Historias de la Historia de España. Capítulo 1. Érase una semana un pelín trágica.

La Semana Trágica de Barcelona es el periodo comprendido entre el 25 de julio y el 1 de agosto de 1909. En Barcelona estalló una revolución y sus calles quedaron en manos de los revolucionarios socialistas, radicales y anarquistas, las consecuencias afectaron gravemente a las personas y las cosas. Hubo duras repercusiones en el cinturón de Barcelona y esporádicas en otras provincias.

1semana tragicaEl desencadenante de estos violentos acontecimientos fue el decreto del Primer Ministro Antonio Maura de enviar  tropas de reserva a las posesiones españolas en Marruecos, en ese momento muy inestables, siendo la mayoría de estos reservistas padres de familia de las clases obreras.

Parece que el chispazo que encendió la mecha fue el anuncio realizado por el gobierno de Maura el 11 de julio de 1909 para que los reservistas se incorporaran al servicio activo en Marruecos. El motivo era defender las instalaciones industriales de empresas españolas que estaban siendo atacadas por tribus rifeñas, asegurando de esta manera el abastecimiento de los minerales de hierro a sus factorías.

Las tropas rifeñas habían atacado a los trabajadores que construían el ferrocarril minero en la zona de Beni-Fru-Ifrur a las puertas de Melilla. Los combates causaron serias bajas entre las tropas españolas. Importantes son los números de muertos en el Barranco del Infierno, el Barranco del Lobo y el Monte Gurugú, bastión rebelde que domina la ciudad de Melilla, por lo que se requerían  urgentes  refuerzos que atiende el Gobierno de Maura decretando el envío de varios Batallones de guarnición en Barcelona que comienzan a embarcar en su puerto el 11 de Julio.

 Brigadas Mixtas de Cataluña, Madrid y Campo de Gibraltar, además de otras unidades militares que complementarán a las Brigadas, con el objetivo de acabar con la rebelión rifeña y asegurar el control de la “zona de influencia” española en el norte de Marruecos. En la orden de movilización se incluyó a los reservistas de los cupos de 1903 a 1907, medida muy mal acogida por las clases populares debido a que la legislación de reclutamiento vigente permitía quedar exento de la incorporación a filas o consiguiendo que fuera otra persona en su lugar a cambio de dinero, o mediante el pago de un canon de 6.000 reales, cantidad que no estaba al alcance del pueblo (el sustento diario de un trabajador ascendía en la época aproximadamente a 10 reales). Además, la mayor parte de los reservistas eran padres de familia, en las que la única fuente de ingresos era el trabajo de éstos.

A partir de la publicación del decreto de movilización el 10 de julio se sucedieron las protestas en contra de la guerra en forma de artículos en la prensa, de mítines y manifestaciones, que en muchas ocasiones fueron prohibidos por el gobierno, y en algunas localidades se vivieron momentos de tensión con motivo de la salida de las tropas (aunque en otras, como Cádiz o Málaga, se produjeron despedidas entusiásticas y “patrióticas”). En Madrid se produjeron incidentes en la estación de ferrocarril de Mediodía en la noche y la madrugada del 20 al 21 de julio cuando se procedió al embarque de la Brigada Mixta de Madrid al mando del general Pinto. También los hubo en las estaciones de tren de Zaragoza y de Tudela.

 El gobierno, ante la presión popular y de la prensa, acordó el 23 de julio conceder una pensión de 50 céntimos diarios a las esposas e hijos huérfanos de madre de los reservistas movilizados.

 Pero en la tarde del domingo 18 de julio cuando se procedía al embarque del batallón de Cazadores de Reus, integrado en la Brigada Mixta de Cataluña, la tensión estalló. Algunos soldados arrojaron al mar los escapularios y medallas que varias aristócratas barcelonesas les habían entregado antes de subir al vapor militar Cataluña, mientras hombres y mujeres gritaban desde los muelles:

¡Abajo la guerra! ¡Que vayan los ricos! ¡Todos o ninguno!

La policía tuvo que hacer varios disparos al aire y detuvo a varias personas.

 El hecho es utilizado por los agitadores anarquistas y activistas socialistas. Los grupos revolucionarios se presentaron en el puerto para exaltar a la multitud contra los embarques intentando evitarlos. A partir de entonces y debido a la lógica intervención de la fuerza pública para contenerlos, comienzan los disturbios que se extienden rápidamente por la ciudad, obligando al Gobierno a decretar el “estado de guerra” y reforzar a la Policía con la Guardia Civil.

EL 18 de julio (habría que recopilar los hechos relevantes ocurridos en la historia de España los 18 de julios), Pablo Iglesias propuso en un mitin una huelga general contra la guerra y a favor de la paz, con todas sus consecuencias. La situación empeoró el 21 de julio, cuando los socialistas catalanes exigieron a la secretaría general de Madrid de su partido proclamara la huelga general en toda España.

