ÉRASE UN FELIZ AÑO NUEVO DE 1874 Y ENTRE TODOS LA MATARON… Y CON PAVÍA SE MURIÓ.

 “Señores, con Fernando VII murió la monarquía tradicional; con la fuga de Isabel II, la monarquía parlamentaria; con la renuncia de don Amadeo de Saboya, la monarquía democrática; nadie ha acabado con ella, ha muerto por sí misma; nadie trae la República, la traen todas las circunstancias, la trae una conjuración de la sociedad, de la naturaleza y de la Historia. Señores, saludémosla como el sol que se levanta por su propia fuerza en el cielo de nuestra patria”. Tras el elocuente discurso de Castelar, entre encendidos aplausos, fue proclamada la República Española, con la resignación de los monárquicos, por 258 votos a favor y sólo 32 en contra:
La Asamblea Nacional resume todos los poderes y declara la República como forma de gobierno de España, dejando a las Cortes Constituyentes la organización de esta forma de gobierno. Se elegirá por nombramiento directo de las Cortes un poder ejecutivo, que será amovible y responsable ante las mismas Cortes.En esta misma sesión, se eligió el primer gobierno de la República. El republicano federal Estanislao Figueras resultó elegido “Presidente del Poder Ejecutivo” (jefe de Estado y Gobierno) y no “Presidente de la República” pues nunca se llegó a aprobar la nueva Constitución que creaba ese cargo; en su discurso, dijo que la llegada de la República era «como el iris de paz y de concordia de todos los españoles de buena voluntad».

La aprobación de esas resoluciones sorprendió y desconcertó a toda España, ya que en las Cortes, elegidas pocos meses antes, los republicanos eran una minoría. Ruiz Zorrilla afirmaba en plena Asamblea:

Protesto y protestaré, aunque me quede solo, contra aquellos diputados que habiendo venido al Congreso como monárquicos constitucionales se creen autorizados a tomar una determinación que de la noche a la mañana pueda hacer pasar a la nación de monárquica a republicana.

Para muchos, dada la imposibilidad de restaurar a Isabel II y la juventud del futuro Alfonso XII, la República es la única salida posible, aunque sólo sea como medida provisional, en razón del fracaso inevitable que la aguarda.

 Entanislao Figueras


Este primer gobierno lo formaban federales y progresistas, que ya habían sido ministros durante la monarquía. En él cuatro ministros del rey Amadeo; Echegaray, Becerra, Fernández de Córdoba y Berenguer, ocupaban los ministerios de Hacienda, Guerra, Marina y Fomento.

Al comenzar, afrontaban una desesperante situación financiera: déficit presupuestario de 546 millones de pesetas, 153 millones en deudas de pago inmediato y solo 32 millones para cubrirlas. El Cuerpo de Artillería había sido disuelto en el momento de más virulencia en las guerras cubana y carlista, para las que no había suficientes soldados, armamento ni dinero con el que alimentar o adquirirlo. Por otro lado, España atravesaba una aguda crisis económica, coincidente con la gran crisis mundial de 1873.

 Pi y Margall

Se suele considerar a Pi y Margall como el alma de este gobierno que hubo de enfrentarse a un sinfín de problemas ya endémicos para la Primera República (Tercera Guerra Carlista; sublevaciones separatistas, en este caso de Cataluña; indisciplina militar, conspiración monárquica, etc.)

Presidiendo un Consejo de Ministros, harto de debates estériles, llegó Estanislao Figueras a gritar en catalán: «Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!» Tan harto que el 10 de junio dejó disimuladamente su dimisión en su despacho en la Presidencia se fue a dar un paseo por el parque del Retiro y, sin decir una palabra a nadie, tomó el primer tren que salió de la estación de Atocha. No se bajó hasta llegar a París.

