Historias de la Historia de España; Capítulo 53. Érase un desatre de travesía, unos muertos de escorbuto y unas islas con azafrán, canela, clavo y nuez moscada.

salazar

Nació en Las Encartaciones, Vizcaya, siglo XV –  y falleció en algún lugar en el Pacífico un 5 de septiembre de 1526, fue un navegante español que participó en la expedición de García Jofre de Loaysa, conocido porque durante poco menos de un mes comandó dicha expedición, muriendo al mando de escorbuto. Estando él al mando se descubrieron, para los occidentales, las islas Marshall.
 Marino y capitán general de la Expedición a las islas Molucas de Jofre de Loaysa, posiblemente el primer europeo en descubrir las islas Carolinas
 Salazar es considerado uno de los vascos universales, aunque su fama fue efímera. La vocación de marino le hizo enlistarse en la cúspide de su carrera en la expedición de García Jofre de Loaysa, en la nao San Lesmes, de 96 toneladas y al mando de Francisco de Hoces, donde fue nombrado tesorero. La expedición zarpó del puerto de La Coruña antes del amanecer del 24 de julio de 1525, con una flota de seis barcos.
La escuadra la componían las siguientes naos:
Santa María de la Victoria, de 360 toneladas, al mando del propio Loaísa.
Sancti Spiritus, de 240, al mando Juan Sebastián de Elcano, como Piloto Mayor de la expedición y segundo jefe.
Anunciada, de 204, al mando de Pedro de Vera.
San Gabriel, de 156, al de Rodrigo de Acuña.
Santa María del Parral, de 96, al de Jorge Manrique de Nájera.
San Lesmes, del mismo tonelaje y al mando de Francisco de Hoces.
A ellas se sumaba el patache Santiago, de 60 toneladas, al mando de Santiago de Guevara, siendo la dotación completa de todas ellas de unos 450 hombres, lo que la convertía en una de las mayores expediciones de su época. Entre ellos estaban algunos veteranos de la primera circunnavegación del globo, como el mismo Juan Sebastián de Elcano que era el segundo comandante y piloto mayor, y Rodrigo de Triana, que avistó América en el primer viaje de Colón.
Asimismo participaba en la expedición, como ayudante de Elcano, Andrés de Urdaneta, que llegaría a ser el más grande cosmógrafo de su tiempo.
Llegada al Estrecho de Magallanes
A pesar de haber ya pasado por el estrecho de Magallanes, Elcano se equivocó en el lugar de acceso a él, pues el domingo 14 de enero de 1526 mandó dar la vela en el estuario del Río de San Ildefonso, error que cometieron muchos después de él. Pero al poco de entrar, empezaron a oírse crujidos de los cascos, por lo que se dio la orden de parar en el avance y de que una chalupa reconociera el lugar, por lo que la abordaron su hermano Martín, el clérigo Areizaga, y Roldán y Bustamante, que eran dos de los supervivientes del viaje de la primera vuelta al mundo. Lo curioso es que los dos que ya habían pasado daban por bueno el lugar y querían regresar, pero tanto Martín como Areizaga no lo tenían tan claro, por lo que se decidió el avanzar, lo cual les llevó a darse cuenta de que el lugar era el equivocado. Por eso viene a colación el comentario de Urdaneta: «A la verdad fue muy gran ceguera de los que primero habían estado en el Estrecho, en además de Juan Sebastián de Elcano, que se le entendía cualquier cosa de la navegación». Mientras tanto, comenzó a subir la marea, lo que liberó a las naos e, inmediatamente, sin esperar a los de la chalupa, se alejaron unos cabos mar adentro, antes de que exploradores pudieran dar alcance a su nao. Ese mismo día, según cuenta el propio Urdaneta, dieron con la verdadera embocadura del Estrecho, fondeando al abrigo del cabo de las Once Mil Vírgenes.
Sobre las diez de la noche las aguas de la bahía comenzaron a moverse de alarmante manera; así soportaron toda la noche, pero al amanecer se habían desatado todas las fuerzas de la naturaleza: el viento encajonado, parecía rugir como un león herido, y el tamaño de las olas era tal, que pasaban a la altura de la mitad del palo mayor. Esta situación provocó que la nao Santi Spiritus, a pesar de haber lanzado cuatro anclas, comenzara a garrear, por lo que se intentó, realizando un esfuerzo casi sobrehumano el rescatar a su tripulación. Para ello Elcano ordenó a la nao que largara su vela de trinquete, y de esta forma la fuerza del viento la arrastró hasta encallar en la costa. Pero la violencia de la resaca impedía el acercarse a ella, pues por la mucha mar, unas veces se aguantaba sobre las rocas y otras, la mar la sobrepasaba. Algunos tripulantes, viendo la costa cercana, se lanzaron al mar, y de diez sólo se pudo salvar a uno, al que se le había lanzado un cabo, el cual a su vez sirvió para que el resto de la tripulación fuera salvada. Urdaneta refiere el caso así:
…salimos todos con la ayuda de Dios, con harto trabajo y peligro, bien mojados y en camisa, y el lugar a donde salimos es tan maldito, que no había en él otra cosa sino guijarros, y como hacía mucho frío, hubiéramos de perecer, sino que tomamos por partido de correr a una parte y a otra por calentarnos.
La expedición fue una sucesión de desastres, calamidades y deserciones.
