Comisión del Congreso de los Diputados un discurso con motivo de su enlace, en el que entre otras cosas decía: “Señores diputados, el enlace que voy a contraer, inspirado al propio tiempo que por los más puros afectos del corazón por el conocimiento de las altas prendas que adornan a la que ha de compartir conmigo el Trono de San Fernando y de la Católica Isabel, del mismo modo que motiva vuestros entusiastas plácemes, alcanza sin duda los del país, a quien legítimamente representáis, y merece la unánime felicitación de las potencias amigas…”.

Mercedes no tiene interés por entrometerse en política ni cuestiones de Estado. Todo lo que hace Alfonso le parece bien y su principal motivación personal es que los asuntos que rodean a su esposo se lleven con puntualidad y a su gusto. La reina quiere a su lado damas de su generación, a las cuales piensa distinguir con una insignia de piedras preciosas, diseñada por el pintor Madrazo, que llevará las iniciales “R.M” entrelazadas. Mercedes tiene un acusado sentido de la caridad y es extremadamente generosa, escuchando cualquier petición de ayuda y favores. Dice un cronista que: La jornada de la reina era muy sencilla. Se levantaba pronto y, después de oír misa, desayunaba, disponía el arreglo de las flores en las habitaciones, despachaba la correspondencia y, acompañada de sus cuñadas, se desplazaba a los barrios para hacer la caridad por sí misma, llevando su presencia al necesitado y al enfermo. Las hermanas de Alfonso XII la idolatraban.

En su diario dejó escrito la infanta Paz: “Mercedes era para nosotras como una hermana mayor. Me enseñó a hacer labores para los pobres. Ella y Alfonso estaban muy enamorados”. Y la infanta Eulalia dice en sus memorias que “ … aquella historia de amor era quizás demasiado bella para ser duradera. Su matrimonio fue una continua luna de miel…”.

Dos meses después de la boda, se siente indispuesta y el médico de palacio dictamina después de examinarla que acaba de sufrir un aborto, del cual es inmediatamente tratada. Alfonso se siente contrariado por este primer embarazo frustrado. La reina tarda casi dos semanas en recuperarse recluida en sus habitaciones y promete tener más cuidado e incluso prescindir de sus paseos a caballo si es necesario, con el fin de lograr que una nueva gestación salga adelante sin contratiempos. Mercedes es sometida a un legrado que, según opinión posterior de otros eminentes médicos de la época, no fue bien practicado y supuso el detonante de una infección que mermó su salud.

Alfonso, alarmado por la repentina gravedad de Mercedes, anula toda actividad de gobierno para centrarse en su curación para lo cual ordena incluso suspender la música de trompetas del Alcázar y cubrir de arena la calle Bailén para que el ruido de las carrozas no perturbe el sueño de la enferma, que apenas ha podido dormir en unos días. El 20 de junio se envía un telegrama a los duques de Montpensier, que se encuentran fuera de España, para que regresen con urgencia. Mercedes es ya consciente de que la vida se le escapa.

Alfonso, hundido moralmente, no se aparta del lecho de su moribunda esposa, quien cumple el día 24 de este mes de junio de 1878 los dieciocho años de edad. Disparan las baterías artilleras, desde la Casa de Campo, las salvas de ordenanza en el cumpleaños de la soberana cuando el cardenal primado de España le está dando la extremaunción.

El 25 de junio la joven soberana se despierta por la mañana con leve mejoría y renacen las esperanzas de curación. El patio de palacio se llena de gente interesada por su salud, los políticos acuden a informarse personalmente con verdadera preocupación. Por la tarde, sin embargo, los partes médicos resultan cada vez más desalentadores, porque la reina presa nuevamente de la fiebre pierde el conocimiento y no reacciona a ningún tratamiento de choque. Su agonía va a ser larga, más de trece horas, durante las cuales Alfonso se aferra a las manos de su esposa implorando un milagro. A las doce y diez minutos del mediodía del 26 de junio dejaba de existir la reina Mercedes.

Alfonso XII encargará personalmente la lápida con estas palabras: “ Maria de las Mercedes de Alfonso XII, la dulcísima esposa”. El 8 de noviembre de 2000 los restos mortales de María de las Mercedes fueron trasladados a la Catedral de la Almudena de Madrid, cumpliendose la voluntad de la soberana de ser enterrada a los pies de la Virgen.

Anuncios

2 comentarios sobre “Historias de la historia de España; Capítulo 79. Érase una reina muerta con 18 años.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s