La Gran Cruz Laureada de Alfonso XII

Nos Vemos Los Jueves

Momento en el que Baldomero Espartero-Álvarez de Toro impone la Gran Cruz Laureada de San Fernando (ganada en 1835) al joven Alfonso XII

1.jpg

Nos ponemos en situación.

Visto el capítulo de la semana pasada de la serie El Ministerio del Tiempo, y que trata sobre un atentado a S.M. D. Alfonso XII, se ven varias incongruencias en parte del atuendo de dicho Rey para ser  el año de 1881. Y una de esas faltas es bastante importante como para dejarla pasar.

Acontecimientos anteriores

III  Guerra Carlista

Todo el mundo sabe que fue una guerra civil desarrollada en España entre 1872 y 1876, entre los partidarios de Carlos, duque de Madrid, pretendiente carlista con el nombre de Carlos VII, y los gobiernos de Amadeo I, de la I República y de Alfonso XII. Antiguamente fue conocida por la historiografía española como «segunda guerra civil».

Esta guerra civil se desarrolló sobre todo…

Ver la entrada original 1.479 palabras más

EL COMENTARIO DEL DÍA (7 de junio de 2017) ‹‹IGNACIO ECHEVARRÍA. UN HÉROE ESPAÑOL EN LONDRES›› General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

General Dávila

Ignacio Echevarría. Un héroe español en Londres No lo comprendo muy bien. Han sido demasiados días hasta saber que se encontraba entre las víctimas del atentado yihadista de Londres. Alguien debe asumir tan grave irresponsabilidad.

Ignacio Echevarría, abogado, 38 años, natural de Ferrol y trabajando en Londres desde hace pocos meses. Es el héroe al que no deberíamos olvidar porque su actitud ha sido ejemplar por heroica.

La actitud de las autoridades británicas nada ha tenido de ejemplar y no hay posible excusa a tan bochornosa forma de gestionar las consecuencias de este terrible atentado terrorista yihadista. Ni flema inglesa ni elecciones al canto. La tragedia debe de tener contundente respuesta y con especial sensibilidad, respeto y delicadeza, debe tratarse a los que sufren el atentado y a sus familias. Les guste escucharlo o no, pero las autoridades británicas han mostrado una actitud poco encomiable. Ineficacia e irresponsabilidad…

Ver la entrada original 276 palabras más

Cristóbal de Espinosa de los Monteros-Utrera y Mírez.

España mi natura; Italia mi ventura; Flandes mi sepultura

14572259_1679478362368042_5869439311917981642_n

Del famoso Almirante Don Christóbal de Espinosa de los Monteros – Utrera y Mírez. Señor de pueblos de indios en la isla de Los Pintados de Jesús

No solo por tierra más por la mar ha tenido este Reyno y Ciudad hijos que se han hecho conocer y estimar no solo en este mundo ártico más en el antártico, de quel fin otros muchos dará testimonio aquel valeroso Almirante del mar de las Filipinas Cristóbal de Espinosa de los Monteros hijo de un noble hidalgo llamado Pedro de Espinosa de los Monteros, descendiente de aquel famoso y ennoblecido que en las montañas tienen de donde toman el sobrenombre de fuerte que el blasón heredado de sus ascendientes lo matizó con el fino esmalte de la gloria de sus heroicos hechos.

Sus padres desde niño le enseñaron para lo que Dios ordenase del leer y el escribir y le dieron estudio…

Ver la entrada original 558 palabras más

Unamumo, Ortega, España y Europa (I)

Nos Vemos Los Jueves

Actualmente está en boca de todos el tema de Europa: Unión Europea sí, UE no, Brexit… Pero esto no es algo nuevo, y hace 100 años tenían el mismo problema. España había recibido un fuerte golpe con la pérdida de las últimas colonias de ultramar, el Desastre del 98, y la búsqueda de una identidad nacional estaba muy viva. Había reformistas, modernistas, europeistas, y muchos istas más.

miguel-de-unamuno-trabalibros

En el mundo intelectual de la época había tresmovimientos con gran importancia: la llamada Generación del 98, el modernismo y el novecentismo. En el primero y en el último cabe destacar dos personajes importantes contrarios en el tema europeo: Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset.

Unamuno era un defensor de España. Pero su España tenía que ser una España tradicional, rural, conservadora. Ortega prefería Europa. Una Europa de grandes ciudades, de nuevas costumbres, de cambio y de progreso.

Unamuno, como hombre…

Ver la entrada original 361 palabras más

Kassia

Nos Vemos Los Jueves

250px-Santa_KassiaKASSIA (805/10 – 865, Imperio Bizantino). Kassia, en ocasiones “Kassiani” o “Kassiane” al transcribir su nombre del griego Κασσιανή, fue una poeta, abadesa y compositora de la época bizantina. Su nombre ha pasado a la historia gracias a sus himnos y al verse implicada en los conflictos iconoclastas al ayudar a monjes y fieles que adoraban a las imágenes santas, lo que derivó en una condena de exilio durante su adolescencia.
Nacida de familia aristócrata, se dice que el emperador Teófilo se fijó en ella para ser su esposa -también al encontrarse regularmente en la corte y pensar la madre de éste, Eufrosine, que sería una candidata adecuada-, así que tras una suerte de interrogatorio público, en el que la muchacha dio a una pregunta una respuesta que no era del todo esperada, fue rechazada.
Ella lo que quería era ser esposa de Dios, no emperatriz, así que persiguió su…

Ver la entrada original 64 palabras más

Alfredo Kindelán Duany considerado fundador del actual Ejército del Aire de España.

858759_571035312908103_783278262_o

Nació en Santiago de Cuba el 13 de marzo de 1879, hijo del ingeniero militar Ultano Kindelán y Manuela Duany pertenecientes a acomodadas familias españolas de origen irlandés.
Su familia, que se había trasladado a España en 1882 por un cambio de destino de su padre, ingeniero militar, perdió toda su fortuna como consecuencia de la guerra con los Estados Unidos en 1898. Quedó huérfano de padre a los 13 años y a los 14 ingresó como cadete en la Academia de Ingenieros de Guadalajara del general general Vives. Es nombrado teniente en 1899.

Además de hacer frente a sus obligaciones familiares, contribuyendo al sostenimiento de la familia y a la educación de sus hermanos, se dedicó en los años siguientes a la primigenia aeronáutica.

En 1901 obtiene el título de piloto de globo aerostático en el Servicio de Aerostación Militar. Realizó numerosas ascensiones en globo y se convirtió en el primer piloto español de dirigible. Obtiene el tercer y cuarto puesto en sus dos únicas participaciones en el campeonato de globos de la Copa Gordon Bennett.

Durante las dos primeras décadas del siglo, se dedica también a colaborar con el desarrollo de la primera aeronáutica en distintos campos. Publica los libros Dirigibles y Aeroplanos (1910) y La flota aérea española (1916). Participó con el ingeniero Torres Quevedo en los trabajos de construcción del primer dirigible semirrígido español, el España.

Con la llegada del aeroplano, por encargo del gobierno y junto al general Vives desarrolla el estudio para la creación de una escuela de pilotos militar que finalmente se establece en el aeropuerto de Madrid-Cuatro Vientos y de la que se le encarga la dirección, obteniendo el primer título de piloto militar de aeroplano que en ella se expide. En 1913 se le nombra como jefe de Aviación del Servicio Aeronáutico Militar, asumiendo el mando de la primera escuadrilla que participa en la guerra de Marruecos. Destinado de nuevo a la península, en 1921 pone en marcha en Los Alcázares (Murcia) la Escuela de Combate y Bombardeo y en 1925 manda la Escuadra Expedicionaria, componente aéreo de la operación del desembarco de Alhucemas.

En 1926, ya general, Miguel Primo de Rivera lo nombra Director General de Aeronáutica. En esos años comienza la gestación de los grandes vuelos de la aviación española alrededor del mundo como el Plus Ultra de Ramón Franco o el Jesús del Gran Poder.

Alfonso XIII después del fracaso de la dictadura de Primo de Rivera al que apoyó, se ve obligado a exiliarse en Roma. Kindelán, marcadamente monárquico, se exilia y se traslada a Francia y luego Suiza al proclamarse la República. Trabaja como ingeniero en la empresa Saurer de Arbon. En 1934 regresa a España para colaborar activamente en la preparación de la sublevación que al fracasar da lugar a una guerra civil el 18 de julio de 1936.
Iniciada ésta, la Junta de Defensa Nacional del General Francisco Franco le nombra como Jefe del Aire, ocupando la Jefatura de los Servicios del Aire, haciéndose cargo de todas las fuerzas aéreas sublevadas durante toda la guerra. Kindelán había apoyado a Franco desde el principio como comandante general de las fuerzas militares y esto le había convertido en uno de sus hombres de confianza. Confiaba en Franco en gran parte como una buena oportunidad para así poder restaurar la monarquía con la mayor brevedad posible después del conflicto.

Según evolucionaba la guerra, el General Emilio Mola concentraba sus ataques en el frente del norte y Juan Vigón le había convencido de la necesidad de una solución rápida a la guerra. Esto se convirtió en un punto de discordia entre Franco y Kindelán que le pidió sucesivamente abandonar sus ataques en el frente de Valencia para así concentrarse totalmente en el frente norte. Criticó la participación de Franco en la batalla del Ebro por su larga duración y sugirió que su decisión de comprometerse en este frente en lugar de un ataque directo a Barcelona añadió cuatro meses más al final de la guerra.

