Historias de la historia de España; Capítulo 17. Érase un Presidente, unos asesinos catalanes y una República que los indultó.

Eduardo dato

Eduardo Dato Iradier nació en La Coruña en 1856 y muere en Madrid, el 8 de marzo 1921, cuando tenía sesenta y cuatro años, dejando mujer y dos hijas.
Nacido en La Coruña como único hijo de Carlos Dato y Granados con la alavesa Rosa Lorenza Iradier y Arce y nieto paterno de Carlos Dato Camacho y Marín y de Cayetana Ruperta Granados y García, se trasladó a Madrid muy joven junto con su familia.
 Estudió en la Universidad de Madrid y en 1875, con 19 años, se licenció en Derecho Civil y Canónico.
Viajó por el extranjero, lo que le proporcionó una amplia cultura y el conocimiento de otras lenguas. Pronto adquirió prestigio como abogado, por sus dotes oratorias. La reputación profesional de su bufete madrileño le abrió las puertas a la alta política, adscrito desde muy joven al Partido Conservador de Cánovas del Castillo. Fue elegido diputado a Cortes en la última legislatura del reinado Alfonso XII. A la muerte de éste, se unió a las posiciones de Romero Robledo, que estaba en desacuerdo con la cesión de poder que Cánovas, el jefe del partido, hacía a los líderes mediante el sistema de turnos. La discusión de este asunto en las Cortes ocasionó la ruptura entre Cánovas y Francisco Silvela y la disidencia de Dato y de un importante sector del partido.
Elaboró la primera legislación laboral y creo el ministerio de Trabajo y el Instituto Nacional de Previsión. Con Antonio Maura como líder del partido, Dato no ocupó carteras ministeriales durante el gobierno de aquel, 1907-1909 pero llegó a ser alcalde de Madrid y obtuvo la presidencia de las Cortes.
Tras el asesinato de José Canalejas y agotado el mandato liberal del Conde de Romanones (1912), Dato aceptó el encargo del Rey de formar gobierno en lugar de Antonio Maura, que había puesto condiciones inaceptables para el monarca. Desde entonces el partido se escindirá entre los “idóneos” (el grupo mayoritario) y los “mauristas”, más radicales en sus planteamientos.
Tras el bienio liberal, 1915-1917, vuelve por segunda vez, el 11 de junio para enfrentarse a la crisis de 1917 de la Huelga Revolucionaria del PSOE. El coste fue alto y tuvo que ceder el gobierno a García Prieto y La Cierva. El 5 de mayo de 1920 subió por tercera y última vez a la Presidencia del Gobierno. Sus tres presidencias de gobierno estuvieron marcadas por: la I Guerra Mundial, la crisis de 1917 y el pistolerismo catalán.

DATO 8

Durante su mandato como presidente del gobierno, Dato decretó, tras el estallido de la Primera guerra mundial, la neutralidad de España. Historiadores y economistas valoran hoy en día positivamente este hecho. Supo mantener a España en esa posición de neutralidad durante los años que duró la I Guerra Mundial, a pesar de la división que se formó en el país entre los denominados «germanófilos» y los partidarios de los aliados.
En 1918 Dato volvió a desempeñar la cartera de Estado en un nuevo gabinete de concentración nacional formado por Antonio Maura. En los años aún críticos de la posguerra, presidió el gobierno de 1921 cuando el ambiente en Barcelona entre patronal y centrales sindicales se hacía más insoportable. Su apoyo a la represión de la subversión social y a la llamada Ley de fugas, lo convirtieron en blanco de los anarquistas.
 Fue asesinado por más de 20 disparos el 8 de marzo de 1921 en un atentado llevado a cabo por los militantes anarquistas Pedro Mateu Cusidó, Luis Nicolau Fort y Ramón Casanellas Lluch desde un sidecar en marcha en la Puerta de Alcalá de Madrid. No era el primer magnicidio de un presidente de gobierno español. En 1912 había sido asesinado José Canalejas, en 1897 Antonio Cánovas del Castillo y en 1870 Juan Prim y Prats.
 
Biografía de un magnicidio (por Juan José Godoy Espinosa de los Monteros)
 
8 de marzo de 1921, Madrid, 8 de la tarde. El presidente del Consejo de Ministros, D. Eduardo Dato Iradier, me ha hecho saber por medio de los ayudantes del Congreso se encuentra reunido, con el marqués de Santa Cruz, está en el despacho de ministros con algunos consejeros (Guerra, Gracia y Justicia, etc.) por espacio de diez minutos. A la salida, el Sr. Dato, también jefe del partido conservador, es preguntado por dos periodistas, con los que mantiene una breve charla mientras se dirige hacia el automóvil.

