Historias de la Historia de España. Capítulo 7. Érase un motín, un Duque y unas ronchas sospechosas.

motin de arganda
Motines, conflictos, desórdenes sociales, son una constante a lo largo de la edad moderna. En la mayoría de los casos el estallido de la revuelta popular es el resultado de un cúmulo de factores que poco a poco ha ido generando un creciente descontento, y en el que la protesta actúa como única vía de escape de las clases sociales más desfavorecidas. En una sociedad tremendamente injusta e insolidaria, donde no hay más ley que la del Señor, ni más razón que la del poderoso, no cabía más respuesta en situaciones extremas que la del grito reivindicativo de la multitud, haciendo oir la opinión del pueblo sobre una actuación, situación o persona. En el caso de Arganda, el motín es un movimiento antiseñorial.
El descontento social no viene dado por motivos fiscales, o por el alto precio de un producto de primera necesidad, sino por la pérdida del privilegio de ser villa de realengo.Todos los pueblos preferían estar bajo la jurisdicción directa de la corona, y Arganda no era una excepción.Después de cuatrocientos años de haber sido vasallos del Arzobispo de Toledo, en 1581 toman la decisión de endeudarse por tal de conseguir no servir más que al Rey, sin desde luego pensar que treinta años más tarde no sólo iban a volver a ser vasallos, sino que el nuevo Señor era el peor de los señores posibles.El siniestro Duque de Lerma, paradigma del desgobierno y la corrupción, sumaba a su infinidad de cargos y prebendas, el derecho de administrar justicia, recaudar impuestos y nombrar los oficiales de la villa de Arganda.
No era la primera vez que el valido de Felipe III tenía que enfrentarse con muestras de desprecio, ningún pueblo lo quería por Señor, y así se lo habían manifestado cuando había ido a tomar posesión de otras villas, pero sin llegar a la virulencia de Arganda, donde la revuelta fue general y se llegó a la agresión directa.
Era normal que las ciudades se resistieran a perder sus privilegios, y que determinados sectores sociales, generalmente de una extracción social media (clérigos, artesanos, oficiales), se atrevieran a cuestionar el desmedido poder y ambición de la aristocracia.Este fue también uno de los motivos que llevaron a la rebelión de la mítica Fuenteovejuna, tras ser desvinculada de Córdoba por el Comendador mayor de Calatrava, poco partidario de la monarquía.La particularidad de Fuenteovejuna es que según la tradición nadie se puso de lado del tirano, poco creible pero así se cuenta. En Arganda en una primera fase pocos, muy pocos, se oponen a las intenciones del Duque, y los veintiocho que se atreven encauzan su protesta por la vía pacífica. Reclaman justicia ante los tribunales, e intentan argumentar y convencer al resto mediante buenas palabras. Pero finalmente lo que era una lucha por un derecho, el de ser villa del Rey, se convierte en unos momentos y por una serie de curiosos sucesos, en una cuestión de honor, y que enlaza directamente con los dramas de honra que tanto gustaban en la época y que popularizó Lope de Vega. El tema del honor era uno de los ejes de esa sociedad, está presente a todas horas y en todas las bocas, y si además la afrenta es pública y a la máxima autoridad de una villa, motivos sobran para contestarla, venga de quien venga, aunque sea del todopoderoso y temido Duque de Lerma. Y así fue, recibiendo una lección que no olvidaría, y que además sirvió para mostrar, sin dudas ni divisiones, el sentir unánime del pueblo de Arganda con su nuevo Señor.
