Historias de la historia de España. Érase un Espadón de Loja, Unas tropas que fueron a ver al Papa y que de paso asustaron A Garibaldi.

Capitán de diario del Cuerpo del Estado Mayor, Expedición a los Estados Pontificios 1849. Viste el uniforme reglamentario de 1843 dulcificado con un cuello más bajo y de bordes redondeados, el pantalón lleva una franja azul celeste y lleva refuerzos de cuero para montar a caballo. El fiador del sable es azul y al costado derecho lleva un portapliegos con el emblema del Cuerpo en oro.

Los robos e incendios de iglesias y conventos, las matanzas de frailes en 1834 y 1835, la desamortización de Mendizábalde 1836 y la feroz política anticlerical de los gobiernos radicales desde 1836 hasta 1843 provocaron la ruptura de relaciones diplomáticas con la Santa Sede.

Precedido por su fama de liberal, en junio de 1846 fue elegido Papa Pío IX. Fama que aumentó por las medidas liberalizadoras que, como soberano temporal, otorgó a su pueblo y por la instrumentalización de
los liberales más exaltados de modo que en algunas cortes europeas recelaron de sus concesiones y, en España, círculos reaccionarios le tildaron de Robespierre con tiara.

Pero cuando el 29 de abril de 1848 el Papa, oponiéndose al clamor popular, no quiso entrar en guerra contra Austria junto a los otros estados italianos, la fama de liberal se transformó en odio, los revolucionarios se adueñaron de las calles, el 15 de noviembre apuñalaron al ministro Rossi y, al día siguiente, los mismos círculos patrióticos que orquestaron ese asesinato movilizaron al populacho ante el palacio del Quirinal para exigir al Papa un gobierno a su medida. Tras un tumulto armado, el Papa claudicó y quedó prisionero en su propio palacio, pero con la ayuda de los embajadores de Baviera, Francia y España, el 24 de noviembre consiguió huir a Gaeta, en el vecino reino de Nápoles.
Las principales cortes europeas quedaron conmocionadas y planearon ayudar militarmente al Papa. En España se produjeron también movimientos de apoyo; el gobierno ordenó rogativas en todas las iglesias y, en el Congreso, Donoso Cortés pronunció el 4 de enero de 1849 el famoso discurso contra los revolucionarios, fuertemente ovacionado.

RAZONES PARA INTERVENIR

←Movimiento de las tropas españolas 1849

Desde la coronación de Isabel II en 1833, la política exterior española había estado demasiado influida por Francia e Inglaterra, pero el año 1848 supuso un antes y un después.

En Francia, la caída del gobierno del rey Luis Felipe I y la declaración de la república no convenían al gobierno de Narváez, mientras que la ruptura de la relaciones diplomáticas con Inglaterra por el incidente con el embajador Bulwer –entrometido en la política interna española y finalmente expulsado- permitieron a España trazar su propia política exterior.

Narváez estaba en el momento álgido de su carrera tras vencer a los revolucionarios de la primavera del
48 y alcanzar fama de héroe europeo. Ahora, la revolución romana y la violencia contra el Papa le brindaban otra oportunidad porque el gobierno español necesitaba restablecer las relaciones con la Santa Sede, un concordato que sanase las heridas causadas por la desamortización y, finalmente, atraerse a los carlistas por su apoyo a la causa romana.

El gobierno español tomó la iniciativa de organizar conferencias de naciones católicas para restaurar la autoridad territorial del Pontífice y, para respaldar su política exterior y dar seguridad al Papa,
ese mismo día ordenó que una flotilla zarpara hacia Gaeta. Paralelamente a la propuesta española, en las principales cortes europeas se negociaban y proponían otros planes de intervención militar, que nofructificaban por la rivalidad entre Francia y Austria. Las dilaciones favorecían a los revolucionarios romanos, que declararon el 9 de febrero de 1849 la República romana y el fin del poder temporal del Papa. Éste, ante estos graves hechos solicitó, por medio del cardenal Secretario de Estado Giacomo Antonelli, la ayuda militar de Austria, España, Francia y Nápoles.