Después de la victoria de Franco en 1939, Kindelán crítico con Franco -consideraba a Franco como un igual y no un superior- no dudaba en considerar el régimen franquista como una regencia y buscaba la restauración de Alfonso XIII. Ricardo de la Cierva propone a Kindelán para asumir el Ministerio del Aire (actual Cuartel General del Ejército del Aire), ya que como tal había ejercido durante la guerra. Sin embargo, Franco le sustituye y pone al General Juan Yagüe como jefe de la Fuerza Área, mientras desplaza a Kindelán nombrándolo responsable de la región aérea de las Islas Baleares. El gobierno de Franco en el contexto internacional se alinea con la Alemania Nazi, ya durante la guerra había recibido importante apoyo áereo de las potencias del Eje como la Legión Cóndor o la Aviación Legionaria. Kindelán a pesar de todo se muestra proclive a los aliados de la Segunda Guerra Mundial y forma parte del Estado Mayor de la conspiración monárquica contra Franco. Kindelán simpatizaba con el gobierno del Reino Unido hasta tal punto que los británicos lo utilizan para presionar a Franco a restaurar la monarquía y así forzar a España su neutralidad durante la guerra mundial. El 13 de diciembre de 1941 la embajada alemana se quejó de que Kindelán hubiese invitado al embajador del Reino Unido a su palco del Liceo de Barcelona.

En 1941 se hace con el cargo de Capitán General de Cataluña, un cargo diseñado por Franco para equilibrar a las distintas facciones dentro de los militares y así amortiguar el poder de Ramón Serrano Suñer y Falange. En noviembre de 1942, cuando el Ministro del Ejército Carlos Asensio está empujando a que España entre en la guerra, se reúne con Franco y le afirma que si esto ocurre, hará un golpe de estado para restaurar la monarquía. Kindelán contaba con el apoyo de un importante número de generales y aunque al principio Franco no reacciono, a los tres meses en 1943, consigue un nuevo cargo. Es nombrado Director a la Escuela Superior del Ejército y miembro académico de la Real Academia de la Historia, aunque no toma posesión del cargo.

En agosto de 1945, después de atacar a Franco en un polémico discurso pro-monárquico, pierde su cargo en la academia militar. Mientras tanto, su libro más importante, Mis cuadernos de guerra, se retrasa y sufre la censura. En el se trazan el desarrollo de la guerra civil y le eliminan un pasaje crítico con las decisiones de Franco en el frente del norte.
Kindelán en este momento se ve libre para dedicarse a las conspiraciones para asegurar la restauración al trono del infante Conde de Barcelona, Juan de Borbón. Cuando en 1946 se da a conocer el llamado manifiesto de Lausana donde se pide la restauración inmediata de Juan de Borbón, Franco identifica a Kindelán como el cabecilla del manifiesto y ordena su encarcelamiento. Fidel Dávila Arrondo hace un llamamiento a Franco para que tenga en cuenta sus servicios pasados y su avanzada edad, 67 años. El caudillo cedió y le envió al exilio a las Islas Canarias, a más de dos mil kilómetros de la capital del país, Madrid.

Tras la guerra en Europa, ahora con dos grandes frentes internacionales, Estados Unidos y la Unión Soviética, el Gobierno evolucionó hacia posturas monárquicas. En 1947 la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado define por primera el Estado franquista como un “Reino”, aunque manteniendo la Jefatura del Estado atribuida nominativamente a Franco, que en cualquier momento podría proponer a las Cortes la persona de su sucesor, a título de Rey o de Regente. En 1949 el General Kindelán pasa a la reserva con 70 años.

Durante los últimos años, Kindelán es parcialmente rehabilitado, ocupa su puesto en la Academia de Historia y se le concede la Medalla Aérea que sólo acepta con la aprobación de Juan de Borbón. En 1961 Kindelán es reconocido con el título nobiliario de Marqués, aunque el gesto fue interpretado como una broma irónica de parte de Franco, burlándose del hecho de que, a pesar de todos sus esfuerzos, Kindelán todavía no estaba viviendo en la monarquía que así deseaba.18 Murió al año siguiente en Madrid, el 14 de diciembre de 1962, con España todavía bajo el franquismo.

José Zorrilla

jose_zorrilla_24760-jpg_1306973099

El 21 de febrero de 1817 nació en Valladolid José Zorrilla, el más popular poeta romántico español. Hoy se le recuerda, sobre todo, como el autor de «Don Juan Tenorio». Al cumplirse el bicentenario de su nacimiento, el Ayuntamiento de su ciudad natal prepara una exposición sobre él, y el Instituto Cervantes, otra, sobre el mito de don Juan.

El 15 de febrero de 1837, en el entierro de Mariano José de Larra, la gran figura del Romanticismo español, que se había suicidado dos días antes, intervino inesperadamente un joven desconocido, leyendo un poema que causó gran sensación. Así comienza: «Ese vago clamor que rasga el viento/ es la voz funeral de una campana,/ vano remedo del postrer lamento/ de un cadáver sombrío y macilento/ que en sucio polvo dormirá mañana».
Ese joven desconocido se llamaba José Zorrilla, no había cumplido todavía los veinte años y vivía muy pobremente: «Llevaba únicamente propios, conmigo, mis negros pensamientos, mis negras pesadumbres y mi negra y larguísima cabellera». Un año antes, había abandonado los estudios de Leyes, que siguió en Toledo y Valladolid, obligado por su padre, y se escapó a Madrid, para seguir la carrera literaria.

La escena del joven poeta que se adelanta a recitar algunos versos (que algunos llegaron a creer improvisados) es plenamente romántica, parece extraída de una leyenda o un drama.

Si leemos con atención estos versos, comprobaremos que incluyen varias incongruencias: el último suspiro de un moribundo suele ser más débil que una campana; alguien que va a morir no suele estar radiante de alegría ni tener buen color; decir que reposará «en sucio polvo» no parece el mejor homenaje… No importa. Los versos del joven desconocido impresionaron a todos, por su musicalidad y su efectismo: son características que acompañarán siempre a la poesía de Zorrilla, que apela a los sentimientos, no a la lógica. La teatral escena sirvió para consagrar al joven poeta, que volvió a tratar el tema de la muerte –típicamente romántico– muchas veces: en sus poemas líricos y en los narrativos, las leyendas tradicionales, escritas en romance.

Sin ser un donjuán, tuvo una vida sentimental turbulenta. Huyendo de un matrimonio desgraciado, vivió en París, en Londres y, doce años, en México, donde disfrutó de la protección del emperador Maximiliano, que le honró como su poeta oficial y le nombró director del proyectado Teatro Nacional. Todo ello interrumpió su etapa de triunfos, en los teatros madrileños. La necesidad económica le llevó a vender al editor Manuel Delgado «la propiedad absoluta, para siempre, del drama original titulado “Don Juan Tenorio”, por la cantidad de 4.200 reales de vellón, para su impresión y representación…» La cantidad no era pequeña pero está claro que Zorrilla no podía imaginar el tremendo éxito que alcanzaría su drama. Por eso, él mismo señaló, muchas veces, sus defectos…

Al morir su esposa, volvió a España. Tenía ya 49 años y era un poeta envejecido. Las graves dificultades económicas le llevaron a dar lecturas públicas remuneradas de sus versos (como había hecho Dickens, en Inglaterra). A la vez, encarnaba, para muchos, el mito romántico del poeta que es faro y guía de la sociedad (como Víctor Hugo, en Francia). Fue coronado solemnemente como poeta nacional en Granada, en 1889.

Su discurso de ingreso en la RAE está escrito íntegramente en verso, una prueba de su facilidad para versificar: «En mi patria –escribió– sólo llevo mis versos por capital». Murió pobre, como había vivido, en Madrid, en 1893, a los 76 años: su entierro constituyó un acontecimiento nacional.

Poema enlazado → Un Tenorio un Poco Raro

—————————————————-
Artículo extraido de ABC. Andrés Amorós

Krasny Bor y la División 250

El 10 de febrero de 1943 se produce en los arrabales de Leningrado la batalla de Krasny Bor. Fue el más sangriento enfrentamiento en el que intervino la 250ª División de Voluntarios Españoles de la Wehrmacht, más conocida como la División Azul, en la cual 5.900 españoles equipados con armamento manual hicieron frente a 44.000 soldados del Ejército Rojo, repartidos en 4 divisiones, y apoyados por gran cantidad de artillería y tanques. Se produjeron casi 4.000 bajas entre los voluntarios españoles de la División Azul. El Ejército Rojo había tomado Krasny Bor, pero fue una victoria pírrica. Los 11.000 fallecidos en la operación ‘Estrella Polar’ se sumaría al millón de soldados soviéticos muertos en toda la batalla de Leningrado y el frente seguiría estable un año más.

Krasny Bor fue una batalla que tuvo lugar el 10 y 11 de febrero de 1943, cuando en el sector del frente de Leningrado defendido por la División Azul, recibió el ataque de todo un Ejército ruso compuesto de 4 Divisiones. 5.900 soldados españoles neutralizaron completamente la ofensiva rusa, que atacaron con 44.000 soldados, 100 carros y 800 cañones.

Objetivos soviéticos

En el contexto de la Operación Estrella Polar, y para poder dominar tanto la carretera como el ferrocarril que comunican Moscú con Leningrado, pretenden quebrar el frente en el sector de unión entre españoles y alemanes, avanzando la 43ª División sobre la línea férrea, barriendo a la División Azul y abriendo una brecha hasta Krásni Bor. La eliminación del grueso de las fuerzas españolas quedaba a cargo de las divisiones 63ª y la 45ª.