El 24 de julio, anarquistas de Barcelona, formaron un Comité de huelga, recorrieron la ciudad reuniendo dinero para el fondo de resistencia. Finalmente el comité de huelga estuvo formado por los republicanos radicales (Lerroux), los socialistas junto con la UGT y los anarquistas de Solidaridad Obrera. El objetivo, la huelga general revolucionaria.

Las protestas aumentaron en los días siguientes cuando llegaron noticias de que se habían producido gran número de bajas entre los soldados españoles enviados a Marruecos. El jueves 22 de julio los diputados de Solidaritat Catalana se hacían eco del “sentimiento popular” y exigían al gobierno la “reunión inmediata de las Cortes” para debatir la cuestión de la guerra y las “condiciones en que se practica el reclutamiento de las tropas expedicionarias”. El gobernador civil de Barcelona, Ángel Ossorio y Gallardo, prohibió la reunión de Solidaritat Obrera que iba a celebrar el sábado 24 de julio para confirmar la propuesta de ir a una huelga general, por lo que fue un Comité de Huelga clandestino, integrado por Antoni Fabra i Ribas (un socialista que intentó sin éxito que la movilización barcelonesa se pospusiera para que coincidiera con la huelga general que el PSOE y la UGT iban a convocar en toda España, y que finalmente tendría lugar el 2 de agosto con poco seguimiento, debido a las medidas represivas adoptadas por el gobierno que incluyeron la detención en Madrid el 28 de julio de Pablo Iglesias (y el resto de la cúpula dirigente socialista), José Rodríguez Romero (sindicalista) y Miguel V. Moreno (anarquista), el que fijó un paro de 24 horas para el lunes 26 de julio,8 el cual degenerará en la Semana Trágica.

Cronología de una Semana

 Lunes, 26 de julio

En Barcelona la huelga se inició en los barrios periféricos, donde se encontraban la mayoría de las fábricas. Allí se quemaron las casetas donde se cobraban los odiados consumos. Después los obreros se trasladaron al centro de la ciudad donde se produjeron disturbios cuando intentaron detener por la fuerza los tranvías y obligaron a cerrar los comercios y los cafés. El Capitán General de Cataluña, Luis de Santiago, siguiendo las directrices del ministro de la Gobernación De la Cierva, proclamó el “estado de guerra”, a lo que se opuso el gobernador civil, Ángel Ossorio y Gallardo, que dimitió de su cargo.

De Santiago decidió esperar a recibir refuerzos desde Valencia y Zaragoza para empezar a actuar y se limitó a proteger los principales edificios públicos. Por la tarde se generalizaron los disturbios, en los que murieron dos personas, cuando los huelguistas intentaron detener completamente la circulación de los tranvías. Además dos comisarías de policía fueron asaltadas. Barcelona quedó paralizada, sin gas y sin luz, sin periódicos, e incomunicada con el exterior por ferrocarril, por telégrafo o por teléfono.

Una manifestación encabezada por mujeres y niños fue disuelta a tiros en el Paseo de Colón, frente al edificio de la Capitanía General. A partir de entonces la revuelta se transformó en insurrección.

A medianoche ardió el primer edificio religioso, el Patronato Obrero de San José, en Pueblo Nuevo, regentado por los hermanos maristas.

Martes, 27 de julio

En Barcelona se levantaron cientos de barricadas y varias armerías fueron asaltadas para proveerse de pistolas y fusiles. La violencia se dirigió contra las iglesias y las propiedades eclesiásticas, especialmente los conventos, los colegios y los patronatos de las órdenes religiosas. En el espacio de pocas horas ardieron muchos edificios religiosos. En algunos casos los frailes y las monjas y los bienes fueron respetados, pero en la mayoría los incendiarios se lanzaron al saqueo y al pillaje y se quemaron muebles y enseres. El cura párroco de Pueblo Nuevo murió asfixiado en el sótano de su iglesia donde se había refugiado. También se profanaron los cementerios de algunos conventos. El punto culminante de la violencia anticlerical se produjo durante la “noche trágica” del martes al miércoles en la que ardieron veintitrés edificios en el centro de la ciudad y ocho conventos en la periferia, y muchos religiosos sufrieron insultos y escarnios, como una monja anciana que fue obligada a desnudarse para cerciorarse de que no ocultaba nada entre los hábitos.

 

La inicial protesta antibelicista se había transformado en protesta anticlerical con el incendio de iglesias, conventos y escuelas religiosas.

La llegada de noticias de Marruecos sobre el Desastre del Barranco del Lobo, donde perecieron de 200 a 300 reservistas, en su mayor parte del contingente que salió de Barcelona el día 18 de julio, avivó la insurrección.

Miércoles, 28 de julio

Barcelona amanece con numerosas columnas de humo procedentes de los edificios religiosos asaltados e incendiados. A lo largo del día continúa la violencia anticlerical y los tiroteos entre los insurgentes y las fuerzas de orden público. Los incidentes más graves se producen en el barrio de San Andrés de Palomar donde los rebeldes armados con fusiles capturados a los guardias de las casetas de consumos y a miembros del Somatén levantan barricadas e incendian la iglesia parroquial. No obstante este día llegan los primeros refuerzos militares, provenientes de Zaragoza y de Valencia, a los que se les hizo creer que iban a reprimir un movimiento “separatista”.

