Historias de la Historia de España. Capítulo 34. Éranse unos moros, un escudo, la única vez en la historia del país en que todos los políticos estuvieron de acuerdo, un fervor patriótico y un barrio de Madrid

marruecos
Desde 1840, las ciudades españolas de Ceuta y Melilla sufrían constantes incursiones por parte de grupos marroquíes. A ello se unía el acoso a las tropas destacadas en distintos puntos, sobre todo en 1844, 1845, 1848 y 1854. Las acciones eran inmediatamente contestadas por el ejército, pero al internarse en territorio marroquí los agresores, la situación volvía a repetirse de forma habitual. Cuando en agosto de 1859 se atacó a un destacamento español que custodiaba reparaciones en diversos fortines, Leopoldo O’Donnell, Presidente del Gobierno en aquel momento, exigió al sultán de Marruecos un castigo ejemplar para los agresores. Sin embargo, esto no sucedió.
 O’Donnell, hombre de gran prestigio militar, y justo en el momento en el que estaba en plena expansión su política de ampliación de las bases de apoyo al gobierno de la Unión Liberal, consciente también que desde la prensa se reclamaba con insistencia una acción decidida del Ejecutivo, propuso al Congreso de los Diputados la declaración de guerra a Marruecos el 22 de octubre, tras recibir el beneplácito de los gobiernos francés e inglés, a pesar de las reticencias de este último por el control de la zona del estrecho de Gibraltar y que al final debilitarían la posición española al terminar el conflicto.
 Desarrollo de las operaciones
 La reacción popular fue unánime. La Cámara aprobó por unanimidad la declaración y todos los grupos políticos, incluso la mayoría de los miembros del Partido Democrático, apoyaron sin fisuras la intervención. En Cataluña y el País Vasco se organizaron centros de reclutamiento de voluntarios para acudir al frente, donde se inscribieron muchos carlistas, sobre todo procedentes de Navarra, en un proceso de efervescencia patriótica como no se había dado desde la Guerra de la Independencia.
 El ejército expedicionario, que partió de Algeciras, estaba compuesto por treinta y seis mil hombres,  sesenta y cinco piezas de artillería y cuarenta y un navíos entre buques de vapor, de vela y lanchas. O’Donnell dividió las fuerzas en tres cuerpos de ejército en los que puso al frente a los generales Juan Zavala de la Puente, Antonio Ros de Olano y Ramón de Echagüe. El grupo de reserva estuvo bajo el mando del general Juan Prim. El almirante Segundo Díaz Herrero fue nombrado jefe de la flota.
 Los objetivos fijados eran la toma de Tetuán y la ocupación del puerto de Tánger. El 17 de diciembre se desataron las hostilidades por la columna mandada por Zabala que ocupó la Sierra de Bullones. Dos días después Echagüe conquistó el Palacio del Serrallo y O’Donnell se puso al frente de la fuerza que desembarcó en Ceuta el 21. El día de Navidad los tres cuerpos de ejército habían consolidado sus posiciones y esperaban la orden de avanzar hacia Tetuán. El 1 de enero de 1860, el general Prim avanzó en tromba hasta la desembocadura de Uad el-Jelú con el apoyo al flanco del general Zabala y el de la flota que mantenía a las fuerzas enemigas alejadas de la costa. Las refriegas continuaron hasta el 31 de enero, en que fue contenida una acción ofensiva marroquí, y O’Donnell comenzó la marcha hacia Tetuán, con el apoyo de los voluntarios catalanes. Recibía la cobertura del general Ros de Olano y de Prim en los flancos. La presión de la artillería española desbarató las filas marroquíes hasta el punto de que los restos de éste ejército tomaron refugio en Tetuán, que cayó el día 6 de febrero.
 El siguiente objetivo era Tánger. El ejército se vio reforzado por las unidades voluntarias vascas, con gran número de carlistas, que en unos diez mil desembarcaron durante el mes de febrero hasta completar una fuerza suficiente para la ofensiva del 11 de marzo. El 23 de marzo se produjo la batalla de Wad-Ras en la que venció el ejército español y forzó la petición de paz del comandante marroquí Muley Abbás. Tras un periodo de armisticio de 32 días, se firmó el Tratado de Wad-Ras (en Tetuán) el 26 de abril, por el que España ampliaba el territorio de Ceuta y Melilla, recibía el pequeño territorio de Santa Cruz de Mar Pequeña —lo que más tarde sería Ifni— para establecer una pesquería, Marruecos pagaría una indemnización de guerra y, hasta que se hiciera efectivo, Tetuán era cedida a España.
