Érase un 11 de diciembre, Viriato y un Rey asesino, despojo y traidor.

Fusilamiento de torrijos
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José María Torrijos y Uriarte. General español, nacido en Madrid el 20 de marzo de 1791

Hijo de Cristóbal Torrijos y Petronila de Uriarte, pasó su infancia en la Corte de Carlos IV, del que su padre era Ayudante de Cámara. Paje del rey a los diez años, eligió la carrera militar, así que a los trece años -ya con el grado de capitán- ingresó en la Academia de Alcalá de Henares, donde realizó los estudios de ingeniero hasta 1808.

En 1808 estalla la Guerra de la Independencia, guerra en la que participó combatiendo en distintos lugares de la geografía española. En 1810, a sus diecinueve años, alcanza el grado de teniente coronel. Fue prisionero de los franceses, y llevado a Francia para ser juzgado, pero escapa y vuelve a combatir en la guerra.

Acudió a la defensa de Valencia junto al que sería luego verdugo suyo, el general González Moreno; pasó después a Murcia y, en 1809, a Cataluña. En 1810, con el grado de teniente coronel, cayó prisionero de Suchet en Tortosa y fue llevado a Francia; a pesar de todo, consiguió escaparse y volver a España, donde en 1811 fue nombrado instructor en la Isla de León del Regimiento de Tiradores de Doyle.

En mayo de 1812 fue enviado a Badajoz, donde se casó al año siguiente con Luisa Carlota Sáenz de Viniegra, y tomó parte en la batalla de Vitoria, en la que sedistinguió tan notablemente que fue propuesto por Wellington para brigadier. En 1814 no quiso ir a América con Morillo, de forma que permaneció en Madrid hasta que en 1815 fue nombrado gobernador militar de Murcia, Cartagena y Alicante. En 1816 se le concedió la Gran Cruz de San Fernando, y al año siguiente era ascendido a coronel del regimiento de Lorena, 46 Infantería de línea, donde permaneció hasta 1818.

Al iniciarse la era absolutista de 1823, Torrijos fue de los llamados comuneros constitucionales, partidarios de un pacto con los masones. El 28 febrero de ese año, Fernando VII le nombró ministro de la Guerra, pero no pudo tomar posesión de su cargo. Siguió al Rey a Andalucía, de allí a Aragón, y luego a Alicante y Cartagena, y aunque no quiso adherirse a la capitulación de Ballesteros, no tuvo más remedio que ceder y negociar un convenio con los franceses cuando vio que la resistencia ya era inútil el 3 noviembre 1823. Finalmente, huyendo de las persecuciones absolutistas, embarcó el día 18 para Marsella.

Primero estuvo en Alençon (Orne), pero como viera que los franceses no cumplieran las condiciones de la capitulación, en abril de 1824 marchó a Inglaterra. Se estableció en Blackheath, cerca de Londres, donde permaneció alejado de la política y en buenas relaciones con Espoz y Mina hasta 1826.

Intentó una primera expedición el 29 de julio de 1830 desde Londres, pero lo impidió la policía inglesa. Marchó entonces a Francia, y de allí a Gibraltar con el propósito de esperar un buen momento para entrar en España y derrocar el absolutismo. Convirtió el Peñón en su centro, clandestino, de actividades, formando con Manuel Flores Calderón la Comisión ejecutiva de Gibraltar. Logró llegar a La Línea en la madrugada del 28 al 29 de enero de 1831, pero tuvo que desistir. Torrijos era ya el único emigrado que inquietaba en la Corte y, aunque contenía sus ansias de actuar el recuerdo de otras expediciones fallidas, su natural impaciente le impelía a moverse.

Fue entonces víctima de “Viriato”, pseudónimo bajo el que se ocultaba su corresponsal, que no era otro que el propio gobernador de Málaga Vicente González Moreno, quien le atrajo con falsas promesas: unos sesenta hombres tomaron rumbo hacia las costas malagueñas hacia las 9 de la noche del 30 de noviembre de 1831.

Toda una espesa trama de bandidaje nobiliario, mezclado con terrorismo politico y espionaje, hizo fallar la arribada a Málaga de Torrijos. Nunca se llegó a saberse de que manera se las ingenió el llamado “verdugo de Torrijos” para hacer un seguimiento minucioso de todos los movimientos del general liberal y de sus principales colaboradores. Lo cierto fue que el barco en el que intentaban ganar las costas de Málaga en el mes de Diciembre de 1831 fue sorprendido por las tropas realistas apostadas en las playas del Charcón, de Fuengirola.