“El terror era tal
que, según me ha
asegurado el obispo
de Cuenca, si a la
sazon hubiérase
hallado un vapor
español en el puerto,
el Santo Padre no
hubiera vacilado en
embarcarse para
Mallorca”

Despacho de Córdova al ministro de
la Guerra, Gaeta, 28 de mayo de 1849

Los cuatro ministros plenipotenciarios se reunieron en Gaeta para concretar la intervención militar y estudiar medidas políticas para garantizar la neutralidad y estabilidad del Estado pontificio. Pero
las conferencias resultaron un fracaso y sus decisiones fueron muchas veces por detrás de las acciones militares. Francia, pretendiendo ejercer una mayor influencia en Italia, de forma imprevista y soslayando los acuerdos previos, envió a Civitavecchia una expedición de 8.000 hombres que sería derrotada bajo los muros de Roma el 30 de abril.

ESPAÑA ENVÍA SUS TROPAS

A finales de febrero de 1849 había llegado a Madrid la petición del cardenal Antonelli de intervención y también una propuesta de actuación conjunta hispano-napolitana, procedente de Viena y París, para salvar las diferencias mutuas. Entre finales de febrero y primeros de marzo el gobierno español ordenó preparar
una división de 10.000 hombres, pero unos días más tarde Francia se retractó del apoyo ofrecido a la intervención española y en el norte de Italia estalló la guerra austro-sarda. La peligrosa situación decidió al gobierno español a suspender el envío de las tropas, pero la rápida victoria austríaca, la salida de la expedición francesa hacia Civitavecchia y el compromiso adquirido por el gobierno hizo que a primeros de mayo enviara una expedición de 5.000 soldados al mando del general Fernando Fernández de Córdova. La expedición española llegaba a Gaeta el 27 de mayo de 1849 y al día siguiente era revistada y bendecida por el propio Papa, a quien acompañaba el rey de Nápoles. El gobierno español envió otro
contingente al mando del general Zavala, que llegaba a Terracina el 5 de julio, alcanzándose los 9.000 hombres. Para transportar la expedición de operaciones distante 500 leguas de la península, se creó una división naval al mando del brigadier José María Bustillo.

EL GENERAL Y SUS TROPAS
El general Fernando Fernández
de Córdova contaba con:
à 1 batallón de granaderos
à 8 batallones de infantería
à 1 regimiento de caballería
à 3 baterías de artillería
à 1 compañía de ingenieros
La división naval tenía 22 buques.


Con 21 años obtuvo el grado de teniente coronel y el mando de un batallón al incorporarse en abril de 1834 a la tropa isabelina de Gerónimo Valdés. Carecía de toda experiencia militar, ignorando el esfuerzo físico que debía realizar el soldado de a pie, mientras que él sólo se movía montado a caballo. Bien pronto, al igual que su hermano Luis, fue detestado por la tropa que tenía a su mando por el mal trato que dispensaba a sus soldados. Él mismo cuenta en sus memorias que nada más recibir el mando en Vitoria, al ver que uno de sus soldados no saludaba como debía a un teniente, «…mandé en el acto al batallón poner armas al hombro y haciendo salir al granadero veinte pasos al frente, hícele despojar de sus armas y equipo y aplicar sesenta palos por cuatro cabos de la compañía al toque de fagina. Ejecutado con rigor el castigo y casi exánime el granadero, lo mandé conducir al hospital».

Los nueve meses que permanecieron nuestros soldados en tierras de la Iglesia se emplearon en restablecer el orden y la autoridad pontificia en las cuatro provincias que ocuparon, no haciéndose necesario sostener ningún combate. Las acciones militares contra los republicanos romanos fueron ejecutadas por los franceses y austríacos. Los primeros, tras la afrentosa derrota sufrida, tomaron la capital sin permitir que los otros aliados colaborasen, mientras que los austríacos ocuparon las ciudades más
importantes del norte.

Tras la caída de Roma, la única acción que podían emprender los españoles, para no ser meros espectadores, era la persecución y destrucción de Garibaldi cuando huyó de la capital el 2 de julio al frente de 4.500 hombres. Pero el movimiento lo iniciaron demasiadotarde pues el general Córdova, para estar más cerca de Roma y maniobrar más rápidamente, había adelantado su posición de Terracina a
Velletri -lugar de la famosa batalla del 11 de agosto de 1744, entre las tropas de Felipe V y las austríacas-, y perdió un tiempo precioso esperando y organizando los refuerzos. La marcha se desarrolló del 14 al 18 de julio a través de los montes de la Sabina, por un terreno accidentado que impedía maniobrar a la caballería y con sendas intransitables para la artillería.