El gobierno de la villa estaba a cargo de dos alcaldes ordinarios, que eran elegidos anualmente, y cuatro regidores (cargo equivalente a los actuales concejales). En 1613 eran los siguientes:
Alcaldes: Felipe Sanz
Bautista de Beas
Regidores: Gabriel de Vilches
Andrés Rendero
Juan de Plasencia
Francisco García
Junto a los puestos de gobierno había varios oficios concejiles, encargados de diversos aspectos de la administración municipal:
Procurador: Juan Lebrero
(representante de la villa ante Tribunales y otras instancias del Estado)
Alguaciles: (dos)
(agentes ejecutores de la Justicia)
Guardas viñaderos: (seis)
(encargados de la vigilancia de los viñedos)
Pregonero: Gabriel Gómez
Receptores: (tres)
(recaudadores de impuestos)
Escribano: Juan Gordo
(secretario y fedatario del Ayuntamiento)
Mayordomo: Andrés González
(administrador de las alcabalas e impuestos)
Alcaldes de la Santa Hermandad: Juan de Sancho
(gobernadores del campo) Baltasar de Vallés
El conocido como Motín de Arganda es un curioso suceso que tuvo lugar en la villa de Arganda en 1613, y como desdichado protagonista a Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, Marqués de Denia, primer Duque de Lerma y valido de Felipe III, y durante más de veinte años el personaje más poderoso y odiado de todo el Estado. Pero el motín es sobre todo un fascinante testimonio de la lucha de un pueblo en defensa de su dignidad, libertad e independencia. Gentes humildes que se endeudan por tal de no caer en manos de un señor, y que años más tarde se ven en la absoluta necesidad de bajar la cabeza y ofrecerse nada menos que al Duque de lerma, pero será una derrota con final feliz y que parece salido de una comedia de Lope.Personajes como el rebelde clérigo Alonso Lebrero o el increible gesto del alcalde Felipe Sanz, son elementos que pensamos facilitan e invitan que haga
posible su puesta en escena. Seguidamente se exponen de un modo conciso los contenidos principales de este episodio histórico.Para una más fácil comprensión del suceso hemos optado por exponerlo a modo de diario, paso a paso, ya que en realidad el Motín es sólo la
culminación de una serie de acontecimientos que comienzan muchos años atrás.
1.599.- El valido Francisco Gómez de Sandoval es nombrado Duque de Lerma. Aprovecha su privilegiada situación para enriquecerse y otorgar a sus familiares los más altos cargos, ante el desagrado y repulsa de otras familias cortesanas.
1.601.- Movido por sus intereses traslada la Corte a Valladolid, originando innecesarios gastos.En 1606 vuelve a instalarse en Madrid.
1.602.- Con el fin de constituir un mayorazgo para su hijo Don Diego y como prueba de su poderío comienza una carrera por la adquisición de ciudades. La primera es Valdemoro, propiedad del Marqués de Auñon.
1.602, junio .- Los reyes Felipe III y su esposa Margarita de Austria se hospedan en la Quinta del Embajador Khevenhüller.
1.603.- La Compañía de Jesús se establece en Arganda con unos fines exclusivamente comerciales se dedica al cultivo extensivo del viñedo, llegando a adquirir un tercio de las mejores haciendas de la villa, hasta su expulsión en 1764.
1.606.- La Corte vuelve a Madrid, y con ella se traslada también Miguel de Cervantes, personaje de ascendencia argandeña por la rama materna y por lo tanto Ayuntamiento de Arganda del Rey. Archivo de la Ciudad muy al corriente de las intrigas e intereses que comenzaban a girar en torno a Arganda.
1.606, Mayo.- Muerte del Embajador Khevenhüller. Al no dejar ningún heredero en España todas sus propiedades de Arganda son malvendidas, y no se cumple su deseo de que su palacio de Arganda se vendiera al Rey. Es, como no, el Duque de Lerma quien lo adquiere en la irrisoria cantidad de 12.000 escudos, cuando estaba apreciado en 40.000. El palacio es sólo un primer paso, desde él tiene los primeros contactos con algunos vecinos para conseguir su verdadero propósito, la villa de Arganda.
