Juana Millán. La primera imprentista española.

Poco se sabe de la vida y milagros de Juana Millán, pero lo conocido es que gran parte de su vida la pasó al pie de la letra. Porque ella fue, al menos de la que queda constancia por escrito, la primera impresora española, que firmó con su propio nombre (Luana Milliana) en 1537 el libro «Hortulus passionis», que recientemente ha sido adquirido por la Biblioteca Nacional de España.

Sí se sabe que Juana fue esposa, primero, y luego viuda, de dos importantes impresores aragoneses: Pedro de Hardouin, de origen francés, y Diego Fernández. Tras la muerte de Hardouin, en 1536, Juana Millán se hizo cargo del taller y en él concluyó este «Hortulus passionis». Posteriormente, contrajo matrimonio con Hernández, quien se hizo cargo de la imprenta hasta su fallecimiento, en 1549. Luego, el negocio pasaría a manos de Agustín Millán, hermano de Juana, y finalmente a las de su sobrino, Juan. Se sabe que Juana no sabía escribir y que solía ser Agustín quien la acompañaba en los trámites e industrias de sus negocios.

Así pues, su caso es muy parecido al de Jerónima Gales y Catalina de Barrio, que igualmente se pusieron al frente de las imprentas regentadas por sus maridos al fallecer estos. Juana Millán es uno de los primeros nombres en la historia de la imprenta zaragozana del siglo XVI: sólo la preceden Jorge Coci, Leonardo Hutz y su marido Pedro Hardouyn. Otra conocida impresora aragonesa fue María Solórzano, viuda de Bartolomé Nájera, pero nunca usó su nombre. Imprimió obras realmente importantes como «Las obras» (1562) de Ausias March, el «Libro de los secretos» (1563) de Alexo Piamontés, «Jardín de flores curiosas, en que se tratan algunas materias de la humanidad, philosophia, theologia y geographia» (1571) de Antonio de Torquemada, «Therapeutica methodo de Galeno en lo que toca a cirurgia: recopilada de varios libros suyos» (1572) o el «Libro de la oración» (1573) de Andrés Capilla.

Solo existe constancia de la existencia de otra mujer dedicada anteriormente a la imprenta, Juana Ruiz, que trabajó en Sevilla alrededor de 1527. Pero no se conserva hoy en día ninguna impresión firmada con su nombre.

Del libro, impreso en Zaragoza, hasta ahora solo se sabía que estaba registrado en el Catálogo de La Seo, pero nunca fue visto. Tal y como explica la Biblioteca Nacional, «el volumen es un impreso en octavo con letra redonda de dos tamaños en el texto y gótica de uno en las apostillas marginales; incluye dos grabados xilográficos y capitales grabadas igualmente en madera. El ejemplar está encuadernado en piel y su procedencia es de notable interés, ya que perteneció a cuatro significativos bibliófilos aragoneses: Juan María Sánchez, Juan Crusells, Luis Marquina y Enrique Aubá».

Como asegura la BNE, «con la adquisición de esta obra, la Biblioteca Nacional de España lleva a cabo una significativa contribución al conocimiento de la historia del libro hispano en el siglo XVI y, más en concreto, del papel desempeñado por las mujeres en el desarrollo de la imprenta en nuestro país».

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