“Si éste [Garibaldi]
u otros pretenden
volver a Vd. loco
con guerrillas,
llamándole la
atención en
muchas partes
para obligarle
a subdividir sus
hombres, ni los
subdivida V. ni les
haga caso, que V. no
debe comprometerse
a hacer una clase de
guerra deslucida y
comprometida para
los extranjeros”

Narváez a Córdova. carta particular,
16 de junio de 1849

Además, los franceses les impidieron pasar por el camino real que conducía a Rieti y que cruzaba su zona de operaciones, por lo que Córdova dejó atrás la artillería y parte de la caballería. Al llegar a Rieti y conocer que Garibaldi había entrado en la zona de influencia austríaca cesaron la persecución. La marchasirvió para demostrar una vez más las grandes cualidades del soldado español para marchar y soportar el esfuerzo físico, cualidades que les hizo ganarse la admiración de los otros ejércitos y el temor fundado de Garibaldi. Conquistada Roma y las principales ciudades de los Estados Pontificios y disueltas las huestes garibaldinas, el gobierno español dio por terminada la misión. En el mes de diciembre de 1849 empezaron a repatriarse las primeras tropas y el 5 de marzo siguiente llegaba a Barcelona el general Córdova con el último soldado

ESTADO DE LA CUESTIÓN

En la historiografía española la opinión que ha prevalecido sobre esta intervenciónmilitar ha sido la de la oposición gubernamental, contraria a enviar tropas en apoyo del Papa y combatir la República romana. El diputado puritano Antonio Benavides calificó esta política de sentimental; Jerónimo Becker, historiador que ha inspirado a otros estudiosos, sostiene que las tropas se mandaron tarde y mal, después del fracaso de las conferencias de Gaeta, mientras que si hubiesen llegado dos meses antes habrían podido participar en las operaciones, afirmando, incluso, que nuestros soldados no tenían que haber ido puesto que la restauración del Papa era inevitable, bien de mano de los franceses bien de los austríacos.

Pero estas posturas ni se ajustan ni concuerdan con la realidad de los hechos. Las conferencias diplomáticas no sólo no habían terminado sino que únicamente habían celebrado la primera sesión cuando el gobierno español decidió mandar las tropas. Tampoco podemos admitir que si hubiesen llegado dos meses antes podían haber tomado parte en las operaciones; más bien denota que, una vez más, Becker desconocía los preparativos del gobierno para mandar una expedición a finales de febrero, y que sólo la prudencia del general Narváez, suspendiendo momentáneamente su envío, evitó que la dolorosa derrota que sufrieron las tropas francesas hubiese sido la nuestra.


Ramón María Narváez y Campos, (Loja, Granada, 5 de agosto de 1800 – Madrid, 23 de abril de 1868), fue un militar y político español, siete veces Presidente del Consejo de Ministros de España entre 1844 y 1868. Conocido como El Espadón de Loja.

Curiosidades

Ramón María Narváez, teniente del
2º regimiento de Guardias Walonas y
ayudante del general Mina, recibió el
19 de octubre de 1822 la orden de volar
un torreón de Castelfullit (Gerona),
acción que consumó derribando a hachazos
la puerta que no había caído del
todo; allí recibió un balazo y, aun así,
retiró del campo de batalla a otros heridos.
Esta acción le valió la Laureada de San Fernando.

Calificar la decisión del gobierno de política sentimental tampoco parece demasiado acertada. Basta revisar los intereses que empujaron a Narváez a enviar a nuestros soldados para comprobar que, más que de política sentimental, habría que calificarla de pragmática. Y sostener que nuestros soldados no tenían que haber ido, puesto que no podían modificar el resultado de las acciones de las dos potencias, es negar la capacidad de hacer política exterior propia y dejarla en manos de las grandes potencias.
Nuestros soldados acudieron llegado el momento, y el papel que desempañaron lo hicieron cumplidamente. Su disciplina, porte y preparación causaron admiración y supieron ganarse la confianza de los pueblos donde estuvieron. Incidentes hubo, pero cuando conocieron al soldado español de cerca, los habitantes pedían que fuesen a protegerlos y darles seguridad con su presencia.

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Fuentes

revista atenea n.º 35
La expedicion 1849 en defensa del Papado

Fernando Fernández de Córdova. Mis memorias íntimas. Madrid, 1886.

http://1898.mforos.com/1026832/7204624-la-expedicion-a-los-estados-pontificios-1849/

Ficha © JJ. Creativos, Capitán de diario del Cuerpo del Estado Mayor Expedición a los Estados Pontificios 1849,(por José Mª Bueno Carrera). Composición con emblema, faja, armas y elementos del Estado Mayor por José Cusachs y Cusachs.

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