Tras la huida a Francia de Figueras, al advertir el vacío de poder ya iba a pronunciarse el general Manuel Sodas cuando un coronel de la Guardia Civil, José de la Iglesia, se presentó con un piquete en el edificio del Congreso y anunció a los diputados que de allí no salía nadie hasta que eligieran a un nuevo Presidente. Eligieron el día 11 de junio al también federalista Francisco Pi y Margall, que al presentar a su gobierno ante la Asamblea declaró que no tenía programa y que no sabía qué hacer. El esfuerzo principal del nuevo gobierno sería la elaboración de una nueva Constitución, así como la aprobación de una serie de leyes de carácter social: el reparto de tierras desamortizadas entre arrendatarios, colonos y aparceros, el restablecimiento del ejército regular, con levas obligatorias, la separación de la Iglesia y el Estado, la abolición de la esclavitud, la enseñanza obligatoria y gratuita, la limitación del trabajo infantil, la creación de jurados mixtos de empresarios y trabajadores, el derecho a la sindicación obrera y la jornada de trabajo de 8 horas.

 Gobierno de Nicolás Salmerón


Tras aceptar la dimisión de Pi y Margall, fue elegido Presidente del Poder Ejecutivo Nicolás Salmerón, con 119 votos a favor y 93 votos en contra.El nuevo presidente, que era un republicano federal moderado, defendía la necesidad de llegar a un entendimiento con los grupos más moderados o conservadores y una lenta transición hacia la república federal. Su oratoria era demoledora. Francisco Silvela decía que Salmerón, en sus discursos, sólo usaba un arma: la artillería. Antonio Maura caracterizaba el tono profesoral de don Nicolás diciendo que «siempre parece que esté dirigiéndose a los metafísicos de Albacete».

Gobierno de Emilio Castelar
 El más propio espectáculo a la española

Al día siguiente, el 7 de septiembre, fue elegido para ocupar la Presidencia del Poder Ejecutivo el unitario Emilio Castelar, catedrático de Historia y destacado orador, por 133 votos a favor frente a los 67 obtenidos por Pi y Margall. Durante su anterior etapa, como Ministro de Estado en el gobierno de Estanislao Figueras, promovió y consiguió que se aprobase la abolición de la esclavitud en el territorio ultramarino de Puerto Rico, aunque no en Cuba por la situación de guerra que vivía.

La sesión del 2 de enero (1874) la dedicó el presidente a hablar de su buena gestión, del restablecimiento de orden público, de las dificultades de la Tercera Guerra Carlista….etc, pero los federales se lanzaron en tromba contra don Emilio Castelar, a quien respaldaba el capitán general de Madrid, don Manuel Pavía. La sesión parlamentaria se suspendió a las siete de la tarde y se reanudó a las once de la noche con un duro discurso de Salmerón en respuesta a Castelar. A las cinco de la madrugada se procedió a la votación de la moción de confianza, resultando contraria al gobierno de Castelar: 119 votos contra 101. Dimitió el último presidente de la República, y el de las Cortes, que era Nicolás Salmerón, ordenó proceder a nueva votación para elegir a un nuevo jefe del Poder Ejecutivo.
 Y como es cosa normal en España, ¿cómo acaban las repúblicas?

El Golpe de Estado del General Pavía. (Texto recreado por Juan J. Godoy Espinosa de los Monteros)

Sábado 3 de enero de 1874. Madrid, 7 menos cinco de la mañana, dos grados bajo cero; yo, el Capitán General de Madrid, Manuel Pavía y Rodríguez de Alburquerque, militar progresista y republicano, al que el desorden del federalismo siempre han puesto nervioso, enterado de los acontecimientos que se están llevando a cabo en el Congreso y viendo la posibilidad de retornar a la República Federal, he decidido actuar de inmediato, poniendo en marcha un contingente de tropas y mandando dos informadores al Presidente de la Cámara.

 Poco tiempo después, en el hemiciclo, Nicolás Salmerón, anuncia que ha recibido una “orden” del capitán general de Madrid, para que se desaloje el Congreso de inmediato, “Señores diputados, hace pocos minutos que he recibido un recado u orden del capitán general (creo que debe ser el ex-capitán general de Madrid), por medio de dos ayudantes, para decir que se desalojase el salón en un término perentorio”.

