Historias de la historia de España; Capítulo 16. Érase un magnicidio hace 100 años frente a un escaparate.

Magnicidio canalejas
José Canalejas Méndez nació en El Ferrol a las 3 de la mañana del 31 de julio de 1854 y murió a los 58 años en Madrid el 12 de noviembre de 1912 en la Puerta del Sol. Abogado y político regeneracionista español, fue ministro de Fomento, de Gracia y Justicia, de Hacienda y ministro de Agricultura, Industria, Comercio y Obras Públicas durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena y Presidente del Consejo de Ministros y nuevamente ministro de Fomento y ministro de Gracia y Justicia durante el reinado de Alfonso XIII.
Gran orador, llegó a discutir con Cristino Martos en los pasillos del congreso , fue tal la violencia del altercado, que derivó en un duelo a sable, el 4 de enero de 1890, en la calle de Alcalá, cerca de Ventas, Canalejas calló herido con un corte en la frente.
Su paso por la política vino acompañado también por una dilatada vida intelectual. Ya con diez años tradujo del francés la novela Luis, el joven emigrado trabajando también como profesor de Literatura. En 1875 publicó en dos tomos Apuntes para un curso de literatura latina. Tres años más tarde publicó el libro Derecho parlamentario comparado. En 1910 publicó el libro Estudios sobre las Regalías de la Corona de España. Además colaboró en prensa y dio muchas conferencias.Gran orador, presidió también la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y la Asociación de Escritores y Artistas Españoles durante el periodo de 1909 a 1912.
José Canalejas recibió numerosas condecoraciones como las grandes cruces al Mérito Naval, Mérito Militar, Beneficencia y Carlos III; las medallas de la coronación del Rey, de Cuba, de Alburquerque y Villaviciosa; el Collar de la Torre y la Espada de Portugal; la Cruz de San Mauricio de Italia, la del León de Bélgica, la de San Carlos de Mónaco y la Nacional de Bolivia.
Biografía de un asesinato
CANALEJAS 13
El 12 de octubre de 1912, a las 11:25 de la mañana, pasaba D. José Canalejas por la Puerta del Sol, sólo y a pie después de haber despachado con S.M. el Rey. Regresaba de su domicilio de la calle de las Huertas y como tenía convocado Consejo de Ministros en el Ministerio de Gobernación en plena Puerta del Sol, decidió dar un paseo, dirigiéndose desde su casa por la Plaza del Ángel, y calle de Espoz y Mina para llegar al Ministerio. Antes de cruzar la calle de Carretas, se detuvo ante el escaparate de la Librería San Martín para ver algunos libros que allí había expuestos. A una distancia prudencial, seguía al señor Canalejas el policía de Presidencia, el sr. Borrego. El asesino que seguramente espiaba la ocasión de asesinar al Presidente.
En aquel momento, un hombre joven, de mediana estatura, bien vestido, con un gabán gris claro, pantalón azul marino, sombrero flexible, se acercó al Presidente por la espalda y sin que éste se hubiera apercibido, sacó una pistola Browning de gran calibre, y apoyándose en su hombro hizo sobre su víctima tres disparos consecutivos ocasionándole la muerte casi instantáneamente.
La confusión que se produjo fue enorme. El número de personas que a las 11.25 pasaba por aquella acera era considerable y los disparos causaron el pánico consiguiente.
El sr. Canalejas, herido de muerte, por el proyectil, no hizo más que dar unos pasos vacilantes, desplomándose al suelo. Cayó al suelo el Presidente frente a la Librería. El criminal, al ver que Canalejas caía y la gente se arremolinaba a su alrededor, trató de huir entre unos coches que allí había estacionados.
Uno de los agentes de Policía que seguía a cierta distancia al Presidente, al presenciar el crimen, se lanzó sobre el asesino consiguiendo darle un golpe con el bastón que llevaba. Simultáneamente, uno de los que por allí pasaban, de nombre Víctor Galán, ordenanza de “”La Filarmónica””, y al presenciar el atentado, se lanzó
también sobre el asesino. Este, acorralado, vio que no podría librarse de un linchamiento y entonces dirigió el arma contra sí mismo haciendo dos nuevos disparos, uno contra el policía, que por suerte no le alcanzó, y con la bala que quedaba en el tambor, se disparó en la cabeza.
El Presidente permaneció unos momentos caído en el suelo ante el estupor de los que se habían arremolinado a su alrededor. Pero al poco tiempo era trasladado al Ministerio de la Gobernación por cuatro agentes de Orden Público. Allí, los médicos que de inmediato acudieron, no pudieron hacer más que certificar su defunción.
El asesino, aún vivo, fue llevado a la Casa de Socorro del Distrito de Centro en la cercana Plaza Mayor.