El Presidente se está despidiendo de sus acompañantes, y me ha pedido, como siempre, que le lleve a casa. Adentrándose el vehículo por la calle Encarnación hacia Arenal enderezando camino hacia su domicilio, situado en Lagasca, 4. Llegando a la plaza de la Independencia, entre Olózaga y Alcalá y junto a la Puerta de Alcalá, una motocicleta –según veo desde mi ventanilla-, con sidecar en el lado derecho y ocupada por tres individuos, se aproxima a toda velocidad hacia el coche, donde el Sr. Presidente va recostado en la parte de atrás. Estoy empezando a perder la calma y a ponerme nervioso ya que con nosotros hoy, maldita sea, no viaja ningún escolta. 

 
Don Eduardo, creo que nos vienen siguiendo desde Puerta de Alcalá, voy a acelerar.
–       Cómo  hijo, quién nos sigue.
No lo sé don Eduardo, pero son tres y esto me da mala espina, estemos atentos. Están cerca, cada vez más cerca, están intentando adelantarnos y no les voy a dejar que lo hagan. Pero… ¿Qué es eso? Señor Presidente por favor échese al suelo del vehículo que van armados y nosotros vamos sin escolta.
 Están disparando señor Presidente, ¡Presidente, señor Presidente, señor Presidente! ¡Conteste! ¡Conteste! Por favor responda. ¡Malditos canallas, asesinos!
  He podido ver por los espejos como dos de ellos disparaban con una pistola en cada mano; el otro guiaba la moto. Una auténtica lluvia de balas ha barrido el asiento de atrás. Según oigo decir a la gente, han contado más de cuarenta disparos.
El presidente no responde está malherido y ésos asesinos se escapan, malditos sean, aunque estamos de suerte aquí cerca hay una Casa de Socorro, la del distrito de Buenavista en la calle Olózaga.
 Ya hemos llegado, no se preocupe que lo atenderán y saldrá de ésta, sería mala suerte que le pasase como a Prim.
¡Un médico, un médico! Se trata del Presidente del Gobierno, está mal herido.
-Dónde.
En el coche, ahí afuera, rápido por favor.
El médico está examinando el cuerpo de don Eduardo y su cara no es muy esperanzadora.
 -Joven, Tres balas han herido de muerte al Presidente. Uno de los proyectiles le ha penetrado por la región parietal izquierda, con salida por la región occipital; otro, con orificio de entrada por la región mastoidea, ha salido por la región malar. El tercer proyectil, con orificio de entrada por la región frontal izquierda, no presenta orificio de salida.  No se puede hacer nada por él, el Presidente está muerto, lo siento. Descanse en paz. Un sentimiento de impotencia y confusión se apoderó de todos los presentes
 En la parte de atrás del coche presidencial he podido contar catorce disparos, agrupados en las proximidades de la ventana. La cartera que don Eduardo llevaba en el bolsillo interior de la chaqueta quedó atravesada por un disparo. Por qué no se agachó cuando se lo dije.
Y lo peor de todo es que los tres asesinos campan a sus anchas por cualquier parte de Madrid.
 Domingo 13 de marzo
DATO 5Los inspectores encargados del caso ya saben que los criminales tenían alquilado un cuarto en el número 164 de la calle Alcalá. Siete policías se encargan de la tensa espera.

A las cuatro de la tarde se presentó un individuo de complexión robusta, de unos 27 años, bajo de estatura, ojos vivos, mirada enérgica: era el anarquista Pedro Matehu. Aunque iba armado con una pistola, no ofreció resistencia en el momento de la detención.

Las investigaciones han establecido que la muerte de don Eduardo Dato se debió a un atentado anarquista, que la organización dice que justifica como una venganza por la represión del anarcosindicalismo en Barcelona. Averiguando que los autores materiales del asesinato han sido Pedro Matehu, Juan Casanellas y Luis Nicolau.

Se sabe que éste último ha escapado a Alemania, siendo detenido. Más tarde el Gobierno ha conseguido su extradición. Por el contrario, Casanellas huyó a la URSS, escapando así al castigo.

Matehu y Nicolau han sido juzgados y condenados a muerte, pero S.M. don Alfonso XIII les ha salvado del patíbulo, -quizá para que los anarquistas no vuelvan a intentar nada igual-. Y les ha conmutado la pena por 30 años de prisión.

1931
Pero aún me quedó por ver como ésta España sinvergüenza y desmemoriada da alas a tan grandes asesinos, cuando  al proclamarse la República fueron favorecidos por un indulto, la Ley de Amnistía. Qué fue del  general Severiano Martínez Anido y su “ley de fugas”.
 Los asesinos en la calle y yo me quedé sin Presidente, sin un “padre”.
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DATO 6

El jefe médico telefoneó a la Dirección de Seguridad. Quince minutos más tarde la noticia de que el presidente del Consejo de Ministros había sido asesinado circulaba por todo Madrid. Algunos cines la anunciaron a su público. En la sala Royalty, por ejemplo, se supo antes de que terminara el espectáculo.