 Los diputados se han exaltado, enfurecido y envalentonado, gritan ¡vivas! a la República, a la soberanía nacional, … Piden armas para defenderse, me destituyen privándome de mis condecoraciones, y se animan para permanecer hasta la muerte en su escaño con el fin de defender la República Federal.

 Mientras veo la situación de desmembramiento en la que puede quedar nuestra madre patria, he mandado situar en la plaza frente al edificio a mi estado mayor, dos compañías de infantería, una batería de montaña (para la que he dispuesto cartuchos de cañón sin bala por si necesito hacer mayor intimidación, pero creo que no precisaré de usarlos) y otras dos compañías de la Guardia Civil. El coronel Iglesias, ha vuelto a ordenar a dos ayudantes que impongan a Salmerón la disolución de la sesión de Cortes y el desalojo del edificio en cinco minutos.

 La Guardia Civil, que custodia el Congreso, se ha puesto bajo el mando de mi estado mayor ocupando los pasillos del edificio (no llegando a entrar en el hemiciclo). De nuevo, y por segunda vez, el coronel Iglesias en persona entra en la Cámara indicando que, según ordena el capitán general de Madrid, se desaloje de inmediato. Nuevamente se produce un revuelo, los diputados se enaltecen, vociferan, vuelven los ¡vivas! e increpan a los guardias. El Presidente se les enfrenta: “Yo declaro que me quedo aquí y aquí moriré”. Se oyen los primeros disparos … Es entonces cuando los valientes diputados dejan a la carrera sus escaños y huyen por todos los rincones, saltando por las ventanas. A lo que Iglesias, sorprendido, ha preguntado: «Pero señores, ¿por qué saltar por las ventanas cuando pueden salir por la puerta?». Los pocos políticos que quedan, con Castelar al frente, han sido desalojados por la misma Guardia Civil que minutos antes custodiaba el Congreso.

 La I República ha finalizado cuando el reloj del hemiciclo marca las siete y media, todo se ha completado con la ocupación militar de los puntos neurálgicos de Madrid…. Mientras todo esto ocurre en el Congreso, yo, Manuel Pavía sigo en mi despacho del Ministerio del Ejército, y mi caballo, del que se asegura que es blanco, ha permanecido en todo momento en los establos.

 Fdo. Manuel Pavía y Rodríguez de Alburquerque. Capitán General de Castilla la Nueva, Marqués de la Almenara y de la Ensenada.

 Epílogo

Pavía, que era republicano unitario, le ofreció a Emilio Castelar continuar en la presidencia, pero este rehusó al no querer mantenerse en el poder por medios antidemocráticos. Estos hechos supusieron el final oficioso de la Primera República, aunque oficialmente continuaría casi otro año más.

Serrano fue nombrado presidente del gobierno y del Poder Ejecutivo, instaurando una especie de dictadura republicana de talante conservador; su ambición era perpetuarse como dictador, pero la destrucción de las fuerzas republicanas había abierto el camino para la restauración de los Borbones, precipitada en aquel mismo año por el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto con la aquiescencia gubernamental, sin oposición popular y a favor de la restauración monárquica en la persona de don Alfonso de Borbón y Borbón. Cánovas del Castillo toma el control asumiendo el ministerio-regencia a la espera del rey, lo que supuso el nacimiento de la RESTAURACIÓN BORBONICA. En diciembre de 1874 el príncipe Alfonso, futuro Alfonso XII, proclama el Manifiesto de Sandhurst , firmado en la academia militar del mismo nombre donde estaba estudiando , manifiesta su disposición a ser rey de España «…ni dejaré de ser buen español ni, como todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal».. Alguna semanas después de produjo el cambio de régimen.

El General Martínez Campos se pronunció en Sagunto, con la aquiescencia gubernamental, sin oposición popular y a favor de la restauración monárquica en la persona de don Alfonso de Borbón y Borbón. Cánovas del Castillo toma el control asumiendo el ministerio-regencia a la espera del rey, lo que supuso el nacimiento de la RESTAURACIÓN BORBONICA.

 ¡Viva España!

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