La 72ª División forma el ala más occidental del ataque, con el objetivo de alcanzar las alturas de Putrolovo para desde allí llegar al río Ishora por su ala izquierda, mientras que la derecha, una vez sobrepasada la carretera, giraría hacia Krasny Bor envolviendo la segunda línea española. Una vez eliminada la resistencia, avanzarían hacia el sur evitando las impenetrables masas boscosas y girando luego hacia el este para así romper el cerco de Leningrado en la conocida como Operación Arco Iris. Para ello contaban con más de 33 000 hombres en la madrugada del 10 de febrero.

La División Azul

La misión que les había tocado era la de contribuir al sitio de Leningrado, ciudad a la que Hitler quería matar de hambre. El único corredor para hacer llegar comida y combustible a la ciudad era el congelado lago Ladoga, el ‘camino de la vida’.

La 250. Einheit spanischer Freiwilliger llegaría al sector de Krasny Bor en otoño de 1942. En enero del siguiente año, mientras caía el kessel alemán de Stalingrado, el ejército soviético logró conquistar un pequeño corredor por tierra hasta Leningrado. La operación ‘Estrella Polar’, continuación de la ‘operación Chispa’, debía ampliar este camino y romper rápidamente las líneas de la División Azul para envolver al 18 Ejército alemán. La ‘Blau division’ lo evitó.  La División Azul pronto se ganó cierta fama de invencibilidad por sus excelentes cualidades de combate. El mismo Führer, que no apreciaba especialmente a los españoles, reconoció lo duros y extremadamente valientes que eran sus soldados. Al primero de los generales que comandó la división, Agustín Muñoz Grandes, llegó a concederle la Cruz de Hierro, una distinción que muy pocos extranjeros llegaron a alcanzar.

La División Azul se comportó en el combate igual que las mejores unidades alemanas. No cometieron crímenes ni  matanzas. Aunque los soviéticos acusaron a la división de crímenes de guerra, el trato de los voluntarios a los civiles rusos fue en general correcto, incluso afectuoso y correspondido por los paisanos, que a menudo los protegían frente a los partisanos; tampoco hubo crueldades con los prisioneros, aunque en algunos casos extremos los divisionarios no admitieran la rendición de enemigos.

Con los alemanes no faltaron roces y malentendidos, por la altanería de algunos mandos teutones, o por el abandono de estos en Krasny Bor. Pero prevaleció ampliamente la camaradería y el respeto mutuo.

Los soldados españoles combatieron en Rusia al comunismo con decisión y siempre contra un enemigo muy superior, provocando la admiración de los oficiales alemanes y de Hitler.

Conocido es el desprecio que tenía Hitler hacia los españoles, nos consideraba un pueblo mestizo e inferior pero tuvo que reconocer que los españoles eran excepcionales:

“Los españoles son un puñado de guarros. Contemplan el fusil como un instrumento que no debería ser limpiado bajo ningún pretexto. Sus centinelas sólo existen en teoría. No ocupan sus posiciones, o si lo hacen, se duermen. Cuando llegan los rusos, los nativos tienen que despertarlos. Pero los españoles no han cedido nunca una pulgada de terreno… No puedo imaginar a personas más valientes, apenas se cubren, desafían a la muerte. Sé que, de todas formas, nuestros hombres están siempre encantados de tener a los españoles como vecinos en su sector. Extraordinariamente valientes, duros contra las privaciones pero terriblemente indisciplinados”. Adolf Hitler

Disgregación de unidades soviéticas encuadradas en el 55º Ejército Soviético. 44 000 soldados

Comandante: General V. P. Sviridov

  • 43ª División de infantería .46ª División de infantería .56ª División de infantería .72ª División de infantería .14º Regimiento de infantería .133º Regimiento de infantería .141º Regimiento de infantería .9º Regimiento de artillería .131ª División de infantería .268ª División de infantería .45ª División de Guardias fusileros .63ª División de Guardias fusileros .56ª Brigada de fusiles .250ª Brigada de fusiles .122ª Brigada acorazada .31º Regimiento acorazado .34ª Brigada de esquiadores .35ª Brigada de esquiadores .187 baterías de artillería de todos los calibres en formaciones artilleras independientes .2 Batallones independientes de morteros y lanzacohetes. 2 Batallones independientes contracarro equipados con cañones antitanque de 76,2 mm

Disgregación de unidades españolas con apoyo del XVIII Ejército Alemán 5300 hombres, 4500 soldados y 800 mandos

 Comandante: Emilio Esteban Infantes

250º Batallón de reemplazo 262º Regimiento (3 batallones). Compañía de esquiadores. 250º Batallón de Reconocimiento. 1º Batallón de Artillería (3 baterías) con cañones de 10,5 cm . Una batería del 3º Batallón de Artillería con cañones de 10,5 cm. 250º Batallón antitanque con cañones contracarro de 37 mm Pak36. Grupo de zapadores de asalto. Una compañía independiente de cañones antitanque con cañones contracarro de 75 mm Pak40

Las siguientes unidades no prestaron apoyo a la 250

  • 4° División SS Volkspolizei • 212º Grupo de combate de la división de infantería • 215º Grupo de combate de la división de infantería • Grupos de combate de las 11ª, 21ª, 227ª divisiones de infantería • Legión voluntaria de las SS Flandes (2 compañías) • Legión voluntaria de las SS Lituania (2 compañías)

.

 Ante semejante alarde, los españoles apenas podían oponer 5.000 hombres ateridos de frío, malcomidos y con las manos entumecidas.

La Batalla

6:10. La artillería española abre fuego contra las líneas soviéticas pero no responden al fuego.

 Al punto de la mañana del 10 de febrero, en plena noche y a 25 bajo cero, Zukov ordenó abrir fuego de artillería sobre las posiciones españolas. Su idea era no dejar un solo enemigo vivo. Ochocientas bocas se pusieron a escupir fuego de obús durante dos interminables horas. El cañoneo era letal y ensordecedor, entre andanada y andanada pasaban diez segundos, los necesarios para recargar los cañones. Los divisionarios corrieron a los búnkeres en espera de que pasase el fuego artillero, pero éste era de tal intensidad que muchos no resistieron.

6.45. Comenzó la preparación artillera soviética. Unas 800 piezas de artillería abren fuego simultáneamente sobre los 5 km de las primeras línea de las fuerzas españolas. El ataque artillero superó todo lo imaginado. Kolpino fue un volcán en erupción que convirtió a Krasny Bor en el Infierno. La tierra tembló, se hundieron las trincheras y se dejaron de oír los teléfonos.

7:15 la aviación soviética ( la Parrala, como la denominaba los españoles, porque no sabían por dónde aparecería) hizo su aparición: 30 bombarderos y 20 cazas (de los algo más de 100 aviones que el 13º Ejército Aéreo soviético del general Rybalichenko lanzó contra el Lº Cuerpo alemán ese día) atacaron los objetivos que la artillería no había logrado anular en el sector de los españoles.

8:40. Después de dos horas de martilleo, las piezas soviéticas dejaron de machacar la primera línea y alargaron su tiro. Todo el mundo sabía lo que eso significaba: empezaba el asalto. La frecuencia de disparo, un proyectil cada 10 segundos por pieza y durante 2 horas. La preparación no pudo ser más intensa. Fueron decenas de miles de proyectiles.

Acto seguido, cuatro divisiones del Ejército Rojo, acompañadas por carros KV-1 y T-34, se lanzaron sobre las castigadas líneas españolas. El objetivo soviético era romper el frente en poco tiempo y envolver a los alemanes. El invierno en Leningrado es muy frío y anochece prontísimo. Sin embargo, la Stavka fracasó.

8:45. Comienza el asalto de la infantería. Después de la intensa preparación artillera, 4 divisiones soviéticas de infantería la 43ª, 45ª, 63ª y 72ª, con un total de 44 000 hombres, apoyadas por el 31º y 46º Regimientos acorazados que comprendían casi 100 carros de combate KV-1 y T-34, dos batallones de cañones anticarro con piezas ZIS de 76 mm, la 35ª Brigada Motorizada y las 34ª y 250ª Brigadas de Esquiadores se lanzan, escalonadamente, contra las ya débiles líneas españolas.

Al amanecer, la mitad del regimiento español había muerto. Pero quedaba la otra mitad, y no tenía pensado huir. Desde la comandancia la orden era explícita: resistir hasta el último hombre. Una orden así, cualquier otro regimiento la hubiese desobedecido, pero no uno formado por infantes españoles. Los rusos no podían ni imaginar que tenían enfrente a un batallón de irreductibles hispanos dispuestos a cualquier cosa con tal de no rendirse, así que avanzaron confiados con los carros de combate y los regimientos de infantería.

 Y ahí se torció el impecable plan de Zukov. La lluvia de obuses había derretido la nieve, dejando el campo intransitable para los blindados, lo que obligó a los soviéticos a internarse a pie en Krasny Bor. Era todo lo que los divisionarios necesitaban. Reorganizados a toda prisa, metralleta en mano y metidos en los cráteres dejados por las bombas, esperaron a que las unidades rusas se aproximasen a unos 100 metros para disparar a discreción. La diferencia de recursos era enorme, a cada batallón español se las veía con más de una división rusa. La fuerza del combate era terrible, los españoles estaban clavados al terreno y habían decidido luchar hasta el final.

Las ametralladoras de la división Azul, estaban al rojo vivo, eran oleadas y oleadas inmensas, parecían manadas de bisontes, se llegó al cuerpo a cuerpo. Momentos llenos de valor y heroísmo.