1.607.- Este año pasan a engrosar el patrimonio de la casa de Lerma varias ciudades como Tudela de Duero, Torquemada y Santa María del Campo. 1.608, Marzo.- Al ir a visitar sus nuevas villas es recibido poco respetuosamente por sus nuevos vasallos. En Santa María quitan el escudo de Duque de la puerta de la villa, en Torquemada lo ensucian, y en Tudela aparecen pasquines en su contra. La aversión al valido iba en aumento. En el verano de ese mismo año aparecen en los lugares más frecuentados de Madrid otros pasquines incitando a los madrileños a levantarse contra el tirano “que tenía esclavizado al Rey y hundido al pueblo en la miseria”.
1609, Abril.- Felipe III decreta la expulsión de los moriscos, incluidos los más de doscientos que poblaban el barrio del Arrabal en Arganda.
1.610.- El Duque de Lerma, viudo y con cincuenta y siete años, tenía proyectado casarse con una hermosa y rica viuda de cuarenta, pero a última hora el novio se arrepiente, dejando a la condesa muy enojada.
1.611.- Se inicia la operación del Duque para anexionarse la villa de Arganda. Una idea que ya tenía cuando adquirió el palacete del Embajador Khevenhüller, y allí Ayuntamiento de Arganda del Rey. En lo que hoy conocemos como “Casa del Rey”, llegó a un primer acuerdo
para hacerse cargo del pago al Rey del impuesto de alcabalas, y el a su vez se lo cobraría a los vecinos de Arganda. Es decir, a cambio de una mínima cantidad, el de Lerma se convierte en el gestor y recaudador de un impuesto muy rentable que era potestad de la corona.
1.612.- Se tienen los primeros contactos serios con el Duque de Lerma para negociar la venta de la villa. Los principales impulsores con el hidalgo Diego Ortiz de Vargas, el caballero García Bravo de Acuña y el canciller real Jorge Olalde de Vergara, con casa y hacienda en Arganda. Según ellos, es la única forma de acabar con las deudas contraídas al comprar su independencia en 1583, y que habían elevado el precio de los artículos de consumo y llevado al vecindario a una situación de necesidad. Aunque sin duda lo que realmente perseguían era alegrar los oídos y conseguir prebendas del personaje más poderoso de todo el Estado.
1613, Enero, 20.- Después de los primeros contactos favorables con el Duque se realiza una primera reunión oficial del Concejo en la que se acuerda, ya con opiniones en contra, iniciarlos pasos para vender la jurisdicción de la villa. Una comisión se traslada a Madrid y entrega personalmente al Duque un Memorial con las siete condiciones que debe cumplir con la villa en el caso que pase a formar parte de sus estados. Sorprendentemente el Duque no pone la más mínima objección y promete “hacer merced de todo lo que se le pide”.
1.613, Enero, 30.- Se hace nuevo Concejo Abierto en el que se comunican “las capitulaciones y mercedes que se han obtenido del Duque”. Al mismo tiempo, se empiezan a organizar los que serán los principales defensores de que Arganda siga vinculada a la corona.Encabezados por el clérigo Alonso Lebrero, y seguidos por el también clérigo Juan de Plasencia, el licenciado Diego de Vallés y el Alcalde de la Santa Hermandad Juan de Sancho, presentan un Memorial al Rey en el que le expresan su deseo de seguir bajo la jurisdicción real, y le exponen varias soluciones para acabar con las deudas de la villa, sin necesidad de venderse a ningún Señor.
1613, Febrero, 9.- El Juez Real Justino de Chaves llega a Arganda, se hospeda en una posada y manda al pregonero Gabriel Gómez que anuncie “que mañana domingo diez, a las dos de la tarde, en la parte acostumbrada, se hará Concejo Abierto para que cada uno de la opinión sobre la licencia que se pidió para vender la jurisdicción de la villa”.