Entre tanto, curiosos y personalidades comenzaron a arremolinarse en la Casa de Socorro de Olózaga, donde permanecía el cadáver. Antonio Maura fue de los primeros en llegar, y al comprobar que era cierto lo que le habían dicho quedó tan profundamente afectado que sufrió un desvanecimiento. Inmediatamente llegaron allí otros personajes políticos de gran relieve: Bergamín, Sánchez Guerra, García Prieto, el conde de Romanones, el conde de Plasencia…

También se presentó el yerno de Dato, Eugenio Espinosa de los Monteros, quien al comprobar que su padre político había sido asesinado sufrió un síncope con pérdida del conocimiento, del que se recuperó para entrar en una profunda crisis nerviosa, de la que tuvo que ser atendido por los médicos.

Minutos después, Sánchez Guerra y el propio Espinosa de los Monteros decidieron comunicar a la esposa de Dato lo ocurrido, aunque atenuando la gravedad. La primera en acudir fue una de las hijas mayores, precisamente la esposa de Espinosa de los Monteros, que se abrazó a su marido y le preguntó si su padre aún vivía. Acto seguido penetró, transida de dolor en la sala de operaciones, arrojándose con gritos desgarradores sobre el cadáver, cubierto por una sábana. Todos los presentes se dejaron llevar por la emoción.

Aún no estaban repuestos cuando llegó la esposa de Dato, acompañada por sus otras dos hijas. Antonio Maura se dirigió a ellas tratando de llevarles consuelo y resaltando que el presidente había muerto por la patria. La ilustre viuda iba vestida con traje de casa, tal como la sorprendió la noticia. No podía evitar que le desbordara el dolor. Entre sollozos, le dijo a Maura: “Ya se lo tenía yo pronosticado a Eduardo. Se empeñaba en ir siempre solo. Esto le ha costado la vida”.
DATO 7
Poco antes, Dato había tenido graves presentimientos de que su fin estaba próximo. El último domingo de febrero lo había pasado con su entrañable amigo el conde Bugallal, ministro de la Gobernación, quien habría de encargarse interinamente de la Presidencia del Consejo de Ministros. Sostuvo con él una conversación confidencial en la que le hizo partícipe de sus temores. Tan preocupado llegó a estar que redactó una cuartilla con las disposiciones para su entierro. Aunque con posterioridad esta cuartilla fue rota, mostrándose Dato tan sereno como siempre, no dejó por ello de insistir en la transmisión de sus previsiones en caso de muerte en conversaciones con sus familiares.

El Rey se enteró del fallecimiento de Dato cuando se encontraba en el Teatro Real. La noticia le produjo una honda impresión. Inmediatamente se dirigió a palacio, desde donde mandó a sus ayudantes para recabar todo tipo de información sobre el suceso.

 Como jurisconsulto fue director de la Revista General de Legislación y Jurisprudencia.
La nota fundamental de su carrera política fue la firmeza de sus convicciones (pero flexible y correcto), su lealtad a la dinastía Borbónica y su defensa de la ley.
Iniciador de reformas sociales, se preocupó por el trabajo femenino e infantil. Fue el creador del Ministerio de Trabajo, legislando sobre los accidentes laborales y sobre el ascenso en la magistratura por antigüedad.
Dato fue miembro de la Academia de las Ciencias Morales y Políticas a partir de 1910 y miembro permanente del Tribunal Internacional de La Haya, del que fue elegido Vicepresidente en 1913.
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 Recibió las siguientes condecoraciones: el collar de la Real Orden de Carlos III, de manos del rey de España, y la Cruz de San Gregorio Magno y Casto de Portugal. Como homenaje póstumo, el Rey Don Alfonso XIII confirió el Ducado de Dato a su hija y heredera.
 Eduardo Dato tiene dedicado el nombre de la calle principal de Vitoria. También tienen rotuladas calles en su honor Zaragoza, Córdoba, Madrid, Palencia, Palma de Mallorca y Sevilla.

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Dato Iradier, Eduardo (1915)El gobierno y la cuestión económica. Discursos pronunciados por… en el Senado. Madrid: (S.i.). 41 pp. (Senado, Sig. F.A. Caja 243-22).
Dato Iradier, Eduardo (1915) Las Reformas Militares en el Congreso. Discurso pronunciado por el Excmo. Sr. D.
Torres, Alfonso (1921) A la memoria del Excmo. Sr. D. Eduardo Dato e Iradier, Presidente del Consejo de Ministros. Oración fúnebre pronunciada por… En la Iglesia de San Francisco el Grande, de esta Corte. Madrid: Instituto Geográfico y Estadístico

Fotografías históricas por cortesía de D. Eduardo Valero

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