Los alemanes, sorprendidos por la acometida soviética, dejaron pasar la mañana sin acudir en auxilio de la División 250. Probablemente pensaron que un contingente tan pequeño habría sucumbido ante la apisonadora de Zukov. Una vez sacrificados los voluntarios españoles, lo mejor era mantener la línea y reorganizar la defensa más atrás con regimientos alemanes. Al norte se encontraba la IV División de la SS Polizei, pero no podía moverse, por si los soviéticos cambiaban el curso de la ofensiva. La Luftwaffe no acudió hasta entrada la tarde, y poco después llegó la 212ª División de Infantería alemana.

12:00, los soviéticos rompen el frente por tres sitios, pero las compañías de la 250 Divª. Siguen resistiendo esperando los refuerzos alemanes que no llegan. La 4ª División SS Volkspolizei está inmovilizada a pocos km, esperando un ataque ruso. Los voluntarios luchan hasta el final.

La situación era terrible, los soldados no podía resistir el empuje de los soviéticos. El general ordenó la vuelta del Batallón de Regreso que estaba a 20 kilómetros, a punto de salir para España. Regresó para ayudar a sus compañeros.

 La compañía del Capitán Oroquieta quedó aniquilada; la del Capitán Palacios, casi; la del Capitán Andújar, diezmada, y la del Capitán Huidobro se defendió numantinamente animada por sus voces de “¡Esto no es nada, chicos. ¡No pasarán! ¡Somos españoles!”. El Capitán Losada llegó a pedir a la artillería propia “Fuego sobre mi posición”. Las posiciones quedaron rodeadas, aisladas y machacadas, pero seguían frenando el avance soviético.

El ataque soviético ya había perdido su ritmo. El asalto a la primera línea defensiva española, había sido mucho más duro y prolongado de lo previsto. Se esperaba romper el frente en “un minuto” , pero los rusos necesitaron horas de duro pelear. El error táctico consistió en intentar acabar definitivamente con la resistencia española. Hubiera sido más eficiente haberlos rebasado y no perder mucho tiempo. En diciembre las horas de luz eran tan escasas, cada minuto de retraso era un grave contratiempo y en realidad se habían perdido horas.

Los mandos soviéticos estaban que echaban chispas. Nada había salido de acuerdo a lo planeado. Cuando Simoniak, hacia las 12’00, comunicó que ya controlaba Krasny Bor, Sviridov creyó que la jornada iba a acabar victoriosamente. Pero desde ese momento todas las noticias empezaron a ser malas. No había forma de desalojar a los españoles del sector meridional de Krasny Bor y el avance era demasiado lento.

Para entonces la batalla ya había terminado: 5.000 españoles con fusiles y metralletas habían cedido sólo tres kilómetros frente a 40.000 rusos armados hasta los dientes; es decir, que, contra todo pronóstico y hasta contra la misma lógica, los españoles habían vencido. Pero la victoria no había salido gratis: 1.125 muertos, 1.036 heridos y 91 desaparecidos fue el precio que hubieron de pagar. Algunos fueron hechos prisioneros y conducidos hasta Leningrado, donde fueron interrogados por otros españoles, que luchaban para los rusos.

Las bajas españolas fueron enormes y se dio orden de recuperar a toda prisa la capacidad de combate de la División. Se pidió el envío urgente de Jefes y Oficiales. En cuanto a la tropa, en aquellos momentos dos Batallones de Marcha estaban en camino desde España hacia Rusia. La División Azul se recuperó perfectamente de aquel duro golpe y se mantuvo en sus posiciones hasta octubre de 1943, en que recibió la orden de repatriación desde Madrid.

Conocidos posteriormente los detalles de las heroicas actuaciones individuales, se concedieron 3 laureadas y 11 Medallas Militares. Resaltar que de las 8 laureadas concedidas a la División Azul, 3 se consiguieron en esta batallas de 24 horas En esta batalla se produjo el 22 % del total de muertos que tuvo la División Azul en Rusia, que fueron un total de 4.954 muertos y 8.700 heridos.

“…Nos retiramos por la trinchera de evacuación y regresé con dos soldados más para recuperar parte de la munición y alimentos del búnker y destruir el resto. Tiramos bombas de mano como locos. Al retirarnos al enclave donde resistía Palacios, éste me dijo: “¡Salamanca, desde este momento eres Medalla Militar!”. Acto seguido acudí al sector del puesto de mando. Sólo quedaba operativo un fusil ametrallador, pero causó estragos.

Llegaban columnas con medio centenar de hombres que eran abatidos sistemáticamente. Disparábamos ferozmente, sin parar, esperando a que el enemigo se encontrase a menos de 100 metros, disparábamos al bulto. Pero hasta un ciego habría hecho blanco.

Toda la potencia de fuego de la máquina, 1.300 disparos por minuto, provocó una carnicería en las filas enemigas y nos mantuvo  con vida. No es que nuestro cañón estuviese caliente, es que estaba al rojo vivo. En la refriega, tres veces cayó el soldado que la servía. Cuando un cuarto soldado me dijo con la mirada: «Sargento, ¿quiere usted que me maten?», decidí empuñar personalmente la ametralladora. Al cabo, los rusos acertaron con una granada de 120 que cayó ante el cañón. Salí despedido cuatro metros, perdiendo el conocimiento momentáneamente, la cara llena de sangre y metralla y una ceguera casi total por el alumbramiento del fogonazo. Fui evacuado al búnker. Luego supe que tenía también una herida de bala en la rodilla.

Sin munición, con la mayoría de los supervivientes heridos y los indemnes, agotados, el final estaba próximo. A las tres de la tarde, un soldado entró al búnker: “De parte del capitán, que salgáis todos; estamos hechos prisioneros”. Los 25 heridos salimos y encontramos a otros 18 hombres con las manos en alto con el capitán Palacios al frente. Nos mandaron formar e hicieron un simulacro de fusilamiento pero sólo se tiraron como fieras sobre nuestros relojes y todo lo que llevábamos.

El trayecto hasta Kolpino, en fila de a tres, fue entre una alfombra de cadáveres. No nos trataron mal gracias a un jefe de escolta mongol que no debió de haber otro mejor en toda la Unión Soviética. Los 30 detenidos de Oroquieta, con los que enlazamos, recibieron toda suerte de golpes. Al llegar a Kolpino, un enloquecido grupo de mujeres rusas trató de atacarnos, pero el mongol las rechazó a culatazos.

Enseguida empezaron los interrogatorios, con las traducciones de un español enrolado en el Ejército soviético. Todo el afán del coronel ruso era saber qué armamento usábamos, hablándonos incluso de un arma secreta de Hitler. «Dice el coronel que habéis causado más de 14.000 bajas, y eso es imposible con ametralladoras y fusiles maúser corrientes», nos informó el republicano español…

Teniente Ángel Salamanca.

El arma secreta y, más que milagrosa, correosa eran los divisionarios, hijos de la lejana España, herederos de una tradición milenaria que se cifra en resistir lo que haga falta a cualquier precio, con razón o sin ella, en Rusia o en Sierra Morena.

 Meses después, cuando se había extendido por la Wehrmacht la leyenda de los bravos españoles que, a decir de Hitler, “apenas se protegen y desafían a la muerte”, un oficial alemán confesó a un corresponsal en Berlín: “Los españoles, más que soldados, son guerreros”. Los de Krasny Bor lo fueron, y de los buenos.

Curiosidades

-Durante el invierno de 1941-42 no había comida, agua corriente, electricidad y el transporte público estaba cortado.

 -Durante el bloqueo, el único camino que comunicaba a la ciudad con el resto del país era una vía férrea, tendida a través del hielo que cubría el lago Ladoga, adyacente a la ciudad, denominado por los leningradenses “Carretera de la Vida”.

 -A pesar del peligro de las bombas, por esa vía fueron evacuados 1.376.000 habitantes, en su mayoría niños.

 -Entre 800.000 y un millón de civiles se calculan los muertos durante el asedio a la ciudad.

 -El día 10 de febrero de 1943 el Ejército Rojo arrasó al enemigo en la batalla de Krasny Bor, en la que murieron, en una única jornada, 2.500 españoles.

 -La Cuarta Compañía, republicanos que lucharon junto al Ejército Rojo, tenía 835 soldados, de los cuales 215 cayeron en combate.

 -600 españoles prisioneros de guerra quedaron retenidos en la URSS hasta 1955, cuando fueron repatriados.

 – El Sargento Salamanca al Capitan Palacios: Mi capitan se nos han acabado las municiones, ya no nos queda nada con que disparar.

Nieve, tirarles bolas de nieve ¡Por Dios!, tirales con algo.

← Capitan Palacios a Sargento momentos antes de ser hechos prisioneros.

_______________________________________________________________________________

Lidia Osipova, trató a los españoles (agosto 1942-abril 1943) al ser la encargada de la lavandería española en Pavlovsk, cerca de Leningrado. En su diario hizo anotaciones sobre lo ocurrido durante la batalla y el comportamiento de la División Azul.

8 de enero de 1943.

“Algaradas entre los españoles y los alemanes. Estos habían golpeado a unas mujeres; los españoles salieron a la calle y comenzaron a agredir a todo alemán que encontraban en el camino; las peleas fueron auténticas. Como siempre en nuestro mundo loco, las acciones caballerescas no procedían del mando, sino de los simples soldados”.

Diego Mexía de Guzmán y Dávila: 1er marqués de Leganés

Obtuvo numerosos títulos y dirimió algunos de los más delicados asuntos de Estado en la corte del cuarto Felipe. Diego Mexía Felípez de Guzmán, el Marqués de Leganés, injustamente olvidado por la historiografía hispana, contribuyó a impulsar el repoblamiento de la villa que lleva su nombre, actualmente una de las localidades de mayor relevancia y densidad de población de la capital española.