1613, Febrero, 10.- Con media hora de retraso, esperando a los que nunca llegaron, se inicia el Concejo Abierto. A pesar de ser festivo sólo asisten 360 de los 636 cabezas de familia censados, un importante y significativa ausencia.Había que decidir el futuro de la villa y el cuarenta por ciento de los vecinos deciden no asistir a la votación, su postura puede interpretarse como una forma de protesta. El voto era nominal, vecino a vecino, ¿ Quien se podía atrever a contradecir en público al todopoderoso Duque de Lerma?. Fueron 28 los que tuvieron semejante gesto, con nombres y apellidos y dando argumentos para contradecir la venta.Los 322 restantes se declaran favorables a la operación, y acusan a los contradictores de guiarse “por su pasión y fines particulares por vivir con libertad y sin respeto a la justicia ya que son hombres inquietos que en ocasiones han sido procesados y desterrados pon andar con sus ganados en los panes, viñas y olivares, y han tratado mal y dicho descomposturas al alcalde Felipe Sanz, y siendo la villa de Señor se a de poner remedio en ello”. Otros muchos, la mayoría, reconocen que apenas saben nada de estos asuntos, pero el temor y respeto al poderoso les hace bajar la cabeza.
1613, Septiembre, 8.- Se realiza Concejo Abierto para ratificar la escritura de venta ante el Juez comisionado por su majestad, y presentado el título de su Excelencia alcaldes y regidores “lo obedecen y ponen en sus cabezas con el acatamiento debido”, en la fachada de las casas del concejo se instalan las armas del Duque. Comienza a aparecer el verdadero rostro del primer ministro de Felipe III hasta ahora tan complaciente con las peticiones de la villa, en el documento que se lee ante los vecinos se les recuerda que “guardarán al señor Duque la fidelidad que los vasallos y súbditos deben a su señor, y le obedecerán y acatarán y besarán la mano, y que ahora y en todo el tiempo del mundo le guardarán todas las preeminencias como si la dicha villa fuera de la Real Corona, y que juran no hacer reclamación contraria a esta venta y si se hiciera se dará por nula, y si fuera puesto pleito la villa saldrá a la defensa del señor Duque”.Tanta advertencia revela las serias dudas que tenía el de Lerma con su nueva villa, y es posible que despertara a más de un vecino confiado en sus buenas intenciones.
1613, Septiembre, 13.- En otras ocasiones había tardado más de un año el Duque en tomar posesión, pero en el caso de Arganda no llegó a la semana, le movía el apetito de poseer cuanto antes lo que tantos quebraderos del estaba ocasionando. Desde El Escorial parte hacia Arganda, nada menos que acompañado de su tío el Inquisidor General y Cardenal –Arzobispo de Toledo, don Bernardo Sandoval y Rojas, los máximos representantes de Iglesia y Estado.Era un día grande y había mandado para la ocasión organizar diversas fiestas y correr toros, sin embargo era otra la fiesta que le esperaba, un amotinamiento de la villa con el protagonismo del clérigo Alonso Lebrero, el alcalde Felipe Sanz (hasta ahora proclive a la venta) y el mismo Duque de Lerma.Es el cronista real Luis Cabrera de Córdoba quien recoge este episodio que contribuyó a la caida del valido de Felipe III.
La cuestión es que el valido de Felipe III, por su paradigma de desgobierno y corrupción entre otras cosas, tenía que enfrentarse continuamente a muestras de desprecio, ningún pueblo lo quería por Señor, y así se lo habían manifestado cuando había ido a tomar posesión de otras villas. La diferencia fue que en Arganda ese rechazo propició una revuelta general donde se llegó a la agresión directa el día de su recibimiento. En realidad se suceden unos hechos bastante cómicos. Al llegar la comitiva a la plaza un cochero del Duque cae muerto ante el alboroto de la multitud, pero un compañero de cochero lo llama ‘borracho’ y lo aparta de un tortazo creyendo que no estaba muerto. Entonces, la gente se agolpó sobre los carruajes y el Duque intentó sobornar al alcalde con 200 ducados temiendo por su integridad. Pero la contestación del alcalde avivó los ánimos aún más: “No los quiero, el agravio no se ha hecho a mi persona, sino a la vara”. De lo que pasó después sólo se supo que el Duque tuvo que recurrir a un sangrador para curarse unas ronchas que le habían salido y que nada más amanecer al día siguiente volvió a Madrid.

 

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