Hacia Málaga el día 30 de noviembre de 1831, a las nueve de la noche, salían del puerto de Gibraltar con rumbo a la costa malagueña Torrijos y sus hombres, Dos embarcaciones, «Santo Cristo del Grao» y «Purísima Concepción», van escoltadas por el guardacostas español «Neptuno», que la malicia de Vicente González Moreno logró introducir dentro del «Plan Viriato» para proteger a ambas durante su viaje a nuestra costa. Según los planes de Torrijos, el desembarco se haría por la costa este, pero los secretos planes de Vicente González tenían previsto que, hacia la altura del Cabo Calaburra, el «Neptuno» dirigiera sobre el «Santo Cristo del Grao» y el «Purísima Concepción» sus cañones y hundiera las naves: un ejército de 2.500 hombres, secretamente apostado en las playas del Charcón, daría persecución a los posibles embarcados que pudieran ganar la playa a nado.

Entonces el capitán del Neptuno ve que intentan huir por tierra y dispara los cañones del barco contra ellos.

Cargando con sus armas y una bandera, los liberales, junto con su jefe, forman sobre el monte Guajarzos. En ese momento, el capitán del Neptuno mandó disparar dos cañonazos más sobre ellos, que estallaron muy cerca del grupo.

Los liberales inician su camino hacia el interior. En tierra, todo un dispositivo se puso en marcha con el fin de capturar a los liberales. Se pusieron en marcha unidades y voluntarios de todas partes, incluso de fuera de la provincia de Málaga. Torrijos y los suyos deciden avanzar hacia la Sierra de Mijas, y alcanzar las alturas. Detrás queda el valle del Guadalhorce, Málaga y Vélez, es decir, donde se encuentran las personas comprometidas en el plan de Torrijos. Los liberales inician el ascenso hacia Mijas; ellos creen que esta población les prestará ayuda y refugio. Pero, cuando están cerca, en el pueblo se escuchan voces de mando y se divisan formaciones dispuestas a cortarles el paso y capturarles. Los liberales se preparan para rechazar el ataque; Torrijos ordena a sus hombres que bordeen el pueblo por la derecha. En la subida por la vertiente sur de la sierra de Mijas los realistas de Mijas y Marbella les pisaban los talones. Sin embargo, el general decidió arriesgarse continuando su camino hacia Málaga.

Tras varios días de camino, descienden por la vertiente norte de la Sierra de Mijas y se adentran en el valle del Guadalhorce.

El problema para Torrijos y los suyos fue que los Voluntarios Realistas habían visto la dirección que tomaron los liberales e informaron a las fuerzas absolutistas que al pueblo fueron llegando procedentes de Ojén, Marbella, Istán, Castanza y Monda.

Se refugiaron en la alquería del Conde de Mollina (Alhaurín de la Torre), allí se asearon, se curaron las heridas… Torrijos sabía que sus hombres necesitaban al menos aquella noche para descansar, pero él todavía no había parado; recorrió todo el recinto de la hacienda y le llamó la atención la antigua torre musulmana en el interior de la alquería, que les podría servir al amanecer para observar si el camino estaba libre de enemigos.

Mientras tanto, el enemigo, fuera, iba tomando posiciones.

Con las primeras luces del alba del día 4 de diciembre de 1831, los Voluntarios Realistas de Coín dispararon sus armas para dar a entender a los liberales que ya estaban localizados y que habían sido rodeados. A continuación se inició el ataque. Los liberales, por su parte, abrieron fuego desde el interior. Torrijos, con fuerte voz pidió parlamento. Los oficiales realistas, próximos a la puerta, mandaron alto el fuego a los suyos y uno de ellos se adelantó para hablar con el jefe de los liberales. Apenas iniciado el diálogo sonaron algunas cornetas próximas, que indicaban que nuevas fuerzas se incorporaban al cerco. Con esto se rompió el diálogo y el ataque se reanudó con mayor saña que el anterior.

Pese a todo lo ocurrido, Torrijos no perdía el ánimo y redactó una carta a uno de los comandantes para que se la hiciese llegar a González Moreno, en quien todavía confiaba, donde explicaba que su deseo no era hacer la guerra a los españoles y asimismo le rogaba la presencia del gobernador de Málaga. Su principal objetivo era que cesara el fuego. Había que ganar tiempo, pues confiaba que con la llegada del gobernador habría una buena solución para todos.