Educado como era menester para alguien de su posición, pronto comenzaría a rodearse de personas influyentes, además de su primo, y a frecuentar los ambientes cortesanos. En 1614 ingresó en la Orden de Santiago, donde acabaría siendo caballero de hábito Trece y Comendador Mayor de la Orden militar por excelencia en aquella España tan devota. Gracias a sus vínculos familiares su ascenso sería bastante rápido, lo que desataría las críticas contra su persona durante toda su vida. Según sus contemporáneos era una persona afable, de notable inteligencia y de buen gusto para el arte, siendo uno de los mecenas más destacados de aquellos tiempos.

Diego era el hijo menor de Diego Velázquez Dávila y Bracamonte, marqués de Loriana, y de Leonor de Guzmán, tía del conde-duque de Olivares y desde 1600 luchó en los Países Bajos donde sirvió durante más de veinte años como oficial y gentilhombre de cámara del archiduque Alberto de Austria. Después de fallecer éste (1621), volvió a Madrid y gracias al apoyo de su primo y patrono Olivares, valido del rey Felipe IV, se convirtió en un hombre influyente y acaudalado. Olivares debió decidir bastante pronto promocionar la carrera de su pariente, en quien se conjugaba un carácter afable y no pocas cualidades administrativas y militares con un buen ojo para las artes; efectivamente, con el paso de los años, acabaría convirtiéndose en uno de los grandes coleccionistas de pintura de su tiempo.

Diego se vio recompensado en 1627 con el título de vizconde de Butarque, nombre del arroyo en cuya vega se sitúa la localidad de Leganés, cuyo marquesado le fue otorgado el 15 de marzo de ese mismo año, aunque ya era dueño de la jurisdicción y derechos reales sobre la villa desde 1626. Siguiendo el ejemplo de su primo, valido del rey, añadió el apellido Felípez (Phelípez) en honor al monarca Felipe IV, pues ganarse el favor del soberano era el principal anhelo de la nobleza, y la mejor manera, claro está, de alzarse con títulos y rentas.

En junio de ese mismo año se casó con una dama de honor de la reina Isabel de Borbón, Polixena Spinola, hija de Ambrosio Spinola, cuya dote ascendió a la fabulosa suma de 200.000 ducados.

Gracias a su conocimiento sobre el terreno, en los círculos de la corte se le consideraba un especialista en lo referido a los Países Bajos. Por ello, el conde-duque recurrió a él en 1627 para que hiciera aceptar allí su proyecto de la Unión de Armas. Leganés llegó a Bruselas el 19 de septiembre y pasó las semanas siguientes negociando con los estados de las diversas provincias de los Países Bajos españoles. A finales de año, las provincias acordaron participar en la Unión, ofreciendo una contribución de 12.000 soldados de infantería pagados.

En su viaje de Bruselas a Madrid en enero de 1628 acompañado de su suegro, el general Ambrosio Spinola, ambos fueron recibidos en el campamento del rey Luis XIII de Francia situado ante La Rochelle teniendo la oportunidad de inspeccionar de cerca las operaciones de asedio contra los hugonotes acuartelados en la ciudad (véase Asedio de La Rochelle). En este encuentro ambos mantuvieron grandes discusiones secretas con Luis XIII y Richelieu, en el transcurso de las cuales tuvieron ocasión de confirmar sus temores de que Francia, a pesar de los problemas que tenía con los hugonotes y los ingleses, no tenía la menor intención de abandonar al duque de Nevers en sus pretensiones sobre Mantua

Felipe IV le concedió la Grandeza de España en 1634, declarada perpetua en 1640.

El 24 de septiembre de 1635 se le nombró gobernador y capitán general del Estado de Milán. En este puesto tuvo que hacer frente a la alianza de los duques de Parma, Mantua y Saboya que, apoyados por la Francia de Richelieu, pretendían mermar la supremacía española en Italia. Las tropas de Odoardo I Farnesio fueron derrotadas con facilidad, aviniéndose el duque a firmar la paz en 1637. En ese mismo año desalojó a los franceses comandados por Rohan del paso de la Valtellina y obtuvo algunas victorias gracias a la guerra civil desatada en Saboya a la muerte del duque Víctor Amadeo I.

En 1638 Leganés conquistó las fortalezas de Breme y Vercelli. En 1639 lanzó una gran ofensiva en el Piamonte conquistando gran número de fortalezas llegando a la ciudadela de Turín donde no pudo doblegar la resistencia de la regente Cristina de Borbón apoyada por los franceses.

En la primavera de 1640 trató de tomar la fortaleza de Casale pero la intentona fue impedida por las tropas francesas del conde d’Harcourt que hizo que la empresa de Leganés acabara en una trágica retirada: miles de hombres quedaron en el campo de batalla y un gran botín en manos francesas.

En noviembre de 1641 le fue otorgado el mando del ejército de Cataluña para luchar contra los insurrectos catalanes apoyados por Francia. A pesar de algunos éxitos iniciales en Tarragona, su estrepitosa derrota en la Batalla de Lérida (1642) le hicieron caer en un cierto grado de desgracia hasta que a la caída en 1643 de su protector, el conde-duque de Olivares, fue relevado del cargo.

A pesar de todo esto, en 1645 fue nombrado virrey nominal de Cataluña y en 1646 defendió con éxito Lérida, que había sido conquistada en 1644 por el anterior virrey, Felipe de Silva, del ataque francés. Esta derrota supuso la destitución inmediata de d’Harcourt. Leganés permaneció en el puesto hasta 1648.

Fue nombrado presidente del Consejo de Italia tras el fallecimiento del conde Monterrey, (junio de 1653), anterior titular, ocupando el puesto hasta su muerte (febrero de 1655).

Curiosidades

Diego Mexía, amante del arte y mecenas –ver recuadro-, aunque en Juliers no ocupó puestos de gran relevancia, apareció en primer plano, a caballo, junto a Spínola en uno de los cuadros que decorarían más tarde el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, concretamente en la obra titulada La Rendición de Jüliers, pintada por Jusepe Leonardo de Chavacier. La razón de que ocupara aquel puesto de preeminencia en el cuadro se hallaba en que el conde de Bergh, quien sí participó activamente en la lucha y contribuyó notablemente a la victoria hispana, se convirtió en traidor a la Corona en 1632, antes de que se realizase el cuadro, y por tanto no podía formar parte de la flor y nata de la nobleza militar.

El Sitio de Gibraltar. 1705

el-ultimo-de-gibraltarw

El Último de Gibraltar. Augusto Ferrer-Dalmau

Fíjense vuesas mercedes que en aquesta guerra, llámanse a los piratas ingleses y holandeses, aliados. Mas todavía hay gentes que prefieren a los Habsburgo, aquésos que no fueron capaces de respetar el testamento de Carlos II y que aprovecharon esta Guerra “Mundial” para rapiñarnos media España. Sobre todo los de Saboya y los Habsburgo de Centroeuropa, los verdaderos dueños del Imperio, para ellos los réditos y para nos, las ratas.

… Una de las principales preocupaciones de los aliados era conseguir una base naval en el Mediterráneo para las flotas inglesa y holandesa. Su primera tentativa fue tomar Cádiz en agosto de 1702, pero fracasó. En la batalla de Cádiz un ejército aliado de 14 000 hombres desembarcó cerca de esa ciudad en un momento en que no había casi tropas en España. Se reunieron a toda prisa, recurriéndose incluso a fondos privados de la esposa de Felipe V, la reina María Luisa Gabriela de Saboya (que en el futuro sería conocida afectuosamente por los castellanos como «la Saboyana»), y del cardenal Luis Fernández Portocarrero. Sorprendentemente este ejército aliado fue rechazado, triunfando la defensa española.

Antes de reembarcar el 19 de septiembre, las tropas aliadas se dedicaron al pillaje y al saqueo del Puerto de Santa María y de Rota, lo que sería utilizado por la propaganda borbónica –según el felipista Marqués de San Felipe los soldados «cometieron los más enormes sacrilegios, juntando la rabia de enemigos a la de herejes, porque no se libraron de su furor los templos y las sagradas imágenes»– e hizo imposible que Andalucía se sublevara contra Felipe V tal como tenían planeado los austracistas castellanos encabezados por el almirante de Castilla.

Otra de las preocupaciones de los aliados era interferir las rutas transatlánticas que comunicaban España con su Imperio en América, especialmente atacando la flota de Indias que transportaba metales preciosos que constituían la fuente fundamental de ingresos de la Hacienda de la Monarquía española. Así en octubre de 1702 las flotas inglesa y holandesa avistaron frente a las costas de Galicia a la flota de Indias que procedía de La Habana, escoltada por veintitrés navíos franceses, que se vio obligada a refugiarse en la ría de Vigo. Allí fue atacada el 23 de octubre por los barcos aliados durante la batalla de Rande infligiéndole importantes pérdidas, aunque la práctica totalidad de la plata fue desembarcada a tiempo. Fue conducida primero a Lugo y más tarde al alcázar de Segovia.

Uno de los principales giros de la guerra tuvo lugar en el verano de 1703, cuando el reino de Portugal y el ducado de Saboya se sumaron a los restantes estados que componían el Tratado de La Haya, hasta entonces formada únicamente por Inglaterra, Austria y los Países Bajos. El duque de Saboya, a pesar de ser el padre de la esposa de Felipe V, firmó el Tratado de Turín y Pedro II de Portugal, que en 1701 había firmado un tratado de alianza con los borbones, negoció con los aliados el cambio de bando a cambio de concesiones a costa del Imperio español en América, como la Colonia de Sacramento, y de obtener ciertas plazas en Extremadura –entre ellas Badajoz– y en Galicia –que incluía Vigo–.