Jueves, 29 de julio, al Domingo, 1 de agosto

Empezando por la zona de las Ramblas y el puerto, unos 10.000 soldados fueron ocupando la ciudad de Barcelona, mientras la moral de los insurgentes iba cayendo a medida que eran conscientes de que la rebelión no estaba siendo secundada en el resto de España. Entre el viernes y el sábado la ciudad fue recuperando poco a poco la normalidad excepto en los barrios de San Andrés y de Horta, donde continuaron los tiroteos y donde se produjeron los últimos incendios y saqueos de conventos y de colegios religiosos. El domingo volvieron a publicarse los periódicos. El lunes 2 de agosto los obreros barceloneses, a los que la patronal les prometió que cobrarían el salario de la semana como si nada hubiera ocurrido, volvieron al trabajo.

El capitán general logra sofocar la revuelta al terminar el mes de julio mediante columnas mixtas del ejército y la Guardia Civil.

Un final un pelín represivo

 La revolución en Barcelona finalizó el sábado 31 de julio. Al final, la Semana Trágica dejó un balance de 75 civiles y 8 militares muertos, además de cientos de heridos y numerosos destrozos en la ciudad .El número de sacerdotes asesinados por la cólera fue de 3 y una gran número de religiosos heridos.

Alrededor de 450 personas fueron juzgadas y condenadas, 17  fueron condenados a muerte, aunque sólo se ejecutaron a 5, uno de los ejecutados fue Francisco Ferrer y Guardia. Ferrer era un auténtico anarquista revolucionario, que tenía la esperanza de que la huelga general se convirtiera en una revolución. En la madrugada del 13 de octubre de 1909, Ferrer fue fusilado en el castillo de Monjuich.

El ministro de la Gobernación Juan de la Cierva y Peñafiel, inicia de inmediato, el 31 de julio, una represión durísima y arbitraria. Se detiene a varios millares de personas, de las que 2000 fueron procesadas, resultando 175 penas de destierro, 59 cadenas perpetuas y 5 condenas a muerte. Además se clausuraron los sindicatos y se ordenó el cierre de las escuelas laicas.

Los cinco reos de muerte fueron Josep Miquel Baró, un nacionalista republicano ejecutado el 17 de agosto de 1909 en el castillo de Montjuic, como los otros cuatro; Antonio Malet Pujol, un republicano lerrouxista, ejecutado el 13 de septiembre; Clemente García, el joven discapacitado mental que había bailado con el cadáver de una monja por las calles de Barcelona, ejecutado el 4 de octubre; Eugenio del Hoyo, un ex guardia civil y guardia de seguridad; y el más conocido de todos ellos Francisco Ferrer Guardia, pedagogo anarquista cofundador de la Escuela Moderna.

La condena a muerte y el fusilamiento el 13 de octubre de Ferrer Guardia, a quien se culpó de ser el instigador de la revuelta siguiendo la acusación formulada en una carta remitida por los prelados de Barcelona, desencadenó una amplia repulsa hacia Maura en España y en toda Europa, organizándose una gran campaña en la prensa extranjera, así como manifestaciones y asaltos a diversas embajadas. Y aquí es cuando  el rey cede al chantaje del Bloque de izquierdas al régimen y el 21 de octubre de 1909, Maura acude solo al palacio del rey y sin dejar decir una palabra,  Alfonso XIII le admite una renuncia que Maura no le había presentado. Maura comentó a sus ministros a la vuelta de la visita, llegué a palacio y el rey me dijo “No esperaba yo menos de su patriotismo. Qué gran servicio presta usted a la monarquía”. Antonio Maura confesaría a sus hijos, “me ha fallado el muelle real”.

ferrer fusilado

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 Fuentes:
  • Culla i Clarà, Joan B. (1999). «La semana trágica y la caída de Maura». En Miguel Ángel Bastenier y Vicente Verdú. Protagonistas del siglo XX. Madrid: Diario El País. pp. 70-71; 73.
  • García Rodríguez, José Carlos (2010). ¿Arde Barcelona? La Semana Trágica, la Prensa y la caída de Maura. Astorga (León): Editorial Akrón.
  • Martín Corrales, Eloy (ed.) (2011). Semana Trágica. Entre las barricadas de Barcelona y el Barranco del Lobo. Barcelona: Edicions Bellaterra. ISBN 978-84-7290-528-3.
  • Moliner Prada, Antonio (ed.) (2009). La Semana Trágica de Cataluña. Alella (Barcelona): Nabla ediciones. ISBN 978-84-92461-34-9.
  • Ullman, Joan Connelly (1972). La Semana Trágica: estudio sobre las causas socioeconòmicas del anticlericalismo en España, 1898-1912. Esplugues de Llobregat (Barcelona): Ariel.
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