González Moreno llegó para entrevistarse con Torrijos; sin embargo no se sabe con certeza lo que hablaron. Una teoría es que el gobernador intentara convencer a Torrijos de que se entregase, para, más tarde, cuando llegara el apoyo de los hombres de Vélez, iniciar la insurrección, no convenciendo a Torrijos la oferta que ponía en riesgo a sus hombres. Torrijos le requeriría a Moreno que fuera allí mismo, en La Alquería, donde una actitud pro-insurreccional. El gobernador le daría entonces una segunda infructuosa opción a Torrijos: que durante la noche él o uno de sus hombres saliese al encuentro de los de Vélez para traerlos al lugar. Torrijos le pidió seis horas de plazo para dar una contestación. Después, si pasaba el plazo y no aparecían las fuerzas liberales tendrían que entregarse todos para no despertar sospechas.

Torrijos nuevamente había sido engañado; los batallones de Vélez no existían, ni nunca habían existido.

La larga noche acabó. Torrijos y los demás jefes liberales que creían que todavía algo podía cambiar la situación en la que se encontraban, solicitaron una hora más de tregua, y acabada ésta, otra media, lo cual, terminó desesperando a González Moreno que no le veía fin a aquello. Fue entonces cuando el gobernador amenazó con asaltar la alquería a la fuerza. Torrijos y los suyos hipotéticamente decidirían entonces que alargar el tiempo más sería poner en una difícil postura al que hasta ahora no consideraban su enemigo: González Moreno. Habría que dejarse detener y esperar que en Málaga el curso de los acontecimientos cambiara. El general liberal mandó entonces izar una bandera blanca en el balcón principal de la alquería. En ese momento, los realistas comenzaron a gritar y a disparar sus armas hacia el cielo, felices por haber conseguido la victoria.

Arresto y muerte

Los liberales fueron saliendo de la alquería, dejando sus armas y su munición. Después los cogieron a todos obligándoles a seguir una marcha forzada hasta la cárcel, lo que le daba a Torrijos una clara visión de que aquello no era lo pactado en confidencia con el gobernador de Málaga. Torrijos había descubierto el engaño, pero ya era tarde.
El rey Fernando VII de puño y letra ordenó la ejecución inmediata de los expedicionarios, sin formación de causa, fueron fusilados.

Los últimos momentos de Torrijos y sus partidarios lo viven todos en el convento, del Carmen, al que fueron llevados para pasar la lenta «capilla» de su última noche. Los franciscanos Cruz de Torrijos en El Bulto asisten espiritualmente a los condenados, que, como en el caso del propio general Torrijos, dedican parte de la noche a escribir cartas a sus esposas y familiares. Llevados a las playas al amanecer, ante el primer pelotón de ejecución figuró el propio don José María con Juan López Pinto, Francisco Fernández Golfín, Francisco de Borja Pardío y Manuel Flores Calderón, entre otros, todos los cuales murieron al ‘grito de «¡Viva la libertad!».

Un segundo grupo, integrado por veinticuatro personas más, se formó de inmediato, procediéndose a su fusilamiento, Los cuerpos se amontonaron como pirámide humana, y de semejante postura recibieron los tiros de gracia ordenados por el propio Vicente González. Hacia las once y media de la mañana de aquel Domingo 11 de Diciembre de 1831, todos los cuerpos, cargados en carromatos, fueron trasladados desde El Bulto al cementerio de San Miguel en ominoso paseo por el centro de la ciudad para que todos tomaran nota de que frente al poder real no cabían atentados, traiciones ni aventuras de aristócratas. Fue, sin duda, la más amarga Navidad protigonizada por los malagueños que deseaban sumarse a los nuevos aires de libertad y democracia frente al omnímodo absolutismo de Fernando VII. Años después de que Torrijos y sus compañeros fueran fusilados, el 11 de diciembre de 1842 se inaugura el mausoleo en su nombre, en medio de la plaza.

Jose de Espronceda

A LA MUERTE DE TORRIJOS Y SUS COMPAÑEROS

Helos allí: junto a la mar bravía
cadáveres están, ¡ay!, los que fueron
honra del libre, y con su muerte dieron
almas al cielo, a España nombradía.

Ansia de patria y libertad henchía
sus nobles pechos que jamás temieron,
y las costas de Málaga los vieron
cual sol de gloria en desdichado día.

Españoles, llorad; mas vuestro llanto
lágrimas de dolor y sangre sean,
sangre que ahogue a siervos y opresores,

Y los viles tiranos, con espanto,
siempre delante amenazando vean 
alzarse sus espectros vengadores.

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