Una flota francesa, al mando del conde de Toulouse intentó recuperar Gibraltar pocas semanas después, enfrentándose a la flota angloholandesa al mando de Rooke el 24 de agosto a la altura de Málaga. La batalla naval de Málaga fue una de las mayores de la guerra. Duró trece horas pero al amanecer del día siguiente la flota francesa se retiró, con lo que Gibraltar continuó en manos de los aliados. Así que finalmente consiguieron lo que habían venido intentando desde el fracaso de la toma de Cádiz en agosto de 1702: una base naval para las operaciones en el Mediterráneo de las flotas inglesa y holandesa.

La Príncesa de Éboli

eboli

Ana de Mendoza y la Cerda (1540-2 de febrero de 1592), era hija única de Diego de Mendoza, Príncipe de Mélito y nieto del Gran Cardenal Mendoza.

Por su educación tuvo un caracter dominante y altivo. Pero también voluble, rebelde y apasionado, como el de los antiguos Mendozas. No hay noticias destacadas de su infancia, salvo la leyenda referente a la pérdida de un ojo por causa de una caida o de la esgrima. Pero este dato no es claro, quizá no fuera tuerta sino bizca. Ciertamente alabaron su belleza, a pesar del parche que la adornaba. El caso es que cuando su boda se la describe como que la novia era “bonita aunque chiquita”. Su educación fue nuy influida por las peleas y separaciones entre sus padres, en gran parte debidas al caracter mujeriego de Diego. Ana tomaría partido por su madre.

Esta rica heredera fue casada muy joven en 1552 con Rui Gómes de Silva (1516-1573), noble portugués mucho mayor que ella. Rui había venido a Castilla acompañando a Isabel, futura esposa de Carlos V, y entró al servicio del futuro Felipe II ganándose su amistad, por lo que fue favorecido económica y políticamente siendo, entre otros cargos, Secretario y hombre de confianza de Felipe II. Al servicio de Rui entraría el aragonés Antonio Pérez.

Con el favor de Felipe II, Rui entroncó por matrimonio con los poderosos Mendoza. Como la novia era muy jóven, y la familia Mendoza muy poderosa, la novia permanecería unos años en casa de sus padres hasta la consumación del matrimonio. Desde la boda, el padre de Ana les cedió el título Condes de Mélito, permaneciendo él como Duque de Francavilla. Ana acompaña a su madre en 1557 a la Corte que en Valladolid tiene la princesa Regente Juana, y allí se producen nuevos escándalos entre su madre y su padre, el cual tuvo una hija ilegítima (que llamó María de Mendoza) y otra nueva amante después. Ello durante el primer embarazo de Ana, que no hacía mas que padecer y llorar, aunque se dijo de ella “que tiene mas seso que todos ellos”.

El matrimonio no se consumó hasta 1557. Ana y Rui vivieron definitivamente juntos desde la vuelta de éste en 1559 y tuvieron seis hijos vivos en los trece años de matrimonio. Rui, aunque tuvo algunos pleitos con su suegro, había logrado entretanto que éste fuera nombrado miembro y Presidente del Consejo de Italia en 1558 y virrey. Los puestos parece que se eligieron principalmente con el objetivo de alejar lo más posible a Diego de su hija y yerno, incluso con el riesgo de provocar una revuelta entre sus gobernados por su caracter.
En su intento, truncado por la muerte, de lograr un poderoso mayorazgo para sus hijos, Rui compró a su suegro Éboli en el reino de Nápoles. Felipe II le nombró Príncipe de Éboli en 1559. Luego compró las villas de Estremera y Valderacete, siendo nombrado Duque de Estremera, y para finalizar compró la villa de Pastrana (1569) siendo nombrado en 1572 por Felipe II Duque de Pastrana con Grandeza de España. Por tanto Ana fue la primera Princesa de Éboli y la primera Duquesa de Pastrana. Rui gastó en las compras el equivalente a cuatro años de la renta anual del Duque del Infantado

En los cuatro años que restaron desde la compra de Pastrana hasta su muerte, mejoró y amplió los cultivos en Pastrana, trajo a moriscos que iniciaron allí una floreciente industria, logró una feria anual con privilegios especiales y fundó, con su esposa, la Iglesia Colegial de Pastrana y favoreció la fundación por Santa Teresa de Jesús de dos conventos Carmelitas en Pastrana en 1569.

Durante el periodo de su matrimonio la vida de Ana fue estable y no se le conocen andanzas ni problemas. Rui la trato tanto como un padre (por la diferencia de edad) como marido, dando estabilidad a esta parte de su vida hasta su repentina muerte. A partir de entonces, su caracter, los problemas de la infancia ya contados y la falta de la única persona que le había dado estabilidad en la vida hicieron que Ana tuviera una existencia problemática. Aunque el primer hijo muriera de niño, su hija mayor Ana casaría con el hijo del poderoso Duque de Medina-Sidonia, el siguente Rodrigo heredaría el Ducado de Pastrana, otro hijo Diego sería Duque de Francavilla, virrey de Portugal y Marqués de Allenquer. A su hijo Fernando, ante la posibilidad de llegar a Cardenal, le hicieron entrar en religión pero éste escogió ser franciscano cambiando su bombre a Fray Pedro González de Mendoza (como su tatarabuelo el Gran Cardenal) y llegaría a ser Arzobispo.

Muerto su marido en 1573, se instaló la desconsolada Princesa en el convento que había fundado Santa Teresa en Pastrana tras llamarla para ello la propia princesa (“la princesa monja, la casa doy por deshecha”, dijo la abadesa) logrando que las carmelitas huyeran de allí trasladandose el convento a Segovia en 1574. Ana mantuvo en el convento una vida rodeada de sirvientas que atendian sus gustos, poco acorde pues con el caracter riguroso que había impuesto Santa Teresa. Ana no fue buena administradora del patrimonio de sus hijos menores de edad.

Para complicar las cosas, en su afán por lograr un heredero varón (o por perjudicar a su hija, no está claro), tras morir su mujer Catalina en 1576, Diego se casó enseguida con Magdalena de Aragón, hija del Duque de Segorbe. Murió en 1578 dejando a su mujer embarazada, para susto de su hija Ana (viuda por aquel entonces), quien no perdió la herencia pues Magdalena tuvo una hija que murió a poco de nacer. Lógicamente todo esto afectaría al equilibrio emocional de Ana.

Volvió a la Corte madrileña por ello e intentó ascender rápido intentando preservar su herencia paterna e intereses. Tuvo gran habilidad en la intriga, heredada de su madre y de los Mendoza. Gran enemiga del partido de la Casa de Alba (el partido opuesto al antaño liderado por su marido y ahora dirigido por Antonio Pérez, nuevo Secretario de Felipe II), se dice que fue la supuesta amante de Felipe II (lo que niegan Marañón y otros autores) y de su Secretario Antonio Pérez a la vez. De Antonio parece ser que sí lo fuera. Antonio era seis años mayor que ella y no se sabe realmente si lo suyo fue simplemente una cuestion de amor, de política o de búsqueda de un apoyo que le faltaba desde que muriera su marido.
Lo que sí fue cierto era que Escobedo había descubierto sus amores con Antonio, logrando que Ana odiara por ello a Escobedo. La posible denuncia debida a la lealtad de Escobedo al marido muerto seguramente enfurecería por el escándalo al riguroso Felipe II.

Parece probable también una intriga compleja de Ana y Antonio acerca de la sucesión al trono vacante de Portugal y contra D. Juan de Austria en su intento de casarse con María Estuardo. El caso es que junto con Antonio, Ana instigó el asesinato de Juan de Escobedo (secretario de D. Juán de Austria) en 1578, logrando la aquiescencia del Rey al convencerle de unas supuestas intrigas de Escobedo.

Felipe II conoció los manejos políticos de Antonio Pérez y, con paciencia, fue preparando su caida. Finalmente Ana fue arrestada con Antonio en 1579, desterrada por Felipe II a Pinto, Santorcaz y luego a Pastrana en 1581, donde morirá atendida por su hija menor Ana de Silva (llamada Ana como la hija mayor de la Princesa, se haría monja luego) y tres criadas. En 1582 Felipe II despoja a Ana de la custodia de sus hijos y de la administración de sus bienes. Es curioso que mientras la actitud de Felipe hacia Ana podría tildarse de cruel, siempre protegió y cuidó de los hijos de ésta y su antiguo amigo Rui. Felipe II nombró un administrador de sus bienes y más adelante llevaría las cuentas su hijo Fray Pedro ante la ausencia de sus hermanos.

Tras la fuga de Antonio Pérez a Aragón en 1590, Felipe II mandó poner rejas en puertas y ventanas del palacio Ducal de Pastrana. La Princesa de asomaba una sola hora al día por la reja que daba a la Plaza, que se llama desde entonces Plaza de la Hora. No está tampoco muy claro el porqué de la mencionada actitud cruel de Felipe II para con Ana, quien en sus cartas llamaba “primo” al monarca y le pidiera en uno de ellos “que le protegiera como caballero”. Felipe II se referiría a ella como “la hembra”. Ana y Rui están enterrados en juntos en la Colegiata de Pastrana.

Ana favoreció en la herencia a su segundo hijo Diego frente al primogénito Rodrigo.Se decía que el segundo Duque de Pastrana, era hijo de Felipe II (algo difícil pues cuando su concepción la madre estaba de postparto, y por tanto en casa, y el Rey Felipe II de luna de miel con la Reina Isabel de Valois, de la que estaba enamorado).

Felipe III y las plazas de toros

Estos espacios conocidos como cosos taurinos y anteriormente como circos taurinos, son recintos cerrados, generalmente circulares y descubiertos, donde se celebran las corridas de toros.