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Heridas mortales
El Sr. Canalejas había recibido una herida en la región occipital con orificio de entrada detrás de la oreja izquierda y de salida por el oído derecho. La muerte había sido instantánea. La herida era mortal de necesidad.
En cuanto al asesino-suicida, en estado agónico, fue trasladado a la Casa de Socorro del Distrito de Centro situada en la vecina Plaza Mayor, donde fué recibido por el Médico de Guardia quien le practicó un rápido reconocimiento, apreciando una herida de bala con orificio de entrada en la región temporal derecha y otro desalida en la región parietal izquierda. A las 2:23 fallecía sin haber recobrado el conocimiento siendo trasladado seguidamente al Depósito Judicial donde se le practicaría la autopsia.
Sobre el cadáver fueron hallados una partida de nacimiento, un retrato de mujer con la dedicatoria “”A mi inolvidable Manuel””, un documento con el rótulo “Conflagración mundial: París” redactado en clave, un folleto de propaganda anarquista, un fragmento de la “Astronomía Popular” de Flammarion, un número del periódico ABC del día del crimen, una pluma estilográfica de oro, una cédula personal y una carta del Comité Internacional de Ginebra en la que se le preguntaba si seguía trabajando en la obras del Palace Hotel y por último, un billete de 25 pesetas, 16 en plata y 1.55 en calderilla.
Los documentos demostraban que el asesino era Manuel Pardinas Serrano, nacido en El Grado (Huesca) el 1º de enero de 1886. Era hijo de Agustín Pardinas Ferriz, carabinero licenciado y de María Serrano. Era un conocido y peligroso anarquistaEl cuerpo del Presidente Canalejas fue expuesto en el Salón principal del Ministerio de la Gobernación que desde entonces se conoce como “Salón Canalejas”. El Rey D. Alfonso XIII, visiblemente emocionado, se presentó de inmediato en el Ministerio acompañado del Marqués de la Torrecilla y del General Aranda que era el Ayudante de Guardia. Ante el cadáver del Presidente fue informado por el Jefe Superior de Policía que le dijo: “El criminal está fichado en la Jefatura” a lo que el Rey le contestó secamente: “¡Pues sí que han vigilado ustedes bien!”.

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Epílogo
Canalejas sabía que le acechaba la muerte. Conocía la existencia del anarquista Pardinas y sabía que era un hombre muy peligroso. Pocos días antes había confesado a su esposa () que “estaba de mal humor porque se había perdido la pista de un hombre peligroso”. Doña María le había preguntado:
“¿Un anarquista?”
“Sí”, le había contestado Canalejas, ” y de acción. Estaba en Francia y allí le seguía la pista un policía español para conocer sus pasos, pero al parecer, le perdió la pista y sólo supo que se había internado en España y tengo el convencimiento de que nos dará algún disgusto serio. Se llama Pardinas”.
La Prensa y cuantos conocían a Canalejas manifestaron que “aquel crimen se podía haber evitado”.
Como decimos, el Regeneracinismo acabó realmente con Canalejas -al menos el político y el económico, quien junto a los suyos deseaba la creación de una verdadera “clase media” (cuarto estamento), e imponer en España un sistema basado en el bipartidismo -muy cercano al americano o al inglés-. Los apoyos para lograrlo vinieron desde el Mundo Anglosajón y no tanto de Francia (como se piensa). Debido en mi opinión, a que la reinaMaria Victoria Eugenia era inglesa, tanto como al hecho de que aEstados Unidos y al Reino Unido les interesaba estabilizar nuestro país en una forma muy similar a la suya, para poder influir sobre él (“colonizarlo” en cierto modo, civicamente). Pese a todo, mayores intereses parece que había en el interior hispano para que “la cosa” no cambiara y que los caciques continuaran ejerciendo su poder; de igual forma a como lo llevaban haciendo durante todo el siglo XIX. Algo que finalmente convertiría a España en un polvorín, que saltó con un Golpe de Estado dado pocos años después de la muerte de Canalejas. Lo que definitivamente llevó al descrédito de la monarquía y desembocó en la Segunda República (sistema que tampoco pudo estabilizarse por iguales motivos a los siempre referidos).
Escritor y periodista, Canalejas fundó en 1890 el Heraldo de Madrid.

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Fotografías históricas por cortesía de D. 

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