 Tratado de Wad-Ras
 El tratado de Wad-Ras puso fin a la guerra. Fue firmado el 26 de abril de 1860 por el mismo, se declara a España vencedora de la guerra, y Marruecos es declarado perdedor y único culpable de la misma. El acuerdo estipuló lo siguiente:
 España amplía los territorios de Ceuta y Melilla a perpetuidad.
 El cese de las incursiones a Ceuta y Melilla.
 Marruecos reconocía la soberanía de España sobre las Islas Chafarinas.
 Marruecos indemnizaba a España con 100 millones de pesetas.
 España recibía el territorio de Sidi Ifni para establecer una pesquería.
 Tetuán quedaría bajo administración temporal española hasta que el sultanato pagase las deudas a España.
 Anecdotario
  Tras la Guerra de África, se hace acampar al ejército victorioso en un descampado al norte de Madrid, mientras se hacen los preparativos para una entrada triunfal en la capital, que nunca sucedió. Alrededor del campamento —que de provisional se iba convirtiendo en permanente— se fueron instalando comerciantes y se creó el barrio conocido hasta hoy como «Tetuán de las Victorias».
La guerra de África fue un completo éxito para el gobierno y aumentó su respaldo popular, pues levantó una gran ola de patriotismo por todo el país, a pesar de que “el desenlace de la guerra no colmó, sin embargo, las expectativas creadas en un clima de euforia patriótica que no tenía parangón en la historia reciente”.
La guerra de África produjo una gran cantidad de crónicas periodísticas -varios periódicos enviaron corresponsales a la zona-, relatos, obras literarias, canciones, cuadros, monumentos, etc., muchas de ellas teñidas de un patriotismo grandilocuente y propagandístico. El corresponsal del diario La Iberia, Núñez de Arce, escribió en una de sus crónicas:
El cielo me ha proporcionado la dicha de ser testigo de la empresa más grande, más heroica que ha acometido y llevado a feliz término nuestra querida España desde la gloriosa guerra de la Independencia
Una canción popular decía:
El día 6 de febrero
nos tenemos que acordar
que entramos los españoles
en la plaza de Tetuán.
La plaza de Tánger la van a tomar,
también han ganado la de Tetuán
La Diputación de Barcelona encargó al pintor Mariano Fortuny, nacido en Reus como el general Prim, una serie de cuadros conmemorativos, basados en los bocetos que había hecho Fortuny en su visita a los principales escenarios de la guerra. Una de las obras que más reconocimiento recibió fue una pintura de gran formato y visión panorámica titulada La Batalla de Wad-Ras, que le costó varios años terminar. Por su parte el gobierno llevó a cabo una “política de memoria”, aprovechando la ola de fervor patriótico, que se plasmó en nombres de plazas, calles y barrios -el barrio de Tetuán de las Victorias en Madrid; la plaza de Tetuán y la calle Wad-Ras en Barcelona; o la plaza de Tetuán en Valencia- y en monumentos públicos, como el levantado al general Juan Prim en Reus, su ciudad natal.

prim reus

En el mismo centro de Reus está la Plaza Prim, un lugar popular y con frenética actividad, y desde el que podemos recorrer todo lo que es el centro comercial de la ciudad. En el centro de la plaza se alza esta magnífica estatua en honor de uno de los personajes históricos mas importantes de la ciudad, no en vano participó en las guerras carlistas y fue presidente del consejo de ministros, llevando una vida muy activa en lo que a política nacional se refiere.

La estatua ecuestre es magnífica,  con el general alzando una espada, nada que ver con esas insulsas piezas de arte abstracto que pueblan muchas de nuestras plazas.

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  • Fontana, Josep (2007). La época del liberalismo. Vol. 6 de la Historia de España, dirigida por Josep Fontana y Ramón Villares. Barcelona: Crítica/Marcial Pons. ISBN 978-84-8432-876-6.
  • Fuentes, Juan Francisco (2007). El fin del Antiguo Régimen (1808-1868). Política y sociedad. Madrid: Síntesis. ISBN 978-84-975651-5-8.
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