Sus estilos arquitectónicos son diversos de acuerdo al mayor o menor grado de antigüedad, si bien en la actualidad predominan las de estilo neomudéjar. Tienen su origen en la Europa antigua. Principalmente consiste en un anfiteatro cerrado de forma aproximadamente circular con graderías y servicios que rodean un espacio central donde se realiza el espectáculo taurino, llamado ruedo o redondel –un terreno de tierra batida (arena o albero)– rodeado de un callejón donde se preparan y refugian los toreros y subalternos. El callejón está separado del ruedo por una estructura o pared, generalmente de madera y de aproximadamente 150 centímetros del altura, que posee estribos hacia el ruedo y en ocasiones también hacia el callejón para facilitar el acceso de los alternantes en caso de emergencia. Dispone de portones de acceso batientes para la entrada y salida de los participantes (puerta de cuadrilla) y de los toros (puerta de toriles y de arrastre) aunque la cantidad y disposición de estos accesos varía de un recinto a otro.

El desarrollo de recintos con características específicas para la realización de corridas de toros está relacionado con la popularización y la profesionalización de los espectáculos taurinos.

La Arena de Nimes 27 a.C.

Si bien en la antigüedad los anfiteatros romanos tenían características similares a las de las actuales plazas de toros, de hecho las plazas de toros de Nimes y Arlés, en Francia, son anfiteatros romanos, y el origen de las corridas está muy relacionado a las antiguas tradiciones romanas.

La tauromaquia es la evolución de los trabajos ganaderos de conducción, encierro y sacrificio en los macelos o mataderos urbanos que comenzaron a construirse en España durante el siglo XVI. Estos profesionales de la conducción del ganado vacuno, entonces todo bravo, y los matarifes aportaron creatividad y virtuosismo a las tareas más arriesgadas, que inmediatamente fueron de interés para los más diversos espectadores. Las primeras noticias sobre estas suertes prodigiosas son del Matadero de Sevilla, en el cual además está documentada la presidencia encarnada por un representante de la autoridad municipal, situado en una torre mirador ó palco proyectado por el arquitecto Asensio de Maeda y conocido por una importante cantidad de óleos que recogen la actividad taurina en ese momento. En el matadero sevillano también se proyectaron las primeras tribunas para espectadores en la segunda mitad del siglo XVI.

Pero no es hasta 1612, cuando Felipe III otorga el primer privilegio para dar corridas en cosos cerrados, dando así origen a las plazas de toros.

Durante el establecimiento de la tauromaquia en la península ibérica las plazas de toros no fueron comúnmente utilizadas para estos festejos. Cuando las fiestas taurinas eran principalmente realizadas a caballo, los espectáculos eran públicos y se realizaban en las plazas de las ciudades. Solo en el siglo XVIII, al evolucionar el toreo hacia la faena a pie con el surgimiento de figuras como Costillares, Pedro Romero y Pepe-Hillo y ante el desorden reinante durante estas fiestas, se hace imperante la creación de espacios que albergasen apropiadamente al público. De hecho tras ser autorizada en 1730 la construcción de la Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla para realizar corridas de toros, el coso original tenía forma rectangular, y no se comenzó la estructura circular actual sino tres años después.

La plaza más antigua es la de Béjar (Salamanca. Su primera construcción es de 1667, entonces era cuadrada, ya redonda desde septiembre de 1711.

Pero las plazas más peculiares de España son, por sus formas, la de Almadén, -hexagonal- en Ciudad Real y la antigua de Tarazona -octogonal.

0A.jpg

Almadén 1753

Plaza_toros_vieja_05.jpg

Tarazona entre 1790 y 1792

Isabel de Saavedra

indumentaria_siglo_xvii00011.jpg

De Miguel de Cervantes, fue su única descendiente, a excepción de su enigmático hijo napolitano, Promontorio.

Fue hija de Miguel de Cervantes y de Ana de Villafranca (1563-1598), una mujer casada con el tabernero Alonso Rodríguez a quien el escritor conoció poco después de haber retornado de su largo cautiverio en Argel en 1580.

Al nacer en 1584, el escritor se desentendió de ella y de su madre al coincidir el evento con el éxito de su primera novela, La Galatea y su compromiso matrimonial con Catalina de Salazar. En 1598 murió Ana de Villafranca y al año siguiente Cervantes asumió su responsabilidad como padre, reconociendo a la niña cuando ya tenía catorce años y reclamándola a través de su hermana Magdalena, que la puso a su servicio y le dio su segundo apellido, Saavedra, razones que pueden explicar en parte el tenso vínculo que hubo entre los dos; según Maganto:

Lo que parece evidente es que Cervantes no la reclamó cuando murió el padre putativo de Isabel, Alonso Rodríguez, en 1590. Después, esperó más de un año para reclamarla y no quiso estar presente en tan honroso acontecimiento. Por otra parte, la reconoció de forma implícita, es decir no dándole su primer apellido, sino el de Saavedra, y siempre por intermedio de su hermana Magdalena. Todo esto lo sabía su hija y nunca se lo perdonó. Para mí, son demasiadas contradicciones que no pueden explicarse solo por miedo a que su esposa Catalina se enterase.

Isabel fue bautizada, según la partida que descubrió Emilio Maganto Pavón, el 9 de abril de 1584 en la iglesia de los Santos Justo y Pastor, lo que permite desechar la especulación anterior de que fuera acaso hija de Magdalena de Cervantes y de Juan de Urbina.

Maganto Pavón aporta 31 documentos nuevos e inéditos sobre la hija de Cervantes que lo desmienten. Era de carácter fuerte y, aparte de una desafortunada infancia, tuvo una vida difícil hasta cierto punto por el desabrido comportamiento de su padre hacia ella. Su primer esposo, Diego Sanz del Águila, falleció inesperadamente; el segundo, Luis de Molina, fue un arreglo mal deseado. Y sostuvo una relación adúltera con Juan de Urbina, con quien tuvo una hija, Isabel Sanz de Saavedra, fallecida a los dos años. En opinión de Maganto, Isabel fue, con Catalina de Salazar, la esposa de Cervantes, la mujer que más influyó en la vida del autor. En cuanto a otro supuesto hijo de Cervantes, de existencia muy incierta, habría nacido en Nápoles en 1575 y muy poco se sabe de él, salvo que se llamaba Promontorio y se menciona en el capítulo VIII de su Viaje del Parnaso junto con su madre, a la que Cervantes llamaba Silena. De este niño por datos sueltos de diferentes documentos parece ser que alcanzó la edad adulta y fue hombre de armas.

La Matanza de la Noche de San Bartolomé

412264_385232878155015_247264066_o

23- Agosto-1572 La matanza de San Bartolomé, inscrita en el contexto general de las Guerras de religión francesas, estuvo precedida de varios acontecimientos que ilustran esa violencia, pues fue resultado de un “proceso en escalada, cuyas últimas consecuencias no había deseado ni previsto” Catalina de Médicis, aunque se habló de premeditación:
La Paz de Saint-Germain que puso fin a la tercera guerra religiosa el 8 de agosto de 1570
El matrimonio de Enrique de Navarra y Margarita de Valois, el 18 de agosto de 1572
El atentado contra el almirante Gaspar de Coligny, el 23 de agosto de 1572

También fue una de las matanzas religiosas más grandes que surgieron en toda Europa; pues la población católica se volvió muy agresiva con las personas de religión protestante. La rivalidad política entre los católicos y los protestantes franceses (hugonotes) provocó la matanza de la Noche de San Bartolomé en 1572. El rey Carlos IX de Francia y su madre, Catalina de Medici, temían que los hugonotes alcanzaran el poder. Por este motivo, ordenaron el asesinato de miles de ellos a finales de agosto. La matanza comenzó en París el 24 de agosto y se extendió a las restantes provincias del país.

La masacre El intento de asesinato de Coligny es el desencadenante de la crisis que desembocó en la matanza. El almirante Coligny era el líder del partido de los hugonotes, sumamente respetado. Consciente del peligro protestante, el rey se entrevistó con Coligny asegurándole amparo. Mientras la reina madre cenaba, los protestantes irrumpieron a pedir justicia. Esta situación hizo crecer los temores de una revuelta de los hugonotes buscando represalias; más aún, la presencia en las afueras de París del cuñado de Coligny, al mando de unos 4.000 hombres que acampaban allí, creó en los católicos de la ciudad la certeza de que se preparaba una matanza por parte de los protestantes para vengar el atentado. Esa misma noche, Catalina de Médicis mantuvo una reunión en las Tullerías con sus consejeros italianos y el barón de Retz.

La noche del 23 de agosto, Catalina se entrevista con el rey para discutir la peligrosa situación. Carlos IX decide, entonces, eliminar a los cabecillas protestantes, excepción hecha de los príncipes Enrique de Navarra y el príncipe de Condé. Poco después, las autoridades municipales de París fueron convocadas a palacio. Se les ordenó cerrar todas las puertas de la ciudad y proporcionar armas a los burgueses, a fin de prevenir cualquier tentativa de sublevación. Es difícil, todavía, determinar la cronología de los hechos y conocer el momento exacto en el que empezó la masacre. Parece ser que fue una señal dada por las campanadas de maitines desde la iglesia de San Germán-Auxerrois, próxima al Louvre y parroquia de los reyes de Francia. De inmediato, los nobles protestantes fueron expulsados del palacio del Louvre y masacrados en las calles. El almirante Coligny fue sacado por la fuerza de su lecho y arrojado a la calle por una ventana de palacio. Ya de madrugada, el pueblo empezó a perseguir a los protestantes por toda la ciudad. La matanza de miles de personas continuó durante varios días pese a las tentativas del rey por detenerla.