Al abordar el estrecho de Magallanes la San Lesmes, se vio obligada a correr el temporal y viajar hasta los 55º de latitud Sur, convirtiéndose en los primeros en descubrir el paso del cabo de Hornos, en el terrible extremo austral del continente. Se anticiparon así 55 años al pirata Francis Drake, y es por ello que en España y en parte de Hispanoamérica se llama mar de Hoces al Pasaje de Drake de los anglosajones. La flota logró atravesar el estrecho el 26 de mayo de 1526, tras 48 días de travesía por el mismo.
Seis días después de entrar en la inmensidad del océano Pacífico, el 2 de junio, la escuadra se encontró otro temporal que deshizo la expedición, pues desde las cofas no se advertía a bajel alguno a la vista. Estando ya a unas ciento cincuenta leguas del cabo Deseado, la tempestad se convirtió en casi un huracán, lo que todavía contribuyó más al alejamientos de las naos. La expedición ya no volvería a reunirse, pero se tiene constancia de los rumbos de los barcos separados:
La San Lesmes fue vista por última vez por el patache, y de ella nunca más se supo. Más de dos siglos después en el año de 1772, la fragata Magdalena encontró una gran cruz muy antigua cerca de Tahití, por lo que por esta noticia, el insigne historiador don Martín Fernández de Navarrete sacó la conclusión, que por la derrota seguida y las corrientes, y con los últimos datos del patache, se puede casi asegurar que fueron a parar allí. En 1929 se encontraron unos cañones españoles del siglo XVI en la isla de Amanu, en las Tuamotu. Otros autores opinan que llegaron hasta Nueva Zelanda y naufragaron en la costa meridional de Australia; desde allí la tripulación habría costeado la isla hasta pasar el cabo York, siendo después apresados, probablemente, por la segunda expedición del portugués Gomes de Sequeira.
La Santa María del Parral logró cruzar el Pacífico y alcanzar las Célebes. Una sedición, preparada por los marineros Romay y Sánchez, dan muerte al capitán, Jorge Manrique de Nájera, a su hermano y al tesorero. Después hicieron embarrancar en la isla de Sanguin, cercana a la de Cebú, donde desembarcaron. Pero los indígenas los atacaron, matando a varios de los españoles y capturando al resto. Menos de dos años después, en febrero de 1528, la expedición de Álvaro de Saavedra recogió a los dichos marineros; los instigadores del motín, Romay y Sánchez, fueron procesados, declarados culpables de amotinamiento, desobediencia y asesinato, y ejecutados en Tidore.
Con respecto al patache Santiago, al mando de Santiago de Guevara, puso rumbo norte y realizó un asombroso viaje de 10.000 km hasta alcanzar la costa de Nueva España. Dio fondo en el golfo de Tehuantepec el 25 de julio de 1526, y diversos pertrechos, junto con parte de la tripulación, participaron en la expedición de Álvaro de Saavedra, que también cruzaría el Pacífico entre 1527 y 1529.
Durante el viaje, mueren de escorbuto Loaysa y Elcano. Salazar pasó al mando de la nave Santa María de la Victoria, como capitán general de la expedición, el 6 de agosto de 1526. Siendo su primer acto en la jefatura enterrar con honores al fallecido Elcano.
Unas horas después de Elcano moría Álvaro de Loaísa, sobrino del jefe de la expedición, que había sido nombrado contador al fallecer el titular. Con su acostumbrada meticulosidad Urdaneta cuenta:
Toda esta gente que falleció (unos treinta desde la salida al océano) murió de crecerse las encías en tanta cantidad que no podían comer ninguna cosa y más de un dolor de pechos con esto; yo vi sacar a un hombre tanta grosor de carne de las encías como un dedo, y otro día tenerlas crecidas como si no le hubiera sacado nada.
En su corta jefatura, sin embargo se encuentra un gran logro, ya que Salazar fue el primer europeo en descubrir, para los occidentales, el 21 de agosto de 1526 las islas Carolinas, (Marshall), aunque no se tiene constancia de que atracaran. También se cree que avistó el Atolón Bokak.
Llegó a las islas Marianas, el 5 de septiembre de 1526,  pero tras dejar la isla de Guam, la salud de Salazar se deterioró aceleradamente y falleció el 5 de septiembre de 1526, apenas 40 días de jefatura, víctima también del escorbuto que acabó con la mayoría de la tripulación. Al fallecer se formó un conflicto para sucederle que acabó al hacerse cargo del mando Martín Íñiguez de Carquizano, quien había sido nombrado como tesorero general de la expedición por el propio Salazar

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  • Arteche, José de. Urdaneta, El dominador de los espacios del Océano Pacífico. Espasa-Calpe. 1943.
  • Fernández de Navarrete, Martín. Biblioteca Marítima Española. Obra póstuma. Madrid. Imprenta de la viuda de Calero. 1851.
  • Fernández Duro, CesáreoLa Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Museo Naval, Madrid, 1973.
  • Mariana, Juan deHistoria General de España. Imprenta y Librería de Gaspar y Roig, Editores, Madrid, 1849. Tomo III.
  • Martínez-Valverde y Martínez, Carlos. Enciclopedia General del Mar. Garriga, 1958.
  • Orellana, Emilio J. Historia de la Marina de guerra de Española, desde sus orígenes hasta nuestros días. Ed. facsímil de 1993. Reproduce la edición de Manero Bayarri, Barcelona, 1886. Tomo II, Primera parte.
  • Rosset, EdwardNavegantesNarrativas Históricas. Edhasa. 2006
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