Tras estos hechos, las opiniones moderadas quedaron abrumadas “por la intensidad del odio político-religioso que llevó, en 1572, a la matanza de protestantes de París, que se hizo tristemente famosa en Europa, menos para los católicos recalcitrantes: el papa acuñó una moneda conmemorativa”. Es más, el papa Gregorio XIII, en cuanto supo la noticia, organizó un solemne Te Deum en la basílica de San Pedro. Mientras Felipe II de España demostró su satisfacción, por su parte, Isabel I de Inglaterra se negó a recibir al embajador francés, hasta que pareció aceptar la tesis de la conspiración.

La matanza de San Bartolomé desembocó en la cuarta guerra religiosa. Las hostilidades se reanudaron (aunque fueron interrumidas por treguas, 1575-1580). El Edicto de Nantes, de 1598, concederá libertad de culto (no en París), y sobre todo se aplicará ya una tolerancia religiosa.

Miguel Tenorio de Castilla

tenorio

Apenas se conoce papel que Huelva y algunas de sus personalidades han tenido a lo largo de la historia de España. Por eso merece la pena rescatar y traer a la memoria algunas de las biofrafías de personajes ilustres de nuestra provincia que han aportado o han tenido una influencia destacada en diversas etapas históricas y de distintas maneras.

Brillante universitario, licenciado en leyes, poeta y periodista, fue varias veces gobernador civil, diplomático (destinado en Prusia, Palestina y otros) y Secretario muy particular de la reina Isabel II de España, desde 1859 hasta 1864, en que O’Donnell le apartó de la corte.

Hoy ponemos el foco en Miguel Tenorio de Castilla, un hombre de Almonaster la Real que, tras una dilatada carrera política que comenzó con apenas 25 años como Gobernador Civil de Huelva, llegó a ser secretario personal de Isabel II, designado expresamente por la propia reina. Con ella mantuvo una intensa relación personal y profesional durante los siete años que ostentó el cargo, lo que le permitió alcanzar una posición de cierto peso en el ambiente cortesano.

Miguel Tenorio nació en Almonaster en agosto de 1818. Sus padres, almonasterenses, también fueron José María Tenorio Herrera (Magistrado de la Audiencia de Granada) y Leona de Castilla y Forero, que murió en 1819, por lo que Miguel se crió con sus abuelos Miguel Pablo Tenorio y Francisca Javiera Castilla y Forero, que disfrutaban de una posición acomodada. No en vano, su abuela era en 1812, la principal contribuyente del censo de la villa de Almonaster.

En el curso 1831-1832 comenzó sus estudios en la academia privada de otro almonasterense Celestino Núñez González, formación que le sería convalidada por la Real Universidad Literaria de Sevilla en la que ingresó un curso más tarde para estudiar Derecho, la carrera de Leyes en la época.

Precisamente en Sevilla vivió una época cultural y literaria que le llevó a fundar La Lira Andaluza y a publicar sus trabajos durante más de diez años en numerosas publicaciones, convirtiéndose en uno de los exponentes del romanticismo sevillano.

Su carrera política, por la que es verdaderamente conocido no solo en Huelva sino en buena parte de España, comenzó en 1843 cuando contaba con solo 25 años de edad. De él decían que era caballeroso y tenía don de gentes, lo que junto a su formación y su cultura literaia, justificaba el inicio de su temprana vocación política. El 21 de diciembre de ese año fue nombrado Gobernador Civil de la provincia de Huelva cargo que ostentó hasta 1847. Terminada la etapa onubense inició una década que le llevo a ocupar la Jefatura Superior Política, o lo que es lo mismo el Gobierno Civil de otras 11 provincias españolas -Castellón, Toledo, Córdoba, Málaga, Zaragoza, Barcelona, Jaén, Cádiz, Alicante, Granada y Sevilla- antes de convertirse en diplomático.

Sobre esta época, aunque se desconoce la fecha exacta por el fuego que quemó en 1936 el archivo parroquial de la Palma del Condado, se casó con Isabel Tirado y Rañón, a quien en sus poemas llamó Belisa y de quien se dice estaba profundamente enamorado. Isabel murió en 1859 víctima de un epidemia de cólera que azotó Sevilla y solo tuvieron un hijo Miguel Tenorio Tirado, aficionado a la pintura y casado con Emilia Osborne Guevara, que también murió joven. Se calcula que hacia 1890.

De sus actuaciones en materia de política provincial, se recuerda especialmente la división rectificada de la Dehesa Valdelamusa decretada por la Diputación Provincial, que implicó a tres pueblos –Almonaster, Cortegana y El Cerro– donde Miguel Tenorio atendió las reclamaciones de los tres municipios con respecto a sus lindes y consiguió mantener un criterio firme y objetivo en el reparto -un tercio para cada localidad-, pese a que uno de los municipios involucrados era su pueblo natal.

En materia de cultura también tuvo una actuación trascendental firmando en 1844 una disposición que instaba las Comisiones Provinciales que nacían de la Comisión Central de Monumentos Históricos y Artísticos a dividirse en las secciones de Bibliotecas/Archivos, Esculturas/Pinturas y Arqueología/Arquitectura y en la que detallaba minuciosamente las obligaciones de los alcaldes con respecto a las mismas. Una disposición que sin duda contribuyó a preservar el patrimonio monumental y cultural que hoy tenemos en España.

Asimismo, Miguel de Castilla tuvo una destacada actuación en la colonización agraria y poblacional de la Sierra de Huelva en el siglo XIX, especialmente de Rosal de la Frontera

Ya en 1856 fue nombrado cónsul general y comisionado regio en Jerusalén. Allí, un año más tarde salió como diputado electo por La Palma del Condado, aunque no llegó a tiempo de jurar el cargo. Renovó su escaño en las siguientes elecciones, pero solo ejerció de diputado en las legislaturas 1858-1859 y en la 1860-1861, aunque en esta última renunció al cargo de diputado. Fue entre estas dos legislaturas donde empezó a tomar más contacto con la Corte ya que en abril de 1859 Isabel II lo nombró su secretario particular y fue integrado en dos comisiones de trabajo: la de Presupuestos y Contabilidad Provincial y la Comisión Parlamentaria de Etiqueta por el cumpleaños de la Reina.

Al parecer Miguel Tenorio de Castilla, que sustituyó a Puig-Moltó como “favorito de la Reina”, tuvo mucha influencia sobre Isabel II y eso provocó el recelo de políticos y partidos, sobre todo en el líder de la Unión Liberal, Leopoldo O’Donnell.

Fruto de esta cercanía se le atribuye la paternidad de las infantas Pilar (1861), Paz (1862) y Eulalia de Borbón (1864), aunque no fue reconocida oficialmente. Además de secretario particular durante un año fue también consejero de la corona y candidato electo por Aracena y por Huelva capital, en las legislaturas 1863-1864 y 1864-1865. Precisamente en esta última Isabel II, presionada por O’Donnell y el General Narváez, le cesó de su cargo de secretario particular. Y dos años más tarde el propio O’Donnell lo confinó en Segovia hasta su nombramiento como ministro plenipotenciario en Berlín (1867).

No obstante en las últimas elecciones a Cortes del período isabelino celebradas en ese mismo año volvió a salir diputado electo por la provincia de Huelva aunque no pudo presentar el acta al Congreso porque estaba en Alemania.

Un año más tarde, en 1868 Isabel II fue derrocada en la Revolución de Septiembre y el gobierno provisional lo cesó de su cargo diplomático en Berlín en octubre, lo que llevó a Miguel a retirarse en Almonaster durante el Sexenio Democrático (1868-1874), allí se mantuvo alejado de la política y se dedicó a administrar su patrimonio.

Con la caída de la Primera República y la restauración de los borbónica propiciaron su vuelta a la primera línea de la política española. No en vano ocupó un papel protagonista en la organización del Partido Conservador canovista de Huelva, donde lideró la fracción ideológicamente más cercana al que fue el Partido Moderado isabelino.

Con ello consiguió salir elegido diputado a Cortes en 1876 y 1879 por el distrito de La Palma del Condado, ejerciendo como parlamentario en el Congreso durante las legislaturas 1877, 1878, 1879-1880 y 1880-1881. Es en este período, concretamente en la tercera de las legislaturas cuando tuvo una actuación destacada en el ámbito político nacional, con su intervención en el debate sobre el sistema de calcinaciones de piritas al aire libre practicadas por las empresas de Huelva.

Cerró Tenorio de Castilla su carrera política a mediados de los años 80 del siglo XIX con un escaño en el Senado en la legislatura 1884-1885, representando a Islas Baleares. Una vez retirado pasó la última etapa de su vida en Munich, en el Castillo de Nymphemburg, acogido por Paz de Borbón y su marido el príncipe Luis Fernando de Baviera, alimentando con ello la hipótesis de su paternidad.

Allí murió en 1916. En el cementerio de San Fernando de Sevilla hay una tumba con simbología masónica con su nombre, aunque hay quien apunta que sus restos descansan en Berlín y que su enterramiento cumple en 2016, fecha en que podría reclamarse y traerse de vuelta a su tierra natal.

En definitiva, Miguel Tenorio de Castilla fue un hombre ilustre de Almonaster la Real con un papel destacado en la política onubense, andaluza y española por el que recibió numerosas condecoraciones como la Gran Cruz de Isabel la Católica en 1854 o la de Carlos III en 1867. También fue Caballero de la Maestranza de Ronda y Gentilhombre de Cámara de Su Majestad. Paula Crespo-J.J. Godoy